TRIÁNGULOS II
- Muy buenos días.
- B… buenos días. – Exclamó Ritsu nerviosamente ante la joven sirvienta que había abierto la puerta. – Vengo a buscar a… a Tsumugi-san.
- Oh, lo siento. Pero Ojou-sama ahora se encuentra ocupada.
- Sólo dígale que Tainaka Ritsu está aquí. – Exclamó la chica de los ojos dorados con una sonrisa nerviosa.
- Esta bien, pero no prometo nada.
- Ahhh, que difícil es esto de tratar gente con clase. – Murmuró Ritsu una vez la sirvienta la dejó para buscar a Mugi. – Por cierto, esa chica se parecía mucho a Mugi. ¿Serán familiares? – Ritsu se rio de si misma por la tonta idea. – No puede ser, si es solo una sirvienta.
Saitou Sumire caminó por los pasillos de la mansión siguiendo una melodía que se hacía más sonora a medida que avanzaba, una melodía en piano. Con cuidado abrió la puerta del salón intentando no perturbar a quienes se encontraban dentro.
- Disculpe ojou-sama. Alguien la busca.
- Sumire-san. – Respondió una señora de edad de presencia severa. – Ojou-sama no tiene tiempo para visitas. En estos momentos está ocupada con sus lecciones de piano.
- Eso lo sé, pero… - Sumire miró nerviosa a la instructora pero Mugi parecía curiosa. – Tainaka Ritsu-san está…
La joven sirvienta no pudo terminar la frase cuando Mugi se había levantado de su lugar, casi había brincado por encima del piano y con una velocidad increíble había salido corriendo.
- Gracias Sumire-chan~ - Grito la tecladista a lo dejos en el pasillo.
En la entrada de la mansión, Ritsu jugaba a patear una piedrita mientras esperaba cuando llegó la rubia respirando agitadamente.
- Hola… Ricchan. – Exclamó la rubia con dificultad.
- Hola… Mugi… ¿por qué estás tan agitada?
- No… no te preocupes.
- Ummmm. Como sea. Vine a invitarte a salir si no estás muy ocupada.
- ¡Para nada! – Respondió enérgicamente.
- ¡Ojou-sama! ¡Regrese inmediatamente! – La voz enojada de la instructora se hizo escuchar hasta la entrada de la mansión.
- Maldición. Ricchan, corramos. – Mugi tomó de la mano a su amiga y salieron corriendo del lugar.
- Oi, espera.
- ¡Ojou-sama! ¡No se puede ir!
-Lo siento~ - Respondió la rubia ya a lo lejos, fuera del alcance de aquella señora.
- Espero te diviertas Mugi-onee-chan. – Susurró Sumire mientras veía a la pareja alejarse.
Las dos chicas corrieron por un par de calles, siendo Ritsu, quien casi termina en el suelo un par de veces, arrastrada por Mugi hasta que la rubia consideró que estaban fuera de alcance.
- ¿Qué…. Qué fue eso… Mugi? – Preguntó la chica de ojos dorados mientras intentaba recuperar el aliento.
- N..nada… - Respondió la rubia entre jadeos. - ¿pero no te pareció divertido?
- ¿Divertido? ¿Estás loca?
- Huir con Ricchan es divertido. – Mugi tenía una sonrisa tan dulce e inocente que Ritsu no pudo evitar ruborizarse.
- No importa. – Dijo desviando la mirada. – Supongo que después de esta carrera sí quieres salir.
- ¡Claro que si! – Mugi tomó de las manos a la castaña sin dejar de sonreírle. – Estar contigo es divertido. – La chica de ojos azules bajó la mirada levemente avergonzada. - ¿A dónde vamos?
- Te voy a llevar a un lugar fantástico. – Exclamó Ritsu con entusiasmo y orgullosa de su plan. – Un lugar que nunca has visto lleno de diversión.
- Ahhh, ¿Dónde? ¿Dónde? – Mugi estaba emocionada y sus ojos brillaban expectante.
- Sólo lo sabrás si vienes conmigo. – Ritsu la tomó firme de su mano. - ¿Estás lista?
- ¡Si! – La alegría de la rubia era casi infantil. Su rostro lo adornaba una dulce sonrisa que parecía iluminarlo todo.
- Entonces vamos al parque de diversiones.
- ¡¿Al parque de diversiones? – Mugi casi daba brincos de felicidad.
- Ese es el plan. – Sin soltar las manos de Mugi, Ritsu comenzó a guiar a su amiga. – Toca tomar el tren porque está algo lejos. Espero no te importe.
- ¡Te seguiría hasta el fin del mundo! – Cuando Mugi se dio cuenta de lo dicho se ruborizó. – Quiero decir… no es problema para mi.
- Ella es increíblemente adorable. – Pensó la chica de ojos dorados viendo los tiernos ademanes de su amiga quien parecía una niña pequeña descubriendo el mundo por primera vez. – Me pregunto si, ¿nunca habrá tenido tiempo para divertirse antes de conocernos? – Y es que el entusiasmo de Mugi era tan genuino que parecía mentiras, aunque no fuera la primera vez la rubia demostraba aquella actitud ante las cosas más comunes. – Como ya calentamos es mejor que corramos o perderemos el tren.
Mugi, quien no tenía intensión de soltar la mano de la baterista, la siguió de cerca. Estuvieron tan ajustados de tiempo que de haberse demorado unos segundos más habrían perdido su transporte.
- Lo logramos por poquito. – Exclamó la castaña jadeando.
- Mira Ricchan, allá hay unos asientos libres.
Las dos tomaron sus asientos. Ritsu aprovechó el momento para relajarse después de tanto correr pero sin quitarle la vista a Mugi quien se movía inquieta en su lugar, emocionada por aquella cita.
Porque eso es lo que era.
- ¿Estaré haciendo lo correcto Mio? – Pensó la castaña mientras veía a la chica de los ojos azules muy entusiasmada que no podía quedarse quieta.
- Me muero por llegar.
- Cálmate Mugi. Tenemos todo el día para nosotras.
- ¿Todo el día? – La rubia ya casi no era capaz de contener tanta felicidad.
- En serio, es mejor que te calmes o me empezaré a preocupar.
- Pero es que todo el día… con Ricchan… divirtiéndonos juntas… en un parque de diversiones. Podría morir ahora sin arrepentimientos.
-Por favor no te mueras. – Exclamó la baterista intentando calmar a su entusiasta amiga. – O Mio me matará a mi también.
Durante el trayecto Mugi bombardeó con preguntas a Ritsu acerca del parque de diversiones. La chica de ojos dorados no quiso responderle ninguna para no dañarle la sorpresa.
Cuando llegaron a la estación Mugi casi arrastraba a su amiga para apurarla, mientras Ritsu ya comenzaba a arrepentirse de haberla invitado.
- Apúrate.
- El parque no se va a ir a ningún lado, Mugi-chan.
La entrada del parque no estaba muy lejos de la estación. Aún no había muchas personas a la entrada, así que ingresaron sin mayores percances. Mugi estaba extasiada mirando todo a su alrededor.
- ¿Ahora qué hacemos Ricchan? –Preguntó con energía.
- Subirnos a alguna atracción. – Dijo la castaña con calma. - ¿Ves algo que te guste?
- ¡Todo! – Respondió con firmeza la rubia.
- Escoge una sola cosa.
- Entonces… ummm… eso. – Ritsu miró hacia la dirección señalada por la rubia y puso cara de fastidio al ver la atracción a la que quería subirse.
- ¿El carrusel? ¿Acaso tienes 5 años? – Suspiró profundo y dispuesta a cumplir los caprichos de su amiga, accedió.
La fila de la atracción no era muy larga y como Ritsu supuso por lo obvio, la mayoría eran niños pequeños. Una vez en el carrusel, Mugi se divertía por la música, los colores y el movimiento. Mientras Ritsu se quería morir ahí mismo o que la tierra se la tragara, pero la vergüenza era soportable al ver la pura alegría de Mugi.
- Eso fue divertido. Había visto muchos de esos como adornos no muy grandes. No creí que existieran de ese tamaño.
- Pues ya lo sabes.
- Ahora ¿A dónde vamos?
- Recuerda que tú eres la invitada. Tú decides. – Dijo Ritsu amablemente. – Sólo intenta que no sea uno muy infantil.
- Ummm entonces… - Mugi miró en todas direcciones buscando un lugar divertido. – Allá.
- La casa de los espejos. Una opción bastante decente.
Como toda persona que visita a la casa de los espejos, las dos amigas no pudieron evitar ponerse a hacer gestos en aquellos espejos que distorsionaban la imagen. Especialmente Mugi que encontraba divertido hacer muecas. Ritsu se entretuvo lo suficiente para perder de vista a la rubia.
- ¿Mugi? – La chica de los ojos dorados se adentró más en la atracción buscando a su amiga. - ¿Qué es esto? ¿Una especie de laberinto? - Era la primera vez que la castaña entraba a un lugar así. Conocía el concepto de la casa de los espejos y su laberinto, pero este laberinto parecía ser un poco más complejo de lo que hubiera imaginado. Había paneles transparentes además de espejos en ángulos que producían reflejos que la confundían más y más. – Creo que estoy perdida.
- ¡Buaa! - Repentinamente la rubia saltó detrás de Ritsu haciendo que esta brincara del susto. - ¡Si! ¡Van dos veces! – Exclamó Mugi con satisfacción.
- ¡Maldición Mugi! – Dijo Ritsu con enfado una vez recuperada de la impresión.
- Atrápame si puedes. – La tecladista se alejó de su amiga con un gesto pícaro y divertido intentando provocar a la castaña.
- Bien Mugi. Acepto el reto.
Ritsu sonrió creyendo que estaba a la altura de aquella inocente provocación. Una vez comenzada la persecución la chica de los ojos dorados le perdió el rastro en la primera curva. Los varios reflejos que producía Mugi no le permitía definir que camino seguir. Más de una vez se topó con un panel transparente creyendo que finalmente la tenía para solo ver la dulce burla de la rubia.
