Bella's POV

Me removí entre sus brazos, podía sentir el toque gélido de su mano que recorría desde mi mejilla hasta mi cuello.

No estaba segura de que fuera un sueño, porque mi subconsciente me decía a gritos que no, que esto era real. Pero yo sabía que solo en un sueño era como podría estar en sus brazos.

Él era el ser más hermoso, cariñoso, amable y comprensivo que había tenido la fortuna de conocer. Lo malo o bueno es que era mi mejor amigo.

Había soñado tanto tiempo con esta dulce caricia. Él me había tocado tantas veces durante este largo tiempo, pero no se comparaba con lo que ahora sentía, esos antiguos roces solo habían surgido de la reacción al levantar el brazo y tocar "accidentalmente" el mío, al tomar mi mano para poder correr juntos y así ganarles a nuestros competidores, al limpiar mis lágrimas por haber tropezado...

Este era un roce más cálido, intimo. El roce que solo se le da a la persona que más amas en el mundo, a la persona que deseas por sobre todas las cosas, a la persona con la que anhelarías pasar el resto de tu vida a su lado... Esa persona que te corresponderá.

Solo la punta de sus dedos me tocaban con el miedo de que fuera a romperme. Sin duda no lo haría, pero que me quemaba a su paso. La piel me cosquilleaba y estaba segura de que me dejaba una marca con un mensaje que decía "mío".

El roce fue descendiendo y sentí como el borde de mi sudadera se deslizaba por mi hombro y el toque gélido me volvía acariciar.

Su mano siguió bajando hasta toparse con la incómoda sudadera —que me impedía seguir sintiéndolo— y se detuvo un momento en la curva de mi cintura.

Imaginé como la molesta tela se fundía con mi piel y su mano volvía a acariciarme, bajando lentamente hasta la unión de mis piernas. Esperé a que bajara pero esto no sucedió, la molestia creció en mi interior, pero su dulce tacto me conmovió. El sueño se hizo más real al saber que así era mi Stefan, dulce. Sonreí ante aquello y un satisfactorio suspiro se escapó de mis pulmones.

Abracé el cuerpo de mi Stefan y lo miré a los ojos, los cuales brillaban en la oscuridad, escondí mi rostro entre su pecho y respiré su aroma. La felicidad me inundó internamente, poco faltó para que me levantara y brincara sobre la cama.

—Mi Bella —me susurró Stefan al oído.

—Stefan —le contesté.

Con solo nuestros nombres nos decíamos lo mucho que nos amábamos. No hacían falta más palabras, la forma en que mi nombre salía de sus labios me lo indicaba.

Seguimos abrazándonos por más tiempo, los suyos me sostenían contra su duro y cálido pecho, mientras los míos le rodeaban por la espalda. De sus labios salía una hermosa melodía que solo yo lograba escuchar. Y los latidos de nuestro corazón resonaban contra mi oído, el subir y bajar de sus pulmones me confortaba. Los ojos se me estaban cerrando. En mi mente bailaban imágenes de Stefan, recuerdos del chico al que amaba de toda la vida. Desde un pequeño niño de ojos verdes hasta el joven alto y rubio/castaño que era hoy en día, pasaban ante mis ojos. El recuerdo de su boca a escasos centímetros de la mía
apareció en un instante, el calor subió por mis mejillas.

Stefan rozó una de ellas y la temperatura aumentó a pesar de la frialdad de su piel. Me removí un poco y le besé la barbilla. Él sonrió ante tal gesto y yo me giré, acomodándome para que dejara de observarme. Él me envolvió de vuelta entre sus brazos tarareando a mi oído.

Sin embargo, de repente se alejó de mí. Me giré para observarlo y ya no estaba. La desesperación se apoderó de mí y giré a todos lados, llamándolo. Él no respondió.

Me abracé a mis piernas y me mecí llorando.

¿Por qué se había alejado de mí?

¿Qué había hecho mal?

La oscuridad me envolvía impidiéndome la visión. Resignada, me recosté de lado y metí mis manos en la unión de mis piernas. Lágrimas seguían bajando, atraídas por la gravedad y mojando mi piel.

Stefan me había dejado. Sabía que era un sueño, él jamás me amaría. Stefan era la persona más noble que conocía, el que siempre estaba a mi lado pero no por ello me amaría. Había sido una tonta al pensarlo.

El colchón se sumió y unos cálidos brazos me envolvieron entre ellos. Giré mi cabeza y allí estaba. Allí estaba mi amigo mirándome fijamente. Sus manos acariciaban tiernamente mi cuerpo. Tomó una de mis manos y la besó, después la soltó y yo la posé en su pecho.

