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Encontrando la inspiración by May Cullen

Books » Twilight Rated: M, Spanish, Adventure & Romance, Bella & Edward, Words: 89k+, Favs: 209, Follows: 171, Published: 1-31-12 Updated: 4-8-13
597 Chapter 1

Capítulo 1 ganador como One Shoot del concurso Edward Fanfic Contest

Capítulo reeditado por Ebrume.

Muchas gracias por dedicar tu tiempo a estos locos personajes.

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer pero la historia sale directamente de mi imaginación

ADVERTENCIA: Esta historia no es apta para menores, hay escenas de sexo explícito y vocabulario no apto para todos los públicos

Gracias a mi Beta Su y a Ebrume por mejorar esta historia.

Capítulo 1

Había recibido un ultimátum de mi editora. Si no le entregaba en tres semanas "algo", ¡lo que fuera! me enfrentaría a una demanda por incumplimiento de contrato. ¡Qué más quisiera yo que poder hacerlo! Pero nada, mi inspiración me había abandonado como todo el mundo a mí alrededor. Así que allí estaba, en aquel oscuro garaje de aquel siniestro edificio. Apenas había tres coches allí, el mío, el de Rose y un BMW X5 con cristales tintados dos plazas más allá ¿Por qué Rose tenía su oficina allí? Cada vez que entraba en aquel garaje sufría un ataque de ansiedad salvo ahora, en estos momentos me sentía miserable, escuchando una emisora de radio con canciones de toda la vida y que daba las noticias más destacadas cada media hora. Llevaba ahí metida en mi antiguo Golf descapotable como veinte minutos, compadeciéndome, revisando mi contrato, cada pequeño detalle, tenía que buscarme un abogado, estaba claro que no iba a poder cumplirlo. Entonces interrumpieron la canción que estaba sonando con una noticia de última hora: "acaba de ocurrir un trágico suceso apenas hace unos minutos, probablemente sea una primicia ya que nuestra emisora está situada frente al edificio en el que ha ocurrido. Al parecer un francotirador ha matado a Johnny Trucco, candidato a la alcaldía de Chicago, cuando salía de su restaurante favorito La Trattoria".

¿La Trattoria? Ese restaurante estaba situado dos calles más abajo, sería mejor que me pusiera en marcha o si no, no saldría jamás de aquel garaje.

...

¡Mierda! Cuando llegué, aquel Golf no estaba allí, y parecía que había alguien dentro escuchando la radio. Estaba claro que no me había visto acercarme al coche. Llevaba planeando este trabajo tres meses y nunca a estas horas había encontrado otro vehículo aquí que no fuera aquel Chevrolet color fucsia. De repente oí cómo subía el volumen de la radio del coche, estaban dando la noticia del asesinato. ¿Cómo es posible? Apenas han pasado cinco minutos. La huida se me iba a complicar si no me daba prisa. Oí arrancar el motor del Golf que rugía lastimosamente —debería estar en un museo, me recordó al que conducía Laura Holt en Remmington Steele*. Dio marcha atrás tan rápidamente que casi se estampa contra el portón trasero de mi BMW y me lleva a mí por delante, estaba tan asombrado que no me di cuenta de que aún llevaba mi Sniper* en la mano y entonces fue entonces cuando me encontré con su mirada alarmada a través del espejo retrovisor. En unos segundos, sin darle tiempo a pisar el acelerador, estaba abriendo su puerta y sacándola a rastras. Su bolso y un montón de papeles quedaron esparcidos por el suelo del garaje. ¿Qué demonios iba a hacer ahora? Llevaba más de diez años dedicándome a esto y jamás me había ocurrido algo así.

...

Metí la marcha atrás y pisé el acelerador sin ni siquiera mirar. Una sombra oscura apareció por el espejo retrovisor y frené en el acto, volví a dirigir mi mirada al espejo y entonces fue cuando vi aquellos ojos claros mirándome, primero con cara de sorpresa e inmediatamente con furia. Me quedé totalmente congelada. Era el hombre más apuesto que jamás había visto, al menos en carne y hueso y no en la portada de alguna revista. Empezó a caminar hacia mi coche, todo me parecía que estuviera ocurriendo a cámara lenta y entonces fue cuando me di cuenta de que llevaba un rifle en la mano. Antes de que fuera capaz de reaccionar, me estaba sacando a rastras de mi propio coche. En lo único que mi cerebro podía pensar en esos momentos era en esa mano que agarraba con fuerza mi brazo. ¿Qué demonios estaba pasando aquí? Comencé a protestar.

