¿Qué tal? Aquí me tienen de nuevo, espero no hartarlos ; . ; Bueno, un nuevo oneshot de una de mi pareja favorita de Inazuma.
Este es mi primer lemon, así que espero que me haya quedado bien, en serio que me costó a hacerlo.
Lean!
Infierno. Esa palabra perfecta para describir en donde y en que situación se encontraba Goenji, o al menos para él era eso.
Vamos, que la tortura que estaba recibiendo era demasiado, ¿Qué había hecho para merecerlo? ¿Qué? Nada, el pobre chico pelicrema no había hecho nada malo en su vida, o al menos no los últimos días. Observó hacia delante de nuevo, y miró como su tortura aumentaba al ver el motivo de su sufrimiento.
– Esto esta mal. – Pensó para sus adentros. – Esto no es justo, ¿Por qué yo? ¿Por qué no Fudou o Endo? ¡¿Por qué precisamente yo? !
Sus gritos no eran escuchados por nadie más que por si mismo, su tortura parecía no tener piedad con él. Cada vez era más difícil de soportar, era molesto y frustrante para él todo eso. Pero por sobre todo, era tan tentativo. Sentía que en cualquier momento se saldría de control, y todo por culpa del calor, ese infernal calor de verano que había iniciado con su tortura. Y todo se reducía a una sola y simple pregunta que le torturaba el alma.
¿Por qué Fubuki tenía que usar esos casi diminutos shorts?
Así como lo oyen, Goeni Shuuya se torturaba internamente por una razón. Fubuki estaba usando unos shorts que apenas y cubrían sus piernas, sus blancas, delicadas y deseables piernas.
Divino castigo de los dioses, ¿Por qué el mundo era así con él?
– ¿Goenji-kun, te encuentras bien? – Le preguntó el ángel de las nieves al pelicrema.
– Si, estoy bien. – Era más que obvio que era una mentira y eso el menor lo notó.
– Se cuando me mientes. – Dijo el peliplata. – Dime que te pasa, desde hace un rato de te ves algo nervioso.
– No te preocupes, es solo el calor. – Si, el calor era el responsable de todo esto.
– ¿Seguro? – Inquirió el albino.
– Si.
Es obvio que Fubuki no quedó convencido por la respuesta del delantero, pero conocía a su novio –si, su novio–, y sabía que este no le diría nada hasta que él mismo lo descubriera o simplemente sintiera la necesidad de hablarlo.
Mientras Shiro seguía pensando hasta cuándo tenía que esperar a que su novio decidiera contarle lo que le ocurría, Goenji trataba con toda sus fuerzas, no abalanzarse al menor y violarlo en ese mismo momento en su departamento compartido.
Sus deseos de hacer ciertas cosas estaban apunto de tomar control de él y la situación y posición en la que se encontraban no era precisamente favorable a su estado. Los dos chicos estaban sentados en el sillón viendo desinteresadamente una película, aunque en realidad ninguno de los dos la veía, cada uno pensaba en sus cosas. Shiro estaba recargado en el hombro del mayor mientras que éste lo rodeaba con su brazo, ambos muy cerca del otro, y para tortura de Goenji el albino tenía sus piernas sobre el sillón, totalmente expuestas por esa microprenda que casi ni cubría nada, y todo eso lo estaba matando interiormente.
¿Cuánto había pasado desde que se había puesto ese short blanco? ¿Una, dos horas? ¿O quizás más o menos?
No lo sabía, pues cada momento era como una vida en el infierno, ya casi estaba apunto de levantarse del sillón e irse a golpear contra un muro para desmayarse y poder descansar de todo eso, o mejor aún, morir. Pero no, no podía hacerlo, Shiro seguramente se deprimiría para toda la vida, y cabe la posibilidad de que algún pervertido quiera "consolarlo" y aprovecharse de la situación del pobre chico para robárselo –aunque ya estuviera él muerto–. No, eso no se lo podía permitir nunca, Shiro era suyo y no se lo dejaría a nadie más.
