Aclaración: Happy Tree Friends, es propiedad de MondoMedia. La historia mía.

Advertencia:El ranking del fic, está muy claro. "M", por lo que contiene contenido adulto, que no es apto para mentes inocentes. Quedaba bajo su responsabilidad seguir leyendo.


Chapter 10


La cabeza le daba vueltas. Pero a pesar de eso se obligo a sí misma y a sus parpados a despertar. La palidez de sus sabanas, fue lo primero en recibirla, antes de que ese molesto sol de mediodía golpeara con rudeza su cara destrozada con secuelas de la noche pasado. No necesitaba mirarse al espejo para descubrirse con unas ojeras notorias y sus ojos irritados.

De pronto, tal como si hubiese sido un golpe secó, logró decaer en la realidad. Parándose sin delicadeza, casi reprimió las lagrimas de dolor a lo bestia, tras sentarse con rudeza a admirar su notoria desnudez. Todo había sido cierto. El deseo, el daño, en conjunto con ese delicioso placer, que la dejo afónica, había sido completamente real. Y ahí estaban las pruebas, sobre su piel.

Notorias marcas manchaban su piel marfil, floreciendo en oscurecidas flores deformes que seguramente durarían varios días en desvanecerse. Observó los costados de su cintura con cuidado. Su zona pélvica y su espalda baja, exigían con urgencia un analgésico para calmar el destructor dolor que parecía traspasarla. Tres dedos firmemente marcados en el lado derecho y cuatro en el lado izquierdo, de su torso, demostraban verdaderamente la fiereza con la cual él se había aferrado a su cintura para penetrarla una y otra vez. Llenándola en su plenitud con ese miembro ancho y poderoso, que ni se molesto en tener consideración con ella.

Mordisqueo su labio inferior, con fuerza, tras notar como unas marcas distintas rodeaban la aurora de sus senos. Marcas de dientes, que con su filo, habían dejado pequeñas y rojizas medialunas al succionar la carne blanda, rodeaban la zona blanca y pálida, enrojeciéndola. Reprimió un jadeo adolorida, al sentir el gusto metálico en su paladar. Estirando un poco su labio, pudo percibir es estado deplorable del mismo en conjunto con esa irritación desagradable que había dejado esa leve barba.

Con cuidado, casi como si temiera, levanto la mirada hacia la habitación. Ni su ropa, ni sus cosas estaban en su pulcro dormitorio, como para confirmar que él en esos momentos entraría por la puerta. Sacando esa sabana, apestosa de sudor, la envolvió alrededor de su cuerpo al ritmo en que rebuscaba una prenda de ropa limpia. Necesitaba un baño, necesitaba pensar, y también necesitaba un buen analgésico.

Su cadera pedía clemencia, al caminar con delicadeza por el pasillo hasta el baño. Se tomó un momento para observar la sala de estar en silencio, seguido de la cocina, en un tímido intento de buscar si él seguía ahí. Nada. Como sospechaba, él se había desaparecido en el momento en que abrió sus ojos. Bajo el agua tibia de la ducha, se reclamo mentalmente a no molestarse por ese hecho.

Él firmemente, le había dicho que debía mantenerse al margen. No tentarlo, ni mucho menos provocarlo de alguna manera. Le había advertido, y sin embargo ella misma le había pedido que se quedara a su lado. Cargaba con la misma culpa del hecho, al permitirlo. De la misma manera, en que pecaba de mentirosa, si se atrevía a decir que no le había gustado.

La había llevado a una faceta que ni siquiera ella misma conocía, desgarrando su garganta en gemidos que les fueron imposibles reprimir. Tranquilamente ella se pudo haber negado a ser forzada, echándolo horas atrás para que se largara de su casa, pero no. Lo extrañaba y le causaba cierta intriga que la atraía.

Esa era la palabra exacta para describir sus actos de la noche pasada.

Frente a ella, esa noche se habían presentado ambos hombres. Aquel que ella veía como alguien destrozado, cuidadoso y ciertamente dulce que conoció aquella tarde cuando Lammy lo obligo a llevarla a una cita. Pero sobretodo, un hombre roto, cansado de vivir. Y después estaba él, de mirada arisca, hambriento de sexo, y desbordante de ironía, aquel que conoció aquella noche en la fiesta. ¿Cómo era posible que un hombre cambiara tanto?

Ahí decaía en el hecho que la intrigaba. A pesar de sentirse intimidad por esa extraña actitud, le causaba una profunda curiosidad saber sobre ello. A lo largo de su vida, ella siempre fue alguien curioso por naturaleza, fue esa curiosidad la que ciertamente le había ayudado a establecer más relación con él en primer lugar. Y ahora…Ahora la estaba atrapando cada vez más a esa persona.

