Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)

"Y prometo que: alimentare de tu recuerdo mi alma de tu voz mis sueños y de las pocas caricias que me distes lo que queda de mi, te veré en la brisa de la noche, en las gotas de lluvia y de rocío, en las rosas frescas del jardín, en la luna que me acompaña en mis delirios, uniré en mis sueños tus labios con los míos, en ese beso eterno y perfecto que nunca fue, te abrazare en silencio y susurraré tu nombre, me abrazare con fuerza y en cada suspiro aspirare tu aroma y te llamare sin voz a mi, te soñare despierta, y te llevare en mi mente, te abrasare en mi alma y te tendré siempre en mi, te guardaré con celo de los ojos curiosos y algún día vendrás y entregaras tu amor a mi, lo prometo…lo prometo…"

Elizabeth Lara

Cap 20: La Sacerdotisa de piedra II, Confesión.

Era actual

Tokio

Corría, corría aterrorizada como queriendo huir de si misma, de la ola de emociones que iba y venían golpeándola con fuerza devastadora, aferrandose a ella estirándola hasta casi romperla, arrastrándola por el suelo y aplastándola hasta comprimirla, para llenarla nuevamente hasta sentirse a punto de explotar de tantas emociones encontradas, era un huracán devastador y ella estaba allí, justo en el medio del ojo, en la calma superficial mientras todo a su alrededor se destrozaba con la furia de la naturaleza misma, sus sentimientos eran así, como si la misma tierra estuviera expiando sus emociones mas salvajes a través de ella, así que tratando incluso se escapar de su propia pie,l simplemente "Corría" evitando tener contacto con nadie, tratando en vano de bloquear las pasiones de los demás, rabia, amor, ira, orgullo, tristeza, alegría, pena, felicidad, sin embargo todas estas, venían a ella con ridícula facilidad sin necesidad de tocar a nadie, sus niveles de empatia habían rebasado todas la barreras que había puesto sobre si misma en un intento de proteger su cordura, conforme fue entrenado con su abuelo. Como si su vida dependiera de ello se obligó a ir mas rápido, se sentía a punto de explotar, la sangre bombeaba con fuerza por sus venas su corazón latía con rapidez bombeando, la adrenalina inundandola, y corría por que algo dentro de ella le pedía, no le exigía correr, ella no estaba bien, algo no estaba bien y lo sabía, no podía seguir negándoselo mas, a pesar de que se había instalado en la monótona rutina de "existir" algo seguía fallando, pero por ahora no podía hacer nada mas que correr, las lagrimas surcaban su rostro sin ella notarlo siquiera, sentía deseos de gritar, de rugirle al mundo entero y preguntarle: ¿Que había de malo en ella que no podía ser amada aunque fuera una sola vez por alguien?, ¿Por que no podía alguien simplemente aceptarla tal cual era y amarla simple y llanamente por ser ¡ELLA! Kagome y nadie mas?... llegó a las escaleras que conducían a su casa y corrió directo hacia el templo y allí se desplomo y lloró amargamente, por costumbre automáticamente levantó una Kekai y se acurruco en una bola en el suelo y lloró, lloró por ella, por lo injusto del destino, por la injusta incapacidad de ser apreciada por alguien, por sus amigos, a los que no se había permitido llorar, por su hijo, quien habría muerto siglos antes de ella misma nacer, por él, ¡maldita fuera! también por él, ese maldito Daiyoukai arrogante que la había despreciado por que según ella era inferior a él, por no poder bajar su guardia y permitirse amar a una mujer humana,pero no a cualquier mujer humana a "ELLA" no podía seguir ocultándose a si misma lo que le estaba pasando, bien fuera por la marca, bien fuera por que había conocido una faceta que creía imposible en él, bien fuera por que había perdido su cabeza en algún lugar de la era Sengoku por lo que fuera…

¡Ella lo amaba!... la verdad calló sobre ella como la descarga de uno de los rayos que azotaban la isla de Japón y gran parte del mundo después los científicos se volverían locos tratando de explicar semejante fenómeno sin conseguir respuesta alguna.

