Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)

N.D.A: ESTE CAPITULO CONTIENE ESCENAS CALIFICADAS COMO FUERTES, RECORDEMOS ESTE FIC ESTA EN EL RANGO "M" POR LENGUAJE Y ALGUNAS ESCENAS QUE PUEDEN RESULTAR INCOMODAS, SI LES MOLESTAN PUEDEN PASAR AL PRÓXIMO CAP EN CUANTO ACTUALICE, GRACIAS

ATTE. LA AUTORA ES DECIR "YO"

"¡Me rindo, me rindo a ti, me rindo a tus ojos, a tu boca ,a tu cuerpo y a tu alma, al pasado al presente y al futuro junto a ti, nos perdono los tropiezos, nos perdono, los errores, nos perdono cada instante que perdimos hasta aquí!... ¡Tu cruz será amarme, y llenarme de ternura, la mía aceptarte y entregarme con locura, deberás adorarme como yo te adorare a ti, deberás amarme tanto como yo a ti, si al final de los tiempos nuestras pasiones nos dejan escribiremos la historia, la cuajaremos de estrellas, le pediremos al viento que hasta el cielo la eleve, y por la luna guardada nuestra historia siempre quede, me rindo solo, solo ante ti, te amo! "

Elizabeth Lara

Cap 20: 5 siglos de penitencia, El Perdón y entrega.

Tragó con fuerza el nudo apretado que tenía en la garganta apretando con fuerza, en un claro intento de terminar con él de una vez, sintió los latidos de su corazón golpeando con fuerza contra su pecho, su bestia agonizaba dentro de su prisión, empujó con fuerza las dolorosas protecciones que se había obligado a si mismo a llevar en pro de salvar un poco la cordura, a favor de no acabar convertido en un ser sin mente ni alma, con el único deseo de sangre y muerte, para esperar y cumplir fielmente su castigo de años, siglos, cinco siglos de soledad hasta volver a ella, de rodillas, humillado, suplicando como jamás le había suplicado, ni jamás le suplicaría nadie mas que a ella; suplicar que se apiadara de él, que perdonara su estupidez y lo aceptara, sintió una dolorosa grieta supo que tendría que alejarse, nuevamente tendría que alejarse, no por elección, si no por que la cordura de su bestia con el tiempo muy a pesar de sus esfuerzos había decaído, como la de él, y temía lo que pudiera hacer; el no la tomaría a la fuerza ni aun hoy, no forzaría a entregar lo que no estuviera depuesta, pero su bestia… no sabía si podía entender eso ahora, suspiro con fatiga y se obligo a contestar con el corazón pesado de pena.

