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El valor del silencio by Shizenai

Anime » Naruto Rated: T, Spanish, Romance & Drama, Itachi U. & Sakura H., Words: 174k+, Favs: 85, Follows: 73, Published: 1-12-09 Updated: 6-7-13
288 Chapter 20: Burbujas de amor

Notas de la autora:

Ohayo gente~ ¿Cómo han estado? Siento como si hubiésemos estado separados por siglos, que no vuelva a suceder (?). No, en serio, me disculpo por la tardanza. Mi vida se volvió loca. Créanme, es cierto.

Bueno, saludos especiales y besos húmedos (?) para Antotis, narutiana, Suiseki, Flouradolescent, Ryukaze-sama, Nona Slytherin y a MarianUchiha. Las quiero :)

Y ya me callo, ya me callo...

Disclaimer: Todo el mundo sabe que Naruto y sus personajes son propiedad de Kishimoto Masashi, aún así, tengo que decirlo.


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo XX – Burbujas de amor

El corazón le palpitaba tan fuerte que sintió los oídos taponados por momentos en los que creyó estar dentro de una pompa. ¿En qué estaría pensando Itachi cuando inició todo aquello?, pensó Sakura, mientras los escaso segundos que habían transcurrido se le hacían demasiado largos y a la vez insuficientes para decidir qué es lo que ella debía hacer.

El grupo de shinobis situado tras el Uchiha todavía ignoraba la facilidad con la que éste había encajado los kunais con suma precisión en los huecos de sus dedos. Lo más predecible para Sakura era adivinar dónde acabarían.

Sopesó la idea sobre su cabeza. Estaba convencida de que Itachi no fallaría. Puede que el conjunto de ninjas fuese lo bastante avispado como para comprender que algo sospechoso se cocía allí, pero estaban demasiado nerviosos y desconcertados como para poder esquivar un primer ataque tan imprevisible. También pensó en Goro, no le hacía gracia tener que dejar malparado al hombre que la había sacado de tantos apuros, y al reposar por inercia la mirada en él, advirtió sobre su hombro la pequeña silueta de lo que le pareció una ardilla.

Sakura tragó en seco y notó el asqueroso escalofrío en la piel cuando se dio cuenta que el animal era en realidad una meticulosa imitación formada en multitudinarios pliegues de papel. Se quedó rígida por un instante. Temía que el mero hecho de rodar los ojos hacia el Uchiha desencadenase algo terrible. Ahora sabía que ella también estaba cerca.

Finalmente logró murmurar el nombre de la asesina entre dientes, pero el fuerte viento se llevó rápido sus palabras. Tenía que alertar a Itachi a toda prisa, aunque la intención quedó inesperadamente en un segundo plano. Cuando sus miradas quedaron conectadas supo que había algo que no iba definitivamente bien con él.

El muchacho tenía una palidez desmesurada y la tez perlada de un sudor caliente. No le tembló un solo músculo estando allí de pie, pero Sakura era consciente de que no aguantaría mucho de aquella manera. Para ella todo fue confusión. Halló los rastros de sangre desperdigados por las hendiduras de la ropa del pelinegro y se maldijo por no haberse dado cuenta antes.

Echó a andar lentamente. Aún no sabía cómo había conseguido que le respondieran las piernas, pero debía hacerlo de una manera que llamara la atención lo menos posible. Sakura subió ambas palmas de sus manos, y cuando estuvo lo bastante cerca del muchacho, se fijó en que, a pesar de que su oscura mirada le seguía, no era capaz de sentirle allí. Por un instante, le pareció un simple autómata enfrascado en su propio mundo.

—Dame eso —le murmuró ella, apretando las manos sobre la afilada hoja del arma sin saber con certeza si él la escucharía—. Dámelo, ¿de acuerdo? Sé lo que quieres, pero ahora no puede ser.

—Sakura —exclamó Goro a lo lejos. No había señal de amenaza en su voz, pero sí lo percibió preocupado—. ¿Sucede algo? —El hombre se adelantó unos pasos, lo suficiente para ponerla nerviosa—. ¿Qué se supone que estáis haciendo aquí?