—¡Silencio! —Susurró junto a mi oído— si en algo valora su vida se mantendrá calladita. Recoja sus pertenencias y recuerde que le estoy apuntando con un arma.

Recogí mi bolso y el contrato y lo metí en su correspondiente carpeta, mi coche seguía con el motor encendido, recogió lo que tenía en mis manos y lo metió en su maletero mientras me apuntaba.

—Ahora, vuelva a dejar el coche aparcado y saque las llaves.

Me indicó que bajara la ventanilla del coche y su rifle entró por ella pegando el cañón a mi vientre, aparqué tal y como me dijo, mis manos temblaban y me constaba pensar con claridad, ya no me acordaba ni dónde estaba el acelerador. Hecho esto, él mismo subió la ventanilla, me quitó las llaves y me hizo salir.

—¿Quién coño eres y qué estás haciendo aquí?

—Yo, yo... me llamo Bella Swan y tenía una reunión con mi editora.

—¿La dueña de ese Chevrolet?

—Sí.

—¿Ha concluido la reunión?

—Sí, me disponía a marcharme cuando oí... lo del asesinato... —aquello último lo dije susurrando como diciéndomelo para mí misma.

—Sube al coche. —No podía moverme del sitio— ¡YA! —Me gritó— Tenemos que salir de aquí y vas a cubrirme, vas a ser mi coartada, ¿entiendes? O si lo prefieres te mato aquí mismo y te dejo dentro de tu maletero, elige.

—Lo... lo haré.

—Muy bien, voy a estar apuntándote con la pistola que llevo debajo de la chaqueta, cualquier movimiento en falso y eres historia.

Conforme me hablaba no podía dejar de mirar su boca, sus dientes, como me hablaba a través de ellos, amedrentándome. Sentí un escalofrío pero no podía decir que fuera de miedo, no conseguía atemorizarme como pretendía.

—Ahora saldremos de aquí con las ventanillas del coche bajadas y no vas a dejar de sonreír ni de hablarme, quiero que me cuentes exactamente quién eres, a qué te dedicas y quién te espera en casa y no me mientas, porque lo averiguaré.

—Como ya te he dicho me llamo Bella Swan, soy escritora de novelas bajo el seudónimo Isabella Marie Dreams, sé que suena muy hortera pero en su momento me gustó y luego no lo pude cambiar. No tengo amigos ni familia aquí. —me miró como esperando algo más, yo fruncí el ceño hasta que caí en la cuenta— tampoco tengo pareja —arqueó una ceja hacia mí— quiero decir que no hay novio, marido ni amigo con derecho a roce... por desgracia —eso también lo dije en un susurro pero cuando levanté la vista su ceja estaba arqueada y su mirada era más bien divertida, así que me había oído y automáticamente me puse colorada—. Así que creo que a pesar de que toparte conmigo te haya resultado un engorro, si me haces desaparecer nadie me echará de menos, al menos durante mucho tiempo —bueno, si no lo había considerado definitivamente le había dejado el camino bastante despejado, ¡tonta!

—¿Y tu editora?

—Mi editora no espera noticias mías hasta dentro de 3 semanas.

—Pero cuando salga verá tu coche aparcado. —Sí, eso había que solucionarlo.

—Quizás podría llamarla diciéndole que he oído en la radio... ya sabes... y que he decidido ir andando y coger el tranvía.

—¡Hazlo!

Llamé a Rose y le expliqué lo sucedido mientras miraba como su mano derecha descansaba en mi muslo, pero en vez de concentrarme en la conversación con ella, mi cabeza vagó hasta un estudio reciente de no sé qué universidad que escuché esta misma semana en la radio, sobre la relación que había entre los dedos corazón y anular de la mano derecha de un hombre con respecto a su pene, cuanto más iguales fueran mayor era el tamaño del miembro, parecía que "él" tenía bastante que ofrecer. El grito de Rose a través del teléfono me sacó de mis cavilaciones, sin duda alguna algo estaba mal dentro de mi cabeza, me estaban secuestrando y en vez de poner trabas, le ofrecía a mi captor todo tipo de facilidades mientras pensaba en el tamaño de su entrepierna. Colgué el teléfono.