¡Amaba al muy maldito arrogante hijo de perra!... ¡amaba a ese maldito hombre, quería hacerlo reír para ella, solo para ella, quería ver sus ojos brillar con amor, solo por ella, quería verlo en sus facetas aristocráticas con su personalidad taciturna, su extraña costumbre de hablar de si mismo en tercera persona, incluso, quería… quería ser de él, quería amarlo en todos los sentidos en los que una mujer amaba a su hombre, quería darle hijos y verlo llenarse de orgullo masculino por sus bebes… quería… quería… un imposible… ella estaba ahora allí viva en la era moderna enloqueciendo con todas esas emociones reprimidas, con todos esos deseos imposibles y él había muerto siglos atrás, se había dado el lujo de morirse y la había condenado a aquel infierno de incompleta existencia y no le había dejado nada con lo que ella pudiera seguir viviendo, la había marcado y se había quedado con su corazón y no se había molestado en devolvérselo, él muy cretino no la había querido y ella tonta hasta la muerte, lo había amado entonces… cuando no entendía sus sentimientos y lo amaba aun mas ahora que todo le había explotado en el rostro finalmente se dijo agitada. Kagome se sentó en el tatami del templo con expresión perpleja, entonces la realización de todo lo que había sucedido desde hacia ya tres largos años y tres meses, cayó sobre ella con todo su descomunal peso, aplastándola entonces gritó, gritó hasta que la garganta le dolió, grito de rabia por él, por su orgullo, por el rechazo, por ambos, gritó por ella por no entender todas las señales que ella misma emitía, rugió con toda su fuerza hasta quedarse sin voz, hasta que sintió su garganta en carne viva, afuera del templo, el clima parecía haberse puesto de acuerdo con ella, la lluvia azotaba al templo con ira como queriendo desmantelarlo pedazo a pedazo hasta llegar a ella, dejando caer la kekkai Kagome salió afuera respondiendo al llamado y dejó que la lluvia la mojara, grito al cielo hasta que su garganta sangro con el esfuerzo, lloró hasta que las fuerzas se le agotaron y se dejo caer allí en medio del patio empapado y azotado por la lluvia y los relámpagos que cruzaban el cielo nocturno lloró abrazando sus rodillas ignorando el frío ignorando al mundo entero alrededor de ella, hundida en su miseria.

¡ERES UN IDIOTAAAAAAAAAAAAAAAAAA! — Gritó de corazón una ultima vez antes de sentir un par de abrazos rodearla, intentando inútilmente darle calor, ¿Es que no entendían que estaba fría por dentro?, ¿Es que no sabían que estaba rota más allá de la reparación?, ¿Es que no podían entender que no había nada que pudieran hacer por ella?... era una muerta en vida, un cuerpo sin alma en movimiento, sin calor o amor?... ***estaba condenada maldita fuera el mundo!*** pensó desganada, agotada física y mentalmente, emocionalmente destruida. — ¿Por qué mama?... – dijo Kagome casi sin voz de tanto gritar. — ¿Qué hay de malo en mi?—Dijo aferrandoce a una empapada Sakura, que la abrazaba con fuerza, sintiendo en carne propia el horrible dolor ue su hija guardaba dentro de si, finalmente liberado, expuesto a los elementos y al mundo a todo aquel que quisiera ver y sentir el crudo dolor que la embargaba.

— ¡No hay nada de malo en ti cariño, eres perfecta, eres simplemente perfecta, en todos los sentidos, nuca, nunca pienses lo contrario!—Dijo su madre llorosa, abrazándola contra su pecho y mirando por encima del hombro de su hija, desafiante y orgullosa a seis hombres con distintos grados de consternación mirar a la joven Kagome rota empapada y herida como una muñeca de trapo sobre el piso.

— ¡Eres una buena madre, que los dioses te bendigan! — Murmuró Kagome contra el pecho de su madre sin dar muestras de querer levantarse el piso empapado y sucio en un futuro cercano, mientras el cielo seguía enfurecido sobre sus cabezas y la lluvia las golpeaba a ambas sin piedad, solo su madre podría llamarla perfecta aun sabiendo que no lo era.

— ¡Cariño tienes que levantarte recuerdas tu misma lo dijiste: ¡Si la vida te golpea ten el coraje de levantarte! — dijo su madre tratando de animarla.

— ¡Si... bonitas palabras mama, pero dije "si la vida te golpea", a mi la vida me a golpeado, arrastrado, pateado, masticado y escupido varias veces mama, al diablo el coraje… estoy cansada, déjame aquí mismo con suerte uno de esos rayos tiene la bondad de acabar con mi miseria de una maldita vez, olvídalo no tengo suerte ni para eso!— Dijo Kagome secamente angustiando a su madre ante el tono de derrota de su hija, ella jamás la había escuchado así.