Nuestros ojos seguían conectados, su cabeza bajó hasta la altura de mi cuello, lo besó y mordisqueó lentamente. Un desconocido calor me recorrió el estómago, de mi garganta salió involuntariamente un gemido. Mi cabeza se fue hacia atrás dándole un mejor acceso y susurré su nombre de placer.

Sus caricias fueron subiendo a mi odio y al llegar a su objetivo lo mordisqueó al igual que mi cuello. Seguimos acariciándonos y de repente todo me pareció muy real. Algo en el fondo me decía que no era un sueño, pero también algo me decía que sí lo era. Dos contrariedades me impedían disfrutar.

La positiva —que me decía que no era un sueño— iba ganando contra la negativa —la que decía que era un sueño. Cuando mi amigo susurró:

—Te amo.

Un clic me alertó. Si antes estaba combatiendo la positiva contra la negativa, ahora era la verdad que les pedía la guerra.

Abrí mis ojos asustada. Era o no un sueño. Vi a Stefan recostado de lado entre mis piernas, sus ojos me miraban fijamente y todo se encontraba en penumbra. Mi cabeza trabajaba a mil por hora uniendo evidencia. Por una parte relacionaba los hechos con mi sueño, por otra se preguntaba: ¿Qué demonios hacía abrazada a Stefan si no era un sueño?

Recordé rápido la parte importante de mi sueño, la que me había hecho despertar.

— ¿Qué dijiste? —le pregunté.

No sabía si lo había dicho en verdad, pero había sonado tan real que... lo creí.

Su sonrisa se acentuó y un brillo cruzó sus ojos. Estaba por responderme cuando escuché ruidos.

—Espera. ¿Qué es ese ruido? —le pregunté.

Ya había aceptado que todo había sido un sueño y lo que ahora más temía era que esos ruidos fueran de Charlie.

Suficiente tenía con lo que vivía cada noche como para pasar la vergüenza de que alguien más lo supiera. Volteé hacia donde provenían los ruidos pero solo estaba la pared.

—No me digas que... —No pude terminar, era tan... ¿degradante? ¿Vergonzoso? ¿Raro? Inevitablemente la temperatura aumentó varios grados en mis mejillas.

Y para confirmar mis sospechas, un fuerte gemido resonó. Era tan grave que lo reconocí como de Charlie.

El silencio nos envolvió y pronto escuchamos la puerta abrirse seguidos de los pasos pesados de mi padre. Esperé a que se escuchara algo más, no fue mucha mi espera ya que seguido el sonido del agua corriendo inundó la casa.

—Shhh, no hables —me susurró Stefan.

No pensaba hacerlo, pensé contestar, pero solo pude indicárselo con la mirada. ¿Quién en su sano juicio haría enfurecer a mi padre?

De nuevo la puerta se abrió y mi padre —imaginé— había regresado al lado de Jenna. Solté el aire que inconscientemente había retenido en mis pulmones. Miré a Stefan y él inhaló profundamente y una imperceptible mueca se formó en sus labios. Digo imperceptible porque solo la hace cuando está feliz y tranquilo y, conocía de memoria sus gestos, lo sabía diferenciar.

— ¿Por qué ríes? —le pregunté.

No había sido precisamente el momento más relajado el que habíamos pasado unos minutos antes.

— ¿No te parece graciosa la actividad nocturna que está ejerciendo tu padre? —me preguntó riendo.

—No. Es más bien vergonzoso —le contesté.

Claro que no era gracioso, era repugnante.

— ¿Esta es la primera vez? —me preguntó con verdadera curiosidad.

Suspiré frustrada, bueno fuera que sí.

—No —le dije, pero apenas y me salió la voz. La vergüenza me llenaba.

— ¡Oh, por Dios! ¿Cada cuánto lo escuchas? —preguntó.

Sabía que no quería ser entrometido y que tampoco lo hacía para saber el chisme, pero no podía evitar sentirme mal.

—Diario- le confesé escondiéndome entre su cuello. Aproveché la oportunidad disfrutando ese roce entre nosotros.

— ¿Qué haces... —trató de preguntar pero las palabras se le atoraron. Yo levanté la cabeza rápidamente imaginando lo que estaba por preguntar— ...cuando...? —tartamudeó sin poder formular su pregunta.

Mis mejillas se pintaron seguramente de un rojo intenso. Stefan era mi amigo, pero jamás hablábamos de esos temas, eran como vetados por nosotros. Ni siquiera hablábamos de citas, lo cual agradecía enormemente, no soportaría sus anécdotas con otras chicas. Pero ahora que él me preguntaba —o mejor dicho, trataba— sobre sexo, me hizo sentir bien, quería contarle todo. Los sueños que tenía con Stefan me golpearon vilmente haciendo que mis bóxer se humedecieran. Decidida le respondí.