— ¡No lo se Kagome, no puedo probarte eso… yo mismo te dejé inadvertidamente con la idea de que no te quería por tu "humanidad", yo no se como hacerte entender que te e deseado en mi vida y en mi cama durante todos estos siglos, sin importarme la insignificancia de si eras humana, youkai, hannyo o una maldita cucaracha!— Gruñó Sesshomaru apartándose de ella con los ojos inyectados en sangre, su bestia había roto las protecciones, ¡alejarse!, tenía que alejarse, se dijo saliendo de la habitación atormentado tratando de poner distancia entre ellos, su bestia la reclamaba y en el estado en el que estaba, le haría daño irremediablemente y no quería, ya le había echo demasiado daño como para agregar la violación física a su lista de pecados que de por si eran muchos y contra ella imperdonables, pero aun el mas pecador buscaba el perdón, él no era diferente, ansiaba el perdón SU perdón. Kagome se quedo de pie frente a el espejo mirando su nuevo reflejo completamente sorprendida por la apasionada declaración de Sesshomaru, entonces se dio cuenta de lo idiota que estaba siendo, estaba dejándose influenciar por sus mismas dudas, por sus miedos, ahora era ella la que estaba poniendo obstáculos innecesarios entre ellos, estaba haciendo lo mismo que hizo él cuando le oculto la verdad, estaba decidiendo por ambos sin darles oportunidad, por algo tan tonto como el miedo al rechazo, ¿que estaba pensado?, era obvio que había dejado de pensar, él estaba allí, él fue por ella y ahora ella estaba allí en su casa, sus acciones no hablaban de rechazo, ¡NO! ella no cometería el error que él había cometido, se juró en su fuero interno, le dedico una mirada de determinación a su reflejo dándose ánimos y corrió tras él, ERA SUYO, idiota o no, era suyo y no iba a dejarlo escapar tan fácilmente, al diablo todo, no iba a seguir en aquel infierno de soledad que era una maldita tortura a cada segundo, para él tuvo que ser peor ¿no?, habían sido prácticamente cinco siglos sin ella, ella tenía tres meses y sentía que estaba enloqueciendo ¡Oh dulce kami!, corrió siguiendo su Youki descontrolado, salvaje, corrió a través de diferentes salones ricamente adornados sin prestarle la mas mínima atención, corrió arrancándose las medias a la carrera para no resbalar sobre los suelos de mármol blanco pulido, hasta llegar a una antesala con una puertas dobles enormes con unos perros en guardia tallados en ellas, que recordaba haber visto solo una vez en el pasado; sin detenerse a pensar mas, empujó con fuerza la puerta de madera maciza y esta se abrió lentamente, vio inmediatamente el enorme perro blanco rugía su agonía, haciendo eco en la gigantesca galería ricamente adornada, Kagome sintió su corazón comprimirse de dolor por él, avanzó lentamente y se detuvo de golpe, notando por primera vez las figuras cuidadosamente colocadas una junto a la otra en elaborados y delicados pilares de piedra, eran las sacerdotisas de piedra que había visto en la tienda de Kurenai-san. Kagome cerró los ojos dejando caer las lagrimas por sus mejillas, ahora entendía la familiaridad, había sido tan tonta, tenía que haberlo notado nada mas ver sus marcas, esto lo había echo él, él había volcado todo su amor, representándola tal cual la veía, "ella" Kagome Higurachi era la sacerdotisa de piedra, aquel personaje mítico, etéreo y poderoso, la compañera de este hombre, su otra mitad, un gemido lastimero la sacó de su trance y vio a Sesshomaru enroscarse en una gigantesca bola temblorosa y gruñir.

— ¡Sesshomaru, por favor escúchame!— Pidió Kagome acercándose a él lentamente, el Youkai levanto la mirada hambrienta un leve brillo frenético en sus enormes ojos enfocándola a ella. Kagome se acercó hasta poder estirar la mano y tocar el enorme hocico lleno de afilados colmillos. — ¿Quieres saber por que huía de ti?, ¡por que siempre pensé que me odiabas, luego de aquella noche cuando me marcaste!… ¡no entendía lo que estaba pasando conmigo Sesshomaru, entiéndeme yo nunca e estado cerca de un hombre de la forma en la que estado contigo, cuando me curaste, me sentí… extraña y me asuste de mi misma y trate de huir, cuando me lo impediste y seguiste curándome yo estaba muy avergonzada y no entendía por que!… — Decía frente a él mirando directo a sus ojos dorados inyectados en sangre. — ¡Luego cada vez que nos encontrábamos estaba… esta, esta cosa entre nosotros que me ponía los pelos de punta… repito yo nunca e estado con un hombre Sesshomaru, yo ni siquiera e sido besada por nadie, jamás… yo tenía miedo de ti… si, pero era por lo que me hacías sentir, tu confundías mis sentidos y no sabía como manejar algo así, la fase de mi vida de "adolescente experimentado" la pase corriendo en el Sengoku tras Naraku yo… no sabía que hacer con esos sentimientos… aun no se que hacer con ellos lo admito, apenas hoy acepte completamente que… te amo, a ti, a Sesshomaru, con todo y bestia con todo y tus extrañas costumbres, huía de ti, por que no quería que me hirieras con tu rechazo, por que algo me decía que si lo hacías yo simplemente iba a sentarme allí frente a ti y morir yo…