El juego duró unos minutos más, sin saber con certeza qué camino tomar. Pero Ritsu tuvo un golpe de suerte, ya que en el apuro de atrapar a Mugi se estrelló con ella en una curva, cayendo ambas al suelo.
Con Ritsu encima de Mugi.
Las dos quedaron en silencio mirándose mutuamente. Estaban tan cerca que podían sentir el cálido aliento de la otra. Mugi comenzó a ruborizarse y en un instante de valentía intentó romper la poca distancia que separaban sus rostros.
Pero Ritsu se alejó primero.
- Te atrapé Mugi-chan. – Exclamó victoriosa mientras le tendía la mano a la rubia para ayudarla a levantarse. La chica de los ojos azules se demoró un poco en reaccionar antes de aceptar su mano.
- Solo tuviste suerte Ricchan. – Dijo Mugi esbozando una sonrisa.
- Y ahora, ¿Cómo salimos de aquí?
- Eso es fácil. Sígueme. – Sin soltar la mano de la castaña, Mugi guio a su amiga a través del laberinto directo a la salida.
- Impresionante, ¿Cómo sabias?
- Memoricé el laberinto. – Dijo la rubia con orgullo.
- Eso es injusto. Por eso no podía atraparte. – Reclamó Ritsu fingiendo enfado antes de echar a reír las dos chicas.
Luego de eso estuvieron en un par de atracciones más. En los autos chocones, Ritsu se pudo sacar la espinita de lo sufrido anteriormente aprovechando la poca o nula habilidad de Mugi con el vehículo. Sin embargo, la rubia se divirtió.
Luego subieron a las tazas giratorias, donde una Mugi muy entusiasmada las hizo girar más allá de la resistencia humana, o al menos más allá de la resistencia de la chica de los ojos dorados, que se bajó agradeciendo el hecho que aún no habían almorzado y declarando que nunca vería la hora del té de la misma manera.
Ya cerca del medio día subieron a la montaña rusa donde las dos gritaron todo lo que quisieron aunque la suave voz de Mugi no le permitiera emitir un verdadero grito. Claro, eso no evitó que le fuera divertido.
- ¡Eso fue increíble! – Exclamó la chica de ojos azules con total emoción. - ¿Podemos subirnos de nuevo?
- De poder se puede, pero no alcanzaríamos a ver el resto del parque. – Respondió Ritsu intentando calmar a su eufórica amiga. Mugi era por lo general calmada y medida en sus reacciones, pero en situaciones como esta parecía perder el control. – Además, creo que sería mejor comer algo.
- ¿También venden comida? Este lugar lo tiene todo.
- Imagina que es como el Festival de Verano al que Sawa-chan nos invitó, pero en lugar de escenarios son atracciones.
- Oh, entiendo.
- Puedes sentarte en aquel lugar. Yo iré por la comida.
-Oh, pero no te he dicho lo que quiero.
- Descuida, casi puedo adivinar lo que quieres. Así que espérame ahí.
Mugi solo asintió con la cabeza y se sentó en el lugar indicado por Ritsu, un lugar de descanso a la sombra de un frondoso árbol. La rubia miró al cielo pensativa. Era un hermoso día y se estaba divirtiendo mucho. Hubiera sido una lástima pasarla encerrada en casa en las lecciones de piano. - ¿Por qué estoy aquí? – Había evitado hacerse la pregunta desde que salió corriendo de su casa. La alegría de que la chica de los ojos dorados la hubiera ido a buscar le había nublado el juicio. Sólo ahora, en ese momento de relajación donde no podía distraer su mente le llegaba la pregunta a su mente a atormentarla. – Quiero estar con Ricchan. Ahora es lo único que me interesa.
- Perdona la demora. – La energética voz de la castaña la sacó de sus pensamientos. – Aquí tienes.
- ¿Esto es…?
- Si, eso es. – Los brillantes ojos azules de Mugi se iluminaron de la emoción acompañados de su dulce sonrisa.
- ¡Por fin! ¡Yakisoba!
- Que lo disfrutes.
Fue un momento agradable para comer y al menos por un breve instante, las preocupaciones de Mugi se disiparon mientras disfrutaba aquella comida que le había sido esquiva. En lo que comían planearon lo que harían luego. Iban a dejar las atracciones por el momento para recorrer el lugar tranquilamente caminando por los alrededores.
Mientras caminaban la rubia decidió ser más atrevida y en un momento tomó de la mano a Ritsu. Pero la castaña no la rechazó y aceptó aquel gesto. Mugi no pudo evitar sonreír y sentirse emocionada, después de todo ella era consiente de que probablemente esta sería la única y última vez. No se engañaba a si misma, pues sabía y entendía lo que Ritsu quería. No lo iba a desaprovechar.
Durante su paseo algo llamó la atención de la rubia, que obligó a la baterista a detenerse y mirar en la misma dirección de Mugi.
- ¿Qué sucede? – Dijo la castaña mientras inspeccionaba con la mirada. - ¿Quieres algo de allá? – Mugi solo asintió sin poderle quitar la mirada de encima a un peluche de un perrito. - Tiro al blanco… - Las chicas se acercaron al local a preguntar como ganar aquel premio. El objetivo era sencillo: con un rifle de disparaba municiones de goma darle a 3 dianas. Hasta ahí sencillo. El reto consistía que había otros objetivos móviles que obstruían dichos blancos y la ventana de tiro muy estrecha. Sin embargo, Ritsu no se dejó asustar y aceptó el reto. – Espero lograrlo. – De los 5 tiros que disponía la castaña logró darle a 2 sin mayores problemas, dejándole 3 intentos para el último. – Vamos suerte, no me falles. – Usando toda la paciencia que nunca tuvo espero el mejor momento para disparar. El esfuerzo tuvo éxito y logró atinar sin fallar ni una vez. – Aquí tienes Mugi.
- ¡Waaaa! Es precioso. – Exclamó la chica de ojos azules con alegría. – Lo llamaré Ricchan # 3. – Inmediatamente Ritsu puso cara de fastidio.
- ¿Ricchan? ¿Por qué no le pones otro nombre? Oi, espera… como que # 3… ¿acaso hay más?
- Claro. – Exclamó Mugi con una radiante sonrisa. – Ricchan # 2 es el osito que ganaste para mí en verano. ¿Recuerdas?
- Claro que lo recuerdo. ¿Y que pasa con el # 1? – Más feliz que antes, Mugi se agarró del brazo de Ritsu quedando las dos muy cerca.
- Obvio que eres tú, tontita. – Con aquellas palabras y el gesto dulce de Mugi hizo que a la chica de ojos dorados se le subieran los colores al rostro, ruborizándose furiosamente.
- E… está bien… sólo no lo estés diciendo por ahí. – Respondió la baterista intentando esconder su incomodidad.
- Es nuestro secreto.
- Ehhh… ya se está haciendo tarde. – Exclamó Ritsu intentando cambiar el tema. – Así que tenemos tiempo para una atracción más. ¿A cual quieres subir?
- A la noria.
- ¿Noria? – La chica de ojos dorados puso cara de no entender, pero la duda se disipó al mirar donde señalaba Mugi. - ¿Eso no se llama rueda… - Sin esperar siquiera que Ritsu terminara de formular su pregunta comenzó a tirar de su mano en dirección a la noria. – Oi, espera Mugi. ¿Cuál es la prisa?
- Oh, lo siento. Creo que me entusiasmé demasiado. – Respondió bajando la mirada.
- No importa. – Dijo la castaña sin darle más vueltas al asunto. – Vamos.
La fila para subir a la noria no era muy larga, así que no tardaron en acceder a una de las góndolas. Mugi estaba emocionada, pero al mismo tiempo estaba algo nerviosa, suficiente para que lo notara Ritsu pero no hizo ningún comentario al respecto.
Una vez allí quedaron en silencio. Mugi abrazaba con fuerza su peluche mientras tenía perdida la mirada hacia el horizonte. Ritsu la observaba sin decir palabra alguna intentando adivinar los pensamientos de su amiga. – Tú sabes de que se trata todo esto.
La tenue luz anaranjada del atardecer bañaba a la pareja. El fulgor del crepúsculo hacía centellear levemente los rizos dorados de Mugi. Junto aquel hermoso vestido rosa, que tal vez era demasiado elegante para un parque de atracciones, y su prístina piel blanca la hacía ver casi angelical y sublime, además sus bellos ojos azules, misteriosos y profundos, parecían brillar con más intensidad que aquel sol del ocaso.
Sintió un fuerte golpe de su corazón que casi la cortó la respiración a la chica de los ojos dorados. Siempre había sido consiente de la belleza de su amiga pero aquel cuadro le mostraba un nivel diferente a la que podría llegar. Y dolió su corazón, un dolor muy profundo. Por aquello que iba a hacer, por hacer lo correcto iba tener que lastimarla. Cortarle las alas a un ángel.
Y una lágrima solitaria rodó por la mejilla del ángel.
- Mugi… - Sólo un susurro, casi inaudible salió de los labios de la castaña. Casi al mismo tiempo la rubia abandonó su lugar y saltó directamente a los brazos de Ritsu donde pudo escuchar claramente su silente sollozo.
Había preparado tantas cosas para decir pero justo ahora no era capaz de decir palabra alguna. Pero cuando las palabras no son suficientes, los actos sí. Delicadamente Mugi cubrió la boca de Ritsu con su mano y besó sobre ella en el lugar donde estarían los labios de la castaña. Aquel gesto lleno de tanta intensidad a pesar de no haber sido directo hizo que el pulso se le acelerara. Era penetrante, muy apasionado casi podía jurar que mucho más que aquella noche de pasión con Mio. Y eso es porque sencillamente, Mugi estaba transmitiendo todo aquello que había ocultado y todo aquello que nunca podría ofrecerle. Y volvió a doler, sentía que le estaba haciendo una canallada imperdonable a la dulce princesa del club de música.