Flaky desde siempre se caracterizo por tener etapas de conocimiento, en un siempre intento de conservarse sana y salva, para no de caer en errores que por lo general sus amigos y personas, solían caer. Pero ahora, estaba cayendo en aspectos de que en un pasado, jamás se hubiese a si misma permitido.

Había pasado a un punto en que le sería imposible, no alejarse de él hasta saber por completo de que se trataba todo ese asunto. No le importaría que la lastime, después de todo, desde niña supo que una buena aventura no se contaba sin tener una buen raspón de rodillas. Pero ahora, las aventuras habían pasado a ser mucho más sombrías, y los raspones podían ser mucho más graves, como para dejar cicatrices notorias. Esta era una de ellas.

Rodeándose en un enorme suéter que cubrió sus nalgas oculta tras esa calza negra gruesa. Se sujeto el cabello en un coleta alta, tratando inútilmente, no posar la mirada sobre su labio mordisqueado y esos enormes hematomas, que se formaban a lo largo de yugular y bajaban hasta su clavícula.

Al salir del baño, seguida de cerca por esa notoria nube de vapor. Se le hizo agua en la boca, al sentir ese delicioso aroma dulzón. Caminando con cautela hacia la cocina, la imagen por un momento la dejó estética en su lugar.

Balanceando con destreza un sartén desde el mango, con una redondeada masa en forma de círculo en él, rodeado con esos típicos pantalones militares y una remera negra pegada a su cuerpo tonificado, no pareció escucharla. Desde su lugar, logró captar el tocino con huevos que se freía con lentitud sobre otro recipiente. Una deliciosa fuente de frutas picadas, en conjunto con un vaso generoso de jugo de naranjas, le esperaban en la mesa acompañados de una taza de café oscuro. Se mantuvo en su lugar, sin hacer el menor ruido posible, pero por lo visto su estomago la revelo al saborearse esa comida.

No se había ido. No la había dejado sola.

Ella no supo si reír o llorar como un idiota. ¿Por qué ese solo hecho, la hacía sentir ciertamente feliz?

Sintió esa mirada exótica, puesta en su cuerpo. Y de inmediato, lo notó dejar todo en su lugar, antes de acercarse a ella con cuidado. Casi temiendo su reacción, se mantuvo separado unos cuentos pasos, tratando inútilmente no intimidarla con su altura notoria.

Flaky alzó su mirada, prácticamente hipnotizada por ese rostro, desfigurado por el arrepentimiento y la pena. Preguntándose por qué esa expresión, le daban cierta angustia, no retrocedió cuando esa pesada mano delineo con sus nudillos su mejilla ardiente.

—Buen día…¿Cómo te sientes?

—Adolorida, pero bien…—Trato de sonar lo más firme posible, pero eso le salió de manera de un murmullo. Bajando la mirada hacia esas placas de identificación, la mantuvo unos momentos antes de enfrentar nuevamente esos ojos cubiertos de pesadez.

—Yo…

—No digas que lo sientes— Lo corto con rapidez, teniendo el descaro de alzar su pequeña mano hacia aquella que acunaba su mejilla— No...El…El romance no es tu estilo…¿Te acuerdas?— Balbuceo tras dibujarle una sonrisa que trataba por completo, convencerlo.—Tú mismo me lo dijiste…El romance no es lo tuyo.—Una sonrisa por completo abatida, tentó a alzarse en la comisura de sus labios. Pero ella rápidamente agrego— Y…Y no pienso obligarte a nada que no quieras...

—Flaky…

—No…Escúchame, por favor— Tras respirar un poco, sonoramente. Tomó el valor nuevamente para aquella decisión—No te pediré un romance de película, pero…¿Puedo tomar lo que estás dispuesto a dar?—Observo con firmeza, esa completa mueca de asombro y consternación que cayó como un rayo a su rostro. Estaba tomando la decisión correcta, si quería conocerlo para poder cambiarlo, el primer paso estaba en aceptarlo. Las cuestiones se darían en silencio, mientras que ella pueda siquiera conocerlo un poco más.

—¿Quieres seguir conmigo en esto?—La confusión en su voz era palpable, obligándola a sonreír cálidamente para darle más confianza en que estaba completamente decidida.

—Si…—Lo estaba aceptando, roto, desgarrado y herido. Lo estaba aceptando de una manera tan desinteresada que dudaba si era la manera, pero algo le decía que era lo correcto. Estaba completamente segura de ello.

—¿Estás loca?—Le susurro contra sus labios, tras capturar su cintura con suavidad. Casi delineando con la punta de sus dedos, y sobre la tela, aquellas marcas oscuras. Flaky, guardo silencio, entrecerrando sus ojos con su rostro ardiente al sentir ese cálido aliento contra su piel.