— ¡Tonta! — Murmuró Sesshomaru eufórico con sus palabras, en su forma humanoide estrechando con fuerza a Kagome contra él antes de tomar sus labios por primera vez, al principio con extrema delicadeza, temblando de deseo al primer contacto, luego hambriento exigiéndole acceso total, rendición, entrega, Kagome dejó escapar un gemido de sorpresa y Sessshomaru forzó su entrada a la humedad de su boca, deslizando su lengua por todos los rincones, Kagome de aferraba a él tratando de sujetarse a algo solidó, cuando su cuerpo empezó a arder a fuego lento y luego simplemente estalló en llamas entre los brazos de él, Sesshomaru la levantó apoyándola contra una columna de mármol y empujó sus caderas frotando su dolorida hombría contra la suavidad de ella, su cuerpo estaba en llamas, había estado en ese estado desde que la había marcado y ya caminaba al borde de la locura — ¡Kagome! —Gimió él sintiendo el olor de la excitación de ella explotar en su sensible olfato, deslizo sus manos por sus caderas y lo que podía tocar de su espalda y mordió suavemente su marca, lo suficiente para excítala aun mas.

— ¡Oh por todos los cielos! — Dijo Kagome ahogadamente abrazándolo mientras luchaba por controlarse a si misma, fallando miserablemente, ella tampoco odia tener suficiente de él, ansiaba tocarlo abrazarlo contra ella, envolverse en su calor, en su aura, en su piel.

— ¡Te necesito Kagome… Te necesito, te necesito ahora! dime si vas a aceptarme antes de que pierda la cordura y no pueda detenerme! — Dijo Sesshomaru desmintiendo la posibilidad de elección con un empujón de caderas que la hizo estremecerse de los pies a la cabeza.

— ¡Yo… No se que hacer!— Gimió Kagome tratando de usar el sentido común nublado por el deseo desatado en ella, Sesshomaru tomó sus labios y saqueo su boca hasta dejarle la razón perdida en algún lugar entre la galería de las Sacerdotisas de piedra y algún salón que habían cruzado a alarmante velocidad, sin que ella lo notara o le importara ya, su mente una nube de deseo febril, que ella reconocía era de ambos. — ¡Si! — fue la única palabra que pudo articular finalmente.

— ¡Lo bueno es que yo "si se" que hacerte esposa! — dijo Sesshomaru sugerentemente colocándola sobre la enorme cama bajo él. — ¡Eres mía Kagome, eres y serás completamente mía ahora!— Juró Sesshomaru rasgando el suéter con sus garras, dejando al descubierto su pechos desnudos y abarcándolos inmediatamente con sus grandes manos gruñendo de placer cuando estos encajaron perfectamente en sus palmas, ***ella estaba echa para él, ningún otro… esta mujer era suya y mataría para conservarla, para permanecer junto a ella*** se dijo con masculina satisfacción observándola florecer de pasión bajo sus atenciones. Kagome gimió sobrepasada en sensaciones y grito con fuerza cuando Sesshomaru tomo un pezón con la boca y siguió torturando dulcemente al otro con las manos.

— ¡Ohhh por Kami!— Gimió Kagome ahogadamente cuando Sesshomaru paso su atención a otro pecho, ella sentía el cuerpo caliente y pesado, donde quiera que él la tocara dejaba estelas de fuego y su cuerpo estallaba de vida, sintió el aire fresco en las piernas y comprendió tardíamente que él la había desvestido completamente pero ella no podía mas que mirarlo sobre ella, observando lleno de deseo cada rincón de su cuerpo, el estaba miándola y ella lo sabía sintió el calor en las majillas y supo que estaba con seguridad sonrojada de los pies a la cabeza.

