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Madness by Zelden-san

Anime » Gravitation Rated: K+, Spanish, Drama & Romance, Eiri Y. & Shuichi S., Words: 98k+, Favs: 26, Follows: 18, Published: 4-24-11 Updated: 3-19-13
107 Chapter 14

Hola, niñas! Cómo están?

Lamento la tardanza pero como entré a clases, no he tenido ni tiempo ni ganas de escribir, ni de subir el capi.

Espero que les guste este capítulo, el cual nos trae una sorpresita de parte de Shu.

Cuidense! Bye =)


Madness: Capítulo XIV

Lejos del hospital, un joven de cabellos negros azabache, miraba el jardín desde un balcón de la enorme casona en la que había sido recluido contra su voluntad. Su amada hermana le había informado que al día siguiente partiría rumbo a la casa de sus padres, advirtiéndole que sus progenitores estaban tan enojados con él—por su fuga—, que estaría castigado por dos meses completos, lo que significa que estaría alrededor de 60 días sin Internet, sin música, sin televisión, sin celular y sin salidas. ¡Eso era tan terrible! ¡¿Qué haría sin esas cosas de primera necesidad durante 2 meses?

Bufando con evidente descontento, hundió su cuello en la baranda mientras pensaba seriamente en la posibilidad de lanzarse al vacío. Claro que aquella decisión se veía opacada por la imagen sonriente de cierto cantante, a quien no podía permitirse dejarlo solo: amaba a Ryuichi lo suficiente como para no atentar contra su propia vida. Además, pensándolo bien, siempre existía la posibilidad de escaparse de nuevo.

Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro ante aquella idea, reactivando sus ánimos y ese espíritu aventurero propio de la adolescencia. Tenía que escaparse sí o sí, y claro está que esta vez no recurriría al traidor de su hermano. Necesitaba como encubridor a otra persona, pero ¿quién podría ayudarle?

Mientras pensaba en alguien que le fuera de utilidad, su teléfono móvil comenzó a sonar estruendosamente con una melodía que el chiquillo conocía perfectamente: esa canción indicaba que quien llamaba era su amado Ryuichi.

—¡My Honey!—exclamó emocionado con los ojos aguados.

—Hola, Tat. ¿Qué tal te fue con tu hermana?

—¡Ni lo menciones! Estoy castigado por dos meses ¡Dos malditos meses! ¿Sabes lo que eso significa?—dijo cabreado.

—Eso te pasa por escaparte; ahora, soporta las consecuencias—le regañó.

—Pero no es justo, My Honey. Yo sólo quería verte—lloriqueó haciendo pucheritos.

—Lo sé, pero ya tendremos tiempo para eso. Estoy pensando en tomarme unas semanas para descansar.

—¿De verdad? Eso sería genial—exclamó.

—Sí, pero aún no es seguro… Oye, Tat, te llamaba porque necesito contactarme con tu hermano. ¿Podrías darme su número telefónico?

—¿Ah?¿Y para qué quieres contactarte con ese amargado traidor?

—Después te cuento los detalles. Por ahora, necesito hablar con él urgentemente, no da.

—Está bien—respondió de mala gana y con reticencia, sintiéndose algo celoso por el "repentino" interés de Ryuichi por su hermano. ¿Será que algo pasó entre ellos el día anterior?

—Tatsuha—le llamó una vez que éste terminó de dictarle los números—, ten cuidado con ese tal Tohma.

—¿Eh? ¿Por qué dices eso? Él es mi cuñado.

—Lo sé, pero yo conocí a ese hombre antes de que se casara con tu hermana. Él es peligroso, por favor, ten cuidado. Él no es lo que aparenta…

—¿De qué estás hablando? ¿Por qué conoces a Tohma? ¿Él te hizo algo?—preguntó sin comprender las advertencias de su amado.

"¿Tohma peligroso? Debe estar de broma", pensó extrañado, pues hasta donde sabía, su cuñado era una persona amable, atenta y carismática, además de tener mucho dinero.