Pero volviendo al tema de las torturas, les diré como es que comenzó todo esto. Desde el momento en que Goenji sintió que algo iba mal.
Su mañana había iniciado como cualquier otra, él y su novio habían ido a la escuela como siempre, las clases trascurrieron de lo más normal, todo iba bien. Pero entonces legó la hora del entrenamiento, ahí fue cuando todo dio rienda suelta.
Si bien Fubuki ya estuviera algo acostumbrado a el clima de Inazuma Town, su poca resistencia al sol y al el infernal calor que se había desatado ese día lo estaba acabando.
Con cada paso que daba sentía que se le acababa las energías, sudaba más de lo normal y sus jugadas eran erróneas. El equipo pareció notarlo, aunque claro que se podría saber que algo le pasaba a Fubuki con tan solo ver su rostro sonrojado por el sol y su respiración agitada e irregular.
– Shiro, no te ves muy bien. – Le dijo su hermano.
– Si, te ves muy cansado. – Dijo ahora Hiroto.
– No se preocupen, solo tengo algo de calor. – Trató de convencer el albino a sus amigos en vano, su estado era más que notable, estaba apunto de sufrir una insolación.
– Shiro será mejor que descanses un poco. – Le dijo Goenji a su chico.
– Pero me encuentro bien. – Insistió el menor.
– Goenji tiene razón. – Habló ahora Kazemaru. – Deberías descansar por al menos unos minutos.
– Pero…
– Fubuki será mejor si te relajas un poco. – Comentó el capitán de Raimon. – No nos gustaría que algo te pasará.
– … – Shiro se dio cuenta de que sus amigos no desistirían en dejarlo jugar al menos por un rato, así que solo suspiró derrotado. – De acuerdo, pero solo será por un rato. – Dijo con tono de resignación mientras que los demás sonreían algo aliviados.
– Muy bien, pero no hagas mucho esfuerzo. – Le dijo su amigo peliazul.
– Si, si.
Los demás regresaron al juego mientras él salía sin mucha prisa de la cancha, pero entonces algo pasó, empezó a sentir un gran mareo y su vista se volvía borrosa. Goenji, quien a pesar de haber vuelto al entrenamiento no había apartado la vista de su novio, notó como éste se tambalea un poco, se detuvo y miró mas fijamente al menor, quien parecía algo aturdido, algo en su interior lo preocupó.
– Oye Shiro. – Le dijo en voz alta para que lo escuchará el Fubuki mayor, sin embargo no obtuvo respuesta alguna. – Shiro. – Dijo aun más fuerte.
Para Fubuki las cosas no iban bien, sentía como su cara se adormecía y un calor horrible se apoderaba de él, su respiración se volvió aún más errónea y dificultosa, su vista se difuminaba cada vez más. Finalmente su fuerza lo abandonó en un solo momento, y mientras oía como Goenji gritaba su nombre, solo alcanzó a ver como corría hacia él mientras todo se volvía negro y caía.
Básicamente eso fue lo que pasó, el pobre Fubuki tuvo una insolación debido al calor, no pueden imaginar la enorme preocupación que sintió Goenji al ver a su novio caer a unos cuantos metros de él. Cuando aliviado, se enteró por parte de Kido que solamente había caído rendido debido al poder del sol, miró el rostro del menor, cubierto de sudor y adornado por un sonrojo, con la respiración agitada y el sudor en él, y no pudo evitar sentir un pequeño sentimiento de deseo, seguido de una enorme culpa y regaño moral.
– ¿Quién demonios se excita al ver a su novio inconsciente por una insolación? – Se regañó internamente, hay Goenji, si tan solo supieras.
Luego de unos momentos, Endo había dicho que sería mejor si llevaba a Fubuki a su departamento para que descansara apropiadamente y que se quedará con él. Por supuesto no se negó, la salud de Shiro lo tenía algo preocupado a pesar de saber que no era algo tan grave, no podía evitar sentirse inquieto el tener en sus brazos inconsciente. Así púes, salió de la preparatoria con el inconsciente Shiro en sus brazos a menos de la mitad el entrenamiento directo a su hogar.