— ¡Eres deliciosa!— Dijo Sesshomaru dándole un lametón entre los pechos, como para resaltar ese echo sintió su cuerpo masculino y su pesada erección frotarse directamente contra su piel y con el poco sentido que le quedaba se pregunto cuando se había desnudado él, pero olvido todo pensamiento coherente cuando él empezó a lamer su vientre. — ¡Oh dulce, estas húmeda y lista para mi!. — ronroneo él con satisfacción, enviando una descarga de temblores a su útero, que se contraía con sus acciones.

— ¡Lo siento! — Atino a decir avergonzada sintió los labios de Sesshomaru curvarse con una sonrisa contra la cara interior de sus muslos antes de que le diera una lamida y una ligera mordida que la hizo saltar, ella podía sentir la tensión en su cuerpo y pensó que si seguía así terminaría rompiéndose a pedazos.

— ¡Esta bien amor… la humedad me ayudara a entrar en ti sin que sea tan incomodo para ti, así es como tu cuerpo se prepara para recibirme, así anuncia alto y claro que me deseas tanto como yo a ti! — Explicó Sesshomaru antes de hundir su rostro en la V de sus piernas haciendo que Kagome se arqueara por inercia y gritara sorprendida; él sabía muy bien, que ella era demasiado inocente aun para la forma en que él la estaba tomando, pero él quería no, necesitaba probarla, necesitaba su sabor como había necesitado su aroma para vivir durante casi quinientos años, sin terminar enloqueciendo por completo, con la promesa a si mismo de todo lo que le haría cuando la tuviera su merced, el tiempo había llegado y él se daría banquete con ella, lamió cada surco, cada hendidura disfrutando cada gemido cada grito indefenso, mientras sentía la tensión construirse en ella, introdujo su lengua en aquel lugar secreto jamás tocado por ningún hombre y sintió sus paredes internas presionar con fuerza, ella era estrecha y él no era exactamente un hombre "pequeño" y estaba completamente excitado, quería hacerla tocar las estrellas y mantenerla allí, mientras la poseía y atravesaba su inocencia con la mayor delicadeza posible, aquello era toda una prueba a su autocontrol y disciplina, nunca en su vida habría pensado que su pureza fuera un inconveniente a excepción de ese momento, introdujo su lengua un par de veces mas y golpeo con ella con fuerza aquel botón de carne que estaba lleno de nervios hecho para darle placer, Kagome se arqueo y dio grito tembloroso y desvalido, cuando su primer orgasmo la golpeó con fuerza Sesshomasu mordisqueo ligeramente el capuyo de nervios, catapultándola mas alto con otra serie de espasmos, entonces con rapidez se coloco entre sus piernas abriéndolas mas para acomodar su cuerpo, tomó su erección y la restregó contra su entrada golpeando el clítoris inflamado y sensible haciéndola saltar un poco. — ¡Kagome!— La llamó haciéndola mirarlo a los ojos, el retuvo su mirada negándose a dejarla ir y se empujo dentro de ella, hundiéndose con dificultad en el estrecho canal, Kagome lo miraba indefensa, Sesshomaru sintió sus paredes internas exprimirlo y contuvo con fuerza el deseo de empujar con fuerza y enterrase en ella profundamente, Sesshomaru empujó un poco mas e implacablemente hasta detenerse no por gusto, si no por la barrera que declaraba su inocencia que estorbaba su camino. — ¡Tendré que hacerte daño amor, pero será solo un momento, después… te juro que te olvidaras hasta de tu nombre! — Prometió entrecortadamente empujando con fuerza atravesando limpiamente la barrera y enterrándose complejamente en ella, el gemido de dolor le atravesó el corazón así que se quedo completamente inmóvil a pesar de que su bestia lo empujaba a embestirla, la beso, por que tenía que hacerlo, tenía que aliviar un poco el dolor — ¿Estas bien?