—¿Tú lo estás?— ¡¿Desde cuándo mierda era tan osada?!. Ni ella misma comprendía en su totalidad, lo que ese hombre la obligaba a ser. La noche anterior era un claro ejemplo de ello, ni ella misma se reconocía tras divagar en los recuerdos aun calientes.

—Un poco…Ni siquiera te recomiendo averiguarlo— Lo escucho decir, antes de que gentilmente sus labios delinearan aquellas yagas rojizas alrededor de los suyos. Este beso, a diferencia del último de anoche, era dulce. Cuidadosamente, esa lengua parecía lamer los suyos para, con su saliva, apurara el proceso de cicatrización. Cerró sus ojos por instinto, sintiendo como lentamente su boca era profanada con suavidad. El gusto a mentas, era palpable en su paladar tras sentir como deliciosamente sus mejillas eran lamidas y sus labios succionados por él. –Tú novio se puede poner celoso, al tenerme a mí, como tu amante…—Le comento tras acariciar su nariz perfilada con la de ella, en un gesto que le pareció de lo más tierno. Ella le sonrió suavemente.

—Yo no tengo novio…Y en verdad quiero conocerte, Flippy—Una divertida risa, estuvo tentada a nacer al notar la profunda tensión que rodeo su cuerpo ante la sola palabra.

—Que lastima, me encantaría hacer mierda a golpes a cualquier infeliz, si tuvieras novio…

—No…No te…te dejaría hacerlo…—Balbuceo, ciertamente horrorizada. Sabía que él era capaz de eso y más.

—¿Quieres apostar?—Flaky, trato de no tensarse al escuchar aquello. Tras notar eso, él se limito simplemente a besar sonoramente su frente, antes de encaminarla a la mesa con cuidado.— Tienes que comer algo…—Tras verlo apagar la estufa y plantar el último par de bocadillos en el plato, se lo acerco en silencio. Acompañado por esos huevos y tocinos bien cosidos— ¿Qué tomaste anoche?—Aquella pregunta, en conjunto con esa profunda mirada seria que le dedicaba, la dejaron ciertamente en silencio. Tragando el pedazo de fruta en su boca, disgustando el sabor, lo volvió a mirar confundida.

—Un solo trago, que compraron mis amigos…

—Ese lugar es algo turbio. Did, lo investigo meses atrás. El dueño, demostró saber nada de esa sustancia que se había encontrado en las bebidas. No me sorprende que en la actualidad siga con lo suyo, ahora que sabe que la policía bajo la guardia.

—¿Investigaron a el señor Bear?¿Por qué?

—Se encontró éxtasis y otras sustancias en las bebidas. El tipo tiene la ferviente idea de que si las mujeres no entretienen a los hombres, no hay fiesta. Por lo general los hombres son los que más compran alcohol, es por eso que al tener a las mujeres más accesibles, es normal que quieran volver a ese lugar.

—Qué horror…—Escupió, tras escucharlo atento. No podía creer que el mismo tipo, que la saludaba amablemente todas las mañana, pudiera pensar de esa manera tan repugnante.

—Es una estrategia de venta, asquerosa, pero por lo visto al tipo le ha funcionado. Tengo entendido que gracias al dinero que le proporciona esa discoteca, pudo abrir esa línea de comercio, en donde trabajas.—Lo vio comerse el tocino a tirones. Tras señalarla con el tenedor con calma—No me sorprende, si anoche hayas tomado alguna de esas bebidas raras. Nadie, le pega tanto el alcohol como lo hizo contigo anoche. Además de que fue algo momentáneo y tus pupilas no estaban normales…Cuando estuve en una misión en Afganistán, pude ver ese mismo método empleados en mis soldados, por unos civiles locales que les ofrecieron cerveza.

—¿Qué hacías ahí anoche?—Le pregunto para sacar ese tema de la guerra la conversación. Era una conversación que no debían tener ahora, sino más adelante. Tragando suaves trago de su bebida, lo observo curiosa. Haciendo lo posible para que él no notara su incomodidad, al escucharlo hablar sobre su estadía en esos lugares.

—Acompañe a Lammy y Splendid…Ni enfermo, dejaba a mi hermana, salir con ese degenerado sexual.

—Ellos parecen llevarse bien—Comentó risueña, al ver el presente ceño fruncido que demostraba al expresarse con respecto a esos dos. — Deberías darles una oportunidad, para conocerse mejor…

—Sobre mi cadáver— Contestó con rapidez alarmante. —No con ese infeliz, que cada vez que ella se distrae me amenaza con metérsela hasta dejarla preñada, y hacerme cuñado y tío a la vez— Ella no conocía del todo a ese sujeto, pero no pudo evitar sonrojarse ante tanta osadía. Ciertamente divertida con esa carita molesta que le estaba regalando en esos momentos por sugerir aquello, decidió cambiar de tema rápidamente. No quería arruinar el momento.

—¿Iban a investigar a Bear?