Cuando Mugi dio por terminado aquel "beso", simplemente se quedó recostada sobre Ritsu apoyando su cabeza sobre su hombro. La chica de los ojos dorados solo atinó a abrazarla con todas sus fuerzas en un intento, tal vez inútil, de transmitirle su cariño a la rubia.
Cuando la noria hubo terminado de dar la vuelta las dos chicas se bajaron en silencio y evitando mirarse directamente. Caminaron de la misma forma hasta la salida del parque. Una vez fuera Mugi hizo una reverencia como despedida y se dio la vuelta con la intensión de marcharse sin decir palabra alguna, pero Ritsu la detuvo tomándola de la mano.
- Mugi… aún no. – Exclamó la ambarina con voz suave. – Hay otro lugar a la que quisiera ir contigo, ¿vendrías? – Apenas siendo capaz de contener sus ganas de llorar, la rubia asintió levemente y la siguió.
El camino de regreso fue en total silencio. De camino a la estación, durante el trayecto del tren y una vez se bajaron de él. Mugi no sabía a donde se dirigían pero tampoco le importaba mucho. Quería volver a su casa, pero al mismo tiempo quería estar con Ritsu. - ¿Acaso no sería posible tener las dos cosas? ¿Volver a casa contigo a mi lado?
Caminaron un poco más por un escenario más familiar, en especial para Ritsu. Finalmente llegaron a un pequeño parque infantil. La noche había caído y los infantes que escandalosamente solían jugar durante el día ya no estaban. El lugar estaba desierto.
- ¿Dónde estamos? – Finalmente preguntó la rubia que había guardado silencio desde antes de subir en la noria.
- Este es un parque al que solía venir cuando era pequeña. – Ritsu lo recorrió lentamente. – Vengo a veces cuando necesito aclararme y pensar. – La castaña se acercó a los columpios. – Ven, siéntate aquí.
La rubia no lo pensó y obedeció a su amiga. Una vez se sentó en aquel juego infantil Ritsu comenzó a darle pequeños empujones y a mecerse. Era bastante relajante aquel vaivén y con el fresco de la noche la hacía sentir mejor.
- ¿Por qué me invitaste a salir hoy?
- Tú sabes la respuesta a eso.
- Quiero oírlo de ti, de tus labios, con tu voz. – Entonces Ritsu detuvo el movimiento del columpio y colocó sus manos sobre las de Mugi.
- Quería hacerte sonreír, demostrarte todo el cariño que te tengo. – Dijo la castaña con voz suave. – Pero más importante, darte la oportunidad para que me digas lo que verdaderamente sientes. Quiero saber tu verdad.
- Tú ya la sabes.
-Quiero oírlo de tu voz. – Pero Mugi no respondió y guardó silencio. Ritsu entonces tomó su lugar, sentándose en el columpio vacío al lado de la rubia. - ¿Te acuerdas de lo que me dijiste alguna vez? Que no huyera de mis sentimientos. Deberías seguir tu propio consejo.
- Tú sabes que esto no es lo mismo.
- Puede que la situación no sea la misma, pero es obvio que callar te está haciendo daño. – Mugi se mordió el labio en frustración pues aquello que Ritsu decía era cierto.
- Yo siempre… siempre… - Mugi suspiró profundamente. – Siempre te he observado. Cuando te conocí me pareciste alguien muy graciosa y enérgica. Ningún día era aburrido contigo y siempre lograbas hacerme reír. – Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de la rubia. – Con el tiempo te comencé a mirar más y más, a detallarte. Cada gesto, cada palabra que decías, tu forma de ser, tu rostro, tu cabello, tu boca… cuando me di cuenta ya estaba perdida en tus hermosos ojos dorados. – Mugi se giró hacia Ritsu y la miró directamente. – Tienes unos hermosos ojos.
- No digas eso. Es vergonzoso. – Exclamó la castaña totalmente ruborizada.
- Pero siempre supe que no podía aspirar a nada contigo. – El tono de voz de Mugi cambió por uno más melancólico. – Porque pude notar a donde apuntaba tu corazón y que además eras correspondida. Creí que podía olvidarlo, cambiar mi corazón si apuntaba en otra dirección…
- ¿Sawa-chan?
- Si, pero ya era muy tarde. Por más que lo intenté no funcionó, así que pensé que si tu y Mio por fin formalizaban su relación por fin podría superarlo. Cuando Azusa-chan y Yui-chan comenzaron su relación vi la oportunidad de darte el empujoncito que necesitabas. Nunca pensé que tú te fueras a dar cuenta de lo que siento.
- Creo que tú querías que me diera cuenta. – Un ligero estremecimiento recorrió la espalda de la rubia. - A pesar de que te habías dado por vencida, una parte de ti quería que lo notara para que esos sentimientos no fueran inútiles y que tuvieran valor.
- ¡No digas eso! – Reclamó Mugi un poco histérica. – No me mires, no veas dentro de mí.
- Mugi… - Realmente era doloroso verla sufrir. Ritsu sentía que después de que todo esto terminara iba a recibir algún tipo de castigo divino.
Choose Friend or Love... Light or Deep (escoger entre amor o amistad… luz o oscuridad)
junjou aijou konton de monzetsu (todos estos sentimientos y emociones, pueden provocarte pánico)
tanoshii kao shitetatte sono ura de kizutsuitetari (detrás de tu sonriente rostro, estás herida por dentro)
Life's a very Sweet and Bitter Beauty Song (La vida es una muy hermosa canción agridulce)
- Es un fragmento de una canción en la que ha estado trabajando Mio. – Exclamó la castaña regalándole una sonrisa a su amiga. - Creo que debiste luchar y no darte por vencida. Aún si hubiera terminado en desastre, creo que es mejor arrepentirse por haber hecho algo que por no haber hecho nada. Además, quien sabe. – Ritsu comenzó a mecerse suavemente en el columpio. – Tal vez las cosas hubieran terminado como querías.
- Se hubiera destruido el club de música.
- Eso no lo sabes. Y aunque hubiera ocurrido, ¿estás conforme de como resultaron las cosas?
- No lo entiendes Ricchan. – Dijo Mugi con tristeza. – Tal vez es diferente para ti que siempre has vivido a tu ritmo y has hecho lo que has querido, pero para mi es diferente. Lo que encontré en el club de música ligera, contigo, Mio-chan, Yui-chan, Azusa-chan es tan valioso que no lo hubiera arriesgado por nada y menos por la improbabilidad de que me hubieras correspondido. Escogí lo seguro.
- Quien no arriesga, no gana. Tal vez ahora estés conforme, pero en el futuro tal vez te arrepientas. – Ritsu dejó su lugar en el columpio y se arrodilló en frente de la rubia tomando sus manos. – Mugi, sólo quiero que seas feliz, verte sonreír. Me rompe el corazón verte cargar con tanto dolor.
- ¿Por qué Ricchan? ¿Por qué te esfuerzas tanto por mí?
- ¿En serio debo decirlo? – Dijo la baterista con la mejor de sus sonrisas. A la rubia se le subieron los colores al rostro y se perdió en la mirada dorada de su amiga.
- Porque me quieres. – Susurró suavemente la chica de ojos azules.
Allí estaban, una princesa, un príncipe, y a pesar de estar tomadas de las manos, separadas por un infinito abismo porque el príncipe ya tenía a otra princesa, o más bien, una reina.
Ritsu extendió su mano hasta el rostro de Mugi, acariciando suavemente su mejilla. La rubia se estremeció con aquel gentil contacto y cerró los ojos, emitiendo un leve suspiro, disfrutando de aquel roce.
- Eres tan cálida… tan suave. – Entonces Mugi abrió los ojos y sus hermosos zafiros se encontraron con la mirada ambarina de la castaña.
- Ritsu… yo… te amo.
Al fin lo había dicho. Lo había evitado durante mucho tiempo. Incluso cuando esconderlo era inútil y la baterista se había percatado de ello. Había resguardado esas palabras para no herir a nadie, en especial a ella misma.
- Algún día encontrarás alguien que te ame… o al menos eso me gustaría decirte. – Ritsu suspiró pero en ningún momento rompió el contacto visual con la rubia. – Esas palabras siempre me parecieron de mal gusto, un consuelo superficial e inútil. – La castaña se acercó más y sus rostros quedaron a unos pocos centímetros. – Lo único decente que puedo decirte es… gracias… y lo siento.
Los ojos azules de anegaron en lágrimas a pesar de los intentos de Mugi por no llorar, pero en ese momento algo llamó la atención de la rubia. Una figura a lo lejos, cruzaba frente al parque donde ellas estaban. Ritsu, curiosa, siguió la mirada de su amiga y al reconocer dicha silueta se incorporó de un brinco.
Entonces sintió un empujón que la hizo trastabillar.
- No te des vuelta. – La voz de Mugi había perdido toda emoción. – vete, por favor. Quiero estar sola.
- Pero…
- ¡Vete!
- Note puedo dejar sola aquí. Al menos debo llevarte a tu casa.
- ¡Que te vayas! ¡Quiero estar sola! – Por primera vez desde que se conocieron, Ritsu escuchó verdadera irritación y enojo en la voz de la tranquila y dulce Mugi. Y eso la asustó y obedeció.
Comenzó a alejarse lentamente, pero con cada paso que daba sentía que caminaba sobre cristal que se rompía bajo sus pies. El frágil cristal que era el corazón de Mugi.
- Vuelve. Vuelve. Por favor… vuelve. – Los pensamientos de la rubia no me materializaron en palabras, y con cada paso que daba Ritsu, más desesperada era la suplica de su corazón.
- Lo siento, lo siento en verdad. – Casi como si oyera los pensamientos, Ritsu intentaba convencerse de no detenerse. Porque sentía que si dudaba, si miraba hacia atrás y veía el rostro de Mugi no sería capaz de mantener su decisión. Siguió con paso firme hasta que abandonó aquel pequeño parque infantil dejando caer una única lágrima, testigo del dolor que sentía.
