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Desde que volviste del infierno La mirada de Sam by 3R

TV » Supernatural Rated: K+, Spanish, Supernatural & Drama, Sam W. & Dean W., Words: 50k+, Favs: 2, Follows: 2, Published: 4-6-12 Updated: 12-12-12
55 Chapter 10: Heaven and Hell

Anna-Ross, Green gracias, de verdad, ya se que siempre digo lo mismo, que publicaré aunque no tenga reviews y todo eso... y es cierto pero no tenéis ni idea de lo que levanta la moral... Es que hasta ayuda a escribir... Así que de veras, muchísimas gracias por dejar vuestros comentarios.

Quiero pedir disculpas, aquí apenas he añadido nada. No me odiéis.


DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO

(La mirada de Sam)

"Heaven and Hell"

Ana resultó ser un ángel caído. No puedo dejar de preguntarme si lo que hicimos estuvo bien. Dean no tiene esa duda, pero yo…

Sé que debería estar bien, al parecer no va a haber represalias contra nosotros, pero… Otro pero. Demasiados peros ha tenido este absurdo trabajo. Al menos hemos salido vivos.

Rubi se ha ido, hemos salido vivos de un enfrentamiento entre el cielo y el infierno y llevamos seis cervezas en hielo. ¿Qué puede ir mal?


No necesitan mesas, ni sillas, Sam se sienta en el capó del Impala como ha hecho desde niño, Dean se apoya en el lateral como también ha hecho desde niño. El menor siempre supo que comenzó a hacerlo por cuidar de él, para que no se cayese, ahora es un gesto tan natural entre ambos como respirar, cree es uno de los pocos gestos que Dean mantiene.

Se toman sus cervezas en medio de la nada, rodeados de un monte, árboles y el sonido de los pájaros previo a la lluvia que amenaza en el horizonte. Es una celebración, no tienen muchas de esas. Pero se va a convertir en otra cosa cuando Dean murmura.

- Sé que le oíste.

- ¿A quién? – Sam sabe a quién se refiere, pero no presiona, deja que el mayor se decida a hablar por fin.

- A Alastair – el nombre sale como una bola de espinas de la garganta del rubio – lo que dijo, lo de que yo prometía.

- Le oí – ahora que analiza la frase, Sam casi no quiere saber a qué se refería el demonio, sólo "casi".

- ¿No sientes curiosidad?

Dean, me muero de curiosidad, pero tú no quieres hablar del infierno y no te presionaré – el castaño se resigna a que tampoco sea esta la vez que se confiese aunque sea un poco, merecen un rato de paz ¿no?

Siguen bebiendo en silencio, el viento comienza a hacer acto de presencia y esa vez el castaño no lamenta que el mayor vuelva a encerrarse en sí mismo. Se equivoca, un par de minutos más tarde y haciendo un terrible esfuerzo por parecer indiferente, Dean dice.

- No fueron cuatro meses.

- ¿Qué? – replica Sam sorprendido, no esperaba que fuesen a seguir hablando de ello.

- Fueron cuatro meses aquí, pero allí… - la entereza del mayor se tambalea un segundo – no lo sé, allí el tiempo es distinto… fueron más de cuarenta años.

Sam no sabe cómo reaccionar a las palabras de su hermano, quizás debería bajar del capó o mirarle a la cara o… No lo hace, siente que si hace algo de eso Dean no será capaz de dejar salir todo lo que lo está destruyendo desde que lo sacaron de allí, desde que los recuerdos fueron invadiendo su mente. Se limita a escuchar.

- Dios mío – murmura, haciendo saber al mayor que no está solo.

- Ellos me apuñalaron, me cortaron y destrozaron con cosas que tú… - el castaño escucha el relato del mayor con el corazón oprimido por la desolación de esas palabras – hasta que no quedó NADA, y de repente estaba entero otra vez, parecía magia, y empezaban de nuevo. Y Alastair, al acabar cada día, ca-da día, se acercaba y me hacía una oferta: "Dejar de torturarme si me llevaba otras almas y empezaba yo a torturarlas" y cada día le decía que se metiera su oferta por dónde le cupiera, durante treinta años le repetí eso…

Y Sam comprende que no importa lo que haga para ayudar a su hermano, no necesita que siga, ya sabe lo que le ocurrió y es mucho peor de lo que creía. Porque Dean tenía razón, no se trata de algo que se solucione con un poco de cariño.

- Pero un día no lo soporté más Sam – el mayor se rompe como no ha visto nunca, se auto castiga obligándose a contarlo todo – No pude, y me soltaron del potro, y… Dios me ayude, bajé de allí y empecé a destrozar a otras personas… no se a cuántas almas se lo hice… Las cosas que les hice.

- Dean – consigue sacar el pequeño del nudo tremendo que se le ha hecho en la garganta por lo que acaba de escuchar, ahora su hermano le necesita, necesita saber que no tuvo elección, pero sabe que diga lo que diga no cambiará nada, nota el sollozo de alguien a quien no está acostumbrado a ver llorar – aguantaste treinta años, es más de lo que aguantaría cualquiera.

- Ahora siento todo eso dentro de mi – gime consciente de que no merece el consuelo que las palabras del menor le han ofrecido – Ojalá no sintiera nada de nada Sammy, ojalá no sintiera nada en absoluto.

El dolor del mayor impide que Sam pueda hacer otra cosa que estar ahí y presenciarlo. Su cabeza es un hervidero mezcla de cariño, compasión, rabia, odio, vergüenza y necesidad de hacer algo por su hermano.

Piensa tantas cosas en esos minutos que deja a Dean desahogarse. Baja lentamente del capó dudando entre seguir lo que le dicta su corazón o lo que dicta su cabeza. Puede el corazón, es un defecto de los Winchester.

Aprieta a su hermano contra su pecho, sin decir nada. Lo retiene ahí unos minutos mientras los sollozos disminuyen. Le da igual lo que diga ese imbécil de Uriel. Ahora lo odia, y a Castiel. Ellos han permitido que su hermano esté así. Si era el elegido para esa misteriosa misión celestial, ¿Por qué no lo rescataron antes? ¿Por qué permitieron que muriese?

No tienen derecho a juzgarlo, ni a Dean ni a él. Ellos son los fuertes, los poderosos, los que tendrían que salvarlos a todos y han permitido que la persona más valiente que conoce se vea sumida en la desesperación.

Dean se retira y le mira a los ojos avergonzado por haber sido tan débil.

- Vaya numerito ¿no? – sonríe, Sam ya comprende por qué sus ojos no brillan desde que volvió.

- Puedes con ello, lo superarás – afirma el castaño con una seguridad que no siente – lo superaremos.

- Ya, ¿nos vamos?

Lo que tuvo que pasar su hermano hace crecer el rencor que creía había desaparecido. Odiaba que cualquier ente, sea del cielo o del infierno, se haya cruzado en sus vidas.

La lluvia hace acto de presencia y no pueden hacer otra cosa que meterse en el coche y marcharse de ese lugar. Esa tarde, la única música es el repiquetear de las gotas de agua en el parabrisas.

Continuará...


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