—No, Lammy quiso salir a despejarse un poco. Por lo que ese anormal, la invito a salir.

—¿A bailar?

—Si…Pero definitivamente no contaba con que yo también iría a joderle la "salida".

—Lammy parece no agradarle mucho.

—Le fastidia. Pero por lo visto también le divierte, el idiota la hace reír con sus estupideces.

—Ella de alguna manera se parece a ti.—Comento sonriente, ampliando más su sonrisa, al notar cierto orgullo pintar esa mirada dulce. Flippy amaba a su hermana, y por lo visto ese comentario le había agradado de una manera en que le fue imposible no ocultarlo. Tras sentirlo, atrapar su pequeña mano por encima de la mesa, lo vio llevarla hasta sus labios para depositar un suave beso sobre sus nudillos.

En silencio, con el oxigeno atrapado en sus pulmones, ella lo observo fijamente. Ciertamente desconcertada y curiosa, pero atenta a lo que tenia para decir— Me va a patear el trasero cuando se entere lo que hice contigo…—Sonaba arrepentido, de nuevo esa pesada culpa cubría esos exóticos ojos claros. Pero fue rápidamente borrada, ante la risita divertida que escapo de sus labios, acompañados de un susurro suave.

—Podrías decirle, que nos volvimos mejores amigos…¿No?—Lo analizó atentamente, al verlo pararse en su sitio para arrodillarse frente a ella. Regalando una tierna caricia sobre su rodilla fría, lo escucho acompañarlo mediando una risa ronca, varonil.

—Los mejores…¿Me vas a invitar a jugar seguido, amiguita?—Ella le sonrió, enormemente acunando esa poderosa mano contra su mejilla con dulzura. Repasando esos nudillos notorios con la yema de su dedo pulgar, correspondió a esos labios tibios que comenzaban a deleitarse con su boca.

—Puedo hacerte una fiesta de cumpleaños sorpresa— Siguió su juego, saboreando su aliento caliente contra su boca. Si, se había vuelto adicta a eso.

Labios abrazadores, ciertamente hambrientos tomaron su boca con destreza. Torpemente, casi con cuidado, ella intento contestarlo con movimientos pequeños. Su labio inferior fue succionado mediante ellos, haciendo que un exótico sonido los rodeara. Subiendo sus manos hasta sus poderosos hombros, cerró sus ojos ciertamente soñolienta. Su aliento era como un somnífero, que entumecía su cuerpo de manera deliciosa.

Esas manos, fuertes y enormes, bajaron por su torso con ternura. Depositándose en la marcada curvatura de su cintura, la alzaron de su asiento de una manera casi insultante. Ahora que lo notaba, suspendida en el aire, pegada a su cuerpo y con sus brazos sosteniéndola con firmeza, la diferencia de altura era intimidante. Enterró sus propios dedos sobre esa cabellera sedosa, heredándolos en las hebras verdosas que se escurrían con descaro.

Detuvo el beso, azorada. Con su aliento prácticamente atrapado en sus pulmones, lo observó con sus mejillas ardientes. Besaba muy bien. Tomando una bocanada de aire, pudo escuchar su risita divertida, antes de que esa lengua, que minutos antes acariciaba su boca, barriera con los residuos de saliva que quedaban en la comisura de sus labios.

Una mirada, solamente una mirada, fue lo suficientemente capaz de advertirles lo que harían a continuación. Las ásperas manos bajaron hasta sus muslos, alzando sus rodillas un poco para que ella pudiera descansar por completo su cuerpo en esos brazos anchos. Se resistió a reír nerviosa, en verdad era insultante la manera en la que él parecía alzarla en sus brazos, como si fuese una niña.

Ella no era delgada, es más hasta creía que era algo robusta si se ponía a compararse con chicas como Giggles, que prácticamente prefería beber jugo de manzana antes de un helado, para mantener su figura. No, ella no se negaba nada de eso, y estaba segura de que esos permitidos se le notaban en sus caderas disimuladas por el ejercicio que siempre realizaba con los chicos. Fue por eso, que había creado una imagen de ella en su propia mente, y esa imagen, definitivamente no era tan fácil de soportar por tanto tiempo en brazos.

Ciertamente incomoda, sintió como esa frente bañada de mechones exóticos, se posaba contra la suya con intimidad. Flippy la observaba en silencio, con una sonrisa inmaculada, muy diferente a la que le había obsequiado la noche pasada en penumbras. Si, era muy diferente. Sonriéndole a pesar de su nerviosismo, recibió esa caricia tenue que realizo con su afilada nariz contra la suya.

—Que linda te ves…—Aquello la desoriento en desmedida. Con sus labios con residuos de mordiscos aún vigentes en ellos, los apretó con fuerza. Casi a punto de llorar por esa sensación ardiente que le hacía sentir cosquillas en su vientre y mejillas. ¿Acaso él estaba consciente de lo que sus palabras causaban en ella?. Por lo visto, y ante esa melosa sonrisa que le obsequio. Si, si lo estaba.