Mugi se quedó sola, balanceándose lentamente, llorando amargamente todo su dolor, sus sentimientos y frustración en medio de aquel lugar donde todo había llegado a su fin.
Ella caminaba con calma de regreso a su casa, luego de haber ido a la tienda a comprar algunas cosas que se necesitaban para la cena. Había sido un día aburrido, Ritsu se había desaparecido todo el día y sólo le había dejado un mensaje que decía: "hoy tengo algo importante que hacer. No me llames". Sea lo que fuere, se lo iba a tener que contar cuando se vieran.
- Percebes.
- ¡KYAAAA!
El susto de Mio fue tal que lanzó por los aires todo lo que había comprado y de no haber sido por los ágiles reflejos de la castaña, hubieran terminado desparramados por el suelo.
- Oi, Mio. – Dijo Ritsu con normalidad. – Es malo tirar la comida así.
- ¡¿De quien crees que es la culpa? – Regañó la peli-negra enojada y con lágrimas asomando por sus ojos del miedo, pero la tranquilidad volvió a su rostro al darse cuenta de quien se trataba. – Ritsu, eres tú.
- ¿A quien esperabas acaso? – Exclamó burlonamente.
- ¿Y tu asunto importante? – Interrogó curiosa.
- Bueno… - La castaña miró hacia atrás. Sentía urgencia por volver pero era algo que no podía hacer. – Creo que puedo decir que ya terminé con eso.
- Vas a tener que contarme de que se trata… - Mio no pudo terminar de hablar cuando los labios de Ritsu la hicieron callar con un suave beso. - ¿Qué… qué fue eso? – Preguntó totalmente aturdida y ruborizada la bajista.
- ¿Necesito una razón para besar a mi novia? – Con la mención de esa palabra Mio se puso más roja.
- No digas eso. Me da vergüenza.
- ¿Por qué? – Ritsu entonces puso cara de fingida tragedia. - ¿Acaso te avergüenzas de lo nuestro?
- ¡Por supuesto que no! – Respondió acaloradamente la peli-negra antes de poner cara de enojo al notar la intención burlona de la castaña. – Moo, Ritsu. – Se quejó la peli-negra. – Pero da un poco de pena, que lo digas.
- Increíble que te de pena cuando fuiste tú quien casi me… - Mio dio un paso adelante y le cubrió la boca con sus manos.
– ¿Hasta cuando me lo seguirás recordando?
- Hasta que deje de ser divertido o hasta que pase de nuevo. Lo que ocurra primero.
- ¿De… nuevo? – Mio sintió de nuevo que la sangre volvía a subir a su rostro. - ¿quieres que ocurra de nuevo?
- ¿Y tu no?
Totalmente avergonzada de sus sentimientos y deseos, Mio asintió tímidamente antes de buscar los labios de la castaña y fundirse en un muy apasionado beso.
- ¿No crees que vamos muy rápido? – Preguntó Mio mirando directamente en los ojos dorados de Ritsu luego de romper el beso.
¿Qué te hace pensar eso?
- Es que… - La bajista dudó antes de continuar. – Yui y Azusa aún no lo han hecho, mientras tu yo ya… bueno…
¿Yui y Azusa no lo han hecho? – Exclamó sorprendida la castaña. – Como son esas dos de melosas, yo creí que se devoraban todos los días. – Un fuerte golpe en la cabeza la detuvo en sus pensamientos. - ¡Auch! ¿Por qué fue eso? – Se quejó Ritsu mientras se tocaba donde recibió el golpe.
- No digas esas cosas así, que suena muy vulgar. No me gusta que pienses así de ellas.
-Esta bien, pero ¿por qué te preocupa lo que ellas hagan?
- Es que me hace pensar que fuimos muy rápido. – Replicó Mio con sincera preocupación.
- Primero que nada, ellas son ellas y nosotras, nosotras. – Dijo con seriedad la baterista. - Aunque suene tonto cada quien va su propio ritmo. Y segundo, ¿no crees que nosotras ya hemos esperado mucho tiempo? – Una sonrisa pícara se formó en los labios de Ritsu.
- Supongo que tienes razón. – Mio sonrió recordando por cuanto tiempo ha estado guardando sus profundos sentimientos por la castaña. El poder expresarlos fue el catalizador de aquella desbordada noche de pasión.
Mientras Mio se perdía en sus pensamientos, Ritsu se metía en los propios sin quitarle la mirada a su pareja. Una ráfaga de viento pasajera hizo ondear el largo y lacio cabello negro azabache de Mio. Ritsu se sintió acalorada y una vez más sintió deseos de besarla.
En ese momento le pareció la más hermosa de las mujeres, a tal punto de sentir algo de envidia por no ser tan agraciada, aunque también era consiente de su poco interés por verse más femenina. Y la prueba estaba en la cita que tuvo con Mio, que con algo de dedicación podía ser bastante provocativa.
Sin embargo sus pensamientos divagaron hacia otro asunto y era lo opuestas que eran Mio y Mugi. Para dejarlo en palabras simples Mugi era como el sol, como el día, con rubia cabellera y ojos azules iluminándolo todo y Mio era como la noche, tranquila y serena pero que llamaba a la pasión con su negro cabello y turbulentos ojos grises.
Aunque no lo pareciera a primera vista y con su educada forma de ser, la rubia era traviesa y juguetona casi al mismo nivel de la propia Ritsu. Era enérgica e imparable cuando algo le gustaba o le llamaba la atención. Pero no había notado esa faceta tan directamente como cuando inició la guerra de almohadas en el viaje escolar o cuando se encontraron durante el verano en su primera cita… y aunque no lo hubiera experimentado de primera mano, Ritsu casi podría jurar que la rubia seguramente sería fuego en la intimidad.
En cambio Mio, prefería las cosas más tranquilas y románticas. Dulces y suaves. Totalmente reflejada en las letras de sus canciones, ella era como algodón de azúcar. Pero así como la oscura noche es misteriosa, Mio también ocultaba una faceta más peligrosa. Tal vez era por su actitud de guardar las apariencias antes los demás de "niña buena" que, una vez liberada de ese compromiso social, era como una tormenta que desata su furia cuando menos se le espera.
Un sonrisa se volvió a formar en el rostro de Ritsu, quien sorpresivamente, tomó a la peli-negra de la cintura y sin darle tiempo de reaccionar la besó.
Mio, que al principio se quedó paralizada de la sorpresa, no tardó en corresponder con pasión y lujuria aquel beso. De hecho Ritsu envidiaba un poco a Azusa y Yui por ello, que se demostraban su afecto casi sin inhibiciones. Porque a decir verdad la bajista era algo distante con sus muestras de afecto, solo cuando la tomaba con la guardia baja es que se dejaba llevar.
- No… Ritsu… detente. – Susurró Mio respirando pesadamente.
- Pero Mio. – Exclamó la chica de los ojos dorados haciendo un pequeño berrinche. - ¿Por qué siempre estás a la defensiva?
- Porque… - El rostro de Mio tomó un rojo intenso y desvió la mirada. – Si sigues así no creo que pueda controlarme.
- Descontrólate. – Había una obvia molestia en la voz de la castaña. – Si seguimos así es casi lo mismo que siguiéramos siendo solo amigas. – Mio bajó la mirada, su tristeza era evidente ante las palabras de la baterista. - ¿Mio? Lo siento, creo que dije demasiado.
- Yo lo siento Ritsu. Creo que me da miedo… miedo de mi misma. –La voz de Mio era baja y quebradiza, como si estuviera a punto de llorar. – Cuando pienso en la "yo" de esa noche me desconozco.
- No tienes nada que temer. – Ritsu hizo lo mejor para confortarla, abrazándola con cariño. – Es cierto que la "tú" de esa noche fue algo para no olvidar. – Una ligera risa escapó de sus labios. – Pero tampoco es para tener miedo.
- Siempre me sentí muy capaz de controlarme en todos los aspectos.
- Tal vez ese sea el problema. Intentar siempre estar bajo control. – Sin esperar respuesta Ritsu asaltó de nuevo con un profundo beso. – A veces es bueno dejarse llevar.
Haciendo caso inconsciente a las palabras de la castaña, Mio se dejó llevar por sus instintos y correspondió con furia aquel beso, dejando caer el suelo todos los víveres que llevaba. Perdieron la noción del tiempo en su pequeño mundo, hasta que un fuerte trueno los hizo regresar.
- Parece que lloverá. – Dijo suavemente Mio con una sonrisa y ligeramente acalorada. - ¿Quieres venir a mi casa a cenar?
- ¿Cena con los suegros? Si, por que no.
- No les vayas a decir eso, aún no les digo lo nuestro.
- No crees que sería un buen momento.
- Aún no me acostumbro a la idea de que tú y yo somos… pareja. – Esa última palabra la hizo ruborizar furiosamente. – Dame un poco más de tiempo, ¿si?
- El que necesites.
La lluvia comenzó a caer justo una calle antes de llegar a casa de los Akiyama, pero con un poco de prisa no se mojaron mucho.
Aunque la cena fue agradable, no era la primera vez que Ritsu cenaba con la familia de Mio, Ritsu estuvo mayormente inquieta pensando en si Mugi seguiría aún en el parque. – No lo creo. Mugi no lo haría pero… - Pero era obvio que la rubia estaría más que deprimida y en ese estado se suele ignorar el bien propio.
De pie frente a la ventana en la habitación de Mio, no podía dejar de mirar hacia afuera y su preocupación era más que evidente.
- ¿Qué sucede Ritsu?
- Estoy preocupada.
- ¿Tiene que ver con tu asunto importante?
- Si. – Los ojos dorados miraron a la peli-negra con seriedad. – Creo que es hora de que te lo cuente todo.
Entonces la castaña se sentó para estar cómoda y con todos los detalles que pudo recordar, Ritsu le contó todo. Desde el momento que Mugi la incitó a que fuera sincera con sus sentimientos hasta que se separaron en el parque, junto con su preocupación de que Mugi siguiera allí afuera bajo esa tormenta.
