Vaya… mierda. Si que tardé en volver a subir esta historia, aunque muchos seguro creían que la dejaría hasta ahí, un one shot? Como se diga, la verdad esta historia si fue planeada para un solo cap. Pero me di cuenta que era muy pedida y admití que se podría éter más contenido y dije "¡carajo, que lo hago!" sin más preámbulos los dejo con el fic que seguro les sacara sus corazones, lágrimas o hara que busquen el árbol más alto con una soga en mano. Nos leemos luego!

Capítulo 2: Miradas de un corazón roto.

Me dolía la cabeza. La garganta la sentía más seca que un desierto que jamás conoció la lluvia. Mi rostro, y el resto de mi cuerpo, gritaban desesperadoramente en agonía en un claro intento de motivarme a socorrerlos. Preferí ignorar todos mis pesares, estaba demasiado cansado como para poder mover un pelo. Si mi cuerpo tuviera voz creo que diría algo como "¡Auxilio, sálvame!" y mi cabeza me reclamaría diciendo "Déjame en paz". Mi subconsciente y toda su familia de seguro se fueron de vacaciones, podía asegurar que dejaron un letrero pequeño en la puerta avisando de su partida sin retorno próximo hasta que las cosas se calmaran un poco en su "hogar".

Mierda…

La luz…

Mis párpados se mueven pero no doy señal de querer ver lo que me esperaba afuera, no había nada que me esperara… los recuerdos empezaron a bombardear mi cabeza haciendo que abriera los ojos de forma brusca dejando pasar la luz del día que se colaba por una ventana. Curí mi cabeza con la almohada en un intento de escapar del resplandor que parecía que lo aumentaran con un lupa.

Mierda…

Poco a poco dejé que mi mente me dejara acostumbrarme. Con cierto recelo quito mi escudo solar de mi rostro y lo froto tratando de conseguir fuerzas y ganas para levantarme… noté el corte profundo de mi cara… todo fue real… me recordé a mí mismo.

El alcohol, Tai Lung, Tigresa…

Me levanté de forma penosa, aguantando el dolor que invadió mi cuerpo… tenía fiebre eso era definitivo… deshidratado… otra cosa que agregar… esperen… ¿Qué mierda? ¿Dónde carajos estoy?

.

.

.

El panda miró a su alrededor y proceso su ubicación actual. No era el bar de ayer o la acera de la calle, lugar predestinado para los borrachos. Se encontraba en un cuarto pequeño y algo dañado. La cama apenas y lograba ser del tamaño suficiente para él y sólo traía sus pantalones negros del día de ayer y no veía por ningún lado su camisa o zapatos… ni su cartera o su celular… de hecho no tenía nada salvo los pantalones, al menos eso parecía buena señal.

Al lado de la cama encontró un viejo mueble de madera donde yacía un vaso con agua y dos píldoras junto con una nota que decía "para el dolor y la fiebre". Po no lo pensó mucho y las ingirió junto con el agua hasta el fondo, sintiendo el líquido vital aliviando su seca garganta. Vaya que la necesitaba. Se puso de pie tambaleándose un poco por el mareo.

No le tomó mucho encontrar la puerta de lo que era una habitación, dando un hondo respiro sale a paso firme pero dudoso a la vez. Sólo salir de aquel cuarto se encontró con un muy corto pasillo por donde se podía observar una sala pequeña con unos muebles casi igual de viejos que la mesa de noche. Tuvo que avanzar agachado pues el techo del pasillo era más pequeño que el del cuarto, la sala apenas lo dejaba estar un poco más derecho, sim duda la casa era hecha para animales más pequeños que un panda.

-Parece que ya estás mejor- dijo una vos a unos metros de donde estaba él.

Hay cosas que Po nunca olvidó en su vida; cumpleaños, la primera vez que cocinó para su papá, y en particular, la secundaria. Aquella etapa de su vida para nada llevadera, claro, salvo cuando conoció a su mejor amigo Tai Lung… mierda… ahora deseaba nunca haberlo hecho… pero a quien más recordaba durante esa etapa escolar era a Lang Lingxiu (autor: busquen su significado e.e) un brabucón y delincuente juvenil, además de ser el lobo más hijo de puta que haya conocido. Durante todo un año se dedicó a amargarle su existencia sólo porque es un panda.

Al girarse con el ceño fruncido no encontró exactamente lo que esperaba, es decir, Lang Lingxiu siempre tuvo una cresta despeinada, pero de algo que estaba seguro era que ese lobo nunca le sonreiría a alguien como él. Estaba más alto y sus brazos eran notablemente fuertes. Su pelaje gris era levemente más oscuro y ahora tenía unos pelos más largos del mismo tono del pelaje desparramados por su barbilla dando un aspecto desaliñado a una barba. Lo que más sobresalía era que le faltaba un ojo ahora pues tenía una clara pero pequeña herida en su ojo izquierdo dejando su único ojo de iris rojo que no reflejaba ni un apéndice de malicia.

Llevaba una camiseta negra desteñida y unos pantalones grises en similares condiciones y estaba parado en una pequeña y sucia cocina.

-¿Te tomaste las pastillas?- le preguntó de manera… ¿Amable?

El silencio fue lo único que embargó a la pregunta.

-Estás cansado, lo comprendo- dijo el lobo de manera amistosa- Ven, estaba preparando la comida, seguro tienes hambre.

Po tenía otras cosas más que hambre.

Dudoso lo siguió, tuvo que volver a agacharse para poder pasar. Ese lugar no era para pandas.

-Lamento el desorden- empezó a hablar Lang Lingxiu- Nunca se me dieron bien las tareas hogareñas, mi esposa era la que se encargaba más de eso- dijo con cierta melancolía, Po lo observa sorprendido- ¿Qué, tan difícil es imaginarme casado?- dijo con humor, pero no obtiene respuesta por parte del panda- Sí… nunca di la pinta de hombre casado ¡Pero oye! En eta vida todo puede pasar- y vaya que el canino tenía razón- Siéntate donde gustes, pero ten cuidado, no estás en muy buenas condiciones.

Po se sienta si emitir ningún tipo de ruido. Nota que el lobo lo miraba de pies a cabeza.

-Vaya que has crecido- Po le frunce el ceño- Digo, sólo mírate, cuando te conocí eras como de mi tamaño. Espero que no te hayas golpeado la cabeza con el techo- dijo para después depositar su atención a una olla humeante, no lograba oler nada, pero lo adjudico a los múltiples y posibles malestares que tenía en ese momento. No pudo evitar ver la marca de la cicatriz del ojo del lobo para luego tocar su reciente herida- Sabes, deberías ir a un doctor o algo, hice lo que pude pero podría infectarse, créeme, eso es malo.

-¿Así lo perdiste?...- dijo a secas el panda con cierta ironía en su hablar.

-¡Por fin hablas! Creí que te habías quedado mudo por tanto alcohol… ¿Qué? No me mires así, apestas a alcohol-

Era verdad, olía al característico tufo que dejaba el alcohol en el cuerpo.

-¿Cómo llegué aquí?-

-Volando, mi amigo- al ver que Po no reía se aclaró la garganta- Te encontré tirado en la calle tirado e inconsciente y te traje a casa, por cierto, estás pesadito- dijo con humor.

-Me hubieras dejado ahí- contestó en el mismo tono defensivo de antes. Lang Lingxiu lo miró por unos instantes, luego pasa su vista a la comida con una sonrisa.

-Te encontré sin camisa, cartera o teléfono y lleno de sangre- dijo de forma calmada- De a verte dejado a lo mejor alguien realmente malo te hubiera llevado a sepa Dios dónde a extirparte todos los órganos y tirarte a las cloacas. Por si no te has enterado, estás en la Zona Roja, aquí abundan los malvivientes-

-Se nota…-

El lobo deja de remover la comida a un lado y lo voltea a ver. Po se esperaba que estuviera molesto o le gruñera, pero estaba a pasivo y seguía sonriendo.

-Algunos cometen equivocaciones, panda- dijo mientras acariciaba su ojo cerrado- Y son otros los que lo pagan-

Po no supo cómo interpretar aquello, sólo podía estar sorprendido. Lang Lingxiu ríe divertido.

-Todos estamos sujetos al cambio- dijo con calma.

-¿Ahora eres filósofo?-

-Más bien mecánico- dijo para empezar a sacas tres platos de un estante- ¡La comida está lista!- Po no entendió el por qué gritaba- ¡Lang Zhan sé que estás ahí!

-¡Ya voy, demonios!- gritó una voz masculina pero infantil.

Del pasillo salió un pequeño lobo que el panda calculó tendría unos ocho o nueve años de edad, si bien eso le sorprendió quedó aún más perplejo al ver que el niño también tenía el ojo izquierdo cerrado. El único ojo del infante observó al panda sin expresión alguna. Po pudo contemplar que el pequeño tenía el único iris que le quedaba de un color pardo claro.

-El vago despertó- dijo de manera neutral. Po quedó confundido.

-¿Vago?- dijo malhumorado.

-Huy, que malote- dijo de forma burlesca el niño.

Po lo observó de pies a cabeza.

-Se nota que es tú hijo- dijo casi en un reproche el panda al lobo.

-¿Tanto se nota? Zhan, qué te he dicho de ser grosero y decir maldiciones-

-Me la suda, jefe- apenas terminó la oración cuando el lobo grande le da una palmadita en su pequeño hocico, el pequeño se aturde un poco y se queja mientras sacude su nariz.

-Ya sabes las reglas, mal portado; hocico- dijo mientras señalaba su pata.

-Mmmm…- el pequeño gruñe a lo bajo. Si bien el golpe no era doloroso si le causaba molestias en su nariz.

El lobo mayor suelta un suspiro cansado.

-Los niños de ahora- dice con humor y una sonrisa al pequeño- Ya, vete a sentar, la comida está lista. El pequeño lobo obedece y se sienta a un lado del panda.

-Eres un panda- dice con cierta sorpresa el lobo menor.

-No, soy un conejo- le respondió sin muchas ganas el panda.

-El vago trae malas pulgas- dice de forma burlesca y desafiante.

-Que no soy un vago- dice Po con cierto enfado marcado en su voz.

-No traes camisa, cartera, apestas a borracho de domingo y estabas dormido en la calle; eres un vago por definición.

Po iba a alegar pero las palabras se quedaron en su boca, poco podía defenderse pues la situación si señalaba que era un vago. Ante el silencio del panda el niño sonrió victorioso.

-¡Lo sabía, un vago!- dijo con los brazos en alto, luego voltea a mirar a su papá- Papá, carajo, acordamos que no traerías más vagos desconocidos a casa, nunca se quieren ir después- dice con enfado infantil.

-No es un desconocido- le responde con tres platos para sopa en una charola- Es… un conocido de la secundaria-

-¿Secundaria? ¿Qué no la habías dejado?- ante esto recibió otra palmadita en el hocico.

-La dejé a medias, ya te lo había dicho-

-Sí, sí, claro- su vista se posó ahora en el plato- No vas a envenenarme como la otra vez ¿Verdad?-

-No exageres, sólo te dio diarrea- dijo con cierta vergüenza y molestia.

-No huele a nada… ¿Eso es buena señal?- al observar el contenido pudo vislumbrar unos fideos y varias verduras flotando en el caldo- Al menos no es verde…

-Calla el hocico y come, enano-

Po observó su plato y en efecto no se veía mal, pero por ser chef de un restaurante y llevar años cocinando múltiples platillos dedujo rápidamente algo; la sopa estaba desabrida. Al mirar a sus "anfitriones" pudo ver la clara mueca de repudio a la primera probada. Sobre todo el niño, que apartó su pequeña cara hacia un lado con la cara arrugada.

-Sabe a papel… y el papel sabe mejor- se quejó el niño. Su padre, en similares condiciones. Le da un zape en la cabeza.

-Calla y come- dice con determinación y sigue comiendo.

El niño mira su comida con cierta pena y resignación. Po prueba su propio plato y en efecto, estaba carente de sabor alguno. Su entrenado paladar el exigió escupirlo, pero por principios lo tragó. Al pasar el mal trago se pone de pie y con bastante habilidad toma los platos de ambos lobos.

-¡Oye!- dijo Lang Lingxiu.

-¡Hurra!- festeja el niño, ganándose otra palmadita.

Po devuelve el contenido a la olla y la prende a fuego lento. Rápido empieza a hurgar en los muebles pero no encuentra ninguna especia, eso explicaba algunas cosas. Luego abre el refrigerador y localiza diferentes aderezos y una crema semi acabada. Abre las botellas y las olfatea, deja en el refrigerador las que no le gustaron y se llevó lo demás junto con la crema, que para fortuna suya servía aun.

Va al grifo y se lava las manos, las sacude un poco para quitarse el exceso de agua y se pone manos a la obra.

Ambos lobos contemplaban al panda moverse de un lado a otro de forma rápida echando y revolviendo ingredientes en lo primero que encontrara limpio. Luego revolvía el caldo y le bajaba y aumentaba la llama. Apenas unos minutos después volvió a servir los platos con el caldo completamente diferente. Ahora se veía un poco cremoso y de color durazno.

Una vez que cada uno tuvo su plato el panda se sentó a comer el suyo un poco más conforme. Ambos lobos se miran el uno al otro y luego a su respectivo plato. De este salía un olor agradable, dudosos metieron la cuchara y se llevaron el primer bocado.

La diferencia de aquella sopa a la anterior era abismal, poco más les faltó para salivar y de manera energética comenzaron a comer como si en toda su vida nunca hubieran comido.

Po los miraba de reojo mientras degustaba su propia sopa, no le veía la gran cosa, le faltaron las herramientas y especias por lo que no era una de su grandes y acostumbrados platillos, pero no diría nada.

-¡Está delicioso!- dijo el pequeño con alegría mientras se empinaba el caldo y comenzaba a lamer el plato.

-Dios, hace tiempo que no comía algo tan bueno- admitió Lang Lingxiu mientras terminaba el suyo.

-Papá, cambié de parecer, que el vago se quede- dijo con convicción .

-Ni que cocinara tan mal- se defendió el lobo mayor.

-…Vago ¿No quiere quedarse?- le preguntó el niño ahora al panda, ignorando por completo a su padre.

Lang Lingxiu iba a darle otra palmada pero el pequeño reacciona y le muerde un dedo de su pata.

-¡Cabrón!- dijo el lobo mayor mientras agitaba su pata adolorido.

-Si te metes con el lobo…-

-Sí, sí… te dará los colmillos- dijo de forma irónica Lang Lingxiu, pero de un rápido movimiento lo atrapa por el cuello y le aplica una llave que si bien no se veía verdaderamente dolorosa, tomó por sorpresa al pequeño- Pequeño diablillo- decía de forma juguetona mientras le revolvía el pelaje de la cabeza con su palma.

Ambos lobos ríen y se quejan sin importarles que alguien los estuviera viendo.

-Bueno, vete a lavar los dientes y a hacer la tarea- dijo el padre a su hijo mientras lo liberaba.

-Pero es sábado- se quejó el niño de forma graciosa.

-Y mañana domingo y pasado mañana lunes, así que derecho al cuarto a terminarla- apunta con el dedo hacia la dirección del cuarto del niño. Éste refunfuña algunas palabras que no salieron de entre sus dientes y se retira dejando a los dos adultos solos.

Po observaba en silencio aquella escena casi surrealista. Lang Lingxiu fue muchas cosas en su juventud y la mayoría, por no decir todos, sólo vislumbraban un futuro donde él sería algún pandillero o ladrón de poca monta ¿Pero un buen padre? Esa nunca se la vio venir.

En silencio el lobo recoge los platos y los lleva al fregadero.

-¿No te la crees, no?- dijo Lang Lingxiu adivinando los pensamientos del panda gigante.

-…Nunca diste las señas- respondió de forma seria.

-No, la verdad es que no- dijo mientras meneaba la cabeza entendiendo el punto del panda- La primera vez que lo sostuve entre mis patas ni yo mismo lo podía creer… yo había hecho eso… es… difícil de explicar- el lobo deja de lavar los platos y se gira para ver al panda- ¿Y tú? ¿Tienes hijos?

El panda gira su cabeza y mira a otro lado molesto, claramente sin intenciones de responder.

-…Oh…- dijo entendiendo un poco aquella actitud- Así que sí te casaste con la tigre…- las palabras de Lang Lingxiu sorprendieron un poco al panda, pero no dejó por ningún momento su enfado de lado, el cual iba creciente- Bueno, desde la secundaría se veía que los dos congeniaban demasiado. Eso y que eras muy obvio- dijo con tranquilidad mientras se apoyaba en el fregadero- Por cierto ¿Cómo está?

-Eso no te incumbe- dijo de forma agresiva el panda.

-Sólo preguntaba- dijo mientras levantaba sus hombros de forma relajada- No todo el tiempo vez a un panda y un tigre casados… aunque está ese asunto del elefante y la cabra… ¿Cómo le harán?- dijo con cierto humor pero sin llegar a sonar grosero.

-¿Y tú? ¿Podría preguntar lo mismo?-

Lang Lingxiu guardó silencio unos momentos ante las palabras de Po. El panda sonrió internamente, parecía que podría zanjar un tema que no quería tocar en esos momentos.

-Me abandonó hace unos años atrás y me dejó al niño…- respondió con voz neutral, pero su mirada reflejaba tristeza- Al final los que pagaron mis estupideces fueron los que más quería- llena una tetera con agua y la pone a calentar- Espero te guste el té verde- no recibió respuesta- Bueno ¿Y qué piensas hacer?

-¿Eh?- atinó a decir el panda un poco confundido.

-Eres bienvenido a quedarte cuanto necesites- Po lo miró de forma sospechosa.

-¿Y qué ganas tú con esto?-

-No me extraña la desconfianza de tu parte- admite ya esperando aquello- Nada. Simplemente quiero ayudar un poco a uno de los tantos con los que fui un reverendo imbécil-

-¿Redención?- no hubo burla en el tono de voz del panda.

-No. Es lo justo- aquello sorprendió al panda pero no dejó su dura mirada por ningún instante.

-Has cambiado- admitió Po sin muchos ánimos.

-Todos lo hacemos- sonrió amablemente- El ayer es historia…-

-… ¿Ahora eres filósofo?-

-Y ahora tú eres el imbécil ¿Quién lo diría? Intercambiamos papales-

-No te burles- su voz marca un par de octavos más de fuerza.

-No lo hacía- contestó con simpleza- Digo lo poco que puedo ver- dice mientras toquetea con su garra su ojo cerrado- Pero reconozco a alguien que está sufriendo- la respiración de Po se cortó unos segundos.

-No digas nada de lo que no sepas- advirtió el panda.

-... Está bien- el lobo se levanta de su sitio y desaparece por el pasillo. No pasó ni dos minutos cuando volvió con algo rojo entre sus patas- Toma- le arrojó la tela a Po- Es de un amigo, un rinoceronte, pero seguro te queda. No creo que quieras andar sin nada arriba por la calle-

Efectivamente, aquella era una playera roja percudida. Sin pensarlo demasiado se la pone, le ajustaba por el estómago, pero estaba más decente.

-Te recomendaría ir a un hospital- Po lo voltea a ver- Traté lo mejor que pude tu herida de la cara, pero podría infectarse si permanece abierta, créeme, las infecciones cuestan-

-¡Papá, jugaré pelota con los vecinos!- llamó la infantil voz del pequeño lobo.

-Como vaya y vea que no has terminado la tarea iré por ti y te traeré arrastrando de la cola- advierte concierto tono burlón en su voz.

-Se, se… Nos vemos Señor Vago- se despide burlesco el canino.

Una vez solos el panda se gira para encarar al lobo mayor.

-Sin duda es tu hijo-

-Para mí desgracia así es- la tetera empieza a silbar indicando que ya estaba lista para beber- Tengo curiosidad- el panda acariciaba su reciente herida con las puntas de los dedos, pero le ponía atención- ¿Qué hacías ahí? Más bien ¿Qué te trajo a la Zona Roja?- sirvió dos tazas de té y camina hacia la mesa, luego le coloca su respectiva taza al panda. Más este guardó silencio- Muy bien, no tienes que decir nada- el lobo no parecía descontento con la descortesía del panda.

Ambos dan un sorbo a su respetiva bebida. El calor invade el cuerpo de Po, pero no consigue quitarle aquella fría sensación que habitaba su cabeza.

-Eres cocinero- dijo repentinamente el lobo, Po lo mira con obviedad en su mirada- Recuerdo que tu padre tenía un establecimiento de… ¿Fideos? Sí, fideos- su pata izquierda acariciaba su barbilla pensativo- Recuerdo que estaban deliciosos… ¿Tú padre está?...- preguntó dudoso no sabiendo como preguntar aquello.

-Retirado- respondió a secas.

-Eso es bueno- dijo un poco más aliviado.

-No tienes que hacer eso- la mirada de Po se clava en la del lobo.

-¿Hacer qué?- trató de disimular.

-Tú lo sabes- esmeralda fría y rojo cálido se cruzaron en un combate de miradas.

-… Sabes que no estás bien- Lang Lingxiu desvía su mirada a la infusión caliente de tu taza.

-Eso no es de tu incumbencia- Po termina el contenido de su taza de golpe- ¿Tienes un teléfono?

-…Sí, al final del pasillo- señaló el camino con su dedo.

Po se retira de la mesa, de vuelta tuvo que agacharse para pasar. No le tomó mucho localizar el teléfono, era uno fijo con cable y bastante viejo. Sin duda la ha sufrido aquel lobo que tanto lo molestó en la secundaria, pero por una extraña razón no sentía ningún tipo de alivio o gozo ante eso.

Despejó de aquellos pensamientos su cabeza. Había cosas que hacer. Marcó un número que sabía de memoria, sonó tres veces cuando por fin hubo respuesta.

-¿Hola?- dijo el animal a través de la línea.

-Grulla- Po no puedo seguir pues se vio interrumpido por el ave.

-¡Po, amigo! Felicidades por tu aniversario- la cicatriz del panda empezó a arder con fuerza- ¿Cómo te fue? Seguro la pasaste bien ¿Eh?

-¡Cállate y escucha!- el entusiasmo de Grulla cayó como avión en el océano viéndose sorprendido por el repentino gritó de su amigo más tranquilo- Necesito un abogado, sin preguntas por ahora, recógeme en la cuarenta y seis de la Zona Roja- Po pudo jurar ver el pico de su amigo abrirse noventa grados completos- ¿Puedes?...-

-Eh… sí, sí- respondió titubeante el ave- ¿P-pero estás bien?-

-Dije sin preguntas- ordena el panda- Te veo allá, no tardes- sin esperar alguna respuesta el panda cuelga el teléfono. Un silbido a su espalda llamó su atención.

-Vaya forma de tratar a un amigo- dijo lobo algo consternado, pero más sorprendido.

-¿Tú qué sabes de amigos?- le refutó Po.

-Lo suficiente como para saber que si eres un idiota con ellos terminarás solo- respondió con tranquilidad.

-Tal vez eso quiera- empezó a moverse con intenciones de irse de la vivienda.

-No sé cómo sea con los pandas, pero al menos sé que a ningún lobo le gusta estar solo- respondió con simpleza dándole el espacio suficiente para que pasara.

-Yo no soy un lobo-

-Pero si un idiota- Po se gira y lo encara con la mandíbula tensa y una mirada asesina- Te lo dice alguien que lo fue por muchos años-

-Lang Lingxiu…-

-Lang. Dime Lang. Es más fácil para los amigos- entre pidió y ¿Sugirió? El lobo.

-No soy tu amigo- señaló el panda.

-Pronto necesitarás uno- eso desconcertó al panda- Sé lo que te digo.

-Como sea…- el oso se encamina a la puerta y la abre, pero se detiene justo en el marco de la puerta.

-Dos calles a la izquierda y sigue recto hasta llegar a un puesto de sombreros. Desde ahí veras la cuarenta y seis- el panda iba a seguir su camino pero la voz del lobo interrumpe su andar- No te metas en líos, no todos los animales son tan tolerantes.

Aquel consejo, lejos de sonar a reclamo, se anotó como consejo en el cerebro del panda. Aunque realmente no pensaba seguir necesariamente.

Lo primero con lo que se encuentra era con el patio de un edificio de condominios rustico (en mi país le llamamos a estas =vecindad=, y por mis pelos de mi barba que lo llamaré así XD). Un patio viejo y poco cuidado con una fuente seca. Pudo ver a varios niños de diferentes razas de animales; un conejo, un pato, un cerdo, una oveja y al hijo de Lang persiguiendo una pelota. Algo bizarro a sus recuerdos pues los lobos nunca se juntaban con otros animales salvo sus congéneres. Pasó lo más silencioso que pudo, pero era un panda, no podría pasar desapercibido ni con un incendio de por medio.

-¡Vago!- por gruñe ante el mote impuesto por el infante- ¿Ya te vas?- preguntó inocente dejando de corretear, el resto de los niños lo imitó poco después.

-Tengo cosas que hacer- se giró para verlo mejor. Pudo notar que los demás niños se intimidaron, sea por la cicatriz recientemente hecha o por su duro mirar o tal vez ambos…

-Cuando quieras puedes venir- parecía que al pequeño lobo no le intimidaba ninguna de las dos cosas- Claro, siempre y cuando cocines- Po rueda los ojos con sarcasmo cansado.

-Lo que digas-

Po localizó casi de inmediato la salida, pudo sentir los cuchicheos de los niños, pero prefirió ignorarlos, le esperaba una buena caminata la cual aprovecharía para pensar en lo que haría. No. En lo que debía hacer.

Su herida comienza a arderle de nuevo.

Maldijo a cuanto ser existiera. Debía checarse con un doctor.

El camino fue ameno, lleno de miradas curiosas, no por su actual aspecto, su raza no era para nada común y ver un panda, cuando podías pasar todo una vida si ver uno de frente, era casi un evento memorable. En ese momento empezó a maldecir también a su raza.

Pasó las calles que le había indicado Lang, casi podía oler la diferencia entre el aire de esa zona peligrosa con la de la amena y pacífica Valle de la Paz, enserio, aquel valle poco tenía de valle.

Llegó al punto de encuentro acordado con Grulla, podía calcular que era medio día o poco más. Sin duda había dormido demasiado. Poco le importó el trabajo que tenía, sus empelados ya sabían de ante mano que faltaría por su… la herida le volvió a arder cortando todo pensamiento.

-Mierda…- masculló enfadado con rabia pura impregnada en su hablar.

Se estaba impacientando, no quería culpar a Grulla de su estado emocional, pero lo hacía, el ave vivía prácticamente al otro extremo de la ciudad y tardaría en llegar en su vehículo, pues además de ser su abogado, también era el único conocido con un auto lo suficientemente grande como para albergarlo. Supuso que era algo de las aves el manejar vehículos más grandes de lo necesario o por sus alas que en varias ocasiones habría por necesidad biológica.

Esperar, pensar, el ardor volvía, se enojaba más.

-¿Po?- justo a unos metros de él Grulla apareció. El ave vestí unos pantalones negros que no le cubrían sus delgadas patas sino sólo que llegaban hasta los muslos, traía una camisa blanca y un chaleco negro formal con una corbata (dato: la ropa de las aves en este universo dejan siempre libres las alas; sea para que puedan volar libremente en las áreas permitidas y no sofocarlas; además el estado del plumaje, sobre todo en las alas, indican salud, estatus fuerza, etc. En kung fu panda esta ley se la pasan por zonas oscuras del cuerpo pues he visto aves con ropa de cuerpo completo y pueden volar; un poco de realismo no mata a nadie gente XD).

-Hola- antes de poder seguir fue interrumpido por Grulla.

-¡¿Pero qué te pasó?! ¿Qué haces aquí? Este lugar es peligroso- decía mientras miraba a todos lados buscando a cualquier animal sospechoso en los alrededores- ¡Dios, Po! Se ve mal…

-¡Ya cállate!- poco más y el panda le ruge a la pobre ave que retrocedió asustada por el repentino alzamiento de voz, ante la expresión de pánico de su amigo Po trató de calmarse- Necesito ir al hospital ¿Podrías llevarme?- dijo olvidando la amabilidad general que poseía.

Grulla parpadeó un par de veces tratando de asimilar la situación. De forma mecánica asiente con la cabeza y guía a Po a su vehículo con mil dudas en su cabeza ¿No se suponía que estaría en su casa, con Tigresa? Se suponía que celebrarían su aniversario, evento que los demás miembros del círculo interno del panda conocían. Dentro del auto ninguno dijo ni una palabra, incluso cuando empezaron a moverse no se dirigió la palabra. Grulla esperaba que en cualquier momento el panda se disculpara por su actitud anterior, pero ahí se quedó, esperando. Algo también inusual, Po siempre fue un buen animal; amable, carismático, nada con lo que estaba viendo ahora. Algo malo pasó. Podía apostarlo.

-Y… ¿Me necesitas para algo?- preguntó dudoso el ave.

-Sí… necesito que prepares…arg…- el dolor de su herida le cortó las palabras.

-¡Po, mierda!- casi gritó el ave al ver a su amigo llevarse su pata a la nariz de forma adolorida.

-Estoy bien- sus dientes estaban apretados con fuerza tratando de contener los quejidos que amenazaban salir por su garganta- Luego te digo, llévame al hospital… por favor- le ardía a horrores la cicatriz, como si de fuego se tratara.

-Sí, sí, vamos en camino- Grulla acelera la velocidad mientras que con su ala marca un número rápido de su celular de su pantalla/radio del auto. La línea sonó varias veces hasta que es contestado.

-Grulla, ¿Qué sucede?- dijo la voz al otro lado de la línea.

-Mantis, emergencia, Po está herido y…- la llamada es interrumpida pues Po la corta- ¡Po! ¿Qué haces?-

-No le digas nada más- dijo entre cortadamente, con la respiración pesada y el pecho agitado.

-O…Ok- no muy convencido decidió manjar lo más rápido que pudo.

Fueron los quince minutos más largos que hay pasado Grulla y eso que estaba acostumbrado a la presión por su trabajo como abogado. Era humilde. Pero era muy bueno en su trabajo. Era el abogado personal de uno que otro abogado empresario con cierta importancia y, sin duda alguna, el de su viejo y querido amigo. Si él deseaba confidencialidad, la tendría.

Llegaron al hospital, el panda salió de forma algo brusca, casi tropezándose con sus propios pies. Grulla deseaba ayudarlo, pero el panda se negó, no por ser descortés, sino que la pobre ave no lo aguantaría ni en sus más locos sueños.

Apenas pusieron un pie en el hospital y el panda captó su característico olor. Arrugó el ceño, de repente le empezó a dar vueltas el mundo. Se golpeó las mejillas debía estar despierto.

-¡Hay mierda!- gritó Mantis desde uno de los pasillo del hospital.

Mantis era otro de sus amigos más cercanos, era una… mucha obviedad… de color verde y además era un increíble médico y cirujano, aunque con un humor agrio y de verdad cruda. Todo un sujeto. El hospital tenía buena reputación y al insecto le pagaban bien.

-¡¿Qué mierda te pasó?!- su voz detonaba que de verdad estaba alarmado, de un brinco se subió a una mesa cerca del panda y del ave - Esta vez Tigresa si se pasó con la garras…

-¡Me puedes ayudar de una puta vez!- le interrumpió de un grito, llamando la atención de varios miembros trabajadores y uno que otro paciente se voltearon a mirar el escándalo.

Mantis estaba igual o más sorprendido, conocía al panda por muchos años y en su vida pocas fueron las veces que lo escuchó gritar así, las contaba con sus tenazas. La mirada de Grulla le indicó que tampoco sabía nada, pero seguro era algo grave para tener así a su muy calmado amigo.

-Síganme, tengo una sala libre- indicó el insecto verde mientras daba brincos hasta llegar a una barandilla especial para el paso de insectos.

Tener un amigo insecto con varios grados de prestigio médico tenía sus ventajas. Nada de filas. Directo llegaron a la habitación que les dijo Mantis. El insecto a base de brincos fue a una estantería y sacó lo que necesitaría para tratar a su amigo. Po vio agua oxigenada, agujas, hilo y otras cosas (Mantis no podrá cargar un rinoceronte como en la serie, pero podrá ciertas cosas para no joderla tanto y sí, habrá cosas en miniatura, porque seres pequeños habrá de sobra)

-Muy bien, toma asiento- indicó el insecto- Déjame ver… es profundo ¿Con qué te lo hiciste? El corte es irregular-

-Una botella ¿Puedes hacerlo ya?- se adelantó ante cualquier incógnita que posiblemente le iba a hacer Mantis.

El susodicho, aun patidifuso por la actitud del panda, siguió con el tratamiento. Puso a remojar el algodón en el líquido con ayuda de la tapa del mismo. De un brinco llegó hasta la nariz del panda, Po no sintió el peso del insecto, pero tuvo unas repentinas ganas de quitárselo de encima de un manotazo al sentir las tenazas de Mantis abrirse paso por la herida en diferentes puntos de esta. Apretó los puños con fuerza para no ceder a ese impulso.

-Mmm… Ya coaguló la herida… no veo residuos de vidrio… y la herida está algo limpia… Tienes suerte, lo que hayas hecho antes evitó que se infectara, pero aun así debo desinfectarla y cerrarla para evitar que algo entre- bajó con la misma facilidad con la que llegó y se acercó al algodón- Debo de decir que es una herida bastante profunda y que dejará cicatriz. Me sorprende que no te quejaras por ningún momento, pero descuida, ahora te aplico el sedante-

-No- el tono de Po era rotundo y frío- Sin sedante- quería sentirlo… sentirlo todo.

-Oye, no te hagas el rudo amigo, esto dolerá- Mantis estaba notablemente preocupado y dudoso de proseguir.

-Mantis tiene razón, es el médico y sabe tratar heridas como esta- aconsejó Grulla acercándose a su amigo.

-No. No lo sabe-

Él no se refería al corte de su cara.

Mantis arrugo las cejas un poco molesto por la actitud de su amigo. Pero algo le gritaba que no era precisamente un insulto a sus capacidades médicas. Pero era un médico, sin la autorización del paciente debía hacer lo que pudiera, incluso cuando no le pareciera.

Tomó lo que necesitaba se volvió a subir a la nariz del panda gigante, aplicó un ungüento que ayudaría a otras posibles infecciones y que ayudara a la recuperación de la herida lo más rápido posible. Preparó la aguja que desinfectó antes y amarró el hilo con rapidez. Las ventajas de un insecto médico era que los procesos minuciosos, complejos o simples, resultaban fáciles debido a su precisión y cercanía con esa clase de casos. Lo malo. Que si el animal era grande y pesado podrían ser literalmente aplastados por algún movimiento involuntario, en aquellos casos tenían enfermeros de tamaños necesarios para sujetarlos y a la vez apoyar a los médicos en su labor. Pero ahora era sólo él. Respiró hondo. Por suerte se consideraba un insecto muy osado.

-Aquí voy- se avisó más así mismo que a su paciente.

La aguja penetró el grueso pelaje del panda, Po pudo sentir un pinchazo que se convirtió en una sensación de ardor al pasar al otro lado con el hilo. Era una sensación extraña. Nunca lo habían suturado antes, aun cuando muchos cocineros han tenido accidentes a la hora de usar los objetos afilados, él siempre se jacto de estar libre de cortes… salvo por unos que tenía en los hombros…

La herida comenzó a arderle. La sensación de fuego iba en aumento y no fue el único en sentirla. Mantis, dudoso, iba a desistir más la fuerte mirada de jade, vacíos de vida, le impulsaron a seguir, como si esos iris le suplicaran que no se detuviera y así lo hizo. Todo bajo la atenta mirada de Grulla que poco más y soltaba su desayuno.

Mientras Mantis y Grulla estaban en el mundo real, Po se encontraba en una encrucijada.

Su mente lo llevaba a ayer. Podía sentir un nuevo pinchazo.

Su casa…

La aguja ahora la sentía como una navaja caliente contra su carne.

Su mejor amigo…

El hilo que pasaba por su piel lo comparó con alambre repleto de púas que se paseaba por cada movimiento del insecto.

Su cama…

La sangre empezó a hervir y sintió con brotaba por los poros que dejaba la aguja.

Sexo…

Escuchó las voces de sus dos amigos a lo lejano. No les entendió. No le importó. Sintió un tirón en su tabique.

Su esposa…

Su mejor amigo y la mujer que amaba estaban haciendo el amor en la misma cama que ellos dos. Los dos seres más importantes de su vida lo…

-¡Po!- el gritó más el movimiento provocado por el ala de Grulla lo trajo a la realidad. La horrible realidad.

-¿Viejo, estás bien?- Mantis guardaba su equipo en su lugar. Todo el tiempo mostrando atención al panda.

-No- se sinceró el panda, dejando aún más preocupados a sus amigos.

Po se llevó la punta de sus dedos a la nariz, con delicadeza acarició la sutura perfecta que le hizo Mantis. La recorrió de inicio a fin con una calma que preocupaba.

Podía sentirlo. Sentía su corazón. Algo ridículo pues la distancia entre tabique y el órgano vital era larga, pero lo sentía. Latía lento, tanto que creía que iba a morir. Después rápido y furioso, como si estuviera a punto de estallar. Cruzando de forma horizontal de forma irregular podía sentir el grueso hilo para una herida mortal. Dolía… y dolía mucho.

Ambos amigos se miraron angustiados. El rostro de Po era tangible a sus emociones. Estaba sufriendo y ellos temían preguntar.

-…Tengo que colocar la gasa- pidió el insecto, el panda quitó su mano de forma robótica y dejó caer ambos brazos. Mantis la colocó con el mayor cuidado posible.

-¿Po?...-

El panda abrió los ojos con marcada furia reflejada, sintió que los puntos se le saldrían de golpe, pero no le importó.

-Grulla…- el mencionado alzó la cabeza al escuchar su nombre- ¿Me harías un favor?

.

.

.

En una lujosa y gran casa, más exactos, en la habitación de una, recostada en una cama, yacía una hermosa tigresa de pelaje anaranjado y franjas negras. De naturaleza fuerte y de un cuerpo y mente entre mescla de fuerza y delicadeza, combinación que la llevaba a tener un cuerpo esculturalmente hermoso y digno de fantasías cuya dueña estaba orgullosa de tener y de una mente aún más aguda y privilegiada.

Entonces por qué estaba hecha un ovillo con las rodillas pegadas a su pecho con ambos brazos sujetando sus piernas como un náufrago se abraza a una tabla para seguir a flote.

Había marcas de agua que corrían de sus ojos, cruzando por sus mejillas hasta su mandíbula. Señal que lloró por mucho tiempo. Apenas si estaba vestida, pero no sentía frío ni calor. La habitación, iluminada más con los primero rayos de Sol, dejaban ver lo ocurrido hace horas. Caos.

Desde vidrios rotos del espejo del buró, la mesa de noche medio rota debido al impacto de su espalda contra la madera de este.

Más no había dolor o tal vez no lo sentía debido a que el dolor venía de otra parte.

Pedazos de vidrio oscuro estaban regados en la suave alfombra ahora manchada de vino… y de algo más…

Sangre…

Su sangre…

Su mirada… aquella mirada dulce y llena de amor se borró de su mente siendo sustituida por otra. Una cargada de odio y desprecio. Como si fuera el ser más asqueroso que existiera en el mundo.

Y así se sentía.

No era para menos, sus acciones eran imperdonables. Después de que Po soltará aquellas hirientes palabras y se machara sin decir más ella se quedó mirando un a la puerta. A la nada. Como si en algún momento él abriera la puerta de nuevo. Fueron las manos de Tai Lung, su amante desde hace ya dos años. El leopardo de las nieves la ayudó a ponerse de pie, se sujetó a él con fuerza, no le importó que su pelaje estuviera manchado de vino y algunas gotas de sangre. Lo necesitaba. Él lo sabía. La habían cagado.

Ambos felinos estuvieron en la misma posición por un buen tiempo, parecía irreal, para los dos lo que acababa de pasar era sin duda alguna broma o mal sueño.

Mentiras.

Ellos sabían que eran mentiras. Mentiras que trataban de endulzar la realidad de su pesadilla. Las pesadillas son más reales delo que jamás será un sueño.

No supo en qué momento ella quedó sola de pie al inicio de las escaleras. El felino pudo haberse ido hace horas ya y no se hubiera dado cuenta del paso del tiempo. Sus pies la llevaron a la alcoba, la alcoba de ella y de su esposo, sitio de aquellos encuentros prohibidos entre ambos felinos, ahora sentía que la miraba con desprecio, cerrando las paredes a su alrededor haciéndola sentir una imaginaria falta de oxígeno.

Un olor particular llegó a sus fosas nasales, era el vino y no cualquier vino. Era sin duda su favorito. Po y ella lo probaron en su luna de miel hace ya cinco años y quedó fascinada por su sabor, fue un regalo de su padre por su boda. Uno muy caro. Uno ahora inexistente. Todo entre mezclado con el olor a hierro de la sangre…

El aire empezó a parecerle insuficiente. Aun desnuda fue a la ventana sin tener cuidado de pisar descalza algún vidrio de la botella rota, necesitaba respirar el fresco. Abrió con desesperación la ventana importándole poco encontrarse completamente desnuda y expuesta para cualquiera que pasara en frente de su casa. El aire llenó sus pulmones, calmando en medida la sensación de fuego de su estómago que subía por su garganta. Luchaba por no llorar, los ojos le picaban pero intentaba no llorar.

PUM

Un estruendo en el cielo captó su atención. Un lado suyo le decía que tal vez llovería, irónicamente perfecto para la ocasión, pero su parte racional de su cabeza supo de inmediato que no era un relámpago de la naturaleza.

Luces… luces de distintos colores… todos sus… sacudió su cabeza. Debía ser una coincidencia. Tenía que ser una coincidencia… no fue así…

Ahí estaba, su nombre escrito en rojo. Su color preferido. Su brillante y dotado ahora era el azote del látigo que golpeaba sus pensamientos como su corazón. Él había hecho eso por ella, él, no podía haber otro… no había otro… Cada brillo, luz y estruendo desintegraba más su espíritu. las lágrimas corrían por sus mejillas, no supo en que momento perdió el control de ellas, pero no las detendría. Ya no podía. Empezó a hipar sin control, cada vez con más fuerza hasta que se transformó en un llanto acompañado del desgarrador grito.

Días, meses o años, para Tigresa fue eterno el tiempo que pasó llorando llegando al punto en que se lastimó la garganta más no detuvo el flujo salino que salía de sus hermosos ojos. ¿En qué momento llegó a su cama? No lo supo, tampoco supo cómo logró semi vestirse pero no le quedaban fuerzas para seguir pensando. El dolor la ensombreció. Las paredes la envolvían en oscuridad atrapándola en un sueño necesitado, pero no hubo nada en ellos, sólo oscuridad.

Ahora ahí estaba, hecha ovillo como chiquilla perdida esperando una ayuda que nunca vendría.

Sola…

La luz del Sol parecía burlarse de ella, pues lo pocos rayos solares que alcanzaron a colarse por la ventana que dejó abierta anoche le dieron de lleno en los ojos. No tenía ganas de levantarse, quería desaparecer en el suave colchón y olvidarse de todo. Por rutina se levanta. Maldijo eso. Años de levantarse temprano a ejercitarse no le permitían permanecer demasiado en la cama.

Se levanta de manera desganada, le pesaba todo el cuerpo y la garganta la sentía de arena caliente. Apenas puso una pata en la alfombra sintió un pinchazo. Uno de los vidrios la picó. Busco el espejo, pero lo encontró fragmentado en su sitio. Trozos yacían en el buró y algunos apenas se sostenían en su sitio. La imagen de Tigresa estaba fragmentada. Sonrió ante el regreso de la ironía. Parecía que todo el universo conspiró contra ella.

No es para menos…

Ese pensamiento la paralizó por un momento, sacudió la cabeza en un intento de alejarlo de du cabeza. Se levantó con más cuidado y siguiendo su rutina va a uno de los cajones donde la esperaba su conjunto deportivo. Unos mallones negros, y una sudadera corta de color roja con capucha. Aquel conjunto la hacían sentir sexy cuando se ejercitaba con el, no solía llevar nada más abajo salvo un brasier o algún top deportivo. Se lo coloca con lentitud, sabía que era ya muy tarde.

Costumbre…

Eso era lo que era. Mera costumbre.

Como engañar al esposo…

En un intento de distraerse de sus pensamientos traicioneros opta por mejor salir a correr y despejar su cabeza. Toma un pequeño reproductor y sus auriculares y se los cuelga del brazo con un sujetador deportivo. Salió de su cuarto a prisas, necesitaba ejercitarse.

Huyes…

Bajó las escaleras con mayor prisa, se dio cuenta la falta de la barbilla de la escalera, sin embargo no se detuvo a pensarlo. Apenas iba a salir por la puerta cuando se topa con una cabra conocida, más no bienvenida. El cartero tenía en su pata varias cartas con claras intenciones de meterlo por la rendija de la puerta. La cabra era un macho ya mayor con un total de veinte años de servicio y conocía a cada casa y a los animales que vivían en ellas. Guardaba cierta peculiaridad a esta casa en específico; no siempre se miraba un panda y una tigre casados. El panda siempre le cayó bien, era buen sujeto, aunque su esposa siempre dio inicios de nunca caerle bien. No sabía exactamente porqué, pero lo veía en la manera en la que ella lo miraba.

-Su correo- dijo la cabra extendiéndole un único sobre a la susodicha.

-¿Y las demás cartas?- dijo con brusquedad tomando con su zarpa el sobre amarrillo.

-Son de su esposo, me pidió que sólo a él se las diera- Tigresa iba a refutarle pero la cabra continuó- Lo extraño es que ese sobre me lo acaban de dar en la calle; esa ave dijo que era para usted- las cartas en su pesuña las guardó en su segunda alforja para dárselas al panda otro día. No era ético, pero el panda era muy bueno con él.

Tigresa miró el sobre, le dio la vuelta y reconoce la firma del remitente. Con su garra abre el sobre con cierta ansiedad creciente desde su vientre, con miedo revela su contenido, eran varias hojas impresas. El cartero no le prestó mucha atención y se dio la vuelta para proseguir su trabajo. Un fuerte portazo le hizo estremecer la columna asustando al trabajador.

-Grosera…- masculla para sí mismo. Esa hembra era una… por respeto a su esposo cortó esa línea de pensamientos, no lo valía.

Tigresa se dirige a pasos pesados a una de las habitaciones del pasillo de la segunda planta, con la misma brusquedad abre la puerta y entra sin cerrarla. En medio del cuarto, colgando del techo, estaba un costal que acostumbraba a golpear un poco después de correr, actividad que cesó por el contenido del sobre que dejó tirado en la entrada del mismo cuarto.

El primer golpe retumbó el costal, el segundo lo hizo girar sin control, el tercero le lastimó la muñeca por no tener cuidado. Su ataque apenas inició. Por ser un tigre poseía músculos fuertes y una fuerza natural por la raza, la pobre e inanimada herramienta de golpes resistía el duro castigo que recibía por la felina.

Tigresa aplicaba toda su desesperación y enojo en la superficie de piel sintética, tratando de sacar todo lo que estaba clavado en su pecho. Sólo quería dejar de sentir ese intenso dolor que embargaba a su corazón.

Abrazó con fuerza el frío costal con desesperación, sentía que sus piernas le estaban fallando. Se desplomó lentamente deslizándose, inconscientemente sacó sus garras y abrió el costal con sencillez. El contenido cayó sobre ella, le dio igual eso. Podía morir en ese momento y no le importaría…

Apoyó sus manos contra el suelo de madera y arena regada. Las lágrimas volvieron a salir de sus ojos dejando un rastro húmedo en el contenido desparramado del costal.

Gateando lastimeramente fue a donde dejó aquel sobre, sacó su contenido tratando de en vano de convencerse de que lo que había en el fuera un error, una mala broma de su mente. Leyó y releyó el contenido, como si eso fuera a cambiar lo que estaba escrito en él.

Papeles de divorcio…

Po le estaba pidiendo el divorcio, ya estaba firmado por él, y así es como su mundo se comenzó a oscurecerse incluso con un Sol de la tarde…

Vaya, 18 paginas,mmm creo que no ha sido el trabajo más largo. Pero de igual forma quí está escrito de sobra el esfuerzo jejejeeje. Qué les pareció? Les gustó? Merece continuación? JAAJAJAJAJAJ descuiden, no la dejaré colgando por nada. Seguiré en esto hasta que me muera ajajaj lo prometí hace ya tiempo. Pero habrán cambios. Para evitar corta rollo de una historia aquí primero,y luego otra… como que corta el vuelo. Así que me dedicaré mi tiempo a terminar primero la historia de HTTD (cómo entrenar a tu dragon), que también se las recomiendo, no serán más de diez caps así que no se alteren. Sin más. Nos leemos luego!