PRÓLOGO

"Siempre te voy a querer.

Aunque el tiempo pase.

Aunque ya no nos hablemos nunca más.

Estaré ahí."

-Una vez estábamos sentados en un claro y él me besó. No sé cómo explicarlo... Dejé de pensar sólo un momento, sólo... y ya tenía sus labios tapándome los míos. Estaban húmedos y se sentía bien. En un momento pasó un segundo, y algo de aire frío invadió mi cara. Estaba respirando. Yo no podía. Mi respiración se cortó cuando sentí en la panza que lo tenía más cerca de lo acostumbrado y... su mano en mi cintura, me hizo casi temblar.

-¿No tenías miedo que él se diera cuenta? ¿Por qué temblabas?

-No lo sé... -se echa atrás y la espalda toca el respaldo de la cama. -No me dijo nada.

Sus hermosos ojos resplandecen en la oscuridad de la habitación, pestañea y se abraza las delgadas piernas con sus ya fuertes brazos.

-¿Es extraño, cierto? Cómo todo resulta. Cómo las cosas avanzan. A veces pienso que ya no lo extraño. Y otras veces solamente puedo recordar que él ya no está.

-Murió hace mucho. ¿Por qué no puedes olvidarlo? -pregunta la niña y se refriega los ojos con el puño de la camiseta.

Beth se mete una uña en la boca y suspira mirando hacia el costado.

-Sólo a él lo conocí. -Se cruza de brazos. -Es lo único que quise. O quería. -Suspiro. -Ya deberías irte a dormir... -Se cruza de piernas, le está sonriendo. La niña tose y ella aprovecha para tomarla por debajo de los brazos. La atrae hacia sí y la acomoda hasta acurrucarla sobre su pecho.

-¿Cómo se llamaba? -alcanza a preguntar la pequeña antes de dormirse.

-Ya no importa. -Toma aire. -Está muy lejos...