—¿Con quién estás hablando, Tatsuha?—preguntó la voz del susodicho, quien acababa de ingresar a la habitación.

"Es él", pensó Ryuichi con terror, tras alcanzar a escuchar la voz demandante del político.

—Con nadie. Estás imaginando cosas—respondió escondiendo el celular mientras cortaba la llamada. Tohma le observó de pies a cabeza, incrédulo. Para él era más que obvio que el muchacho había estado hablando con cierta desagradable persona.

—Tu hermana pregunta si acaso bajarás a almorzar: la mesa está preparada. —Su voz amable y aquella eterna sonrisa, estaban lejos de ser señales de "peligrosidad", por lo que Tatsuha se sintió un tanto confundido al sopesar las advertencias de su amado con lo que veía.

—Bajo enseguida—respondió sin hacer mucho caso. Total, el rubio sólo era su cuñado, no su padre ni nada parecido, así que no lo podía obligar a hacer algo que no quería. Tenía hambre, era cierto, pero prefería morir por inanición antes que volver a casa de sus padres.

Sin decir nada más y dando una última mirada de soslayo a Tatsuha, el mayor abandonó la habitación ocultando una sonrisa maligna y sarcástica que oscurecía su rostro al punto de darle un aspecto endemoniado, digna de cualquier ser infernal. Había tenido tanta suerte al escuchar parte de la conversación que su cuñado mantenía con ese cantante, que producto de ello había decidido que Ryuichi debía desaparecer de su vida o, al menos, mantenerse lo suficientemente alejado de él y de su familia. Ya tenía varias ideas en mente para callarlo, pero como sabía que el chiquillo era bastante astuto—pues todavía no había dicho algo que pudiera comprometerle—, empezaría amedrentándolo con algo simple; ahora bien, si insistía en contarle "cosas indebidas" a Tatsuha, a Eiri o a cualquiera, se vería en la obligación de ser más drástico.

¿Qué pasaría si los paparazzi se enterasen de que el famoso cantante Ryuichi Sakuma era gay? Por supuesto que eso sería una sorpresa, un "golpe noticioso", pero sabiendo que el mundo estaba lleno de mentes enfermas que ni se inmutarían ante tal "escándalo", tendría que realizar una maniobra más acabada y compleja, capaz de perjudicar la carrera musical del ídolo adolescente. Afortunadamente, Tohma Seguchi tenía muchos contactos y entre ellos destacaba un periodista inescrupuloso, de esos que hablan descarnadamente de la vida de cualquier famoso hasta acribillar su reputación.

Una sonrisa aún más macabra que la anterior adornó su níveo rostro; estaba satisfecho de su grandioso plan. Sacó su teléfono móvil y marcó el número de su asesor, aunque aquel hombre se desempeñaba también como su guardaespaldas, su perro guardián, su sicario o lo que él le pidiera que fuese.

—Ark, necesito que me hagas un favor—dijo una vez que el otro hombre contestó la llamada—: quiero que le hagas una visita a cierta persona que me está dando algunos problemas. Ven a mi oficina en cuanto puedas y te daré los detalles.

Como si nada, cortó la llamada y siguió con su camino con cierto aire de satisfacción. Ya quería ver la sorpresita que se llevaría ese mugroso cantante… Daría cualquier cosa por ver esos ojos azules consumidos por el terror…

Tras hablar con el director respecto a ciertas anormalidades que había notado, sin obtener nada nuevo ni importante, Eiri decidió ir por Shuichi a su habitación para bajar al jardín a dar un paseo.

Ese estúpido director era tan incompetente como el resto de su personal. Todos eran una manada de inútiles. ¡Claro!, como "Don Takahashi" no era la autoridad del hospital cuando Shuichi llegó, no tenía idea de nada. ¡Ni siquiera sabía por qué habían expulsado al anterior director! Eso era el colmo.

