FanFiction | Just In Community Forum | More
V
More
Más alla del Infierno by Countess Ozaki D

TV » Sherlock Rated: K+, Spanish, Mystery & Drama, Sherlock H. & John W., Words: 63k+, Favs: 40, Follows: 43, Published: 2-20-12 Updated: 5-12-13
126 Chapter 8: Capitulo VII Los Recuerdos

Más allá del infierno

Atención:

Capitulo dedicado a Naoky, ¡Gracias por tus dibujos sobre el fic!

Ante todo agradezco el apoyo del fanfic, muchas gracias por leer.

Sobretodo a Nataly SkyPot, Alezita Depyran, Mushaid, OTORYKAEDE ,Naoky, iamaplatypus ,aliterra, gothicmetal, aoi ,EloraP , D3athrider ,Danno, Elip Lio .

Quienes se han dado el tiempo de dejar comentarios.

Advertencias:

-Sherlock Holmes no me pertenece.

-Como saben la historia Slash Sherlock x John

-Esta historia contiene escenas de asesinatos que pueden perturbar a algunas personas, pero que son necesarias para el desarrollo del Fan Fic.

-Les pido, si tienen tiempo claro leer las notas al final del capitulo.

Y ahora la historia :

Hay que saber mirar en la oscuridad por que uno nunca sabe, cuando esta te puede sonreír…

Capitulo VII

Los recuerdos

-¡Inspector, esta todo listo!-

-¿Llegaron?

-Sí, toda la prensa en la sala.

Lestrade echo un último vistazo al montón de diarios sensacionalistas que habían sido divulgados en esos días, los que ahora yacían agrupados sobre su escritorio. Al detective sólo le bastó un vistazo para comprender la compleja tarea que le aguardaba. Gregorio, intentando hacer caso omiso, se acomodó las solapas de su saco removiendo los hombros un par de veces, liberando la tensión alojada en ellos. Sabía que a solo unos pasos de diferencia, le esperaba una audiencia enardecida y ansiosa de respuestas.

-Que Dios nos ampare…- mascullo entre dientes, al salir. Armándose del animo para enfrentar lo inevitable.

Gregory llegó hasta el cuarto utilizado para las conferencias de prensa. Ingreso disimulando lo mejor que podía la rigidez alojada en su rostro. Tomo asiento en el lugar reservado para quien sería "el entrevistado", el cual se ubicaba al frente de la prominente multitud. Cogio el vaso de agua que estaba al costado del micrófono alargado que tenía en frente, dándole un sorbo rápido. Donovan, quien estaba sentada a su costado como en otras ocasiones, le dedicó una mirada de apoyo para lo que vendría.

Luego, el vaso toco la superficie de la mesa, los murmullos surgieron, y la ronda de preguntas empezó:

-Detective inspector Lestrade, ¿Es verdad que la victima encontrada pertenece a la realeza?

La primera de una serie de preguntas, que el detective sabía serían imposibles de evitar…

-El informe de forense aún no esta completo, me temo que hasta ese entonces no podré responder a esa pregunta.

Las cejas se enarcaron en varios de los rostros de la prensa al escuchar sus palabras, y de inmediato, Lestrade se dio cuenta de que la avalancha de preguntas crecería.

-¿Esta diciendo que la policía no ha podido reconocer a simple vista a uno de los miembros de la familia real?- le preguntaron esta vez con evidente escepticismo

-Como la autoridad, no podemos guiarnos por los hechos que se observen a simple vista. Necesitamos seguir nuestros conductos regulares y verificar las pistas correspondientes-

Hubo una pausa mientras los murmullos crecían, el sonido de algunos flashes de las cámaras se repitió un par de veces antes de que alguien le volviera a cuestionar:

-¿Han habido más asesinatos relacionados o este es el primero que se conoce?

-Al parecer es el primero, pero estamos buscando si existe alguna conexión con algún otro homicidio-

El inspector sabía mentía deliberadamente, ya que la situación lo ameritaba. Tenía que excluir la información necesaria por el bien del desarrollo del caso y de la ciudadanía Londinense.

-¿Eso quiere decir que existe la posibilidad de que nos encontremos ante el primero de una serie de asesinatos?

-Como dije antes, no es información que podamos descartar.- trato de explicar, cuando otro periodista le increpo:

-¡¿Y mientras la policía lo descarta, un asesino serial andaría suelto en Londres?

-No tenemos pruebas que…

-¿Quien es el hombre que fue encontrado con la victima? ¿Por qué la policía insiste en resguardar su identidad?

-Es información confidencial.

-¿Qué hay de cierto sobre que el mismísimo Sherlock Holmes esta investigando el caso?

-¡Muy bien, el período de preguntas ha finalizado! Agradecemos el tiempo que se han tomado para venir.- Anunció con tono autoritario Saly Donovan a la multitud de reporteros enardecidos quienes aún, no querían dar por terminada la ronda de prensa.

La mujer hizo una seña indicándole al Inspector que era el momento de hacer "su huida", lo que fue interpretado raudamente por el detective, quien no se hizo esperar para correr de tras de ella, dejando la sala.

-¡Eso ha sido aterrador!- soltó Lestrade entrando a una de las oficinas continúas.

-Y es solo el comienzo- le aseguró Donovan- ellos quieren a un asesino y tu puedes dárselos – le apunto con el dedo

-¿Que estas insinuando Sally?-

-No estoy insinuando. Sólo te advierto que deberíamos anunciar el nombre de nuestro "sospechoso", antes que sea demasiado tarde para todos-

-¡¿Quieres que acuse a John?- Chillo fatigado, cerrando los ojos con fuerza.

-¡Debes darles un culpable antes que esto se salga de control!- vociferó Saly, cogiendo a Lestrade por el brazo y ablandando su tono – Sabes que no tenemos muchas opciones. Y sé que tú tampoco quieres que se ponga en cuestionamiento el juicio que usa Scotland Yard para investigar los casos-

-Puede que sea cierto, pero esta vez va a ser distinto-murmuro con desdén, apartándose de la mujer- No pasará con John Watson lo mismo que sucedió con Sherlock hace tres años atrás-

-¡Pero señor…!_

-¡Ni una palabra más! Soy tu superior y te guste o no esta es mi última palabra –su tono se torno frío- Y espero por su propio bien agente Donovan, no verte a ti ni a Anderson en la oficina del intendente.