—Nos acercamos a un control policial —me apretó la pierna y me encogí al notar el calor de su mano.

—¡Mierda!

—¿Qué ocurre?

—Conozco a ese poli.

—Entonces mucho mejor. —Le miré confundida. El coche se detuvo en ese instante.

—¿Billy? ¿Qué ocurre?

—¡Bella! ¡Cuánto tiempo! Me temo que han asesinado a alguien importante. ¿Qué haces por aquí?

—Ya sabes, reunión con mi editora.

—¿Cómo va todo eso? Tienes que avisarme cuando publiques libro nuevo, a Sue le encantan.

—Sí, bueno, si no se lo dices a mi padre, serás el primero en enterarte.

—Ahhhh el viejo Charlie… Aún no te ha perdonado, ¿no es cierto?

—No, ni creo que lo haga.

—Claro que sí, Bella, algún día.

—Cuando le ataque el Alzheimer supongo. Dile que le quiero, Billy.

—Lo haré seguro, ya podéis pasar, que se está atascando la calle.

—¡De acuerdo! —Dejó de apretar mi pierna y se acercó a mi oído, el aliento sobre mi cuello y su voz me hicieron estremecer.

—Lo has hecho muy bien, si no te funciona lo de ser escritora serías una magnífica actriz.

—No he actuado, es amigo de mi padre; simplemente he olvidado dónde y con quién estaba —le dije sin dirigirme a él ¡Como si eso fuera posible!

Por fin pudimos salir camino a la autopista. Conducía en silencio.

—¿A dónde vamos? —comenzó a mover su cabeza sonriendo.

—¿Crees que te lo voy a decir? Ni siquiera sé qué voy a hacer contigo.

—¿Vas a matarme? No obtuve respuesta, se quedó en silencio, parecía estar pensándoselo. Mi mente empezó a trabajar con rapidez.

—Tengo una proposición que hacerte. —Ahora me miraba realmente asombrado.

—Siempre he querido escribir sobre alguien, sobre algo real, no algo que sale solo de mi imaginación y de hecho, ahora mismo estoy en una crisis de inspiración, ¿sabes? Siempre he sido una chica de "crisis" —dije con ironía— siempre estoy en algún tipo de crisis. —Me estaba poniendo nerviosa y cuando eso ocurría, comenzaba a parlotear sin parar—. Una vez tuve una crisis existencial, no sabía quién era ni a dónde iba; luego tuve otra sentimental, bueno, de esas he tenido un par y de eso ya hace tiempo; también he tenido la de los treinta, que creo que va a empalmar con la de los cuarenta —Ahora volvía a mover la cabeza sonriendo. ¡Dios! Podría morir mirando esa sonrisa—. En estos momentos tengo la crisis creativa y creo que tú eres la solución, eres mi inspiración sin duda.

—¿Sobre qué escribes, Bella?

—¿Básicamente? —movió la cabeza asintiendo—. Ya sabes... novela romántica y eso.

—¡Ajá! ¿Tipo Barbara Cartland o Cathryn Fox?

—¿Conoces a esas autoras?

—Contesta.

—Más bien como Cathryn.

—¿Erótica eh? Básicamente, claro.

—Sí, basicamente —No sabía dónde meterme porque estaba claro que se estaba riendo de mí. El coche se detuvo en una salida de la autopista.

—¿Qué ocurre?

—Sal del coche.

—¿Por qué?

—Voy a atarte y amordazarte.

—¿En serio? —¿Quizás también pensase en violarme? ¿De dónde había salido ese pensamiento? Me di cuenta de que mi voz había sonado ansiosa y cantarina cuando debería ser de horror; su cara no tenía precio mientras se pasaba una mano por ella—. Quiero decir, ¿qué he hecho? ¿Por qué quieres atarme?

—Voy a llevarte a cierto lugar y no puedes ver dónde es. Y te ato para que no intentes escapar del maletero. Tranquila, es muy amplio, estarás bien.

—¿Y no estarás pensando en tirarme en una cuneta o por un acantilado?

—Bueno, tendrás que confiar en mí.

—¿En un asesino secuestrador? Estupendo, parece una buena idea.

—No tienes otra opción.

—Lo sé. —Y así fue como comencé a ser atada amordaza y cegada por un pañuelo.