— ¡No seas ridícula, después de todo lo que has logrado te vas a dejar derrotar así y por que dime? — Dijo Sakura sacudiendo a su hija como a una muñeca de trapo, sin importarle la fuerza ejercida, en su angustia por hacerla reaccionar.

— ¡Estoy depre mama deja de empujarme si?... ¡Acabo de darme cuenta, de que mis amigos, están muertos, mi hijo esta muerto mama, déjame llevar mi duelo! ¿Si?... ¡yo necesito llorar, gritar y hartarme de chocolate y galletas hasta explotar como una piñata mexicana en fiestas patronales!… ¡si fuera de esas de tomar pues me metería una buena borrachera que me hiciera echar las tripas al escusado al día siguiente y arrepentirme de haber tomado en primer lugar… pensándolo bien tal vez lo haga!… ¿Cómo pudiste sobrevivir a la perdida de tu hermana gemela, sabiendo que para ti estaba viva, aunque en el tiempo y espacio estuviera muerta?—dijo Kagome aflojando el abrazo que parecía a punto de cortar a la mitad a Sakura.

— ¡Hice exactamente lo que tu cariño, lloré, grité y me harte de dulces hasta que naciste y yo tenía el tamaño de una vaca lechera!—Dijo Sakura lanzándole una mirada de advertencia a los hombres, respiro profundo armándose, tenia que hacer esto se dijo. — ¿Tenemos visitas sabes?

— ¡Entonces ya me levanto y tratare de que no me vean, no vaya a ser que descubran que tu hija esta loca! –Dijo Kagome agotada y ronca, soltando a su madre y levantándose con ayuda de ella.

— ¿Ya estas mejor hermanita?—Preguntó Sota recibiéndolas con unas toallas enormes mirando muy preocupado a Kagome, la jovial hermana a la que siempre estuvo acostumbrado a ver había desaparecido desde que había regresado, su hermana parecía mas un alma en pena una sombra de si mima, pálida y traslucida, odiaba verla así, y mas odiaba saber que nada podía hacer para cambiarlo, salvo estar allí para ella y rogar a los Dioses misericordia.

— ¡Si hermanito, siento mucho preocuparte, me temo que estoy hormonal, y la depresión esta a la orden del día, pero tu solo tráeme una buena ración de chocolate y me pondré como nueva, o como... una vaca lechera! — Dijo Kagome riéndose por primera vez un poco ante la expresión confundida de su hermano antes de subir con su madre a su habitación. Después de quitarse la ropa y mirarse al espejo y decidir que al final no estaba tan mal como se sentía, Kagome tomó un largo baño caliente y restregó su piel como si de esa forma pudiera también lavar sus penas, se seco el cabello y se puso un par de pantalones de algodón negro holgados y un suéter azul oscuro cuello ancho, sintió ganas de gemir como una animal herido al ver la marca sobre su hombro izquierdo pero se contuvo, se puso un par de medias blancas y se preparo para dormir hasta el próximo milenio.

— ¡Kagome-Onee mama dice que bajes, que la visita esta esperándote a ti! — Dijo Sota tocándole la puerta, Kagome bajó de la cama y abrió de golpe para mirarlo perpleja, preguntándose vagamente por que su madre no le había dicho antes que la visita era para ella, supuso entonces que al encontrarla en tan patético estado, su alarma fue tal que olvido por completo ese "pequeño" detalle decidió, suspiró mentalmente, tal vez era hora de salir de casa, y así poder sufrir su miserable vida lejos de aquellos quienes la amaban y se preocupaban por ella, se dijo prometiéndose mentalmente meditar aquel punto mas tarde.

— ¿Y a mí por que?— Insistió desconcertada, de sus amigas no había sabido nada y no era de extrañar, entre la vida universitaria que ellas llevaban ahora y su auto impuesto retiro, no había mucha oportunidad de que la fueran a ver, Hojo, no sabía de él se lo habia tragado la tierra, y sinceramente no quería saber tampoco y menos sabiendo que emocionalmente para los hombres estaba muerta, era lanzarse a si misma a una situación en la que realmente, no quería estar.

— ¡No se, solo mama dijo que… Wow Tienes un tatuaje…! — Soltó su hermano de golpe mirando con seria atención su marca, sus ojos brillaron con una extraña determinación.

— ¡No es un tatuaje…es una… marca… después te explico!, ¿Si? — Contestó Kagome defensiva, cubriendo la marca protectoramente de la vista curiosa de su hermano, sintió como en el pasado, la marca calentarse bajo su palma como si la boca de su creador estuviera allí nuevamente sobre ella curando la herida. *** Maldita sea! *** Juró en la intimidad de sus pensamientos, sintiendo como sus mejillas se encendían con un furioso sonrojo. *** ¡Vamos!, ¿enserio? *** pensó agobiada ante la molesta reacción.

