Capitulo 4 – El niño en el diario.

Cuando abrió los ojos el sol aun no había salido, fiel a su costumbre bajo del camastro y lo acomodo rápidamente antes de dirigirse a las duchas comunales.
El sopor que arrastraba desde el momento en el que despertó fue rápidamente remplazado con incredulidad, cuando al llegar a la puerta en lugar de tomar el picaporte su mano simplemente lo atravesó.
Sorprendido trato una y otra vez, hasta que cediendo a la desesperación pateó la puerta en un vano intento por salir. Eso solo logro empeorar la situación. El podría haber imaginado fácilmente alguna situación perfectamente plausible por la cual el maldito picaporte se había vuelto mágicamente intangible, pero si simplemente atravesaba la puerta como lo había hecho, las respuestas se limitaban a tres opciones nada lógicas, que su maldita e ilógica mente le había presentado casi de inmediato

a) Estaba teniendo una ridículamente realista pesadilla, otra vez.
b) estaba en los mentados viajes astrales de los que había leído hace poco o
c) finalmente alguien había reunido el valor para asesinarlo mientras dormía.

La sola idea de haber sido tan descuidado como para que eso último hubiera podido haberle pasado lo aterrorizo por completo. Rápidamente regreso a la habitación, rogando hallar algo que desestimara sus horribles e insistentes sospechas, el camastro en el que había dormido estaba, para su inmenso alivio, tendido y vacio. Justo como recordaba haberlo dejado. Reflexionando se acerco a tocar la áspera tela, pero no pudo hacerlo, sus dedos atravesaron el camastro tal y como había pasado con la puerta y el picaporte.

El repiquetear de pasos justo detrás de él, lo hizo girarse tan rápido que casi pierde el equilibrio.

Intrigado, miro a su alrededor, la puerta todavía se hallaba cerrada y la habitación estaba completamente vacía, aun así el sonido de los pasos y ruidos provenía desde el interior del lugar. Incluso vio como algunas cosas se movían al compás de los ruidos.

Asustado abrió los ojos al darse cuenta de la verdad: Había algo con él, algo que no podía ver. Tal vez eso no le sonaba precisamente lógico, pero ya estaba algo acostumbrado a que las cosas no fueran precisamente normales a su alrededor. Sabía que algunas veces cosas extrañas ocurrían cerca de él con bastante frecuencia, pero nunca le había pasado nada tan desconcertante, los cuentos que los demás niños a menudo contaban sobre fantasmas y apariciones le causaron un nudo en la garganta. El no creía en esas tonterías, por supuesto, pero aun así los sonidos y movimientos dentro de su habitación lo llenaban de desasosiego, como si el ente supiera de sus pensamientos el sonido de los pasos pareció deslizarse hasta la puerta al tiempo que esta se abría y cerraba por sí misma con una irritante y ceremoniosa calma. Los sonidos fueron menguando en la lejanía.

Inseguro sobre cómo debía reaccionar, pero firmemente decidido a no dejarse acobardar por nada en el lugar, siguió el sonido aún cuando el hecho de volver a atravesar la puerta no le apetecía en lo más mínimo. Incluso pensó que al ser una pesadilla lo más probable era que despertara en cuanto afrontara lo que le causaba temor Con pasos inseguros siguió el sonido hasta las duchas comunales, lentamente se asomo al inmenso cuarto solo para contemplar estupefacto que el sonido del agua corriente provenía de la ultima ducha.

Una desconocida sensación de ansiedad de apodero de él. Armándose de valor avanzo cautelosamente unos cuantos pasos en dirección a la regadera, tal y como ya había comenzado a sospechar nadie se encontraba allí, convencido de que el agua lo atravesaría se coloco justo bajo la regadera mientras hacía amago de cerrar las llaves del agua. Ni el agua ni las llaves de metal parecían ser solidas a su tacto. Asombrado por la confirmación de su repentina intangibilidad salió para mirarse en el sucio espejo de la ducha, ni siquiera se dio cuenta que las llaves de la ducha se cerraron tras él. Con mucho cuidado reviso todos los compartimientos de las duchas antes de asomarse al espejo. No deseaba que alguien le mirara más raro por actuar de forma extraña.