Dejó al albino en la cama y lo abanicó ya que no quería encender el aire acondicionado pues podría enfermarse. En poco más de media hora el menor despertó algo aturdido, dejando a Goenji más tranquilo.
– ¿Qué me pasó? – Preguntó algo ido.
– Te desmayaste en el entrenamiento. – Le dijo atento a las acciones del peliblanco.
– ¿Enserio? – Dijo como alarmado. – Que pena que todos me hayan visto así, debí haberme visto patético.
– Claro que no. – Le dijo Goenji rápidamente. – Es solo que el calor fue demasiado para ti, cualquiera podría desmayarse por el sol en este tiempo de verano.
– Bueno, me alegra que me digas eso. – Comentó Fubuki sonriéndole a su pareja.
– Que bien, pero ahora deberías darte un baño para refrescarte un poco. – Habló con calma el pelicrema.
– Tienes razón. – Fubuki se levantó con cuidado de la cama siendo ayudado por Shuuya, pues aun no se recuperaba del todo del golpe de calor.
– ¿Quieres que me bañe contigo? – Dijo Goenji sin notar lo mal que había sonado esa frase.
– Bu-bueno, yo… – Shiro se puso algo rojo, pues recordó unos incidentes que habían sucedido entre él y Goenji cuando se bañaban juntos, unos que iban vinculados con un pequeño dolor de trasero.
El mayor pareció darse cuenta finalmente del mal interpretado contexto de la oración, pues también sufrió un pequeño sonrojo.
– No me refería a eso. – Trató de corregirse rápidamente.
– Lo sé. – Dijo riendo por la expresión de su novio que trataba desesperadamente de evitar que mal interpretara la frase, aunque ya era tarde. – No te preocupes, no me pasará nada.
– ¿Seguro?
– Esta vez lo estoy.
– Bueno, pero espero que esta vez no te caigas en la ducha.
– Lo prometo. – Dijo sonriente Fubuki.
Luego de eso, Goenji dejó a su chico para que se bañara mientras el iba a preparar algo para comer, seguramente Fubuki tendría hambre después de todo lo que pasó y para ser honestos, él también. Al rato salió un Fubuki empapado después de darse una reparadora y fría ducha. Saco ropa interior y se la puso para poder quitarse la toalla, entonces buscó algo que ponerse, honestamente no tenía nada de ganas de ponerse un pantalón, así que decidió ponerse la ropa más fresca que encontró, una camisa sin mangas negra y unos shorts casi diminutos –regalo de Midorikawa–. Por un momento se sonrojo, no pensó que llegaría el momento en que debería ponérselos, pero el clima no tendría piedad con él y no estaba dispuesto a caer dormido como una damisela en peligro de nuevo.
Cuando Shiro fue a buscar a Goenji para saber que hacía, con las diminutas prendas, este ya había terminado de preparar la comida, estaba apunto de llamar al albino y decirle que fuera a comer algo, pero cuando volteó lo encontró con esas pequeñas prendas que apenas y lo cubrían.
Entonces fue cuando su tortura de verdad comenzó.
Y así es como llegamos a la situación actual del delantero número diez, sufriendo por controlar sus deseos ocultos y poco sanos. Las ganas de tomar a Shiro y hacerlo suyo una y otra vez lo estaban carcomiendo por dentro, y quizás ustedes se preguntarán, ¿Por qué simplemente no lo hace? No debería haber problema alguno, eran novios y los novios hacen eso, así que no habría nada de malo en hacerlo. La respuesta es esta:
– Apenas lo hicimos ayer. – Pensó pesadamente el mayor.
La cosa era que, como Goenji estaba tan perdidamente enamorado de Fubuki, no quería hacerle daño alguno, y el problema era que a la hora de tener sexo siempre se "excedía" un poco. No media su fuerza y terminaban haciéndolo algo rudo, para suerte suya Shiro no le reclamaba nada, pero casi siempre terminaba con una pequeña sensación incómoda en el trasero.