La mujer se puso roja de ira, sus ojos estaban grandes y vidriosos como a punto de romper en llanto. Pero no lo hizo. Ella se retiró de la habitación con prisa dando un portazo que resonó en toda la estancia.

Lestrade observó todo sin rebatir nada en absoluto. No deseaba discutir más de lo que ya había hecho.

Tampoco sabía si la decisión que acababa de tomar era la correcta, pero en alguna parte de sí mismo había algo que lo impulsaba a seguir por esa dirección.


La recordaba como una de las estaciones que más le atraían. Posiblemente, ello se debía a la cantidad de recuerdos que atesoraba en su pequeño corazón.

La particularidad de los olores y los sabores, le hacían sentirse en el ensueño pasado de la calidez de hogar que tanto le gustaba.

-Papá- dijo haciendo uso de su voz melosa, dulce, al igual que el almíbar.

-¿Si?-

Ella llevo su peso de un pie a otro, balanceándose con el aire infantil propio de su edad, miró al adulto que tenía frente a sí y con la timidez propia de la niñez se decidió a preguntar.

-¿Como era mamá?-

-Ya hemos tenido esta conversación antes…- comenzó a decir el hombre con aires de cansancio

-Lo sé, pero... quiero escucharlo de nuevo- insistió- por favor

Con desgano el mayor se hizo a la idea de explicar nuevamente lo que la pequeña demandaba. Se acomodó en su puesto y con infinita paciencia comenzó a explicar:

-Como te dije una vez dulzura, ella era una mujer maravillosa, al igual que tu hermano y tú.

-¿Papí por que Mamí murió?-

-Murió por que estaba muy enferma-

-¿Ella esta en el cielo?-

-No dulzura. Mamá no puede estar en el cielo-

-¿por que?

-Por que Mamá se porto muy mal con Papí, por eso, ella jamás irá al cielo.

El hombre soltó una risa socarrona y la niña estrujo las telas de sus ropas con cierto pavor. A veces Papá le asustaba y mucho. La carcajada se prolongo haciéndose más alta y la oscuridad comenzó a cernirse sobre ellos.

Solo esos dientes crecidos y filosos casi en punta, como colmillos caninos se distinguían en la negrura. Esa sonrisa impresa, similar a la de un bufón bailó en las tinieblas. El sonido se hizo cada vez más agudo, diluyéndose de repente hasta sonar como una onda en el agua. Y la imagen de aquella boca torcida, maligna, comenzó a escabullirse, perdiéndose en la esencia más oscura noche.

La visión se tornó difusa; el sonido casi inaudible, su olfato disperso.

Y en un instante regreso a la realidad.

Abrió los ojos atolondrado, los parpados le pesaban, la boca le sabía amargo, su garganta estaba sedienta.

-"John"-

Alguien lo llamaba, pero él no sabía a quien pertenecía esa voz…

El sentimiento de vacío se enraizaba en sus entrañas, abriéndose paso, mostrándose, como el miedo que era palpable en la palidez de su rostro.

Su cabeza y hombros eran presas de espasmos constantes, sus ojos fatigados apenas le dejaban apreciar los muros claros que ahora le rodeaban. Su vía respiratoria se vio invadida por el olor a antiséptico que flotaba en el aire.

Watson se sintió amenazado y tuvo repentinamente, la necesidad de gritar para ahuyentar el peligro.

Y así lo hizo. Intentó huir y vio con pavor como una sombra alargada se inclino hacia el. Justo en ese momento John preso del pánico se dio cuenta de que estaba a merced de lo que fuera que fuese "eso" que lo rodeaba.

No podía reconocer su entorno.

Tampoco comprendía los sonidos desvirtuados que le sucedían en sus tímpanos.

Y la sensación de nausea que avanzó por la boca de su estomago convirtiéndose en arcadas prominentes.

Gritó. Sonidos, palabras, que ni el mismo estaba seguro que significaban.

Y de nuevo, se desvaneció.

Tierra…

Nubes de pólvora, olor a azufre,

Calor,

Arena...

Los recuerdos sobresalían en el aire, como parte de una película extensa que compilaba hechos de su vida. Se sentía flotar en las aguas menguantes de un río sin torrente.

La suavidad bajo su piel le habló de seda, de flores, de terciopelo, de algodón; Y aunque en un rinconcito remoto de su mente le anunciaba que estaba olvidando "algo" importante en ese momento cedió ante la pantalla de imágenes que se reproducían en su inconciente…

-¡Medico, necesitamos un medico!

-¡Soldado Watson avance al frente!

-¡Rápido, escuadrón abandonen el refugio!

-¡Tenemos más mutilados señor!

-"John"

-Mi nombre es Sherlock Holmes y la dirección es 221 B de Baker Street

-Es hora que elija bando Doctor Watson…

-"John"

-¿Afganistán o Irak?

-¿Estas celoso?

-Dame tú mano…

-John...lo siento…díselo. ¿Podrías?...

-¿Esta es mi nota, es lo que la gente hace no?

-"John"

-¡Sherlock Holmes es un hombre con mucha suerte, me enternece saber que harías cualquier cosa por él!

-Escucha, lo que dije antes, John. Lo decía en serio. Yo no tengo "amigos". Solo tengo "uno".

-¡No me hagas competir con Sherlock Holmes!

-Adiós John…

-¿Sabes hacer cortes doctor Watson?

-¡John, despierta!


Medio día. Acababa de terminar de vestirse con ropa limpia. Hacían solo dos días desde que había despertado en una cama en el hospital, de donde después le dieron el alta. John, aún ignoraba lo que había sucedido aquella noche. Los últimos recuerdos vagos que tenía Watson eran haber escondido el cuerpo de una de las victimas del "psicopata" en la morgue con ayuda de Molly. El también, era conciente de que Sherlock había urdido un plan (que el desconocía) para que Scotland Yard lo mantuviera al margen de las sospechas.

Sin embargo, por más esmero que pusiera en hacer memoria, no conseguía nada, además de un dolor latente en la cien y un torbellino de recuerdos que en sus sueños y realidad zapateaban su cabeza.

El ex soldado termino de calzarse los zapatos y descendió hacia el primer piso, ahí se encontró de inmediato con su compañero de casa, quien estaba sentado en su sillón de siempre.

La mirada grisácea, casi inexpresiva del detective se clavo en él apenas este hizo su entrada a la estancia.

John se irritó un poco ante la presión que ejercían aquellos ojos fríos sobre sí.