—Sí.

Él me miró un instante preguntándose a que me refería, cuando la claridad llegó, sus ojos se abrieron más de lo normal y un pequeño bulto aumentó entre nosotros.

— ¿Tú? —preguntó incrédulo.

¡Por favor! Ni que fuera tan puritana.

—Sí —contesté. Está bien que no fuera tan abierta, pero tampoco era estúpida para no saber—. No pongas esa cara —reproché—, no eres el único que lo puedes hacer, y no soy tan tímida como crees —confesé, después de todo, no decía nada del otro mundo.

Él pensó en ello y pronto me volvió a preguntar.

— ¿Qué quieres decir con que no eres tan tímida? —Sus ojos se entrecerraron al preguntar.

Bien, no era "tímida" la palabra adecuada.

—Bueno, sí soy tímida, pero también tengo necesidades. Quedaría mejor que no soy tan virginal —aclaré. Él pareció aliviado, y estar de acuerdo. El bulto aumentó y yo agregué—: Al parecer... tu... —Bueno, traté de agregar mirando hacia abajo, hacia el "bulto", haciendo alusión a su "amigo".

Mi mano se dirigió hacia su amigo, digo mi mano porque cuando me di cuenta ya estaba sobre su miembro. No sé realmente cómo le hice para llegar, pero lo que sí sabía era lo que se sentía tenerlo entre mis manos.

Un gemido salió de sus labios nombrándome y yo lo callé, ya que al parecer mi padre estaba tomando fuerzas. En realidad no sabía qué hacer, pero la intuición me llevó a subir y bajar la mano y acariciarlo.

—Bella, para —me dijo dificultosamente.

No me imaginé por qué quería parar. ¿Lo estaría haciendo mal? Si así era, lo haría como él quisiera.

— ¿Por qué? —le pregunté sin detenerme.

—No voy aguantar —me dijo entre jadeos. Si así era...

—Hazlo —le dije—. Quiero... —que lo hagas, estuve por decir, ya que "no aguantó". Sonreí al saber que había logrado hacerle ese "favor". Saqué mi mano de entre sus pantalones y la curiosidad me llenó, ¿a qué sabría? Sin pensarlo me llevé la mano a la boca y lo saboreé.

Él me miró sorprendido y una tierna sonrisa se dibujó en sus labios. Atrayéndome hacia él, me besó. Sus labios se movían sobre los míos, la fricción creaba corrientes eléctricas que recorrían todo mi ser. El aire me faltaba pero no por ello lo dejé ir.

¡ZAZ!

Un golpe nos separó, volteé asustada hacia la puerta. Por un momento vi a Charlie parado en la puerta apuntando con su arma a Stefan. Parpadeé asustada y me di cuenta que solo fue mi traicionera imaginación. Stefan también miraba hacia la puerta y al comprender que solo era la siguiente ronda...

—Charlie, sigue, sigue —le ordenaba gritando Jenna.

Llevé mis manos a mi cabeza. NO otra vez no. ¿Que no tenían llene?

— ¿Qué pasa? —me preguntó Stefan.

—Ya no aguanto —le dije—. Todas las noches tengo que soportar escuchar a mi padre teniendo sexo y ya no aguanto, ya no... —Hice una pausa.

— ¿Ya no qué? —me incitó a seguir.

—Ya no es... suficiente... mas... mas... masturbarme —logré decir.

— ¿Quieres ayuda? —me preguntó.

Lo miré con sorpresa. ¿Era en serio? Asentí.

—Sí —le contesté.

Unió de nuevo nuestros labios, sus manos viajaron desde mis mejillas a mi cuello, bajando por la desviación que formaba mi pecho. Sus manos recorrieron mi vientre hasta llegar a mi pubis. El oxígeno faltaba a mis pulmones, y de un movimiento, mi sudadera desapareció. Avergonzada tapé mis pechos con mis brazos y el rubor subió como era costumbre por mis mejillas. Stefan los tomó y los separó para poder observarme. Sus ojos brillaban aun más.

—Eres hermosa —me susurró con adoración.

Su cabeza fue bajando lentamente en dirección a mis pechos. Recordé lo que me había despertado y que no pudo responder.

— ¿Stefan? —Levantó su cabeza para escucharme atentamente—. ¿Qué me dijiste cuando escuchamos a mi padre? —pregunté con vacilación.

—Dije... —Se acercó un poco más a mis labios, su aliento dulce se mezcló con el mío y sobre ellos susurró—: Te amo. Te he amado desde hace mucho tiempo —me dijo. En su voz escuchaba un tono de adoración.