Maldiciendo mentalmente a medio mundo y mascullando cosas ininteligibles, subió las escaleras con evidente mal humor. Al menos, había conseguido averiguar el nombre del antiguo encargado del hospital, así que con eso podría realizar un par de gestiones para dar con su paradero y así hablar directamente con él.

—Shuichi—llamó con tono jovial una vez que ingresó en la habitación acolchada. Ver a su niño era suficiente para acabar con su mal humor—. ¿Aún quieres salir al jardín?

El pequeño estaba recostado de espaldas observando el techo y, cuando escuchó la voz del médico, desvió la mirada en su dirección y la mantuvo contemplando su bello rostro. No respondió y, tras unos segundos, volvió la mirada a su lugar anterior.

—¿Qué sucede, Shu?—preguntó con tono preocupado, acercándose lentamente hasta donde estaba el muchacho—. ¿Te sientes bien?

—He estado pensando—dijo con voz sombría y una seriedad escalofriante—, y tal vez ya es hora de que me deje de tonterías y empiece a cooperar. Sé que estás haciendo todo lo posible para que yo mejore, pero eso no sucederá si sigo poniendo obstáculos. Se nota que de verdad me quieres ayudar… no como los otros médicos que no entendían nada de nada… Tú eres diferente, Eiri.

—¿Esta es otra actuación tuya?—preguntó un tanto confundido. No esperaba ese pequeño monólogo-confesión por parte del chico, lo cual le indicaba al rubio que algo raro estaba pasando. Tal vez Shuichi estaba planeando algo o simplemente estaba siendo sincero, pero ¿qué le había llevado a cambiar de opinión y a decidirse a cooperar con el tratamiento? ¿Había algo oculto detrás de eso? ¿Shuichi tenía una doble intención?

—Si quieres que confíe en ti, deberías confiar en mí, ¿no crees?—preguntó mirándole a los ojos con aire sagaz—. Aunque tienes razón… siempre quise ser actor: es algo que se me da bastante bien, de forma natural. Si no fuera porque terminé aquí, de seguro estaría triunfando en Hollywood—reflexionó de forma anhelante como si se imaginara sobre el escenario de un teatro o sentado en una butaca admirando su brillante actuación en el film cinematográfico del momento.

—Ya veo… Entonces, todo este tiempo has estado actuando, ¿no? —Su voz sosegada le pareció inusual al más joven, pues se esperaba otro tipo de reacción por parte del rubio. De hecho, por un momento pensó que sería regañado o algo así. Lo que Shuichi no sabía es que Eiri le estaba siguiendo el juego sólo para sacarle información—. Si ha sido así, te mereces un enorme aplauso y mi entera admiración, porque ha sido, por lejos, la mejor actuación que he visto. Has logrado engañar a medio mundo con esa faceta de niño "demente", tanto como para terminar encerrado en un hospital para locos—dijo con cierto desprecio. Como no se esperaba lo que el muchacho le estaba contando, Eiri, muy preparado psicológicamente para enfrentar ese tipo de situaciones, mantuvo la calma y pensó en un pequeño plan para que Shuichi comenzara a dar explicaciones o, en el mejor de los caso, dejara de actuar y volviera a ser el mismo de siempre.

—No me estas entendiendo—susurró. Por alguna razón, sus ojos violetas mostraron miedo e inquietud. Se puso de pie rápidamente para no sentirse intimidado por la imponente figura del médico, y así poder enfrentarle de igual a igual.

—¿Qué es lo que debo entender?—preguntó con el rostro inmutable.

—Yo no estoy loco… Yo no debería estar aquí. —Sus ojitos se aguaron por las lágrimas que se acumulaban en ellos y su expresión seria mutó a una mueca afligida.

—Dime algo que no sepa. Todos los "locos" dicen lo mismo—dijo mordaz.