Si, Goenji era así de, em… "potente". Y por esa razón no quería hacer nada con Fubuki ese día, por temor a lastimarlo, vaya que ese lobito de las nieves lo tenía hechizado.
– Shuuya. – Escuchó decir a Fubuki.
– Mande. – Dijo tratando de sonar normal.
– ¿Estas completamente seguro de que estás bien? – Le preguntó el albino, ahora las cosas se habían invertido, era él quien se preocupaba por el estado de salud de Goenji.
– S-si, ¿Y tú? – Trató de desviar el tema el mayor.
Shiro no le contestó, solo miró a su novio preocupado, entonces algo surgió en su cabeza. Y seguramente fue por las hormonas que le surgió ese pensamiento, o fue una iluminación por parte de Dios, aunque también podía deberse a las "charlas" que tenía con sus amigos sobre sus novios pero el punto es que creía ya tenía la respuesta de que le pasaba a su novio. Se sonrojó un poco, esta vez no por el calor.
– Em…, Shuuya. – Empezó a decir el albino con un pequeño sonrojo.
– ¿Si? – Contesto distraídamente Goenji, ya todos sabemos en que se estaba concentrando más.
– Podría ser que tu…
– Que yo… – Incitó al menor a terminar al ver que su frase había quedado a medias.
Shiro se sentía algo avergonzado de decirlo, bueno, eran adolescentes en pleno desarrollo, es obvio que surgirían ciertos deseos. Además lo hacía por su novio, quien se había preocupado mucho por él hoy y siempre lo cuidaba y que lo amaba. Se podría decir que lo que se disponía a hacer sería como un agradecimiento, uno muy placentero para ambos.
Se alejó un poco del mayor, dejando la comodidad de sus brazos para mirarlo fijamente. El pelicrema lo miró igualmente como preguntándole que había pasado. Shiro se acercó de nuevo a él, pero ésta vez puso sus brazos alrededor de su cuello, se sentó a horcadas sobre él bajo la sorprendida mirada de Shuuya.
– Shiro – Espetó sorprendido el mayor. ¡Esto definitivamente no le ayudaba en nada!
– Shuuya… – Empezó a decir el albino decidido pero con la cara roja.
– … – Goenji no lo interrumpió, esperó a que siguiera pero entonces se topó con algo. La holgada camisa que tría sin mangas le daba una buena vista de los rozados pezones de su pareja. Perfecto, lo que faltaba. ¡Ahora la camisa se aliaba con el short! – ¿Acaso le he hecho algo a la ropa para me haga esto? – Se lamentaba enojado para sus adentros. – ¿Acaso fue por darle a un perro esa fea camisa vieja? Si es así me disculpo con tigo dios de la ropa, ¡Si quieres me arrodillo a ti pero deja de torturarme de esta forma! – Es una enorme suerte que Shiro no le pudiera leer la mente a Goenji, pues esta ya había enloquecido por completo.
– Shuuya. – Volvió a decir el menor trayendo a la realidad al pelicrema. – Tú quisieras…
– ¿Qué?
Fubuki tomó la fuerza necesaria y dijo, casi gritando: – ¿Tú quisieras hacerme tuyo?
.
.
.
Si no fuera por que Goenji se había quedado, literalmente como piedra, habría sangrado hasta morir.
– ¿Eh? – Fue lo único que logro decir.
– ¿Eh? – También dijo el sonrojado Shiro. – No me digas que no era eso lo que te tenía inquieto.
– ¿Eh? – Shuuya empezaba a creer que eso sería lo único que sería capaz de pronunciar por el resto del día.
El albino solo pudo sentir como todo su rostro se ponía aun más rojo que al cabello de Hiroto y Nagumo combinados.
– ¡Lo siento! ¡Seguramente me vi como un tonto! – Se cubrió con las manos el rostro totalmente avergonzado. – Es que pensé, pues yo creía que, tu…
– … – Bueno, Goenji se había calmado un poco y miró intrigado al menor.