El tiempo pasó lento, no sabría decir cuánto, y con el movimiento del coche y la adrenalina bajando de mi sistema, comencé a adormecerme.

...

Jamás en toda mi carrera había tenido una experiencia semejante ni un trabajo tan surrealista. Muchas veces me había visto rozando la muerte pero lo de hoy era realmente cómico. Aquí estaba yo con aquella mujer rematadamente loca en mi maletero, ¡quería que fuera su inspiración por Dios! La había secuestrado, amenazado con un arma, y en vez de llorar o patalear, creí ver excitación en su cara cuando dije que la iba a atar y amordazar. Seguramente me había quedado dormido en aquella azotea mientras esperaba a que mi víctima saliera de aquel restaurante y en cualquier momento despertaría de esta pesadilla. No podía matarla, ese no era mi estilo, pero si seguía así algo tendría que hacer con ella. Aunque tenía que reconocer que era guapa y bastante graciosa, lástima que su cerebro hubiera sufrido un accidente en algún momento de su vida; si no, eran inexplicables sus reacciones, ni lloraba, ni gritaba y encima parecía encantada de pasar tiempo conmigo.

Cuando llegamos a nuestro destino eché un vistazo al maletero desde la parte de atrás y su respiración era acompasada, estaba dormida. Revisé su bolso, sus papeles, si tenía algún tipo de droga en algún escondrijo que explicase su extraño comportamiento. No había nada y todo lo que me había contado era cierto; memoricé todos sus datos personales y copié los contactos de su teléfono móvil. Investigué a su padre, que para mi sorpresa era policía en una pequeña población del estado de Washington. Cuando acabé fui a despertarla.

¿Bella?

¿Ummm?

Ya hemos llegado, voy a soltar tus piernas solamente, te estoy llevando a mi casa, ¿de acuerdo? —Simplemente asintió, mientras se tambaleaba, seguía muy adormilada.

Cuando llegamos le quité el resto de sus ataduras. Ella empezó a hacer un recorrido por el apartamento. Era pequeño, estaba en el interior de un gran almacén oculto a la vista. Tenía un buen sistema de ventilación. Tan solo tenía una habitación bastante amplia con un servicio con bañera y ducha, y una sala de estar con cocina americana. Eso era todo, sencillo, minimalista... suficiente para mí.

Mira Bella, he decidido aceptar tu oferta —sonrió con cara de asombro—.Voy a controlar todo lo que escribas y tan solo te voy a dar dos semanas, luego te enviaré a casa. Quiero que entiendas algo, sé dónde vivís tú y tu padre, los pocos amigos que tienes, lo sé todo sobre ti. Si intentas algo después de que esto acabe, alguien morirá. Su sonrisa se había desvanecido cambiando a esa de horror que aún no había visto.

¿Có... cómo te llamas?

Elige algún nombre de tus novelas si quieres, no vas a salir de este apartamento en dos semanas, no vas a tener más contacto humano que el mío, no hay tele ni teléfono, yo saldré y entraré, y a veces estaré fuera horas. Las ventanas tienen barrotes y nadie puede oírte. La puerta es de seguridad y estarás encerrada, no incendies nada porque morirás calcinada sin nadie que te pueda ayudar, esto es una fortaleza aunque no lo parezca. Es mi fortaleza.

Edward.

¿Cómo? —Lo que me faltaba.

Edward me gusta para ti.

¿Es algún héroe de tus novelas?

Sentido y Sensibilidad.

Ya, los clásicos.

Sí, y no precisamente héroes.

De acuerdo, Edward está bien. —Si ella supiera— Puedes entrar en la habitación, hay un baño dentro, si necesitas algo me lo dices, encontrarás en uno de los cajones un cepillo de dientes nuevo, pero creo que no te voy a poder ayudar con otras cosas de aseo de momento.

Está bien, si me puedes prestar una camiseta sería suficiente.

Enseguida, las sábanas están limpias, te preparé algo de comer y puedes irte a dormir.

¿Y tú?

No te preocupes, yo duermo poco y cuando vaya estarás ya dormida y la cama como puedes ver es muy grande, hay suficiente sitio para los dos sin ser molestados. Yo dormiré encima de las sábanas.

Tengo un sueño muy profundo, aunque a veces hablo en sueños, espero no molestarte.