—Pero es la verdad…—dijo suplicante para luego, acercarse al rubio y aferrarse a su bata—. Eiri…si cambié de opinión fue porque…

—¡Doctor Eiri, ya podemos bajar al jardín!—exclamó Maiko al entrar en la habitación, quedándose callada al instante al contemplar la escena. El psiquiatra maldijo a la mujer por ser tan inoportuna, conteniéndose las ganas de asesinarla en ese mismo instante. Un largo silencio le siguió a la interrupción, hasta que Shuichi reaccionó.

—¡Sí! ¡Vamos al jardín, Mamá!—gritó Shuichi como si le hubiese olvidado toda la situación anterior, volviendo a su faceta normal de niño alienado. Cogió a mamá—que yacía olvidada en el suelo—y luego, se acercó a Maiko—. ¿No vienes con nosotros, Yuki?

Eiri asintió suavemente. Estaba demasiado enojado en aquel momento, pero tuvo que contener su ira para no golpear a la mujer. ¿Es que no miró por la ventana antes de entrar? ¿Es que no le enseñaron a golpear la puerta primero o a pedir permiso?

Bufando fastidiado comenzó a caminar tras Maiko y Shuichi, siendo invadido por una imperiosa necesidad de fumar. Lástima que no podría hacerlo sino hasta que acabara su horario de trabajo.

Afuera, en el jardín, ya estaban los pacientes disfrutando del aire libre bajo la atenta vigilancia de los enfermeros. No era un día muy lindo, estaba nublado pero curiosamente no hacía frío a pesar del viento que corría.

Shuichi admiró extasiado cada detalle del extenso patio, poniendo especial énfasis en cada una de las personas que allí estaban hasta dar con alguien que le fuera familiar. Efectivamente, los mismos locos con los que había estado la vez anterior, se encontraban, una vez más, alrededor de una mesa compartiendo una partida de Go. El menor los observó por un rato y se dio cuenta que faltaba uno de ellos, pues sólo eran tres.

—Allá están tus amigos—le informó Yuki, quien también había identificado al grupo.

Shuichi observó el lugar indicado que ya había divisado, pero no se movió de su puesto, como si sus pies estuviesen clavados al piso. La verdad es que no tenía muchas ganas de salir a pasear, menos considerando la conversación que tenía pendiente con el rubio. Eso le estaba incomodando demasiado, tanto como para impedirle el retomar su actitud habitual. No estaba de ánimos para interactuar con dementes, ni para actuar de forma aniñada y alocada. Sin embargo, debía aceptar que estaba feliz, pues no era muy agradable estar encerrado las veinticuatro horas del día y, como todo ser humano, necesitaba estar al sol o expuesto al aire fresco durante unos minutos.

—¿Pasa algo, Shuichi?—preguntó el médico con cierta preocupación.

—Nada—mintió.

Eiri le vio incrédulo, pero como el niño comenzó a caminar, no tuvo más opción que seguirle y observar su comportamiento. Después de la curiosa escena que habían protagonizado, se sentía intranquilo y desconcertado. Y es que la actitud de Shuichi le había pillado desprevenido, a tal punto que ya no sabía qué pensar. ¿Cuál de todas las caras era la del verdadero Shuichi? ¿En verdad todo era una vil actuación?

Por más que trataba, no podía dar una explicación para sus contantes cambios de personalidad. Incluso había pensado en la posibilidad de que el pequeño padeciera un Trastorno de Identidad Disociativo, pero aún así eso no lograba abarcar todos los supuestos síntomas que presentaba, ni tampoco se cumplían las características del trastorno. En definitiva, sólo le restaba creer que Shuichi era un excelente actor y que, como tal, estaba engañando vilmente al mejor psiquiatra de Japón.

—¡Oh, miren quién viene allí!—exclamó cierto rubio de pelo largo, al ver que Shuichi se acercaba hacia ellos.

—Hola—saludó con el mismo tono infantil y jovial de siempre, mientras cargaba al peluche entre sus brazos.