– Pensé que tu querías hacer algo, y pues yo… – Fubuki apenas y podía hablar sin tartamudear de la vergüenza . – Quería recompensarte por cuidarme y todo lo que has hecho por mi, pensé que te gustaría que tomara la iniciativa esta vez, así que… em…
– Shiro. – Goenji recuperó su cordura y se sintió conmovido por las acciones del menor, su Shiro, siempre tan atento a él y considerado, le sorprendía que no haya pensado en el dolor que podría tener si hubiera aceptado. Sonrió feliz al ver lo mucho que su novio pensaba en él. – Bueno, no te equivocas del todo, de hecho en nada. – Tomó sus manos y las quitó del rostro del menor para contemplarlo.
Shiro levantó su cabeza un poco para ver, aun avergonzado, a su pareja. – ¿Entonces no me vi como un tonto?
– Claro que no, y me alegra que te preocupes así por mi. En serio.
– Que bien. – Dijo aliviado el menor sonriendo.
– Si. – Shuuya tomó al menor y lo acercó a él, unió sus labios en un lindo beso que luego se fue transformado en uno más atrevido, Goenji con una mano sujetaba la nuca del menor para no separarse de él mientras que con otra terminaba de sentarlo sobre sus piernas, pues la posición que Shiro había adaptado antes no se había deshecho.
Lamió los labios del menor pidiéndole permiso para ingresar su lengua en él. El albino abrió sus labios gustosos, el ojinegro besó ferozmente a Shiro hasta casi dejarlo sin respiración, este emitía algunos gemiditos por el beso. Cuando finalmente el oxígeno fue necesario para ambos, se separaron por unos segundos tratando de conseguir aire. Goenji empezó a repartir besos por el rostro del menor, en su frente, sus ojos, en las mejillas, todo hasta ir bajando para llegar al cuello donde empezó a succionar para dejar unos cuantos chupones en él, Shiro solo gemía dejándose hacer.
– Ah, Shuuya…
– Shiro, ¿Tienes calor? – Le preguntó sin dejar de besarle el cuello.
– Si. – Contestó el albino, sacando una sonrisa pícara del mayor.
Goenji tomó a su novio y lo empujó al sofá debajo de él, enseguida volvió con los besos, pero ahora una traviesa mano acariciaba sus delgados brazos para empezar a colarse por su camisa, acariciando el vientre y la piel que alcanzaba. Después de besar su cuello, se encargó de quitar la prenda superior de Fubuki, su pecho subía y bajaba y la piel blanca le llamaba a gritos. Besó desde la clavícula hasta el pecho, donde empezó a lamer y succionar uno de los pezones del menor.
– Shuu…ya… – Gemía Fubuki al sentir placer.
Goenji lamía el pezón derecho mientras que con su otra mano estimulaba el izquierdo pellizcándolo, provocando en Fubuki placer que lo hacía gemir. Después de terminar con el botón derecho repitió el mismo proceso con el izquierdo, ahora pellizcando el derecho. Fubuki solo se entregaba como siempre a su amado delantero.
El pelicrema fue dejando un rastro de besos y lamidas por el pecho del menor, luego empezó a decender por su vientre, lamiendo la piel expuesta deteniéndose para jugar con el ombligo del menor mientras este suspiraba. Los gemidos de Fubuki empezaban a aumentar al igual que el calor en los cuerpos de ambos, esta vez no solo provocados por el clima, si no también por libido encendido de los dos. Goenji se detuvo en los shorts blancos que antes lo había torturado tanto, los desabotonó y los fue bajado lentamente para aventarlos más lejos posible.
– Shuuya. – Le habló Fubuki suavemente.
– ¿Si? – Contesto con voz ronca por la excitación.
– ¿Tú tienes calor?
– Por supuesto. – Con rapidez, se deshizo de su camisa y luego, de los boxers de Fubuki, dejándolo finalmente como Dios lo trajo al mundo, expuesto a todo merced de Goenji.