Oí la ducha. Cuando salió, llevaba mi camiseta que le llegaba a medio muslo, le quedaba bien. Era una lástima que estuviera loca porque la chica era realmente atractiva. Cenamos unos sandwiches y la mandé a la cama con la promesa de que hablaríamos sobre mí al día siguiente.

Comprobé si el pago de mi trabajo estaba hecho y empecé a planear mis próximas actividades. Cuando Bella llevaba más o menos un par de horas durmiendo empecé a oír una especie de gemidos, o al menos eso creí, fui a mirar y allí estaba ella, con la sábana recogida entre sus piernas, la camiseta por encima de su ombligo y unas braguitas minúsculas que apenas le cubrían. Se estaba retorciendo, parecía tener una pesadilla.

¿Bella? —la llamé bajito.

Sí, mmm, sí, eso me gusta, sí.

Me quedé en shock, eso no sonaba a una pesadilla. Sus muslos empezaron a juntarse como buscando fricción. Realmente tenía un cuerpo bonito, estaba algo delgada para mi gusto, pero bien formada. Subí mi mirada hacia su vientre plano y al llegar a sus pechos podía ver sus pezones endurecidos a través del tejido, parecía que se lo estaba pasando bien en su sueño, así que decidí alejarme a la sala y seguir con mi trabajo si es que lograba quitarme esa imagen de la cabeza. Cuando me di la vuelta, de sus labios salió mi nombre. Me quedé pasmado, ¿estaba soñando conmigo?

Sigue, no pares Edward, no pares. —Sip, lo hacía. ¿Y ahora, qué se supone que debía hacer yo? ¿Simplemente la ignoraba o qué? Cerré los ojos y en mi mente se formó la imagen que estaba a mi espalda, ella suspirando con los labios entreabiertos con los dientes asomando, como cuando estaba relajada, estaba seguro que de pequeña la habrían llamado dientes de conejo o algo así, ya que sus incisivos parecían demasiado grandes en su boca. Quince años, quince años de duro entrenamiento físico y disciplina, y aquella loca los iba a tirar por la borda en tan solo unas horas, así que sin darme la vuelta dije en un tono suave— ¿Qué te gusta Bella? —y comencé a girarme—. Dime qué es lo que te gusta. —Y para mi sorpresa contestó, como si se tratara de alguna mierda de sueño interactivo o algo así.

Tu lengua, tu lengua por mi cuerpo. —¡A la mierda la disciplina! Esto no tenía vuelta atrás, me tenía duro como una roca.

"Te haré ricos masajes con mi lengua... Donde tú quieras"

Me acerqué a la cama con suavidad; con mucho cuidado subí la camiseta por encima de sus pechos dejándolos al descubierto, eran pequeños pero parecían mirarme con insolencia. Después enganché mis dedos índice y pulgar a las tiras de sus tentadoras braguitas y comencé a deslizárselas, su vello púbico estaba recortado casi a ras de su piel, separé con cuidado sus piernas y de repente me sentí celoso del Edward de sus sueños que la tenía completamente empapada. Decidí competir con él en ese mismo instante y me acerqué a sus rosados labios internos que asomaban como pidiéndome ser besados, y así lo hice. Comencé a chupar y a lamer con mi lengua y separé con ella los labios hasta que encontré su clítoris, no paraba de jadear. Ese era yo, el que provocaba todo aquello, así que decidí que quería que despertase de su pesado sueño y descubriera que lo que estaba pasando era real, y chupé uno de mis dedos y con él pellizqué uno de sus pezones. Oí un pequeño grito pero nada, no abría los ojos, así que lo volví a hacer pero estaba vez con algo más de fuerza. ¡Objetivo conseguido! Pero cuando se dio cuenta de lo que sucedía, intentó alejarse de mí. ¿Iba a añadir a mi larga lista de delitos la violación? Esperaba que no hiciera falta.

...

Sabía que era solo un sueño, pero uno del que no quería despertar, al menos hasta llegar al clímax. Su lengua me recorría por todas partes, me besaba sin cesar, en la boca, por el cuello, en mis pechos. Entonces me preguntó qué era lo que me gustaba. Sin duda su lengua y así se lo dije. Me dijo algo como que me daría masaje con ella mientras se dirigía a mi pubis, ¡oh Dios! Lo hacía tan bien que me sentía a punto de colapsar, parecía tan real... hasta que una especie de pinchazo en uno de mis pechos hizo que despertara. Lo que no me imaginaba era lo que iba a encontrar al abrir los ojos. Una masa de pelo cobrizo estaba entre mis piernas, sus ojos me miraban con lujuria mientras su boca se perdía... intenté alejarme apoyando mis manos en el colchón, que él atrapó por mis muñecas dejándome inmovilizada. Tenía unos reflejos increíbles, sin comparación a los míos.

