Capítulo 14

En silencio observaba como escuchaba las quejas de su amigo. Formándose una pequeña sonrisa en su rostro.

Ya se imaginaba que él buscaría aprovechar esta oportunidad para coquetear con la guardiana del espejo de Yata. Como también que perdería una poco de su paciencia la mujer, pues notaba que esta trataba de terminar lo más rápido posible en vendar el brazo herido del rubio. Y de vez en cuando le daba alguno que otros apretones fuertes con las mismas vendas, para las quejas de él, impidiéndole que siga con su plan de hacerse el galán.

—¡Hey, ya para que eso duele! —

—Entonces quédate quieto…— ordeno Chizuru con tal serenidad que ocultaba la ligera molestia que poseía.

Elizabeth sonrió ante la escena y simplemente recostó su hombro sobre la puerta de entrada hacia la habitación. De brazos cruzados divertida. Hace tiempo que no sonreía de aquella manera. Y por ende no tenía pensado intervenir.

Desde de lo sucedido con Ash, quedo un enorme agujero en su corazón, el cual lentamente fue ocupada por la persona que menos deseaba, empeorando su estado de ánimo ciertamente. Sin embargo, con cosas como estas al menos podía despistarse un poco y dejar de pensar en el dolor que sentía por la ausencia de uno, como la incomodidad por la presencia del otro.

Con toda sinceridad podía decir que la idea de volver a Francia no le sonaba tan mal. De hecho, era algo que venía en sus pensamientos durante los últimos días. Estaba segura que Shen y Chizuru podría hacerse cargo de la magatama del clan Yasakani, no creía que necesitarían su ayuda, más con los avances que obtuvo Iori. Que, si puede, mostrarse reacio en ayudar, pero reconocía que, si ve en peligro a la protectora del espejo de Yata, intervendría. Tenía razones para admitirlo.

Y ahora que lo pensaba ¿Cómo logro aquello Kagura? No, lo decía por celos. Si no más bien por curiosidad. Resultaba extraño que alguien como Iori muestre cierta preocupación o respeto en alguien, honestamente podía decir que rayaba lo impensado.

Cuando entrenaban aquellos dos, era cuando se hacía más evidente al menos para ella. Yagami, no era alguien de contenerse ni si quiera para los entrenamientos, el brazo herido de Shen era la prueba de ello. Además, también lo había vivido en carne propia cuando "entrenaban", sin mencionar que por alguna razón que desconocía el Yagami se volvía más feroz, probablemente le caía mal, no lo sabía. No obstante, no lo mismo podía afirmar cuando se trataba de Kagura.

Él se contenía…

—(probablemente siente algo más que simple respeto por ella…)— concluyo la francesa, observando fijamente a la protectora del espejo de Yata.

Admitiendo que ese propio pensamiento no le agradaba mucho que digamos. Pero tampoco es que iba a hacer algo para cambiarlo. Ya que, aunque sea cruel decirlo, se sentía avergonzaba por verse atraída por una persona como Yagami.

Porque precisamente ese era el problema el cual veía ella, la persona que era Iori. Sí, no lo conocía suficiente. Si, sabia poco y nada de él. Probablemente lo estaba mal juzgando. Sin embargo, sus acciones, su actuar sean justificadas o no eran repudiables.

¿Cómo es que alguien que supuestamente alegaba odiar la violencia era tan cruel y despiadado? Eran sabido por todos los participantes del torneo de King of Figther, lo violento que era contra quienes se enfrentaba. A más de uno había dejado casi muerto, incluso cuando simplemente no había necesidad de continuar con el combate. Quizás era influenciado por aquellas dos mujeres que siempre lo acompañaban, aun así, si aquel era el caso. No perdía culpa pues él decidía seguir lo que aquellas dos alentaban.

Esa era la verdad…

Pero a pesar de todo ello, le gustaba y tambien molestaba por tener suficientes razones para despreciarlos y no hacerlo.

—¡Hey princesita espabila! — con tono despectivo y burlón, le saco de sus pensamientos Shen, chasqueando sus dedos frente su cara.

—¿Todo bien Elizabeth?— cuestiono Kagura observándola con extrañeza, acercándose hacia ella.

