He aquí el primer capítulo, espero y les guste.

Disclaimer: Esta fabulosa historia pertenece a Julie James y los personajes se le adjudican a la poderosa, mística y mágica... Stephenie Meyer.

Advertencia: El rating de esta historia es M, sólo digo. Si no te gustan esta clase de historias pues lo más adecuado sería que dieras media vuelta y buscaras algo más

Nos vemos abajo.


Capítulo 1

Treinta mil cuartos de hotel en la ciudad de Chicago, y Alice Brandon logró encontrar una al lado de una pareja que estaba teniendo una maratón de sexo.

— ¡Sí! ¡Oh, sí! ¡SI!

Alice puso la almohada sobre su cabeza, pensando, como había estado pensándolo durante la última hora y media, que esto terminaría en algún momento. Eran las tres de la mañana pasadas, y aunque ciertamente no tenía nada en contra de una buena ronda de sexo estridente en un hotel, esta ronda en particular había sido mucho más estridente que los anteriores y casi ridículos catorce "oh-Dios-oh-Dios-oh-Dioses". Más importante, incluso con la tasa de descuento que les daban a los empleados federales, las noches en El Península no estaban por lo general dentro del presupuesto mensual de un abogado ayudante de ., y ella estaba empezando a cabrearse seriamente al no poder conseguir un poco de paz y tranquilidad.

¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! La pared detrás de la cama King-size se sacudió con fuerza suficiente para sacudir su cabecera, y Alice maldijo los suelos de madera que la habían llevado a esas circunstancias.

A principios de semana, cuando el contratista le había dicho que tendría que permanecer fuera de sus renovados suelos durante veinticuatro horas, había decidido dedicarse alguno de los mimos que tanto necesitaba. Apenas la semana pasada había terminado unos agotadores tres meses de juicios de crímenes contra once acusados en diversos niveles de la delincuencia organizada, entre ellos siete asesinatos y tres intentos de asesinato. El juicio había sido mentalmente agotador para todos los involucrados, en particular para ella y el otro ayudante del fiscal que había procesado el caso. Así que cuando supo que tenía que estar fuera de su casa, mientras los suelos se secaban, había aprovechado la oportunidad para convertirlo en una escapada de fin de semana.

Quizás otras personas se hubieran ido a algún lugar más lejano o exótico que un hotel a tres kilómetros de casa, pero todo lo que a Alice le había importado era conseguir un masaje increíblemente caro, pero fantásticamente rejuvenecedor, seguido de una tranquila noche de descanso y relajación, y luego por la mañana un buffet desayuno-almuerzo, de nuevo increíblemente caro, donde podría llenarse hasta el punto que recordara por qué había convertido en un hábito general el mantenerse alejada de los buffets desayuno-almuerzo. Y el lugar perfecto para eso era El Península.

O al menos eso había pensado.

— ¡Qué hombre grande y malo! Justo ahí, oh síp, ¡justo ahí, no te detengas!

La almohada sobre su cabeza no hizo nada para ahogar la voz de la mujer.

Alice cerró los ojos en una súplica silenciosa. Estimado Sr. Grande y Malo: Cualquiera que sea el infierno que esté haciendo, no se mueva de ese lugar hasta que termine el trabajo. Ella no había orado tan duro por un orgasmo desde la primera, y última, vez que había dormido con Corin, el artista/comprador de empresas de vinos que quería "encontrar su camino", pero quien no parecía tener ni idea de cómo encontrar su camino alrededor de las partes claves del cuerpo femenino.

El gemir había comenzado alrededor de las 1:30 de la mañana, que era lo que la había despertado. En su estado adormilado, su primer pensamiento fue que alguien en la habitación de al lado estaba enfermo. Pero rápidamente después de esos gemidos había habido una segunda persona gimiendo, y luego había venido el jadeo y los golpes en la pared y gritos y entonces esa parte que sonaba sospechosamente a una nalga siendo azotada, y en algún lugar alrededor de ese punto sospechó la verdad de las idas y venidas en la habitación 1308.

WhaMA-WhaMA-WhaMA-WhaMA-WhaMA-WhaMA1...

1 Sonido que hacen los muelles del colchón...cuando se les da un buen uso...

La cama de la habitación de al lado aumentó su ritmo contra la pared, y el chirrido del colchón alcanzó un nuevo y febril tono.

A pesar de su molestia, Alice tenía que darle crédito al hombre, quienquiera que fuese, por tener un serio poder de resistencia. Tal vez era una de esas situaciones de Viagra, pensó. Había oído en alguna parte que una pequeña píldora podía conseguir que un hombre funcionara por más de cuatro horas.

Arrancó la almohada fuera de su cabeza y miró a través de la oscuridad hacia el reloj de la mesilla de noche junto a la cama: 03:17. Si tenía que soportar otras dos horas y quince minutos de esta cosa, simplemente podría matar a alguien... comenzando por la recepcionista que la había puesto en esa habitación en primer lugar. ¿No se suponía que los hoteles se saltaban el piso trece, de todos modos? Ahora estaba deseando haber sido una persona más supersticiosa y haber pedido que le asignaran otra habitación.

De hecho, ahora estaba deseando no haber tenido nunca la idea de una escapada de fin de semana y en cambio haber pasado la noche en casa de Garrett o Carmen. Al menos así estaría durmiendo en vez de escuchar la sinfonía cacofónica de gruñidos y chillidos... oh, sí, la chica estaba en realidad chillando ahora... que era como la banda sonora de su vida actual.

Además, Garrett hacía una maldita tortilla de queso cheddar y tomate con claras de huevo que, aunque probablemente no era el equivalente de las exquisiteces que uno podía encontrar en el buffet del Península, le recordaría por qué había hecho todo un hábito general el dejarlo cocinar, cuando los tres vivieron juntos en su último año de universidad.

Wheewammawamma-BAM!

Wheewammawamma-BAM!

Alice se sentó en la cama y miró el teléfono en la mesilla de noche. No quería ser ese tipo de huésped que se quejaba de cada pequeño defecto en el servicio de cinco estrellas del hotel. Pero el ruido desde el cuarto contiguo había estado ocurriendo durante mucho tiempo y ella tenía derecho a dormir en su habitación de cerca de cuatrocientos dólares por noche. La única razón por la que el hotel no había recibido quejas, suponía, era debido al hecho de que la 1308 era una habitación de esquina sin otra habitación al otro lado.

Alice estaba a punto de tomar el teléfono para llamar a la recepción cuando, de repente, oyó al hombre del cuarto contiguo gritar los gloriosos sonidos de su salvación.

¡Palmada! ¡Palmada!

—Oh, mierda, ¡me estoy corrieeeeeeeeendo!

Un fuerte gemido. Y entonces…

Bendito silencio. Finalmente.

Alice volvió a caer sobre la cama. Gracias, gracias, dioses del Hotel Península, por haberme concedido este pequeño indulto. Nunca volveré a decir que sus masajes son increíblemente caros. Incluso si todos sabemos que no cuesta 195 dólares el frotar loción en la espalda de alguien. Simplemente digo.

Se metió debajo de las sábanas y tiró el edredón crema hasta su barbilla. Su cabeza se hundió en las almohadas y se quedó allí durante unos minutos deslizándose en el bendito sueño. Entonces oyó otro ruido en el cuarto de al lado... el sonido de la puerta cerrándose.

Alice se puso tensa.

Y luego…

Nada.

Todo se quedó felizmente quieto y en silencio, y su último pensamiento antes de dormirse fue sobre el significado del sonido de la puerta que se cerraba.

Tenía la sospecha de que alguien había recibido un botín de cinco estrellas.

¡BAM!

Alice pegó un salto en la cama, el sonido del cuarto de al lado despertándola justo de su sueño. Oyó un chillido amortiguado y la cama estrellándose contra la pared de nuevo... más duro y más fuerte que nunca, como si sus ocupantes realmente se estuvieran corriendo esta vez.

Miró el reloj: 4:08. Había recibido un grandísimo respiro de treinta minutos.

Sin perder un instante... francamente, ya les había dado a esos bromistas demasiado de su valioso tiempo de dormir, se estiró y encendió la lámpara junto a la cama. Parpadeó mientras sus ojos se acostumbraban a la repentina explosión de luz. Entonces tomó el teléfono de la mesilla de noche y marcó.

Después de un timbrazo, un hombre respondió agradablemente en el otro extremo.

—Buenas noches, señorita Brandon. Gracias por llamar al servicio para huéspedes, ¿cómo podemos ayudarla?

Alice se aclaró la garganta, su voz aún era ronca cuando sus palabras salieron. —Mire, no quiero ser una idiota, pero tienen que hacer algo acerca de las personas en la habitación 1308. Ellos siguen golpeando contra la pared; ha habido todo tipo de gemidos y gritos y azotes, y ha estado pasando por, digamos, las dos últimas horas. Apenas he dormido esta noche y suena como que se están preparando para la ronda veinte o lo que sea, lo cual es genial para ellos, pero no tanto para mí, y estoy llegando al punto donde suficiente es suficiente, ¿sabe?

La voz en el otro extremo estaba completamente imperturbable, como si el servicio para huéspedes del Península manejara las consecuencias de los ruidos de sus huéspedes cinco estrellas todo el tiempo.

—Por supuesto, señorita Brandon. Le pido disculpas por las molestias. Enviaré a una persona de seguridad para que se encargue del problema de inmediato.

—Gracias —se quejó Alice, aún no dispuesta a ser pacificada con tanta facilidad. Planeaba hablar con el gerente por la mañana, pero de momento todo lo que quería era un lugar tranquilo y dormir un poco.

Colgó el teléfono y esperó. Pasaron unos momentos, entonces miró la pared detrás de la cama. Las cosas se habían quedado extrañamente silenciosas en la habitación 1308. Ella se preguntó si los ocupantes habían escuchado su llamada al servicio para los huéspedes para quejarse. Seguro, las paredes eran finas... como sin duda había descubierto de primera mano, pero ¿serían tan delgadas?

Oyó la puerta del cuarto 1308 abrirse.

Los hijos de puta se estaban escapando.

Alice salió volando de la cama y corrió hacia la puerta, decidida a conseguir por lo menos un vistazo de los fanáticos del sexo. Se apretó contra la puerta y se asomó por la mirilla mientras la puerta de la otra habitación se cerraba. Por un breve momento, no vio a nadie. Entonces…

Un hombre apareció a la vista.

Se movió rápidamente, viéndose ligeramente distorsionado a través de la mirilla. Estaba de espaldas hacia ella cuando pasó por su habitación, así que Alice no consiguió darle una buena mirada. No sabía cómo se vería un típico fanático del sexo, pero ese en particular, era alto y elegante con jeans, chaqueta de pana negra y una camiseta gris de capucha. Llevaba la capucha puesta, lo cual era algo inusual. A medida que el hombre cruzaba el pasillo y abría la puerta de las escaleras, algo le pareció extrañamente familiar. Sin embargo, desapareció en el hueco de las escaleras antes de poder descubrir porqué.

Alice se apartó de la puerta. Algo muy raro estaba sucediendo en la habitación 1308... Tal vez el hombre había huido de la escena cuando había oído su llamada al servicio para huéspedes y había abandonado a su pareja para que lidiara con las consecuencias sola. ¿Un hombre casado, tal vez? En cualquier caso, la mujer del 1308 iba a tener que dar algunas explicaciones una vez que la seguridad del hotel llegara. Alice pensó que, puesto que ya estaba despierta también podía solo sentarse allí mismo, en la mirilla y observar el acto final. No es que estuviera espiando ni nada, pero... bien, estaba espiando.

No tuvo que esperar mucho tiempo. Dos hombres vestidos con trajes, presumiblemente de la seguridad del hotel, llegaron en el minuto siguiente y llamaron a la puerta de la 1308. Cameron vio por la mirilla como los guardias de seguridad miraban expectantes hacia la puerta, luego se encogían de hombros el uno al otro, cuando no hubo respuesta.

— ¿Debemos intentarlo de nuevo? —preguntó el guardia de seguridad más bajo.

El segundo tipo asintió y llamó a la puerta. —Seguridad del hotel— gritó.

Ninguna respuesta.

— ¿Estás seguro de que esta es la habitación correcta? —preguntó el segundo tipo.

El primer tipo verificó el número de habitación, y luego asintió. —Sí. La persona que se quejó, dijo que el ruido venía del cuarto 1308.

Él miró hacia la habitación de Alice. Ella dio un paso atrás como si pudiera verla a través de la puerta. De repente se sintió muy consciente del hecho de que llevaba sólo la camiseta de la Universidad de Michigan, y ropa interior.

Hubo una pausa.

—Bien, no oigo nada ahora —Alice oyó decir al primer tipo. Golpeó la puerta por tercera vez, aún más fuerte—. ¡Seguridad! ¡Abra!

Todavía nada.

Alice se acercó de nuevo a la puerta y miró por la mirilla una vez más. Vio a los guardias de seguridad intercambiar miradas de disgusto.

—Probablemente están en la ducha —dijo el tipo más bajo.

—Probablemente van a ello de nuevo —estuvo de acuerdo el otro.

Los dos hombres presionaron sus oídos en la puerta. En su lado de la puerta, Alice escuchó por si había algún sonido de la ducha corriendo en la habitación de al lado, pero no oyó nada.

El guardia de seguridad más alto suspiró. —Conoces el protocolo, tenemos que entrar —De su bolsillo sacó lo que presumiblemente era una especie de llave maestra. La deslizó en la cerradura y abrió la puerta.

— ¿Hola? Seguridad del hotel; ¿hay alguien aquí? —gritó en la habitación.

Él miró por encima del hombro a su compañero y meneó la cabeza.

Nada. Dio un paso más dentro e hizo un gesto para que el segundo tipo lo siguiera. Ambos hombres desaparecieron en la habitación, fuera de la vista de Alice, y la puerta se cerró detrás de ellos.

Hubo una pausa momentánea, luego Alice escuchó a uno de los hombres de seguridad exclamar a través de la pared contigua.

— ¡Santa mierda!

El estómago se le cayó. Supo entonces que lo que había sucedido en la 1308, no había sido bueno. Sin saber qué debía hacer, apretó la oreja a la pared y escuchó.

¡Trata de hacer la RCP, mientras llamo al 9-1-1! —Uno de los hombres gritó.

Alice salió volando de la cama, ella sabía hacer la RCP, y corrió hacia la puerta. La abrió de golpe mientras el tipo de seguridad más bajo salía corriendo de la 1308.

Al verla, levantó su mano, indicando que debería detenerse justo donde estaba. —Señorita, por favor vuelva a su habitación.

—Pero lo he oído; pensé que podía ayudar, yo…

—Lo tenemos cubierto, señorita. Ahora, por favor regrese a su habitación —Se fue corriendo.

Por la orden del guardia de seguridad, Alice se mantuvo en su puerta. Miró a su alrededor y vio que otras personas de las habitaciones cercanas habían oído la conmoción y estaban mirando por el pasillo con expresiones mixtas de inquietud y curiosidad.

Después de lo que pareció una eternidad, pero probablemente fueron sólo unos minutos, el hombre más bajo regresó liderando a un par de paramédicos con una camilla.

Mientras el trío pasaba a toda velocidad delante de Alice, escuchó al guardia de seguridad explicando la situación. —La encontramos tendida en la cama… ella no estaba respondiendo a sí que comenzamos la RCP pero no se ve bien...

Para ese momento, personal adicional había llegado a la escena, una mujer con traje gris que se identificó como el gerente del hotel y les pidió a todos que permanecieran en sus habitaciones. Alice escuchó que les decía a los demás miembros del personal que mantuvieran despejado el pasillo y el ascensor. Los huéspedes del piso decimotercero hablaban entre sí en murmullos bajos, y Alice atrapó fragmentos de conversaciones mientras un huésped de una habitación le preguntaba a otro si él o ella sabían lo que estaba sucediendo.

