Disclaimer: Los títulos mencionados aquí no me pertenecen, tienen sus respectivos autores y no hago lucro con esto (o sea que sigo siendo pobre aunque escriba el fic).

Películas: El origen de los Guardianes (Rise of the Guardians). Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon). Valiente (Brave). Enredados (Tangled). Los Croods (The Croods). Hotel Transilvania. ParaNorman. El Reino Secreto (Epic).

En la versión anterior, no había epílogo, pero creí que era necesario poner uno.


Epilogo


"No hay progreso. Lo que se gana de un lado, se pierde del otro. Como no sabemos que perdimos, creemos que ganamos".

—Jacques Lacan.


Había pasado más de una década desde que los periódicos obtuvieran una noticia que generara ruido. En cuanto se filtró que niños habían sido secuestrados en Hogwarts por un ente malvado, los reporteros sacaron múltiples artículos antes de que de Hogwarts o el Ministerio de Magia hicieran declaraciones oficiales. La vieja Rita Skeeter fue de las primeras en escribir un nada halagador artículo en el que cuestionaba las medidas que se habían tomado en Hogwarts para prevenir accidentes como éste, fueron inadecuadas y obsoletas.

Hermione suspiró con cansancio. Dejó el periódico sobre el escritorio de su oficina y pensó en que Rita no había aprendido nada después de que la liberara del frasco donde la había atrapado en su cuarto año.

—¿Qué habrá sucedido? —se preguntó Frank Stein, su asistente, en voz alta tomando el periódico y leyendo el títular—. Si no se apresuran a aclarar el asunto, más rumores se propagarán.

—Ya había rumores desde los casos de insomnio que padecieron los estudiantes —dijo Hermione—, no creo que importe esperar hasta que reúnan la información adecuada para brindarla a los medios y a la sociedad.

Y eso preocupaba a Hermione. Estaba al pendiente de lo que había sucedido en Hogwarts debido a que Harry y Ron trabajaban en el caso. Asimismo, había investigado por su cuenta en sus escasos ratos libres, por petición de Harry cuyo ahijado intentaba indagar sobre los extraños acontecimientos en Hogwarts. Hermione se habría negado de buena manera, pero sabía por experiencia propia que nada era peor que buscar información y no hallarla. Por eso había ayudado a Harry con Hiccup.

—Buen momento para esta polémica —comentó Frank—, justo cuando estábamos por lanzar la reforma contra las leyes puristas. Si el Wizengamot está más atento a lo que pasa en Hogwarts, van a ignorarnos.

—Kingsley no lo permitirá —aseguró Hermione—, y yo tampoco. He pasado los últimos tres años escribiendo toda una serie de cambios en las leyes puristas como para echar todo atrás por lo que pasó. No minimizó lo que pasó en Hogwarts, pero si desistimos habremos echado nuestros esfuerzos a perder. Por eso, Frank, tienes que llevar estos documentos al ministro. Tiene que leerlos antes, para que sepa a lo que puede atenerse cuando lo presentemos ante el Wizengamot.

Frank tomó los documentos y salió al mismo tiempo que Theodore Nott entraba. Hermione no hizo expresión alguna por la presencia del mago. Después de años de trabajar juntos habían desarrollado una relación de respeto y cordialidad. Theodore era quien, al fin y al cabo, le había auxiliado para encontrar fallos legales en las leyes puristas para usarlos como contraargumentos para quienes intentaran oponerse.

Theodore se sentó en la silla frente a ella y colocó un montón de hojas escritas con letra muy elegante.

—Ahorrémonos las cortesías habituales y vayamos al punto, Granger —dijo Theodore—. Entiendo que estás al tanto de lo que pasó en Hogwarts, de los implicados y quien está detrás de todo esto.

—Esa es una afirmación muy grave, Nott, ¿estás diciendo que hay información infiltrada de la Oficina de Aurores hacia nuestra oficina?

—Digo que ser la amiga del jefe de aurores y de otro auror puede brindarte datos valiosos —acotó—, pero no estoy aquí para iniciar nuestras usuales cordialidades. Esto de aquí es lo que Draco, Astoria y yo hemos estado investigando acerca de Pitch Black.

—¿Qué pretendes? —cuestionó Hermione intentando no hacer un gesto que revelara el interés repentino que Theodore había logrado provocarle.

