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You're my prisoner by Erik Altman

Anime » Hetalia - Axis Powers Rated: M, Spanish, Adventure & Romance, Spain & England/Britain, Words: 15k+, Favs: 21, Follows: 16, Published: 7-14-11 Updated: 7-30-11
43 Chapter 4: Nuestro secreto

Capitulo 4 – Nuestro secreto

Para cuando despertó, la sangre, el sudor, la mugre y la semilla del pirata habían desparecido de su cuerpo junto a su desnudez, ya que, una fina y desgastada camisa de tela blanca oscurecida cubría suavemente la zona que había sobre su cintura, sobre la cual se encontraba unos finos pantalones extremadamente cortos que dejaban entrever su zona intima. La suciedad solamente se hallaba en sus rodillas, que tocaban al desnudo el sucio suelo lleno de sudor, lagrimas, suciedad, polvo y fluidos reproductores masculinos. El resto de su cuerpo, incluido su cabellera de color castaño oscuro, había sido frotado, enjabonado y lavado con detalle, borrando de él toda marca de lo sucedido la noche anterior bajo el cuerpo del descarado pirata inglés de ojos esmeralda centelleantes y arrogantes. Borrando de él toda evidencia de su inocencia perdida, pero dejándole el tremendo dolor que le azotaba desde las piernas hasta el cerebro, el dolor que compartían todos y cada uno de los nervios del joven español que deseaba morir en aquel instante, aunque supiera que no habría paraíso para alguien como él. El dolor se extendía por todo su cuerpo, sin ser capaz de concentrarse en un lugar en concreto, ya que Antonio no podía sentir su trasero en aquellos instantes debido al desgarramiento que había tenido la noche anterior. El Capitán Kirkland entró en él sin prepararlo antes, abriéndolo de golpe y sin tregua alguna, volviéndolo débil, sumiso e indefenso bajo su mirada electrizante y sus doloras embestidas que acabaron por hacerle disfrutar.

Los recuerdos aún azotaban su mente para poder darle sentido a las enormes lagrimas que por sus ojos caían suavemente, rozando su piel de un moreno mediterráneo mientras recorría el trayecto entre sus parpados y el frío y pegajoso suelo de la celda. Recuerdos que intentaban ocultar la verdadera razón de las lagrimas de este. La razón por la cual el chico se sentía vacío y confuso en aquellos instantes, asimilando la idea de que toda su vida había sido una tremenda farsa a si mismo, como si estuviera soñando despierto y despertara dándose cuenta de, aunque ese sueño fuera increíblemente bello que había sido su sueño, nunca podría hacer realidad las visiones que había tenido aquella noche entre las dulces y cálidas sabanas.

Había disfrutado con el acto sexual del inglés, ¡y tanto que había disfrutado! Cuando el inglés se vino en su interior su cuerpo entero reaccionó de manera subconsciente, obligándolo a mostrar aquel placer que había mantenido oculto durante el acto y que ahora fingía no haber sentido para poder someterse al juicio divino con la certeza de su inocencia. Tanto su mente como su cuerpo habían sentido aquel espasmo cálido que le recorrió momentos antes de venirse sobre la fría y sucia pared de la cual se había alejado al completo para olvidar aquel sentimiento y cortar los recuerdos de la noche anterior al completo. Si admitía aquel sentimiento, admitía sentirse atraído por el cuerpo de los hombres, y aquello era uno de los más temibles pecados que impedían la entrada al jardín eterno de su Dios padre y señor al cual tanto adoraba y veneraba. Si admitía lo ocurrido, se volvería loco y perdería el poco honor que quedaba en él.

Ninguna cadena le impedía el movimiento de pies y manos como el día anterior. Su cuerpo había sido liberado de toda atadura ahora que este se encontraba completamente dolorido y le era imposible moverse debido a la contradicción que recibía al intentar ponerse en movimiento. Su celda era bastante espaciosa y fresca, por lo que el escaso movimiento fue agradecido por una suave brisa de aire gélido que renovó sus sentidos y le ayudó a despejarse un poco de aquella ensoñación que le azotaba. Sus captores le miraban entre risas desde el otro de los barrotes, incomodando su estancia y haciendo que su cuerpo se estremeciera bajo las perversas miradas de los hombres que se contenían por el echo de que él era el juguete especial de su capitán. Solamente por aquel motivo.