Ella plantó sus labios rígidos sobre los suyos, sin malicia, sin pervención. Manteniéndolos en su sitio, antes de que esa boca nuevamente comenzara a moverse, guiándola con pasos lentos. Saboreando cada centímetro de su boca, lo sintió caminar hacia el pasillo, con ella encima de sus antebrazos doblados contra su cuerpo.

La suave textura de su sofá chocó con rudeza contra su espalda. Amorfas figuras comenzaron a tomar color en lo oscuro de sus parpados al cerrarlos, y sentir con delicia como esos labios tersos recorrieran su cuello con cuidado. Delineando con la humedad de su lengua esas marcas rojizas que la marcaban. La marcaban de una manera que ella todavía no podía percibir correctamente la magnitud de lo que ello equivalía.

Un suave quejido tenue escapo de su boca al percibir como las manos amplias apretaban suavemente su cintura. El dolor de la noche, todavía estaban impregnado en sus músculos, en su piel. Con cuidado, y tras obsérvala por largos segundos buscando su aprobación, él deslizo ese enorme suéter sobre sus hombros.

Flaky sintió como una taquicardia la rodeaba, al notar esas manos repasar su piel con cuidado. Ese toque menguante entre el placer y ternura, era muy diferente a lo que experimento anteriormente. Esos besos suaves, contra el borde de sus senos, delineando con cuidado el borde de esas marcas pronunciadas de dientes, tenían un efecto casi somnífero.

¿Dónde estaban los dientes que le rasgaban la piel?

¿Y las uñas cortas que no vacilaban en clavarse en ella hasta el punto de crear oscuras hematomas con sus dígitos gravados?

Ni siquiera los labios sabían igual, ahora que recurría a su fresca memoria.

Cerro sus ojos con fuerza, hasta el punto de fruncir un simpático ceño fruncido que por lo visto a él le causo gracia, por la suave risita que escucho en la oscuridad de su conciencia. Sumisa, prácticamente doblegada a la amabilidad de esas caricias, le fue imposible no arquearse de manera exuberante al sentir como esa lengua acariciaba la piel alrededor de su obligo.

¿Esto era lo que él quería? ¿Tenerla a su merced, apegándose a un placer que jamás pensó que podría sentir a carne viva?

¿Acaso esto era lo que les hacía a las antiguas mujeres que habían estado abajo él?

El aire se retuvo en sus pulmones al pensar en ello. La imagen traicionera, la rodeo antes de que fuera capaz de suprimirla. Los gemidos de esa mujer rubia, completamente sudada bajo su cuerpo, la acosaron sin piedad.

—¿Qué pasa?— Su voz ronca, casi como un ronroneo contra su abdomen, la hicieron bajar la mirada hacia él. ¿Estaba haciendo lo correcto?

Ella se permitía el privilegio de decirse a sí misma, que era alguien inteligente. Su razonamiento y deducción, la habían llevado a esa altura de la vida, donde podía permitirse abiertamente decir que tenía un futuro ya en expectativa de ser realizado. Tenía familia y amigos, que la querían mucho más de lo que decían, apegándose a los lazos afectivos que tanto los años como la experiencia le habían proporcionado. ¿Era necesario ponerse un obstáculo como Flippy en su camino?

Aceptar ese trato silencioso por parte de él, simplemente le estaban abriendo las puertas a un mundo que ella en verdad dudaba si quería conocer o no. El hombre estaba cargado de problemas, traumas y vivencias, que a ella le sería imposible comprender a su totalidad. Pero ahí decaía de nuevo esa maldita curiosidad. Quería conocerlo, eso estaba más que claro. Y según el perfil psicológico que había creado internamente para él, dentro de su mente, eso se concretaría únicamente de esta forma. Ni más, ni menos.

Había llegado a la conclusión clara luego de que todas las pistas fueran mostradas a ella, de manera continua. Flippy, se había llevado más que solo medallas en esa guerra. Y la prueba clave de esa teoría, estaba en esa personalidad extraña que se presento a ella la primera vez que se vieron. El de las pupilas dilatabas y sonrisa perturbada, fue el mismo que la tomo la noche anterior. No esté

Flippy estaba enfermo. Y esa enfermedad era la que lo obligaba a tener un medio aislante del mundo en los momento de más tensión en su cuerpo, o mejor dicho, liberación, si de sexo estaban hablando. Obligándolo a mostrar esa faceta propia de distorsión de personalidad, propia de la esquizofrenia.

Tampoco descartaba, que sufriera un trastorno de estrés postraumático. Muchos de los soldados que vuelven de las guerras, estando en pleno campo de batalla, expuestos a ese ambiente de tensión y temor, tendían a desarrollar ese trastorno. La psicología, a pesar de tener la influencia de su padre, nunca estuvo dentro de sus opciones a la hora de desarrollarla. Sin embargo, eso no significaba que no se diera un tiempo de curiosidad sobre el área. Le gustaba leer, siéndole imposible negarse a un libro bien extenso de información que le podría servir en un futuro, fue prácticamente natural pasarse las horas en la oficina de su padre, leyendo esos libros. Este trastorno en peculiar, tendía a desarrollarse tiempo después del factor principal, llevándolo alrededor de semanas o meses posteriores al hecho. Según los síntomas que recordaba que los pacientes diagnosticados sobre esta crisis, eran las continuas vivencias de los hechos más pesados y traumáticos. No sabía si él sufría de ellas, pero se negó a descartar este síntoma. Seguido de sentimientos de soledad y explosiones de ira repentina. En efecto, él sufría de esos dos síntomas, pero no podía justificarlo correctamente habiendo interactuado tan poco con él en su medio de confort. Los sentimientos de culpa y tristeza, eran hechos realmente preocupantes para ella. Debía poner más atención a esto.

Pero como todas las personas eran diferentes, las mentes también lo eran. Nada le brindaba un dato necesario a ella, para saber exactamente cuándo comenzó a sufrirlo, ni mucho menos a indagar más en esa clara esquizofrenia bien marcada, que dejaba ver. Y para eso necesitaba estar más cerca de él.

¿Acaso estaba tomando todo eso como alguna especie de reto personal? No, lo suyo era meramente altruismo. Necesitaba verlo bien. Aunque algo en su interior sabía que era una maldita mentirosa por simplemente justificarlo con una palabra tan simple. Lo que estaba sintiendo en ese momento y las semanas anteriores a tenerlo en frente, no era un sentimiento tan simple como la preocupación por el prójimo.

Para llegar a ambas partes, debía arriesgarse. Y para eso, no le interesaba poner su destino en juego, si con eso podía completar el rompe cabezas que parecía ser ese hombre.

Acariciando su mejilla con suavidad, casi con ternura, le sonrió casi soñolienta sin poderlo evitar al sentir como él le obsequiaba un suave beso contra su dedo pulgar al delinear sus labios con cuidado.

—No…No pasa nada…—Sus pensamientos podían esperar. No necesitaba hacer sus deducciones en un momento así, debía comenzar a actuar lo más rápido que podía, sino quería dejarlo caer en ese profundo limbo de cordura que parecía tener.

Sus labios fueron invadidos por ese húmedo tacto de lengua, que pedía proclamar su cavidad bucal con movimientos adiestrados. Entrelazándose con la suya, le fue imposible que un escalofrió placentero le rodeara el centro de su entrepierna, al escuchar un ronco gemido callado por el suave sonido de succión de sus propios labios. Su mano, nunca quieta, no le costó nada traspasar la suave tela de su prenda interior, rozando con la suavidad de la yema de su dedo corazón, la hendidura caliente entre sus piernas.

Ahogando un chillido por esa boca que succiono su lengua con un húmedo sonido, cerro sus ojos víctima del placer, al ritmo en que ese duro dedo comenzaba a masajear de forma circular su clítoris palpitante. Su boca fue liberada, en el momento en que esa mano cambio de posición, pero sin darle piedad siquiera para protestar inconscientemente, el calor llego a su cuello mediante esa boca que lamia y besaba golosamente la piel sensible. Tenía la punta de sus pies estaban enroscadas de manera nerviosa, ante la extraña sensación de satisfacción que sintió al notar como dos de esos dedos, esta vez, calaban con suave curiosidad por su orificio empapado. ¡Si podría venirse con solo abrir sus ojos y ver su cabello bajo su mentón!

Círculos imaginarios, fueron dibujados en su interior al ritmo en que un tercer dedo se unía a la acción, quitándole el aliento. Su pulgar, apretaba una y otra vez, palmeando en pequeños golpecitos con soniditos sordos, su centro caliente.

—¡Ahhh!—El grito había escapado de su garganta, sacándola de su leve trance soñoliento, al percatarse de cómo la punta de su nariz, olía la piel de su pelvis con descaro. ¡Demonios!¡Eso si que no!. –F-Flippy…—¡¿Acaso pensaba hacer lo que ella pensaba que iba a hacer?!. Sonriendo de una manera inocentona, él no se molesto a escucharla, al bajar con brusquedad su ropa interior.

Enterrando su cara en su entrepierna, ella apretó sus dientes a punto de llorar, al notar como él acariciaba con el puente de su nariz, la pequeña pelusa de vello púbico rojizo que no vacilo en besar con un sonido obsceno.