El ex militar, sentía que desde su salida del hospital Sherlock se comportaba más raro que lo considerado como "normal".

Al menos esa era la impresión que se plasmaba en el cada cierto tiempo, cuando John le pillaba observándole con un semblante impropio del detective analítico.

¡Y es que Holmes le dedicaba más atención que antes! Eso el ya lo tenía por sentado, y lo que más le inquietaba al respecto era la certeza de saber que no se debía a ninguno de sus recurrentes "experimentos".

No. Esta vez un rasgo más humano resaltaba en esas facciones angulosas.

La preocupación.

Sherlock estaba intranquilo, y todo indicaba que era por algo que lo relacionaba directamente a si mismo.

Intentando hacer caso omiso, John camino hasta la cocina. Abrió una de las repisas, desde donde saco una de las tazas para beber un poco de café.

Todo esto lo hizo con la mayor calma posible. Esa mañana se sentía extrañamente como siendo participe de un capitulo inédito de la "dimensión desconocida".

Al cabo de poco tiempo, ya había elaborado su café acompañado de un par de crujientes tostadas que había dejado de lado en un plato. Entonces, Watson se dirigió con su desayuno a la sala de estar, donde Joseph se encontraba jugando con un cuadernillo y algunos lápices.

John busco a Sherlock otras ves en la sala y se dio cuenta de que el detective consultor se había encerrado en su habitación. El se hallo pensando repentinamente en la idea de ir a buscarle, sin embargo prefirió no hacerlo. Aparentemente Holmes no había amanecido de muy buen humor.

-¿Quizás se debía a que este caso en particular se había tornado muy tedioso?

-¿O tal vez, era solamente el hecho de que aún no había podido atrapar al asesino?

Cualquiera que fuese la razón, lo mejor era esperar a que el mismo detective decidiera darla a conocer.

Habiendo decidido esto, el rubio abandonó el platillo sobre una de las mesas pequeñas de la sala y se sentó al lado del pequeño Joseph, (quien yacía en el piso) a observar lo que estaba haciendo mientras bebía su café.

-¿Te gusta dibujar?- preguntó con suavidad acercándose al menor

El niño detuvo el trazo de su lápiz y se giró a verlo sonriente. John le devolvió el gesto con la misma calidez.

-¿Puedo verlos?- le pidió esta vez señalando los dibujos apilados en el suelo.

Joseph tomo con sus pequeñas manos la pila de hojas que recién había fabricado ofreciéndoselas a John casi al instante. El mayor notó en ese momento como el rostro del niño se había iluminado visiblemente frente a su petición.

Watson dejo el montón de hojas en su regazo mientras veía con detenimiento uno tras otros los dibujos elaborados por el niño.

El primero era algo parecido a un pueblo campestre. John pensó que de seguro se trataba de algún recuerdo del niño cuando vivía con su madre, ya que en el paisaje soleado aparecía una mujer con alas resplandecientes.

El segundo le arrancó una sonrisa. Se trataba esta vez de algunos de los integrantes de Scotland Yard (John lo supuso por los colores que uso para pintar las ropas y la forma de sus cabellos) Lestrade, Donovan y Anderson se veían conversando al lado de una patrulla de policías.

El posterior dibujo, fue algo especial. En el se notaba que el menor había intentado dibujar a "la calavera" junto a el microscopio que Sherlock usaba frecuentemente. Watson se horrorizó por un segundo cuando diviso en el fondo algo que parecía una cabeza sobre la mesa de la cocina.

Si bien todas aquellas obras eran evidentes reflejos de la nueva vida del niño. Watson nunca estuvo preparado para ver el siguiente.

En el había un hombre alto delgado con el cabello ondulado y desordenado, sin duda ese retrato pertenecía a Sherlock, pero lo que le conmociono no fue el dibujo. Si no, más bien el echo de que Sherlock estaba tomado de la mano con otra persona que el no supo reconocer.

-¿El es sherlock?- Le preguntó al niño señalando la figura hecha en el papel, Joseph movió la cabeza en señal afirmativa.

John sintió su curiosidad ir en aumento. ¿Por que eso era verdad? Solo curiosidad. A el no le importaba a quien había dibujado Joseph tomado de la mano de Sherlock.

-¿Y quien es esta persona?- preguntó vacilante, Joseph le miró con expresión confusa, ladeo la cabeza y luego lo señalo a él.

-¿S..soy yo?- Susurro un poco nervioso

El muchacho se rió y juntó las manos en un gesto indudable de afirmación.

Watson, quien a esas alturas tenia las orejas rojas, estaba consternado, se lamió el labio posterior y revisó la imagen por segunda vez, mientras pensaba en el rostro que pondría Sherlock si llegaba a ver las "ilustraciones" del pequeño Joseph.

El medico de guerra tomo otro sorbo de su café antes de que se le enfriara y apartó el bosquejo echo por el niño. Aún no acababa de salir de la sorpresa cuando sus ojos se quedaron fijos en la última hoja que estaba sobre sus piernas.

En ella había algo que no le gustaba, y que de cierta forma le causaba hasta escalofríos, el dibujo de una figura grande de colores rojizos y sonrisa ancha le provoco sobresalto. Mucho más aún cuando clavo sus ojos dilatados en los ojos malignos de aquel monstruo que Joseph había dibujado.

Súbitamente el espanto le invadió. Dejo caer la taza que sostenía y el líquido que quedaba se derramo en la alfombra.

Watson sintió vibrar sus venas, su piel se erizo de repente y tuvo que arrastrarse para poder ponerse de pie.

-¿John?-

Sherlock había aparecido en el salón al escuchar como el jarro se había roto a caer al piso.

-¿John?

John se giro a ver en dirección al detective. No obstante se hallaba demasiado afligido. Como pudo se levantó dando un par de tras pies en el proceso y luego se afirmó en la pared resguardando un sustento sólido. Estaba mareado. Todo le daba vueltas, incluso el estomago.

-¿Qué te pasa?

Una mano mas grande que la suya se apoyo en su hombro, Sherlock estaba preocupado.

El aún temblaba.

Tenía miedo.

El doctor sacudió la cabeza y se llevó ambas manos a los oídos tapándoselos.

-¡Sácalo! ¡Sácalo de aquí!- le instó a Holmes apuntando la hoja en el suelo.

-John…- le llamó Sherlock arrugando el puente de su nariz en señal de desconcierto.