—Ha pasado una semana desde que Hogwarts fue sitiado por la arena negra de Pitch. Sin importar cuando se cuide la información que las autoridades ventilen, siempre habrá otros medios por los cuales se enteren de cosas fundamentales que deben permanecer en el anonimato. La existencia de Pitch es algo que nadie esperaba. Es un ente totalmente desconocido, salvo algunos relatos muggles, y de repente aparece en un colegio de magia, donde se alimentó del miedo de las personas y fue liberado por un niño a quien abdujo en sueños para que lo liberara.

—Jackson Overland —pronunció.

Theodore asintió.

—Hay muchas preguntas que se deben contestar.

—Lo sé —dijo Hermione—. ¿Quién es Pitch Black realmente? ¿Quién lo atrapó en esa parte del Bosque Prohibido sin que nadie se enterara? ¿Cómo funciona su poder? ¿Cuáles son sus planes?

—¿Y cuál es la conexión que Jackson Overland tiene con él? —terminó Theodore—. Suena muy familiar a lo que pasó con Potter, sólo que, de acuerdo con el niño, él nunca había visto a Pitch. O bien está mintiendo, o bien nos estamos enfrentando a un suceso más allá de lo que se aprecia a simple vista.

—¿Por qué estás tan interesado en esto? Escuché que los gemelos Thorston estuvieron implicados, pero no creo que…

—Es precisamente por eso que estoy interesado, Granger —interrumpió Theodore—. No puedes ignorar las señales. Ha llegado una nueva época y con ello, un nuevo peligro. No suelo aventurar resultados, pero Pitch no parece el tipo de villano que deba tomarse a la ligera. Tuffnut y Ruffnut estuvieron a punto de morir. Mi deber es con mis amigos, antes que con los demás. Pero en este caso, mis intereses unen ambos deberes. Tengo que conseguir cambiar esta sociedad para prepararnos para el futuro.

—Lo dices como si viniera una guerra. Te recuerdo que no estoy de acuerdo contigo. Parece que quieres involucrar a niños inocentes en tus planes.

—Vamos, Granger, ¿lo dices en serio? Tú y tus amigos hicieron en sus años en Hogwarts, deberías saber mejor que nadie que os tiempos difíciles no tienen consideración por la edad. Además, te has dado cuenta, ¿verdad?

Hermione le miró directamente a los ojos. Theodore sonrió. Efectivamente, Granger pensaba similar a él.

—Sea lo que sea, Pitch ha demostrado ser una amenaza seria. Apenas había juntado un poco de poder y mira lo que ocurrió. Sumió a todo un colegio en la oscuridad. Vengo hacerte una proposición, Granger, en la que ambos resultaremos beneficiados.

—Ya estoy casada, Nott.

—Qué lástima —espetó, mordaz—. Los cambios en las reformas serán rechazados.

—¿Cómo sabes eso? Apenas envié el documento al ministro.

—Los del Wizengamot son unos viejos podridos, Granger, pero listos y astutos. Te dieron la oportunidad de cambiar las leyes sobre los elfos domésticos para aplacarte y medirte, y harán lo posible por detenerte. No menciones a Shacklebolt. El ministro ostenta cierto poder, pero no es absoluto.

—Encontraré una forma de…

—Y ellos lo saben. Saben lo que harás, y cómo detenerte. Pero aquí entro yo. Ellos saben que no nos llevamos particularmente bien. No esperan que te ayude a encontrar sus debilidades, porque las conozco, Granger.

—Me estás sobornando.

—Nada de eso —pronunció—. Tengo objetivos que quiero cumplir, y aunque no me creas, el Wizengamot estorba. Al menos como es ahora. En otras palabras, quiero que nos aliemos.

—Es por los Thorston, ¿verdad? Bien podría negarme y buscar una manera para conseguir que acepten las reformas por mí misma.

—Puedes hacerlo —dijo él—. Merlín sabe que eres una bruja muy inteligente. Sólo se te pasó un detalle. Te tomó poco tiempo que aprobaran la ley de liberación de los elfos domésticos. Llevas tres años con estas reformas, cuando calculabas que lo harías en uno. Sin importar cuando tuvieras que investigar, indagar y redactar, ya tendría que haber sido presentada. Así que, ¿qué dices? ¿Quieres tardarte otro año, o acabar con esto pronto y enfocarnos en Pitch?

