Yo por ella daría mi vida, mi inmortalidad, mis memorias... por ella lo daría todo sin pedir nada a cambio. Han pasado 500 años pero yo aun sigo recordando esa hermosa melena rubia que en algún momento escondió bajo una corona, esos hermosos ojos azul cristalinos, su sonrisa, su forma de ser... todo, mi querida reina, yo no te tengo devoción o respeto como un país le tiene a su monarca, yo te amo, te quiero. Nunca había sentido esto, sé que lo nuestro fue un accidente, caí en al locura del amor, y esa locura de tu amor fue la que me consumió durante los siguientes años... o siglos. Yo por ti tenía que dar todo mi poder, mi fuerza... mi amor. Tu cegaste mi juicio, eras una mujer fuerte, sabías tener a Castilla controlada, y a mí. Fuiste una gran reina, una excelente política, una esposa atenta... y sobre todo una madre.

Corría el año 1477. En Sevilla los Reyes Católicos y su corte se habían instalado en los Reales Alcazares durante las guerras castellanas. El rey Fernando era conocido por ser infiel a su reina, Isabel, la cual siempre le fue devota y respetuosa. En la corte se había expandido como la pólvora todo tipo de rumores sobre la infidelidad del rey y sus posibles bastardos. La reina, mientras tanto solo podía tener ojos para su hija Isabel, una niña de 7 años. Nunca una reina había dado el pecho a sus hijos, solo ella, era diferente, tenía otra visión de la familia, una visión que pronto se vería perturbada.

España paseaba por los pasillos del Alcazar cuando escuchó a alguien llorar. Reconocería en cualquier lugar ese llanto, Isabel.

-Alteza ¿Puedo pasar? -dijo el país llamando a la puerta.

Hubo un silencio estremecedor un largo periodo de tiempo hasta que escuchó unos pasos que se dirigían a la puerta. La reina abrió la puerta, tenía restos de lagrimas: había llorado y mucho pero como le reina de Castilla y Aragón no podía permitir que le viesen llorar, pero Antonio era algo diferente. Él había estado a su lado desde que nació y la apoyó siempre hasta llegar al trono. Era su confidente y más leal siervo.

-¿Qué quereis Antonio...? -dijo tratando de recobrar su pose real.

-Os oí llorar Alteza...

-Fernando... -dijo ella mirando hacia abajo.

-Sí, he oído los rumores en las caballerizas..

La reina volvió a su cama y se sentó, volvió a llorar.

-¿Por qué? Yo soy la reina.. y prefiere irse con esas golfas...

-Alteza... ¿Por que no os dais voz un gusto así?

-¿Serle infiel a mi marido? -dijo indignada.

-No... pero si el está constantemente disfrutando a sus espaldas podéis daros un capricho... comprar alguna joya o algo...

-Estaría bien... -dijo levantádose- ¿Queréis venir a pasear hasta el rio? Podemos comprar unos dulces en el convento ya de paso... -dijo sonriendo.

-Por supuesto... -dijo Antonio.

Ambos salieron a pasear, eran principios de otoño pero en Sevilla el calor del atardecer y la brisa no daban lugar al frio, hacía un tiempo perfecto para pasear. Ambos caminaban pisando las hojas que caían y escuchando sus crujidos.

-Hacía mucho que no paseábamos... -dijo Antonio.

-He estado muy ocupada... ya sabes, también soy madre y debo criar a Isabel...

-Ojalá yo también pudiera ser padre...

-Bueno, tenéis a ese niño italiano...

-No hace más que quejarse de todo...

-Dale tiempo a que se acostumbre...

Pasaron toda la tarde hablando, casi había anochecido pero ninguno quería volver aun. Se sentaron en un banco mirando un lago, se habían alejado de Sevilla.

La reina miró su reflejo. Ella tenia solo 25 años, estaba en la flor de la vida y era hermosa peor sus ojos perdidos parecían no demostrarlo.

-Antonio... ¿Vos pensais que soy hermosa?

Antonio se quedó callado durante un rato. No sabía que decir. Claro que se lo parecía pero era su reina y no podía decir cualquier cosa delante de ella aunque hubiese una gran confianza.

-Pues...

-Antonio, estáis con Isabel, no con vuestra reina. No os pongáis nervioso por favor...

Antonio se relajó.

-Claro que me lo parecéis. Sois la mujer más hermosa que he conocido nunca.

-¿En serio?

-Por supuesto... -dijo sujetando el rostro de su reina por la barbilla.

Algo ocurrió, ninguno supo la razón que les impulsó a hacerlo pero ocurrió. Ambos acercaron sus rostros y pasionalmente se besaron. Isabel jamás había sentido eso con Fernando. Su corazón latía más fuerte que nunca.

Y así en la oscuridad de la noche entre los arbustos ambos hicieron algo totalmente impensable para la época, cayeron en el pecado de la lujuria y la infidelidad.

Volvieron una hora más tarde al Alcázar sin dirigirse la palabra. Y así estuvieron durante semanas, un mes y medio aproximadamente, la reina actuaba de forma extraña y Antonio avergonzado no podía ni mirarla a la cara, a su propia reina, la Reina Católica Isabel I de Castilla.

Antonio paseaba por los pasillos como ese día, un día que se grabaría en su memoria. Oyó unos lloros angustiados, no desesperados o necesitados. Ni siquiera llamó a la puerta para cuando se encontró con su reina, sentada en una silla tocándose el vientre.

-¿Qué ocurre mi reina?

-Estoy embarazada...

-¿Eso es genial, no?

-Embarazada... de vos, Antonio.


Buuueeeno despues de un larguisimo paron que he hecho he subido por fin un nuevo fic, al principio bastante raro... aunque puede que luego tambien lo sea, no se, depende de como lo veais. No os dire quien es el bebe que espera Toño con su reina pero si vais a la Wikipedia sabreis quien es y que cruel destino le espera... eso si quereis acabar con la sorpresa u.ú

En fin, comentadme mucho, aunque sea tonterias, e hacen ilusion y mas ahora que estoy de examenes y seguramente suspenda muchas cosas... ^^"

Ah y os aviso tambien que esta historia que esto no es solo mio, es de DarkFlame11, mi nii.