-Abrid la celda, viejos asquerosos.-protestó una voz juvenil y llena de vida antes de que sus oídos lograran captar el sonido de la puerta entre los barrotes deslizarse hacía el interior de la mazmorra improvisada en el interior del barco pirata.

Abrió ambos ojos para observar con detenimiento al poseedor de la voz y se llevó una gran sorpresa al encontrarse a un joven de menor edad que él y que sonreía de oreja a oreja, con mucha más inocencia y dulzura que el resto de la tripulación. Era rubio como el capitán, pero de un tono más oscurecido, cercano al color del cabello castaño, y poseía unos enormes ojos azules que observaban con tremenda vitalidad el cuerpo del español, ya completamente limpio y preparado para las exigencias del pirata, al cual le gustaba ensuciar personalmente a sus victimas en la cama. Más o menos, tendría unos cinco centímetros de altura menos que él y tendría una procedencia inglesa, ya que sus rasgos faciales eran finos y elegantes, a pesar de la grosería y el descaro juvenil que aún quedaban en ellos, y su pose recta y elegante, como todo noble inglés o sirviente de estos.

-¿Y tú eres el español cautivo...?-preguntó acercándose al chico sonriendo más.-Realmente, esperaba un hombre más duro y potente...uno que no se viera tan endiabladamente dominable...-rió despacio con algo de descaro tiñendo sus palabras.-Eres tan...¿débil...?-protestó sonriendo de oreja a oreja. El pie del americano se posó sobre la mejilla del español que no rozaba el suelo y se movió con recelo aumentando la cercanía del rostro de Antonio al suelo.

Después de lo ocurrido la noche anterior, Antonio no tenía las fuerzas suficientes como para contrarrestar la fuerza del menor y abalanzarse sobre él para demostrarle que no era tan débil como en aquellos momentos parecía. El rubio seguía sonriendo de oreja a oreja, encantado por la idea de estar hiriendo la mente y el orgullo del que estaba robando el tiempo a su amado Arthur y el que estaba siendo el culpable de su falta de caricias por parte de este.

-¿Acaso eres mudo...?-protestó ensanchando su sonrisa y apretando más la cabeza del moreno contra el suelo.-¡Di algo puta española!-exclamó echándose a reír mientras golpeaba con el pie su rostro, obligándole a girarse y darle la espalda debido al dolor.-Si no hablas...te lo haré hacer a base de g...

-¡Jones!-protestó una voz a espaldas del ojiazul que iba a volver a propinar una patada al prisionero.-¿Qué dije sobre tocar a nuestro prisionero?-preguntó molesto mientras se escuchaba el sonido de unas botas de tacón golpear el suelo a cada paso del artífice de la voz.

En seguida reconoció aquella voz, ¿cómo no hacerlo? La arrogancia y el tono superior que empleaba el pirata era único en todo el mundo. El cuerpo del español se estremeció en el suelo al escuchar hablar al que la noche anterior le obligó a entregarle su virginidad a la fuerza y con rudeza, desgarrándole al completo aquella zona del cuerpo y casi dejándolo medio muerto. La voz del depravado pirata que lo había tomado como prisionero y juguete sexual.

-Capitán Kirkland yo...-murmuró Alfred apartándose un poco del cuerpo del moreno y encontrando su mirada con la del otro rubio.

-Desaparece de aquí, Jones.-espetó el pirata situándose al lado de Antonio y rechazando el contacto visual con el estadounidense.-Es hora de que vuelva a divertirme un ratito con mi mascota.-anunció haciéndole señas al ojiazul y a los tres guardias apostados al otro lado de los barrotes para que desaparecieran dejándolos en intimidad.