— ¡Claro, claro!— Dijo Sota jugeton tratando de animar a su hermana dándole un ligero empujón, él era ahora mucho mas alto que ella y su fuerza se había incrementado con el tiempo.

— ¡Vamos Sota! — Dijo Kagome zanjando la discusión. Bajó las escaleras y mirándose en el camino por el espejo del pasillo a ver que tan horrible estaba, decidió que los ojos un poco enrojecidos e inflamados pero del resto parecía estar bien, al menos superficialmente y eso era lo que le importaba en ese momento, se encogió de hombros y entrando en la sala, vio a Toga con dos hombres vagamente parecidos a el y a Saito-san. — ¡Buenas noches! — Dijo forzadamente sintiendo el peso de las miradas sobre ella.

— ¡Kagome cariño siéntate por favor si? – Dijo Sakura nerviosa.

— ¡Oh bien aquí estas muchacha… lo prometido es deuda! — Dijo su abuelo sentándose junto a Toga.

— ¡Bueno cielo, me dijiste que cuando regresaras te explicara lo que me callaba! ¿No?... — Empezó Sakura dejándola perpleja; Kagome miró a su madre boquiabierta sentadote en el único sillón libre junto a Sota y luego miro a los presentes con una pregunta muda que todos pudieron leer en sus ojos.

— ¡No te vayas a enojar conmigo hermanita! – Dijo Sota rodeándola en un abrazo y soltándola casi de inmediato como si quemara.

— ¿Mama?... ¿Tu también Sota?—Dijo Kagome ahora muy confundida.

— ¿Por donde empezar?—pregunto Sakura pensativa.

— ¡Puedes empezar por el medallón de tu familia cariño! — Dijo Saito colocando una mano sobre la rodilla de Sakura, a lo que esta sonrió sonrojada, Kagome se levanto de golpe y miro al hombre como si nunca antes lo hubiera visto, algo dentro de ella se enervó ante la visión de aquel gesto, no era que no amara a su madre y no deseaba que rehiciera su vida, era simplemente algo dentro de ella que no podía controlar.

— ¿Ahora mismo van a decirme que DIABLOS sucede aquí?... ¡y TU quita las manos de mi mama "AHORA"!— Ordenó Kagome secamente sintiendo como su energía se elevaba con ella y chocaba contra los presentes con furia contenida.

— ¡Ka.. Kagome cariño siente y te explico!—Dijo Sakura riendo como una colegiala enamorada, Kagome miró a su madre estupefacta, ella nunca la había escuchado reír así, su madre la serena rectitud en persona jugueteando allí junto a aquel hombre que sonreía obviamente encantado con su molestia.

— ¿Disculpa, primero empiezas a decirme algo que deberías decirme a solas, donde pueda gritar horrorizada y correr como una gallina sin cabeza a gusto, y luego "él" te pone las manos encima y tu te ríes encantada de la vida, como si fuera cosa de todos los días, y lo único que me dices es: "¿Kagome cariño siéntate?" ¿En serio?– Kagome notó entonces tres cosas a la vez, su poder se había elevado como nunca exigiéndole a su madre la verdad y había golpeado a todo el mundo en la sala como un Tsunami gigante e indetenible, segundo había escuchado y sentido algo como un sello espiritual o barrera quebrarse en mil pedazos y por ultimo algo grande y pesado se había azotado con fuerzas sobre la mesa de café de su madre, el sonido familiar la estremeció hasta los cimientos, el mundo se detuvo realmente, Kagome miró al hombre junto a su madre y entonces algo en ella salto en reconocimiento, los ojos azules que la habían saludado desde el día que nació, el cabello negro azulado como el ala de un cuervo.—¿Pa… Papa?... ¡pero tu estas… pero tu… tu! -barboto mirando al hombre levantarse junto a su madre, ambos sonriendo.

— ¡Fhe mujer casi quinientos años sin verte y lo primero que haces!, ¿es sentarme? — Dijo una ruda voz con un toque de reproche, Kagome se volvió a toda velocidad boquiabierta, allí sobre los restos de la delicada mesa estaba Inuyasha sacudiéndose el té y las esquirlas de porcelana, lanzándole calida mirada de alegría reprimida y una sonrisa divertida que desmentían su censura, pero ella no había visto a nadie mas que el hombre sentado junto a Toga, su vista se había quedado allí justo allí.