Sakura sólo apretó el kunai con más fuerza y endureció la mirada sobre el Uchiha. No podía dejar que Goro lo viera actuando de esa manera y no se dio cuenta que llegó a forcejear tanto que la fina lámina acabó haciéndole un corte en los dedos. Pareció que el tacto cálido de su sangre recorriendo la piel y goteando entre las yemas de los dedos del Uchiha fue lo único que consiguió volverlo en sí. Lo vio parpadear desubicado y pronto le cedió el arma. La joven la deslizó de vuelta al fajín ceñido a su cintura antes de que nadie pudiera imaginar que llegó a salir de ahí.

—Creíamos haber notado algo raro —comenzó ella, asomando parte del rostro por encima del hombro del pelinegro y tratando de mostrar una sonrisa que no se asemejaba a una para nada—. Siento haberos preocupado. Falsa alarma.

—¿Estáis bien? —insistió Goro—. ¿Estáis heridos?

—No es nada. De esto me encargo yo —Sakura trató de aguantarle la mirada sin vacilar, y aunque Goro conservó el gesto ceñudo, suspiró aliviado y se dirigió al resto del grupo ninja.

—Ya lo habéis oído. Aquí no ha pasado nada —mantuvo, alentando a los hombres al tiempo que los espantaba con el movimiento apurado de sus manos—. Rápido, volved a vuestros puestos y no comentéis ni una palabra. No quiero imaginar la sanción si se enteran de que todos hemos abandonado nuestras ocupaciones por una tontería, ¿entendido?

Los ninjas se miraron absortos aunque optaron por aceptar la orden. Tampoco había pruebas de que estuviese sucediendo algo indebido y ninguno tenía el valor suficiente como para acusar de algo al Uchiha. Éste les lanzó una mirada recelosa cuando los vio desaparecer por la boca del túnel hacia el refugio.

—Vamos... —le susurró Sakura—. Date prisa.

Le costo convencerlo, pero continuó empujándole hasta conseguir que emprendiera el camino de vuelta. Cuando los dos terminaron de atravesar el lúgubre túnel dando la espalda a la libertad que habían rozado, ella se fijó en que no detuvo su paso y continuó caminando sin aparentar preocupación por dejarla atrás. Goro aprovechó ese momento para captar su atención tomándola de un hombro.

—Oye, Sakura, estás sangrando —le comentó en tono afable. Por un segundo, Sakura le miró con expectación y estuvo segura de que él sabía muy bien lo que había estado a punto de suceder allí—. ¿Seguro que no quieres que te acompañe a que te revise el doctor?

—No te preocupes, es sólo un rasguño —y se limpió sobre el borde de su camisón, algo avergonzada—. Goro, yo quería...

—De nada —se adelantó el aludido—. Debería decir que te marches rápido. No quiero que nadie más te vea rondando por aquí, o va a ser más difícil disimular este incidente.

La joven asintió apenada. Quiso distinguir a la curiosa figura de origami sobre sus hombros, pero no la encontró por ningún sitio cuando sus ojos recorrieron el lugar.

Para Sakura todo había sucedido tan deprisa que sintió un ligero vértigo al recordar el mal rato que había pasado desde que abordó la habitación de Uchiha Itachi hasta el momento en que podía verlo bajando a grandes zancadas por uno de los senderos que llevaban hasta el edificio de dormitorios. En ese momento, Sakuea se dio cuenta de que estaba muy enfadada. Quería gritarle un par de cosas por exponerla a semejante situación sin darle explicaciones, pero con el fuerte viento no iba a lograr que le oyera desde esa distancia.

Descendió como alma llevada por el diablo, pero no notó que fuese a alcanzarlo nunca. En un momento dado se cruzó con la única piedra suelta del lugar y cuando terminó de patearla con furia, advirtió que el muchacho había desaparecido de su vista. Tuvo que merodear un rato antes de ver su antebrazo apresado mientras era enquistada contra uno de los muros del edificio de dormitorios.

Automáticamente, un par de brazos se acomodaron a la altura de su cabeza.

