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Capítulo 5
Un poco más lejos, un poco más cerca.
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-Así que eso fue lo que sucedió.
Mamori lo miraba con ojos llenos de preocupación y comprensión. No tenía porque haberlo hecho, sabia que Ichiro había estado ocupado la noche anterior, pero de todas maneras el chico estaba ahí, dándole explicaciones sobre el porqué de su ausencia. Se sentía mal por haber faltado al compromiso, pero ya que le había contado sobre los incidentes de último momentos a Mamori se sentía ya más tranquilo. Ella lo había tomado bien, y en ningún momento había demostrado molestia alguna. Ella, siempre tan bondadosa…
-Incluso no descarto que me pase a mí alguna vez, sobre todo con ese profesor tan exigente…
-Si, no sabes la odisea que fue lo de ayer-dijo el chico con tono cansado-de repente se le ocurrió que nos quedáramos a ayudarle en ese proyecto, y no quería que nos fuéramos hasta terminarlo!
-Bueno, bueno, ya pasó, en todo caso debes estar contento, es un proyecto para el concurso anual de química…debes estar orgulloso!
-Bueno…si-comentó Ichiro un tanto sonrojado.
-Y yo lo estoy de ti-dijo Mamori sonriendo.
-Oye Mamori…
-Mhh?
-No te incomoda estar…en este ambiente?
-Uh? Que…ambiente?
PUM!
-CERBEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS!
-AAAAAAAAAAAAAAAAGH!
Una nube de polvo y dos destellos rojos irrumpieron en el campo de entrenamiento, un montón de jóvenes corriendo y un tipo raro con una metralleta en la mano derecha. La vista era perturbadora ante los ojos de cualquier persona… menos para Mamori. Ella ya se había acostumbrado a eso todos los días, y había llegado un punto al que si no tenía entrenamiento de amefuto no sabría que hacer en un día libre.
-Bueno-siguió el muchacho-hay solo hombres, hay un perro que parece…un demonio, y está ese capitán que por cierto también es raro…
-…y que también parece demonio, no es así?-completó la chica con gesto divertido-Descuida, serán todos raros, pero…cada uno tiene su encanto.
No sabía porqué pero cuando pronunció la palabra "encanto" recordó a Hiruma y su extraño comportamiento de anoche…
-Si, bueno, solo tu sabrás los encanto de cada personaje…-comentó Ichiro contemplando aquella escena y preguntándose si de verdad existía la palabra "encanto" entre ese grupo.
-Bueno-dijo por fin apartando la mirada de tan extrañas escenas- necesites que te ayude en algo?
-Oh! No, no te preocupes, tu vuelve a la sala que hay un profesor que debe estar reclamando porque no estás allí.
-Es verdad…pero bueno, nos vemos a la salida, te parece?
-Claro-sonrió la castaña.
-Y ahora si que si!-se despidió el joven corriendo.
La castaña le hizo gestos de despedida con su mano, y luego retomó sus deberes. Debía apurarse, pronto terminarían la primera ronda de entrenamiento y los chicos correrían hacia las bancas a descansar y tomar un poco de agua y por sobre todas las cosas escapar del demonio mayor y su mascota demonio aunque fuera por un rato.
-Geez, que desorden…como no son capaces de ordenar ellos mism-
De pronto, la castaña fijó la vista en la entrada del campo. Había alguien que se acercaba con pasos raudos hacia donde estaban entrenando. Llamaba la atención, a medida que se iba acercando se podía notar que era un hombre grande, forzudo, de grandes brazos y mirada intensa. Por alguna extraña razón estaba enojado, eso seguro. Mamori se quedó paralizada mirando al desconocido sin poder mover ni un músculo, no se imaginaba qué podía querer ese hombre de ellos. Ninguno de los del equipo se había dado cuenta de la llegada del sujeto, estaban concentrados practicando para el próximo partido, hasta que Hiruma levantó la mirada hacia donde estaba la manager de su equipo, y siguió la vista de la chica hacia donde la dirigía. Lo malo es que lo hizo tarde, porque de repente…
PUM!