—Eres una maldita serpiente astuta, Nott —sonrió de lado.

—Me halagas.

—Inventaré mejores cuando nos pongamos a trabajar sobre lo que haremos para neutralizar al Wizengamot.

—No puedo esperar para oírlas, Granger.


Una semana había pasado desde el accidente en el Bosque Prohibido. Los dieciocho estudiantes que habían peleado contra Pitch Black, descansaban en una aula especial acondicionada como enfermería provisional (ya que le principal estaba llena de heridos y afectados aún). Habían pasado por varios protocolos de seguridad, y los habían entrevistado a cada uno para saber lo que había ocurrido. Cuando se obtuvo la información adecuada, Harry y McGonagall deliberaron que debía hacerse. Fue algo sin precedentes. Después de todo, Hogwarts se había caracterizado por su autonomía. Sin embargo, había un punto en común en sus intereses.

Aunque McGonagall había investigado por su cuenta y acudido a expertos, y Harry había compartido lo que Hermione había buscado a petición de Hiccup, no habían llegado a nada seguro. Pitch podía ser un mago oscuro, un ser o un monstruo. Gracias a los testimonios de los niños habían podido dar veracidad a lo que ocurrió. Cuando se diera el anuncio, se necesitaría toda la evidencia que pudieran presentar. Que una leyenda no documentada fuera real, era difícil de creer.

—¡Ésa es mi comida, Firefly! —exclamó Snotlout cuando Mérida le robó un emparedado de carne de su charola. Ella saltó de cama en cama hasta volver a la suya, dejando a Snotlout sin comida.

Sus heridas habían sido tratadas. La única razón por la que permanecían en observación era la posibilidad de que Pitch pudiera poseer el cuerpo de alguno de ellos, como lo había hecho con Ruffnut. Los padres de familias que habían venido se les dio la oportunidad de verlos una vez. A pesar de todos los problemas, ninguna familia consideró sacar de Hogwarts a sus hijos

Los Malfoy habían sido disueltos de sus "cargos", y no se fueron hasta asegurarse que los gemelos estuvieran bien.

—Esto no se va a quedar así —prometió Snotlout con un gruñido. Tomó la almohada y se la arrojó. Mérida neutralizó su ataque lanzando el cojín en su cama.

—No puedes vencer a una cazadora tan talentosa como yo, Knuckles —dijo Mérida con petulancia.

Un almohadazo le dio de lleno en el rostro. El culpable del lanzamiento había sido Tuffnut.

—¿Viste eso, Firefly? Apuesto que no. Así es como un bateador derriba de su escoba a un cazador.

—Esto es la guerra —anunció Mérida. Una batalla de almohadazos inició. Ruffnut, Tuffnut, Mérida, Guy, Eugene, MK y Snotlout arrojaron cojines a diestra y siniestra.

Courtney rodó los ojos. Era imposible que sus amigos se quedaron quietos durante mucho tiempo. Al menos sólo estaban peleando con almohadas, y esperó que a los gemelos no se les ocurriera agregar objetos más duros.

—Espero que pronto nos den de alta —dijo mientras cepillaba su cabello—. Los tratamientos de cuidado de la piel y del cabello que utilizó están en mi habitación. Se desperdiciaran si no los uso.

—Pronto estaremos fuera de esta enfermería, Hawk —comentó Heather trenzándose el cabello. Como les habían restringido su varita, no había podido ponerse el glamour. De esa manera, el parecido con su hermana Astrid era más que obvio.

—Gracias a la intervención del profesor Longbottom nos libramos de los exámenes finales —dijo Hiccup. Su cama era continua a la de Heather y Courtney. La de Fishlegs estaba hasta el final—. Creo que es una recompensa apropiada, pero…

Recibió un almohadazo en la cabeza.

—Oops, no te quería dar, Fastidiccup —dijo Tuffnut.

Hiccup agarró la almohada y se la aventó, pero Tuffnut la esquivó por lo que terminó dándole a Mérida, para gran vergüenza de Hiccup. Teddy y Jackson jugaban snap explosivo con Mavis y Eep. Mientras, Alicia mantenía una cordial conversación con Thomas y Rapunzel.