—¡Relájate y disfruta Bella! Solo estoy haciendo realidad tu sueño.

Y dicho esto, siguió atacando mi clítoris sin darme tregua. Con su lengua lo presionaba con fuerza haciendo pequeños movimientos circulares. En menos de dos minutos estaba teniendo uno de los mejores orgasmos de mi vida. Ya no notaba la presión en mis muñecas, aún seguía jadeando, intentando recuperar la respiración con los ojos cerrados mientras con sus dedos esparcía la humedad acumulada en mi entrada por los labios exteriores como queriendo lubricarlos. Noté que tiraba de mis piernas e intentaba penetrarme. Abrí los ojos de golpe y me encontré de nuevo con los suyos, no podía hablar, no le estaba resultando fácil entrar en mí, se retiraba y volvía a empujar, no pude remediar decir lo que estaba pensando en ese momento, cosa de la que me arrepentí en cuanto las palabras terminaron de salir de mi boca. Definitivamente no era el momento para aquello.

—¿Todas tus "armas" son tan grandes?

Él se quedó quieto, su rostro era indescifrable que era lo peor. Yo ansiaba que siguiera moviéndose, que se hiciera paso dentro de mí, me mordí el labio como expresando mi arrepentimiento. Cerró los ojos y como ya había hecho otras veces, movió su cara negando y sonriendo mientras pasaba una de sus grandes manos bajo mi trasero, elevándolo para después mover su cadera hacia atrás. Entré en pánico. ¿Lo había ofendido? ¡Ya no iba a seguir! Agarré el brazo con el que se sostenía como para evitar que terminase de retirarse y fue cuando me penetró con fuerza haciendo que de mi garganta saliera un aullido. Definitivamente era grande o yo llevaba demasiado tiempo con telarañas por ahí.

—Sí, todas mis armas son grandes. ¿Alguna objeción?

Negué con la cabeza, seguía con su sonrisa en la boca mientras entraba y salía con un movimiento suave y rítmico hasta que no encontró más resistencia. Entonces cerró los ojos y sus labios entreabiertos me hechizaron, no podía pensar en mi placer en esos momentos, solo con ver su cara gozando de mi cuerpo podía tener un orgasmo, se movía deprisa, quería que sus labios tocaran los míos, pero ni siquiera hizo amago de ello. Su cuerpo estaba tan pegado al mío que la fricción provocó otro orgasmo en mí, largo e intenso que hizo que toda mi piel se erizara. Cuando comenzaba a bajar de mi nube personal se separó un poco de mi cuerpo y succionó uno de mis pezones mientras gemía.

—Cierra los ojos, Bella me susurró.

Y así lo hice. Entonces sentí como salía de mi cuerpo y un líquido caliente caía por mis pechos, mi garganta y mi vientre mientras... no jadeaba no, ¡rugía! No pude remediar sonreír al oírle, además de pensar que uno de los dos tenía algo de cordura ya que hacía tiempo que no usaba ningún método anticonceptivo. Se quedó sosteniéndose de uno de sus brazos y su frente reposaba en la mía mientras recuperaba su respiración. No me atreví a abrir los ojos aunque era lo que más estaba deseando en esos momentos.

—Quédate quieta, ahora vuelvo.

Y allí me quedé con los ojos cerrados y seguramente cara de tonta ya que tenía una estúpida sonrisa en ella.

Oí el agua correr en el baño y en unos instantes estaba junto a mi pasando una toalla húmeda y caliente por mi cuerpo limpiando los restos de su eyaculación. Abrí los ojos y me decepcionó ver que tenía unos pantalones de pijama puestos. No había tenido ocasión de ver su "arma" pero me conformaría, al menos la había sentido que no era poco y no podía descartar que tuviera otra ocasión de verla.

—¿Necesitas ir al baño o beber agua? Volví a negar con la cabeza.

—¡Entonces a dormir!