Armándose de valor salto frente al espejo sin saber muy bien para que debía prepararse, tal vez no habría nada alli donde el mirara o tal vez sería otra persona, no era la primera vez que soñaba algo como eso. Contrario a lo que esperaba oscuros ojos negros le devolvieron la mirada al tiempo que acomodaba su cabello castaño oscuro antes de salir del cuarto de baño. La puerta chirrió al ser empujada.

Más que un pensamiento fue una extraña sensación de desazón lo que lo hizo mirar atrás al salir del baño, casi como si hubiera olvidado lo que hacía o porque, molesto consigo mismo por ese extraño pensamiento siguió su camino directo al comedor comunal. Ya iba un poco tarde como para andar perdiendo el tiempo en sensaciones tontas.

Apenas si miro por la ventana lo suficiente como para ver a un único niño vagando por el jardín, rodo los ojos al ver la amplia y delgada camisa del chiquillo, ¿quién salía a una fría mañana invernal vestido así?

El desayuno y las clases pasaron con la atmosfera gris y deprimente de siempre, no fue sino hasta la tercera o cuarta clase que noto al niño de la mañana pegado a la ventana del salón, haciendo muecas contra el vidrio como si se esforzara por ver el interior . Tom rodo los ojos con fastidio ¿Qué clase de tonto se querría colar a la clase de la hermana Susan?

La voz de la hermana dirigiéndose a él, interrumpió sus pensamientos, con una mueca dirigió la vista a la mujer, que para su sorpresa le dijo algo que sonó como "Correcto sr Riddle"
-¿Disculpe?- Mascullo sin entender a que se refería la mujer ¿Acaso lo estaba retando por distraerse?

La mujer lo ignoro y siguió explicando algo sobre la revolución francesa que él no término de entender, volvió la mirada para fulminar al chiquillo en la ventana y se encontró con que este había desaparecido.

Molesto consigo mismo por dejar a cualquier mocoso desviar su atención de la clase miro al pizarrón tratando de concentrarse en la materia. Aun así su concentración no quiso regresar, distraído miro a su desvencijado pupitre observando los garabatos que generaciones de estudiantes antes que él habían tallado en el escritorio. Incluso aguanto la risa al ver una caricatura bastante acertada de la hermana Marie en el. Su vena perfeccionista salto en cuanto vio una pequeña parte desdibujada en la bizarra imagen, estiro la mano tratando de tomar su pluma para completar el dibujo pero no pudo asirla, sorprendido miro como la pluma se encontraba entre sus dedos pero al parecer él era simplemente incapaz de asirla entre ellos. Intrigado miro hacia ambos lados esperando ver la reacción de los niños sentados junto a él, pero ninguno parecía darse cuenta de su pequeña "situación". Probó una vez más y su mano atravesó completamente el lapicero. Mucho antes de que pudiera pensar alguna razón por la que esto fuera siquiera posible la campana sonó anunciando el almuerzo, tratando de guardar la calma guardo sus libros y lapiceros, incluido el cual había decidido volver a ser solido.
Incluso se controlo para demorarse como siempre, no le gustaba verse atrapado entre la marea de pequeños neandertales que luchaban por salir.

Camino al pasillo en su paso rápido y elegante de siempre, cavilando el pequeño truco que había hecho con la pluma en clase, tal vez podría hacerlo funcionar a voluntad si se esforzaba.
Ansioso por intentarlo más tarde miro por la ventana. El mismo chiquillo de gafas redondas y grandes ropas seguía en el jardín, esta vez parecía esforzarse por saltar lo más alto posible.
Parece una rana pensó para si antes de que sus ojos se abrieran desmesuradamente. El mocoso flacucho se había caído. Bien eso normalmente no le habría importado, tal vez incluso se hubiera largado a reír por la estupidez del niño.
No, lo que realmente lo había dejado sin palabras era que el chico parecía haberse caído… hacia arriba.

-No- gruño por lo bajo mientras negaba la cabeza en un gesto de incredulidad. Los mocosos enanos y flacuchos no salían disparados hacia el cielo… ¿O sí?