Sonrió travieso, pues siempre le excitaba de sobremanera tener a Shiro de esa forma. Tomó una de las blancas piernas de su chico, la acarició e inicio un repertorio de besos por ésta, haciendo suspirar y gemir al menor por tal acción. Llegó a finalmente a la entrepierna del menor, para entonces no podía estar más encendido, tomó su miembro por la base y le dio una lamida que sacó un gran gemido por parte de Shiro. Satisfecho por tal respuesta a su estímulo, empezó a mover su mano de arriba abajo en un lento vaivén que provocaba pequeños choques eléctricos de placer a Fubuki, después de estimular el miembro del menor con sus manos empezó a lamerlo.
– Ahh, ha, ahh… – Exclamaba el ojigrisáceo.
Goenji cubrió con su boca el miembro de su pareja y empezó a hacerle sexo oral, sabía perfectamente de memoria cada punto del menor donde podía provocarle más placer, sabía como debía lamerlo para hacerlo gemir como si no hubiera mañana, pues conocía todo, cada parte del cuerpo de Shiro, y eso no podía ponerlo más orgulloso.
– ¡Shuuya! Ah, ahhh… Es-espera, ah… – Trataba de decir el chico en vano.
– ¿Por qué? – Le dijo sensualmente deteniéndose solo por unos momentos. – Suena como si en verdad lo disfrutaras. – Dicho esto volvió a su tarea de estimular al miembro del defensa.
– Pero.. Ah ¡Ahh!, si no te detienes… – Shiro apenas y podía hablar, todo el placer producido por el pelicrema lo hacía soltar alaridos. – Voy, voy a… ¡Ah!
El peliblanco se vino en la boca de su sexy novio, quien trago todo el líquido con lujuria, se levantó para poder admirar a su novio, la imagen que tenía enfrente de él solo lograba encenderlo más. Tenía a Shiro desnudo, respirando agitadamente y temblando de placer por el reciente orgasmo, el sonrojo presente en su rostro lo hacía ver tan deseable junto a sus labios entre abiertos. Los ojos grisáceos del menor lo miraba fijamente algo cristalizados por la reciente actividad. Goenji sonrió con lujuria, nada podía ser más hermoso y frágil que su novio.
De repente, el albino se levantó de la posición la que se encontraba para inclinarse sobre el pelicrema, quien pasó de mirarlo deseoso a sorprendido.
– Am… – Empezó a decir el chico de las nieves. – Si tu quieres yo podría hacerte lo mismo. – Le dijo sin mirarlo a los ojos, sonrojado.
La forma inocente en la que lo decía, totalmente avergonzado hizo a Goenji sonreír, ahora menos pervertidamente pero con un deje de deseo. No quería desaprovechar la situación, Shiro se le estaba ofreciendo de una forma no muy sana que pocas veces hacía, pero tampoco quería incomodarlo pues eso seguramente era muy vergonzoso para alguien como él.
– No tienes que hacerlo si te incomoda. – Le dijo acariciando su cabeza con tono conciliador.
– Pero yo quiero hacerlo. – Miró a Goenji a los ojos. – Te dije que esta es una forma de agradecerte por todo lo que has hecho por mí, así que lo haré.
Sin esperar respuesta alguna, Shiro se abalanzó sobre Goenji y lo besó sorpresivamente, no duró mucho el beso por que se dirigió directamente al miembro de su pareja. Ciertamente el menor se sentía algo nervioso, no es que fuera la primera vez que hiciera eso ni sería la última, solo que aun no se acostumbraba del todo a eso de las relaciones, pero tenía que aceptarlo, también el disfrutaba de gran manera tener sexo con Goenji. Pensó en que forma haría sentir más placer al mayor, decidió dejarse llevar por sus instintos, primero tomó algo inseguro el miembro del moreno de la base, movió su mano un poco de arriba abajo, escuchó como su pareja soltaba un pequeño suspiro, un poco más seguro se atrevió a lamerlo, saco su húmeda lengua rosada y con la punta lo lamió desde la base hasta la punta, eso si que hizo temblar al ojinegro.