—¿Por qué me has detenido? —preguntó Itachi en tono severo. Ella levantó la vista sin pensar en el efecto que pudiera tener sobre ella a esa distancia.

—¿Que por qué? ¡Porque nos habrían matado!

—Habría aguantado lo suficiente.

—¿Arriesgarte la vida por mi culpa? Yo no quiero eso... —repuso con el ceno fruncido—. Es lo que he tratado de demostrarte todo este tiempo, pero por supuesto, no te interesa.

—¿Sabes, Sakura? —le dijo con desaire, síntoma de que estaba consiguiendo agotar su paciencia—. Estoy cansado de tu complejo de divinidad, ¿y qué, si me muero? Es algo que el mundo celebraría.

—No digas eso...

—¿Cuánto crees que podrás seguir jugando conmigo a los médicos? ¿Un par de meses? ¿Tal vez menos? Vamos, dímelo tú, que pareces ser toda una experta...

El tono en que lo dijo la hizo sentir herida. Quería concentrar toda su frustración en un puño y atizarle hasta que ya no le quedasen fuerzas, pero todo esos deseos se desvanecieron mucho antes de que pudiera tomárselos en serio.

Itachi chasqueó la lengua tras sentir una profunda punzada de dolor en la sien y notó la ligera inestabilidad de sus piernas. Se había aferrado con rabia al muro. No iba a desmayarse allí delante de ella. Eso le haría ver vulnerable y él no mentía cuando prometió que quería sacarla a salvo de allí. Pronto sintió el pinchando en los dedos al encaramar con fuerza sus uñas, aunque se permitió el lujo de relajarse cuando notó el apoyo de la muchacha. Ella le rodeó la cintura y permitió que apoyara el brazo alrededor de su cuello. No supo si aquella cercanía le hizo sentir más débil de lo que se encontraba.

—Está bien, cálmate. Tienes mucha fiebre y estás cansado. Cuando duermas un poco verás las cosas de otra manera —le explicó con ternura.

Eso lo desconcertó. Estaba seguro de que había conseguido hacerle daño con eso, aun si se hubiese arrepentido al segundo siguiente de habérselo dicho. Su cálido gesto le hizo sentirse conmovido.

—Estás temblando.

—Por supuesto que estoy temblando. Me has dado un susto de muerte —y pensó en lo alterada que la ponía la sola idea—. Por un segundo...

—Qué.

—Nada —terminó diciendo, y él no la presionó aunque se hubiese muerto de ganas por saberlo.

Por una vez la joven agradeció que los dormitorios principales estuviesen en las plantas más bajas. No tuvieron que caminar demasiado hasta dar por fin con la habitación del Akatsuki. El lugar estaba tan silencioso como cuando lo abandonaron y se le antojó dar un suspiro de alivio.

Cuando estuvieron dentro del cuarto le incitó a recargarse sobre la cama. Ahora que había prendido la luz, Sakura fue capaz de distinguir las pequeñas gotas de sangre seca en el suelo de madera, pero las ignoró por el momento. Ayudó al muchacho a deshacerse del fajín de armas y lo arropó bajo la suavidad de una fina sábana.

Visto así, tan frágil e inestable como un pétalo, parecía casi un muñeco. Se quedó unos segundos observando cómo cerraba los ojos dispuesto a sumirse en profundos sueños sin poder evitar apartarle un par de mechones del rostro y acariciarle el pelo.

—Lo habría conseguido... —le escuchó decir a él en un susurro.

—Cállate y duérmete de una vez —masculló alzando una ceja y exagerando un falso enojo. Se retiró lo suficiente para apagar el interruptor y cuidó de extender por completo las cortinas para que no le molestase ningún rastro de luz.

—No puedo. No me van a dejar los remordimientos.

—¿Remordimientos? ¿Por qué?

—Porque sé que mañana te arrepentirás de la oportunidad que has perdido hoy.

Itachi abrió los ojos para mirarla un momento. Ella separó los labios, pero al final no dijo nada, aunque no hacía ninguna falta. Lucía tan apenada y pensativa que estaba seguro de que comenzaba a darse cuenta del error que había cometido.