La reacción de Mio fue inmediata. Luego de pronunciar todos los sinónimos de la palabra "tonta" y de su correspondiente golpe en la cabeza, la peli-negra arrastró a Ritsu, tomando un par de sombrillas y saliendo de prisa hacia el parque.
- ¡¿Por qué no te quedaste con ella?
- Me dijo que quería estar sola. – Exclamó la castaña mientras corrían bajo la lluvia.
- Es cuando menos deberías haberla dejado sola. – Mio estaba preocupada, muy preocupada por su amiga. – Al menos debiste regresar cuando empezó a llover. – La peli-negra podía imaginar la profunda tristeza en que debió quedar Mugi después de todo eso. De entre todas ellas, Mugi era la del corazón más frágil o al menos así lo veía ella. Aquel candor infantil de la rubia revelaba su inocente corazón, que luego de aquella decepción amorosa seguramente resguardarse de la lluvia era la última de sus preocupaciones.
Una vez en el parque no la vieron donde supuestamente debería estar. En una inspección más cercana del lugar, Ritsu notó que se hubiera marchado hace poco pues el columpio no estaba tan mojado con el resto de lugar, pero por más que buscaron en las cercanías y la llamaron al celular, no la pudieron ubicar.
Derrotadas, decidieron volver a sus casas pero bastante preocupadas.
Ritsu le pidió a Mio que evitara llamar a Mugi, más que todo porque creía que la rubia no tomaría muy a gusto que la peli-negra ya supiera lo sucedido y que además le dejara a ella terminar de arreglar todo.
Sola en su habitación, se tiró en la cama y miró a un punto indeterminado en el techo. En un primer momento cuando Ritsu le contó todo aquello no podía creer que hubiera pasado todo aquello y no se hubiera dado cuenta. Luego sintió enojo por haberla dejado a un lado en todo ese asunto pero luego sintió preocupación por su amiga rubia.
Recordó ese momento cuando en broma Ritsu dijo que amaba a Mugi. Se sintió celosa, muy celosa y actuó agresiva e impulsivamente. ¿La hubiera lastimado sólo para marcar su territorio? No podría asegurar que no.
Pero en ese momento sentía empatía por Mugi. Sólo podía imaginar como se estaría sintiendo, porque según lo contado por Ritsu lo que sentía la chica de los ojos azules era profundo y sincero amor por la castaña. ¿Qué habría hecho ella o cómo se hubiera sentido si Ritsu hubiera escogido a Mugi en su lugar? Sólo fue un segundo pero una profunda tristeza la invadió al punto que las lágrimas ya comenzaban a asomar por sus ojos.
- Eres una tonta Ritsu.
La verdad es que no lo era, al menos no es ese caso. Inevitablemente alguien saldría con el corazón roto y en el fondo se sentía aliviada que no fuera ella… y eso la hacía sentir más miserable, porque indirectamente le alegraba que estuviera sufriendo Mugi en su lugar.
Era difícil tener un sentimiento coherente en todo esto con tantas emociones fluyendo por cada idea que surgía y no pudo evitar preguntarse como era posible que Ritsu hubiera podido manejar todo eso tan abrumador por su cuenta y con cabeza fría. Porque no le podía negar eso a la castaña. La serenidad con la que manejo todo siendo que, seguramente, todo lo que sentía ella ahora lo debió sentir Ritsu en su momento.
- Tal vez… debería hacer algo por Mugi por mi cuenta.
Pensando en voz alta, Mio llegó a la misma conclusión que Ritsu. Que a pesar de que HTT era un grupo unido, de alguna forma Mugi había terminado aislada de las demás. Al menos quería tener una charla sincera con su amiga.
Finalmente se quedó dormida, emocionalmente cansada y atormentada por no saber de Mugi. No supo cuanto tiempo pasó pero el sonido de su celular la hizo despertar. Sólo un mensaje de texto por parte de Ritsu que decía "Mugi está bien, está en su casa". Suficiente para traerle un poco de paz mental y dormir un poco más tranquila.
Los días pasaron y empezó otra semana de escuela común y corriente, sólo que sin la presencia de Mugi. Mio y Ritsu no tuvieron que averiguar del porqué de la ausencia de la rubia. Seguramente después de haberse quedado bajo la lluvia, más lo sucedido ese día: resfriado y depresión. Como si no faltaran razones para no ir a la escuela.
- Deberíamos ir a visitarla Ricchan. – Exclamó Yui.
- No creo que sea buena idea. – Respondió la baterista. – Sólo molestaríamos si vamos todas.
- ¿Ehhh? Yo creo que eso la haría muy feliz. – Se quejó la dueña de Gitah. - ¿Acaso no te alegró que fuéramos todas cuando tu enfermaste?
- Sólo recuerdo que fue Mio porque luego me quedé dormida. – Dijo con tono burlón. – Y cuando tú enfermaste también estabas dormida, así que no tiene mucho sentido que vayamos todas.
- En ese caso deberías ir tu Ritsu-senpai. – Intervino la pequeña gatita. – después de todo es tu "responsabilidad" como presidenta del club. – La baterista frunció el seño pues entendió perfectamente la indirecta con la leve pausa que hizo la kouhai luego de decir "responsabilidad".
- Tampoco creo que sea buena idea que vaya. – Rtisu desvió la mirada. - No creo que me quieran ver por allá. – Susurró muy bajo, más para si que para las demás. La chica de ojos dorados pensó que luego de llegar sin avisar, prácticamente secuestrar a Mugi, interrumpiendo sus clases de piano y que finalmente llegara la rubia a su casa, sola, empapada y luego de media noche, solo podía imaginar un cartel de "se busca viva o muerta, en especial muerta" con su foto en ella en toda la entrada de la mansión Kotobuki.
- Déjame ir a mi Ritsu. – Mio se ofreció.
- Tampoco creo que sea buena idea. – Ritsu se acercó y le susurró al oído. - No creo que ella tenga la fuerza para ello. – Mio sólo pudo asentir levemente. – Creo que la mejor opción es que vaya la gatita.
- ¿Yo? – Era obvia la sorpresa de Azusa. - ¿Por qué yo?
- Porque… - la baterista se acercó y habló bajito solo para ellas. – Tú estás al tanto de todo. Dile que lo siento.
- ¡Yo quiero ir! – Reclamó Yui con enojo, o lo que se podía considerar enojo cuando se trata de Yui.
- Queremos que se mejore, no que se enferme más.
- Ricchan mala. – Exclamó Yui haciendo un mohín gracioso.
Después de clases la peli-negra de coletas y luego de despedirse de sus amigas y de Yui, tomó rumbo hacia la mansión Kotobuki.
No sabía exactamente lo que había pasado, pero por el evidente estado de estrés de Ritsu era fácil concluir que algo había ocurrido. Más exactamente, algo nada bueno para la rubia.
Estaba enojada con Ritsu por hacer sufrir a Mugi, pero entendía que tenía que suceder así, después de todo tuvo que pasar lo mismo con Ui.
Pero aun así estaba enojada con Ritsu, y por extensión seguía enojada consigo misma.
Es como si no existiera suficiente felicidad en este mundo para todos.
¿Era mucho pedir?
La ingenuidad de Azusa no le permitía aceptar el resultado, aun por más que tratara de racionalizarlo quería que la felicidad para sus amigas fuera posible por igual. De alguna forma quería perdón para ella misma también.
Como visitante por primera vez dentro de la propiedad Kotobuki, Azusa se sintió disminuida y desubicada por el lujo del lugar. Se presentó educadamente y pidió audiencia con la señorita Tsumugi. Si bien, bajo advertencia de no perturbar mucho el descanso de la joven rubia, una de las sirvientas la guio hasta la puerta de los aposentos de la joven heredera.
Despacio entró a la habitación con la intensión de no perturbar el descanso de su habitante. La respiración de Mugi era pesada, como si se le dificultara inhalar. Azusa se acercó cual felina sin hacer mucho ruido.
- ¿Cómo te sientes Mugi-senpai? – Preguntó la peli-negra bajito para no molestar.
- ¿Azusa-chan? – La rubia se sobresaltó al escuchar a su kouhai. - ¿Qué haces aquí?
- Visitarte, claro está. – Dijo con una sonrisa mientras se sentaba al borde de la cama de Mugi. – Nos has tenido preocupadas a todas.
- ¿Todas? – La tecladista intentó reincorporarse para ver si las demás estaban allí.
- No te sobre esfuerces. – Exclamó Azusa. – Ellas no vinieron. Creímos que sería molesto si veníamos todas, así que vine yo en representación de las senpais. – Azusa tomó aire antes de continuar. – Especialmente creo que no sería bueno que viniera Ritsu-senpai.
- ¿Qué? – La rubia no tuvo que pensarlo mucho para darse cuenta de la intensión de esas palabras.
- Lo siento Mugi-senpai. – Respondió la peli-negra, intentando calmar a la rubia y mostrándole la gargantilla que le había prestando para su cita con Yui. – Ese día quería regresarte esto y sin querer presencie tu discusión con Ritsu-senpai. – Avergonzada, la rubia escondió su rostro entre las cobijas. – No te alteres, todo está bien.
- ¿Quién más lo sabe?
- Bueno… - La peli-negra dudó. – tenía que contárselo a Yui, así que ella sabe. Ritsu-senpai debió contarle a Mio-senpai, así que debe saberlo. Pero Yui no sabe que Mio sabe, ni Mio que Yui sabe o que yo sé. Ritsu sabe que yo sé, así que supongo que sabe que Yui sabe. Ahora tu sabes que todas sabemos… creo. – Ante aquella confusa explicación Mugi no pudo evitar reír divertida.
- Esta bien Azusa-chan. – Respondió Mugi con calma. – Aunque hubiera preferido que nadie se enterara.
- Sé lo que quieres decir. – Azusa volvió a suspirar y miró los ojos azules de la rubia antes de tomar una decisión. – Yui y yo tuvimos un problema similar.