-Me vengaré...-murmuró inaudiblemente el americano mientras salía de la celda y miraba con la mirada teñida de rabia a los guardias. No podía soportarlo, simplemente no podía. No podía aguantar el echo de que su amado prefiriera la compañía de aquel juguete roto antes que volver a pedirle que fuera a su camarote de nuevo. Hasta entonces, el capitán solo lo había echo una vez con cada prisionero y después se lo entregaba a la tripulación para que acabar de destrozarlo. ¿Por qué ahora cambiaba de estilo y volvía a jugar con un tipo tan débil y sumiso? No había nada de divertido en hacerlo con alguien así, por lo menos para el ojiverde no lo había. Entonces, ¿por qué?-Acabaré contigo con mis propias manos, estúpido juguetito roto.-anunció para si mismo mientras subía las escaleras que llevaban a la cubierta junto a los tres guardias.

Las lagrimas quisieron salir del rostro de Antonio en cuanto escuchó el sonido de la hebilla del pantalón del pirata tocar el suelo y producir un espantoso eco en la celda improvisada. No había escapatoria. No podía evitarlo. Su cuerpo no respondía a los gritos que su mente le mandaba para que se moviera y golpeara al capitán pirata. No podía evitarlo, iba a ser violado de nuevo por aquel asqueroso hombre...

XXX

El sonido de sus pasos nerviosos golpear el suelo uno y otra vez mientras caminaba alrededor de su enorme habitación estaba irritando a los sirvientes que intentaban descansar en la habitación situada bajo la del menor italiano. Por alguna razón extraña, este llevaba toda la tarde rondando en aquella estancia seguramente ya cansado de llorar la muerte del amo y señor de aquella enorme mansión de la cual todos ellos tendrían que despedirse en cuanto los Vanderhoeven volvieran a su país, llevándose consigo al que un día fue el ahijado del querido teniente Carriedo y dejando completamente solitario aquel caserón en el cual no viviría nadie en tiempo. De vez en cuando, un grito ahogado también se podía oír a través del techo y de la puerta de madera completamente cerrada de la estancia del menor.

Su cambio de actitud había sido tal que preocupó a todos los sirvientes del lugar. Conocían la actitud del italiano y sabían que, para ser tan joven pues apenas tendría dos cifras en su edad, era bastante hipócrita y también muy inestable en cuanto a sentimientos se trataba, pero el cambio que había experimentado este en aquel día era realmente extraño. En unos segundos, Lovino había pasado de estar triste, depresivo y llorica a lleno de rabia, gritón y malcriado. No dejaba entrar a nadie en su habitación y de vez en cuando podían ir el ruido de algo ser golpeado y volcarse con fuerza contra el suelo seguido de la exclamación de rabia del italiano.

-¡Dios!-exclamó golpeando con el pie una de las sillas de su habitación y lanzándola bastante lejos.-¿Cómo diablos voy a hacer que encierren a ese hijo de p...?-se preguntó, una vez más mientras volvía su espalda a la silla y se dirigía con paso firme al otro extremo de la habitación. Llevaba horas tratando de encontrar la manera de hacer justicia y lograr que encarcelaran al holandés que se había atrevido a tender una trampa al español al que tanto quería.-¡AAAAAAAAH!-gritó desesperado revolviéndose el castaño cabellos mientras se dejaba caer de espaldas en su cama agotado de tanto andar y de tanto golpear cosas.

En un principio, tenía pensado escribir a Francis Bonnefoy, mejor amigo de su tutor y gran noble francés que podría rescatar a este. Pero se había dado por vencido en cuanto había visto que era imposible sacar una carta de la mansión sin que se enterara el rubio y le pidiera leerla antes, con lo cual este descubriría sus conocimientos y podría acabar muerto o peor. No podía confiar en ningún sirviente, pues todos se peleaban por demostrar sus aptitudes y poder trabajar para los Vanderhoeven en su mansión del norte. Todos le entregarían a la mínima solo para no quedar desempleados una vez los dos rubios aristocráticos abandonaran la mansión del recientemente fallecido teniente Carriedo, supuesto fallecido claro.

