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Twilight Hill by Aryuri Choco

Silent Hill & Twilight Xover Rated: M, Spanish, Suspense, & Edward, Words: 15k+, Favs: 7, Follows: 6, Published: 6-19-09 Updated: 4-20-12
15 Chapter 8: La Escuela de los Horrores, Parte Dos

Nota: En realidad este es el capítulo siete, el anterior era el capítulo seis, se me fueron los dedos o algo, lamento la confusión… Y les agradezco a todos aquellos que de alguna forma siguieron esperando la continuación de este fic.

Capítulo Siete: La Escuela de los Horrores, Parte Dos.

Durante los acontecimientos del capítulo anterior, Edward llega al laboratorio de química de la escuela Midwich, donde encuentra una mano de yeso que sostenía algo en su mano. Como conclusión, recuerda haber leído en la recepción de la escuela una nota sobre una "mano de anciano", pensando que en la sala anterior podría encontrar algún químico que le ayude a deshacer la mano y recuperar el objeto que sostiene.

Recordando los lugares que antes había visitado, recuerda haber visto químicos en la habitación de al lado, volviendo sobre sus pasos hasta el almacén del laboratorio. Buscando entre todos los químicos que pudo ver con la luz de su linterna, Edward pensaba que uno que podría necesitar, el que debía ser lo suficientemente fuerte para agrietar la mano de yeso… hasta que finalmente llega a una pequeña botella violeta, en cuya etiqueta se podía leer "ácido clorhídrico" en ella.

-Esto servirá- se dijo en un susurro.

Volviendo al laboratorio, el vampiro llega hasta la mesa donde la mano yacía, y abriendo la botella con cuidado, vierte un poco del contenido sobre esta, viendo el efecto inmediato cuando el yeso se agrietaba hasta quedar hecho pedazos sobre la superficie que la sujetaba, liberando lo que guardaba.

Con sumo cuidado, Edward aparta los pedazos de yeso, descubriendo que el objeto en cuestión era una medalla ovalada del porte de su mano, en la cual se podía ver un grabado en una placa dorada una torre, en cuya cima se encontraba un reloj. Luego de limpiar la medalla, decide guardarla en su bolso, y viendo que no había nada más de interés en el laboratorio, se marcha del lugar.

Vagando por la escuela, el vampiro pudo encontrar más cosas "interesantes" dentro de las siguientes habitaciones que pudo visitar, como por ejemplo en la biblioteca, donde se encuentra con unos diminutos seres, unas sombras de cabeza pequeña, cuerpo rechoncho y extremidades cortas, que cuando son apuntadas con la luz de la linterna, huían de esta chillando como ratones para luego desaparecer para siempre.

-Son las primeras criaturas no hostiles que he visto en este lugar…

Siguiendo su recorrido por los pasillos, llega a otra ala con salas de clases, donde pudo encontrar más criaturas con las cuales pudo mejorar su puntería con la pistola, un poco de munición y bebidas tónicas, de las que con suerte había usado una, en un momento en donde cuatro criaturas lo tenían rodeado en una de las aulas, quedando medianamente herido a causa de sus ataques.

Después, el vampiro llega a otra puerta doble, la cual abre para encontrar un pasillo con más criaturas con forma de niños, las cuales babeaban al mirarlo mientras el filo de sus cuchillos brillaba por la luz. Despachándolos de forma rápida, ve una primera puerta a su izquierda, por la cual entra para llegar a una habitación con casilleros.

La habitación de los casilleros resultaba bastante tranquila, y Edward se toma su tiempo para ver si podía abrirlos y encontrar algo útil dentro de estos, ya que, después de todo, se podía encontrar munición, armas, medicinas y entre otras cosas, en lugares donde uno nunca se podría imaginar…

Su revisión por los casilleros resulta infructuosa, ya que la mayoría estaban cerrados con llave, y como su fuerza sobrenatural está disminuida, no pudo arrancar las pequeñas puertas sin sentir que las estaba forzando. De repente, cuando iba a dar la vuelta para salir, un ruido metálico lo alerta de algo, girándose sobre su eje para ver que una de las últimas puertas de los casilleros se movía frenéticamente. Con su arma en la mano, Edward se acerca a la puerta, y alzando su mano libre hacia el casillero, la puerta de este se abre en un instante y con mucha fuerza, haciendo que el vampiro diera un salto hacia atrás, apuntando su pistola hacia lo que sea que estuviera saliendo de allí.

-¿Eh?... era un gato…- se dijo medio agitado- ¿pero quién encerraría a un gato dentro de un casillero?

El gato era de color gris, salvo en sus patas, las que eran blancas. El animal se da vuelta y lo mira con sus brillantes ojos miel, moviendo la cola para dar un maullido. El joven se acerca al gato, el cual no parece afectarle mucho que lo toque con suaves palmadas en la cabeza. Edward no pudo evitar sonreír un poco.