- ¿Con Ui?
- ¿C…cómo lo supiste? – Azusa replicó totalmente asombrada.
- No lo sabía, pero supuse que tal vez Ui les podría dar algunos problemas. – Aún asombrada, Azusa sonrió levemente.
- Supongo que… es imposible ocultarle algo a esos ojos azules. – Ahora era turno de la rubia de poner su cara de sorpresa. - ¿Qué sucede? ¿Dije algo extraño?
- N..no es nada… solo que… Ricchan me dijo una vez exactamente lo mismo.
Azusa se quedó observándola un poco más. – Aún enferma Mugi-senpai se ve tan hermosa.- Definitivamente hermosa. Su pálida piel, adornada por el leve rubor provocado por la fiebre, incluso sus labios parecían más provocativos con ese tenue rosa pálido, su larga y sedosa cabellera rubia y sus enigmáticos ojos azules completaban un cuadro de por lo demás tentador. - ¿en qué rayos estoy pensando? – Ese súbito pensamiento sobre su senpai hizo que se le subieran los colores al rostro.
- ¿Te sucede algo Azusa-chan?
- No… no sucede nada. – Exclamó un poco nerviosa.
Volvió la vista de nuevo hacia la tecladista. Mugi realmente era hermosa y llena de muchas cualidades, porque no solo era bella por fuera. La rubia era amable con todos, era educada y elegante y a pesar de ser de una familia adinerada nunca fue pretenciosa en ese aspecto. Incluso era la más sencilla de todas. Una persona que se fascinaba por cosas que considerarías normales, como comer comida rápida o ir a un Home Center. Su sonrisa era cautivante y su voz melodiosa. Toda una princesa.
Entonces ¿por qué?
Por qué de entre las chicas del club es la única que estaba sola. Era alguien no correspondida, ni amada. Aún para la misma Azusa, que mirando a tan atractiva chica no le encontraba sentido. Pensaba que enamorarse de una chica así sería inevitable.
Azusa tomó el paño húmedo de la frente de Mugi para remojarlo en agua fresca.
- No tienes que hacerlo. – Intentó reclamar la chica de ojos azules.
- No seas así senpai y déjate cuidar. – Con un paño seco limpió el sudor de la frente de Mugi antes de poner el paño húmedo. – Déjate querer. – De sus propias palabras, sin querer, Azusa encontró la respuesta a su pregunta.
- Está bien. – Respondió Mugi, al tiempo que se ruborizaba. – Se siente bien, que te cuiden.
La razón de la soledad de Mugi estaba precisamente en sus propias cualidades que le jugaban en contra. Mugi era perfecta, tal vez demasiado. Y ante la perfección nadie se sentía digna de estar junto a tan bello ángel. Una princesa intocable.
Por ello aquella regla no escrita del club: Nadie, por ningún motivo puede hacer llorar a Mugi.
Todas la adoraban y por esa adoración mantenían la distancia. Pero no solo era culpa de ellas sino también de la misma Mugi. Su pasiva actitud a relacionarse con las demás ayudó a ese aislamiento. No actuar, sino solo observar.
De alguna forma, Mugi sentía que sobraba.
Con delicadeza la kouhai se recostó a su lado, abrazándola con cariño.
- ¿Azusa-chan?
- No estás sola senpai. Todas te queremos mucho. – Ante esas palabras de afecto unas pequeñas lágrimas brotaron de los ojos azules.
Si Mugi era una princesa, lo más lógico es que tuviera a un príncipe y definitivamente a quien le quedaba mejor ese papel era a la chica de ojos dorados. Pensándolo un poco más hacían hasta linda pareja. La valiente y algo descuidada Ritsu y la adorable y delicada Mugi.
- Dime senpai. ¿Por qué no hiciste nada antes por Ritsu-senpai y la presionaste para su relación con Mio-senpai si la querías tanto?
- Por qué… – Mugi la miró en silencio un rato mientras organizaba sus ideas. – Porque simplemente no es la persona para mí.
- No puedes decidir eso sin haber luchado antes senpai. – Azusa parecía levemente molesta. – Pero nunca hiciste nada.
- Azusa-chan. – La rubia le regaló su usual gentil sonrisa. – No solo es cuestión de luchar, también hay otras cosas, como la afinidad. Por ejemplo, Yui y tú. Yui es simpática y amigable con todas. Le gusta comer mis dulces y armar desorden con Ritsu. Incluso en primer año llegué a pensar que hacía linda pareja con Mio-chan. Pero es contigo con quien tiene más afinidad, a pesar de llevarnos bien entre nosotras a ti es a la única que abrazaba y mimaba, a la única que le dio un trato especial. – Mugi hizo una pequeña pausa antes de continuar. – Del mismo modo, la afinidad entre Ritsu y Mio. Entre ellas dos hay un lazo especial que las une y hace que se complementen entre ellas. Yo no tenía derecho de intentar destruir eso. – Azusa estaba pensativa, prestando atención a cada palabra de la tecladista.
- Umm, creo que te rendiste muy fácil. – Dijo la kouhai con seriedad. – El problema es que eres muy noble. Deberías ser más egoísta.
- ¿Así como hiciste con Ui? – Azusa se estremeció y desvió la mirada avergonzada.
- No es justo que me digas eso. – Exclamó con cierta molestia.
Mugi rio por lo bajo y tomó con firmeza las muñecas de Azusa, tirándola sobre la cama y colocándose encima de ella.
- Entonces te tomaré la palabra, hermosa gatita.
- ¿Qué? – El rápido movimiento de la rubia la había tomado por sorpresa. Ahora se encontraba atrapada bajo el peso de su senpai luchando por escapar. – No me puedo mover. ¿Cómo puede ser tan fuerte? – Con cada segundo la peli-negra se sentía más indefensa ante su captora. - Déjame ir.
- Pero si esto es lo que quiero. – La voz de Mugi era seductora y su mirada profunda. – Dijiste que debería ser más egoísta.
- Su mirada. - Azusa sentía su corazón latir con fuerza y su cara arder por el intenso rubor. La pasión de la situación la había dejado sin habla y la profunda mirada azul, que no daba lugar a otra opción diferente que cumplir los deseos de su dueña, la había paralizado. Se sentía como un conejo a punto de ser devorado vivo por una poderosa serpiente. –No lo hagas, Mugi-senpai.
- ¿Ummm? ¿Ya no hay más resistencia? – Mugi acarició suavemente la mejilla de su pequeña víctima y pausadamente acercó su rostro a la de Azusa. La pequeña kouhai solo pudo temblar y cerrar los ojos. Se sentía incapaz de detenerla, de moverse o de hacer cualquier otra cosa. Pronto sintió el cálido aliento de Mugi invadir su boca y se preparó para lo inevitable. – Que linda.
Pero aquello que Azusa esperaba nunca llegó y solo sintió el peso de su senpai descansar sobre su pecho.
-Supongo que no sé cómo ser egoísta si al hacerlo puedo lastimar a alguien.
- Moo, senpai. – Exclamó algo molesta al tiempo que acariciaba la rubia cabellera de Mugi. – Que susto me diste.
- Lo siento. – Respondió la rubia entre risas.
- Sólo tienes que mirar a Ritsu-senpai de la misma forma y la tendrás comiendo de tu mano.
- Hay diferencia entre seducir y enamorar. – Un suspiro profundo salió de los labios de la rubia al tiempo que escondía su rostro. - ¿Te quedarías esta noche conmigo, Azusa-chan? No quiero estar sola.
- C..claro Mugi-senpai. – La idea la ponía un poco nerviosa, tal vez porque Azusa aún se encontraba azorada por el fugaz ataque de Mugi, pero con tan tímida súplica no se sentía capaz de negárselo. Además estaba muy preocupada por ella. – Pero no traje nada para cambiarme de ropa.
-Oh, no te preocupes. – Respondió la rubia. – En ese armario podrás encontrar algo que ponerte. – Curiosa, Azusa se dirigió donde le indicó Mugi. Una vez abrió el armario, la gatita se sintió nerviosa.
- Creo que le estás cogiendo malas mañas a Yamanaka-sensei. – Mugi no pudo evitar reírse ante la reacción de su kouhai.
- Tampoco es para tanto. – La rubia intentó calmar un poco a Azusa, pero sus risitas burlonas lo impedían. - ¿Por qué no usas ese negro de allí? – Dijo señalando un conjunto negro. La pequeña gatita lo tomó para examinarlo y al detallarlo más de cerca se puso roja como un tomate.
- ¿Pero que es esto? ¡Ni loca me lo pienso poner!
- Si te lo pones, te lo puedes quedar. – Dijo Mugi con voz suave y serena. – Estoy segura que a Yui le gustaría verte usar eso. – Pasada la primera impresión, Azusa volvió a mirar la prenda y sonrió pensando en la cara de Yui si la viera vestir aquello.
- Pero senpai, ¿si será de mi talla? – La única respuesta que recibió fui una sonrisa divertida de la rubia. – Definitivamente le estás cogiendo malas mañas a Yamanaka-sensei.
Al siguiente día, ya más recuperada, Mugi decidió regresar a clases acompañada por su kouhai. Aunque aún sufría de los efectos del resfriado, estos ya eran mínimos y luego de haber estado encerrada en su habitación unos días no tenía ganas de seguir en ese estado de reposo.
Llegó a clases justo en el momento que éstas empezaban. Aunque no pudo hablar con sus amigas, pudo ver en sus rostros una sincera alegría por verla de regreso. Dedicó un poco más de tiempo a mirar a Ritsu pero el recuerdo amargo de ese día le volvió a traer tristeza que afortunadamente pudo disimular.
El resto del día fue como cualquier otro, siempre con la ansiedad de terminar las clases.
Una vez finalizadas Mugi se dirigió a la salida del aula a tomar un poco de aire. Había sido un poco más estresante de lo que había imaginado.