El veterano de guerra se mostró furibundo, su expresión era huraña y sin embargo aún se distinguía de soslayo el temor pintado en sus pupilas.

-¡Cállense!- volvió a gritar delante Sherlock- ¡Diles que se callen! ¡Ya basta!- profirió cerrando los ojos, ejerciendo más presión con sus manos en sus orejas.

¡Abre los ojos! Escuchó de repente, y reconoció aquella voz grave única en sus matices, sabía que Sherlock estaba cerca. Pero no podía verlo, no podía por que las voces y las imágenes se agazapan todas juntas a la vez, turbándolo. Y no sólo eso, al fondo. Debajo de toda esa masa de imágenes, esa mandíbula crecida, sonriente, con los colmillos amarillentos, desbordantes, como los de cualquier depredador. Parecía disfrutar con desmesurado goce riéndose de él.

-¡Ábrelos!, ¡Ábrelos ya!- escuchó proferir a su compañero en voz alta, antes de sentir como su cabeza era mecida.

El moreno cogió el rostro del doctor con ambas manos cubriendo las del medico que reposaban sobre sus oídos llamándole con ímpetu:

-¡JOHN!

-¿Sher…lock?- susurró con la lengua pesada, y lo suficientemente agotado como ara que su cuerpo se doblara hacia delante.

-¿Estas bien?- le preguntó Sherlock arrodillándose frente a Watson, ayudándole a mantener el equilibrio sobre sus piernas.

-Estoy bien…- jadeo John asintiendo, dejándose caer con confianza sobre el pecho de Sherlock en un abrazo inerte, incapaz de sopesar aún todo lo que le había ocurrido.

Sherlock aguardó hasta que sintió que el cuerpo de John cedía a la tensión, tornándose flojo.

Entonces la cabeza del medico callo encima de su hombro, inconciente.

Holmes inclinó un poco su cuello a un costado, afianzando el abrazo en torno a John, y luego alzando la vista. Casi se había olvidado de la presencia de Joseph en la sala.

No tubo que observar mucho al niño para descubrir que este estaba al borde del llanto, el chico se había asustado al escuchar los gritos de Watson.

Holmes no estaba preparado para ese tipo de situaciones, ciertamente prefería estar resolviendo un caso complejo antes de tener que lidiar con el campo de las "emociones infantiles".

- Mejorará, solo esta durmiendo- le intentó explicar haciendo el mejor intento de una sonrisa.

Joseph se mostró dubitativo. Miró a John y luego al hombre más alto. El niño se seco los ojos con el antebrazo y meció su cabeza en señal afirmativa como queriendo transmitir un "Lo entiendo"

Sherlock se sintió satisfecho por el efecto que habían tenido sus palabras en el pequeño. Al cabo de un rato, el detective decidió moverse y llevar a John a su habitación. Una vez consiguió aquello, Holmes fue hasta la sala de estar donde comenzó a recoger los restos de la taza que el doctor había tirado. Después, fue el turno de los dibujos de Joseph, Holmes tomó la pila de hojas revueltas en el suelo y las miró con detenimiento.

Ahí estaba "el dibujo" que tanto había perturbado a su compañero. A simple vista el retrato parecía la figura enorme de un "monstruo" de mirada y boca amenazante en colores rojizos, como el fuego.

Sherlock hizo a un lado el bosquejo, se acomodo sobre su sofá de siempre y comenzó a repasar los últimos eventos, rememorando así todo lo sucedido desde cuando recibió la llamada de Lestrade , alertándole sobre el estado de John, quien había sido encontrado ensangrentado en la escena del crimen.

En aquel momento la ambulancia había arribado más rápido de lo previsto, tanto, que incluso no le dio mucho tiempo de hablar con Lestrade acerca de la situación que había dejado a el medico en ese estado de Shock. El detective normalmente lo hubiera deducido todo solo con dar un par de miradas, no obstante el sólo echo de ver a Watson al borde de una crisis nerviosa, le dejaba casi en un estado de "atrofia mental", al menos de esa manera lo catalogo Sherlock al darse cuenta de que su cerebro no podía formular con la misma naturalidad de siempre la corriente de sus pensamientos deductivos.

Dos horas, fueron el calvario que Sherlock tuvo que pasar sentado en la sala de espera del hospital, aguardando el diagnostico del medico de turno. Si bien, el detective creía que su falta de paciencia era con lo único que tendría que lidiar; No contó jamás con la inoportuna pero tampoco impredecible aparición de su hermano Mycroft seguido por el mismo Inspector Lestrade.

Los tres hombres se sentaron en silencio, viéndose a la cara de ves en ves.

Sherlock se levantó de su lugar en la butaca, ignorando las expresiones de duda alojadas en los rostros de sus acompañantes. El menor de los Holmes, comenzó a pasearse de un lado a otro, por el pasillo imitando el vivo retrato de una fiera enjaulada.

Mycroft le dedico una mirada de reproche, que Sherlock no tomo en cuenta. El diplomático tenso los extremos de sus labios como respuesta a la notoria falta de modales de su hermano. Lestrade observó perplejo las actitudes de ambos hermanos, y tuvo la sensación de que estaba a punto de presenciar un riña familiar.

Quizás, habría sido así, si es que el medico de turno no hubiera hecho su aparición en la sala.

-¿Familiares de el señor Martín Freeman?-

-Sí- respondió Sherlock acercándose al encuentro del especialista.

Lestrade dejo caer su mandíbula con expresión de asombro. El inspector se giro a ver a Mycroft en busca de alguna respuesta, sin embargo solo obtuvo de este una mueca de simpatía. Con sólo ese simple gesto, entendió que el repentino cambio de nombre de John era parte de algún plan de los hermanos Holmes.

-Es necesario que me aseguren que son familiares del paciente, por la situación que debo informarles- insistió el medico con voz solemne.

-Comprendemos a la perfección su ética profesional, no obstante permítame informarle que en este caso no prescindiremos de esas "formalidades"- explico Mycroft

-El que no comprende es usted señor…- rebatió molesto el facultativo

-Yo no diría eso con tanta premura, debería leer los mensajes de su teléfono antes de continuar con su arrebato- Declaro el político con total frivolidad.

El medico iba a responder, cuando el tono de mensaje de texto lo distrajo. Este reviso su teléfono con agilidad no evitando esconder su sorpresa al percatarse de que lo que Mycroft decía estaba era cierto. El mensaje pertenecía a el director del hospital, quién se había molestado en escribirle para solicitarle hacer todo lo que el señor Mycroft Holmes y compañía solicitaran.