Asentí como una niña obediente y se colocó de lado arrastrándome con él, mi espalda casi rozando su pecho. Pero estaba listo si después de lo que había pasado me iba poder dormir. De hecho estaba deseando que fuera por la mañana y sentir como su erección se presionaría contra mi trasero. Sin duda alguna, algo estaba muy mal en mi cabeza. ¿Cómo podía estar pensando algo así? Me había secuestrado un francotirador que en cualquier momento podía decidir deshacerse de mí. Un francotirador increíblemente atractivo con el que acababa de tener sexo. ¡Qué digo atractivo! Estaba como un queso, bueno que te cagas, vamos, el sueño de cualquier mujer hecho realidad y yo lo tenía en mi cama, bueno en la suya. En fin, qué más daba, y "YO", estaba con él y si mañana era mi último día en la Tierra quería que me follara una y otra vez. Sí, definitivamente algo andaba muy mal en mi cabeza, ¿Sería el Síndrome de Estocolmo? ¡Qué tonterías, Bella! ¡Si no llevaba ni unas horas con él! Eso no podía ser; no. Quizás...

—Será mejor que te duermas voluntariamente si no quieres que te deje inconsciente.

¡Joder! No sabía si después de esa amenaza lo iba a lograr pero pondría todo mi empeño en ello.

—Perdona, sí, sí, ya me duermo. ¿Ese resoplido había sido de frustración o estaba riéndose de mí? Mejor me dormía y no lo intentaba averiguar, demasiadas emociones en un día. Y la verdad es que estaba realmente cansada. Cerré los ojos y en tres segundos estaba dormida.

Me desperté por la mañana sin sentir ni su calor ni su potente erección en mi trasero como habría deseado, más bien estaba sola en aquella enorme cama. Miré a mí alrededor y localicé la camiseta tirada en el suelo junto a mis braguitas, las cuales deseché y lavaría más tarde ya que solo tenía esas. Salí de la habitación tan solo con la camiseta esperando encontrar a Edward por algún lado, pero no había nadie. Entré al baño, me duché y rebusqué en sus cajones algo que ponerme y decidí dejarme la camiseta que llevaba y coger unos boxers negros de su cómoda. Tenía hambre, así que me hice un buen desayuno. Busqué mis cosas y ni mi bolso ni mi carpeta estaban por ningún sitio. ¿Qué haría cuando volviera? ¿Cómo debería comportarme después de lo sucedido? Supongo que normal, ¿no? ¿Y qué era lo normal? Ni siquiera sabía si volvería en todo el día, así que decidí hacer lo que mejor se me daba, ¡ignorar la realidad y... cocinar! Tenía algo de carne congelada, pollo, ternera... Haría un estofado, por algún sitio había visto patatas y cebollas. Mientras se cocinaba la carne, regresé al dormitorio para lavar aunque fuera a mano mi ropa interior en el lavabo, entonces vi mi iPod nano en la estantería, ¡me había dejado música! No era tan listo a pesar de todo ya que mi iPod llevaba radio y podía enterarme de lo que sucedía en el exterior. ¡Ja! Me dispuse a localizar una emisora pero mi gozo cayó en un pozo, no había conexión, comprobé los auriculares que ejercían de antena y nada, no funcionaban. ¿Dónde estaba metida? ¿En un jodido bunker? Desistí y busqué en mi lista de canciones, decidí ponerlo en modo aleatorio y la primera canción que sonó fue "Bad Romance" de Lady Gaga; me encantaba esa canción, tenía ya un tiempo pero era de esas que no me cansaba de escuchar. Me puse a bailar y de repente la melodía ya no tenía el mismo significado...

"Quiero tu amor
y todas tus venganzas de amor"
Parecía hecha a mí medida.

"porque eres un criminal, ya que eres mío
Quiero tu amor"

Como si el destino se hubiera escrito el día que la cargué en mi iPod.

"Te quiero psicópata
Quiero estar junto a ti"

Y "mi criminal", "mi psicópata" hubiera estado esperando por mí en aquel garaje siniestro y oscuro. ¿Qué iba a ser de mí?

Nota de la autora:

El lemmon ha sido algo suave, pero la situación en la que se ha dado así lo requería, espero les haya gustado.

* Remmington Steele: Serie de detectives de los años 80 en la que una investigadora privada decide inventarse un personaje masculino como su jefe para ser contratada como tal. Esta serie fue la que le dio la fama a Pierce Brosnan.

*Sniper: rifle de asalto utilizado por francotiradores.


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