Ohayo minna! Éste es mi 3 er fanfic. Es un darkfic. Por ahí lo escuché así.

Es decir, que este fanfiction contiene sangre, y crimen.

No sé, se me ocurrió de alguna forma escribir esto.

Espero que les guste. No soy dueña de Katekyo Hitman Reborn! Son sólo propiedad de Akira Amano. Yo sólo tengo las ideas que agregué.


Capítulo uno: Venganza de alguien desconocido

¿Cómo había ocurrido así?

¿Por qué tuvo que pasar esto?

Preguntas que en realidad, hacían encubrir lo que ya sabía.

No quería creerlo. No quería creer que tenía sangre en mis manos, algo que nunca saldría de mi corazón. Como si se tratara de algo permanente.

Los cuerpos que tenía a mi lado, desangrándose, en busca de alguna ayuda, hacían ver cómo perdí mi inocencia al dar el golpe final. ¿Era esto lo que significaba ser el jefe Vongola?

No salía. No salían esas manchas rojas en mis manos. Me rasqué fuertemente el brazo, tratando de que se vayan. Así por lo menos la sangre sería mía, no de ellos.

Una lágrima silenciosa atravesó mi rostro. Yo era el culpable de estas muertes. Yo tenía que conllevar la culpa de esto por toda mi vida.

Mi tutor lo hacía ver tan fácil, como si no pasara nada. Aunque, no era así.

Él sólo me observaba. Sus ojos se ocultaban bajo la ala de su sombrero.

Yo…era un asesino.

Todo empezó hacía dos meses.

Yo estaba en la mansión Vongola, una muy prestigiosa, por cierto. Tenía hombres dispuestos a dar su vida por mí, vestidos de uniformes negros, que portaban innumerables armas. Ellos eran los guardias que me protegían. Aunque en realidad no mostrasen verdadera admiración por mí, ni emociones. Como si se trataran de simples maniquíes.

Continuamente firmaba papeles. Me sentía encerrado. Solo. Sin nadie a mi alrededor, excepto mi tutor, que venía de vez en cuando. La misma rutina, todos los días.

Añoraba la comida de mi madre, que era deliciosa. El aire libre, la naturaleza.

Pero ya no podía. No regresaría a esos días nunca, desde que acepté la propuesta de ser el jefe. Pero era mi obligación. Tarde o temprano habría aceptado.

Hacía varios años de eso…

Después de que Reborn declaró que iba a ser el Vongola Primo, empecé a ejercitarme. Él quería que lo hiciera. Luchaba con mis llamas de la última voluntad, que ya era más fuerte que antes, por así decirlo, luego de la pelea con Bermuda.

Pero…

Me negaba rotundamente a aceptar el puesto. Eso significaba perder mi libertad, estar encerrado en una mansión, no poder ver a algunos de mis seres queridos: mamá, Kyoko-chan, Haru…

Ese día que perdí mi libertad, era un día soleado, común y corriente. Los pájaros cantaban, los cerezos florecían. Era verano, y no supe que un acontecimiento horrible ocurriría ese mismo día.

En fin, caminaba animadamente con mis amigos, luego de que mi tutor me maltratara físicamente, al cometer el más mínimo error.

Siempre me trataba así. Era su forma de quererme, por así decirlo, como… un amigo.

Sonreía al ver como mis amigos se peleaban: Gokudera-kun, un peligris que, al más mínimo acercamiento de alguna que otra persona, se enfadaba rápidamente con los demás. Luego venía Yamamoto, un castaño alegre, que le encantaba el béisbol.

A mi lado, se encontraba una adolescente pelinaranja, que charlaba despreocupadamente con su mejor amiga, Hana Kurokawa. Odiaba a los hombres, claro está. Pensaba que eran unos monos. Pero, recientemente, hablaba un poco con nosotros, aunque sean unas pocas palabras. De cabello oscuro, le agarraba urticaria cuando veía algún niño, hasta el punto de odiarlos.

Era todo normal, hasta que al entrar en la escuela, sentí que alguien nos estaba espiando. Opté por creer que sería mi imaginación, pero mi instinto decía lo contrario.

Y así, inquieto por esa presencia, no pude tranquilizarme. Los otros seguían bromeando entre sí, sin ninguna preocupación.

La clase transcurrió normalmente. Con el pasar de las horas, nos separamos para volver a casa. Dejé escapar un suspiro. Creo que me estaba preocupando demasiado.

—Es sólo es el estrés —me dije, tratando de convencerme a mí mismo.

Mientras caminaba por la acera, escuché un grito desgarrador.

Me agarró pánico, al estremecerme y pensar que algo le había ocurrido a mis amigos. Pero no escapé. No era la persona que dejaba solos a sus seres queridos. Avancé un paso. Luego dos.

Entonces, corrí hacia el lugar en donde lo había escuchado. El viento golpeteaba mis oídos, y la espera se me hacía interminable.

¿Qué había pasado? Realmente no quería ni pensarlo.

Llegué a la escena. Mis ojos se agrandaron por el horror. No me imaginaba... tal atrocidad. Ni por un momento pasó por mi cabeza que algo así podría ocurrirle a ella.

Un líquido rojo se derramaba hacia la carretera. La persona era en sí, de cabello naranja, de unos catorce años. Se encontraba en una posición extraña.

Tenía una tajada en el cuello, de donde se escurría la sangre. No podía creer lo que estaba viendo.

Kyoko había sido asesinada.

Me sentía horrible. Intenté llamarla, pero parecía no escucharme. No quería creer que fuera esto una realidad.

—Dime que esto es una pesadilla. No puedes estar muerta —le dije sacudiendo al cuerpo ya sin vida, con un hilo de voz.

Lo único que respondió fue el murmullo de las hojas al moverse por el viento. Un silencio interminable me envolvió por completo.

Quise correr. Escapar. Algo. Pero mis piernas no respondían. Estaban temblando, temblando de miedo. A mi lado, observé un papel cuidadosamente doblado.

Lo recogí.

"Ésta es una muestra de nuestro dominio. Pequeño Vongola, sufrirás las consecuencias de nuestros actos. Poco a poco, iremos matando a tus pequeños amiguitos. Luego, te mataremos a ti. Queremos hacerte sufrir lentamente, por lo que los Vongola nos hicieron a nosotros. No podrás escapar"

Apreté furiosamente mis puños.

¿Por qué? ¿Por qué a mí? Yo ni siquiera había aceptado el puesto.

Ésta es mi culpa. Sólo mía. Si hubiera hecho caso a eso inquietante que me perseguía, la hubiera protegido. Pero no lo hice. Soy un estúpido…

Tendré que hacerlo. Tengo que protegerlos. Y para eso, seré el Jefe Vongola.

Porque sé perfectamente que intentan acobardarme. Ése es su propósito. Volverán a seguir asesinando. Mi instinto me decía eso.


Fin Cap 1

Quería hacer un one shot, pero me salió más bien otra cosa. En fin, creo que serán, aproximadamente, unos cinco caps.

Bien, los veré en el próximo cap. Bye bye!

Editado 25-02-17