CAPÍTULO 46 Epílogo

Caroline, con la ayuda del pequeño Joseph, ponía la mesa para la cena, mientras esperaban que Klaus llegase.

Habían vuelto a Nueva York un año antes, cuando nacieron las gemelas Elizabeth y Candice.

Si bien la familia había estado intentando convencerlos durante tres años, habían podido resistirse.

Pero el nacimiento de las gemelas coincidió con la dimisión de su cargo, de Richard Dubais, el director general de Forbes.

Fue entonces, que a la insistencia de que volvieran por los niños, se sumó el ofrecimiento a Klaus para que volviera a ocupar aquel puesto.

Después de bastantes dudas, decidieron volver.

Los niños tenían que estar cerca de su familia.

Desde entonces no se habían arrepentido ni un sólo día.

Joseph, a sus cuatro años era el nieto consentido. Su relación con Daniel, el pequeño de Rebeca y Stefan de tres años, y Henry, el hijo de Elena y Damon también de tres, era perfecta.

Y, por si fuera poco, su abuelo Bill vivía por él. Aunque había visto repartida su atención con las gemelas, en ese último año.

La relación de Caroline y Bill, se había afianzado con el paso del tiempo, y fue después de tres años que ella al fin se atrevió a llamarle papá. La sonrisa de Bill en ese momento, perduró por semanas.

- El tenedor va de este lado, amor – le explicaba su madre

- Pero yo lo uso con esta mano – se quejó el pequeño

- Pero eso es porque aún no utilizas cuchillos, cuando aprendas a cortar la carne tú solito, utilizarás el tenedor con ésta – dijo señalando su mano izquierda – y el cuchillo con la otra

- Ah – aceptó el pequeño aunque no muy convencido

- ¿Reglas de protocolo? – preguntó Klaus burlón desde la entrada del comedor

- ¡Papi! – gritó Joseph dejando lo que hacía para correr hacia su padre que lo levantó en volandas

- Hola, campeón ¿Cómo estás?

- Bien. ¿Sabes qué? Mañana el abuelito Bill me llevará a pescar – informó entusiasmado

- ¿A pescar? – sonrió mirando a su mujer – ¿Bill Forbes a pescar? ¿Cómo has logrado sacarlo del trabajo? – dijo acercándose a Caroline y dejando un suave beso en sus labios

- Ya ves lo que logran los nietos. Venga, Amor, a lavarse las manos que vamos a cenar.

Klaus bajó al pequeño que corrió al lavabo.

- O sea que mañana, Joseph no estará en casa – ronroneó cogiendo a su mujer por la cintura – ¿Tiene planes para nosotros, señora Mikaelson? – susurró mientras mordisqueaba su cuello

- Los tengo, señor Mikaelson – contestó sugerente

- ¿Puedo saber cuáles son?

- Desde luego. Usted, señor Mikaelson, se quedará en casa cuidando a las gemelas, mientras yo me voy de tiendas con tu hermana y tu cuñada

Klaus entrecerró los ojos mirándola acusador.

- No es verdad – discutió

- Oh sí, sí lo es – rió separándose de él para ir a la cocina en busca de la cena.

Caroline se coló bajo las mantas recién salida de la ducha. Klaus recostado en el cabecero dejó el libro que leía, para acomodar a su mujer en sus brazos.

- ¿Cansada?

- Bastante. Pensé que nada podría superar una semana de la moda, con todos esos locos diseñadores, maquilladores, estilistas, dando vueltas detrás de ti, pero dos gemelas de un año, son incomparables.

- Mi modelo favorita – sonrió Klaus acariciando su espalda – ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

- Se me ocurren algunas cosas – respondió sugerente sentándose a horcajadas sobre su marido – Pero me siento incapaz de hacer grandes esfuerzos – dijo a la vez que besaba la mandíbula de Klaus donde despuntaba una sombra de barba – Tendrías que hacer todo el trabajo – susurró

- Déjame a mí – aceptó brioso a la vez que la tumbaba en la cama para acostarse sobre ella – Tú sólo relájate

Bajó sus labios por el cuello de su mujer, deslizándolos por su clavícula hasta el valle entre sus pechos.

Su lengua recorría la suave piel mientras sus dedos iban desabotonando la camisa de dormir.

Cuando la camisa estuvo completamente abierta, su boca se ocupó de cada uno de sus pechos, besando, succionando y lamiéndolos para convertirlos en dos henchidas cimas.

Sus dientes mordisqueaban los pezones oscurecidos por los embarazos, enviando una pequeña corriente de deseo que descendió por su vientre hasta asentarse en la unión entre sus muslos.

- ¿Te gusta?

- Demasiado... – confesó susurrante

La boca de Klaus esbozó una sonrisa arrogante mientras iba dejando pequeños besos mientras bajaba por su vientre hasta toparse con la cinturilla de sus bragas.

Deslizó la lengua sobre el satén húmedo, para dar un suave mordisco a su monte de Venus.

- Vas a matarme – gimió Caroline mientras sus dedos en los laterales de la prenda intentaban bajarlas

- Déjame a mí – dijo Klaus sustituyendo sus manos para deslizar la prenda a lo largo de sus piernas.

Se recostó nuevamente entre sus piernas y con sus pulgares separó los labios de su vulva, para deslizar la lengua entre ellos.

Caroline gimió clavando los talones en la cama para impulsar hacia arriba sus caderas.

- Por favor... – rogó suplicante – Te necesito dentro de mí...

- Tú no sabes lo que necesitas – murmuró Klaus soplando aire caliente sobre su clítoris palpitante

Sin darle tregua la lamió, succionó y penetró con su lengua excitándola.

- Por favor... – rogó nuevamente y dos dedos de su marido la penetraron con rudeza

Mientras sus dedos acometían su vagina, su lengua atacaba el botón de su clítoris.

El orgasmo la asaltó golpeándola de lleno para dejarla caer en un éxtasis agotador.

Antes de que se recuperase, el pene enhiesto de Klaus la penetró sacudiéndola.

- Dame otro, cariño – la instó Klaus – Quiero verte cuando te corras conmigo

Las piernas de Caroline rodearon su cintura atrayéndolo hacia ella cuando Klaus la cabalgó, el clímax de Klaus llegó casi de inmediato, y con él trajo el apabullante desahogo de su mujer.

Se dejaron caer en la cama agotados, buscando acompasar sus respiraciones.

- Hoy he recibido una llamada interesante... – confesó Klaus con su esposa anclada entre sus brazos

- ¿De quién?

- La revista TIME – informó haciendo a Caroline mirarle confusa

- ¿Qué querían?

- Un nuevo reportaje sobre La Heredera

Caroline se irguió para mirarle de frente.

- ¿Qué?

- Sí. Quieren tu nueva faceta, como madre y esposa

- ¿Crees que será una entrevista interesante?

- Si lo prefieres podemos hacer el amor en el jardín para que tengan material candente

- Creo que sería lo justo. Darles material acorde a la fama de La Heredera.

- Ya se nos ocurrirá algo – bromeó antes de atacar sus labios – Damon ya no encuentra nada interesante en TMZ

- Todo sea por el bien de la familia...

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FIN

REVIEWS….?!

gracias x todos los comentarios y a los lectores silenciosos!

Espero que la hayan disfrutado