-¿Quieres acompañarme?

El animal da un maullido, dirigiéndose hacia la puerta para empezar a arañarla, dándole a entender al joven que quería salir de la habitación.

-Ya tranquilo- decía Edward mientras el felino arañaba la puerta- ya saldremos de este macabro lugar…

Al abrir la puerta, el felino sale disparado hacia el pasillo, subiéndose por los bordes de las ventanas que daban al patio de un brinco, mirando hacia el horizonte oscurecido. Edward se fija que las ventanas daban al patio, pudiendo ver las bancas y los arbustos desde el segundo piso, como también la misteriosa torre del reloj.

-Imagino que tenías razón, Harry- dijo Edward- quizás esa torre del reloj tiene algo…

Avanzando por el pasillo, se encuentran con otra puerta, la cual dirige a una sala en cuyo interior se encontraba un piano de cola negro, unos atriles apilados cerca de las paredes y un pizarrón verde. En lo primero que se fija cuando entra al lugar es el piano, cuyas teclas estaban al descubierto. Cuando se acerca, nota que hay teclas manchadas con sangre, las cuales al tocar, se fija que algunas de ellas no emiten su nota. Se escucha el maullido del gato, haciendo que se gire para ver que este estaba frente al pizarrón, el cual tenía una hoja de papel pegada, cuyas letras estaban escritas con sangre. Acercándose un poco, empieza a leer el contenido del papel.

"Un cuento de pájaros sin voz.

Primero voló el voraz pelicano de alas blancas, ansioso por el premio.

Luego vino una paloma, volando más alto y lejos que el pelícano.

Un cuervo voló más alto que la paloma, solo para demostrar que él podía.

Un cisne planeó y halló un sitio pacifico, al lado de otra ave,

Al final salió un gallo, pero rápidamente bostezó y luego tomó una siesta.

¿Quién mostrará la vía? ¿Quién será la clave?

¿Quién llevará el premio plateado?"

Edward se encontraba confundido, los escritos de por sí eran extraños. Intentando analizarlos, no llega a una conclusión, y mirando hacia arriba, encuentra un brillo plateado que se destacaba sobre el pizarrón. Apuntando con su linterna, se encuentra con una placa de plata, parecida a la placa dorada que ya poseía entre sus cosas. Intentó dar un salto para agarrarla y sacarla de la pared, pero la placa estaba muy alta en el pizarrón, y el vampiro no era capaz de saltar muy alto. Pensando un poco, llega a la conclusión que para poder obtenerla, tendrá que resolver el acertijo de la nota, deduciendo que esta podría tener algo que ver con las teclas manchadas.

Memorizando el cuento, el joven se dirige hacia el piano, fijándose en las teclas marcadas para volver a tocarlas con cierta renuencia. Algunas teclas cantaban su nota de forma normal, pero había cinco notas que permanecían en silencio a pesar de que los dedos las tocaban de manera agresiva.

-Entonces las aves sin voz son las notas que no suenan…- dedujo luego de un momento.

Ya descubierta una parte del enigma, el vampiro pensaba en la parte que le faltaba, el orden en que deberían tocarse. Repasando las aves en su cabeza, se fija en las teclas del piano, en especial el color de estas.

-Si las teclas representan las aves, entonces los colores que tienen son…

Una fuerte idea pasa por su cabeza, y volviendo a teclear las notas, nota que dos de las teclas negras no suenan, en cambio de notas blancas solamente no suenan tres. Ahora, la cuestión era ordenarlas de acuerdo al cuento…

-Primero era el pelícano…

Buscando entre las notas, toca la primera tecla blanca que no suena, quedándose quieto para pensar.

-Luego una paloma…- susurró Edward- ¿volaba alto…?

Esforzándose por acertar la siguiente tecla, concuerda en que la siguiente tendría que se blanca, pero había dos blancas insonoras al lado de la otra, junto a una negra con la misma condición. Una idea se apodera de él. Concluyendo que si la paloma volaba más lejos del pelícano y que el cuervo volaba incluso más lejos, el orden de las siguientes teclas sería la última nota blanca seguida de la negra. Ya al tocarlas, piensa en el cisne y en el gallo, para finalmente tocar la otra nota blanca junto con la otra tecla negra que no sonaba, que estaba al lado de la primera insonora. Un sonido metálico lo alerta junto con un chillido del felino, la placa plateada estaba a sus pies.

-Esa estuvo difícil- dijo Edward al gato mientras guardaba la medalla en el bolso.

Sin nada más que hacer en el lugar, deciden salir de la habitación, dirigiendo sus pasos hacia la doble puerta cercana a la sala de los casilleros, abriéndola enseguida para bajar por las escaleras al primer piso. Ya en el primer piso, se encuentra con una puerta doble, la cual dirigía exactamente hacia su próximo destino, el patio de la torre del reloj. Ya en el patio, prosigue a colocar las medallas en sus respectivos lugares. Al colocarlas, un sonido de engranajes funcionando aparece, acercándose a la puertecilla de la torre para ver que todavía estaba cerrada.

-Me pregunto a qué lugares no he ido…

Revisando el mapa de la escuela, comienza a marcar mentalmente las habitaciones en las cuales estuvo, recordando que ya había recorrido todo el tercer piso y el primero, salvo por una escalera que dirigía a un sótano que se encontraba en la esquina inferior derecha del mapa.

-Creo que no he ido al sótano- dijo el vampiro mirando a su acompañante- esperemos que esto nos dirija a alguna salida…

Dirigiendo sus pasos hacia la escalera del sótano, Edward se topa con más criaturas en forma de niño, las cuales decide pasar por alto para no malgastar munición valiosa, el gato simplemente lo seguía de forma rápida. Llegando finalmente a la escalera, los dos bajan por ella, encontrándose dos puertas. Edward revisa la primera puerta, la cual no se podía abrir porque la cerradura estaba dañada, siguiendo después por la otra puerta, la cual dirigía a una sala de máquinas, en donde se encontraba una especie de caldera con un brillante botón rojo que se destacaba en la oscuridad. Apretando el botón, nota como unas luces verdes parpadeaban mientras el sonido de las demás calderas funcionando colmaba el aire. Ya sin más, Edward y el gato se dirigen al primer piso, dirigiéndose hacia la torre del reloj.

Cuando estaban subiendo el último peldaño de la escalera, notan que la puerta doble se abre, mostrando a las nuevas criaturas que antes habían sorteado en el pasillo de la recepción. Edward prosigue a disparar, matando a dos monstruos con su arma. Al tercero decidieron dejarlo ahí, atrayéndolo a un rincón lejano del lugar para poder pasar; sin embargo, cuando finalmente había hecho que la criatura estuviera lejos de la puerta doble, resuena a su espalda un chillido que le había parecido espantoso, volteándose para ver con horror como el gato gris era empalado por un monstruo que se encontraba detrás, el cual estaba cerca de la escalera.

Detrás de esta misma criatura se encontraba otra, la cual tomaba al moribundo felino de la cabeza, empezando a tironear de ella para finalmente zafarla de su lugar, mostrando una enorme cantidad de sangre que chorreaba a borbotones, junto con una cantidad de venas que se asomaban desde la fatal herida.

Edward observaba con horror como se comían a su amigo, y dando un estruendoso grito, arremete contra las criaturas con la dureza de sus balazos. Asegurándose de que estuvieran muertos, el vampiro se acercó a lo que quedaba del gato, encontrándose con la parte inferior del cuerpo a medio masticar junto con la mitad de su cabeza sin comer. La pena se apoderó de él, tomando los pedazos entre sus manos para dirigirse al patio.

-Es lo menos que puedo hacer por ti- le dijo Edward a los restos del cadáver- gracias por haberme acompañado…

Usando sus manos, el joven cava un agujero en el césped, el cual era lo suficientemente profundo para colocar al felino dentro y enterrarlo. Limpiándose la sangre y la tierra con su ropa, Edward mira el bulto de tierra una vez más, y cerrando los ojos con tristeza, se voltea hacia la torre del reloj, abriendo la puertecilla para ver una escalera de mano que dirigía hacia abajo. Dando un paso hacia adelante, siente que la puerta detrás de sí se cierra con llave, sobresaltándolo; pero nada lo tenía preparado para lo que le siguió a continuación…

-Ese sonido… no otra vez… - murmuraba con un marcado temor en su voz.

Dándose la vuelta intenta abrir la puerta, pero el cerrojo no cedía, entrando en pánico mientras la sirena sonaba con toda su potencia. Después de intentar abrirla sin éxito, Edward decide bajar la escalera de mano derrotado.

Abajo del lugar, la sirena todavía acompañaba al asustado sujeto, el cual caminaba con lentitud sobre un suelo metálico que resonaba con cada paso. Si pudiera latir, su corazón sonaría como mil tambores debido al creciente miedo que empezaba a sentir sobre él.

Pensaba en retroceder, volver a intentar abrir la puerta e intentar salir de la ciudad, pero un pensamiento lo detuvo de hacerlo…

-Bella…

Bella de seguro lo estaría pasando peor, estando a merced de Cayo o quien sea que estuviera con ella. Pensó en aquella mirada vacía que llevaba cuando la vio en las calles de la ciudad…

Y así, Edward sigue adelante, encontrándose con otra escalera de mano, subiendo por ella lentamente para llegar a otra puerta. Abriéndola con cuidado, el joven escucha la puerta metálica sonar contra el suelo, y cruzando el umbral, se adentra en la más profunda de las oscuridades.

Lamento la gran tardanza, pero espero que este capítulo sea de su agrado... y no, este fic todavía no está abandonado, debido a que todavía salen ideas XD


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