Ohayo Minna! Mi primer fanfic de Kuroshitsuji º-º)/ Soy Tamami-chan, para los que no me conocen.

La serie me tardé en verla, pero me gustó mucho. Tenía la idea rondando de este fic hace como unas dos semanas xD.

Sebastian ni Claude estarán en este fanfiction, así que no se sorprendan si no aparecen. (Sebastian puede que haga algunas apariciones en capítulos posteriores)

Estarán algunas cosas modificadas de la serie, no mucho, conservando el formato. No estoy creando un Oc de Ciel ni nada, (creo) si ven la primera parte. Eso se revelará luego, si es que llego a escribirlo xD

Bueno, ¡Que lo disfruten! La historia estará enfocada en los tiempos de hoy.

No soy propietaria de Kuroshitsuji, sólo lo es Yana Toboso


Título: The black rose and blue eye

Prólogo: Oscuridad.

Negro. Todo a mí alrededor era oscuro. No veía absolutamente nada. Una luz iba acercándose, despacio, para luego ir más rápido. Lo único que sabía ahora era que no iba a vivir. Tuve una vida tan inútil…

Los cuerpos sin vida de personas sin nombre, al acostumbrarme a la penumbra, parecían de adorno, para preparar el regalo final, como un postre. Mi vestido blanco estaba manchado de rojo. No podía escapar de la realidad, yo era la presa. Su ojo azul mar, escondido en la oscuridad, me miraba sin emoción, como si éste fuera un espectáculo nada divertido. Nadie se movía, todo parecía estático. Como si el tiempo se hubiera parado para este momento.

La persona enfrente de mí agarró un cuchillo del suelo. Ya terminaría todo.

No me has entretenido – dijo él, con voz vacía.

Nada. Ya no importaba nada. Todo había sido una ilusión. Si no hubiera confiado en nadie, esto no hubiera pasado. Si no hubiera amado, yo no sufriría. Sin embargo, ya era tarde. Este mundo se había podrido al fin…

No escaparía. No sería la típica cobarde que era en ese entonces. A manos de la persona que amo, no parecía tan malo.

Sentado en una pila de cadáveres, como un trono, él sonrió por primera vez, pero macabramente.

¿Qué pasaría si… te lanzo esto? – Me preguntó canturreando, pasando la herramienta entre sus dedos. Era como si tratara de apuntar al centro de una diana, y el cuchillo fuera un dardo.

Un escalofrío sacudió mi columna vertebral. Tragué con mucha dificultad.

Lanzó el arma, que pasó rozándome la mejilla, clavándose en la pared detrás de mí.

Esto es aburrido. Esta vez en serio te mataré – rió el chico de orbes azules, dando a descubierto el sello en su ojo derecho, avanzado hacia mí lentamente.

Inconscientemente, a cada paso que daba retrocedía… ¿Es que todavía quería vivir?

Recordé en ese momento esas palabras:

Los humanos a punto de morir se aferran a la mínima esperanza, como un hilo de araña…

Él sacudió su cabeza – No, no. No puedes hacer eso, querida… – murmuró.

Sin darme cuenta, él ya estaba a unos centímetros por enfrente de mí. Su aliento parecía envolverme. Nunca olvidaría esa fragancia tan poco común. Acarició mi cabello. No lo olvidaría nunca.

Sentí una presión débil en mi yugular, que cada vez se hacía más fuerte.

Ahogándome, intentaba respirar, aunque fuera una pequeña bocanada de aire.

No… no quiero morir… – dije, con mi último suspiro.


Mamá, ¿Sabes dónde está mi hebilla? No la encuentro por ninguna parte…

– Fíjate debajo de tu cama, Christine – exclamó una voz de mujer, proveniente de la habitación de al lado.

No estaba. A fin de cuentas, la presentación no es tan importante, no tiene tanto significado. Me rendí y bajé a desayunar. La mesa donde me encontraba, parecía muy vacía.

Ella se iba muy temprano, dejándome sola en casa. Odiaba eso. Pero, era la única fuente de dinero que teníamos.

Mi padre había muerto, y mis abuelos, pensando que mi madre se había casado con un inservible, dejaron de entregarle dinero. No estaban de acuerdo con su casamiento. Y al tenerme, ellos no se preocuparon en venir a la boda ni cuando Michelle les notificó la noticia de que había nacido.

Seguramente nos repudiaban, pero ella se empeñaba en que nos llevemos bien, cosa imposible.

Cuando él murió, intentó suicidarse. Ello me provocó un trauma, ya que era muy pequeña en esa época. La detuve, preguntándole que le pasaba. Estaba temblando, con un cuchillo en su mano. Abrazándola, murmuré que no me dejara.

Luego de unos meses de terapia, empezó a mejorar su estado de salud. Salvo por estar algo demacrada, parecía estar todo bien.

Y aquí llego yo. No tengo nada interesante que decir. Soy una chica común y corriente de dieciséis años, con ningún talento en especial. Y esta vida era… sumamente aburrida.

Hoy teníamos que estar un poco más de lo deseado en el colegio que asistía diariamente, ya que implicaban a todo el curso. Unos chicos estúpidos rompieron una de las mesas de la directora.

Esto… ni siquiera ellos confesaban sus actos, por lo que nos llamaron uno a uno, para saber el autor.

Esas cuatro personas deberían ser expulsadas, y sin embargo no lo hacían.

Al salir, alegrándome de poder regresar a mi hogar, mamá seguramente me esperaría con una cena deliciosa, ya que ella cocinaba muy bien. Y no quería dejarla. No dejaría que pasara otra vez. Definitivamente, la protegería.

Distraídamente, saqué mi celular del bolsillo, mirando la hora. Las ocho de la noche. Era muy tarde. Tendría que apurarme. A estas horas ya eran un poco peligrosas las calles.

Avancé más rápidamente. Ya llegaba. Diría alegremente: ¡Hola Michelle! Como siempre lo hacía, con una sonrisa.

Pero…

No podría hacer eso en esta ocasión. De repente, unas manos taparon mi boca, que hizo asustarme mucho. Intenté zafarme, pero no tenía la fuerza suficiente.

Sólo por eso… todo cambiaría.

¿Qué sería de mí?


El escenario que tanto conocía ya no era el mismo. Unas barras de metal se extendían a lo largo de la vista.

Al tomarme el pulso, lo tenía muy acelerado. Temía morir, como cualquier persona. Pero para mí, era más que eso. ¿Qué sería de mi madre? No tenía a nadie que impidiera que hiciera algo que no tenía que hacer.

Al acostumbrarme a la oscuridad, vislumbré una sombra. Parecía una persona discutiendo con otra. Intenté agudizar mi oído.

– Y... ¿Qué haremos ahora? Tenemos a la chica – murmuró uno.

– Sí. Lo único que nos falta es que nos confirmen que es seguro llevarla a contrabando…

– Pero es raro que no tenga ningún tipo de seguridad. Sabiendo que es de ese famoso apellido, tenemos que tomar precauciones…

¿Contrabando? ¿Es que me querían vender? Eso era ilegal… Bueno, era obvio que secuestrar también.

Tengo que salir de aquí….

Esperé que se quedaran dormidos, ya que durante las horas que había pasado, un guardia vigilaba mi celda, con las llaves colgando de su bolsillo. Luego se la arrebataría deslizando mi mano hábilmente. Admitía que no era fácil, pero no tenía opción.

La primera parte salió bien. Ahora pondría la llave en el cerrojo, y me escondería en otro lugar, hasta que fuera seguro salir a la intemperie. Al ir tanteando las paredes en medio del silencio de la noche, resonó mi zapato al chocar con un armario, o algo parecido. Me desesperé, e intenté esconderme en algún lugar.

Justo a tiempo, me acurruqué debajo de la superficie con la que me había golpeado, tratando de no dejar ninguna parte de mi ropa sobresaliendo.

Se escuchaban unos pasos, cada vez más cerca.

– Hey, ¿Escuchaste eso? – dijo una voz de hombre, algo adormilada.

– Sí. Pero, debe haber sido una rata o algo parecido, seguramente.

Luego sentí una luz intensa.

Mi corazón dio un vuelco. Era una linterna, alumbrándome.

– Parece que quiso escapar – exclamó el hombre, divertido.

Tenía mucho miedo, que no podía decir palabra.

– ¡No te quedes ahí sin decir nada! ¡Muévete! – increíblemente, su cara cambió a todo lo contrario.

Sentí un dolor fuerte en la mejilla. Alguien me había golpeado.

La semana siguiente fue horrible. No me daban la suficiente comida, por lo que siempre rugía mi estómago.

En realidad, ya había perdido la cuenta de los días, al estar encerrada en este lugar inmundo y sucio.

"Alguien… alguien sálveme" pensé, angustiada,

No soportaba más el hambre. Al parecer se habían olvidado de darme de comer.

Hacía ya no mucho, había descubierto una hebilla negra tirada en el suelo. Eso me serviría.

Esta vez los secuestradores se fueron a beber en la cantina, así que no vendrían pasado un tiempo.

Suspiré. Ésta sería mi última oportunidad.

La adrenalina corría por mis venas. Si daba un paso en falso, todo se iría al diablo. Sin embargo, después de abrir mi celda, todo corría de maravilla. Ya conocía muy bien este lugar, así que no me perdería.

Vislumbré la puerta. Una salida a la libertad se entraba en frente de mí.

Estaba cerrada. Pero con lo que tenía en mi mano, eso no sería obstáculo para mí.

"Vamos… ¡Vamos!" pensaba impacientada, mientras forcejeaba con la cerradura. Se abrió al cabo de unos minutos.

Al abrirla, una camioneta se había estacionado en la calle. Ellos.

Intenté correr desesperadamente. Estaba tan cerca, y a la vez tan lejos. ¿Cuántos días habían pasado ya? Meses… quizá años… Quería volver… Mamá me necesitaba.

– ¡¿Puedes dejar de escaparte, maldita perra?! – exclamó el hombre, con su aliento a bebida alcohólica, agarrándome fuertemente del brazo.

Temblaba, como siempre lo he hecho… Cobarde… Siempre era la estúpida que nunca decía nada cuando los chicos la golpeaban. Nunca…

Sentía que mi ropa se caía. No, no lo era. Alguien me la estaba sacando…

¿Por qué? ¿Por qué todo a mí? En verdad, este mundo está podrido…

¿De dónde había sacado eso? Al fin y al cabo, ya no valía la pena…

¿Quieres matarlos? dijo una voz serena.

Matarlos… eso no sonaba tan mal…

También puedes reunirte con tu madre.

No parecía de mi cabeza…

Pero… no quiero abandonarla. Prometí que la iba a proteger…

Sí. Quiero hacerlo – declaré, determinada.

De repente, sentí como si me estuvieran sacando un ojo. O por lo menos, parecía.

Di 'contrato'

Un orbe azul como el mar me observaba.

Nada de esto parecía real. Capaz que dentro de unas horas, despertaría con una voz diciendo:

¡Levántate Christine! – como siempre lo hacía.

De todo esto… ¿Qué era real y qué era fantasía? No sabría decirlo.

Pero decidí que era realidad.

Contrato –

Un chico se descubrió en aquella oscuridad, como si se lo hubiera tragado y luego éste hubiera desaparecido.

Mátalos – grité.

Al recobrar la visión, todo era diferente. Cadáveres se esparcían a lo largo de la vista.

El hombre borracho a mi lado dijo, con un hilo de voz:

– ¿Quién eres, realment-? –

Me dio tanto asco, que lo empujé con mi pierna.

Yo soy Christine, ¡La heredera de los Phantomhive! – exclamé, riendo.


Fin Prólogo.

Buuueeeno aquí termino el prólogo. Espero que les haya gustado. Como dije, algunas cosas están cambiadas, pero no cambia el contexto. Le di un toque de misterio con eso del linaje…?

Y, seguramente haré el capítulo 1, aunque nunca prometo nada.

El próximo capítulo se llamará: Preguntas… sin respuestas.

En un principio había querido poner que los padres estaban vivos, y era un poco tonta, pero... El comienzo era más animado... y... Nah, no daba con esta serie(?Antes de terminar Kuroshitsuji estaba escribiéndolo. Había terminado la primera temporada y se me ocurría esto. Ahora que lo pienso, en la primera parte, Ciel se parece mucho a Alois, y eso que todavía no lo había visto en ese momento xD!

En fin... ¡Dejen review y favourite! (así actualizo más rápido, también)

Pregunta para todos: (no estoy dejando tanto spoiler creo(? ¿Qué les pareció el final de la segunda temporada? ¿Y qué opinan del op 2?

¡Sayonara!

Modificado el 04/01/15