—Sí, estoy bien. Solo pensaba en algunas cosas…—aclaro, parándose erguida. Mientras tantas ambas personas frente suyo, se miraron sin entender.

—Bueno da igual. Me voy a dormir — afirmo el rubio echando un par de bostezo. En tanto caminaba hacia donde estaba su amiga, el cual se hizo a un lado permitiéndole el paso — a menos que hayas cambiado de opinión— expreso, deteniéndose en la puerta para girarse y observarla con una sonrisa de lado a Chizuru. Por lo que Elizabeth observo a la morena curiosa.

—te dije que no…—le corto el rostro la protectora del espejo de Yata con tranquilidad.

—Que amargada— susurro frustrado. Ella otra vez rechazo tener una cita con él.

—¿Disculpa? —

—Nada, nada…—termino el rubio, volviendo a emprender marcha.

No era solo por decir, pero estaba cien por ciento segura Elizabeth que pudo notar un pequeño tic en el ojo de Kagura, ante el comentario de Shen. Y eso que ella siempre fue muy calma.

—Que insistente…— susurro la morena echando un suspiro. Sintiendo luego la mirada de la francesa. —¿Qué? — interrogo desviando su atención hacia ella

—¿Quieres que hable con él? — se limitó a decir. Aunque más bien era una pregunta capciosa.

Kagura alzo una ceja y luego negó con la cabeza simplemente. Comenzando a alejarse del lugar. Elizabeth solo sonrió levemente divertida. Por alguna razón sospechaba que Shen estaba avanzando, a su manera claro, pero lo estaba haciendo.

Decidiendo dejar eso de lado y seguirla como era habitual una ver terminaban los entrenamientos. O en este la curación de las heridas de los dos que se enfrentaron esta vez.

Caminaron en silencio hacia un lugar especificado, pero no era un silencio buscado, claro que no. Al instante captaron que mientras más avanzaban, más se sentía una carga pesada en el ambiente.

Frunció el ceño Elizabeth y cuando Kagura a unos pasos frente suyo se detuvo para girar hacia ella con una mirada similar. Supo que no era la única que estaba sintiendo algo raro. Por lo que dejaron de lado caminata y se fueron corriendo hacia donde estaba la magatama del Clan Yasakani. Algo estaba yendo mal. Ambas lo sabían y sentían.


La repentina explosión causo que abriera sus ojos sin luz, alarmado. Estuvo a punto de ponerse pie y ver qué demonios sucedió. Sin embargo, la presencia de alguien a su lado, lo detuvo cuando lo capto.

—tu— susurro, Iori molesto. Moviendo lentamente su mano derecha hacia el costado de la cama, para apretar fuertemente la madera del marco.

—tiempo sin vernos Yagami— respondió Mature. Recostada de lado, con el codo de su brazo derecho sobre la cama y su mano como apoyo para su rostro. —Oh no pareces alegre por mi presencia. — continuo con voz seductora que ocultaba la peligrosidad que la envolvía. Llevando su mano izquierda sobre el pecho del hombre, para comenzar a acariciar su torso desnudo de arriba y abajo. En tanto él estaba atento a cualquier ápice de cambio en la energía de ella.

—voy a matarte— advirtió, elevando su poder Iori. Para la pequeña carcajada que dejo escapar la hija de orochi.

—¿Y cómo piensas hacerlo? Ni si quiera notaste mi presencia hace unos momentos— le recordó divertida —Por cierto, te ves tan lindo durmiendo—

El de cabellos rojizos frunció el ceño, al escuchar aquella verdad. A pesar de haber incrementado de sobremanera sus sentidos, ni la sintió. Probablemente estaba muy cansado del entrenamiento. Prefería creer eso a pensar en lo otro, la cual ya lo veía como una gran debilidad.

—¿Qué quieres? — dijo a la defensiva él. Sintiendo como el poder de ella se elevaba.

—Tu cuerpo…— aclaro, deteniendo repentinamente su mano sobre los pectorales del hombre de cabellos rojizos. Liberando todo su poder en su mano izquierda que destrozo por completo la cama y agrieto el suelo para su sorpresa.

—Te has vuelto lenta…— afirmo el Yagami sereno. Luego de haber usado como palanca el marco de la cama rápidamente y evadir el ataque de ella.