Un silencio cayó sobre la multitud cuando los paramédicos reaparecieron en la puerta de la habitación 1308. Se movieron rápidamente, tirando de la camilla por el pasillo.

Esta vez, había una persona en esa camilla.

A medida que se apresuraban pasando a Alice, ella alcanzó a ver a la persona... un vistazo rápido, pero lo suficiente como para ver que se trataba de una mujer, y también suficiente para ver que tenía el pelo largo de color rojo que estaba desplegado en marcado contraste con el blanco de la sábana de la camilla y el albornoz del hotel que llevaba. Y, vio lo suficiente para ver que la mujer no se movía.

Mientras uno de los paramédicos empujaba la camilla, el otro corría junto a esta, bombeando oxígeno a través de una máscara de mano que cubría el rostro de la mujer. Los dos guardias de seguridad se adelantaron a los paramédicos, asegurándose de que el pasillo estuviera despejado. Alice, y al parecer varios de los otros huéspedes del hotel también, por casualidad escucharon al guardia más bajo diciéndole algo al otro sobre que la policía debía estar en camino.

Ante la mención de la policía, una conmoción menor estalló. Los huéspedes del hotel exigieron saber lo que estaba sucediendo.

La gerente habló por encima de la refriega. —Desde luego, entiendo que todos tienen problemas, y les ofrecemos nuestras más sinceras excusas por la perturbación —Se dirigió a ellos en un tono tranquilo y gentil que era notablemente similar a la del hombre de servicio para huéspedes con el que Alice había hablado por teléfono con anterioridad. Ella se preguntó si todos se hablaban de esa forma el uno al otro cuando no había clientes alrededor, o si caían en la rutina del encanto y de ese vago acento, casi-europeo-aunque-soy-de-Wisconsin en el minuto en que llegaban a la cafetería.

—Desafortunadamente, en este momento sólo les puedo decir que la situación, obviamente, es muy grave y puede ser de naturaleza criminal —continuó la gerente—. Pondremos este asunto en manos de la policía, y les pedimos a todos que permanezcan en sus habitaciones hasta que lleguen y evalúen la situación. Es probable que la policía quiera hablar con ustedes.

La mirada de la gerente cayó directamente sobre Alice. Mientras la multitud volvía a caer en sus murmullos y susurros, ella se acercó. —Señorita Brandon, ¿verdad?

Alice asintió. —Sí.

La gerente hizo un gesto hacia la puerta. — ¿Le importaría acompañarme de vuelta a su habitación, señorita Brandon? —Ese fue el educado tono del Hotel-Península-hablando para "Puede ser que también se quiera poner cómoda, porque su culo cotilla no irá a ninguna parte".

—Por supuesto —dijo Alice, todavía un poco conmocionada por los acontecimientos que habían ocurrido durante los últimos minutos. Como abogada y ayudante del fiscal de distrito, tenía mucha exposición al elemento criminal, pero esto era diferente. Este no era un caso que ella estaba revisando con los ojos objetivos de un fiscal, no había archivos de evidencia cuidadosamente preparados por el FBI o fotos de la escena del crimen tomadas después de los hechos. Ella había escuchado realmente al delincuente en esta ocasión, había visto a la víctima de primera mano y también... pensando de regreso en el hombre de la chaqueta y la camiseta con capucha, muy posiblemente a la persona que la había lastimado.

La idea envió escalofríos corriendo por su columna.

O bien, Alice supuso, que a lo mejor el frío tenía algo que ver con la realidad de que estaba todavía de pie en el pasillo con aire acondicionado usando nada más que su camiseta y ropa interior.

Con clase.

Con toda la dignidad que pudo reunir, sin sujetador y sin pantalones, Alice tiró hacia abajo la camiseta una media pulgada extra y siguió a la gerente del hotel a su habitación.


Espero que les haya gustado, díganme lo que piensan en los reviews.

Nos leemos pronto.

-Karla

Pd. Nuestro hermoso Jasper aparecerá en el siguiente capítulo.