Volvió a hacer lo mismo ya con más confianza, luego en la punta del miembro del pelicrema, empezó a lamer con su lengua esa parte, provocando oleadas de placer al mayor que miraba atento a lo que hacía el chico albino. Fubuki lamió y succionó la punta del pene de Goenji, luego introdujo lo que pudo en su boca, Shuuya gimió más fuerte de lo que había hecho antes, eso le indicó al menor que iba por buen camino. Empezó a subir de arriba abajo, el pelicrema no podía creer el placer que Fubuki le producía, esta vez había algo que hacía todo aun más especial, aunque no supiera que era. El menor seguía con su tarea de hacerle sexo oral a Goenji. Éste, cegado por el pacer ya emitía más alaridos de disfrute, el tiempo se prolongó y sintió como estaba llegando el fin.
– Shiro, voy a…
El néctar de Goenji se disparó en la boca de Fubuki, e incluso terminó en su rostro, el menor trago lo que pudo y miró a su novio como esperando a que le dijera algo. Shuuya volvió a excitarse casi de inmediato con solo ver el rostro angelical del menor con restos de su orgasmo, mirándolo atentamente. Lo tomó y besó apasionadamente compartiendo esencias. Volvió a colocarlo debajo de él, empezó a acariciar todo lo que podía sin dejar de besar al peliblanco. La lujuria se había apoderado por completo de él, era víctima de los deseos prohibidos de el amor hacia su ángel de las nieves, y sin que este se diera cuenta, tres de sus dedos se dirijan hacia su entrada. Primero uno de ellos empezó a frotarlo, Fubuki casi ni lo notó al estar tan concentrado en el beso. El primer dedo ingresó lento y con cuidado, después lo acompaño el segundo que incomodo solo un poco al menor, empezó a hacer tijeras y tratar de expandir la entrada del ojogrisáceos para evitarle dolor al ingresar. El tercer dedo entró momentos después, justo cuando ingresó Goenji terminó el beso y pudo oír claramente el gemido de placer de su novio.
Empezó a meter y sacar los dedos, Fubuki solo gemía de placer y se abrazaba al mayor. Cundo Goenji creyó que ya podía ingresar al menor, se acercó a él y le dio un pequeño beso en los labios y otro en la frente. Tomó su miembro y lo ingresó lentamente para evitarle dolor al pequeño.
– Ahhh… – Gimió el menor entre incomodidad y placer, pero más que nada placer.
Puede que Goenji no lo supiera, pero Fubuki se encontraba más que excitado y prácticamente se concentraba más en el sentimiento de placer que recorría su cuerpo. Un largo gemido escapó de sus labios a sentir el miembro penetrarlo lenta y profundamente, nada se comparaba a tal sensación. Trataba de mantener los ojos abiertos pues el placer le hacía cerrarlos, pero no quería, deseaba ver a Goenji, ver su rostro de placer, saber que el también disfrutaba esto como él, pues ése era el punto de haberse ofrecido antes.
Goenji no pudo evitar tampoco gemir, fue un gemido no muy audible pero de placer a fin de cuentas. No importaba cuanto preparara a Fubuki, siempre seguiría igual de estrecho. Las paredes del menor lo atrapaban en una deliciosa sensación gloriosa, finalmente después de haberse contenido ante tales vistas que tenía antes, pudo haberse fusionado con su Shiro, hacerse uno con él. Simplemente el sexo entre ellos iba a lago más allá que solo placer, le hacía sentirse tan maravilloso el saber que podían ser, por al menos unos momentos uno solo, compartir todo, cuerpo, alma y esencia. Para ellos, era un momento especial, uno en donde podían superar cualquier barrera y ser solo ellos y compartirlo y entregarlo todo a su pareja. Ese era el amor entre Goenji y Fubuki.
Después de unos momentos, Goenji empezó a moverse, primero lento para no lastimar a Fubuki, pero se sorprendió al oír lo que éste le dijo:
– Haz-hazlo más rápido. – Dijo cegado por el placer. – Se siente muy bien, y quiero que tú también lo disfrutes.