—Hola, Shu—dijo cierto pelirrojo—. ¿Qué te pasó? ¿Por qué no habías salido?

—Es que…me porté mal y estuve castigado—respondió algo apenado—, pero ya me dejaron salir otra vez.

—Oh, ya veo. Entonces te hace falta formar parte del correctivo especial de Mr. K—dijo el rubio—. Soy experto disciplinando niños malcriados y desobedientes—dijo lanzando una carcajada exagerada.

—Pero ya no soy un niño—protestó—. Además, tengo a Mamá.

—Mmm… Entonces, creo que deberé hablar con tu Mamá—dijo pensativo observando al conejo rosado. Shuichi sonrió.

—Ven, Shu. Siéntate aquí—indicó Hiro, haciéndole un espacio en la banca.

Eiri y Maiko observaban desde lejos al grupo para asegurarse de que todo estuviese bien, aunque al rubio, las ganas por acercarse e interactuar con el grupo, le carcomían las entrañas.

—Maiko, ¿podrías conseguirme los expedientes de esos pacientes?—preguntó indicando a los amigos de Shu.

—Claro, pero ¿para qué los necesita?

—Sólo quiero saber sobre ellos.

—Oh, pero para eso sólo tiene que preguntarme—dijo la mujer con actitud de sabelotodo. Eiri le observó de reojo—. El rubio se llama Klaude Winchester, pero le gusta que le digan Mr. K. Tiene un trastorno delirante de grandiosidad y cree que es Capitán del ejército de los . Se internó de forma voluntaria y de por sí es un paciente muy tranquilo, tanto que los médicos han tratado darle el alta y enviarlo a casa, pero él se rehúsa.

—Bueno, si el quiere estar aquí, no le veo el problema.

—Pues sí, él dice que está cómodo estando aquí.

—¿Qué hay del otro chico? Parece llevarse bien con Shuichi—dijo indicando a Hiro.

—Él es Hiroshi Nakano, llegó hace un mes de forma voluntaria porque un psicólogo le recomendó que viera a un psiquiatra. Se le diagnosticó un trastorno de estrés postraumático y ha evolucionado bastante bien.

—¿Estrés postraumático?

—Sí. Se decidió internarlo por un tiempo porque el cuadro que padecía era algo grave… —Maiko hizo una pausa y luego, agregó—: tuvo un accidente automovilístico y él fue el único sobreviviente además, sus padres murieron en ese accidente.

—Comprendo. Si ha respondido bien al tratamiento es probable que pronto pueda irse.

—Sí, de hecho es algo que ya está evaluándose

Eiri volvió la vista hacia al grupo, viendo como Shuichi se agarraba la cabeza con las manos en señal de derrota porque el pelirrojo había ganado la partida de Go, mientras el rubio mantenía una seria conversación con Mamá.

—¿Qué hay de ese hombre?—preguntó Yuki al notar al tercer individuo del grupo, quien se hallaba algo alejado, ajeno a lo que los otros hacían.

—Mmm… De él no sé mucho. Los enfermeros le dicen Sakano y tengo entendido que fue internado por sus familiares porque padece un trastorno de pánico. Generalmente, es tranquilo, pero sus crisis son fuertes y regulares.

Un incómodo silencio le siguió a las palabras de la enfermera, pues Eiri parecía hallarse perdido en su mundo de ensueño, aunque en realidad yacía sumido en sus pensamientos, analizando la actitud de Shuichi y haciendo planes a futuro con él. Por un instante, pensó que sería buena idea pedirle al director que le dejara tomar los casos de esos pacientes, con el único fin de formar un grupo de trabajo para realizar terapias grupales y así contribuir a la integración de Shuichi. Por supuesto que también tenía contemplado evaluar a esos enfermos y tratar sus enfermedades, pero como él bien sabía, su única prioridad era Shuichi y con lo problemático que era su caso, terminó por rechazar la idea. Más tarde se dedicaría a pensar en algo para acercarse a los amigos de Shu, y así ver de qué manera podría utilizarlos para que ayudaran a su niño.