En cuestión de segundos el desconocido había llegado hasta donde estaba el quarterback del equipo, y le había propinado un golpe en la mandíbula que hizo volar al muchacho por los aires. Sucedió tan rápido que nadie supo que hacer, para ser grandote el tipo se movía con gran rapidez, y como si su vida dependiera de ello llegó en otro par de segundos hacia donde estaba Hiruma en el suelo, para propinarle una patada en el estomago. Mamori estaba horrorizada, al primer golpe estaba con mucho miedo, pero de pronto ese miedo se convirtió en otra cosa, no sabía muy bien qué era, pero tenía cierto parecido a la rabia. Rabia…ira.
Corrió como nunca hacia donde estaba Hiruma, empujó hacia un lado a un Agon burlón y cuando el gigante le iba a propinar el tercer golpe se paro frente a él.
El puño quedó a escasos centímetros del rostro de la castaña, un segundo más y la golpeada también habría sido ella. El tipo miró sonriente la situación…hasta que observó el rostro de la chica.
-No…lo hagas.
Habían visto otras veces a Mamori enojada. Claro, cada dos por tres Hiruma y sus decisiones la hacían gritar, pero esto…era diferente. Nunca nadie del equipo la había visto así, ese rostro…era como si no fuera ella, su respiración pesada, esos ojos, ya no brillantes y risueños, eran otros ojos…ojos que realmente daban miedo.
-Solo una vez te voy a pedir que te vayas de aquí.
El desconocido la miró, ahora con expresión seria. Esa chica era de armas tomar, se había dado cuenta de que estaba hablando muy en serio, por lo tanto bajó la mano y solo la observó, dando algunos pasos atrás.
-Si se vuelve a meter en nuestro equipo para sacar información lo mato.
Miró por última vez a un Hiruma magullado en el suelo, y éste escupió un poco de sangre sin dejar de mirarlo desafiante. Luego volvió la vista hacia la chica y musitó:
-Tiene suerte de que estés aquí.
Y sin más, dio media vuelta y se fue. Caminaba despacio, como si tuviera un peso menos en la espalda. Sin duda tenía muchas ganas de hacer lo que había hecho.
La castaña dirigió la mirada hacia donde estaba Hiruma, que ya se había levantado con dificultad, limpiándose la sangre de la comisura de la boca.
-Tsk! Maldito camarón…-miró a Mamori, que todavía estaba de pié mirando hacia donde el grandote había desaparecido-estás bien jodida man-
-TÚ CÁLLATE Y ENTRA A LA CASA AHORA!-gritó Mamori.
Todos, que en ningún momento se movieron, miraban sorprendidos y asustados a la dulce y angelical manager. Hasta Hiruma se haba quedado pasmado ante la reacción de la chica. Tanto así , que obedeció a lo que le había ordenado. A duras penas fue a la casa, lentamente. Después de unos breves momentos la chica fue hacia allá también.
Todos estaban quietos pensando en lo mismo: "¿Qué rayos había pasado ahí?"
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-No me vuelvas a dar órdenes maldita manager, menos frente al equipo, no eres nadie para hacerlo!
-Si lo soy, tu mismo lo has dicho, soy la manager y tengo todo el derecho del mundo, más si te comportas como un niño.
-No me comporto como un niño, me comporto como el quarterback de mi equipo de fútbol americano, equipo que por cierto quiere ganar…
-…y hará cualquier cosa por hacerlo, verdad? Rayos, Hiruma! Ya habías hecho esto antes, y saliste invicto, es cierto, pero no iba a suceder lo mismo una segunda vez! Menos con ese mastodonte de quarterback!
-Si tanto te complica estar en el lugar que estás puedes dejar de ser la manejadora, tonta manager.
Mamori levantó la vista hacia los ojo de Hiruma, y se dio cuenta de que éste miraba hacia un lado. Dejó de vendarle la pierna izquierda (donde se había hecho una herida bastante considerable) y se paró, mirándolo desafiante.
-Me pregunto si podrías siquiera abrocharte los cordones sin mi.
Hiruma levantó de golpe la mirada hacia los ojos de la chica, y vio que si bien el pálido rostro estaba serio y desafiante, sus ojos decían otra cosa: estaban brillantes y rojizos, unas lágrimas trataban de contenerse. Sin duda la chica era valiente, trataba de no llorar frente a el. El chico suspiró.
-Oi, manager…estas bien?