— ¿Se…Sesshomaru?... — Susurro Kagome inaudible incluso para los youkai presente sin poder arrancar la mirada del Daiyoukai. – ¡Oh Kami!… ¡lo sabía!, ¡el día a llegado he perdido… mi maldita… cabeza finalmente!— murmuró perpleja, demasiado sorprendida, para sentir las lagrimas correr por sus mejillas, o las calidas manos de sus padres sobre los hombros consolándola, apoyándola, demasiado abrumada, libero inconcientemente una ola de poder, que aparto a todos de si misma lanzándolos de espaldas, su mirada fija en él y solo en él, era una compulsión que no podía evitar, hasta que la presión fue demasiado, de lo que en su estado emocional podía soportar y avanzó hacia la oscuridad que prometía el alivio del olvido y se desmayo. No vio cuando Sesshomaru con lo ojos teñidos de rojo se liberaba de Toga y se levantaba a toda velocidad y la aferraba con las dos manos contra él antes de que siquiera su cuerpo inerte empezar a caer.

¡Kagome, mi kagome! — Murmuro Sesshomaru sintiendo a su bestia calmarse mientras aferraba a su mujer contra si mismo y enterraba su rostro en el cuello de Kagome justo sobre su marca y aspiraba con fuerza su olor, calmándose un poco, finalmente estaba allí, el día había llegado y estaba entre sus brazos a su merced.

— ¡Hazla sufrir de nuevo, y si bien no voy a matarte, por ella, te haré desear morir cachorro, recuérdalo! — Prometió Daiichi secamente mirando a Sesshomaru con aquellos ojos tan parecidos y tan diferentes de Kagome, la frialdad en los de Daiichi y la clara promesa de venganza solo la había visto un par de veces antes cuando Kagome había perdido el control en un intento de salvarlo y cuando el mismo Daichi lo habia convertido en polvo años atrás.

— ¡Si Daiichi-sama! — Dijo Sesshomaru tomando en brazos a Kagome y sin mirar hacia atrás salir con ella de la casa.

— ¿Estas seguro de que esto es buena idea cariño? — Preguntó Sakura preocupada mirando a la joven pareja perderse en la noche, amaba a su hija pero era tan duro dejarla ir después de haberlo echo tantas veces.

— ¡El sello se ha roto, esto debió de haber sucedido hace tres años Sakura, ella necesitara de él y solo de él cuando despierte, nuestra hermosa Kagome necesitara a su pareja, lo sabes! — Dijo el hombre besando castamente la cabeza de su compañera.

— ¡Espero que tu hijo no vaya a cometer una estupidez Toga-san, o Daiichi no va a tener tiempo de torturarlo, yo misma lo haré! — Prometió Sakura lanzándole una mirada encendida a Toga, que sonrió ante la idea de ver a la dulce Sakura torturando a alguien, Daiichi pareció compartir la misma idea por que empezó a sonreír semioculto entre los cabellos de la pequeña mujer, no era buena idea enojarla, pues bajo toda esa dulzura al igual que su Kagome, Sakura podía ser letal y no era tan tonto como para ponerse a si mismo en el blanco de su amada.

Calor, algo suave y caliente la envolvía firmemente, Kagome nunca se había sentido mas cómoda en toda su vida que con aquel agradable calor envolviéndola, recordó los acontecimientos que habían ocurrido y sintió lagrimas calientes salir de sus ojos y rodar por sus mejillas libremente, antes de que algo caliente y húmedo pareciera de la nada, y se deslizara sobre sus mejillas con pecaminosa suavidad secándolas. Kagome se sobresaltó tensadose y abriendo los ojos azules, para chocar con oro, ***demasiado cerca*** grito su mente alarmada, mas cerca de lo que había estado nunca de nadie, mas cerca de lo que jamás había estado de él, trato de huir por instinto pero algo le impedía moverse por completo, Mokomoko-sama estaba firmemente envuelto alrededor de ella y por si fuera poco el mismo la aferraba con ambos brazos contra él.

— ¡Suéltame! — Suplicó Kagome con un hilo de voz ahogándose en sus orbes doradas.

— ¡Nunca! — Contestó Sesshomaru en un tono ronco, bajo y contenido pero autoritario.

— ¡No puedo respirar!— Dijo Kagome sintiendo la falta de aire, que había estado conteniendo, Sesshomaru aflojó solo un poco su agarre sobre ella, pero no la libero. – ¿Qué haces aquí... como es que tu?