Suspirando agobiado, observó una vez más a Shuichi, quien se reía a carcajadas porque por fin había ganado una partida de Go. Sonrió con ternura, ignorando cuánto tiempo mantuvo esa expresión, e incluso, ignorando la mirada aterrada de Maiko, quien jamás pensó que un hombre como él pudiera sonreír de esa manera. Claro que la mujer intuyó que esa sonrisa iba dirigida para el pequeño Shuichi y eso la hizo sentirse celosa, porque sabía que el niño correspondía los sentimientos del rubio: aunque ninguno de los dos lo dijera o demostrara expresamente, Maiko y su intuición femenina, ya sabían de la existencia de aquel sentimiento que ambos se esforzaban por ocultar.

¿Cuánto tiempo estuvo intentando no enamorarse de Shuichi por su condición mental? ¿Cuántas horas pasó admirando la belleza del pequeño desde la ventanilla de su habitación? ¿Por qué tuvo que llegar ese médico engreído para arrebatarle lo que ella consideraba que algún día sería suyo? Maiko apretó los puños con rabia, frunciendo el ceño inconscientemente, mientras cientos de preguntas similares se agolpaban en su mente. Sentía celos del rubio, tanto como para jurar que—algún día—ella se desquitaría con él, aunque aquello no le asegurara el poder quedarse con Shuichi. Por ahora, sólo sería una espectadora, esperaría a ver cómo evolucionaba el menor y, de acuerdo a las circunstancias futuras, tarde o temprano, le asestaría un golpe fatal al médico…

Desafortunadamente para Shuichi, la tarde transcurrió rápidamente y, antes de que se diera cuenta, ya era hora de entrarse, pues había acabado el horario de trabajo de su médico y como las salidas estaban a cargo de Eiri de forma exclusiva, no podía quedarse en el jardín bajo la supervisión de Maiko. Con cierta tristeza se despidió de sus dos amigos y cogió a Mamá entre sus brazos, para luego ir hasta donde estaban Maiko y Yuki.

Así, con una enorme sonrisa en los labios y una felicidad desbordante y contagiosa, caminó junto a los adultos comentando lo bien que lo había pasado esa tarde, pidiéndole a su médico que lo sacara al jardín más seguido.

Tras adentrarse en la habitación acolchada, Maiko los dejó a solas para atender otros asuntos, y fue entonces que Shuichi dejo la alegría de lado y adquirió una pose seria y madura.

—Creo que tenemos una conversación pendiente—le dijo al médico, encarándole con cierta petulancia.

—Así es—respondió circunspecto y estoico—. ¿Qué ibas a decirme antes de que Maiko llegara?

—Es que yo…Yo estuve pensando en lo que me dijiste. Si me porto bien, tú me sacarás de aquí, ¿verdad? —Eiri asintió suavemente—. Entonces, haré lo que tú me digas, lo que tú quieras, pero, por favor, sácame de aquí. —Su voz que hasta entonces se oía seria, se quebró y dio paso a pequeños quejidos, mientras sus ojitos violetas se inundaban en lágrimas—. Yo no estoy loco, yo no debería estar aquí…

—¿Por qué me dices esto ahora? ¿Qué pretendes? ¿Qué debo creer? Hasta ahora te has comportado como cualquier paciente de este hospital incluso, creo que tienes algún trastorno. ¿Por qué ahora pretendes hacerme creer que no estás loco?

La mirada de Shuichi adquirió una expresión compungida, sintiéndose acorralado por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo era posible que Eiri no le creyera si estaba siendo sincero? ¿El rubio creería que aquello era otra actuación o un síntoma más de su supuesta enfermedad? ¿Por qué su pecho dolía? Sintió ganas de llorar, pero esta vez no era un llanto fingido. Aquellas lágrimas que empezaron a caer por su rostro, eran el más puro reflejo de la impotencia acumulada que sentía, sumado a la conmoción del momento y a la decepción. Sus piernas se tambalearon hasta hacerle caer de rodillas y así soltó su amargo llanto cubriendo su cara con las manos.