Probablemente la culpa era suya por no haber insistido lo suficiente y pronto se lo reprocharía, aunque, Sakura únicamente pudo aproximarse tras un breve silencio. Él la siguió con la mirada y sintió la sangre arder cuando ella encajó una rodilla en el colchón mientras apoyaba una mano al lado de su cabeza.

Podía detenerla, debía hacerlo. Pero no quiso.

La vio acercarse lentamente. Le rozó los labios con dulzura y él se acomodó a los movimientos suaves y tranquilos de un beso desprovisto de toda malicia. Dejó que la calidez que recibió de ella volviera a reconfortarle y disfrutó de su elegante fragancia como un veneno dulce. Itachi sintió su pureza en la boca, cuando ella le besó la mejilla, la frente, los párpados y el resto del rostro.

Finalmente, la joven recargó un momento la frente contra la suya y no pudo evitar la necesidad de aspirar profundamente como queriendo absorberla por completo en aquel preciso momento.

—Realmente no creo que me arrepienta. Porque no puedo dejar de mirarte sin preguntarme una y otra vez si quiero vivir lejos de semejante idiota.

A su lado, Itachi sintió un intenso frío recorriendo hasta la célula más entumecida de su cuerpo. Quería decirle algo, pero no encontró las palabras. Tampoco parecía que ella se sintiera decepcionada por su silencio y distinguió su sonrisa después de que soltara un resoplido.

—Duérmete de una buena vez —le repitió ella.

—Pues quédate.

Sakura alzó las cejas llevada por el desconcierto.

—Quédate... Al menos dónde pueda verte.

La mano de la joven se cerró sobre la suya. Notaba los párpados pesados como nunca y mientras dejaba paso a la inconsciencia, empezó a pensar que su pesadilla se volvía un boceto de algún sueño idealizado, y que, como todos, terminaría siendo mentira.

::x::x::x::

Se oyó un ruido lejano. Como de olas rompiéndose en el silencio y gorgoritos de pequeños polluelos esperando el alimento en sus nidos.

Al principio no vio nada, pero Sakura recordó de golpe cómo había ido a parar allí. De todos modos, era fácil reconocer esa respiración pausada y tranquila, sobre todo, ahora que la tenía pegada a la oreja. Se enderezó con cuidado y en cuestión de segundos la vista le permitió vislumbrar el rostro durmiente del muchacho.

Se quedó pensativa, imaginando si podía hacer algo más por él que simplemente vigilar su sueño, aunque... no le hubiese salido bien del todo aquella vez. Habría preferido quedarse allí, acurrucada sobre el pecho de Itachi mientras memorizaba el repertorio de latidos que tenía para ofrecerle. Quién iba a decirle que precisamente él iba a tener la culpa de que tuviera que separarse ahora de su lado.

Sakura se resignó. Tuvo cuidado de apartar la mano que encontró enredada en su cabello y, después de besarla con cariño, la depositó sobre su abdomen antes de poder incorporarse del todo.

Ralentizó todo cuanto pudo su camino hacia la puerta hasta que, dando una última mirada, tuvo que abandonar definitivamente la habitación.

Se rascó el cogote nerviosa mientras deambuló por los pasillos. Podía jurar que en medio de aquel mutismo era observada de cerca, aunque sospechara que era del todo imposible. Por lo menos, le gustaba creer que no llegaban hasta esos extremos.

Apoyó la oreja sobre la puerta de su habitación. Las ideas paranoicas la habían llevado a pensar que al girar el picaporte encontraría un puñado de ninjas buscándola hasta en las plumas de su almohada, pero igualmente, esa concepción le pareció demasiado descabellada.

—Buenos días, pequeño. Sigues aquí, ¿eh? —sonrió la joven—. Claro, dudo que puedas irte.

Sakura introdujo el dedo en la pecera de cristal que adornaba recientemente su escritorio. Dejó que la pequeña criatura se distrajera mordisqueando las yemas de sus dedos y luego arrojó varias migas de pan sobre la urna.

—Siento la tardanza, ¿tenías hambre? —murmuró.