Pero, aparte de escribir al francés, no había otra manera de hacerlo. Tenía que sacar una carta de aquel lugar sin que el mayor se diera cuenta y, para empeorar las cosas, debía de hacerlo antes de que le llevaran a vivir bajo la tutela de este, quedando Vincent como su padre adoptivo y teniendo completo poder sobre él. ¿Qué otra cosa podría hacer? Nada. Nada más que intentar salvar al español, pues este era el único testigo con el cual se podría encerrar al holandés y al pirata que le había secuestrado y que ambos pagaran por aquello que le habían echo. Y después de eso, él podría vivir sanando las heridas de su amado español como siempre había esperado hacer cuando este volviera de una guerra importante.

Sin más, se dirigió a su escritorio incorporando la silla que momento antes había lanzado lejos y estrelló contra la meso un papel completamente blanco. La punta de la pluma que el menor usó para escribir fue mojada y se comenzó a deslizar sobre el desnudo papel empezando a llenar este de dulces y caligráficas palabras, con el detallado estilo de escritura que Antonio le había enseñado desde pequeño.

Buenas, tío Francis.

Le escribo esta carta pues algo importante pasó relacionado con el teniente Carriedo. Seguramente ya habrá recibido la noticia de que él salió de viaje al mar y que su barco fue atracado por piratas, dejando de este solo las cenizas de la cubierta y de la tripulación entera. He de decirle, tío, que Antonio no murió en aquel abordaje y que sigue vivo en el barco de los piratas que atracaron el barco. ¿Qué como lo sé? Resulta que escuché a escondidas una conversación entre Vincent Vanderhoeven y unos de los piratas que me reveló el complot de estos y el que será mi próximo tutor. En la conversación escuché que habían tendido una trampa a nuestro querido teniente y que se encontraba prisionero de estos durante un tiempo hasta que acaben con su vida.

Le ruego, tío Francis, que mande barcos en rescate de Antonio y que tome custodia de mi educación para no quedar a solas con los Vanderhoeven, ya que no sé cuanto tiempo sobreviviré bajo la tutela del mayor de esta familia noble.

-No, no, no...-protestó arrugando el papel y lanzándolo a su espalda con un suspiro. Estaba siendo demasiado informal y maleducado. Debía ser más dulce y más refinado al hablar, sobretodo su era con el tiquismiquis gabacho que prostestaba ante todo lo que estuviera mal a sus refinados ojos acostumbrados a lo suave, delicado y elegante. Pero, él era un chico rudo y poco delicado, por lo que aquello le estaba costando exageradamente, como si le doliera escribir una sola cosa refinada en el papel.-Necesito más educación al expresar lo que tengo que decir...

-¿Y qué es lo que quieres decir...?-preguntó una voz grave y madura a sus espaldas sobresaltándolo. Las palabras del hombre fueron acompañadas al ruido de un papel desplegándose y el murmuró de la lectura de la carta que había tratado de escribir.

Su corazón se heló golpe al darse cuenta de la brisa que por la puerta abierta de par en par se escapaba golpeando su sudada y nerviosa nuca y al oír la suave y terrorífica voz del holandés leer en voz baja pero audible la carta que segundos antes había lanzado al suelo por ser completamente informal e inadecuada. Su cuerpo se extremeció al completo al asimilar el gran error que había cometido por no haberse quedado quieto y haber fingido que nada de aquello había pasado, por haberse sobresaltado ante la revelación del complot del holandés y los piratas y haberse comportado de aquella manera tan extraña y ruidosa. Y, sobretodo, por haber comenzado a escribir aquella carta que probaba que sabía lo que había ocurrido y que le había delatado ante el rubio apenas un poco después de que se enterara de lo sucedido.