Ante esta pregunta, Mamori se sentó en la banca frente a el, respiró profundo y miró hacia el suelo.
-Si, estoy bien.
Silencio. Movió la cabeza hacia los lados tratando de no llorar y miró al techo. Luego, con actitud decidida, se sentó en el suelo y reanudó el trabajo, la herida de Hiruma aún no estaba del todo vendada. El chico no sabia que decir, últimamente Mamori estaba un tanto más extraña, y en esos momento no sabia que decir.
-Oi, jodida manager…
-mmhp?-
-No debiste hacer eso…
-Lo sé-espetó Mamori enojada.
-…pero gracias.
Mamori lo miró sorprendida, "gracias? Hiruma dándome las gracias?". No sabía que decir, solo lo miró a los ojos, y el muchacho tampoco despegaba la mirada de ella. No podía! En unos segundos se perdió en sus ojos azules, y sin darse cuenta su mano se dirigía al rostro de la chica, quería sentir su piel, se veía tan suave…
Ella estaba paralizada, no sabia porqué, pero comenzó a mirar los delgados labios del chico. Hace mucho tiempo ya se preguntaba como sería besar su boca…
Todo eso pasaba por las mentes de ambos jóvenes, Hiruma no podía controlar sus deseos, todo lo que quería en ese momento era sentir la piel de Mamori, tocar su piel, solo una vez sintió apenas el roce de sus labios, pero solo para taparle la boca evitando que diera (en ese entonces) información sobre Musashi, pero ahora…era distinto.
De pronto, sucedió. Algo suave , terso y cálido sintió en su mano. Mamori, por su parte, sintió la fría mano del mariscal, cerró los ojos para disfrutar el momento y guardarlo para siempre en su memoria, y sobre todo en su corazón. Se sentía feliz, nunca había estado tan cerca de Hiruma.
El muchacho la miraba, tratando de pensar porque hacía eso, porque le gustaba estar así con ella. No sonreía, más bien estaba sorprendido de su propio comportamiento, de lo bien que se sentía, del deseo de abrazarla…
-No deberías preocuparte tanto, jodida manager, ya estoy bien.
Abrió los ojos. El mariscal había retirado la mano de su rostro, y ese maravilloso y corto momento desapareció. Una caricia que llegó como el viento a agitar su alma y que se había ido con la misma rapidez. Movió la cabeza tratando de despertar de ese sueño, terminó de vendarle la herida a Hiruma velozmente, guardó las cosas, y se levantó llevando el botiquín al estante de la esquina.
-Me preocupo porque eres el mariscal del equipo, sin ti no podríamos ganar el partido que se viene.
Y sin más dejó solo a Hiruma. El chico aún estaba sentado, pasmado, mirando quien sabe donde. El no era así, quizás en donde andaba su reputación en esos momentos, el quarterback del equipo enemigo lo había golpeado por ir a sacar información a su propia casa club mientras no había nadie, Mamori le había gritado frente al equipo y para colmo de males se había dejado llevar por sus deseos y había acariciado el rostro de la tonta manager solo para sentir su piel…
"jodida manager! Tsk, me hace perder los estribos…"
Se llevó las manos al rostro, tapando su vergüenza. El no era así, ¿porque había cambiado? Era el demonio de Tokio, y lo seguiría siendo! Se estaba dejando llevar por malditos problemas sentimentales…
"Un momento…sentimentales?"
No podía seguir así, tenía cosas más importantes que hacer, el próximo partido estaba cerca y se estaba desconcentrado mucho con…lo que fuera que estaba pasando. Debía vaciar su cerebro de toda basura rosada. Debía conversar con alguien confiable, alguien que pudiera decirle que tenía que hacer…
Alguien a quién no veía hace tiempo.
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Uff! Hace tiempo que no actualizaba!
Pero al menos el capítulo fue un poco más largo de lo habitual.
Gracias a Kagurami! ^^ siempre me escribe y me pregunta por próximas actualizaciones, y mis disculpas si me he tardado, pero de verdad que la universidad me tiene bastante ocupada.
La historia se viene muy buena y con muchas sorpresas, cada vez más intensas.
Espero sigan leyendo!
PD: Por cierto, si me apuré en actualizar fue gracias a otro personaje que anda por ahí. Espero no ponga cámaras en mi pieza.

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