Aclaración: Happy Tree Friends, es propiedad de MondoMedia. La historia mía.

Advertencia:El ranking del fic, está muy claro. "M", por lo que contiene contenido adulto, que no es apto para mentes inocentes. Quedaba bajo su responsabilidad seguir leyendo.


Maldito Destino

Chapter 1

Repulsivo. La mezcla asquerosa, del sudor, con el aroma a cigarro y el intento olor de los cuerpo lujuriosos que bailaban en la pista de baile, le resultaban infinitamente repulsivo. Aunque estaba acostumbrado a liderar con el aroma a sudor y a tabaco, esos cuerpos que frenéticamente se movían en la pista, no eran aquellos cadetes que él solía entrenar los fines de semana, ni siquiera se acercaba un poco al olor característico que salía de su propio cuerpo al entrenar en su hogar. Posiblemente, esa leve y fina capa de sudor que rodeaba la frente de la mujer a su lado, se podía llegar a comparar a el aroma intenso que liberaban las mujeres a las cual hacia agonizar de placer a menudo.

Flippy B. Rawson, era un soldado que a la poca edad de diecinueve años, se enfrento mano a mano con aquel asqueroso dictador que se escondía en la selva Brasil, junto con su ejército. ¿Reconocimientos? Tuvo muchos. ¿Medallas?. Para hacer su casa de oro puro. ¿Ascenso? Estaba a punto de ser el jefe supremo en toda esa región. ¿Heridas? Muchas. ¿Cicatrices? Algunas visibles, otras no tanto. ¿Pesadillas? Desgraciadamente, estas eran más que los sueños. A raíz de todo ello, Flippy, se volvió una persona reservada, más bien fría e indiferente. Habitante de un pueblito, en donde el sistema económico y la población del mismo crecían de manera notoria día a día, conoció a su único amigo hasta el momento. Edwar "Splendid" Evans, hijo de una familia de muy buena reputación, el periodista que había brindado al país "La noticia del año", en donde se descubrieron cada uno de los integrante de un tratado de lavado de dinero al norte del país, que hace años trabajaba en la clandestinidad, donde era cubierto por las mentiras de los políticos del sector, "Splendid" o "Did" como gustaba que lo llamaran, había descubierto por su cuenta cada uno de esos casos. Haciendo caer rotundamente el sistema oscuro que trabajaban en ese lugar.

Fue en una de esas tardes en las que Flippy entrenaba a unos cadetes en el campo de entrenamiento que el ejército había instalado en esa ciudad, que vio a un hombre con traje caminar hacia él, acompañado de otro hombre, que él juraría que su rostro serio e inexpresivo lo había visto en otro lado. Con tono enérgico y cordial, el imbécil intento que le explicara el método de trabajar que él realizaba para entrenar a "Los héroes del futuro". Claramente, ante esa situación, él le dijo con claras y secas palabras: "Vete a la mierda, marica". Ofendido, ese estúpido, le pego una patada en su mandíbula que lo hizo caer al suelo polvoriento, deteniendo así las pisadas fuertes de los cadetes que atónitos veía como su sargento estaba en el suelo con su boca sangrando y su mirada oculta tras ese cabello verde expuestos ante el brillo del sol.

Sin esperar siquiera un segundo más, de un salto que se asimilaba a los luchadores de artes marciales, Flippy se elevo en el suelo depositando un certero puño sobre la cara de ese periodista de cabello azulado. Una certera patada fue depositaba sobre su mano que dispuesta la esperaba para atrapar esa pierna, y torcerla con fuerza. Pasaron varios minutos, casi media hora, en la que ninguno de los allí presentes pudieron dejar de mirar boca abierta ante lo interesante y feroz que estuvo esa pelea en donde los puños y patadas eran los principales que golpeaban contra los huesos y músculos contraídos. Tuvieron que hacer falta diez hombres para poder separarlos, parecían dos lobos encarnizados en su lucha. Luego de ello, tras vendarse los cortes, los dos tuvieron que enfrentar un severo regaño por parte de sus superiores y los jefes de la agencia de noticias. A pesar de todo ello, no paso mucho tiempo hasta que los dos se encontraran en un bar, y se sedaran de alcohol por cortesía de los espectadores de su lucha, que feliz mente le brindaron a cada uno la borrachera de su vida, por tan semejante pelea. Fue así que Flippy, para su desgracia, se hizo amigo de Splendid.