— ¡Si creo! — Gimió Kagome ahogada sintiéndose llena, extrañamente estirada desde dentro, había habido dolor pero se había ido con rapidez, lo miró sonrojada y agitada Sesshomaru sintió las paredes internas de su mujer comprimirlo con fuerza tal que creyó que iba a explotar, se movió ligeramente dentro de ella, observando atentamente sus gestos asegurándose de no hacerle daño alguno, al notar que no le estba haciendo daño embistió con un poco mas de fuerza y ella gimió encontrándose instintivamente con él a medio camino por inercia sus caderas se habían levantado buscándolo, entonces perdió él la cabeza por completo, Sesshomaru prácticamente salio de ella para volver a hundirse con firmeza, Kagome gritó de placer cuando el había golpeado un punto dentro de ella que la había echo arquearse de deseo y luego como si hubiesen echo el amor desde siempre, ambos empezaron a moverse al unísono encontrándose en cada embestida Sessomaru lamió su cuello allí donde la había mordido antes una dos veces entonces hundió sus colmillos en el mismo sitio entonces el mundo de Kagome se fragmentó en mil pedazos cuando otro orgasmo la arrolló dejándola casi inconciente, Sesshomaru se movió con fuerza lamiendo la sangre de la herida y cerrándola.

— ¡Muérdeme Kagome… muérdeme con fuerza esposa!— Ordenó Sesshomaru ofreciéndole su cuello a ella. — ¡Soy un Inu, Kagome dame ese placer muérdeme con fuerza toma mi sangre cariño complétame! —Rugió Sesshomaru con la sangre atronándole en los oídos, sintió a Kagome enroscar los brazos en su cuello y lamer su cuello su miembro se engrosó aun mas, sintiéndola imposiblemente apretada alrededor de el, —¡Kagome!— Aulló suplicando cuando ella lamió un par de veces mas torturándolo dulcemente, antes de clavar sus comillos con fuerza en su cuello y él la mordiera de nuevo también y la envistiera cegado por él placer, casi con brutalidad y rugiendo de placer explotara disparando dentro de su útero su semilla caliente llenándolo por completo de su tributo, la prueba de su deseo por ella y provocándole otra series de orgasmos, Sesshomaru se desplomó sobre ella por ahora saciado, mientras sentía algo completándolo, sentía una parte de ella en él y una parte de si mismo en ella, eran uno, se movió con la intención de salir de ella y dejar de aplastarla pero Kagome se lo impidió aferrandolo con fuerza contra ella, Sesshomaru sitio una calidez abrazar su helado corazón ante aquella acción.—¡Kagome amor peso, te aplastaré!— Dijo mirando perplejo a aquella pequeña mujer que le había dado tanto placer como jamás había conocido antes.

— ¡No importa… quédate!— Murmuro ella somnolienta, Sesshomaru sonrió entonces besando los labios de su mujer retirándose con cuidado de ella, que había caído en el sueño de los saciados, vio su cuerpo lleno de curvas con satisfacción masculina, aspiró y tomo en él, el aroma de ambos mezclados, vio la sangre sobre la cama y su semilla salir de ella a borbotones, se levantó tomó una toalla, agua y se entregó a la tarea de cuidar proteger y dar seguridad amor y placer a su compañera de vida, se lo debía y después de lo que había auspiciado él mismo entre ellos, dedicaría su vida eternamente a proveer lo que ella pidiera y lo que no también, él sabía que debía dar gracias a los dioses eternamente por que ella lo había aceptado, por que lo amaba aun así imperfecto como era, oscuridad para su luz, frío para su calidez, noche para su luz. Cuando terminó de limpiarla y limpiarse el, tomó una colcha y la colocó sobre ambos, la atrajo hacia el y ella instintivamente se refugió en su abrazo buscando su calor, aun la deseaba, jamás tendría suficiente de ella, pero estaba agotada y necesitaba ese descanso, cerró los ojos dorados hundiendo su rostro en la masa de cabellos negro azulado y con su dulce aroma a lluvia y miel, se entregó al sueño, por primera vez en cinco siglos, sin pesadillas, sin reproches sin condena, por fin en paz.

La luz de la mañana entraba a raudales por las ventanas Kagome se removió contra un bulto caliente detrás de ella, el bulto también de removió un poco y sintió una mano grande acariciar desde su cadera hasta ahuecar uno de sus pechos desnudos, ella se arqueó por inercia facilitándole el acceso, entonces sintió unos lametones sobre su marca y todo lo que había pasado la noche anterior cayó de lleno sobre ella, abrió los ojos como platos y se encontró a Sesshomaru allí tendido junto a ella abrigados por una colcha gruesa, que no sabía de donde había salido y gloriosamente desnudo como ella si su espalda y su trasero no le mentían, ambos se quedaron allí observándose atentamente esperando el próximo paso Kagome sintió sus mejillas arder furiosamente con una sonrojo devastador.

— ¡Buenos días, esposa… me pregunto su todo ese delicioso cuerpo se sonroja igual que tu rostro para mi!— Ronroneo Sesshomaru seductoramente lamiendo su oreja haciéndola dar un respingo, sin esperar respuesta, casi casualmente Sesshomaru bajó la colcha hasta sus caderas dejándola expuesta a su mirada ambarina, Kagome se sintió sonrojar una vez mas y este la miró con un brillo de apreciación puramente masculina en los ojos, antes de bajar su rostro y reclamar su boca, antes de que pudiera reaccionar sus cuerpo ardía por él, y sus manos vagaban libres por el pecho musculoso de él, mientras Sesshomaru acariciaba todos sus rincones como tratando de memorizar con sus manos todo su cuerpo, cada curva, cada caída y textura, ella bajó las manos por la cintura de él, y Sesshomaru tomó una de sus manos y la guió directo a donde quería ser tocado, Kagome se tensó cuando su mano se poso sobre aquel miembro caliente, suave y duro como una roca envuelta en terciopelo que temblaba contra su mano, ella no podía abarcar toda su circunferencia con su pequeña mano.— ¡Tócame esposa!... — Suplico él gruñendo por lo bajo.

— ¡Sesshomaru!— Gimió Kagome incapaz de creer lo que estaba haciendo, él guió su mano mostrándole como tocarlo y luego la dejó a ella seguir, Kagome lo aferró con las dos manos y siguió como él la había guiado, esperando darle tanto placer como él le había dado a ella la noche anterior, una parte de ella se sentía avergonzada y aturdida por lo que estaba haciendo, pero otra parte, una muy dominante en ese momento quería complacerlo, quería deleitare en la femenina vanidad de poseer ese poder sobre aquel poderoso hombre, que era completamente de suyo, tenerlo a su merced despertaba en ella cosas que no sabía que tenía dentro de si misma, y que encontraba muy difícil ignorar o renunciar a ese poder que era suyo por derecho.

— ¡No puedo mas mujer!—Gruñó Sesshomaru colocando su palpitante erección en su entrada y penetrándola con agonizante lentitud, hasta estar completamente fundido en ella, una vez que vio que ella no sentía ninguna incomodidad, la poseyó haciéndola gritar su nombre de placer, haciéndola convulsionar una y otra vez hasta que él finalmente cedió y explotó una vez mas chorro tras chorro de caliente semilla, estremeciéndose sobre ella con tal placer, que sentía su corazón a punto de estallar, él no podía saciar su hambre de ella, la deseaba, había luchado contra si mismo para permitirle descansar, lo único que quería era poseerla una y otra y otras mil veces hasta saciar el hambre de cinco siglos acumulados y empezar a cubrir su hambre de la época actual.

— ¡Tu… vas... a matarme así!...— Gimió Kagome horas después recostada sobre el pecho de el tratando de calmar los temblores de su cuerpo.

— ¡Oh no!... ¡No voy a matarte amor mió, yo creo que tu eres, la que vas a matarme a mi... Pero no te preocupes por eso, eres una Youkai tenemos vidas enteras para disfrutar de esto y lo que es mas, solo mejora con el tiempo!— Explicó Sesshomaru satisfecho, sintiendo a su bestia saciada recuperar un poco mas la cordura, había quedado claro que su bestia la amaba lo suficiente como para confiar, en que no se descontrolaría en medio de la pasión que aquella mujer despertaba en ellos.

— ¿Qué?.. ¡Oh no!, quiero una orden de caución, vamos a echar este lugar abajo, si mejora aun mas terminaremos destruyendo al mundo, por combustión espontánea! — Dijo Kagome espantada, sintiendo su corazón saltar y llenarse de felicidad cuando Sesshomaru echo la cabeza atrás y rugió de risa por su comentario. Estuvieron días enteros encerrados, conociéndose no solo físicamente si no intelectualmente, ella le mostró a él su forma de ver la vida y él le mostró a ella la suya, aprendieron a darse placer mutuamente, ellos no podían dejar se tocarse, de abrazarse, de amarse, tal era el hambre que ambos tenían que saciar el uno del otro; el sexto día después de que ambos compartieran un muy educativo baño donde Sesshomaru le enseño otras cosas de cómo dar y recibir placer, Sesshomaru se puso un nuevo amuleto de concelacion por que el anterior lo había destruido ella la noche en que se habían reencontrado, haciéndolo ver como un hombre alto de ojos Miel dorados de cabellos negros largos atados con una tira de cuero, que Kagome reconoció de inmediato como el hombre con el que había chocado en la tienda de Kurenai la ultima vez que estuvo allí, Sesshomaru sonrió un poco con picardía, explicándole como había estado esperando por ella desde el día en que había nacido y que de echo él la había tenido en brazos después de sus padres. Kagome se había vestido con un Jean negro ajustado y una camisola azul pastel y una chaquetilla de terciopelo negro, que Sesshomar había comprado para ella acertando en todas su medidas, lamentablemente él solo había comprado ropa intima para "mostrar" y no para "usar" como ropa interior. Él solo se había encogido de hombros cuando le había preguntado sobre eso días atrás, y solo se había limitado a levantarle la falda del largo vestido que estaba usando, y la había seducido descaradamente sobre el escritorio de su despacho, donde habían estado hablando por horas, murmurando después de devorar su cuerpo, que de esa forma se aseguraba que siempre estuviera preparada para él, y la había llevado a su habitación donde una vez mas había desbordado su cuerpo hasta agotarla por completo.

— ¡Si no tuviéramos que cumplir con este compromiso, te arrancaría la ropa y te haría el amor otra vez hasta que te desmayes o supliques piedad! — Dijo Sesshomaru detrás de ella con la voz ronca de deseo abrazándola contra él empujado sus caderas para que pudiera sentir la prueba de su deseo presionando contra ella, Kagome sintió las piernas temblorosas, los pechos pesados y un calor liquido entre su piernas, se llevo una mano a los labios conteniendo un gemido, ella estaba encantada y horrorizada, parecían ambos estar en un estado de constante excitación y era simplemente abrumante.

¡Tu siempre quieres arrancarme la ropa, pervertido! — Puntualizó ella con un deje de risa, tratando de desviar el deseo con humor, jamás le diría que ella también quería hacer lo mimo con el o jamás saldrían de la "casa" como solían llamarle al palacio de las tierras del Oeste perfectamente concelado tras la fachada de una "simple" mansión desde fuera, había aprendido como tras sus propios proyectos para hacer el amuleto de Toga en el Sengoku, Shippo había aprendido a hacerlos también, y con el tiempo los había mejorado, e incluso creado otros para proteger el legado youkai, sus edificios mas antiguos y secciones de bosque donde youkai como Bokuseno vivían y no podían abandonar, así que si un humano o un sagrado entraba al la mansión, vería simplemente la "mansión", no vería los hermosos relieves tallados en las puertas de madera gigantes, ni vería los techos, lo suficientemente altos como para que un Inu youkai en su forma natural, caminara abiertamente, no solo vería una mansión humana.

— ¿Pervertido?, ¡Supongo que si lo soy pero!… ¡soy TU pervertido esposa, solo TU me provocas de esta manera! — Contesto el con los ojos brillando con malicia intencionada y la oscura promesa de placer que siempre parecía estar brillando agazapad en las orbes doradas de Sesshomaru, a Kagome aun le costaba creer, que aquel hombre juguetón y seductor era el mismo frío Daiyoukai que conoció en el Sengoku, pero era él, y sabía que tenía razón, era todo suyo.

— ¡Alto allí, perro malo… perro malo! — Dijo Kagome riéndose en su cara ante la expresión perpleja de él ante su elección de palabras, se revolvió un poco hasta liberase de su agarre y se volvió a mirarlo sin dejar de sonreír. — ¡Dijiste que "teníamos" que salir, si sigues así no vamos a llegar mas allá de la puerta de la calle, "del lado de adentro de la casa" para ser exactos, así que hagamos un trato! — propuso sopesando la idea en su mente, y encontrando de inmediato una solución que los complacería a ambos, sintió sus mejillas calentarse con un leve sonrojo, mas aparto de lado el bochorno y se concentro en el hombre frente a ella.

— ¡A ver esposa!, ¿cual es "este" trato? — Dijo cruzándose de brazos y arqueando una ceja enigmáticamente viendo a su deliciosa mujer sonrojada tratando de ¿calmarlo o tentarlo? no estaba seguro, pero igual le gustaba.

— ¡Bien… vamos a cumplir con este compromiso y si te comportas, puedes hacer lo que quieras conmigo cuando regresemos!, ¿te interesa? — Dijo sabiendo que esa sería la única forma de hacerlo esperar, Sus ojos dorados brillaron superando la concelacion por un segundo.

— ¿Lo que sea? — Dijo Sesshomaru roncamente barajando su posibilidades y visualizando en su mente otras con irreal nitidez, contuvo su sonrisa satisfecha algo le decía que a su mujer no le gustaría saber que estaba obteniendo justo lo que estaba buscando. — ¡Acepto… "lo-que-sea esposa!" — Dijo entonces colocándose una mascara de calma frente a ella, que lo miro genuinamente interesada.

— ¡Así que esto era lo que hacías antes! — Comentó Kagome mirándolo con atención. — ¡Eres tonto, no tienes que ocultarte de mi, solo quiero que te comportes Sesshomaru, que seas "tu" no una mascara, te quiero a ti siempre, no puede haber mascaras entre nosotros. — Declaró Kagome con tristeza, Sesshomaru abandono rápidamente su macara y la abrazo contra él.

— ¡No estoy poniéndome una mascara contra ti amor nunca mas, pero supongo que no quieres que todo el mundo sepa que lo único que quiero es encerrarte por tiempo indefinido en nuestras habitaciones y poseerte hasta que supliques que te deje descansar! — Explicó Sesshomaru de inmediato, comprendiendo que aquello había traído recuerdos del pasado para ella.

— ¡Esta bien, lo siento! — Se disculpó por su reacción, solo que volver a verlo como había sido en el Sengoku removió dolorosos recuerdos en ella. — ¡Supongo que podrías escandalizar a mis padres y traumatizar a Inuyasha y a Sota, sin hablar que mi abuelito trataría de purificar una parte de ti que creo que ambos extrañaríamos mucho. — dijo riéndose ante la imagen mental.

— ¡Eres cruel mujer! — Dijo antes de tomar sus labios en un beso apasionado, no él no se saciaría de ella jamás, y se encargaría de que ella siempre lo deseara y lo amara de la mima forma en que el la deseaba y la amaba a ella, total, y eternamente.

Owari…