— ¡Tonta mujer… yo soy un Youkai! — Explico con un borde casi divertido, dejándola perpleja, él nuca jamás había demostrado ninguna emoción, ¿realmente estaba alucinando?

— ¡Pero... pero… espera un maldito momento amigo… suéltame ahora Sesshomaru! — Exigió Kagome de golpe empezando a retorcerse frenética por liberarse, llevándolo a el al limite de su autocontrol de por si carcomido y debilitado.

— ¡Deja de hacer eso ahora Kagome! — Ordenó Sesshomaru deteniéndola efectivamente, no por su orden, ni por como lo había dicho.

— ¡Tu… nunca antes dijiste mi nombre! — Dijo ella perpleja, ella jamás lo había escuchado llamarla otra cosa mas, que Miko o mujer ella había renunciado a esperar que él la reconociera como su igual y la tratara por su nombre.

— ¡Eres mi compañera! — Contestó Sesshomaru como si eso lo explicara todo. Kagome sintió como su energía se elevaba furiosa con ella y le dio una descarga monumental apartándose efectivamente de él.

— ¿Dónde diablos estoy?... TU MALDITO DAIYOUKAI ENGREÍDO, NO ME VENGAS AHORA CON TODA ESA BASURA DE "COMPAÑERA"… TU NO QUERIAS A UNA "DEBIL HUMANA"… Y ME RECHAZASTE, ME MENTISTE, ME ENGAÑASTE Y LOGRASTE QUE OTROS ME ENGAÑARAN POR TI! — Rugió Kagome haciéndole daño a sus sensibles oídos sin sentir remordimiento alguno por ello, mientras miraba alrededor buscando una salida observo la decoración ricamente elaborada de la habitación extraña donde había despertado.

— ¡No fue así déjame explicarlo!—Dijo Sesshomaru pidió tratando de conservar la calma y aplastando el pánico que su bestia estaba trasmitiéndole.

— ¡No!… ¿Me diste tu a mi alguna oportunidad?... ¡NO! Tu fuiste el tirano déspota que estas acostumbrado a ser, y me mandaste a la mierda sin mirar atrás!... estoy muy... pero MUY molesta ahora mismo, Sesshomaru nada de lo que digas va a ser diferente para mi, ahora necesito calmarme… llévame a casa ahora! – Dijo Kagome alterada luchando contra aquel deseo que se había desperado en ella nada mas verlo, quería tocarlo, sentir sus manos sobre ella, tenerlo aferrado a si misma, no entendía lo que sucedía pero era una sensación abrasadora que la empujaba a querer rodearse de él, de su calor, su olor, su energía *** ¡Oh dulce kami!... ¿Que me esta pasando, no debería estar arrancándole la piel en tiras ahora mismo?... ¡Desearía poder odiarte, pero no, soy una idiota y en ves de eso te amo! ¡Maldición!*** despotricaba en su mente, molesta consigo misma por ser incapaz de odiarlo, de no desearlo, por que era obvio que lo deseaba para su total y completa mortificación.

— ¡Estas en casa!—Disparo él inmediatamente, tratando de aferrarla nuevamente contra él.

—¡No, no se donde estoy, esta NO es mi casa Sesshomaru!—Dijo Kagome exaltándose aun mas alejándose instintivamente de él, pero por cada paso atrás que daba, era seguido inmediatamente por él, así que al final no se había alejado nada, él podía estirar los dedos y tocarla.

— ¡Es "nuestra" casa! –Explico Sesshomaru lacónicamente, su bestia estaba realmente fuera de control y ahora él no tenía mucha fuerza de voluntad para contenerla, pero no quería terminar haciéndole mas daño.

— ¿Cómo que "nuestra" casa?... ¿Cuál "NUESTRA" casa? — Preguntó ella, obviamente cada vez mas asustada por las implicaciones y el calor que envolvía cada pulgada de su sensibilizada piel, tenía todos los nervios en tensión y la voz de Sesshomaru parecía resonar atravesando su piel hasta lo mas profundo de ella..

— ¡Hablemos por favor!—Suplicó nuevamente Sesshomaru tomándola en brazos y sentándose en medio de la enorme cama, con ella sobre su regazo, temblando como una niña supurando miedo por cada poro de su cuerpo, rompiéndole el corazón a su bestia con cada temblor con cada lagrima, bajó el rostro nuevamente sobre el de ella y deslizo su lengua por sus mejillas barriendo sus lagrimas y depositando una lamida furtiva en la comisura de su labios haciéndola dar un respingo de sorpresa.