Eiri le observó un tanto estupefacto. En términos simples, estaba inmóvil. No sabía cómo reaccionar a todo eso y lo peor es que tampoco podía dilucidar con claridad si aquello era una vil actuación, un síntoma o un mero acto de sinceridad. Lo que si había concluido era que esa situación ya no era normal y, aunque no quisiera aceptarlo, el llanto de Shuichi era demasiado conmovedor como para ser mentira. Su corazón se oprimió y un nudo se formó en su garganta, acompañado por unas intensas ganas de cobijar al pequeño entre sus brazos y dejar que el calor de su cuerpo disipara la tristeza que le inundaba.

Lentamente se acercó hasta Shuichi y se agachó para quedar a su altura. Tenía tantas dudas y tantas preguntas que resolver, que su mente de médico se hallaba confundida y desesperada. Se le partía el corazón ver a su niño llorar de esa forma y, tal vez, eso fue lo que le impulsó a coger su rostro y depositar un dulce beso en sus labios: primero, fue un sutil roce y después, los atrapó suavemente.

El llanto de Shuichi cesó de forma abrupta y sus ojos reflejaron la sorpresa que se llevó: jamás se le pasó por la cabeza que el rubio haría algo como eso.

—Yo te creo, Shuichi… pero eso no basta para sacarte de aquí—le dijo una vez que se separó de él. Con el dedo pulgar intentó borrar las cálidas lágrimas que aún se desplazaban por el rostro del menor y luego, le tomó el mentón para poder mirar sus ojos violáceos—. Pero tampoco te desesperes… Yo te prometí que te sacaría de aquí y eso es algo que voy a cumplir cueste lo que cueste, porque ya no estás solo: yo estoy contigo. Es cierto que no podré sacarte de la noche a la mañana, esto es un proceso que tendrás que soportar un par de semanas o meses, por eso te pido que estés tranquilo…

—¿Por qué?—preguntó entre sollozos, sorbiendo la nariz—. ¿Por qué no eres como los demás médicos? ¿Por qué no pones en duda lo que te acabo de decir?

—Porque confío en ti, así como tú confías en mí. Además, soy un experto, ¿sabes?: el mejor de mi área en todo Japón—dijo con cierta vanidad que al pequeño le causó gracia.

—Por eso me gustas, porque eres el mejor…—susurró viéndole con los ojos brillosos, producto de una emoción que Eiri no supo identificar, pero que iba entre la admiración y el amor.

—Tú también me gustas… Shuichi…

Su voz aterciopelada le produjo un sutil escalofrío al menor. Sintió el impulsó de besarlo una vez más, mientras sus miradas se encontraban y se deseaban mutuamente. Aquellos ojos amatistas eran tan expresivos y hermosos que Eiri se sintió atrapado por la profundidad de sus pupilas, mientras Shuichi se maravillaba con el metal precioso que había descubierto en esos ojos dorados.

Sin embargo, a pocos centímetros del rostro de Shu, cuando sus narices se topaban, Eiri reaccionó y se deshizo del encantamiento que esos ojos le habían lanzado. Se separó del menor y rápidamente se puso de pie: había recordado las cámaras de vigilancia que la habitación poseía. Eso era un motivo suficiente para detener cualquier acto impropio del cual tuviera que arrepentirse después. Shuichi le miró un tanto desconcertado, y aunque no entendió el porqué de la reacción del rubio, pensó que tal vez él necesitaba tiempo para sobrellevar la situación en que se encontraban.