Que a base de insultos y sacándole en cara, que jamás salía a socializar con las personas. Lo arrastro, si, literalmente lo arrastro hacia esa fiesta. La mayoría a su alrededor eran de su edad, capaz un poco mayores o menores, pero el aire juvenil de la juventud eterna irradiaba el habiente, junto con el olor a cerveza derramada.

Despegándose la sudadera negra con oscuras letras verdes que decían "Converse", miro de reojo a la mujer que descaradamente aprisionaba sus brazos entre sus grandes senos. Era hermosa, su cara en forma triangular, era rodeada por finas ondas largas de color dorado, mientras unos llamativos ojos color turquesa lo observaban lujuriosamente tras una máscara gruesa de pestañas. La miro de arriba abajo con una fingida sonrisa seductora. Sus largas piernas, eras cubiertas únicamente por unos tacones altos y una falda que fácilmente le acariciaba las nalgas; su plano abdomen era adornado por un llamativo pendiente color rojo que brillaba ante las luces de colores que los iluminaban; sus dos melones, eran cubiertos únicamente por un top blanco que dejaba entrever por la tela sus pezones excitados. Nada mal, para echarse un buen polvo de la noche, de esa manera esa fiesta se le pasaría rápido. Busco con la mirada a Splendid, que bailaba en la pista con la que parecía ser la cumpleañera. Una adolecente, que no sobrepasaba los diecinueve años.

Por lo menos no tendré que conseguirle un abogado, por acostarse con una menor― pensó divertido. Saco su celular del bolsillo trasero de su pantalón, para escribir de forma rápida y sencilla un leve mensaje de texto.

"Voy a follar con una tía, cuando termine vuelvo por ti, borracho de mierda"―.

Claro, y sin los resúmenes estúpidos que por lo general las personas suelen escribir en ellos. Luego de unos segundos, volvió a vibrar haciéndolo abrir el mensaje con rapidez.

―"¡Campeón!.¡No t preokupess, sho koncigo a alguien pa´ q me lleve! :D"―

¿Enserio ese imbécil con horrores de ortografía, era uno de los periodistas más reconocido?. Su celular comenzó a vibrar nuevamente, haciendo que él deje de recibir los besos suaves de esa mujer en su cuerpo, para bajar su mirada nuevamente a él.

―"¡Jodete, nazi de mierda! ¬¬. ¡Sho no etoi vorracho!"―

Una carcajada salió de su garganta al leer ese mensaje. Se ahorro en contestarle. De todas formas lo encontraría follando en su casa, tirado en el sofá con una mujer que ni su nombre sabía.

Bajando su mirada hacia esa mujer, contesto su beso introduciendo su lengua en su boca, aferrando esa cintura con fuerza. Un gemido escapo de su garganta al él subirle la falda un poco. Levantándose del asiento que compartían con otros más que ya habían comenzado la acción, ahí mismo, lo tomo de la mano acariciando el dorso de su ruda mano con su dedo pequeño. Haciendo sonar sus tacones de punta alta y fina, contra el suelo menaba con gracia su cadera de una manera exagerada y vulgar, él simplemente la miro con una sonrisa de lado. Sin ninguna pisca de afecto o compromiso.

Ella lo llevo hacia donde una puerta de madera se encontraba cerrada, el pasillo de los cuartos estaba rodeado de parejas que charlaban y reían con algún trago en su mano. Cuando su intimidante figura cruzo por el umbral de la puerta, ella enredo sus piernas con fuerza sobre su cadera, de forma desesperada lo beso con deseo. Atrapando sus glúteos sobre sus manos grandes, la cargo con rapidez hacia la cama, no tuvo que desvestirla, ella misma se fue sacando la falda y el top, dejando unos pechos descubiertos junto con unas bragas húmedas deseosas por ser sacadas. Metió un pezón en su boca, mientras ella con sus uñas pintadas de rojo, se sacaba su única prenda que no la dejaba como vino al mundo, en completa desnudez.

De manera rápida se saco su sudadera tirándola hacia arriba. Ella miro embobada su torso y su pecho, haciendo que una sonrisa de lado rodeara su rostro. Las demás mujeres también lo veían con esos ojos cada vez que les daba el gusto de desnudarse para tener sexo con ellas. Con una de sus manos, se deshizo de la hebilla de su cinto de cuero y se bajo la cremallera, de una manera hambrienta ella se mastico su labio inferior al ver su miembro que se hacía notar por debajo de la tela negra de su bóxer. Ella, con deleite lo froto con una de sus manos, haciéndolo soltar un jadeo, metió su mano por debajo de la tela sacando su grueso y largo miembro.

―Mira que bocado― soltó con voz ronca, haciendo que él sonría con arrogancia, acariciando sus dorados cabellos, con suavidad. Tomo con fuerza un puñado de ellos sobre su mano.

―Todo para ti, cariño…―rio al ver la expresión casi soñadora que puso al pronunciar esas palabras con ese tono ronco. De una manera ansiosa, ella lo metió a su boca, acariciando y lubricando con su lengua cada lugar que se le permitía. Sintiendo como sus manos acariciaban sus testículos, él jadeo con fuerza.

Luego de unos minutos, su pene se encontraba duro y extendido en todo su esplendor, apartándola con brusquedad, paso por su fajo un preservativo que había sacado de su bolsillo. Algo aburrido, la tiro sobre la cama, penetrándola de un solo toque. Los gemidos que ella depositaba, y esas uñas pintadas que rasguñaban su espalda, lo hicieron tensar sus músculos, a la par que movía con mayor frenesí su cadera contra ella. Ella intento morderle su cuello, pero él de una manera tosca la aparto haciendo agonizar de placer, al tocar su clítoris duro con su dedo índice.

No quería marcas visibles, o mejor dicho, no debía tener marcas visibles esa noche. De inmediato sintió como algo cálido tocaba la punta del preservativo, haciéndolo que él ronroneara una risita cerca de su oído.

―Tan rápido te corriste, gatita― rio al ver su sonrojo tras esa gruesa base de maquillaje. Sin dejar de envestirla, sintió como él también de manera lenta comenzaba a sentir sus testículos más pesados y su miembro exigía más atención que nunca. Justo cuando estaba por terminar, derramarse sobre esa vagina que apretaba su pene con gozo. Escucho el ruido de una puerta cercana abrirse. Mirando sobre su hombro, sin detener sus embestidas constantes y el ruido seco de sus testículos al golpear con fuerza sobre las nalgas de esa rubia.

Una peli roja con vestido manchado por alguna bebida, salía de lo que parecía ser un baño privado. Su carita ovalada se encontraba inclinada levemente hacia abajo atenta a la mancha de su vestido azul; sus piernas delgadas eran cubiertas por unas simples sandalias, que su decoración delicada y fina, hacia resaltar sus finos tobillos; su melena lacia, era atada por una media cola, dejando que algunos rebeldes mechones cayeran con gracia sobre su rostro levemente maquillado, únicamente con un delineador y un poco de sombras sobre los parpados. Desde su punto de vista, una extensa preocupación rodeaba su rostro, hasta que ella levanto la mirada confundida hacia él.

Sus labios color cereza dibujaron una perfecta mueca sorprendida, mientras que sus ojos se abrieron de par en par, ante lo que veía. El trapo húmedo que cargaba consigo cayo con rudeza a la alfombra bajo sus pies.

Una sonrisa de lado apareció sobre los labios de Flippy, mientras que contestaba a un beso que esa mujer debajo de él, con los ojos cerrados le entregaba entre gemidos. Ella lo miro atónita, sin caer en la sorpresa.

Apenada, un tierno sonrojo apareció en sus mejillas mientras se obligaba a si misma a bajar la mirada y cubrir con su mano su campo de vista. Casi corriendo se acerco a la puerta perdiéndose, tras un golpe fuerza. Una risita ronca salió de los labios de Flippy, mientras continuaba invistiendo con mucha más intensidad a esa mujer.

Cuando termino, la dejo allí recostada en el montón de mantas y sabanas revueltas. Se levanto tirando en el tacho del baño el preservativo usado, observo su rostro por unos momentos antes de bañarlo con agua helada. Volvió a la habitación donde el cuerpo agotado de esa mujer lo observaba recostada en la cama. Se cubrió con su sudadera, luego de haber abrochado nuevamente su pantalón, se dispuso a desaparecer de ese lugar.

La música aun se escuchaba por entre las paredes, al igual que el bullicio de gente. Significante que la fiesta aun no había terminado, pero para él ya era muy tarde como para quedarse en ese lugar. Mañana tendría que hacer algo demasiado importante como para que la resaca o las bolsas debajo de los ojos se puedan dejar ver.

La persona más importante en su vida, llegaba en el primer vuelo mañana por la mañana, no quería preocuparle ante su estado de "zombi no durmiente con secuelas de una borrachera segura". Ella era demasiado importante como para que lo viera en ese estado.

―¿Te vas tan pronto, mi amor?― de una manera melosa, esa mujer presiono sus pechos contra su espalda, mientras lo rodeaba con sus brazos delgados―Por lo menos dime cómo te llamas― Mirándola bien por primera vez, sobre su hombro mostro una sonrisa de lado.

―Stevan, me llamo Stevan― Era claramente mentira, ni loco le decía a una tipa de un polvo su verdadero nombre. Nunca le gusto tener mujeres acosadoras que lo llamaran todos los días o lo visitara a medianoche semi desnudas.

―Pásame tu número, por favor― rogo besando su mejilla melosamente. Le estaba sacando la poca paciencia que le quedaba.

―No― contesto con forma tajante. Apartándola con brusquedad se acerco a la puerta, para abrirla con rudeza y dejar entrar el ruido de la música. Girándose de lado, sonrió con malicia mirándola a los ojos― Buen polvo, puta― rio rústicamente al verla mirarlo ofendida. De un portazo seco, salió de esa habitación sin ni siquiera mirar hacia los lados.

Se abrió paso por entre los cuerpos en la pista de baile hasta que por fin llego a su vehículo, haciendo rugir el motor del mismo traspaso las solitarias carreteras de la ciudad dormida. Cuando doblo en la esquina y vio su casa, sonrió feliz. Abrió la puerta casi con desesperación, quería dormir sobre su enorme cama de dos plazas y no despertarse hasta que él reloj sobre la mesa de luz, resonara con rudeza sobre sus oídos. Miro hacia su sofá, su borracho amigo todavía no llegaba, señal de que alrededor de las cinco de la mañana tendría a un molesto Splendid, golpeando su ventana, para que lo dejara entrar. Aún no entendía, porque en vez de joderlo, se compraba una casa más cerca de la civilización.

Luego de una ducha rápida, se cubrió con sus mantas hasta arriba. Estaba cansado, sus músculos le dolían y no era por la reciente acción hecha, sino por el extenso ejercicio que había realizado antes de ir a esa maldita fiesta. Ni siquiera supo cuando el Dios Morfeo lo cubrió con sus brazos y lo dejo inconsciente. Cuando sus ojos se abrieron ya era de día y el reloj sobre la mesada, vibraba con fuerza. Tomo su celular entre sus manos, observándolo con sus ojos entrecerrados.

Tenía tres mensajes y veinte llamadas perdidas, curioso, y atrapando un bostezo con su puño. Las observo con atención.

"De: El idiota superhéroe drogado."

―"¡Reencarnación de Hitler, me quede en casa de un par de senos grandes!. No pienso ir a tu casa hasta después del medio día o cuando me de hambre."―

Ni siquiera le contesto. Posiblemente estaría lo suficientemente borracho, como para quedar inconsciente luego de follar como un animal. Paso al otro mensaje con rapidez.

"De: Anónimo"

―"¡Perdí mi celular! :(…..¿No lo deje en tu auto?. Soy tu novio sexy Splendid ¬w¬"

Una vena rotunda rodeo su sien al leer aquello. Ese tipo era idiota:¿le pagaban o lo hacía gratis?. Rodando lo ojos, contesto con rapidez ese asqueroso mensaje. Se levanto de la cama, saliendo de su habitación se dirigió hacia la sala de estar. Levanto un cojín de sofá, pero no encontró nada. Buscando el teléfono que siempre Splendid dejaba en su hogar, comenzó a narrar su cariñoso mensaje.

―"Estúpido consiente. No dejaste tu maldito celular en mi auto, cuando entraste a la fiesta lo tenías contigo. Posiblemente lo has dejado en alguna casa de alguna puta, asqueroso animal. Y por último, te vuelves a llamar a ti mismo como mi novio: ¡Te meteré tanto plomo en tu cuerpo que difícilmente te podrán mover del lugar de tu muerte!¿Me entendiste bien, bastardo hijo de perra?"―

Gruñendo por lo bajo paso al otro mensaje, no sin antes ponerle un certero insulto más en el anterior mensaje, prosiguió.

"De: Lammy."

―"Flip, ya estoy en el aeropuerto. ¿Vas a venir por mi?"―

¡Mierda!. ¿Cómo se le había podido olvidar de ella?. Temeroso miro la hora en el reloj sobre la mesa, 10:56. ¡Él nunca se levantaba a esa hora y justo ese día venía a hacerlo!.

Vistiéndose con rapidez, tomo entre sus dientes las llaves de su auto todo terreno. El sueldo que recibía por sus servicios era muy abultado y con varios ceros al final, por lo que ese vehículo era su mayor ganancia al invertir su dinero. Su cuenta bancaria estaba tan llena que podía sostener a dos familias grandes, por lo menos por diez años. No le gustaba gastar más que las necesidades básicas o algún que otro gusto propio. Cada mes le enviaba a Lammy un abultado número de billetes en su cuenta, para ayudarla un poco en sus estudios.

Luego de eso lo demás iba a la caja fuerte que tenia escondida en su casa muy cerca de su cama. No le confiaba para nada sus cosas a los bancos Nacionales, sus pertenencias eran suyas y de nadie más, sin darles la posibilidad a esos bastardos a sacarle nada, indirectamente.

Al ingresar al aeropuerto le sudaban las manos y la sangre corría por su cuerpo con rudeza. Hacia tanto que no la veía, que sin quererlo hacer la extrañaba con devoción, la adrenalina que rodeaba su cuerpo al nuevamente darse la idea de que la volvería a ver, hizo que la comisura de sus labios se elevaran con júbilo.

A la corta edad de doce años, Flippy había tenido una infancia risueña. Hijo de una francesa que había llegado a Estados Unidos, en busca de un futuro comprometedor, y un estadounidense que toda su vida se la había pasado viajando alrededor del mundo con el negocio que su difunto abuelo le había dejado a su poder. Fue para esa edad que su pequeña hermanita de siete años, aun cursaba su segundo año de primaria. Todo iba bien, eran un ejemplar de la familia unida, donde el cariño de sus progenitores era todo para ellos. Para su desgracia, la empresa de su padre quedo en la ruina, obligándolo a brindar todo su estrés a la bebida, convirtiéndolo de una persona sociable, amena y amable, a un desgraciado que todas las noches llegaba a su hogar apestando a alcohol barato, para moler a golpes tanto a su amada como a sus hijos o mejor dicho, únicamente a Flippy, él jamás dejo que le pusiera un dedo encima a la pequeña Lammy, que oculta tras sus mantitas de colores lilas, escuchaban el cuero del cinturón golpear contra su espalda. Fue de esa manera que el pequeño Flippy, el pre-adolescente, se convirtió en un chico poco común. La mayoría a esa edad se preocupaba ante los cambios que tenían sus cuerpos, o a buscar una manera de tener a alguna chica debajo de ellos por una noche, él en cambio se preocupaba por la seguridad de su madre y su hermana. Definitivamente, tuvo una adolescencia de mierda, sin duda.

Cuando Lammy cumplió los trece años, un policía golpeo a la puerta de su hogar, señalando que quería hablar con el adulto a cargo. Claramente, el único que estaba en casa, era su hermano mayor de diecisiete años, que esperaba la llegada de su madre para salir a trabajar, en ese trabajo de medio tiempo que hacía por las tardes, cuando la escuela se le permitía. Jamás la dejaba sola, siempre esperaba que su madre cruzara por el umbral de la puerta antes de partir. En esa ocasión con aquel traje grande de cuerpo entero, que se ajustaba a su figura de adolescente ejercitado, recibió al policía con el ceño fruncido.

Seguido de una pequeña conversación dócil, casi precavida, él policía con voz ronca casi pesada, les informo que requerían de sus presencias para la identificación de un cuerpo encontrado. Flippy en ese momento no sabía qué hacer, si tirarse al suelo ante la preocupación o mostrarse indiferente ante la mirada asustada de su hermana y la mirada de pena del policía. Claramente opto por la segunda opción. Dejando a su hermana y madre en casa, se dirigió hacia la morgue con un nudo en la garganta que ni su húmeda saliva pudo desatar. El cuerpo de su padre, con el torso tapado y una acartonada sábana blanca con rojo lo cubría.

Era su padre, lo habían encontrado debido a que un automóvil arraso con él en una autopista de las más peligrosas. Él no tuvo porque saber su estado por los labios del policía, claramente estaba borracho, que no vio hacia los lados antes de cruzar. A pesar de todo lo que esperarías, él sintió tristeza al ver como su cuerpo era enterrado bajo tierra, pero no lloro, en ningún momento lloro. En vez de eso, se concentro en animar a las dos mujeres de su vida, su madre y Lammy. No deseaba verlas triste.

A pesar de sus esfuerzos sobre humanos que realizo, llego a la conclusión de que: la educación no iba a llenar esas barrigas hambrientas, libros no iban a ser la comida que Lammy necesitaba para crecer saludable, ni siquiera esos hipócritas hombres que la historia narraba le iban a dar algo de dinero para comprar la medicina que su madre, muerta de tristeza y desolación, necesitaba. Allí, en ese momento, justo en ese momento en el que Flippy cargaba con toda una familia sobre su espalda, fue que el ejército le abrió las puertas, acogiéndolo con brazos firmes que desde el primer momento le dieron beneficios. Para él que siempre fue muy atlético y deportista, esos entrenamientos no eran nada más que simples actividades que simulaban ser "serios". Ante su destaque sobre el resto de jóvenes que ingresaron, no dudaron en subirlo de cargo rápidamente, brindándole un sueldo, con el cual educaba a Lammy y mantenía la casa con comida y sin deudas.

Gracias a su sudor y esos esfuerzos sobre humanos que realizaba, pudo convertirse en un verdadero jefe de hogar. Cuando se encontraba en la completa prosperidad, con su vida equilibrada y estable, a Dios o el bendito hijo de puta del destino, quiso sacarle algo más en la vida: su madre. Murió cubierta de lágrimas, que aun no dejaban de salir de sus ojos ante la muerte de su padre, lo amaba con una locura que ni él, ni Lammy pudieron entender nunca. Por fortuna, y para su buena suerte, él era mayor de edad, con un trabajo estable capaz de mantener bien a una adolecente de quince años, que comenzaba a cursar el primer año del bachillerato. Flippy se convirtió en el tutor de Lammy, aunque debía aceptar para sí mismo que siempre esa pequeña princesa albina fue una mujer muy independiente.

Una vez que termino la secundaria completa, le pago la mejor universidad para que continuara con sus estudios, le compro un departamento junto con un vehículo práctico y eficiente. Y le deposito, a regañadientes debido a su resentimiento contra los bancos, una cuenta en el banco, donde ella podía sacar dinero las veces que quisiera. Toda una vida pagada, en donde ella únicamente tenía que dedicarse a lo que ella más le gustaba.

A meses de la partida de Lammy, lo enviaron a combate a Vietnam, donde su completa misión como unidad secreta y especificada, era seguirle el paso al temible tirano Tigre, que con su régimen militar y autoritario, había usurpado alrededor de siete países en el mundo, y era responsable de la muerte de millones de personas. Fue en América Latina, que por fin sus compañeros y él, pudieron encontrarlo, escondido tras la espesura de la selva.

Fue allí, cuando desarrollo una enfermedad que hasta el día de hoy, estaba pagando con la salud de su mente. La esquizofrenia, era una enfermedad grave, que hacía que el viera cosas que no estaban allí realmente. Lo estaba matando lentamente, lo estaba pudriendo por dentro, sin que nadie se diera cuenta.

Así era como él lo veía.

Luego de volver a su hogar, Lammy lo recibió con ese tono meloso y mimoso, mientras lloraba como una niña pequeña entre sus brazos. Tal vez era un hombre endurecido por la vida, alguien frio e indiferente que no confiaba ni en su propia sombra, pero de algo estaba completamente seguro:

Su hermana era lo que más amaba en esa vida, y haría cualquier cosa por ella.

Busco entre la multitud el tan característico color blanco de su cabellera ondulada. Cuando la vio con las piernas cruzadas, rodeadas de maletas, sonrió con alegría. Su piel pálida, casi alvina, que tenía cuando niña, estaba ligeramente bronceada pero aquel exótico color encantador aun habitaba esa piel suave. Su cabello, largo y sedoso, decoraba su espalda cubierta únicamente por una campera ligera. Una falda color negra cubría esas piernas largas y torneadas, a conjunto con unas livianas sandalias de cuero. Cien pulseras de colores, cubrían sus muñecas a la par de un reloj, junto con unos cuantos moños para el cabello.

La rodeo con sus brazos por detrás pegando sus labios a su oído.

―¿Qué tal, ovejita?― Una mueca sorprendida la rodeo, antes de tomar sus brazos con rudeza y tirarlo hacia delante, posando las palmas de sus manos sobre su estomago. Con la agilidad de una luchadora profesional, una de sus piernas lo pateo cerca de la cara antes de dejarlo en el suelo tomándose el estomago con fuerza ante el feroz golpe. Rio al verla mirarlo con una clara preocupación, confundida.―Se me olvido que te había enseñado defensa personal…―No tardo mucho a que ella se llevara una mano a su boca pintada, para mirarlo con perpetua disculpa en sus ojos.

―¡Oh, por Dios!¡Flippy, pude haberte matado, pendejo!― gruño antes de ayudarlo a pararse y rodearlo con sus brazos delgados.

―Tampoco te des tanto crédito, egocéntrica. Tu patada fue depositada en la cara, seguramente a esta hora ya estarías violada tres veces. ¡Tienes que darles en las bolas, carajo!― bromeo haciéndola palidecer ante su vocabulario vulgar― ¿Qué acaso Dios no te brindo una mente capaz de pensar, hueca?― Rio con ganas, al verla fruncir el ceño, sintió como cariñosamente le pegaba sobre su hombro.

―Cuidado con tus palabras hermanito. Estas hablando con una futura abogada, podría demandarte por todas estas palabras hirientes― individualista ella se alago a si misma explotando una burbuja rosa contra sus labios.

―¿Tienes un chicle?. ¡Quiero uno!― con un tono infantil como caprichoso él la atrapo entre sus brazos buscando entre sus bolsillos la golosina.

―¡Déjame, solo me quedaba uno!― divertida ella, mostraba su goma rosada que acariciaba su lengua. Como una niña presumida.

―Sé que tienes más, siempre en tus viajes llenas tus bolsos con porquerías dulces.― Atrapada ella le tiro su pequeña cartera sobre su rostro. Victorioso él mostro su sonrisa blanca con diversión, astuto― ¡Sabia que tenias!― Saco uno del paquete y se lo mando a la boca con ayuda de sus dientes.

Lammy le extendió sus valijas junto con su bolso, ella únicamente se quedo con la mochila purpura que traía colgada a su hombro.

―¿Trajiste tu auto? …Un taxi no nos llevara todo el equipaje.― Boquiabierto, Flippy admito el montón de valijas y bolsos. Volviendo su mirada la mujer que le llegaba a la altura de su hombro pregunto aun sin salir de su asombro, temeroso ante su posible respuesta.

―¿Cuánto te piensas quedar, enana?― Dibujando una sonrisa de lado, tan idénticas a las de él, ella rio con ganas, sin dejar de caminar, lo miro sobre su hombro sin dar de baja su sonrisa picara.

―Por un largo tiempo, hermanito. Por un largo tiempo― Seguido de esas palabras la mujer cruzo por el umbral de la puerta, con su hermano siguiéndola de cerca.


En verdad debo, dejar de subir Fics, teniendo dos más pendientes. Pero no puedo resistirme. :(

Bien, déjame tu comentario, si te gusto. Si ese es el caso, intentare actualizar más rápido :D

Gracias por leer C: