Ni siquiera yo puedo creerme que por fin esté subiendo un nuevo capítulo después de casi tres años. La verdad es que tenía una idea sobre lo que quería hacer con esta historia, pero después de unos meses no recordaba algunos detalles de esa idea y eso me desanimó bastante.

Pero esta mañana al fin me animé a terminar el capítulo que tenía empezado y aquí está. Espero no volver a tardar tanto en actualizar, aunque la verdad es que tengo bastantes historias empezadas incluso cuando intento no escribirlas.

El capítulo es corto, lo sé, pero quería subirlo para poder avanzar con la historia. Espero que en los siguientes capítulos vaya avanzando algo más rápido hasta llegar al punto que quiero.

Por cierto, aún no hay nada decidido, pero quería saber que opinaríais si esta historia acabara siendo slash. En caso de que no lo fuera, Harry no tendría ninguna pareja así que no os preocupéis. Solo quiero saber vuestra opinión, la decisión está todavía por tomar.

En fin, muchas gracias a los que leéis esta historia y, si alguno de los que empezaron a leerla cuando empecé a escribirla aún la sigue quisiera darles las gracias especialmente. Vuestros mensajes me han animado mucho hoy a la hora de escribir y, como he dicho, espero no volver a tardar tanto con el siguiente.

Capítulo 8

Todo su cuerpo se sentía pesado. Y cansado. Sus músculos estaban agarrotados y doloridos.

Con un gemido, forzó sus párpados a abrirse y tuvo que volver a cerrarlos.

—Espera. —susurró una voz conocida.

Oyó el sonido de una cortina al ser corrida y probó a volver a abrir los ojos. Aún había suficiente luz para que resultara molesta, pero no insoportable.

—¿Mejor?—preguntó la voz.

Giró la cabeza y vio a Remus mirándolo con seriedad. Asintió con la cabeza, tratando de recordar cómo había llegado allí.

Recordaba el viaje a Gringotts y volver con Tonks, pero después nada. ¿Se había desmayado?

—¿Qué hora es?

—Por la mañana, temprano. —dijo el hombre. —Sirius aún está dormido.

Harry asintió y esperó a que el hombre decidiera hablar. Remus se veía molesto, pero suspiró y su expresión cambió a una de resignación.

—Tu padrino no va a dejar que vuelvas a levantarte en al menos una semana. —declaró.

—¿Y tú?

—Tampoco. —Aseguró.

—Me desmayé, ¿verdad?

—Sí, en cuanto Tonks os apareció frente a la casa. Nos diste un buen susto a todos, Harry.

—Lo siento. —susurró. —Por lo menos todo salió bien en Gringotts.

—¿Vas a decirnos cuál es tú plan, entonces?

Harry lo miró mordiéndose el labio, con la duda claramente escrita en su rostro.

—Si te lo cuento, tendrás que permanecer lejos de Dumbledore y Snape. —dijo en voz baja, echando un vistazo a la forma canina de su padrino para comprobar que seguía dormido.

Remus lo miró con confusión unos segundos, antes de comprender su extraño comportamiento.

—Temes que, si nos lo cuentas, puedan leerlo en nuestras mentes e impedirlo, ¿no?—preguntó sabiendo que así era. —Harry, a Sirius le enseñaron Oclumancia cuando era solo un niño y los hombres lobo tenemos una resistencia natural a la Legeremancia.

—¿Quieres decir que no pueden leernos la mente?—inquirió relajándose.

—Algo así. Podrían hacerlo, pero harían falta horas para que un legeremens experto accediera a nuestra mente. Eso era lo que te preocupaba, ¿verdad?—consultó el hombre lobo.

Harry asintió. Le aliviaba saber que Dumbledore no se enteraría de nada leyendo sus mentes.

Quería contarles su idea a Sirius y Remus, ya que ellos podrían encontrar fallos que él no hubiera previsto.

Se había negado a decírselo por si les leían la mente, pero las palabras de Remus le habían quitado ese peso de encima.

—Entonces os lo contaré cuando Sirius despierte.

—Tienes que saber, Harry, que nosotros estamos aquí para lo que necesites, cualquier cosa, ¿vale?—Harry asintió. —La próxima vez que creas que algo así podría pasar, dínoslo.

—Lo haré. Lo siento, Remus, es solo que no estoy acostumbrado a tener a nadie a quien poder pedir información.

Remus asintió, comprensivo. El niño estaba demasiado acostumbrado a no contar con nadie que pudiera ayudarle, a ser siempre el fuerte.

Eso era algo que Sirius y él tendrían que cambiar. Harry tenía que comprender que ellos siempre estarían ahí para ayudarle.

Harry no apartó la mirada de Remus y notó que se tensaba de repente.

—Verás, Harry, todavía tenemos que hablar sobre… —Remus apartó la mirada y respiró hondo. —sobre las implicaciones de ser un licántropo.

Harry asintió, entendiendo por fin el motivo de que estuviera tan tenso y aliviado de que no fuera una mala noticia.

Sabía que esa era una conversación que Remus jamás había querido tener con nadie, aún menos con él.

—¿Qué sabes sobre los hombres lobo?

—Solo lo que tú me has explicado. Son más fuertes, con sentidos más desarrollados y mejores reflejos. Y se transforman en la luna llena. —murmuró. —Busqué algo más de información en la biblioteca, pero como no tenía forma de saber qué era verdad y qué no, no profundicé mucho.

Remus no pudo evitar sonreír un poco. Todo el mundo pensaría que buscar información en la biblioteca era algo más propio de Hermione, pero la chica confiaba demasiado en los libros y no aceptar los prejuiciosos puntos de vista de los autores era lo que hacía las pocas búsquedas de Harry mucho más fructíferas

—Eso está muy bien. Lo que has dicho es correcto, pero ser un hombre lobo implica mucho más. Para empezar, tienes que sobrevivir al mordisco. Tú caso es especial porque la luna no había salido aún. No hay muchas personas que sobrevivan al ataque de un hombre lobo, pero quienes lo hacen conservan la cicatriz para siempre.

Harry no pudo contenerse y levantó la manga de su brazo izquierdo, dejando al descubierto la pálida marca.

Pero para su sorpresa, había algo más que no había estado antes de la luna llena.

Junto a la cicatriz, había un dibujo del tamaño aproximado de la marca. Era de color azul, pero lo bastante pálida para que alguien sin su increíble vista lo pasara por alto si no se fijaba bien.

Oyó a Remus coger aire bruscamente y levantó la mirada con curiosidad para ver al hombre mirando la marca en forma de luna creciente con los ojos muy abiertos.

—¿Qué es, Remus? Parece un tatuaje, pero no estaba antes de la luna llena.

El hombre pareció reaccionar a sus palabras y recuperarse antes de mirarlo críticamente.

—Voy a tener que explicarte algunas cosas antes de llegar a eso, Cachorro.

Harry asintió y trató de incorporarse un poco para apoyarse contra el cabecero de la cama.

Remus se apresuró a ayudarlo y colocó un par de cojines para que estuviera más cómodo.

—Los hombres lobo que sobreviven, deben pasar las tres primeras lunas llenas con su padre lobo o pueden enfermar e incluso morir. —explicó con culpabilidad.

—Tú no sabías que iba a transformarme, Remus.

—De todas formas, eso no es excusa. Podrías haber muerto, Harry. —Insistió.

El chico suspiró, sabiendo que no importara lo que argumentara, ese día se encontraba ante una batalla perdida.

—Vale, entonces hay que pasar las tres primeras lunas llenas con tu padre lobo.

—Y durante las seis primeras no puedes usar la poción "matalobos", no funciona. —Harry asintió, tratando de ocultar su aprensión. —Como hemos dicho antes, tenemos unos sentidos mucho más desarrollados, más fuerza y mejores reflejos. También tenemos deseo de sangre, pero no te preocupes, no es como en otras criaturas. —se apresuró a asegurar. —Solo significa que preferirás la carne… menos hecha y que tu nueva golosina favorita serán las píldoras de sangre.

Harry suspiró aliviado, aunque en ese momento le costaba imaginarse probando esas "golosinas".

—Otra característica bastante común son los ojos dorados o ámbar. Un hombre lobo conserva su color de ojos natural, pero éste cambia cuando está sintiendo una emoción muy fuerte.

—Vale, ¿tu color natural es ámbar o estás en una constante sobrecarga emocional? —preguntó el joven mago en broma.

—Es natural. —respondió Remus sonriendo un poco. —Esencialmente, esos son todos los cambios físicos, además del hecho de que maduramos físicamente mucho antes de lo habitual. En lo que respecta a la magia, es más complicado. El núcleo mágico de un hombre lobo alcanza la madurez mágica en cuanto éste sobrevive a su primera transformación, es decir, su núcleo se expande hasta alcanzar la plenitud. A partir de ese momento, el núcleo no crecerá más y el licántropo, tenga la edad que tenga, recibe acceso a toda la magia que habría tenido al cumplir la mayoría de edad de los magos.

—Oh, eso es bueno, ¿verdad?

—No siempre. Si el mago tiene el potencial de ser muy poderoso, esto es muy peligroso porque tras la transformación desarrollará al máximo ese mismo potencial.

— ¿Por qué sería eso peligroso?

—Nuestro cuerpo solo es capaz de contener cierta cantidad de magia. Es por eso por lo que el núcleo mágico de un mago se desarrolla lentamente hasta los diecisiete años; para dar la oportunidad a su cuerpo de adaptarse. Sin ese periodo de adaptación, toda esa magia repentinamente vertida en un cuerpo lo dañaría incluso hasta el punto de matarlo.

—Está bien. —murmuró Harry frunciendo el ceño y pensando en todo lo que habían hablado. — ¿Qué significa mi marca, entonces?

La mirada de Remus se clavó en la pálida luna creciente que había aparecido junto a la marca del mordisco.

—La Luna Azul. —susurró finalmente.

— ¿Qué es la Luna Azul?

El licántropo alzó la mirada y clavó sus inusuales ojos ámbar en el más joven.

—La Luna Azul es un fenómeno lunar que ocurre aproximadamente cada tres años. En un mismo mes, hay dos lunas llenas y la última de éstas se conoce como Luna Azul. Es la luna llena más dura para los licántropos, puesto que nos volvemos más salvajes y fuertes y la poción matalobos apenas funciona. Tu primera transformación fue durante la Luna Azul.

— ¿Y eso qué significa?

—Eso significa que eres lo que se denomina un Lobo de Luna Azul, o Cachorro hasta que hayas crecido. —bromeó Remus haciendo que Harry hiciera un puchero en protesta. —Los Lobos de Luna Azul con diferentes a los demás licántropos.

— ¿Diferentes en qué sentido?

—Para empezar, está la marca junto al mordisco. Es como se os distingue de lobos normales. También sois muy poco comunes. Verás, Harry, para convertirte en un Lobo de Luna Azul debes ser mordido por un licántropo durante la luna llena anterior a la Luna Azul. Hasta ahí, todo parece bastante fácil, ¿verdad? —Harry asintió. —No lo es. Ten en cuenta que muchos licántropos no sobreviven a una luna llena normal. Los lobos los despedazan. La luna llena anterior a la Luna Azul no es tan horrible como la propia Luna Azul, pero sigue siendo difícil. Si tienen suerte y sobreviven, su primera transformación ocurrirá durante la Luna Azul. Las primeras transformaciones son siempre las más duras. Muchos lobos mueren antes de completar la tercera, incluso con el apoyo de otro lobo. En el caso de los Lobos de Luna Azul, la mayoría ni siquiera sobreviven a la primera luna.

—Pero tú me mordiste durante la anterior luna llena, no durante la Luna Azul. ¿Por qué no me transformé entonces?

—Hay algunas teorías. No eres el primer Lobo de Luna Azul en transformarse bajo circunstancias… inusuales, por decirlo de alguna manera. Hasta ahora, siempre pensé que eran solo leyendas, pero puede que haya algo de verdad en ellas.

— ¿Qué crees tú que ocurrió?

—Creo que al haber sido mordido cuando yo aún era humano, el… no estoy seguro de cómo llamarlo, ¿virus?, ¿veneno?... ninguno de los dos es el término correcto, pero tendrá que bastar. —murmuró el antiguo profesor más para sí mismo que para el joven mago. —Al ser mordido cuando aún era humano, el veneno era más débil. Piensa que, para convertirte en un licántropo, no solo debe alterar tu cuerpo sino también tu magia y eso lleva tiempo. Por eso cuando eres mordido no te transformas inmediatamente sino que tu primera transformación ocurre durante la siguiente luna llena. Pero en tu caso, el veneno era demasiado débil para recorrer todo tu cuerpo y llevar a cabo los cambios necesarios antes de la luna llena de esa misma noche. Por eso no te transformaste hasta la siguiente luna llena, la Luna Azul.

—Pero has dicho que para convertirte en un Lobo de Luna Azul debes ser mordido durante la anterior luna llena. Yo fui mordido antes de la anterior luna llena. ¿No debería ser un lobo normal aunque me transformara en la Luna Azul?

—Mi teoría es que las historias originales denominaban Lobos de Luna Azul a aquellos que se transformaban por primera vez durante la Luna Azul, pero como actualmente no se conoce a nadie que se transformara sin ser mordido durante una luna llena, todos asumimos que convertirte en un Lobo de Luna Azul implicaba ser mordido durante la anterior luna llena.

Harry asintió, pensativo. Era una teoría bastante sólida y, aunque fuera solo una teoría, era la mejor explicación que tenían.

— ¿Hay algo más que nos haga diferentes?

—De hecho, lo hay. Mientras que un licántropo normal se transforma al salir la luna llena, sin excepciones, lo mismo no ocurre con vosotros. La luz de la luna llena os permite transformaros, mientras que sin su luz os será imposible transformaros y sentiréis un dolor desgarrador.

Harry frunció el ceño y abrió la boca para hablar.

—Entonces, si está nublado…

—No, Harry. —le interrumpió Remus comprendiendo a dónde quería ir a parar.— La luz de luna no tiene por qué ser directa para que os transforméis. Aunque el cielo esté cubierto de nubes, algo de luz siempre las atravesará. Ocurre lo mismo con los árboles de los bosques. Sin embargo, si estuvieras encerrado en una sala sin ventanas… bueno, eso sería otra cosa.

— ¿Qué más?

—Tendrás un deseo de sangre mucho mayor que un licántropo normal. Me temo, Harry, que acabarás probando las píldoras de sangre antes de lo que pensabas.

Harry suspiró con una leve sonrisa. Ya podía oír los chistes sobre vampiros de los gemelos.

—Por otro lado, vuestra forma de lobos crece al tiempo que vuestro cuerpo físico madura mientras que un licántropo normal alcanza su tamaño máximo al transformarse por primera vez. Eso significa que maduráis físicamente más despacio, hasta el punto de madurar más tarde que los magos corrientes. Sin embargo, vuestra magia madura por completo antes que la de los magos, aunque más despacio que la de los demás licántropos. Eso permite que vuestro cuerpo se acostumbre a las grandes cantidades de magia que se acumulan en vuestro núcleo.

»También sois mucho más salvajes que los licántropos normales, aunque no en el sentido en el que probablemente estás pensando. Significa que vuestra parte más primaria, vuestros deseos más primales, se transmiten a vuestra forma de lobo con mayor intensidad. Por ejemplo, si quiere hacer daño a alguien, ese deseo se verá incrementado en tu forma de lobo. Ahora imagina que quieres proteger algo. Tu lobo hará pedazos a cualquiera que ponga ese algo en peligro, sin importar quién sea. ¿Entiendes?

Harry asintió.

—Un licántropo normal, tras su primera transformación, podrá sentir su parte lobuna en su mente. ¿Puedes sentir a tu lobo, Harry?

El joven frunció el ceño. No, no podía. No sentía nada extraño. Harry negó con la cabeza.

—Me habría sorprendido si hubieras dicho que sí. —dijo Remus. —Para los licántropos normales es como tener a otra persona, una presencia ajena, en tu cabeza: una presencia que notas continuamente, incluso en forma humana. Algunas personas están en mayor armonía, casi como si fueran uno solo, pero aún notan la diferencia. Me temo que en mi caso, mi lobo y yo no solemos estar de acuerdo muy a menudo. —confesó el mayor con una triste sonrisa. —Vosotros, sin embargo, no sentís la presencia del lobo porque vosotros mismo sois el lobo.

— ¿Somos lobos? Pero, ¿qué pasa cuando estamos en forma humana?

—Vuestra forma de pensar es al mismo tiempo la de un lobo y la de un humano. No importa vuestra forma, el instinto de ambos sigue ahí. Sois el lobo y sois el mago. Vuestras conciencias no están separadas, no sois dos seres, sois uno solo que puede pensar como ambos.

Harry sintió un gran alivio ante esa explicación. La idea de tener que luchar por el control de su mente con otra presencia le recordaba demasiado a lo poco que sabía sobre posesiones.

— ¿Quieres seguir o prefieres descansar un rato? —preguntó Remus al notar que trataba de ocultar un bostezo.

—Quiero seguir. Cuanto antes terminemos, mejor.

Remus asintió y le revolvió el pelo con cariño.

—Ya queda poco. Bien, antes mencionamos que el color de nuestros ojos cambia. En tu caso, cuando sientas emociones fuertes todo el color de tus ojos no cambiará por completo sino que se manifestará como un anillo dorado alrededor de las pupilas. Y finalmente, hemos dicho que vuestra conciencia no está separada en lobuna y humana. Por ello, después de vuestras tres primeras transformaciones retenéis parte de vuestra percepción al cambiar. Los deseos e instintos primarios predominan, pero aún sois conscientes de vosotros mismos. Por supuesto, eso tiene un precio. Durante cada Luna Azul, perdéis toda conciencia de quiénes sois y todo control desaparece. Hay muchas leyendas sobre lo que podéis o no podéis hacer, pero me temo que solo otro Lobo de Luna Azul podrá confirmar si tienen algo de verdad.

—Antes explicaste que somos poco comunes. ¿Cómo de difícil sería encontrar otro Lobo de Luna Azul? —preguntó Harry con sincera curiosidad.

—Actualmente solo tengo conocimiento de tres. Uno en América y un par de gemelos en Asia. No ha habido uno en la comunidad de licántropos europea desde hace casi setenta años. Si hay más, lo desconozco. Y ponerse en contacto con ellos sería difícil sin pertenecer a una manada.

Harry suspiró, resignado a aprender por su cuenta lo que pudiera serle de utilidad.

—Harry, escúchame bien. — Al instante, el joven miró al licántropo, alerta. —Nadie debe saber que eres un Lobo de Luna Azul, mucho menos Dumbledore.

—Pero Sirius… —protestó Harry echando un vistazo al lugar en el que su padrino aún dormía en su forma canina bajo un hechizo silenciador.

—Por supuesto que se lo contaremos a Sirius, y quizá a alguien más si confiamos suficiente en ellos. Pero nadie más debe saberlo, Harry. Dumbledore y la Orden harían cualquier cosa por hacerse con uno de los tuyos. No deben saberlo, al menos no mientras estés a su alcance.

Harry asintió con seriedad. Haría cualquier cosa por salir de las garras de Dumbledore. Ya era hora de que la marioneta cortara los hilos.