—Lo siento, debo irme—le informó escuetamente, para luego dedicarle una tierna sonrisa—. Recuerda que mañana vendrá mi amigo a hablar contigo. —Shuichi asintió suavemente—. Nos vemos mañana.

Shuichi le observó como quinceañera enamorada, sonrojándose cuando el médico le guiñó un ojo de forma seductora y con una sonrisa en los labios, antes de salir de la habitación. Se sentía extrañamente feliz, a pesar de haber perdido la oportunidad para explicarle al médico su situación y para confesarle sus sentimientos. Al menos había conseguido que el rubio creyera su historia y, lo mejor de todo, es que ahora sabía que sus sentimientos eran gratamente correspondidos.

Con cierta melancolía, miró al conejo rosado que, curiosamente, yacía a su lado con la cabeza apoyada en su pierna. Nunca había entendido por qué, pero ese peluche daba la impresión de tener vida propia. Sonrió ante ese pensamiento y, cogiendo a Mamá entre sus brazos, se sintió el hombre más feliz del mundo.

"Por fin encontré a alguien con quien olvidarte… Ryuichi…"

Continuará…


Trastorno de Identidad Disociativo: corresponde a aquel en el que es posible distinguir dos o más personalidades o identidades en el individuo, cada una con un patrón de comportamiento distinto. Es lo que se conoce comúnmente como trastorno de personalidad múltiple.

Trastorno Delirante de Grandiosidad: es un tipo de trastorno delirante en el que el sujeto cree tener algún talento extraordinario, poder, conocimiento, etc.

Trastorno de Estrés Postraumático: corresponde a una seria de síntomas cuya causa se debe a la exposición del individuo a un hecho estresante o traumático. En el caso de Hiro, un accidente.

Trastorno de Pánico: es una enfermedad en la que la persona experimenta ataques de terror repentino con carencia de estímulos exteriores. Estos se conocen como ataques de pánico.


Mandy: Raro? Crees que es raro que odie a Ryu? Arggg pero si es tan… Lo detesto, me carga. Después de Tohma es el personaje que más odio de la serie xD Jajaja Ahora que lo pienso, tienes mucha razón en decir que Tohma tiene pinta de político jaja De hecho, o tiene pinta de empresario exitoso, de gánster o de político xD Ohhh, qué emoción saber que hay gente fingiendo ser loco en la vida real jaja Aunque eso se da mucho en los delincuentes, quienes buscan sacarse las penas de cárcel de encima =/ Bueno, muchas gracias por leer el fic y leerme capítulo a capítulo ^^ Estamos en contacto y espero que te guste este capi =) Besos!

Lady Suki: Hola, chica =D Uff, pos este capi está bastante interesante y extraño, porque Shuichi sigue haciendo de las suyas. La entrevista con el psicólogo tardará más de lo previsto, básicamente porque por cada capí que escribo, avanzo medio día "real". Jaja Bueno, es que a mi me gusta Yuki… / Es que es tan asquerosamente sexy *¬* me hace querer uno así! Gracias por leer y espero que te haya ido bien con los exámenes, a mi me fue super, y pos ahora entré a clases otra vez ¬¬ ya quiero vacaciones T^T Cuidate y besos! Bye =3

Ikaros-san: Me alegra muchísimo que te haya gustado ^^ Espero que este capi también sea de tu agrado. Gracias por leer =)

Mariuki-chan: Jajaja qué gracioso! Estás loca por un fic sobre locos? xD Pero tranquila, al ritmo que voy, el fic tendrá como 30 capis o más. Yoshiki es "encantadora" jaja deberías leer el manga, demás lo encuentras en algún lado online =) Lo de Tohma lo dejaré para más adelante. Oh, descuida, pobre de ti…aunque me surje la duda respecto a qué hacías con un sacerdote? xD Entrar a una iglesia es algo no haré por el resto de mi vida, a menos que sea para reírme de los feligreses y sus estúpidas creencias xD Bueno, espero que te guste la continuación. Besos y cuidate! =D


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