La voz entrecortada de Fubuki fue dueña de los gemidos que salían de sus labios, Goenji había enloquecido, ahora si no podría parar aunque quisiera o el menor le rogara, su Fubuki no podía ser mas sensual y hermoso en ese momento, y si lo fuera, se aseguraría de que nadie lo viera, pues seguramente sería un problema, no quería compartirlo con nadie. Un extraño sentimiento de protección lo invadió y empezó a embestirlo más rápidamente y con fuerza. Los dos gemían audiblemente, Shiro ya no pudo mantener sus ojos abiertos, se abrazó al mayor y gimió como si no hubiera mañana. Goenji embestía cada vez con más fuerza y desesperación.
El sudor les empapaba el cuerpo, Goenji besó a Fubuki a medida que aumentaba el ritmo, el albino sentía que en cualquier momento caería desmayado debido a todas las sensaciones. Luego, Shuuya tocó ese punto que hizo a Shiro volverlo loco.
– ¡Ahhh! – Gritó separándose del mayor. – Ah, allí, Shuuya.
– Shiro…
El pelicrema dirigió todas sus embestidas al punto de máximo placer de Shiro, quien no paraba de soltar alaridos y gritar su nombre.
– Shu-shuuya, ah, ha, haaa, ah…
– Shiro, ah.
Se volvieron a besar, los gemidos se ahogaban entre sus bocas y lenguas, el placer era demasiado para Fubuki, sus ojos se cristalizaban y las lágrimas de placer estaban apunto de salir. El tiempo parecía durar un eternidad y la va vez nada, su placer se prolongó hasta que el menor sintió como llegaba a su fin.
– Shuuya, ha… ha, voy a…
– Si, yo también. – El ojinegro tomó el rostro del menor y le dio un beso. – Solo aguanta un poco más.
– Pero, ah… – Shiro se acercaba cada vez más al orgasmo. – No, no, ah, no puedo, ¡ah!
– Ya casi… – Decía en tono de súplica el mayor.
Bastaron solo unos momentos para que finalmente los dos no aguantaran más ese lazo de unión y placer, ambos se vinieron en un unísono y sonoro gemido, uno dentro de su amando y éste otro entre los dos.
Sus respiraciones agitadas trataban de conseguir algo de aire y reponerse de la sesión de sexo que habían tenido, una que había sido por alguna razón, especial. Goenji salió de su amado y le acaricio el rostro, sus alientos se mezclaban y sus corazones se acompasaban tratando de volver a la normalidad. El mayor le dio un corto beso al de piel blanca y le sonrió.
– Creo que después de esto ya se te habrá quitado algo de calor. – Le dijo cuando ya puedo normalizarse.
– Si. – Dijo como ido su novio.
– ¿Crees que aguantes un baño o quieres dormir? – Preguntó aun con su sonrisa cautivadora en sus labios.
No obtuvo respuesta, el sueño se apoderaba del menor y lo envolvía entre sus redes, solo alcanzó a besar al mayor antes de caer en el hechizo de Morfeo debido al cansancio. Goenji sonrió aun más al ver la linda expresión pacífica y angelical de su novio.
Se levantó y cargó al chico al estilo princesa, se veía tan lindo e indefenso, volvió a él sentimiento de protección que antes había presenciado, le besó la frente y lo llevó sin hacer ruido a su cuarto, lo depositó en la cama. Hubiera tomado un baño, pero se encontraba también algo cansado y de verdad quería poder dormir junto a Shiro ahora. Se acostó junto a él y lo rodeo con sus brazos como si temiera que se alejara, el albino pareció despertar por solo unos momentos.
– Shuuya. – Le dijo apenas con voz muy adormilada.
– Dime. – Contestó también con sueño.
– Si mañana me duele el trasero, te culparé a ti.
– Je. – El pelicrema río.
– Shuuya…
– Dime…
– Te amo. – Dijo por último y volvió a ser víctima de Morfeo.
– Y yo a ti. – Acercó más a su lindo chico a él y durmió a su lado toda la tarde.
Y pensar que ese bello momento había iniciado por el calor.
¿Y qué tal? Sinceramente creó que fallé en la parte del lemon, pero todo depende de ustedes.
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