—¿Sabes una cosa?. Siempre dude si fuera peli roja natural—¡Podían matarla en ese momento y ella no lucharía, ni siquiera podría decir alguna objeción!¡Deseaba morir!. Eso era tan vergonzoso. Si bien incontables de veces tanto Petunia como Giggles, le habían hablado del sexo oral, describiéndola como una experiencia que valía la pena disfrutar como una enferma adicta disfruta su dosis de droga. Estaba seguro que eso no se hacía en el segundo encuentro. Ni mucho menos con tanta naturalidad como lo estaba haciendo él. Era indignante y patético, no saber cómo reaccionar como lo estaba haciendo ella— Ahora que he confirmado que lo eres, no sabes lo duro que estoy…—¡¿Cómo podía decir aquello con un tono tan cordial y a la vez que sonara tan pervertido?!

Un ruidoso "Suck", producto de esos labios, no le permitieron pensar más. Le robaron la capacidad de razonar, en el momento en que atraparon el pequeño pedacito de carne entre ellos, succionándolo como si fuese algo tan delicioso como un fino dulce. Chupando una, dos, tres, cuatro, veces continuas y seguidas, la humedad de esa lengua golpeó contra ella ocasionando que abriera su boca en un grito mudo.

Su cabeza parecía explotarle en cualquier momento, al ritmo en que esas pálidas gotas de sudor perlaban su frente pruebas del estado deplorable que estaba teniendo su cuerpo en ese momento. Cerrando sus ojos con fuerza, se negó a seguir disgustando la deliciosa imagen de ver como esa cabellera verdosa se enredaba entre sus dedos delgados, al ritmo en que esa lengua entraba y salía de su interior. Lejos había quedado ese adormecimiento y cierto dolor resacosos de la noche pasada, en su lugar parecía que nuevamente, su cuerpo anhelaba sentir piel, su piel.

Sus senos, ocultos tras la tela de su suéter eran insoportables e incómodos. Alzándose degeneradamente por debajo de la tela, aclamando atención o unas poderosas manos que los amasen como la noche anterior. Pero no le daría el gusto de que lo notara, demasiado indignante era estar gimiendo su nombre hasta el punto en romper por profundo la capacidad de formar oraciones concretas, o silabas coherentes.

Los oídos le dieron un pitido sonoro, al momento en que sintió como una liberación abrumadora abarcaba su cuerpo. Desgarrando un largo grito que amenazo con ser escuchado en el exterior de la casa, recostó su cuerpo por completo sobre el sofá, de manera floja. Con la mirada nublada y sus labios entreabiertos en busca de aliento, no le fue indiferente la manera en la que su respiración acelerada chocaba contra su cabeza como si fuese tambores ruidosos.

Había tenido un orgasmo. Un brutal y delicioso orgasmo, que la había hecho olvidar hasta su nombre.

Sus manos temblorosas, no lucharon por ser sacadas del interior de esas hebras suaves por las manos grandes y pesadas, que las capturaron de sus muñecas para llevarlas hasta ese pecho, igualmente exaltado pero de una manera más calmada. Inclinándose hacia su boca, su aliento caliente golpeo contra su mejilla al depositar un suave beso contra la comisura de sus labios, para recoger ese pequeño destello de saliva que amenazaba con escaparse por su mentón. El sabor de sus labios, era extraño, pero él ni se molesto en enseñarle como su lengua disgustaba con descaro el almíbar que golosamente había sacado de su entrada aún sensible.

Sonrojada hasta el desmayó, aguardo en silencio hasta poder lograr la capacidad de hablar de manera decente. Temblando, pudo observar como sus ojos se entrecerraban en una sonrisa extraña…¿Era eso ternura?. No lo supo, la verdad no estaba como para lograr captar algo más que no fuera la manera ardiente en la que su cuerpo caía en una especie de cansancio tétrico.

El sueño, la rodeo de manera desagradable, al notar como él acariciaba su cabello con cuidado sobre su sien. ¿Cuánto había dormido anoche?¿Dos horas?¿Cuatro?. No estaba segura, pero el cansancio, en conjunto con esas caricias certeramente colocadas en un punto somnífero, la estaba haciendo desfallecer.

—Duerme un poco…Yo debó ir a mi casa por un momento, prometo volver más tarde—Le dijo contra su rostro, sonriéndole de esa extraña manera nuevamente al verla asentir sumisamente. Parándose sobre su altura, lo vio de reojo, atrapar una cobija que descansaba sobre uno de los sillones individuales que rodeaban la sala. Colocándola sobre su cuerpo, cubriendo la desnudez de sus piernas, se inclino en cuclillas contra su rostro para continuar con las caricias hasta verla cerrar sus ojos de manera definitiva, acoplando la respiración lenta.

Observándola en silencio, entrecerró sus ojos ciertamente enternecido. Esa chica…

Negando sus pensamientos idiotas, camino hacia la cocina para ver los múltiplos platos de comida a medio digerir. Colocando las sobras en el refrigerador y lanzando los restos del café ya frio contra el desagüe, limpio y seco la losa en conjunto con los cubiertos, con rapidez.

Su celular no había parado de vibrarle en el bolsillo desde que había despertado, no se le hizo para nada difícil adivinar quién estaba detrás de esas llamadas y mensajes que seguramente bañarían su bandeja de entrada. Ella sabía. Ella siempre sabía.

De alguna manera escalofriante el pensamiento de que Lammy se hubiese levantado de mal humor, le causo un abrupto sentimiento de terror. Si la situación no era explicada correctamente, ella tranquilamente le cortaría la verga para dársela de comer a ese feo perro sarnoso que había encontrado en ese leve periodo de tiempo en el que se había ausentado.

Dejar su casa a cuidado de Lammy, era buena idea. Dejar su casa a cuidado de Lammy, que curiosamente parecía haber enloquecido la polla de su amigo, no era buena idea.

Por lo que ahora tenía un perro feo, ladrando en su patio delantero a cualquier cosa que se atreviera cruzarse en su campo visual. Unas profundas amenazas por parte de los vecinos que decían que dicha cosa deforme de cuatro patas, le meaba sus plantas y cagaba sus jardines. Una futura amenaza de profanación a las piernas de su hermana, rondando por su casa como si fuera propia. Y una hermana que lo tenía en vigilancia la mayor parte del tiempo. Con las cuales lidiar.

El perro feo de su hermana, fácilmente se podía hacer desaparecer con veneno o vidrio molido en trozos de carne. La amenaza con polla y cerebro de ardilla, también se podía hacer desaparecer con veneno o vidrio molido en pedazos de pan. Pero la última era la difícil.

Lammy era una chica dulce y ciertamente divertida, que la mayor parte del tiempo se mostraba risueña paralelamente a su elegancia refinada. Pero esa era la Lammy que todos conocían, no la que él conocía. Para él, Lammy era su hermana, y como tal la única mujer capaz de hacerle frente sin ni siquiera despeinarse.

Tragó con disimulada incomodidad luego de borrar la cara de tarado que puso al besar la frente de una dormida Flaky, antes de salir de esa humilde morada.

Lammy iba a estar molesta. Flaky le podría perdonar una vez, pero no siempre. Y ese era el terror con lo que cargaba su hermana, que él se metiera en problemas. Había sido muy clara al decirle que se aleje de ella desde el momento en que sucedió ese incidente con esos tres tipos. Por lo que no le dejaría pasar esta vez, el pecado de desobedecerla.

En resumidas palabras: Usaría sus pelotas para decorar la sala, si se enteraba donde había estado metido toda la noche.


Antes de que nada este capitulo va plenamente para:

SarEma29, sukima moe, , Roxaple, Aimi-Murasaki0790, Luna Paola Black, XX-RED-Leaf-XX, LiiArz, LagrimasSolitarias, Dicen por ahi, 3.11, catblackandwhite, Lucite199, All-neesan, kiki, Nothing, Yukaifujimiya, Guest

Que se tomaron el tiempo para comentar y esperar en el capitulo anterior. ¡En verdad, no sé como tienen tanta paciencia conmigo! ¡Los amos! :3 3


Lo sé...Lemmon más malo no podía escribir! jaja xD

Bueno, ha pasado casi medio año en el que no me había visto en la posibilidad de conectarme en esta pagina.

¿Las razones? He tenido una serie de eventos en mi vida, que me obligaron a tomarme un tiempo de todo. Concentrándome únicamente a mi familia y a mi vida personal. En ocasiones, es necesario desconectarse para reiniciar el sistema o formatear el sistema por completo para actualizarlo un poco. ¿Y quién cree que hizo eso?¡Así es!¡Esta nena! xD jaja

Quitando mi larga ausencia...¿Como están?¿Bien? :)

Este fanfic, a partir de aquí, va a comenzar a mucho a pisar por su verdadera categoría "M". Por lo que sugiero tomarse con cuidado los capítulos siguientes, tienden a tocar mucho temas algo jodidos y turbios. ¡¿Qué?!...Lejos de todo lo cursi, los besitos y los abrazos, con el cual los representamos. Son bichos que se revientan las tripas cada dos segundos! jaja xD ¡Algo sádico y sangriento tenían que tener en una historia, por más AU o OoC, que a esta tonta de su autora se les ocurre representarlos! jaja xD

Bien aclarado esto, nuevamente me disculpo por la tardanza de todos los fanfic. Tratare de ponerme al corriente con cada uno de ellos y contestar a los MP que me han enviado y no he podido contestar, perdón chicas, no merezco vivir! :c jaja xD

Cuidensen mucho! :D

Muchas gracias por leer y muchas más gracias por sus comentarios tan hermosos! C: