Epilogo

Gwizdo sintió la tibia mano de Lian-chu tomar la suya y en el acto su cuerpo tembló ante el contacto mientras sus mejillas se pintaban de un tenue rubor. Hacía ya casi dos meses que eran pareja y aun no habían pasado de aquellos roces bastante inocentes. Gwizdo se sentía un tanto inseguro, tenía un poco más de treinta años y se veía completamente avasallado cuando el cazador le tocaba, tan intimidado, tan inútil.

Su naturaleza de cobarde le dictaba salir corriendo lo más lejos posible, mientras que su corazón gritaba por un poco más de contacto, nunca se decidía si seguir a una o a otra, por eso solo se mantenía ahí, rígido esperando para ver hasta donde se atrevía a avanzar el cazador.

No era tonto. Sabía que dolería si se decía a permitir que "AQUELLO" sucediera. Era de suponerse desde el mismo instante en que ponías en la balanza la descomunal diferencia de peso y musculatura.

Y aunque habían compartido tanto tiempo juntos, Gwizdo se mantenía hasta cierto punto un tanto ignorante del "TAMAÑO" real de Lian-chu. En primer lugar porque no quería sentirse menos al comparar lo "SUYO" con lo del cazador y en segunda porque de verdad su pequeño cuerpo podía sentir urgencias si ahondaba en el tema demasiado y no tenía intenciones de darse baños de agua helada más de una vez a la semana, porque ciertamente si podía retrasar ese… ¿cómo decirlo? Esa tortura. Sacrificio… ¿entrega? Lo haría.

Ahora bien, Lian-chu parecía no estar tan dispuesto a entender todo lo anterior, porque cada noche lo miraba como pidiendo permiso para ir más allá. Gwizdo había marcado bastante bien los límites.

Dormimos juntos, sí, pero con piyama y nada de roces mal intencionados.

Puedes besarme en: la cabeza, mejilla, frente, manos y hasta de vez en cuando en la boca, pero nada apasionado.

El mayor contacto entre nuestros cuerpos será tomarnos de la mano y siempre y cuando nadie nos mire.

Sí. Lian-chu la tenia difícil, especialmente porque el sueño inducido por aquel dragón le permitió tener una idea de cómo sería poseer a Gwizdo y no sabía cuánto tiempo resistiría la abstinencia obligada sin saltarle encima a su ¿novio?... aun no sabía si utilizar esa palabra, porque ciertamente un noviazgo tenia mas acercamientos, mas romance, mas… pues mas de todo.

En fin. Ahí estaba el gran Cazador de Dragones jugando con la pequeña mano de su novio mientras este, a su vista, leía sin mayores preocupaciones un contrato en el comedor. La posada se encontraba silenciosa y vacía, con todo en calma Gwizdo se había sentado a revisar algunos contratos y él, por el solo gusto de estar a su lado le acompaño dejando de lado su usual tejido.

Jeannelyne y Zaza habían salido a hacer unas compras y ellos podían disfrutar de su tiempo juntos. Aunque, quizá era buen momento para sacar a colación un tema que le había estado incomodando.

—Nunca me dijiste si nos pagaron. —No era por el dinero, sino por lo que Zoria le había contado acerca del cliente. Y deseaba confirmar algunos hechos.

Gwizdo dio un salto en su asiento y se volvió en dirección a Lian-chu. Sus ojos lo miraron por escasos dos segundos antes de intentar hacerse el desentendido peguntando ¿Cuando?

Lian-chu frunció el seño como pocas veces lo hacía, porque se sentía menos preciado, Gwizdo sabía perfectamente de que hablaba. Soltó la mano del estafador y sin pronunciar una sola palabra subió las escaleras rumbo a su cuarto.

Gwizdo dio un suspiro. Dejo de lado el pergamino y se desplomo sobre la mesa. Tenía que llegar el momento. No había forma de evitarlo y lo sabía, tenía que hablar de Lonar.

Con paso lento, exageradamente lento, subió las escaleras y se encamino hacia la cama, ahí donde el poderoso hombre se mantenía cabizbajo. Héctor no se encontraba por ningún lado y Gwizdo supuso que el dragón seguramente decidió seguir a las mujeres de la casa para ver que pedazo de carne podía apiñarse en el mercado.

Mejor así. Se dijo y deshizo la distancia que los separaba. Con una inhalación audible comenzó a relatarle lo sucedido desde que se separaron en la cabaña. Como había sido encerrado, su intento de huida, la sorpresa que se llevo al descubrir la identidad de su cliente y el miedo al darse cuenta de las verdaderas intenciones de Lonar. La confesión amorosa de este y… la aceptación en voz alta de sus sentimientos por el cazador.

—Entonces ¿por qué antes de irnos volviste? Puedo haberte hecho daño.

Gwizdo dio otro suspiro y se dejo caer junto a Lian-chu, esta vez fue Gwizdo quien tomo la gran mano del espadachín.

—Porque necesitaba saber que estaba bien.

Lian-chu lo miro asombrado. ¿Acaso Gwizdo había comenzado a sentir algo por Lonar? ¿Sus sentimientos estarían cambiando y era por eso que no le permitía tocarlo?

—Lian-chu. Lonar… él…

—¿Tú lo amas?

Ante la pregunta el estafador levanto sus ojos azules completamente anonadado, ¿Cómo se le ocurría semejante posibilidad?

—¡No! —Declaro rotundo y negando fervientemente con la cabeza.

—¿Entonces porque no dejas que yo…?

—Eso es harina de otro costal.

—¿Cómo? ¿Qué quieres que piense cuando te preocupas y sigues pensando en Lonar y a mí no me dejas…?

—Mira. Ese día cuando regrese a verlo fue por… yo… me sentí culpable. ¡YA! —pronuncio lo ultimo casi en un grito. —Me sentí responsable de que Lonar hubiera llegado a ese extremo por mí. Jamás me di cuenta de sus sentimientos, tampoco podía corresponderle en ese momento y aun así él había decidido salvarte solo para que no le odiara. Hasta ese momento no entendía cuanto le importaba o si realmente me quería pero… Lonar de verdad… el de verdad estaba dispuesto a darlo todo por mí. Fue y golpe duro porque siempre pensé que a nadie le importaba si desaparecía, si moría. Fue difícil para mí aceptar que... —Meneo la cabeza y guardo silencio unos segundos. — Cuando entre en el salón el estaba ahí, mirándome como nunca nadie me ha mirado. Corrió a abrazarme, tomo mi mano y me ofreció irme con él. Dinero, tierras, títulos… todo lo que tenia lo estaba poniendo a mis pies.

Lian-chu apretó las sabanas entre sus manos. Había alguien que podía cumplir los sueños de Gwizdo y no era él.

—Y me negué. Tú sabes cuánto tiempo espere por tener todo aquello, pero ni siquiera lo dude. Me dolió ver sus ojos apagados porque seguramente estaba viendo llegar el final de su sueño, se estaba dando cuenta que jamás tendría lo que deseaba al igual que yo. Porque admitámoslo, jamás seremos ricos ni tendré esa gran mansión. La única diferencie entre él y yo era…

—¿Que él es rico? —pregunto sintiéndose impotente. Podía darle amor a Gwizdo pero el amor no sirve para vestirte o calzarte, menos aun llena un estomago vacio.

Gwizdo lo miro sorprendido. Se encogió de hombros y sus pies nuevamente jugaban a aplastarse entre ellos. A los ojos de Lian-chu se veía tan tierno, tan apetecible.

—No. La diferencia eres tú grandote.

Lian-chu sintió su corazón comenzar a bombearle con frenesí.

—Puede que en este momento no tengamos nada, pero seguro que esa granja con la que siempre soñamos algún día será nuestra. Lonar podrá tener todo lo que yo ambiciono, pero no puede darme lo mas necesito. —Par ese momento el rostro del contratista ya era una granada. —La certeza de que siempre habrá alguien para protegerme contra todo. De que no importa en donde este, siempre estarás tú esperando por mí. —de un segundo para otro los delgados bracitos se enroscaron con fuerza en la cintura del mas alto. —¿Verdad que jamás cambiaras de opinión? ¿Que nunca te cansaras de mi? Qué no me equivoque al afirmarle que tu siempre estar a mi lado.

Lian-chu devolvió el abrazo con mayor efusividad sintiendo el corazón hinchársele. Estaba feliz, Gwizdo, su Gwizdo acaba de anteponerlo a él, lo prefirió por sobre cualquier bien material, y hablando del estafador era sin duda la mayor muestra de cariño que pudiera dar.

—Te lo juro. Siempre estaré para ti Gwizdo.

Sin titubeos sus labios se encontraron y por primera vez desde que Gwizdo le había dicho que lo quería, lo sentía seguro, su cuerpo no temblaba y sentía aquel beso mas entrado. Quizá esa tarde concluiría en aquello que tanto anhelaba el espadachín. Tener y sentir al Gwizdo real.

No importaba si duraba poco, si Gwizdo no era tan desinhibido como en sus sueños, o si incluso solo se abandonaba en sus brazos como estaba asiendo ahora, para que él se encargara de amarlo a su manera. No, nada de eso importaba, lo único relevante era saberse correspondido y que Gwizdo estaba depuesto a pasar hambre y pobreza con tal de estar a su lado. Lo único que valía era el hecho de que se estaba entregando a él por AMOR.

Mientras tú estés a mi lado no importa si incluso el mundo se cae a pedazos. Solo te necesito a ti para existir.

Fin.

Ahora si es el final.

Pensaron que no aclararía eso de la plática entre Gwizdo y Lonar. Pues que creen. Se equivocaron. Además pensé que ellos como pareja serian un tanto inestables. Por eso se me ocurrió este pequeño extra, como para decir que si bien no tienen una relación tan activa como la desearía Lian-chu están seguros de sus sentimientos.

Bien nos leemos.

Atte: Ciel Phantomhive.