-Esto...esta muy mal...muy mal Lovino...¿no crees...?-murmuró el ojiverde mirando la carta y sin subir la mirada al menor.-Se supone...que era un secretito...-la mirada verde esmeralda se levantó para observar con intensidad los temblorosos ojos de color miel que poseía el menor, acompañada de una sonrisa malvada y divertida del hombre que asustó mucho más al menor e hizo que su cuerpo comenzara a temblar de pánico y terror racional.-Un secreto...que nadie ha de saber...-anunció agravando aún más su voz y avanzando lentamente hacía el menor con su sonrisa completamente blanca intimidaba a este obligándolo a permanecer quieto a contra de su voluntad.

-Y...yo no se lo contaré a n...nadie...¡lo juro!-afirmó el italiano temblando de terror en su silla incapaz de enfrentarse al mayor.-¡Guardare el secreto!-prometió cerrando los ojos para evitar el escalofriante contacto visual entre el mayor y él.

-¿De verdad...? ¿Vas a traicionar a tu querido Toño...?-la mano de Vincent se cernió sobre su cuello con fuerza mientras elevaba el cuerpo del italiano varios metro del suelo, sintiendo como este movía los pies ahogándose.-¿Eres capaz de callar solo para salvar tu desgraciada vida, renacuajo?

-¡N...no me mate! ¡Por favor!-sollozó Lovino moviendo más aún sus piernas para que el mayor le liberara del asfixiante abrazo a su cuello.-¡Callare! ¡Lo juro!

-¿Ah, si?-bufó el rubio dejándolo de nuevo en el suelo y liberando su cuello obligándolo a caer contra el suelo, en el cual Lovino respiró con cierta dificultad.-Entonces...lo ocurrido hoy...es nuestro pequeño secreto...¿si...?-anunció acercando su terrorífico rostro al del italiano, el cual le miraba suplicante y sollozante, incapaz de morir con tan poca edad.

XXX

-Fran...-murmuró el peligris posando su albina mano en el hombro del francés despacio y con intención de consolar al rubio que lloraba en silencio la muerte de su mejor amigo y el que había sido como un hermano pequeño para él.-Toño no ha muerto...estoy seguro...

-¿T...tú también crees eso, G...gilbo?-sollozó el ojiazul mirando entre las borrosas lagrimas el rostro picaron y rebelde del alemán que en aquellos momentos había perdido toda vitalidad y se mostraba apagado y fúnebre, como si una parte de él hubiera desaparecido con el español al que ambos tantos querían y necesitaban.-T..tú...¿también crees q...que sigue vivo?-preguntó entre pequeños sollozos que hicieron temblar su esbelto y cuidado cuerpo de noble francés.

-Él no moriría por algo así...Toño es fuerte...-afirmó seguro el albino sin apartar sus ojos rojizos de los azules del francés.-Escuchame, gabacho. Debemos salvarlo...seguramente esté con esos piratas que quemaron el barco. ¡Claro que si! Alguien que es capaz de ser amigo del gran awesome no puedo morir por tan poco, ¿verdad? ¡¿Verdad?-exclamó intentando sonreír desesperadamente e intentando que el francés también lo hiciera, para salir ambos en busca del moreno.-Tomemos los barcos y salgamos en su busca, ¿si?

Francis asintió despacio volviendo a levantarse y dejando caer la carta que ambos habían recibido con la cual les habían anunciado la muerte del teniente Carriedo, amigo de ellos dos desde sus tiempos de guerra y de conquista en los que se habían vuelto un grupo inseparable que consiguió grandes logros y méritos, y multitud de reconocimientos militares que les ascendieron a sus rangos nobles que poseían en aquellos momentos.

-Él s...sigue vivo...sin duda...-murmuró agarrando al menor de ambos hombros.- Y nuestro deber es rescatarle...-afirmó para si mismo recuperando la compostura.

-Mañana...

-Mañana zarparemos, ¿te parece bien, Gilbo?-anunció el gabacho dejando de sollozar y dirigiéndose rápidamente a su escritorio para tomar su pluma y una de las hojas de su escritorio.

