Un castillo de verdad.

¡Elsa!—aquel grito chillón recorrió la habitación. Veía oscuro y sombras desfiguradas y oscuras rodeadas en cuatro muros elegantes, revestidos por un tapiz de diseños majestuoso. Veía de repente un muñeco de nieve correr hacía mi…esperen…¿Correr? ¿Eso era posible?

Veía también unos cabellos rubios y ojos chocolates dirigirse hacia mí. Sin embargo se les adelantó un par de ojos color aguamarina y pecas contentas. Pero luego todo se volvió turbio, las imágenes se distorsionaron como el reflejo de los niños de la tienda sobre las botellas de agua.

Todo cambió después. Veía una figura de vestido azul correr lentamente, con el cristal empañando sus zapatos y sus cabellos pelirrojos entrelazados. Veía una espada alzarse en medio de la nieve, como mi prisión de cristal cuando los niños deciden moverla. Veía unos cabellos rojizos y unos ojos verdes. Veía un reno en la lejanía y un chico de cabellos rubios. Veía el mismo muñeco de nieve.

¡Elsa, no te vayas!

Y todo se tornó oscuro.


—¡No!—Me levanté fatigada, envuelta en las pesadillas que recorrían mi interior. Mi tórax se hinchaba y deshinchaba y mi respiración parecía entrecortada. Sentía las aperladas gotas de sudor rodar por mi rostro y caer y perderse en el suelo. Sentía mi corazón latir tan rápido que temía que se fuese a salir de mi techo. Pavor, miedo, desesperanza y tristeza, eran las emociones que mantenían ahí. Con mi torrente sanguíneo alterado.

Inhalé y exhalé con deliberada lentitud y me dispuse a admirar los muros de mi pequeño palacio. Ladeando mis piernas al lado de la cama, salí de aquel artificial lecho y me aproxime a la ventana. El muro de cristal que me separaba de lo demás, se mantenía firme ahí mismo, intacto y tan puro como siempre lo había sido.

Salí del palacio, tratando de calmar aquella sensación de angustia que trepaba por mi pecho y caminé a paso lento hacia las puertas de madera.

Se abrieron, permitiéndome el paso hacia las afueras. Donde la nieve permanecía estática y donde el polvo brillante se camuflaba. Me acerque hacia la pared del vidriado y admire el camarote del cuarto.

Lía se revolvía en las sabanas con una sonrisa, y yo estaba alegre de que al fin tenía una amiga. Alguien con quien charlar, para hacerme olvidar aquellos 4 días con esa monótona rutina. Le vi unos momentos y me senté sobre el suelo, entre aquella cellisca artificial.

Las imágenes confusas y borrosas inundaron de repente mi razón, y recordé las partes más importantes de aquel sueño, que pareció atormentarme en todo mi viaje. Recordaba aquellas trenzas pelirrojas mecidas graciosamente, recordaba una batalla de nieve, nieve real, nieve pura. Recordaba un muñeco de nieve con nariz de zanahoria. Recordaba las astas de un reno. Recordaba un pico para clavar hielo y recordaba las mismas hebras rubias.

Luego se tornaba nebuloso y las imágenes cambiaban. Veía unos ojos verdes como la esmeralda. Veía unos cabellos rojizos como aquellas simpáticas trenzas. Luego veía un galeón y una tormenta. Veía delfines saltar contentos a un lado de la popa del barco, y recordaba aquel brillo de inmensa alegría. Veía luego el mismo joven en una silla, frente al escritorio. Luego veía aquellos cabellos cobrizos y esos ojos verdes tocando el piano. Veía también una casita de madera en una isla.

Y luego todo se tornaba de nuevo oscuro, y veía la misma figura de vestido azul interponerse entre la filosa espada que resplandecía en aquellos numerosos montículos de nieve.

Pero al final, al culminar, veía algo tan raro que yo no entendía. Alguien me llamaba, más bien, varias personas me llamaban, me suplicaban que no cerrase los ojos, que no me fuera, veía los ojos de todo. Aguamarina, chocolate, castaños, negros y verdes. Y creía ver una figura en la ventana, de cabellos azabaches y una tiara de cristal. Era lo único que yo podía ver.

Me levanté con un suspiro cansino, ladeándome levemente gracias al meneo del navío. Marchábamos a las Islas del Sur [según Lía] y estamos a tan solo unas horas de abarcar en las costas de aquel lugar. Por supuesto, la pequeñuela paso todo el viaje contándome sobre lo maravilloso de las islas. Las diversas plantas, los numerosos paisajes, la enorme cantidad de animales. Adoraba las facciones de ella al hablarme de su reino.

Y yo comenzaba a pensar a más profundidad las palabras que habían dicho aquellos gigantes en Arendelle.

"Pobre reina Anna" me invadía el comentario de uno, incluso más grandulón que de costumbre. Anna. Aquel nombre resonaba en mi mente, produciendo eco en las cuatro mentales paredes. "Extrañaremos a la reina de las nieves". ¿Quién rayos era esa? Pero aquella perdida, por lo que pude deducir, afectaba demasiado a aquel reino. "El rey Kristoff y la reina Anna están llevando a Arendelle por buen rumbo" Y al igual que el nombre de Anna, el nombre de Kristoff también me sonaba.

Pero no había nada que yo pudiera hacer. Estaba encerrada en mi prisión de cristal ya hora solo era una frágil muñequita de adorno en aquel mundo plástico e irreal.

—¡Tierra a la vista!—Gritó un marinero en las lejanías y yo me tambalee hacia un lado, golpeándome con la muralla de cristal. Lía se había tomado la molestia de poner mi esfera en algún lugar seguro. Para que no cayera y se rompiera con el continuo menear del barco. Fundas, telas y demás cosas formaban una baja barrera que mantenía la bola de cristal en un lugar estable y estático.

Y ahora habíamos llegado a aquellas islas. Las islas del sur.

Lía se removió entre las sabanas, despertándose en el acto e irguiendo su torso sobre el lecho. Se llevó sus pálidas manitas directo a sus ojos y los talló con fuerza para adaptarse al ambiente. Somnolienta se dirigió a una lámpara de aceite. Y cuando la prendió, la iluminación dio fuerte y de lleno en mi rostro, haciéndome entrecerrar los ojos.

—Buenos días Elsa—Me dijo bostezando y estirando sus brazos. Soplé sobre la superficie del cristal, empañándolo y mis dedos escribieron presurosos una oración "Buenos días también" Y de repente de la adormilada de Lía no quedo rastro, Lía se había puesto enfrente de mi globo con una sonrisa de oreja a oreja—¡Ya llegamos a las islas Elsa!—Me dijo con emoción y corriendo tomo un vestidito marrón y al baño, entró.

Solté una risa al verla llena de gozo y yo también me dispuse a cambiarme. Usaba lo mismo de todos los días, el mismo vestidito de colores celestes, cristalino e idéntico a mi jaula etérea. Como si de hielo, escarcha y nieve estuviera hecho.

La puerta del baño resonó y por ella, la chiquilla salió. Agitando la falda simple de su vestido marrón y calzando sus zapatos oscuros en sus pies.

—¡Vamos Elsa!

Me tomo entre sus palmas y corrió hacia afuera, saliendo de inmediato a la superficie del barco. Se dirigió a la baranda del navío y me alzó mostrándome el mar de inmenso azul y las costas de un pueblo que aumentaba de tamaño conforme avanzábamos. Era enorme aun así, para mí claro está. Aún no me acostumbraba a los enormes pero frágiles dedos de Lía cuando tomaba entre sus palmas, la esfera de cristal.

—Cariño, tu esfera podría caer al mar—Le dijo una voz maternal que resonó en el cristal. Una figura enorme y delgada de cabellos castaños se aproximó hacia mi amiga. Su madre, según Lía.

—Descuida mamá, no la dejaría caer por nada el mundo—Le respondió y con una sonrisa, su madre se alejó.

El barco avanzó hasta la litoral de la playa, donde más barcos desembarcaban. Más enormes que ningún otro, debería decir. Yo solo abarcaría un milímetro en aquellos barcos. El galeón se detuvo en seco y baje mi vista, alcanzó a ver las áreas doradas de la costa del fiordo. Habíamos llegado.

Lía bajo la rampa del barco y descendimos a la arenisca chapada. Y Lía me alzó entre risas hasta arriba, mostrándome el hermoso lugar que ocupaba. Gente caminaba de allí a allá. Hermosas y divinas plantas crecían si avanzaban. Era tan precioso que no me lo podía creer.

—Este es tu nuevo hogar, Elsa.


Los días avanzaban de forma muy rápida y divertida. Ya iban tres días en la agradable casa de Lía. Recordaba como ingresamos al pueblo, este era incluso más grande que Arendelle. Había carruajes avanzando entre las calles y los enormes caballos de crin blanca. Trotaban elegantes, tirando de los carruajes. Sin fines de comercios en cada rincón y por sobre todo aquel enorme castillo. Yo nunca pude apreciar el castillo de Arendelle, pero este era hermoso. De techos color bermellón y numerosas torres con minúsculas ventanas de lejos.

La niñita me ponía en la estantería más alta [o por lo menos la que ella alcanzaba] y yo veía su simpática sala humilde y cuadrada. Tenía varios hermanos menores y dos mayores. Un chico de 14 años, una chica de 12, una niñita de 5, dos gemelos de 6, un niño de 3, una niñita de caballos dorados que tenía un solo año y un bebe. Era una familia muy numerosa a decir verdad, pero muy afable, tierna pero por sobre todo, generosa.

Todos los niños pequeños me veían, pero el chico y la chica ya no. Se marchaban temprano de la casita y no volvían hasta más tarde.

Y ahí estaba, en la mañana del quinto día que había llegado. Admiraba cada parte de la sala, donde los gemelos reían jugando a las espadas y la niña de 5 años leía. Los demás se encontraban afuera o arriba, jugando solos en sus cuartos.

Por supuesto, estaba muy tranquila. Lía ayudaba a su madre a preparar deliciosas galletas, sin embargo no las olía. No comía realmente, en todo ese lapsus de tiempo no había comido nada, pero tampoco sentía hambre o sed. Me sumergí en mis pensamientos, pues la noche anterior habían aludido los mismos sueños.

Esta vez recordaba una velada en un cuarto, en compañía de un chico de cabellos pelirrojos, tomando vino en una de las copas y charlando entre ellos. Recordaba aquel momento donde yo misma caí en medio de un bullicio de paja y era rescatada por el mismo chico. Recordaba picnics bajo árboles frondosos en compañía de una chica pecosa y un fornido chico de cabellos rubios.

Pero todo eso eran nada más sueños ¿No es así?

Además…

—¡Ahhh!—Chillé de sorpresa y cayéndome del susto, mirando los enormes y redondos orbes de color castaño oscuro. La niñita de tres años, me miraba desde atrás del cristal. Ella rio mostrándome su hilera de dientes y sus manos, algo regordetas, pero gigantes a pesar de ser una de las más pequeñas, me envolvió en sus palmas rosáceas y soltó risillas agudas al verme ahí, en medio de una tormenta de nieve.

Rio contenta diciendo entre risas "mueita" mientras agitaba la esfera haciéndome golpear contra la pared de cristal. Flotaba en los aires rodeada de escarcha y brillantina, la nieve envolvía y me bloqueaba la vista. Varias veces sentí estar enredada entre las ramas del árbol y tirar de mis finas hebras rubias. Golpeándome la cabeza, las piernas y los brazos.

Y luego todo se detuvo, miré los ojos enormes de aquella pequeñuela y luego repentinamente…me lanzó. Me lanzó a los aires risueña, me lanzó lo más arriba que sus brazos pudieron. Y yo solo sentía miedo. El temor se sembró dentro de mí, el pavor corría por todo mi cuerpo, deje de respirar al ver muy próximo el suelo. Mi corazón latiendo a mil y mi esfera cada vez más cerca del piso.

"Si tu esfera se rompe, tu vida acabará. Serás solamente una figura de hielo, sin vida ya" Aquellas palabras quedaron grabadas en mi mente, resonando severamente. Mi corazón hundido en el pavor. La angustia acabar conmigo. Solo seré una figura de hielo, si aquel cristal se fragmentara y tocara el suelo.

—¡Eva, no!

Las baldosas blancas fueron bloqueadas de repente, solo vi unos dedos gigantes afirmarse a mi prisión, y unos ojos azules embargados de pánico. La nieve y la brillantina flotaba a mi alrededor, yo me hallaba pegada al cristal, casi por la inercia y la gravedad. Lía me ladeo levemente hasta terminar en el suelo, aún con aquel mágico polvo, alrededor de mí bailar.

—Estás a salvo—Dijo aliviada la castaña y me puso en la repisa más alta, reprendiendo de paso a su pequeña hermana.

Y entonces me quedo claro, si mi esfera se rompía, no podía ser libre. Terminaría siendo una escultura en miniatura de sólido hielo.


Esa mañana, el sol brillaba fuertemente, rebotando contra el cristal de aquel globo vidriado. Las chispas solares bailaron en mis parpados, produciendo un cosquilleo que hizo abrir mis ojos. Me hallaba, de nuevo, envuelta en las cobijas azules, en aquellas paredes que conformaban parte del palacio. Con mi blusón miniatura celeste y mis diminutas pantuflas afelpadas de color beige.

Me puse de inmediato mi vestido azul y vi por la ventana, los enormes muebles de aquella gigante familia que me había acogido. Una semana en las Islas del sur [Un lugar que me sonaba, y ya tenía ese mismo sentimiento desde que Lía lo menciono] y una semana embargada de aquellos sueños. El más frecuente era aquel, con una chica de cabellos pelirrojos y lágrimas en los ojos, con un chico de cabellos rubios lleno de preocupación, unas enormes astas y un rostro de nieve. Lo peor de aquel sueño era esa figura. De cabellos azabaches y tiara de cristal.

Salí de nuevo a aquel mundo reducido de nieve artificial y espere ansiosamente los enormes orbes azules de mi amiga. De aquella niña que pudo verme, de aquella niña que me mostró que no era tan horrible estar encerrada. Después de todo si salía, terminaría siendo una figura de hielo, como aquellas que transportaban al enorme palacio que encabezaba el pueblo.

Hoy saldríamos a recorrer el lugar. Vería absolutamente todo, las gigantes parroquias tan grandes que si me pusieras a un lado, yo solo sería un milímetro de aquellas. Y veríamos personalmente los lagos hermosos que se encontraban en aquel lugar. Veríamos los lugares más maravillosos que las Islas del sur pudieran contar.

Y ahí estaba, mi amiga de cabellos chocolates y de ojos vivaces, tomándome con delicadeza entre sus palmas y saliendo de aquella humilde casita.

Recorrimos el maravilloso lugar. Había personas muy amigables, aunque me parecían más generosos los pueblerinos de Arendelle, le había tomado afecto a cada rincón de aquel lugar, a pesar de pasar días con el mismo sufrimiento, aún así me parecía espectacular y sencillamente hermoso. Miles de carruajes ostentosos iban dirigidos por equinos enormes, yo había visto uno encerrado en un globo como el mío y comparado con aquel, solo llegaba a dos centímetros.

Todo iba de maravilla, hasta que esos enormes y grandulones gigantes enanos [más grandes y gordos que los gigantes normales, debía aclarar] se acercaron hacia nosotros con una horrible sonrisa deformando su rostro.

—Mira quien tenemos aquí.—Había dicho uno con una voz horripilante.

—¿Qué tienes ahí enana? —Todos los niños me veían, pero luego comprendí que solo los de corazón bueno y bondadoso podían hacerlos .No como aquellos que lucían espantosos. La niña no contesto y yo observaba cada movimiento por parte de aquellos cíclopes, porque, más que gigantes, parecían unos cíclopes.

—¿Nos darás eso niña?—Pregunto uno y tomo el brazo de la niña con fuerza. En esos momentos estaba furiosa y quería ensartarles un golpe que les rompiera la nariz. Como mi hermana hizo…Espera…¿Hermana? ¿Pero qué estaba diciendo? Yo estaba sola encerrada en aquella esfera. Era ilógico que tuviera una hermana ¿No es así?

Y de repente, todos mis pensamientos fueron interrumpidos por una avalancha de nieve, flote repentinamente en el aire, cubierta de blanco y polvos brillantes, me golpeé la cabeza frecuentemente, chocando contra el árbol, el castillo y algunas veces el suelo. Y me di cuenta, Lía corría tratando de alejarse de aquellos grandulones.

La niña saltaba, esquivaba y corría con todas sus fuerzas, así que no podía culparla por mis numerosos golpes contra el muro de cristal Sin embargo, no se detenían, parecía que fuera eterno.

Lía había corrido repentinamente hacía unas enormes cajas de madera que yacían en la entrada a una nueva calle. Se vio obstaculizada y la tormenta de nieve se había calmado tan solo un poco. Pero no duro por mucho tiempo.

Lía salto sobre la primera caja antes de que las manos regordetas y sucias de uno de los cíclopes le alcanzase. Una buena noticia, pero había una mala.

Mi esfera rodo de sus dedos al momento que ella escapaba.

Caía lentamente hacia el suelo, veía a los gigantes saltar sobre las cajas, veía el suelo muy cerca. Mi destino deparaba una figurilla pequeña de hielo sólido. Porque si no podía estar encerrada, estaría muerta y congelada.

Cerré los ojos con fuerza, con mis latidos latiendo llenos de pavor. Podía escuchar el cristal fragmentare contra el suelo, podía sentir por primera vez esa sensación helada que no había sentido.

Espere el impacto.

Pero nunca llegó.

Abrí mis ojos con sorpresa, me hallaba rodando lentamente sobre unas enormes hojas verdes, que directas que me llevaban hacia el suelo, inclinándose conforme el globo avanzaba sobre ella. Al final, toque el suelo. Pero no me quede quieta.

Mi esfera rodo por las calles, hasta llegar a la misma donde millones de carruajes conducían. Genial, si no me mataba en aquella furtiva caída, moriría gracias a los enormes pies de gigante o las gigantes pezuñas de los caballos.

Me sentía débil, frágil y temerosa. Me temblaban las manos, y yo solo podía observar con temor como las personas se acercaban peligrosamente a mí. Sus pies tan cerca me sacaban un escalofrío. Me sentía tan rígida cuando veía los carruajes. Giraba mi vista desesperada en busca de alguna solución. Pero no podía. No había remedio.

El galopar de un caballo, las pezuñas chocando contra las piedras de las calles. Un equino gigante se aproximaba. Para derrumbarme gracias a sus poderosas patas. Para romper en miles de pedazos, lo que ahora podía nombrar casa. Para aplastarme antes de siquiera convertirme en una escultura. Mis ojos abiertos a más no poder, no de sorpresa. Si no de pánico. Su enorme hocico, su jinete borroso, su pelaje café y sus cabellos rojizos.

Moriría. Aplastada o congelada, pero moriría.

—¡Hey! ¡Alto Sitron!—La voz retumbante del jinete gigante se oyó por toda la muralla de cristal. El caballo alzándose sobre sus cuartos traseros para al fin detenerse. ¡Uff! Que susto.

El jinete bajo de su caballo y pude apreciar a aquel gigante de forma más clara. De cabellos cobrizos y unos, extrañamente, familiares ojos verdes. De ropas elegantes y ostentosas, asegurando ser parte de una familia real. Con el emblema del reino sobre su saco y unas enormes botas de cuero que se presentaban ante mí.

Sus manos rodearon mi esfera y alzó mi prisión. Y me miro, con esos ojos verdes.

—Vaya, alguien olvido esto.—Había dicho y lanzó mi esfera a las profundidades de su bolsa.

Aquel extraño chico, que se me hacía muy familiar, si les digo la verdad. Avanzo tambaleando su bolsa, y por consiguiente, mi prisión de cristal.

Flotaba, me golpeaba, la nieve me rodeaba y terminaba en diversos puntos de mi pequeño mundo. Una vez llegue hasta la torre más alta del palacio. Otra vez había caído de nuevo en las ramas más altas del árbol. Una vez más, mi cabeza contra el cristal se había impactado.

La tormenta seguía insistente.

—Aquí chico.—Le oí decir.

Y de repente, la tempestad de cellisca se había detenido, baje flotando levemente en los aires, aún entre las nubes de polvo mágico. Entonces sacó mi esfera, mostrándome solo una porción enorme del pueblo que yo desconocía. Del cual era ignorado al estar encerrada.

Un imponente castillo, mi palacio en comparación era pequeñísimo. Y yo aún más.

De muros de mármol enormes. Ventanas gigantes y hermosas. Una capilla con vitrales coloridos. Las grandes puertas que se hallaban ante mí.

Un castillo de verdad.

Alzó mi prisión y me vio. Con esos conocidos ojos verdes.

Solo entonces comprendí, que la esfera de cristal significaría mucho más.


¡Hola! Sé que me retrasado y doy una disculpa. ¿El problema? Toda la semana pasada me enferme y no asistí a clases, por lo tanto tengo demasiado trabajo atrasado. Así que últimamente no he podido, pero aquí está.

Bien...¡Ya salio Hans! (?) El capí es algo aburrido, pero ya es el comienzo de todo. Será un desafio formar una relación entre estos dos tomando en cuenta de que Elsa está encerrada dentro de una esfera, pero~ Será divertido ;)

¿Qué cómo termino ahí? eso aún no se los voy a decir. Conforme avancé la historia s darán cuenta. Solo diré que deben leer el cuento original en el que se baso en frozen. Otra cosa es que daré mi punto de vista de los origines de los poderes de Elsa.

Además~ UNA ACLARACIÓN: ESTE FIC ESTÁ SITUADO POR LO MENOS 5 AÑOS DESPUÉS DE LA PELÍCULA. Y ...las escenas que elsa comentó en sus sueños y que tienen que ver con Hans, es porque el fic esta situado después de los suyos. ¿Qué quiero decir? TODOS los fics que he leído Helsa...habrán escenas de los mismos, porque Elsa YA Conocía a Hans en los fics de los demás.

Un ejemplo, la escena del barco, y los delfines es obviamente un fragmento del fic "Elsa & Hans" de Evagante...La escena de la paja es una escena de "Un Té con dos cucharadas de azúcar" de Ekishka. La escena de la velada es también del fic "Elsa & Hans" La casita de madera en una isla es una escena el fic "Amando al enemigo" de LaBrujaViolet y Hans sentado frente al escritorio es una escena del fic "Iceburns" de Sheepcupshion. Al igual, la escena del piano es de mi otro fic.

Elsa y Hans ya se conocían, pero solo eran amigos. Por lo cual, escenas de otros fics donde sean amigo saldrán. Así que no tienen todavía una relación. Esta situación al fin los pondrá a dar el paso, que Hans recobré la esperanza, y que Elsa vuelva a sentir todo eso.

Ya, eso es todo XD

Trataré de subir el nuevo capítulo de Baile de Invierno hoy mismo.

¡Agradezco todos sus reviews!

Bye Bye ;9