La joven estrechó los ojos lentamente mientras se pegaba a la brillante pecera transparente. Podía sentirse ligeramente hipnotizada por las diminutas burbujas que brotaban de alguna parte de la urna y pensó que debía ser prácticamente la misma sensación que tenía haciéndole cosquillas en su estómago. Sí... Burbujas románticas, probablemente.

Empezó a ver las primeras luces del amanecer reflejadas en el cristal y su rostro algo deforme por la forma abombada de la pecera. Había un hormigueo poniéndole los vellos de punta y notó el calor tiñéndole el rostro. De pronto, chasqueó la lengua y se golpeó suavemente las mejillas dejando ambas manos allí.

—Soy tonta —dijo mirando de nuevo al pez—. ¿Crees que se enfadará cuando despierte?

El pececito se mantuvo inerte. Pareció que sus enormes ojos de globo la miraban inquisidoramente y ella se tensó un poco.

—¿Por qué iba a ser si no? No te burles de mí...

Ese condenado bicho marino le había hecho recrear detenidamente su particular beso de buenas noches. Después de todo se sentía terriblemente agradecida por la acción que Itachi estuvo a punto de hacer por ella, y sencillamente se dejó llevar un poco por sus sentimientos. O un poco mucho, para ser honestos.

No le importaba.

Tampoco podía decir que se arrepentía. Estaba cansada... Cansada de tener que fingir que no le quería más de lo que debía. ¡Al diablo con todo! Puede que fuese demasiado ilusa, pero creyó que por un momento ella llegó a ser tan importante para él, como él lo era para ella.

Poco a poco volvió a tranquilizarse. Miró la pecera de soslayo y se le ocurrió aprovechar la mañana antes de que empezase a haber jaleo por el refugio. La llevo consigo cuando salió del edificio de dormitorios y paseó tranquilamente por la zona más arbolada. No dejó de charlar todo el tiempo en voz alta, pero se sentía realmente bien ese día y le dio igual pensar que podía parecer una loca.

Cuando llegó a la playa se deshizo del calzado para dejarlo en la orilla. La arena estaba fría bajo sus pies, pero le pareció una sensación agradable. Sakura se arrodilló con cuidado, gritó un poco al sentir el frío del mar acariciando sus rodillas y levantó la pecera hasta la altura de sus ojos.

—¿Sabes?, te voy a echar de menos, pero estando cómo estoy, te comprendo, y retenerte me parece un delito. ¿Quieres volver, verdad? —sonrió, y volcando ligeramente la urna dejó que el pez dorado escapara con rapidez mientras ella lanzaba un beso al aire—. Hasta otra...

No podía explicarlo, pero se sintió realmente emocionada al ver al brillante animal desaparecer entre las suaves olas. Era como si una parte de ella hubiese sido liberada ese día. Y en realidad, sintió que así había sucedido.

—Así que eres tú... —dijo una voz sin expresión.

Sakura aún no había terminado de deleitarse con el horizonte, por lo que se sobresaltó un poco al notar que se dirigían a ella. Al voltearse se topó con una oscura y flamante capa de nubes rojas, y sintió su piel estremecer al ver esos ojos fijos sobre ella. Eran como un sinfín de ondas hipnóticas.

—¿Qué...?

—He estado bastante, pero bastante tiempo esperando por conocerte. Así que, ¿eres tú? —El hombre se arrodilló frente a ella, y por un momento sintió el mareo de contemplar tanto odio en una sola mirada—. La persona a la que tengo que darle las gracias... Supongo.

Cuando el muchacho le tendió la mano notó un desagradable impulso obligándola a tomarla. Sakura supo que su encuentro había sido toda una ironía y que si la muerte tenía algún rostro, acababa de conocerlo...

CONTINUARÁ...


No se hacen a la idea de cuánto esperé por ESTE momento (xD). Por cierto, gracias al pez por su maravillosa participación, pero así son las cosas... En fin, gracias a ustedes por leer. Agradezco los comentarios y no muerdo (de momento).

¡Se me cuidan! ¡Hasta pronto!

Shizenai


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