—Pero, ¿por qué no me lo habías dicho? —lo acusé, con el ceño fruncido.

—Porque pensaba que tú me rechazarías y te perdería. Yo no quiero perderte y sé que es egoísta pero no te pido nada, solo que me mantengas a tu lado, que me dejes amarte, yo... —Una lágrima recorrió su mejilla.

—No llores —le dije, limpiándole la mejilla—. Yo no puedo ni quiero alejarte. Fuiste muy egoísta —le acusé de nuevo, pero no trataba de hacerlo sentir mal, solo que entendiera el tiempo que llevábamos perdido—, por no decirme que me amas, eso nos hubiese facilitado las cosas. —Sonreí tranquilizándolo y disminuyendo la dureza de mis palabras.

— ¿Tú? —preguntó dudoso.

—Sí, Stefan, yo también te amo desde siempre —le confesé, me acerqué a sus labios, si no lo entendía con palabras entonces se lo diría con caricias. Él me respondió con la misma intensidad en sentimientos—. Yo siempre te he amado y amaba ser tu amiga, por eso que siempre te lo repetía, porque creía también que eso serías siempre. —Me separé lentamente de él para decirle lo que tanto había anhelado y dibujé una sonrisa, llevé mi mano a su mejilla para rozarla delicadamente—. Y lo seguiría siendo porque mientras tú seas feliz, yo lo seré, por ser como eres, por ser este gruñón, sobreprotector, amoroso, tímido, cariñoso... ser, porque soy feliz amándote —le confesé. Una traicionera lágrima se derramó por mi mejilla.

—Bella, yo también siempre te he amado y yo también soy feliz amándote, porque sería todo lo que tú quisieras, todo lo que tú necesitaras, todo lo que tú amas.

—No —le dije poniendo un dedo sobre sus labios—. Yo nunca te pediría que cambiaras para poder amarte, yo nunca te pediría que cambiaras para que fueras lo que yo quisiera, porque yo te amaré como eres, por lo que eres, aun si fueras un vampiro, te amaría, porque eres tú... Stefan Salvatore. Por eso te amo, por ser tú.

—Sí, yo también te amo, Isabella, porque mi amor es libre, porque jamás te exigiré nada, porque jamás seré posesivo, porque jamás seré egoísta.

—Sí, Stefan, eso es lo que trataba de decirte.

Él me sonrió.

— ¿Me perdonas? —me preguntó. Yo le miré confundida—. Por haber tardado tanto —aclaró.

—Claro, te comprendo —le contesté sonriendo.

— ¡Oh! —gritó Charlie.

Charlie volvió con sus actividades y Stefan soltó una carcajada que me animé a seguir.

—Entonces... Isabella, ¿quieres ser mi novia? —me preguntó.

¿Estaba preguntándome lo que estaba preguntando?

—Sí —contesté deprisa, pero cómo diría que no después de todo.

Los ruidos siguieron y el calor se volvió a formar en mi estómago.

—Y, ¿me ayudarás? —le pregunté—. ¿O me dejarás frustrada? —Hice un puchero.

—Jamás.

Se acercó a mí, y volviendo a acariciarme bajo el bóxer, sus manos acariciaron mis piernas y sus labios subieron a mis pechos. Me removí entre sus brazos, era tanto lo que me hacía sentir que creí que podría explotar. Luces brillaban ante mis párpados cerrados. Y ente las luces, el rostro más hermoso me miraba con dulzura. Las caricias aumentaron. En un momento Stefan me preguntó si estaba segura y para aclarar tomé su miembro dirigiéndolo a mí. Sentí dolor, para que negarlo, pero éste se disipó rápidamente. El amor que Stefan me mostraba arremetía ante cualquier sufrimiento. Pronto llegamos al clímax juntos y nos acurrucamos uno junto el otro.

—Este será el mejor cumpleaños de toda mi vida —habló después de varios minutos.

—Este será mi mejor sueño húmedo —le confesé.

Volteó a verme y yo le sonreí.

—Todas las noches en las que mi padre estaba golpeando la pared, yo me imaginaba que eras tú el que me acariciaba.

Me sonrió al saber mi gran secreto.

— ¿Entonces por eso no me separaste al principio? —me preguntó—. Creí que eras de sueño pesado. —Sonrío.

—Exacto, por eso seguía durmiendo. —Le sonreí de vuelta.

Ya que este sin duda había sido mi mejor sueño húmedo... Porque aunque nosotros estuviésemos juntos, Stefan sería por siempre mi mejor sueño. Mi mejor sueño húmedo.