Harry observó esta escena por la puerta entreabierta de la improvisada enfermería. Hiccup y Teddy habían hablado con él. Dos conversaciones con metas distintas, pero compartían un mismo tema. Harry no había podido ignorar la mención de Jackson Overland en ambas. Ese niño cuyos sueños fueron un medio para que Pitch lo abdujese. Si lo que decían era verdad, Jackson podría darles más respuestas a futuro. El legeremante que habían traído poco les pudo decir del contenido de su mente. Sólo se trataba de un niño… un niño que había roto un sello sumamente poderoso.

El escuadrón de aurores había peinado el bosque y la caverna en búsqueda de evidencia. Salvo una cantidad pequeña de arena negra y unas piezas congeladas de una Pesadilla, no habían encontrado nada más. El pozo sí que les había proporcionado información. La magia del sello era tan poderosa que un auror salió despedido por los aires al tratar de estudiarla.

Todo apuntaba a un misterio grande, uno más trascendental que el regreso de Voldemort en su época. Por ahora, debían encargarse de asegurar el perímetro y declarar el Bosque Prohibido como zona totalmente restringida. Las criaturas mágicas no se veían deseosas de regresar, pero ante la falta de espacios para vivir, habían optado por probar los linderos del bosque.

—Vaya cara que tienes, Harry —comentó George Weasley, apareciéndose a su lado.

—Hola, George —saludó Harry—. Lamento haberte hecho venir tan urgentemente.

—La familia está para ayudar, además me diste una excusa para irme antes de que Angelina me riñera por probar productos nuevos en Freddie y Roxie. Para ella no están divertido tener que ir a San Mungo cada semana para que les curen de los efectos. Ahora dime, ¿en qué puedo ayudarte?

Ambos se alejaron de la enfermería rumbo al despacho de McGonagall. Los estudiantes tenían que cumplir un toque de queda, así que los pasillos estaban vacíos. Era más sencillo hablar así.

—Este objeto tuvo una función importante al principio de su misión para rescatar a sus compañeros—le entregó el collar de Ruffnut.

George lo tomó y lo examinó.

—Recuerdo habérselos dado a esos gemelos cuando fueron a Sortilegios Weasley. Provenían de un lote de collares con cuarzos blancos que tenían como finalidad aclarar la mente y limpiar el aura de quienes los usaran. No son demasiado llamativos, pero algunos magos y brujas mayores los usan para relajarse. Éste y otro más venían defectuosos. Las piezas no reaccionaban a las palabras que los activaban, así que supuse que no servían. Hice algunas pruebas más para saber si eran útiles, pero dieron resultados negativos.

—Pues esto es lo que salvó a Teddy de caer en el efecto del poder de Pitch —indicó Harry—, no sólo eso, sirvió para sacar a los afectados del trance sin causarles una conmoción fuerte.

—No lo habría imaginado —dijo George, meditándolo—. Soy muy cuidadoso con las pruebas, Harry. Si hubiera sabido que tenían propiedades tan fuertes, probablemente los hubiera usado para hacer otra cosa.

—¿Por qué les regalaste estos collares? Seguramente Ron les contó a todos los Weasley quienes son los padres adoptivos de los gemelos Thorston.

—Ron debería entender que los niños no son sus padres —comentó George—. Mi hermano piensa que seguimos en nuestra época escolar, con las rivalidades y peleas absurdas. Como sea, no quiero enfocarme en eso. Les regalé estos a esos niños porque me recordaron a Fred y a mí cuando teníamos su edad. Estaban emocionados por todas las aventuras que vivirían, por divertirse, cuando los escuché ese día en la tienda.

—Te entró nostalgia —sonrió Harry.

—Supongo. Además tienes que admitir que las restricciones que el Wizengamot les impuso son una estupidez. En fin, no es que pueda hacer algo por ellos. ¿Hay algo más que necesites saber?

Harry asintió.

—Si salieron defectuosos, quizás tu proveedor sepa algo. Pienso que no es una coincidencia que estos dos objetos hayan terminado en uno de tus lotes. Todo proveedor que si venden un producto en mal estado a Sortilegios Weasley, perderá algo más que un cliente. Así que puede haber algo más en esto.

—Me encargaré de averiguarlo —prometió George.