-Lamento, haberlos importunado, señores…- mascullo el doctor a los tres hombres antes de continuar- el paciente esta estable, sus signos vitales están bien y no corre peligro de muerte- explicó

-Ahora cual es la parte mala- preguntó Sherlock anteponiéndose a los hechos sin el menor grado de empatía

-El análisis de muestras que le extrajimos al paciente arrojo que ha tenido contacto con sustancias hipnóticas y sedantes.

-¿Específicamente…?- pidió Mycroft

-BENZODIAZEPINAS-

-¿Eso que quiere decir?- preguntó Lestrade atreviéndose a interrumpir por primera vez la conversación.

-"Sustancia que produce una gran variedad de efectos, incluyen la sedación, el sueño, disminución de la ansiedad, relajación muscular, puede ser usado también como hipnótico ¿o me equivoco doctor?- dijo Sherlock mirando fijamente al profesional

-N-no para nada- asintió admirado- Lamentablemente en este caso el paciente parece haber sido afectado de otra manera…-

-Explíquese- solicitó el diplomático

-Dada a la alta dosis que recibió, el paciente desarrollo un cuadro de amnesia parcial.

-¿Amnesia, esta seguro?- gritó Lestrade

-Si, pero les reitero es "parcial", por lo que no debe afectar a su entorno habitual, solo presenta olvido de una situación traumática, que de seguro ha de ser la catalizadora de todo esto.

-¿Hay algo que nos recomiende? - preguntó Mycroft al notar que Sherlock se había quedado casi estupefacto al escuchar mencionar la "amnesia"

El experto en medicina, tosió un poco, tomándose de paso su tiempo para responder:

-Sí, procuren no forzarlo a recordar. El hacer eso a un paciente en su estado puede comprometer aún más su salud y traer consecuencias irreparables.- explico categóricamente

Los tres hombres se volvieron a mirar, acordando un pacto de silencio. Decidieron no mencionarle nada a John sobre el incidente de esa noche, ni tampoco sobre las sospechas que tenían con respecto a la relación del asesino serial con el asesinato de aquella mujer con la que Watson había sido encontrado.

Y así había sido, en poco tiempo John había continuado con sus atenciones en el hospital, donde después, había sido dado de alta regresando finalmente a Baker Street. Como resultado de ello, el ex militar, se encontró así mismo reinsertándose a su rutina cotidiana sin sufrir muchos cambios aparentes.

Pese a ello John, aún mantenía sus propias sospechas. A pesar de que Sherlock le había explicado a grandes rasgos que su actual situación se debía a un imprevisto surgido en una de las investigaciones (lo que no era mentira). El detective tenía extremo cuidado en ahondar más en el asunto, y Watson se había dado cuenta de aquello. Por algún motivo el ex combatiente guardaba la certeza de que su compañero de piso le estaba ocultando información de suma importancia.

Y de la misma manera, Holmes a su vez, estaba al tanto de las sospechas de su único amigo.

El detective consultor, regreso a la realidad. Retomó su observación en el dibujo que había alterado a Watson, y luego se levantó desde su asiento, con una idea fija en su cabeza:

"El Hospital siquiatrico Bethlem Royal"

Era hora de visitar el lugar donde el incidente había comenzado.


Sólo tuvo que enviar un mensaje a Mycroft para que este le consiguiera de inmediato los permisos que necesitaba. Sherlock tenía que admitir que de cierta forma se encontraba agradecido de que su hermano no le hubiera echo pasar por su habitual interrogatorio antes de ceder a la petición.

Holmes ingresó al recinto donde fue recibido por el supervisor de turno, este le explico a grandes rasgos que por asuntos protocolares no podían darle más de 30 minutos dentro del área que él prescindía. Sherlock asintió sin mostrar mucho entusiasmo y procedió a firmar el documento en el que declaraba que era su exclusiva responsabilidad el ingreso al sector.

Cuando finalmente entró en el edificio, Sherlock se halló siendo guiado por los enfermeros encargados de turno. Estos lo adentraron hasta el piso especial donde John había residido durante esos días. Sólo cuando la puerta de la ex habitación de Watson se cerró dejándolo dentro. El detective pudo entender por que el doctor se había alterado tanto en su estadía en "la jaula". La sensación de reclusión rodeada de individuos con ciertas limitaciones terminaba siendo casi del todo exasperante para Sherlock, este comenzó a hacer su análisis exhaustivo en el cuarto, revisó la cama, la puerta, las paredes, riéndose un poco por el dramatismo de John al hallar en una de estas marcas que representaban los días que había tenido su estadía en el internado. En 5 minutos se encontró tumbado en la cama con evidente inquietud al no encontrar ninguna pista que le ayudará con el caso. Su frustración iba "in crescendo" (1) , cuando una voz irrumpió en su pensar:

-¡Has venido!, ¡Por fin has aparecido!- escuchó decir en un tono de voz emocionado

De un brinco Holmes se puso de pie quedando frente a la puerta de acceso de su habitación. El detective alzo ambas cejas en señal de desbarajuste cuando en el dormitorio frente al suyo, visualizo al dueño de las palabras.

-¿Debería suponer que me estabas esperando?- preguntó Sherlock con rostro estoico, rayando en la ironía

El interno del cuarto del frente al suyo cerró sus ojos y meció la cabeza en ambas direcciones con un vaivén inquietante.

-Demente- masculló Sherlock dándole la espalda, caminando de lado a lado ignorando al enfermo.

"-Estas preocupado, hombre de razón…"- canturreó el paciente desde el otro lado del pasillo, logrando que el detective volviera a prestarle atención.

-¿Por que lo estaría?- le instó cruzándose de brazos, viéndole a través de la ventanilla de su habitación.

-Su amigo… no debe estar bien…-

-¿Mi amigo?- repitió Sherlock haciéndose el desentendido

-Nadie que lo conozca puede terminar bien… si es que termina vivo claro- explico el extraño hombre meciéndose constantemente, como si estuviera bailado un vals insonoro.

-Shhh… nos puede escuchar- le susurró abriendo los ojos y mirándole por primera vez

-¿Quien…?-

-El monstruo, "aquel que regresó del infierno"- susurro como si fuera su secreto mejor guardado.

El interno danzo un par de pasos más manteniendo una mano en alto y la otra al frente simulando llevar a una pareja mientras decía- Yo lo vi. Lo he visto regresar desde el más allá- Giro la cabeza enfrentando de nuevo al rostro inexpresivo de Sherlock- Yo era como tú, un hombre racional que no creía lo suficiente, hasta que lo vi…-

-¿viste que…?- preguntó el genio con su voz de barítono

La expresión del hombre cambió, su voz empezó a tartamudear y detuvo su incesable danza. Las marcas bajo sus ojos se volvieron más profundas y su mente pareció viajar hacia un lugar ajeno a sus conocimientos.

-¡Los niños!- bramó - ¡Ellos…. ellos lo trajeron!-

Holmes, se quedo en su lugar un poco cautivado por la locura de aquel hombre, un poco desconcertado por las palabras que decía.

-¡Tú!- le dijo apuntándole mientras su lengua se enredaba- ¡Debes creer para poder pararle!-

-¡Explícate…!- exigió Sherlock, acercándose a la ventanilla de su puerta.

-¡No estoy loco!- balbuceó el hombre desde el otro cuarto con voz infatigable- ¡No lo estoy!

Pero ya no hubo respuesta, una baja de luz inexplicable afectó la estancia donde Sherlock se encontraba, el detective puso todos sus sentidos en marcha intentando visualizar lo que sucedía a su alrededor, sin embargo la oscuridad era tan profunda que ni siquiera daba paso para distinguirse así mismo. Holmes llamó al paciente instándole a contestarle. Más no obtuvo respuesta. El resto de los internos también habían callado, "La jaula" había caído en un silencio sobrenatural.

Cuando al fin Sherlock Había conseguido forzar la cerradura de la puerta de su celda, tropezó con el personal del piso, quienes venían a revisar el lugar. Los hombres le preguntaron amablemente si se encontraba en buen estado, cosa que Sherlock ignoró categóricamente, exigiendo que abrieran la habitación del interno que estaba frente a el.

Los enfermeros iban a protestar cuando un grito estridente proveniente del mismo cuarto les hizo cambiar de idea. Con rapidez avasalladora, se adelantaron a entrar a la habitación. Pero ya era tarde.

El silencio confirmaba lo evidente. Sólo hizo falta que dieran un paso dentro del lugar, para que la luz volviera a "la Jaula", confirmando sus sospechas.

-¡Santo Dios!- dijo impactado uno de los hombres

-¡Esta muerto!- soltó el otro

Sherlock observó al hombre que estaba tendido sobre su cama boca arriba, su cuerpo estaba intacto. Todo, menos su mandíbula. Esta había sido abierta por su extremo superior e inferior, en consecuencia sus labios habían sido rasgados en sus comisuras haciendo de su sonrisa, una forma prominente que llegaba a la altura de sus pómulos. Pero no. Ni la sangre, ni la crueldad misma le habían matado. El detective, miró a dentro de la cavidad bucal, extendida aclarando sus sospechas.

-"Suicidio"- recitó Sherlock con seguridad magistral

-¿Como lo sabes?- preguntaron despavoridos

-Sus manos- dijo indicándolas- como verán están manchadas de sangre y no solo eso, en la mitad de sus dedos muestran las marcas de los dientes. Si se hace el análisis, les aseguro que podrán comprobar que las marcas coinciden. Por otra parte, no es eso lo que le ha causado la muerte a nuestro hombre. Hasta un niño podría ver que este se ha cortado el tendón que fija la lengua a la boca, en consecuencia el músculo por su peso se ha desplazado hacia atrás obstruyendo el conducto de aireación pulmonar. ¿Cuál es el resultado?, obviamente, la asfixia. ¿Cómo lo podemos comprobar? – se preguntó así mismo ignorando a quienes estaban en a habitación- Sólo debemos buscar en el piso.

El detective consultor se puso de rodillas, con la intención de husmear bajo la cama del ahora cadáver. Le costó adaptar la vista, hasta que finalmente logró enfocar con precisión el sector que necesitaba ver. Sin embargo, no encontró nada. Sherlock sin dudarlo, se adentro más adentro en el lecho palpando a su paso todo lo que estaba en el suelo. Pronto, en cosa de minutos encontró la pieza que le faltaba. El detective con sumo cuidado extrajo el instrumento envolviéndolo en un pañuelo para que no se contaminara.

-Como verán. Su sistema de seguridad no es el más hermético- dijo primero mostrando una pequeña navaja a contraluz- este es el arma homicida señores-

Los sanitarios le miraron estupefactos, no podían creer que el hombre que tenían frente a ellos había resuelto un suicidio en cosa de minutos y sin siquiera mostrar ningún impedimento.

-La policía viene en camino declaró Sherlock con tranquilidad guardando su teléfono- ahora, si me permiten tengo que…-

Fue ahí, y sólo ahí, cuando el detective sintió una sacudida recorrer su columna. Sus ojos grises, se clavaron en la pared que estaba pegada a la cama. Sherlock se inclino un poco, con la idea latente en su retina de que había algo que se le estaba escapado. Y así pudo comprobarlo, al leer la pequeña frase que el hombre muerto había alcanzado a escribir antes de dejar la vida.

"El no me recuerda, pero ya lo hará… nos veremos cuando menos lo pienses… "

Holmes se echo hacia atrás fastidiado, y sintió la molesta sensación del desconcierto y confusión avanzar de la mano por su torrente sanguíneo. No había duda, el mensaje se lo enviaba Jack. Y si era así, su cabeza desplegaba innumerables hipótesis que dudaban fervientemente del supuesto suicidio. Pero ¿Como?, ¿como lo había echo para inmiscuirse en la celda en cosas de minutos?. O es que, ¿quizás había usado alguna droga? Y si era así ¿cuando la había suministrado?

Holmes se giró buscando la salida, ya había tenido suficiente en ese lugar y necesitaba abandonarlo. Fijó sus ojos por última vez en la escena y quizás ese fue el detonante.

Sherlock se dio cuenta. En la habitación, la pared de al fondo, tenía muchos dibujos, todos eran obras de la mente trastornada de aquel individuo. Sin embrago hubo uno. Uno que le inquietó. Pasmado reconoció en el muro, el mismo dibujo que había desatado el ataque en John, el mismo bosquejo que Joseph había echo.

El detective estaba admirado, tanto, que no se percato de que alguien había caminado hacia él tomándole del hombro.

-¿Sherlock?-

-¿Les...trade?- susurro levantando los ojos

-Si, tu me llamaste ¿recuerdas?

Sherlock asintió apresuradamente, recobrando su actitud insensible. Este se soltó una bocanada de aire y se rasco la nuca haciendo un esfuerzo por sonar "normal".

-Necesito que me envíes los informes del análisis forense, la autopsia y también que revisen el historial de todas las visitas que tuvo desde que ingresó.

Gregory asintió siguiéndole con la mirada, conocía a Sherlock un buen tiempo como para darse cuenta de que algo no encajaba en el comportamiento del hombre.

-¿Esta todo bien?- preguntó Lestrade antes de perderlo de vista

Sherlock detuvo su andar para responderle con tono rígido

-Sólo consígueme todos los datos cuanto antes-

Eso fue lo último que señaló, antes de retirarse con urgencia. Dejando tras de sí un halo de confusión.


Cuando regreso a Baker Street lo hizo pensativo. Entro a la sala principal, sintiendo el aroma a almíbar, canela y algunas otras especies que, normalmente hubiera reconocido, si no se encontrase tan distraído. Se acercó a la repisa de la chimenea, tomó algunos parches de nicotina para agregarlos a los que ya traía puestos. Antiguamente, Sherlock no hubiera escatimado en usar una dosis generosa de cocaína para esclarecer su mente.

Pero las cosas ahora eran diferentes. Vivir con John decisivamente le había afectado en cuanto a su acercamiento con los "comportamientos normales" de su especie.

Y más aún con la llegada de "la cosa", a quien el detective le había aprendido a tener cierta estima de la que renegaría hasta final si era necesario. Por que para Sherlock, el terreno de los "sentimentalismos", era un mundo desconocido, ajeno e incluso innecesario. Lamentablemente, el mismo se había dado cuenta de que eso no era del todo cierto, en el momento en que se encontró a John en su camino.

El detective se quitó su abrigo y termino de sumar el par de parches de nicotina al par que ya traía puesto en su brazo izquierdo.

-¿Cuatro parches? -

Sherlock se volvió bruscamente, enfrentando a John, quien le observaba con el ceño fruncido.

-Hola John-

-¿Por qué cuatro parches, que ha sucedido?- le preguntó el medico sin siquiera un poco de simpatía.

-¿Cómo te has sentido?- preguntó Sherlock evitando el asunto, forzándose a ser amistoso

-Mejor, la señora Hudson me trajo comida y bocadillos- respondió John cruzándose de brazos

-¿Y donde esta la cosa?-

-De compras con ella

-Ya veo-

John fue hasta la cocina, hizo hervir el agua y preparó dos tazas de té, que dejo en la mesa donde habitualmente desayunaban. Se sentó e hizo un gesto para que su compañero imitara sus actos. Sherlock entendió el mensaje y se sentó frente a John mirando la taza de té entre sus manos.

-¿Donde estabas?- Watson se atrevió finalmente a indagar

-"Caso"- contesto Sherlock probando un poco de la infusión.

-Lo suponía, ¿difícil?-

-Normal- le mintió a propósito

-Sherlock…

-John...- dijo imitando el tono de sermón de su amigo

-¿Por que cuatro parches?

- ¿Y por que no?- le dijo indiferente

-Solo usas 4 parches cuando hay algo que no puedes aclarar de inmediato-explico John demostrándole a Holmes su punto.

Sherlock ignoro el comentario y se levantó de la mesa. Se arrimo en el sofá y tomo su propia computadora, la que abrió y comenzó a teclear.

John suspiró, se levantó también y llevo las tazas al fregadero. Luego avanzo hasta donde estaba Holmes situándose en su sillón de siempre.

-¿Qué?- dijo Sherlock al notar la mirada fija e inexpresiva de John puesta en él.

-Estoy esperando- contesto el otro alzando ambas cejas-

-No pasa nada John, simplemente me estoy aburriendo. Tengo que controlar con algo los impulsos de mis pensamientos- explicó

-Me estas mintiendo- le dijo John con esa mirada sincera que solo utilizaba cuando las cosas no estaban bien.

El silencio, incomodo y frío lleno la estancia. Sherlock miró algún punto en la pantalla de su ordenador y John se lamió los labios.

-John…

-¿Es por mi amnesia verdad?, no soy idiota ¿sabes?, sé que me han estado ocultado algo desde que tuve ese accidente.

-John…

-No, déjame terminar- le exigió levantando las manos- te has estado comportando extraño últimamente, es decir, más de lo que ya estoy acostumbrado a que estés. Y déjame decirte que aunque intente pasarlo por alto, finalmente es demasiado evidente que alguna jodida verdad me estas escondiendo.

-John, el estrés de tu accidente esta provocando que pienses cosas que…-

-¡No es estrés!, Sherlock por todos los cielos soy medico, se reconocer los síntomas de una enfermedad fácilmente- le grito en la cara, para ese entonces Sherlock se había levantado de su asiento y ahora yacía frente a la repisa de la chimenea, jugueteando con los restos de polvo esparcidos sobre esta. El rostro del detective mostraba signos de estar planeando algo, y así lo dio a entender, cuando se giro enfrentando a John para preguntarle:

-Y si no es estrés, ¿Que es entonces?

John, se quedo en su sitio sin saber que decir. El medico ágilmente intento idear una respuesta a la altura de la situación y la que además sostuviera su teoría. Sin embargo, al poco tiempo se percato de que no se le venia nada lo suficientemente admisible a la cabeza...

-Bueno yo…- trato de empezar a explicar con nerviosismo…

-¡Ilústreme Dr. Watson! ¿Que es indican sus síntomas?- pidió Sherlock con aires de supremacía

-Y-yo, no estoy seguro de ello…- admitió con desgano.

-Entonces no hay mas de que hablar.- sentencio Holmes con tono perpetuo, dando fin a la conversación mientras caminaba en dirección a su cuarto.

Una vez más, John se quedó solo en la sala. El medico se desplomo en su asiento, y se hecho hacia delante agarrándose la cabeza, jalándose los cabellos rubios canosos. La cien le punzaba un poco desde la mañana y ahora luego de discutir con Sherlock el dolor había ido levemente en aumento.

Al cabo de un rato, alzo su rostro. Su cara se contrajo en un mohín cuando vio el destello de un pequeño objeto filoso descansando sobre la mesilla del frente. Una navaja, que el dedujo había sido olvidada por Holmes, terminó por fascinarle ridículamente a él; Un cirujano experto, que ahora se veía encantado por un cuchillo viejo, olvidado sobre la superficie de madera pulida.

El ex solado tomó el objeto cortante con la intención de asignarle un nuevo lugar, pensando en lo peligroso que podría resultar ser para Joseph, si lo cogía por error.

Entonces, vino a él un sentimiento que lo inmuto. Se sintió extraño cuando una corriente fría recorrió sus antebrazos erizando sus vellos, helando sus venas. Algo se adentró en su cabeza como telarañas de recuerdos crecientes, atrapando dudas, negruras, imágenes brumosas, oscuras. De repente, ya parecía de noche, ¿quizás, estaba en un bosque? Sin embargo, le era familiar. Luego, vislumbro una cabaña, se adentro a ella y descubrió habitaciones vacías… la ansiedad dio un paso al frente en el cuando se percato de algo nuevo, ahora escuchaba. Si, ¡oía con claridad! Algo… un ¿murmullo ronco?; parecía una risa, ¿un llanto de mujer tal ves? No estaba seguro. Y al fin en medio de todo el caos, la vio. La figura de un hombre extraño, la gran sombra omnipotente que se extendía hasta él, inundándolo de oscuridad. Expeliendo miedo. Fue en ese instante en que John, decidió huir.

Tenia que salir. Regresar a casa, a su lugar seguro. Pero que difícil escapar de la propia mente. ¡De un miedo constante, de eso cercano pero invisible!

Fue cuando convenientemente recordó el cuchillo que había tomado de la mesa, ahora aun lo sostenía en sus manos. Watson no dudo en que hacer. Su temperamento de soldado actuó por instinto. La imagen de esa cosa le revolvía el estomago, se sentía amenazado y un poco vulnerable. Por eso, sin sopesarlo, irguió el filo del objeto y con coraje lo empujo contra él. La sombra lo esquivo una vez, dos veces, pero su fortuna hizo el resto en la tercera vez, cuando finalmente le acertó.

John apreció felizmente el líquido espeso y calido deslizarse en la mano que aún sostenía el arma.

Y entonces, para su quietud, la claridad regresó a su cabeza. Disipando las dudas, retornándole el sosiego. Ya no estaba en el bosque ni en la casa vieja.

No.

Ahora volvía a estar en Baker Street, en su casa. Pero no se hallaba ni en su pieza, ni en el salón, tampoco en la cocina. Poco a poco, fue recobrando sus sentidos, así distinguió las paredes, reconociendo el viejo decorado. Se sorprendió al entender que se hallaba en el cuarto de Sherlock y su sorpresa fue peor cuando miro al frente…

Su mano, al igual que en su visión, aún sostenía el puñal clavado en la carne caliente.

Pero no era a la sombra tenebrosa a quien había atacado.

No.

Con pavor los ojos azules de John buscaron los grises de Sherlock, pidiendo alguna explicación. Y como respuesta, sintió con espanto como la mano de Holmes empujaba su puño fuera de su costado.

Lo había hecho, para su sorpresa y total asombro, había apuñalado a Sherlock Holmes.

En ese momento John quiso huir, esconderse y no pensar en lo que estaba pasando, pero la parte recta de su cabeza le impidió hacerlo. Se quedo estoico, casi sin pestañear, sintiendo los efectos de su cojera psicosomática avanzar.

-John-

La voz de barítono, sonaba mas gruesa que en otras ocasiones. John se vio obligado a salir de su estado de estupor sobretodo cuando se percato de cómo Holmes intentaba buscar el botiquín de primeros auxilios mientras trataba en vano detener la sangre que manaba de su costado.

-Por Dios… que eh hecho- susurro John dejando caer el cuchillo, mientras poco a poco la cordura iba volviendo en sí…

Continuará…

Notas:

Hola, les debo una disculpa lo sé…

Últimamente eh estado trabajando mucho en un proyecto para publicar algunos de mis cuentos de forma profesional. Y gracias a ello no he podido dedicarme al cien por cien en esta historia. Pero no por eso significa que no la continuaré y la dejaré de lado. Por favor no vallan a pensar eso. Las actualizaciones seguirán siendo semanales desde ahora, quizás si el tiempo me acompaña, haga dos en ves de una por ello haré todo lo que este a mi alcance.

Chicos (as) les agradezco mucho por seguir el fic, de verdad me gusta mucho escribir en esta sección y es motivador e interesante para mi leer vuestros comentarios.

Agradezco especialmente Naoki ( Noriko Rama) por hacer unos preciosos dibujos basados en el fic.

¡Muchas gracias! Los dibujos los pueden ver en mi deviant art w w w . dulcevicio. deviantart. com (junten los espacios) Los dibujos están en una carpeta que dice Sherlock BBC, hay algunos míos también.

Ahora habiendo aclarado esto nos vamos con el fanfic:

-Como han podido leer antes el pobre John fue drogado… decidí usar esa sustancia por que me servia para lo que viene en la historia. No es que John valla a ser la marioneta de Jack, quizás lo sea en parte, pero no es la idea.

-Sobre la prensa, decidí mostrar la presión que tiene Scotland Yard por que pienso que es importante que se aprecie que es lo que esta sucediendo en el entorno. Ya que debido a ello van a acontecer otros sucesos.

-Sobre quienes me preguntaron si el tipo encerrado en el psiquiátrico es el mismo del sabueso de los basquerville, lamento decirles que no. No lo es. Sin embargo este personaje ya cumplió su cometido, que era sembrar la duda en la cabeza analítica de Sherlock.

-Finalmente nos queda el asunto no menos importante de Joseph. El dibujo ¿verdad?

La pregunta es ¿ como es que ese niño y el hombre en el hospital dibujan lo mismo? esta será la pista que hará a Holmes desentrañar parte importante de la verdad.

Bueno los debo dejar hasta aquí, ya saben cualquier duda, consulta, lo que quieran pueden preguntarlo por interno o escribirme a basquervilleh (arroba) gmail . com

A los reviews como siempre los eh respondido y a quienes no tienen cuenta les conteste al final del comentario.

Muchas gracias por seguir el fic!

COD!


« First « Prev Ch 8 of 12 Next »

Review

Share: Email . Facebook . Twitter

Story: Follow Favorite
Author: Follow Favorite

Contrast: Dark . Light
Font: Small . Medium . Large . XL

Regular Site . Blog . Twitter . Help . Sign Up  Top