— ¿Que... estas haciendo? –Gimoteo Kagome avergonzada sintiendo como el calor del cuerpo de Seshomaru, empezaba a invadirla, podía sentir su youki agresivo envolverla, aferrarla, si ella lo amaba, pero tampoco no iba a tirarse a sus pies.

— ¡Solo limpio tus lagrimas!... –Contestó Sesshomaru. — ¡Creía que hacia bien dejándote ir Kagome, creía que querías vivir tu vida en esta época, libre de todo, de alguien como yo, y no quise escuchar a Inuyasha cuando me dijo que me arrepentiría, dije "mi problema" pero nos hizo a todos infelices, especialmente a ti ¿verdad? – Dijo Sesshomaru sonando dolorosamente agotado y triste.

— ¡No entiendo! —Contesto Kagome roncamente su arranque de esa tarde estaba pasándole factura.

—¡Si, supongo que tendré que explicártelo todo, tu lo mereces, traté de hacerlo aquel día en la cabaña de Kaede, pero, entonces yo no sabía como hablarte, que decir, como empezar!—Dijo Sesshomaru colocando las manos sobre sus hombros y delineando con sus garras la marca que había dejado siglos atrás en ella enviando corrientazos por todo su cuerpo. — ¡El día que curaste a Rin… mi bestia estaba enloquecida contigo, yo siempre sentí curiosidad por ti, llamaste mi atención desde la primera vez que te paraste a gritarme en defensa de mi hermano, ninguna mujer, mucho menos una humana había gritado a este Sesshomaru!— Explico genuinamente sorprendido. — ¡Allí estabas tu entonces, toda fuego y chispas gritándome sin importar que te matara por tal insolencia… luego la espada, cuando la levantaste me intrigó, pero lo que definitivamente me descolocó fue tu inmunidad a mi veneno, en mas de una ocasión envenene accidentalmente a mi madre y a mi padre, pero tu…

— ¡Tal vez lo purifique!—Dijo Kagome mirándolo sorprendida ella no recordaba que él hablara tanto, o que demostrara tanto si al caso vamos, el estaba dándole explicaciones tarde si pero "estaba" dándolas y que ella recordaba el no daba explicaciones a nadie.

— ¡No Kagome… eres perfecta para mi en todos los sentidos! —Explicó Sesshomaru bajando la cabeza sobre su marca y cediendo a deseo que lo había perseguido por siglos, deslizando su lengua aterciopelada sobre su marca, ciñendo la cintura de Kagome estrechándola íntimamente contra el, ella gimió indefensa y se tenso arqueándose y dándole acceso a su cuerpo inconcientemente, cuando sintió su cuerpo duro contra la suavidad de ella sin armaduras de por medio solo ellos.

—¡Sess… Sessho… maru…! –Gimió Kagome tensa y cediendo al panico, él se obligo a arrancar su boca de su marca y la abrazó contra él con mas fuerza colocando su mentón sobre la cabeza de ella, estaba aterrada. ***¿De verdad le había dejado hacer eso?... ¿Por que había reaccionado ella si?... ¿cuado había empezado a hacer tanto calor?...*** Las preguntas explotaban en su mente frenéticamente.

— ¡Shh calma… esta bien…!— La calmo Sesshomaru tratando de controlar el fuego en su cuerpo.— ¡Cuando la salvaste de aquel maldito aguijón y yo te mordí supe en ese instante, que eras mía total e irrevocablemente Kagome, no otra ni nadie "TU" confieso que me consterne los primeros minutos con el echo de que fueras humana, pero solo, por que morirías y me dejarías en este mundo para siempre solo, después vi que me temías, tu te apartabas de mi, y estaba el echo de que, ni siquiera eras de mi tiempo si no del futuro!… — Dijo Sesshomaru cuando pudo domar a la bestia dentro de él, retomando su explicación, Kagome sintió el corazón retumbar como una tambor dentro de su pecho viendo sus ojos pasar de dorados a rojos una y otra vez hasta que el dorado prevaleció. — ¡Decidí entonces… que nunca podrías ser feliz junto a una bestia como yo un asesino un monstruo un...

— ¡Basta, por Kami Sesshomaru!... Tan poca fe en mi tenías entonces!—Dijo Kagome sintiendo las lagrimas correr nuevamente por sus mejillas de dolor por él, por la lucha interna que podía ver en sus ojos; y por ambos no podía evitar sentir eso por ellos. — ¡Tu no me diste la oportunidad de entender, de saber lo que sucedía! —Gimoteo cubriéndose los labios para reprimir alguna confesión, él no estaba diciendo que la amaba, ella no quería ponerse en una posición donde él pudiera simplemente destrozarla nuevamente.