-Bien, pero, ¿qué haremos con el tema de Lovino? No me parece bien dejarlo con esos extraños...-dijo el alemán sentándose en la silla que había frente al escritorio y entrelazando ambas manos llegando al segundo punto que quería tratar con el francés.

-De eso se encargara Michael.-afirmó el francés restándole importancia.-Le mandé esta mañana a visitar al pequeño italiano para que se hicieran amigos, le mandaré una carta para que traiga al chico hasta aquí antes de que los Vanderhoeven tomen su custodia.

-Si tienen la custodia del pequeño, podrán quedarse con la casa y con los territorios de nuestro amigo...-murmuró Gilbert algo preocupado sobre el tema y volviendo a sospechar de la familia del norte. ¿Era demasiada casualidad que el español desapareciera en cuanto aquellos dos entraran en escena?

-Si...por eso quiero que Michael lo traiga aquí.-afirmó Francis.-No permitiré que nadie se apropie de las pertenencias de Toño hasta que encuentre a este, vivo o muerto.-anunció dejando de escribir en el papel y tomando otro para seguir escribiendo a toda velocidad, pero sin dejar de ponerle aquel toque de elegancia y suavidad que él sabía aplicar a todas las palabras que escribía.

-¿Qué escribes?-preguntó el alemán tomando la carta que había dejado en el lado izquierdo de la mesa.

-¡Matthew!-gritó el francés para que el tímido rubio se abriera paso abriendo las puertas de la habitación e introduciéndose en esta.-Lleva la carta que sostiene el comandante y luego haz llevar esta al carruaje en el que viaja Michael antes de que llegue a la mansión del teniente Carriedo.

-¡S...si señor!-exclamó el candiense tomando ambas cartas de las manos de sus superiores y saliendo apresuradamente de la habitación.

-¿Realmente crees que el seychellense será capaz de plantarle cara a Vincent Vanderhoeven si este se niega a que se lleve a Lovi?-preguntó Gilbert mirando el lugar por el cual había salido el invisible rubio a una velocidad increíble.

-Si supieras lo valiente que es Mic, te sorprenderías Gil...-anunció el gabacho sonriendo mientras ordenaba su escritorio. El día siguiente iba a ser extremadamente movidito, pues partirían al inmenso mar en busca del amigo de ambos...


N/A: Hey, hey~

Hola de nuevo a todos los que soportáis uno de mis capitulos y llegáis a la parte de Notas del Autor sin cerrar la pestaña :_D

Antes que nada, espero que os haya gustado la lectura y que os haya sido interesante y la lectura, y siento, ¡lo siento mucho!, no haber podido volver este capitulo otra violación hard del pirata ;3; Pero es que me pilláis en época emo-depresiva y estoy que el sexo ni mencionarlo :_D Prometo que el próximo capitulo no será tan soft como este e incluso espero hacerlo mucho más largo y detallado~

También habréis notado mis tropezones a la hora de escribir, pero eso es porque apenas tengo una hora o dos diarias de ordenador y eso reduce bastante mi serenidad y mi calma a la hora de escribir ;3; (y también porque yo soy desordenado y poco conciso xD)

Seguramente os preguntaréis quien es Michael, escepto alguna que otra persona que ya lo conoce y que me conoce. Michael Bonnefoy es el nombre que yo le he dado a NyoSeychelles (Male!Seychelles, como también se le llama) y lo introducí en este fic porque le tengo bastante cariño al seychellense y odio no encontrar imágenes de él en ninguna parte. ¡Pero si es la única persona que puede hacer yaoi con Francis y no sea repulsivo a la vista! ;3; Coñe, quiero ver un FrancexNyoSey ;3; Bueno, que me emociono ^^U xD

Como suponéis, no contestaré a los 9 reviews del cap 3 por falta de tiempo, pero si que los contestaré junto a los reviews de este cap (si es que aún me dejan alguno). Aunque, he de daros las gracias a los nueve que me escribieron, pues me animaron bastante a seguir escribiendo. En serio, muchas gracias reviewers :_D

Capitulo 5: Infiltración a la inglesa.


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