- ¿Te sientes bien? – La voz de Ristu la sacó de sus pensamientos. La castaña le había llegado por detrás y había tomado su mano suavemente.
- Si, estoy bien. – Su voz era evidentemente nerviosa pero estrechó su mano un poco más.
- ¿Segura? – Ritsu intentó mirarla al rostro pero Mugi la esquivó.
- Por favor… no Ricchan… no me mires…
- Está bien. – La baterista ni siquiera presionó y obedeció. – Mugi, yo…
- Tenías razón Ricchan. – Interrumpió la rubia. – Debí decirte de mis sentimientos hace mucho, aún si no pudieras corresponderme. – Un suspiro profundo salió de sus labios. – Aunque duele, en verdad siento que me quité un peso de encima.
- ¿Estarás bien?
- Con un poco de tiempo pero… - En un súbito movimiento y repitiendo su acción en la noria, Mugi cubrió la boca de Ritsu con su mano y besó justo donde deberían estar sus labios. – No lo olvides, yo siempre te amaré. – Entonces se alejó rápido dirigiéndose a las escaleras que descendían al primer piso. – Luego voy al salón del club, debo hacer algo primero.
Ritsu se quedo sola viendo a su amiga alejarse sin poder hacer mucho. Pero tampoco tenía nada que hacer, ahora todo dependía de Mugi únicamente. Su momento con sus pensamientos se vio interrumpido por un aura oscura que la amenazaba.
- Espero que no estés pensando que tienes un tipo de harén o algo así.
- Claro que no, para nada Mio. – Respondió con miedo en su voz, pero el suave abrazo por su cintura por parte de Mio la hizo relajarse.
- ¿Cómo está?
- Un poco mejor, supongo. Creo que quiere hacerse la fuerte. – Ritsu se dejó llevar el contacto con Mio y se apoyó levemente sobre ella. – Pero diría que le hace falta una amiga.
- ¿Debería hablar con ella?
- Yo creo que si. Ahora más que nunca no necesita estar sola. – La castaña miró de reojo a la chica de ojos grises. – Por cierto Mio, creí que estarías enojada y queriendo matar a Mugi. No me digas que te sientes culpable.
- Bastante. Me hace sentir mal, el estar feliz que Mugi se encuentre así. No se como manejar eso.
- Supongo que no solo Mugi necesita hablar con alguien, en definitiva las dos tienen cosas que solucionar entre ustedes. – Mio asintió suavemente dándole la razón a la baterista. – Después podemos hacer un trio si quieres.
La castaña se sonrió y cerró los ojos esperando el golpe por parte de la bajista. Pero la espera fue larga y el golpe bastante débil comparado con los usuales castigos de la peli-negra.
Ritsu abrió los ojos y miró a Mio quien estaba bastante colorada y mirando a otro lado.
- No me digas que… -Una notable sonrisa divertida se formó en rostro de la chica de ojos dorados. – Acabas de fantasear sobre eso, ¿cierto? ¿Verdad que si? – Mio solo se alejó unos pasos obviamente muy avergonzada. – Oh, Mio, que pervertida. Cuéntame, no escatimes en detalles.
- ¡Ya basta! – Unas pequeñas lágrimas se asomaron en los ojos grises de Mio. – Me haces sentir sucia.
- ¿Eh? ¿Sucia por qué? – Ritsu la miró extrañada. – Si es lo más normal del mundo.
- ¿En serio?
- Pero claro. –Ritsu se acercó y la besó sin importarle quien pudiera verlas. – Todo el mundo tiene fantasías, después de todo eres una adolecente saludable.
- ¿Por qué no te molesta que haya fantaseado con Mugi?
- Porque soy tan saludable como tú. – Ritsu se echó a reír divertida ante la consternación de Mio. – Vamos al club, tengo ganas de pastel de Mugi… y con pastel me refiero a "eso".
- Mooo. – De nuevo Mio se puso colorada. - ¿te vas a seguir burlando de mi?
- Hasta que deje de ser divertido.
- Eres una pésima novia.
El resto del día fue normal y aunque se sentía cierta tensión en la sala de música. A pesar de los intentos de Mugi de preparar, servir el té y los dulces como siempre lo hacía, la insistencia de Azusa de que le dejara esa labor a ella por ese día lo evitó, pero solo porque la rubia cedió bajo condiciones: que Azusa debía usar un traje de sirvienta y las orejas de gato.
Por más mortificante que le pareciera y con toda la vergüenza del mundo, la kouhai accedió solo por darle gusto a su senpai. Dicho evento no pasó en vano y Ritsu aprovechó para molestar a la pequeña gatita ante el incesante y dulce acoso de Yui. Mio no dijo nada a pesar de estar ruborizada a lo que Ritsu le dijo que seguramente estaría pensando en otra cosa pervertida a lo que la bajista negó rotundamente. Mugi estaba feliz. A pesar de no ser correspondida, esos momentos en el club, con el desorden, gritos y bromas, era su pequeño paraíso.
Más tarde ese mismo día, luego de pasar un rato en casa de las Hirasawa, Azusa volvía a la suya un poco más cansada de lo usual. Durante el trayecto divisó a Ritsu mirando con detenimiento la misma vitrina que miraba días atrás.
- Buenas noches, Ritsu-senpai. – Saludó la peli-negra con coletas.
- Oh, Azusa. Buenas noches. – Respondió la castaña algo distraída. - ¿Vuelves de casa de Yui?
- Si… ¿estás bien?
- Algo así. – Respondió con desgano. - ¿Aún estás molesta conmigo? – La peli-negra bajó la mirada antes de contestar.
- No es que estuviera realmente enojada contigo, pero me dolía ver a Mugi-senpai sufrir. Por cierto, ¿Dónde esta ella?
- Debe estar con Mio. Tenían cosas que hablar.
- ¿Por qué estás aquí Ritsu-senpai? Pareciera que algo te siguiera molestando.
- Al igual que a ti. – Exclamó con seriedad y Azusa volvió a bajar la mirada. – El problema no ha desaparecido. Sigue ahí, atormentando a alguien que queremos pero lo único que se puede hacer es esperar.
- No es justo.
- Muy pocas cosas en esta vida los son, pero no podemos vivir en función de si los demás son felices o no, porque entonces no podríamos vivir. Tomamos nuestras decisiones, aquellas que consideramos correctas por nuestro bien.
- ¿Eso no es demasiado egoísta?
- Sólo tú puedes vivir tu vida, nadie lo hará por ti.
- ¿Entonces por qué se siente tan mal? – Entonces Ritsu hizo un gesto que la pequeña kouhai nunca se esperó recibir de ella: un abrazo.
- Es porque tenemos corazón. Es la evidencia que no somos crueles o malvadas. – Exclamó la baterista con voz melancólica. – Es una razón para valorar más aquello que tenemos, por el sufrimiento que se tuvo que pagar.
- Cuando quieres no eres nada tonta. A veces dices cosas que valen la pena.
- ¿Qué quieres decir con eso Nakano? – El abrazo entonces se convirtió en una llave que comenzó a ahogar a Azusa y la expresión de Ritsu se transformaba en una de molestia.
- Lo siento. –Alcanzó a balbucear la peli-negra, antes de que la chica de ojos dorados la soltara.
- ¿Ya te sientes mejor?
- Si, gracias. Hasta luego Ritsu-senpai.
- Cuidate.
Epílogo
El tiempo pasó a prisa. Tal vez bendecidos por la cercanía del festival escolar, les había mantenido suficientemente ocupadas para no tener que pensar en todo lo que había pasado. Pero ya había acabado y vuelto a la rutina de siempre, pero algo más animadas y de mejor humor.
Aún con deberes que tener en cuenta, Yui y Azusa se habían hecho un tiempo para ellas solas. Sin sus padres en casa, la gatita había aprovechado la oportunidad de invitar a su querida Yui a pasar un fin de semana juntas.
Ya era de noche y habían decidido practicar un poco con la guitarra intentando reproducir algunas melodías de canciones famosas. A Azusa le seguía sorprendiendo la habilidad de Yui de tocar sin saber a ciencia cierta que es lo que estaba haciendo. Tal vez su forma de aprender sea más orgánica e instintiva, enseñarle de forma estructurada no es algo que funcione muy bien con la castaña. En cierta medida Azusa la envidiaba pero al mismo tiempo la admiraba y le gustaba oír aquellos melodiosos acordes que nacían más de sus sentimientos que de la razón.
- Lo haces muy bien Yui. Has mejorado increíblemente.
- Para nada. – Respondió avergonzada la castaña. – Es porque Azu-nyan me ha enseñado muchas cosas. Tú eres aún mejor que yo.
Ligeramente ruborizada Yui bajó la mirada hacia su guitarra y siguió tocando suavemente. Azusa dejó a Muttan a un lado y se acercó por detrás de la castaña, rodeándola con sus brazos y guiándola para tocar una melodía más suave.
- Azu-nyan… -Susurró Yui ante aquel dulce gesto.
- Pareciera que hubiera pasado años desde la última vez que estuvimos tan cerca. – Exclamó Azusa con tono melancólico.
- Azu-nyan, tú no has estado muy animada últimamente. No sabía que hacer, así que decidí darte tu espacio.
- Lo siento Yui. – La peli-negra abrazó con gentileza a la mayor de las Hirasawa. – Todo eso fue tan estresante, luego el festival y tus exámenes. Necesitaba despejarme un poco la mente.
-Descuida, pero te extrañé mucho. Cuando me invitaste a pasar el fin de semana juntas, me hizo muy feliz.
- Yo también te extrañé. – Tomando con delicadeza el rostro de Yui, la kouhai buscó sus labios para besarla, primero con ternura y luego con algo más de pasión. - ¿Cómo se encuentra Ui? Espero que bien luego de esa linda canción que compusiste para ella.
- ¿Quieres hablar de Ui? – Había cierta molestia en la voz de Yui que Azusa no pudo dejar pasar por alto.