— ¡Si… nunca creí que pudieras amar a algo como yo… así que decidí por ti, por ambos y me arrepentí créeme, justo cuando Naraku mancho nuestra unión con sus malditas palabras, justo cuando vi el dolor que mi silencio te había causado, justo cuando empezaste a desaparecer de mi mundo, cuando envolviste tus brazos alrededor de mi, me di cuenta lo estúpido que había sido, Todos lo dijeron siempre: Tu eres una mujer especial, si alguien habría conseguido amor en su corazón para mi, eras tu, y yo te aparte de mi lado cada vez!— Dijo Sesshomaru con pesar recostándola en su brazo izquierdo para verle el rostro. — ¡He esperado por ti casi 500 años Kagome Higurachi, ahora dime ¿vas a perdonarme?, ¿Vas a salvarme de mi mismo o vas a condenarme al infierno de vida que he venido llevando sin ti?, ¿dime Kagome puedes amar a un Daiyoukai, a una bestia a éste Sesshomaru?. — Pregunto entonces con un matiz de desesperada suplica en su voz.

— ¿Puedes TU amar a esta humana Sesshomaru? — contestó Kagome a su vez reprimiendo las ganas locas de gritar que si, ella podía, que ella lo hacia ya desde hacia mucho tiempo.

— ¡Al principio negué rotundamente "amar" simple y llanamente, Inuyasha que nunca creí que tuviera un cerebro en primer lugar, me dijo que si sabía, después de mendigar incluso el aroma de tu cuerpo mientras estuviste en el Sengoku después de "existir" todos estos años con el solo consuelo de tu recuerdo y los pocos momentos que estuvimos juntos te puedo decir, que Si… Si Kagome Higurachi te amo y te amaría aun así fueras humana.

— ¡Sesshomaru "soy" humana¡ —Dijo Kagome mirándolo perpleja.

— ¿Cariño viste a tu padre y a tu madre?, ¡lo que es mas!, ¿Te has visto en un espejo? — Preguntó Sesshomaru divertido, Kagome se tenso y recordó, su madre tenía una estrella de cinco puntas en la frente y su padre marcas blancas en las mejillas.

— ¡Esto no esta pasando… necesito un espejo! — Salto Kagome tratando de soltarse inútilmente, Sesshomaru se levanto con ella, como si no pesara nada mas que un bebe y la llevó hasta un espejo de cuerpo entero que estaba en el otro extremo de la habitación. — ¡Oh por Kami! — Soltó Kagome cuando Sesshomaru la dejó sobre sus pies frente al espejo, su cabello negro azulado parecía mas grueso y brillante que de costumbre, pero no era eso lo que la había descolocado, allí sobre su delicada piel albina, en su frente estaba el sello de su medallón un cuarto creciente de un blanco traslucido que parecía brillar con energía casi abarcando por completo la estrella de cinco puntas azul que estaba en medio de su frente, y en lo alto de sus mejillas dos pares de marcas blancas que parecían salir de la espesura de sus cabellos; su piel se veía mas suave y sus labios mas rojos y sus orejas definitivamente elfinas.

— ¡Eres un Youkai y no cualquier Youkai! — Declaró Sesshomaru cerniéndose por encima de ella desde su elevada estatura.

— ¡Un Youkai!... — Repitió perpleja delineando una de las marcas de sus mejillas, entonces el aguijón de la duda de clavo en ella con saña. — ¿Cómo se que me quieres a mi por ser "yo" y solamente "yo", o a mi por saber lo que soy realmente y que ahora cumplo con tus estándares de pureza? — Pregunto Kagome temblorosa mirando a los ojos de Sesshomaru en el reflejo del espejo frente a ella, él cerró los ojos con evidente dolor y dejó caer los hombros derrotado, él había imaginado siglos atrás cuando había aprendido quien y que exactamente era ella, que tal vez Kagome reaccionaria así, había sido un tonto al esperar que ella no se le ocurriera aquel pensamiento, había esperado demasiado, él mismo con sus acciones en el pasado había alimentado y fortalecido la falsa creencia de desprecio por ella, que aun hoy Kagome parecía creer cabalmente. El mismo los había condenado, como su bestia diría:

Maldito fue él mismo.

Owari…