A punto de llegar a la oficina de la directora, se toparon con Pansy. Ella había trabajado junto a Harry durante sus primeros años como aurores. Al principio, su relación había sido tensa e intolerable, cuando el tiempo transcurrió habían hecho las paces y convertido en una especie de amigos que se molestaban entre sí. Pansy era astuta, ambiciosa y agradable a su manera, cuando no se portaba con prepotencia y usaba su remarcado sarcasmo. Harry nunca había sabido el motivo por el que ella abandonó su trabajo como aurora y tomado un puesto de profesora en Hogwarts.

—Hola, Parkinson —saludó George con una media sonrisa—, ¿sales para mudar de piel? Creí que las serpientes buscaban un lugar oscuro y lúgubre para hacerlo.

Pansy le correspondió la sonrisa.

—Es detecté el olor de una comadreja por aquí, y me dije a mí misma que no podría desaprovechar la oportunidad de molestarte.

—¿No me digas que estás enamorada de mí y quieres llamar mi atención?

—Mis gustos son peculiares. Los pelirrojos no me interesan en lo absoluto.

—Qué alivio —comentó, mordaz—. Supongo que te calzan más los rubios remilgados con complejo de superioridad.

Pansy se rio.

—Ya sé de quién lo aprendió Blaise —dijo. Entonces ambos recordaron que Harry también estaba presente—. Hola, Potter, ¿estás listo para la conferencia de prensa?

—Tan listo como podría estar con una situación como ésta —respondió.

—Te doy la razón. Nadie pensó que una leyenda sin importancia pudiera ser real. Pero no podemos ignorarlo.

—Estoy de acuerdo —dijo Harry—. Necesitaré toda la ayuda posible. Si no estás demasiado ocupada en tus deberes como profesora, ¿considerarías apoyar a la oficina? Eras una de las mejores investigadoras que ha trabajado con los aurores. Además, no creas que no sé qué has estado indagando por tu cuenta por petición de Malfoy.

—La carta filtrada —sonrió Pansy—, aquella que McGonagall interceptó antes de que llegara a su destinatario. No te atrevas a amenazarme con eso, Potter, si en verdad fuera tan grave yo estaría en juicio en el Wizengamot.

—No te estoy amenazando o culpando, sólo solicitando tu ayuda —aclaró.

—Ya que lo pones de esa manera… —meditó— acepto.

—Oye, Parkinson —la llamó George—, se me pasaba preguntarte una cosa. ¿Qué tal están los niños? Blaise me contó que James, Zelig y Rinoa han vuelto locos a los elfos domésticos. Apenas tienen siete años, ¿no?

Harry evitó mostrar su perplejidad. ¿Pansy tenía hijos? No lo sabía. Le pareció extraño que George lo supiera y él no. Pero podría deberse a que George se había vuelto un buen amigo de Blaise.

—Daphne y yo hemos pensado en enviarlos a la mansión de Theo —dijo ella—. Sus elfos domésticos son más duros. Aunque tenemos que considerar que cuando los gemelos de Theo se junta con Sayuri es como provocar a un nundu.

—Pueden traerlos a nuestro piso.

—Lo pensaré. Tu esposa y yo no tenemos una relación buena, ni siquiera cordial.

— Angelina no te soporta, pero es otra cosa con los niños. Merlín sabe que Fred y Roxanne necesitan juntarse con más chicos de su edad aparte de sus primos. Qué bueno que tus chicos no heredaron tu carácter tan… especial.

—Tú quieres morir, ¿verdad?

—Sólo me las estoy cobrando.

—Eres insoportable —dijo Pansy—. Quien sabe que habrá visto tu esposa en ti.

—Encanto Weasley, Parkinson, ninguna mujer lo resiste.

—Hablando de egos altos, creo que no sólo los rubios lo tienen, Weasley.

Era incómodo para Harry estar con ellos dos. Se trataban con mucha familiaridad, además enterarse que Pansy tenía dos hijos había sido mortificante. ¿Quién era el padre? Porque Pansy aún conservaba su apellido, y si se hubiera casado, seguramente Astoria le habría dicho algo. Quizás no debería de importarle tanto eso.

Después de todo, aunque ellos habían tenido "algo" en el pasado, ella no tenía qué contarle lo que había hecho tras su ruptura.

Harry no sabía qué pensar.


Dieron de alta a los chicos un día después que Harry Potter informara al mundo lo que había ocurrido en Hogwarts. Había sido un evento de mucha trascendencia, donde Kingsley Shacklebolt tuvo que aseverar que todo era real. Por supuesto, presentaron la evidencia que habían reunido (cuidando de no mencionar los nombres de los principales involucrados para proteger su anonimato) y las medidas que se tomarían para atender el problema. Por supuesto, hubo conmoción y escándalos, y demasiadas preguntas que no tenían respuesta. Sin embargo, cuando Hermione Granger presentó una nueva reforma para cambiar las leyes puristas, nadie estuvo preparado, menos el Wizengamot que había sido tomado con la guardia baja (justo como Theo había prometido). Hermione presentó hechos verídicos, argumentos bien fundamentados, y evidencia (lo que había pasado con los Thorston durante su primer año se habría podido evitar si no hubieran tenido tantas restricciones) con tanta firmeza, que no había manera de rechazarla sin parecer un imbécil tradicionalista.

Había sido polémico. Los periódicos no habían dejado de salir, uno tras otro, para informar sobre cualquier cosa que tuviera relación con las dos principales noticias.

Los chicos habían salido de la enfermería con sus túnicas escolares. Tras descansar toda una semana se habían recuperado por completo. Hiccup había terminado algo estresado por tener que convivir con Jackson (ya había terminado su tregua, por lo tanto ambos eran libres de detestarse el uno al otro) y sus amigos. Lo único bueno que había pasado era que había hablado mucho con Mérida y con Teddy. Lupin era el primer ahijado de Harry, y Hiccup estaba contento de conocer más sobre su padrino. Enviaría una lechuza a Harry para preguntarle si podía llevarlo a visitar a Teddy alguna vez.

—Por Derwent Shimpling, estar todo el día en la cama es aburridísimo —dijo Mérida estirando sus brazos hacia arriba.

—Pudiste estudiar —acotó Alicia ajustándose las gafas.

—Si no hay exámenes por presentar, se me hace una majadería estudiar cuando estoy convaleciente, Blaster. Lo lamento por los demás, pero creo que es justo que nosotros estemos exentos. Casi no la contamos.

—Neville me dijo que los exámenes finales se habían cancelado para todos —informó Teddy, quien ya era un miembro oficial de Quimera y se había aprendido los seudónimos de sus amigos—. Los TIMO y los EXTASIS de este año serán evaluados antes de las últimas semanas de clases, como una concesión por lo que pasó con Pitch. Vendrán examinadores expertos para ayudar con la evaluación.

—¿Nosotros tendremos que presentar esos exámenes? —preguntó Eep.

—Para nada, Jumper, sólo los de quinto y los de séptimo curso —contestó Teddy usando el apodo que había adoptado ahora que se había vuelto parte de Quimera. Rapunzel se había negado, pero Eep sí había aceptado.

Llegaron al Gran Comedor. Era la hora del almuerzo.

Cuando entraron, se detuvieron de golpe. Todos los estudiantes de Hogwarts estaban sentados en las largas mesas con los ojos fijos en ellos. Era… inusual. Incluso la mesa de los profesores los miraba igual. Desconocían a qué se debía eso.

Afortunadamente fue algo que Adrian Flint enmendó enseguida. El prefecto de Slytherin se paró frente a ellos, alzó las manos y empezó a aplaudir. En cuestión de segundos, el sonido de aplausos provino de distintos puntos de las cuatro mesas. Los recién llegados no lo comprendieron, hasta que algunos chicos de cada mesa se acercaron para llevarlos al centro de la celebración, cargando a cada uno sobre los hombros.

Como si fueran héroes.

Y, de hecho, lo eran.

Las declaraciones que se habían hecho a la prensa y al mundo mágico no mencionaban a los responsables de ahuyentar a Pitch. Sólo habían dicho que "unos aurores encontraron una solución" nada más. Pero lo que el grupo involucrado había esperado era que sus compañeros supieran la verdad. ¿Quién se los habría dicho? Jackson miró a la multitud, fijándose en la expresión satisfecha de Flint, y sonrió con complicidad cuando él se dio cuenta de que lo miraba.

Ese día fue de pura celebración.

En la noche, los estudiantes volvieron a sus salas comunes, alegres de que ya no tendrían malos sueños desde entonces. Jackson y Eugene habían sido palmeados en los brazos y en la espalda más de cien veces, los habían felicitado y estrechado la mano cien veces más (sus amigos también habían recibido el mismo trato). Habían terminado exhaustos y muy satisfechos.

—Oye, Frost —llamó Ruffnut antes de que Jackson se dirigiera a los dormitorios de varones. Él se acercó a ella—. Por tu bien espero que lo que voy a decirte se quede entre nosotros, ¿entendido?

Él asintió.

—Gracias —dijo mirándole directamente a los ojos—. Por… ayudarme.

—No habrías estado en esa situación si yo hubiera sido más honesto, Thor —comentó Jackson—, tendrías que agradecerle a Soleil. Ella fue más de ayuda que yo.

—Ya lo hice —aclaró—. Mamá no permitiría que fuera desagradecida con los que se esforzaron por salvarme de Pitch. No que me agrade eso. Siempre he pensado que soy capaz de defenderme a mí misma.

—Nadie duda de esa capacidad, pero tienes que admitir que no podías hacer nada contra Pitch. No es… por ser débil. Pitch podría haber elegido a otra persona.

—Pero me eligió a mí —espetó ella—. Esto… me ha hecho pensar muchas cosas. Y odio pensar en muchas cosas. Pero pienso que aclaró mis expectativas a futuro. Con Pitch liberado no puedo ser débil. Si él le hace daño a mi familia o a mis amigos otra vez, estaré preparada.

Jackson no dijo nada, admirándola en silencio. Ruffnut era grotesca, poco agraciada e increíblemente odiosa, sin embargo, también era compasiva y astuta cuando se lo requería. Él sonrió.

—Y lo estarás, al igual que yo —dijo—. No sé qué nos depare el futuro, sólo sé puedo esforzarme por estar preparado para enfrentarlo. Y no tienes nada que agradecerme. Tú me ayudaste antes. ¿Acaso lo olvidaste, niña sin zapatos?

Ella correspondió a su sonrisa con una de sus muecas burlescas.

—Si no van a admitir que se gustan, ¿podrían dejar de verse como dos tortolitos enamorados? —interrumpió Rebeca recargada en el sillón de la sala común. Todos los chicos de Slytherin se habían quedado para ver la escena.

—Sí, ya cansaron son sus miraditas cursis —comentó Stallion.

—No es lo que piensan —dijo Jackson.

—Claro que no es lo que pensamos, Overland, pero queremos seguir con la fiesta y ustedes solos se propusieron —dijo Faith.

—Me voy a dormir —pronunció Ruffnut dirigiéndose hacia su habitación. Courtney y Mavis fueron detrás de ella lanzando silbiditos molestos.

Cuando se quedó solo, Jackson tuvo que enfrentar a toda su casa. Por suerte, Eugene estaba con él para no dejarle eso antes esas personas dementes que veían cosas donde no había nada.


McGonagall había decidido adelantar la premiación de las dos copas que se jugaban ese año. Flint estaba interesado en los resultados. Slytherin no había ganado ninguno de los dos premios desde hacía muchos años. Con lo que había sucedido no fueron sólo alabanzas hacia Jackson y compañía, también les habían restado treinta puntos a cada uno. Aunque lo habían considerado estúpido, McGonagall pensó que era necesario recordarles que, aunque los tomaran por héroes, sus acciones habían sido precipitadas y no planeadas. Tenían que aprender a tomar decisiones con más madurez.

Aun así había sido un año muy productivo. Un año que marcó para siempre el curso de sus historias.

Cuando Minerva se levantó de su asiento, todos guardaron silencio.

—Este año nuestro colegio ha pasado por una prueba difícil —pronunció—, que nos ha hecho ver que no estamos preparados para lo que podría venir por nosotros. Un peligro ha sido liberado, pero no le demos otra oportunidad de aprovecharse de nuestras debilidades. No teman a la oscuridad. El valor, la inteligencia, la lealtad y la astucia no sólo son palabras que definen las cualidades de cada casa, son distintas maneras de afrontar el miedo. Hogwarts nunca ha caído, incluso en los tiempos inciertos en que Voldemort vivió, siempre hubo quien peleara por traer justicia, por defender y proteger a sus iguales. Hogwarts siempre brindará ayuda a quien lo necesite. Hogwarts siempre estará ahí para darte la bienvenida a casa.

No hubo aplausos, sino un silencio reflexivo de la mayoría. Habían intuido que grandes cambios se aproximaban, y ahora por fin asimilaban que tenían que enfrentar juntos un futuro incierto. El miedo y la angustia no debían controlarlos si querían salir adelante.

McGonagall procedió a nombrar al ganador de la Copa de Quidditch de ese año. No fue sorpresa que Hufflepuff se la llevara. Su equipo había sido el mejor de todos. Sebastian Smith estaba más hinchado que un pavorreal. Eep y Tuffnut recibían miles de felicitaciones y abrazos de sus compañeros (y Tuffnut disfrutó de la expresión molesta de su hermana por haber perdido ante la casa de él). Además de la Copa de Quidditch, Hufflepuff también se llevó la Copa de las Casas con sus seiscientos puntos. Le siguió Ravenclaw, luego Slytherin y al último Gryffindor.

Muy a su pesar, los leones aceptaron su derrota. Les había costado recuperarse luego del incidente de las novatadas. Teddy sonrió. Escuchó a Mérida soltar maldiciones en voz baja y sintió la mirada taladrante de Astrid en su nuca. Él estaba satisfecho de sí mismo. Al fin y al cabo, había ayudado a ahuyentar a Pitch Black de Hogwarts, ¿cómo podrían compararse dos simples trofeos contra eso?

Teddy estaba seguro que si Remus Lupin y Nymphadora Tonks estuvieran vivos habrían estado de acuerdo con él y se habrían sentido orgullosos de que su hijo finalmente fuera por el camino correcto.


El año escolar había acabado finalmente. Todos los estudiantes se apresuraban a abordar el tren que los llevaría a la estación King's Cross. Levitando su baúl, Hiccup fue uno de los últimos en abordar. Su magia se había estabilizado y podía realizar hechizos con efectividad otra vez. Colocó su equipaje en el vagón junto al de Guy, Heather y Fishlegs, pero no quería aguardar a que el tren saliera así que salió al pasillo junto a sus amigos.

—¡Muévete, Haddock!

Jackson y Eugene corrieron a toda velocidad, empujándolo sin querer. Hiccup casi pierde el equilibrio.

—¡No van a escapar esta vez, par de bobos! —gritó Courtney que terminó por tirar a Hiccup. Ella se veía furiosa y decidida a hechizar a esos dos. Detrás de ella, Ruffnut se sujetaba el estómago por reírse tan fuerte y Mavis le preguntaba si debían detener a Babcock esta vez.

—Jackson y Eugene no aprenderán hasta que Hawk termine matándolos —dijo Heather al brindándole su mano a Hiccup.

Pero él la rechazó y se levantó por sí solo.

—Estaré más que feliz por no tener que verlos durante las vacaciones. Aunque eso signifique no verlos a ustedes, chicos.

—Siempre puedo ir a visitarte cuando tu padre no esté —dijo Heather—. Prometo avisarte antes, no como mi hermana.

—Bueno, tu hermana es todo un caso —comentó Hiccup—, ¿sigue molesta contigo?

—Desde que supo que papá está orgulloso de lo que hice —explicó con mortificación. Astrid le había reclamado muchas cosas por lo que ocurrió—. No me dirige la palabra más que para decirme que lo que hice estuvo mal porque rompí las reglas.

—Creo que deberías hablar con ella para aclarar la situación —opinó Guy—, después de todo, estuviste en peligro y quizás esté preocupada por ti.

—Quizás deba hacerlo —accedió—, pero en cuanto se calme. Es difícil hablar con ella cuando está de mal humor.

—Pues entonces siempre está de mal humor, Heather —dijo Hiccup—. Como sea, lo que me importa es prepararme para cualquier plan que mi padre piense. Seguro no querrá que curse segundo año, pero no es algo que pueda permitir.

—Si necesitas ayuda, envíanos una lechuza—comentó Guy—. Esto no ha terminado.

—Cierto, es sólo el comienzo.


El título del siguiente fic es "El Adagio de los Muertos", que pueden encontrar en mi perfil.

Gracias por todo el apoyo.

Nos leemos luego.

Abel Ciffer.