La mujer lo observo y ahora en el suelo se volvió a acomodar en la misma posición de antes, tranquila y sonriente. Expulsando un inmenso y conocido poder para el hombre de cabellos rojizos.

Ya que él lo llego a usar cuando aún poseía sus llamas malditas, llego a sentir de lo que era capaz cuando lo liberaba. Y ahora mientras sentía el suelo temblar ligeramente, sin poder ver como alrededor de ella se agrietaba más de lo que ya estaba el suelo. Elevando pequeñas rocas como también trozos de madera por la cama destrozada. Podía afirmar que finalmente Mature pelearía con todo su poder. O más bien con el poder de Orochi.

—El disturbio de sangre…— susurro. En tanto ella se ponía de pie elegantemente, a la vez que su piel se tornaba más oscura de lo normal.

—Necesitamos tu cuerpo Yagami, no es nada personal solo ah-queremos…un nuevo contenedor…un nuevo …catalizador— gruño sus últimas palabras. Liberando aún más su poder agresivo.

Embistiendo como un demonio al de cabellos rojizos que debió hacer uso de toda su concentración para no perder el foco de sus movimientos, mediante el uso de sus sentidos. Aun así, ella era tan veloz, que el golpe recibido lo hizo incrustarse contra la pared, cayendo un par de escombros a su costado.

Debió reaccionar rápido al oír como ella se movió hacia él nuevamente, evadiendo apenas su mano que rozo su mejilla causándole un leve corte, sin embargo, le dio una abertura para que él, la golpeara con toda su fuerza su estómago, estampándola ahora el yagami, contra el otro extremo de la pared.

—Como lo habíamos sentidos, te has hecho más fuerte…— afirmo la rubia, relamiéndose la sangre que caía desde la comisura de sus labios, excitada y deseosa más.

—Ahora, entiendo para que se metieron en mi cabeza…— Mature, sonrió al verlo cerrar sus ojos grises, ante aquel comentario y comenzó a caminar hacia él —pero se cómo matarlas— advirtió, la rubio se detuvo y frunció el ceño —al fin a cabo no solo son meras ilusiones que se manifiesta por medio de mí, sino también entraron en la mente de la persona equivocada— termino, sonriendo de lado y peligrosamente, para la hija de orochi. Que observo sus propias manos notando como se desvanecían lentamente.

Ella podía ser despiadada al igual que vice, ambas podían matar a quien se meta en su camino, sin piedad, sin escrúpulo. Pero sabía que el hombre frente suyo de ser necesario también podía ser como ellas.

֫—Si lo haces nunca recuperaras la visión— se apresuró a decir. Sabía que tenía o más bien estaba obligada a pensar las palabras correctas, si no quería ser eliminada definitivamente. Y se formó una sonrisa en sus delicadas facciones, en tanto desvanecía el estado del disturbio de sangre, al ver como su cuerpo, sus manos volvían a la normalidad.

Satisfecha, alzo su vista para verlo ya frente suyo para su total sorpresa, con una de sus manos moviéndose hacia su cuello, sin darle tiempo a nada.

—¿Por qué debería creerte? — bramo el hombre, oficiándola con su fuerte agarre sobre su cuello. Alzándola con una mano, dejando lo pies de ella al aire. Mientras la rubia apretaba con suma fuerza su muñeca buscando liberarse de su agarrarse o al menos que aflojara.

—Como te dije-no es nada…personal Yagami…hacemos lo que nuestro padre necesita…pero si aceptas nuestra ayuda, podemos servirte a ti…—

—No, no te creo— respondió apretando más fuerte el cuello de Mature y alzando su mano libre dispuesta a matarla.

—Si lo haces no recuperaras tu visión…— repitió y para su satisfacción él se detuvo otra vez —estamos en tu mente Yagami. Sabemos lo que quieres, sabemos lo que te pasa. Déjanos servirte…tendrás tu visión, tendrás poder, incluso podemos eliminar lo que sientes por aquella mujer— expreso con una enorme sonrisa de lado, al ver que ante lo último que había dicho, noto el desconcierto de él. Como también que su agarre se aflojo — solo pídenos y la destruiremos—

Finalmente, el hombre de cabellos rojizos la salto con suma seriedad. Mientras Mature se majeaba el cuello, mirándolo expectante.


Ta luego