- Lo siento. – Azusa se alejó y bajo la mirada algo deprimida. La castaña dejó a Guita a un lado y procedió a abrazar a su gatita como siempre lo había hecho, envolviéndola con su cariño.
- No te pongas triste, pero tienes que dejar de preocuparte por Ui. Al menos no ahora, no conmigo, no aquí. Que este tiempo que no hemos tenido en mucho tiempo sea solo para ti y para mí, para nosotras. – Yui entonces rozó suavemente la oreja de Azusa con sus labios lo que la hizo estremecer.
- E… esta bien… solos tu y yo… y nada más. – Dicho eso, la peli-negra trato de deshacer de su mente cualquier otra idea que no fuera hacer feliz a Yui.
Así como siempre ocurría cuando se expresaban sus sentimientos, ignoraron el mundo entero y al menos, por ese instante solo existían ellas dos. Yui, ya con más confianza, tumbó a la gatita sobre la cama besándola con lujuria y colocándose sobre ella. Unos gemidos apagados escapaban de los labios de la peli-negra dejándose llevar por las caricias y besos de su senpai.
Yui tenía razón. No era momento para pensar en los demás.
Aprovechado su posición aventajada, la castaña deslizó sus manos por debajo de la blusa de Azusa quien dio un brinco ante la inesperada intrusión.
- E… espera…
- ¿Qué sucede Azu-nyan? ¿No te gusta?
- No es eso… es que… recordé que tengo un regalo para ti.
- Un regalo.
- Si… pero tendrás que… - Azusa miró a su alrededor hasta que vio algo que se acomodaba a sus intensiones. Se separó de Yui y tomó una cinta de tela que alguna vez había usado para atar y adornar sus coletas. – Tendrás que vendarte los ojos.
- ¿Eh? – Algo confundida por la petición no tardó en acceder y seguirle el juego a Azusa quien se apresuró a cubrir los ojos de Yui.
- Es solo para que no veas. Así que no vayas a espiar o tendré que atarte las manos también.
- Eso suena muy atrevido. ¿Tal vez debería decir que si? – Una pequeña risa escapó de los labios de Yui. Azusa no le respondió, solo se alejó en silencio. Mientras esperaba Yui dejaba volar su imaginación y los leves ruidos que hacia la peli-negra solo la estimulaba más. - ¿Qué es eso? ¿Se esta quitando la ropa? ¡Waaa! ¡Apúrate Azu-nyan! Voy a espiar, solo un poquito.
- Ni se te ocurra espiar.
-S… si. – La castaña sintió como si le hubiera leído la mente, pero la verdad es que inconscientemente había llevado las manos a su rostro con la intención de quitarse aquello que obstruía su visión y la peli-negra lo había notado.
- Yui… - Azusa suspiró profundamente de los nervios. – Ya… ya puedes ver. – Igualmente nerviosa pero por la ansiedad, Yui se quitó lo que cubría los ojos. Al revelarse la imagen de Azusa ante ella, tuvo que llevarse las manos a su nariz porque casi sintió que sangraría en cualquier momento. - N…nya…
Su característico maullido, con pose incluida, más las orejas de gato e incluso la cola felina. Hasta ahí todo bastante normal, atractivo, seductor, pero el resto del atuendo que sumado con lo anterior era lo que había hecho subir la presión a la castaña. Para comenzar se había soltado el cabello que ahora caía libre por su espalda, en su cuello un collar negro con un enorme y brillante cascabel dorado y su ropa… estaba un poco más allá de su imaginación ver a Azusa con aquella ropa. Era un camisón de seda, corto, muy corto que apenas cubría lo necesario y que caía sobre ella como si apenas rozara su piel, medias de malla con liguero y además calzaba unos zapatos de tacón alto que no solo hacia verla más alta, sino sus piernas más largas y mejor estilizadas. Era una pieza de lencería que se ajustaba muy bien a su pequeño cuerpo que la hacia sentir muy atractiva. Por ver la expresión de Yui, hacía sentir muy emocionada a Azusa.
– Gracias Mugi-senpai.
- ¿De… de… de donde… sacaste eso? – Tartamudeó la castaña sin salir de asombro y azorada por la presencia de su muy atractiva gatita.
- ¿Acaso importa Yui? – La peli-negra hizo un esfuerzo por sonar seductora, mientras jugaba con su cabello y caminaba lentamente contoneando sus caderas. Justo como la rubia le había indicado y lo había practicado la noche que se quedó con ella.
Una vez estuvo frente a la mayor de las Hirasawa, se sentó sobre sus piernas sin dejar de mirarla a los ojos. Yui instintivamente colocó sus manos en las caderas de su gatita sin perder detalle de lo hermosa que se veía.
- ¿Te gusta lo que ves? – Azusa hacía un gran esfuerzo por parecer segura de si misma, pero en verdad estaba bastante intranquila.
- Mucho… Azu-nyan… estás… - Yui no lograba encontrar las palabras para describirla. Tampoco fue necesario decirlas porque su gatita pronto terminó de cerrar la distancia entre ellas con pequeñas lamidas y besos por los contornos de su boca, provocándola levemente.
- Esta noche, mi amada Yui. – Azusa tomó el rostro de la castaña suavemente entre sus manos y la miró a los ojos. – Esta noche soy solo tuya. – Yui abrió los ojos tanto como pudo, sorprendida ante la insinuación a lo que la peli-negra solo sonrió.
Ya no hicieron falta más palabras porque lo había que decir solo podía expresarse con actos. Decirse cuando se amaban, cuanto se necesitaban, cuanto se extrañaban. Fundir sus almas y compartir todo lo que eran, con sus cualidades y defectos, sus sueños y esperanzas. Aunque fuera un instante tocar un pedacito de cielo.
…
A la mañana siguiente, sorprendentemente fue Yui quien se despertó primero y contempló en silencio a su bella novia dormir plácidamente a su lado. Acarició su rostro con delicadeza y sintió las lágrimas rodar por su rostro. – No quiero perderte Azu-nyan. – Lo que atormentaba a la castaña era que muy pronto ella se graduaría alejándola inexorablemente de su kouhai. La idea le había estado martirizando desde hacía bastante pero nunca se había permitido expresarlo por miedo a aceptar una realidad que le disgustaba.
Pero por más que quisiera negarlo esa era la realidad. No sabía que pasaría con ellas luego de la graduación. Aún si Azusa decidiera ingresar a la misma universidad que ella, tendría que esperar todo un año, un año sin la gatita a su lado. – Un año es mucho tiempo sin ti.
Con cariño Yui besó la frente de su bella durmiente y trató de forzar una sonrisa. – Lo podemos superar, ¿no es así Azu-nyan? – Intentó animarse a si misma con un pensamiento positivo y esperando hallar una solución para ese problema. – Si tú me dices que me amas… yo te diré que te amo el doble… que buena idea para una canción.
Alejando sus miedos Yui volvió a acomodarse en la cama y cerró los ojos, para soñar tal vez en un futuro donde ya nada pudiera separarlas. Una vida juntas.
¿Continuará?
NOTAS:
¡Ta-dah! Y he aquí el último capítulo de mi humilde fic. Espero que lo hayan disfrutado (aunque seguramente más de uno querrá matarme). Vamos con mis siempre interesantes (?) comentarios.
Primero, creándolo o no existe una versión +18 de este capítulo XD. No exactamente del capítulo sino de una escena, la de Mugi y Azusa. Este capítulo lo comencé a escribir por ahí porque tenía más fresca las ideas de esa parte, entonces se lo pasé a un amigo para que me diera opiniones y me maldijo (por no decir otra cosa) por haberla dejado en la mejor parte y por un impulso (y presiones por su parte) me decidí a escribir el fanservice correspondiente XD del "rape" de Mugi contra Azusa.
Segundo, ahhh el laberinto de la casa de los espejos *o* un dulce recuerdo de mi niñez que no pude dejar pasar. Adoraba ese laberinto, me encantaba jugar allí y corretear por el lugar, y a pesar de sabérmelo de memoria siempre entraba y me divertía.
Tercero, Mugi y Ritsu, cuando comencé a escribir el fic nunca se me pasó por la cabeza que podrían ser pareja (si, toda esta locura de fic fue muy improvisada xD ). Pero comenzó a tomar forma cuando pensaba que hacer con Mugi. Yui iba con Azusa y Ritsu con Mio… ¿y Mugi? No tenía intensión de meter a Sawa (más que todo porque no sabía cómo) y no quería dejar a la linda rubia fuera de esto así que inicialmente la pensé como la celestina, apoyando a Azusa y presionando a Ritsu, pero en ese intento de presionarla me topé que hacían linda pareja (si, ya me pueden matar por pensarlo xD ) con la chica de ojos dorados, ya el resto es historia.
Cuarto, Ritsu siempre fue la menos de mis favoritas dentro del quinteto de las K-ON! Pero luego de escribir este fic le tengo mayor aprecio, he aprendido a quererla :P en contra parte, Mio fue mi favorita la primera vez que vi la serie pero con la aparición de Azusa, plus luego de ver los conciertos, plus luego de escribir el fic ahora está por debajo de todas. Es la menos interesante de las chicas, al menos para mí.
Quinto y para aquellos que gustaron de mi fic tal vez sean buenas noticias. Voy a dejar el proyecto abierto, solo por si se me ocurre algo interesante para continuarlo, pero de una vez aviso que no hay compromiso para hacerlo… puede que si como puede que no.
Por último quiero agradecer a algunas personas.
A Adri-VolKatina, lo creas o no fue por ti que me dieron ganas de escribir de nuevo y me aventuré con este proyecto.
A Neuro, por estar presionándome siempre con "¿para cuándo el fic?" y por hacerme escribir la versión XXX :P
A todos los que han seguido esta historia y han comentado, muchas gracias por su apoyo.
Por último, si alguien quiere que lea su fic bien puede enviarme un pm y con gusto lo leeré.
Nos estamos leyendo.
Copyright:
K-ON! Pertenece a Kakifly, Kyoto Animation y a los que sea que ganen dinero con él xD

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