Título: Sólo agregue kawa-kawa

Fandom: Harry Potter

Pareja: Draco/Harry

Rating: nc-17

Beta: Chindyalo

Fanart de la portada: "Pottercita" por Haruxita (pueden ver el original aquí: haruxita(punto)deviantart(punto)com/art/Pottercita-462049628 )

Resumen: En un viaje de estudios a Nueva Zelanda, Harry Potter cae en una poza encantada que lo castiga transformándolo en mujer. Draco Malfoy no tendría por qué, pero intenta ayudarlo a regresar a su estado normal e incluso se porta amable con él. Ahora sólo agregue kawa-kawa a esta poción y verá cómo todo lo que comenzó mal, se pondrá peor.

Advertencias: EWE (no toma en cuenta el epílogo). Personaje original. Gender-bending (sex swap). Escena de sexo hetero entre los chicos (hombre!Draco/mujer!Harry). Un Harry muy cretino y mujeriego (al menos, al principio). Frases en maorí probablemente mal traducidas (fueron cortesía del traductor de google, figúrense), a excepción del cántico para el masaje: ése me lo robé de una página de internet.

Notas:

1. Escrito para el TravelFest de HD-espanol en Livejournal. Inspirado en el prompt núm. 9 que pedía: "Harry se cae en una poza/fuente/whatever maldita y se transforma en chica (Sólo el cuerpo, en su mente sigue siendo Harry). Si, merito como Ranma." La ciudad asignada por las administradoras fue Rotorua, Nueva Zelanda. Le pido disculpas a la autora del prompt porque creo que no llevé el fic como ella quería (típico de mí, lo compliqué más) pero espero que le guste un poquito.

2. Gracias a Cindy por el beteo y los consejos, ella sabe que los aprecio con todo el corazón.

3. Para finalizar, quiero mostrarles las imágenes de mujer!Harry en las que me inspiré para esto: milky0candy(punto)deviantart(punto)com/art/Female-Harry-Potter-343866553 y milky0candy(punto)deviantart(punto)com/art/Girl-Harry-Potter-343866998. La autora es Milky0candy en deviantart y la modelo se llama Manon Leloup.


Capítulo 1

El cretino y su castigo

Aquel junio, todo iba marchando fabulosamente.

El viaje a Rotorua para cursar varias materias intensivas durante el verano, estaba saliendo a pedir de boca. Para empezar porque justamente en el Hemisferio Sur no era verano, sino comienzos del invierno. Harry había leído (de acuerdo, Hermione le había dicho, era lo mismo) que ahí en Nueva Zelanda el clima era genial, que no hacía tanto frío ni llovía como en Londres; que era agradable y soportable, y que sólo helaba durante el amanecer y las mañanas, el resto del día estaba soleado e incluso templado. Además, el idioma principal en el país era el inglés. Punto muy importante cuando no conoces otra lengua más que la materna y necesitas viajar a universidades extranjeras.

Rotorua, ciudad pequeña y sin gran trascendencia para los muggles (a excepción de los turistas que la solicitaban bastante por sus balnearios de aguas termales), estaba ubicada junto a un gran lago en la Isla Norte del país. Rodeada de bosques y otros lagos menores, también ofrecía excepcionales y hermosos paisajes y oportunidades para practicar deportes extremos y muchas actividades al aire libre. Para los magos, sin embargo, Rotorua y su periferia eran sitios muy importantes por otros dos grandes motivos: la población mágica era mayoría y la región albergaba al campus de la Academia de Sanación de Nueva Zelanda cuya fama traspasaba fronteras desde hacía un par de siglos. Anclada en medio del bosque Whakarewarewa (simplemente conocido como The Redwoods) y oculta para los muggles, la Academia contaba con su propia terminal de trasladores (muy necesaria debido al gran tráfico de estudiantes extranjeros) ubicada justo en una oficina dentro del edificio principal.

Ahí fue donde Harry arribó aquella mañana de comienzos de junio. Un pequeño grupo de personas entre oficiales de migración y empleados de la Academia lo recibieron revisándole su pasaporte, credenciales y varita. Viendo que todo estaba en orden, le ofrecieron un mapa y documentos informativos de la zona y de la escuela, dándole de esa manera una cordial bienvenida. Harry revisó su mapa y de ese modo pudo llegar a su dormitorio ubicado en el edificio anexo a la Academia. Se sorprendió un poco al notar la modernidad de las instalaciones, pero recordó que Hermione le había contado que la zona había sido totalmente destruida por una erupción volcánica hacía apenas poco más de un siglo, y luego, reconstruida en su totalidad, bosque incluido. Era por ese motivo que los árboles más altos de aquel bosque "hecho por el hombre" eran de especies de origen americano, como la famosa secuoya de California, las cuales crecen más rápido que las endémicas de las islas.

Harry llegó a su cuarto (el marcado con el número 531) y finalizó el encantamiento leviosa sobre su baúl, el cual se desplomó en el suelo produciendo un fuerte ruido. Harry concluyó con su entrada triunfal dejándose caer él mismo sobre una de las camas. Que hubiese un par de ellas en el cuarto no le molestó. Al contrario, esperaba trabar amistad con el estudiante que fuera a compartir habitación durante esos tres meses. No se sintió culpable por elegir la mejor de las dos camas: la que estaba junto a una gran ventana que le permitía entrever las copas de los árboles cuyas hojas de color dorado caían continuamente hasta el verde césped del jardín.

Harry suspiró, admiró el paisaje y sonrió. Estaba plenamente convencido de que iba a ser el mejor verano de su vida. Porque, número uno: un verano que sería invierno. Genial. Número dos: muchos créditos extra para finalizar más rápido sus estudios como sanador en Inglaterra. Número tres: materias realmente interesantes; después de todo, era bien sabido que los magos y brujas maoríes poseían conocimientos ancestrales en la cura de males de origen mágico y muggle que sólo se impartían ahí. Número cuatro: pasaría sus ratos libres conociendo Rotorua y sus alrededores.

Finalmente (y secretamente porque al pensar en esto Harry sonreía más e incluso presentaba una leve erección), estaba la razón número cinco: muchas chicas nuevas para seducir y con la ventaja de que ahí Harry era cualquier hijo de vecino y no un puto héroe bien reconocido que ya llevaba las de perder porque su fama de donjuán lo precedía. Así que…

La entrada silenciosa de alguien a la habitación interrumpió los pensamientos libidinosos de Harry, quien se incorporó en la cama, vio quien llegaba, jadeó y no supo que decir.

Era Draco Malfoy.

Quien se veía igual de azorado que él. E igual que Harry un momento antes, Malfoy dejó caer su baúl (mucho más grande y costoso) sobre el suelo. No se veía en absoluto contento de encontrarse ahí a Harry, de entre toda la gente. Bueno, el cretino podía estar seguro de que el sentimiento era mutuo, tal y como siempre sucedía entre ellos.

—Potter —dijo Malfoy finalmente después de echarle un vistazo al sitio y de mirar varias veces al número pegado en la puerta—. ¿Qué haces en Nueva Zelanda? No, no, mejor respóndeme esto: ¿Qué es lo que estás haciendo en MI habitación?

—Duh, ¿habitarla? —respondió Harry e hizo una breve pausa sólo para beberse la cara de Malfoy que era todo un poema—. Caray, Malfoy, míranos. Parece que somos compañeros de habitación. Qué casualidad tan agradable.

Harry le sonrió malévolamente. No porque encontrara divertida aquella inesperada situación, sino porque sabía que eso haría enojar al otro.

Dio resultado. Malfoy enrojeció de rabia.

—En serio, Potter. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? —siseó—. ¿Has venido hasta acá sólo para joderme la vida más de lo que ya lo has hecho?

Harry puso los ojos en blanco. Y luego decían que el egocéntrico era él.

—Claro, Malfoy, me he gastado la mitad de mis galeones de Gringotts en pagarme una matricula de verano al otro lado del mundo sólo para verte a ti hacer una rabieta. —Se levantó de la cama y caminó unos pasos hacia Malfoy. Tuvo la satisfacción de ver que el otro se tensaba y se ponía en guardia—. Vine a cursar un par de materias para obtener créditos extra, estúpido. Lo que supongo que tú también haces. No podría imaginar otra razón para explicar por qué tu culo aristocrático se está rebajando a hospedarse en una sencilla habitación de universidad.

Malfoy, quien no estudiaba para sanador como Harry, se había enrolado en la Academia de Pocionistas donde destacaba con gran mérito propio. Sin embargo, a pesar de no estudiar lo mismo, había cursos ahí en Rotorua que tanto los pocionistas como los sanadores podían aprovechar. Harry de veras no podía creer en que el destino jugara así con ellos como para hacerlos coincidir en ese sitio, especialmente porque era obvio que ambos se habían esforzado al máximo durante años para mantenerse alejados el uno del otro.

—Yo solicité una habitación privada —dijo Malfoy casi como para él mismo—. ¡Lo último que esperaba era tener que aguantar a un roomie y menos a ti, cara rajada!

Dicho eso, se dio la media vuelta y dejó a Harry plantado ahí junto a su baúl de madera fina con las iniciales D. L. M. grabadas y bañadas con plata. Harry bufó. Malfoy seguramente había ido a gritarle a alguna desdichada secretaria.

Encogiéndose de hombros, Harry caminó hasta su propio baúl y lo abrió. Moría de ganas de ir a un bar a tomarse una cerveza antes de dar el largo día por finalizado y prepararse para su primera clase de la mañana siguiente. Además, salir a beber también le serviría para tantear el terreno y comenzar a anotar en una lista mental a las chicas lindas y disponibles que posteriormente podría llevarse a la cama. Sonrió mientras pensaba en eso y desempacaba; Malfoy y su berrinche desaparecieron completamente de su mente hasta que éste regresó una media hora después. Por el aspecto derrotado y furibundo que presentaba Malfoy, Harry dedujo que tendría que dormir durante tres meses de su vida al lado de un hurón rabioso e incluso peligroso. La idea no era atractiva, pero si eso implicaba un poco de diversión molestando a Malfoy, tal vez al final no fuera tan malo.

Malfoy, al contrario de Harry, no parecía ver el vaso medio lleno en la situación. Echaba humo por las orejas, era claro. Harry se enderezó en toda su estatura, plantó los pies en el suelo y esperó.

Ahí iban los dos.

—No hubo manera de arreglarlo —comenzó Malfoy en un tono fingidamente calmo—. Así les ofrezca dinero de más, insisten en que no hay habitaciones privadas. Dicen que la convivencia con otro compañero ayuda a forjar el carácter y es parte de la formación —espetó y soltó un bufido de incredulidad. Harry continuó esperando mientras Malfoy hacía una pausa dramática y lo miraba directo a los ojos—. Así que no veo otra solución a esto, Potter. Lárgate.

Harry se rió largo y tendido.

—Disculpe, majestad, pero si alguien se va, serás tú. Eres quien no quiere compartir, no yo.

Malfoy bufó más incrédulamente que antes.

—Oh, ¿y ahora intentarás convencerme de que te agrado tanto como para compartir cuarto conmigo? No me lo creo ni por un segundo, Potter. Sé que no es sólo el pasado que tenemos en común —dijo, y una sombra de algo que Harry no pudo identificar pasó por sus ojos—, sino también mi condición actual. ¿El gran playboy del mundo mágico durmiendo al lado de un ex mortífago marica? ¡Qué deshonra! Las brujas que se te echan a los pies se horrorizarán. Tal vez hasta quieran dejar de follar contigo. Dejarán de buscarte por creer que…

Se silenció y entrecerró los ojos, incapaz de finalizar la frase. Harry creyó adivinar de todos modos. Los últimos años había visto muy poco a Malfoy, pero leía el periódico de vez en cuando (Hermione le daba la lata de que tenía que hacerlo) y no se había perdido los escándalos protagonizados por la familia Malfoy ahora que Draco finalmente se había hartado de los intentos de Lucius por casarlo. Para librarse de su padre, Malfoy había salido ruidosamente del armario, dejándose tomar unas fotografías muy comprometedoras junto con un compañero de su Academia, justamente.

Harry, al contrario de muchos en el mundo mágico, no poseía prejuicios hacia los homosexuales y ni le iba ni le venía lo que Malfoy ni nadie hiciera con su vida. Pero que Malfoy se jodiera y creyera lo que le apeteciera. Si pensar que Harry era homofóbico lo hacía rabiar más, entonces Harry, sólo por molestarlo, le permitiría seguir creyendo tal cosa.

—Oh, cierto, tu condición —dijo en un falso tono despectivo que Malfoy se tragó—. Pues mira, Malfoy, aún a pesar de eso, yo no me largaré de aquí. Sé que en la aldea mágica no hay lugar para hospedarse, y en la Rotorua muggle seguramente todo estará lleno porque está comenzando la temporada alta del turismo. Así que me ahorraré la fatiga de salir a buscar otra cosa que además me quedará lejísimos de la Academia. Esta es mi cama, no te importa, ¿verdad?

Sonrió y se sentó al borde de la cama que había elegido antes.

Malfoy respiraba tan rápido que parecía tren de vapor.

—Potter, tú no quieres estar a mi lado. Lo digo en serio. Ex mortífago marica, ¿recuerdas?

Harry se encogió de hombros.

—Que yo sepa, ni lo uno ni lo otro se contagia, ¿cierto?

Malfoy entrecerró los ojos.

—Cierto, pero puedo brincar a tu cama durante la noche y violarte. Dolorosa y largamente. Y tomaré lo que ese rumor le hará a tu reputación.

Harry se rió abiertamente de los intentos desesperados de Malfoy por espantarlo.

—Muy buena, Malfoy. Aun así, no me voy. ¿Quieres que te ayude a desempacar tus calzones de seda y encaje? Como buen roomie, estoy aquí para lo que se te ofrezca.

Malfoy apretó los puños, miró hacia afuera del pasillo, resopló algunas veces más y pareció tomar una decisión.

—Bien. Muy bien. Seré yo quien se vaya. Estoy seguro de que en el pueblo conseguiré algo mucho mejor que esto y con el plus de que no tendré que verte la cara de zopenco cada maldito día de estos tres meses.

Sacó su varita y, con un movimiento furioso, levitó su baúl. Salió a grandes zancadas con su equipaje siguiéndolo. Harry se rió fuerte para que lo escuchara.

—¡Hasta nunca, Malfoy!

Oh, el dulce sabor de la victoria. Como ganarle al engreído la snitch en los viejos tiempos.


Conforme transcurrieron los días, la ilusión de pasar un "verano fantástico" fue desinflándose poco a poco. Las clases en las que Harry se había enrolado sí eran interesantes y absorbían toda su atención, pero por su mismo carácter de intensivas obligaban a estudiantes y profesores a pasar largas horas en las aulas y, posteriormente, a realizar montones de ensayos e investigaciones. No era fácil, pero Harry no había esperado que lo fuera. Lo único malo de todo aquello era que tanta actividad académica le dejaba cero tiempo libre para conocer la región y menos para salir a ligar.

Había conseguido salir a beberse dos o tres cervezas a los pubs cercanos a la Academia, y se había percatado de una terrible realidad: ahí, en Rotorua, los magos y las brujas eran demasiado chapados a la antigua (maoríes muy conservadores en su mayoría) como para permitir que sus jovencitas anduviesen por ahí con desconocidos. Los turistas, por su parte, eran adultos viajando con sus familias. Nada de estudiantes jóvenes y solteras pasando unas vacaciones salvajes en aquel rincón del mundo. Al menos, en la aldea mágica donde Harry vivía, no. Se consolaba con el hecho de que le faltaba pasearse por la zona muggle de Rotorua; seguramente ahí sí encontraría gente de mente más liberal. Era casi una norma en todos lados; por eso la mayoría de las chicas que se llevaba a la cama eran muggles, quienes, además, no lo buscaban por su fama. Así que, pensando en eso, soportó las largas jornadas escolares en las que, afortunadamente, sí estaba aprendiendo muchísimo.

Otra cosa buena era que, habiéndose deshecho de Malfoy, no había vuelto a verle la cara. En varias ocasiones había distinguido su cabellera rubia a lo lejos cuando caminaba por los corredores o por los jardines de la Academia, pero nada más. Ocasiones en las que había tenido que morderse las ganas de ir tras él para provocarlo y seguir burlándose de haber conseguido que se largara de su cuarto. No tenía idea de a dónde había ido a parar Malfoy, y trataba de convencerse de que no le importaba. A veces le remordía un poquito la conciencia, especialmente en aquellos días en los que los estudios eran tediosos y pensaba en lo divertido que habría sido tener al hurón a la mano para liberar tensiones acumuladas. Pero lo hecho, hecho estaba.

Mejor así, no fuera a ser que terminaran en un duelo y expulsados de aquella Academia, la cual no era tan permisiva como las de Inglaterra y cuyo estricto código de conducta provocaba que, un día sí y otro también, un alumno fuera expulsado de la manera más escandalosa y por cualquier mínima falta.

Una helada mañana de la tercera semana, el profesor de Herbología Medicinal se llevó al grupo a un estudio de campo. Después de haber repasado arduamente a todas las plantas mágicas endémicas de Nueva Zelanda, el profesor había decidido que estaban listos para salir al bosque a buscarlas. Todos iban eufóricos; los días de encierro e investigación los habían cansado lo suficiente como para alegrarse ante la perspectiva de una caminata incómoda e intensa entre la naturaleza.

Harry, a falta de ocasiones para salir, había concentrado todo su encanto y galanura en la única compañera de estudios digna de su atención: Calliope Jayden, una bruja de su misma edad procedente de América. La chica, menuda y delgada, no era la gran belleza pero le resultaba muy simpática. Harry, haciendo habitual despliegue de interés y cordialidad, había conseguido hasta ese momento ganarse su confianza como para ser compañeros inseparables en cada una de las clases. De ahí en adelante todo sería coser y cantar para terminar en la cama; entre más pronto, mejor, no fuera a ser que la chica se llevara una impresión equivocada.

Aquella mañana, ambos iban caminando juntos y un poco rezagados del grupo, el cual estaba desperdigándose por el bosque. Harry miraba a Calliope mientras ella repasaba la lista de las plantas que debían recolectar. La chica no era una obsesionada con los estudios como Hermione, pero le daba cierto aire que incomodaba a Harry. Él no era muy fan de ese tipo de mujeres; lo hacían recordar a su amiga y eso, cuando llevaba intenciones de tener sexo con ellas, lo hacía experimentar cierta culpa y una sensación de "incorrecto", como si estuviera cometiendo un tipo de incesto.

Sin embargo, siendo Calliope la única chica bonita de su clase y ante la aparente falta de oportunidades de conocer a otras mujeres disponibles, Harry se dijo que tenía que soportarlo.

—Debido al aislamiento geográfico, el ochenta por ciento de todas las plantas que están a nuestro alrededor son endémicas de Nueva Zelanda —exclamó Calliope sin levantar los ojos del pergamino—. ¿No es fascinante?

Lo era, ciertamente. Pero Harry no estaba haciéndole mucho caso porque una conocida mata de cabello rubio había pasado a lo lejos entre los árboles llamando su atención. ¿Qué andaría haciendo Malfoy por el bosque a esa hora de la mañana? ¿No debía estar en clase?

—A ver, tenemos que buscar kawa-kawa —continuó hablando Calliope sin percatarse de que Harry no la estaba escuchando. Éste se movía hacia un lado y hacia atrás en un intento de seguir a Malfoy con la mirada—. Esa es fácil, abunda. Y también necesitamos hojas y flores de manuka, raíz de lino y…

—¿Qué hay allá? —la interrumpió Harry.

Calliope levantó la mirada y la dirigió hacia donde Harry le señalaba. Allá, por donde Malfoy había desaparecido, una espesa cortina de neblina se levantaba desde detrás del bosque, llegaba hasta las nubes y se mezclaba con ellas, cubriendo grandes extensiones del cielo.

—Ah, eso. Son las termas de Waihuna, a las que sólo tienes acceso si cuentas con permiso de la Academia o de las autoridades de la aldea. Está oculta a los muggles y a los turistas. De hecho hay muchas pozas termales ocultas a los turistas —dijo y luego se rió—. Los maoríes los aguantan y les sacan dinero, pero no les gustan mucho.

—Supongo que a nadie en ningún país, ¿no? —dijo Harry distraídamente—. Los turistas son como un mal necesario que hay que mantener controlado —finalizó en voz baja mientras recordaba a las hordas de magos y brujas extranjeros que llegaban a Londres a contratar costosísimos tours que cubrían la ruta "Guerra Mágica: conozca los sitios donde nuestros héroes vencieron a Quien-no-debe-ser-nombrado", los cuales visitaban Hogwarts entre otras cosas y tenían a McGonagall vuelta loca. No dudaba que ahí en Nueva Zelanda los nativos se sintiesen igual—. ¿Qué tienen de especial esas termas?

Calliope también parecía distraída; se notaba que deseaba concentrarse en su tarea de recolección. Demoró unos segundos en responder la pregunta de Harry.

—¿Las de Waihuna? Oh, no estoy muy segura. Creo que hay algunas peligrosas que pueden resultar mortales si la gente cae en ellas, y otras que son usadas para sanar algunos males. Me parece que vamos a aprender al respecto cuando estudiemos sobre los tratamientos de lodo en la clase de Sanación Maorí, pero… ¿Harry? ¿A dónde vas?

—Tengo que ir a revisar algo, regreso en un momento. Adelántate, ¿quieres?

Harry, por una razón que estaba más allá de su comprensión, cedió ante el siempre estúpido y ancestral impulso de ir a investigar qué era lo que estaba haciendo Malfoy. Si hubiera visto más personas con él, Harry podía haber deducido que se encontraban en una investigación de campo como ellos, pero Malfoy andaba completamente solo. Había algo muy arraigado en el fondo de la mente de Harry que lo hacía sumar la ecuación "Malfoy" + "Merodeador Solitario" y obtener el resultado "Plan malévolo y perverso que no resulta en nada bueno".

Era absurdo que a esas alturas de la vida Malfoy estuviese haciendo algo incorrecto cuando daba la impresión de que todo lo que quería era terminar su carrera y que su padre lo dejara en paz, pero aun así… Harry no podía perderse la oportunidad de descubrirlo haciendo algo ilegal y, por qué no, provocar su expulsión de la Academia. Oh, eso sería fabuloso. Ron pondría a Harry en un altar.

Animándose con la idea, Harry sonrió y se apresuró hacia donde había visto desaparecer la cabeza de Malfoy. De todas formas, se dijo, si no conseguía atraparlo en un plan de dominación mundial o similar, quedaría la posibilidad de lanzarle un hechizo zancadilla para hacerlo caer en una de las pozas que, con un poco de suerte, podría dejarlo convertido en un gusarajo.

Harry atravesaba una densa zona arbolada cuando un golpe de humedad y calor le avisó que había llegado a su destino aún antes de ver las pozas. Siguió avanzando hasta que la vegetación cesó y dio paso a una gran extensión de lodo, arena y piedras de colores grises y pardos. Un intenso aroma a azufre casi lo noqueó. No pudo imaginarse que alguien viniera a un sitio tan feo y oloroso por puro placer. Llegó hasta una pequeña valla y la brincó limpiamente. Estaba convencido de que nadie lo descubriría; después de todo, era muy temprano y no se veía ni un alma en la zona. Nadie, excepto…

Malfoy. Lo vio a lo lejos. Estaba en cuclillas ante una de las pozas tomando algo de la orilla. Harry se acercó desde atrás lo más sigilosamente que pudo. Era difícil porque el suelo rocoso estaba mojado o lleno de lodo, y a cada paso sentía que resbalaba. A pesar de lo tenso del momento, no pudo dejar de admirar cómo cada una de las pozas era bien diferente a las otras: variaban en color, en claridad y hasta en aroma. Había unas que eran sólo lodo hirviente, y otras, agua casi cristalina. Todas ellas tenían un letrero de madera clavado en la piedra con palabras en maorí que Harry no podía entender. Estaba embobado observando una poza de apariencia particularmente peligrosa (agua de tono amarillo verdoso que emanaba vapores plateados), cuando Malfoy le habló.

—¡Potter! ¿Qué haces aquí?

Harry brincó y dio un paso hacia atrás. Se había descuidado tanto que no escuchó ni vio a Malfoy acercarse hasta que éste estaba de pie justo frente a él. Llevaba en la mano varias botellitas llenas de lodo y agua, las cuales parecían ser el motivo de su estadía ahí. Harry lo miró de arriba abajo mientras se recuperaba del susto: le molestó que Malfoy anduviera tan guapo y bien vestido (traía puesta una chaqueta muggle de diseñador, pantalón y botas de ésas especiales para hacer senderismo que cuestan un ojo de la cara), cuando él, en cambio, sólo se había puesto unos jeans desgastados y un suéter viejo. Le dieron ganas de burlarse de Malfoy por su pretenciosa manera de vestir, pero se abstuvo porque creyó que mencionarlo sería evidenciar que se había fijado en el atuendo del otro. "Demasiado gay", pensó, y de inmediato lo asaltó la idea de que Malfoy, siendo realmente gay, lo encontraría a él muy feo y vestido con muy mal gusto.

Ese pensamiento le molestó todavía más.

—¿Tú qué haces aquí? —preguntó a su vez—. Que yo sepa, Malfoy, para entrar a estas termas se necesita permiso especial de… de las autoridades.

Malfoy puso los ojos en blanco, se guardó el montón de botellitas en varios bolsillos de su chaqueta y sacó un pergamino. Lo agitó delante de la cara de Harry; éste no alcanzó a leer nada, pero supuso que se trataba del mencionado permiso.

—Ahora, ¿podemos ver el tuyo, señor metomentodo? —dijo Malfoy sonriendo sádicamente.

Era obvio que sabía que Harry no llevaba uno.

—Yo no necesito permiso porque venimos en grupo con el profesor —dijo Harry con rapidez. Echó un vistazo sobre su hombro esperando ver a sus compañeros ahí respaldándolo. Por supuesto, no había nadie ya que todos estaban lejos entre la vegetación.

Malfoy también miró hacia allá con fingido interés y luego meneó la cabeza sin dejar de sonreír.

—Oh, Potter —canturreó—. Me temo que a partir de esta noche el dormitorio que ocupas quedará libre para mí. ¡Espera un momento! ¿Qué es eso que apesta? —Malfoy levantó su respingada nariz y olfateó—. No, no es azufre. Es tu vergonzosa expulsión de la Academia sin haber terminado el curso de verano que tanta plata te costó.

Sonrió más malignamente.

—No te atrevas a ir de chismoso —ordenó Harry en un fingido tono enojado cuando la verdad era que estaba comenzando a asustarse—. ¡Malfoy, no tenemos once años! Ya estamos grandecitos como para…

—¿Como para acosarme? ¿Como para seguirme a donde no debes? —comenzó a soltar Malfoy con voz indignada. La burla de un momento antes quedó ahogada por una repentina furia—. ¿Como para querer atraparme haciendo algo "ilegal" sólo para perjudicarme? Merlín, Potter, ¿cómo puedes creer que yo, después de todo lo que he pasado, voy a…? —Se silenció y miró a Harry con desprecio—. Olvídalo. No vales la pena.

Malfoy pasó junto a él dándole un doloroso empujón con el hombro. Harry trastabilló y casi cayó en el agua amarillenta. Recuperó el equilibrio y corrió tras Malfoy.

—No me acusarás, ¿verdad? —le preguntó cuando estuvo a su lado. Malfoy sólo resopló y continuó caminando—. ¡Malfoy! Escúchame, yo sólo quería ver que…

Tomó a Malfoy del brazo para detenerlo y éste reaccionó con inusitada violencia.

—¡NO ME TOQUES! —gritó y se sacudió del agarre de Harry—. ¡No soporto que me toquen, Potter! ¡Y menos la gente como tú!

—¡Está bien! —gritó Harry a su vez levantando las manos en un gesto apaciguador—. ¡Pero escúchame! ¿Podemos llegar a un acuerdo?

—¡Por supuesto! —exclamó Malfoy—. ¡El acuerdo es que me dejarás el dormitorio libre esta misma noche! —dijo y procedió a seguir caminando hacia la salida de las termas.

Harry se horrorizó. Claro que Malfoy haría lo que fuera para vengarse después de todo lo que habían pasado. Tal vez si Harry no hubiese sido tan cretino en su último encuentro… Ahora tenía que arreglarlo, ofrecerle lo que quisiera.

—Mira, Malfoy —lo llamó mientras caminaba detrás de él, patinando en las piedras lodosas porque llevaba puestas unas sencillas zapatillas con suela de plástico. Malfoy no se detenía y lo seguía ignorando—. ¡Malfoy, escúchame! Te ofrezco lo que quieras a cambio… ¡Lo que quieras! ¡Lo digo en serio!

Malfoy se detuvo, se giró y lo miró a la cara, repentinamente interesado. Harry casi resbaló por detenerse a tiempo antes de chocar contra él. Tuvo unos pocos segundos para comenzar a temer por lo que fuera que Malfoy pensara pedirle, cuando una voz de mujer los interrumpió.

—¿Harry? ¿Qué estás haciendo ahí dentro? ¿Está todo bien?

Ambos se giraron hacia ella. Era Calliope, quien miraba a Harry y a Draco con el ceño fruncido. Obviamente, al igual que a Hermione, a esa chica tampoco le gustaría infringir las reglas y estaría molesta con Harry por hacerlo. Harry pensó distraídamente en lo aburrida que sería la vida con alguien así y se alegró de querer a Calliope sólo para pasar el rato. Entre más pronto se la llevara a la cama, más pronto se la podría quitar de encima y terminar con aquella amistad fingida. Levantó una mano hacia ella como para indicarle que todo marchaba bien.

—¡Voy en un momento, Calli! Espera afuera —le pidió en voz alta. Regresó sus ojos a Malfoy y lo encontró mirándolo con furia—. Como te decía, Malfoy, te ofrezco lo que quieras, pero por favor… Hagamos un trato. ¿Sí?

Malfoy lo observaba con dureza. Miró de reojo hacia Calliope, quien obedientemente se había quedado detrás de la cerca, y su rostro anguloso se contrajo en una mueca de amargura. Meneó la cabeza en un gesto negativo.

—No me interesa, Potter. Lo único que quiero es no volver a verte en la vida, si tal cosa fuera posible.

Le dio la espalda a Harry y comenzó a alejarse una vez más. Harry dejó salir una bocanada de aire que no se había dado cuenta de que estaba reteniendo y corrió detrás del engreído. Joder, eso ya estaba cansándolo. Estaba seguro de que hacía unos momentos Malfoy iba a pedirle algo, ¿por qué de pronto había cambiado de opinión?

—¡Malfoy! ¡Espera! —Llego hasta él y volvió a sujetarlo para detenerlo. Malfoy se volvió bruscamente, lo tomó fuerte del brazo y lo empujó.

—¡TE DIJE QUE NO ME TOCARAS!

Harry cayó hacia atrás; la fuerza del impulso sumada a la incapacidad de sus zapatillas para aferrarse a ese suelo resbaladizo, le volvieron imposible mantener el equilibrio. Cerró los ojos mientras esperaba golpear de espalda o de cabeza contra rocas, pero lo que pasó fue que se sumergió de lleno en agua extremadamente caliente. Gritó de dolor, pero su chillido sólo provocó que tragara agua de un gusto espantoso a huevos podridos. Afortunadamente no estaba muy profundo; Harry pudo incorporarse de inmediato y sacó la mitad superior del cuerpo con rapidez. Escupió, resopló y tembló cuando el aire helado de la mañana le congeló la ropa y la piel mojadas.

—¡JODER, MALFOY! ¿QUÉ DEMONIOS PASA CONTIGO? —bramó y se llevó una mano a la garganta porque su grito había salido con una voz más aguda de lo normal. De un manotazo se quitó el exceso de agua de la cara mientras se reacomodaba los anteojos que por suerte no se le habían caído. Miró hacia Malfoy y luego, un poco más lejos, hacia Calliope. Ambos lo observaban con la boca abierta—. ¡Malfoy, demonios, si contraigo un resfriado, te mataré! ¡Ayúdame en vez de quedarte ahí parado como idiota! —Carraspeó porque su voz no dejaba de sonar como de mujer—. ¿Qué es lo que me pasa? ¿Es algún virus mágico?

Malfoy pareció librarse de su estupor. Sacó la varita mientras Harry conseguía salir de la charca y se quedaba en la orilla temblando. Apuntó hacia Harry, y éste, muerto de frío, se rodeó con los brazos, pero los retiró de inmediato cuando sintió algo grande y blando enfrente de su pecho. Bajó la mirada y soltó un chillido muy indigno.

—¿QUÉ?

Fue todo lo que pudo articular. ¡Se había convertido en mujer! O al menos le habían brotado senos y su voz parecía de mujer. ¿Eso sería todo? Para comprobarlo, llevó la mano directo a su entrepierna y, al notar la ausencia de cierto órgano, se horrorizó y gritó más.

—¡SOY UNA JODIDA MUJER!

Enfrente de él, Malfoy puso los ojos en blanco.

—¿Podrías dejar de hacer drama y permitir que la gente sensata te ayude, Potter? ¡Y DEJA DE TOCARTE AHÍ!

Harry no podía dejar de tocarse ahí. No podía creer que eso estuviera pasándole a él. Y definitivamente, no podía dejar de tocarse ahí. Sobre todo porque no era sólo la ausencia de su apreciado paquete, sino la sustitución del mismo por algo definitivamente más femenino que un par de tetas copa C. Aunque eventualmente tuvo que dejar de toquetearse porque Calliope se acercó hasta ellos, y una cosa era manosearse delante de Malfoy y otra hacerlo enfrente de su futuro ligue. Calliope lo vio de pies a cabeza y sonrió incómodamente. Parecía asustada pero también divertida.

—¡Caray, Harry! —dijo ella mientras se paraba al lado de Malfoy—. ¡Pero qué chica tan buena estás hecha! Te juro que eres más guapa que yo. ¿Quién lo hubiera creído?

Malfoy resopló burlonamente y Calliope lo miró con los ojos entrecerrados. Malfoy también la observó de manera desagradable: por alguna razón, la chica parecía no caerle nada bien. Harry frunció el ceño y se abstuvo de decir algo grosero porque no quería perder una futura oportunidad de acostarse con ella. Seguía temblando de frío ya que ninguno de los dos pazguatos que tenía enfrente parecía recordar que eran magos con varita y que podían ayudarlo a recobrar su calor corporal. Volvió a abrazarse y a gritar cuando percibió los senos otra vez. Por culpa del frío se le habían marcado los pezones y estaban terriblemente sensibles al tacto. ¡Qué cosas tan espantosas! Harry no tenía idea de que traer tetas puestas fuera así de molesto.

—Soy Calliope, estudiante de sanador en América—se presentó Calli—. ¿Y tú?

Malfoy apretó los labios antes de responder.

—Draco Malfoy. Pociones. Reino Unido.

—Ah. Mucho gusto. ¿Harry y tú ya se conocían?

Malfoy asintió levemente con la cabeza.

—Algo así.

—Oh, Dios mío, excelente momento para presentaciones —gimió Harry y decidió buscar él mismo su varita ya que nadie parecía dispuesto a ayudarlo a nada, ni siquiera a secarle la ropa. Sin embargo, los dedos le temblaban y tenía agua y lodo por todos lados, lo que dificultaba la tarea. Malfoy lo vio y soltó una risita mientras le apuntaba con su varita y murmuraba algo que sonaba como "Reinona del drama".

¡Finite incantatem! —dijo Malfoy pero no pasó nada. Ni pasó las siguientes ocho veces más que Malfoy y Calliope lo intentaron. Al final, Calliope se apiadó de Harry y en vez de un finite le aplicó un tergeo que le secó la ropa y el pelo que ahora le llegaba por debajo de los hombros. Jamás había tenido el cabello así de largo, ni siquiera cuando andaba de escapada en tiempos de Voldemort.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no pueden regresarme mi cuerpo? —chilló Harry con esa voz aguda que estaba odiando con ganas. De Malfoy podía esperarse que no estuviera tratando en serio de ayudarlo, pero, ¿de Calliope? Ahí estaba pasando algo extraño.

—Bueno, es obvio que se trata de una maldición que necesita algo más que un finite para eliminarse. ¿Cuál poza es esta? Es que todas son diferentes —dijo Calliope mientras miraba hacia el letrero de madera apolillada que estaba a un par de metros de ellos—. Mmm, está todo en maorí. No sé leerlo, ¿y ustedes?

—Yo sé —dijo Malfoy después de una breve pausa. Harry intentó hacer caso omiso de la admiración y la envidia que inundaron su ánimo. ¿Quién demonios sabía leer maorí? Seguramente alguien que también leía y hablaba otros veinticuatro idiomas. Figúrate. Calliope y Harry esperaron pacientemente los segundos que Malfoy tardó en leer el letrero—. Dice: "Kia tupato i te wai", cuidado con el agua. "Kanga te whiu o te huringa"… ¿Maldición-castigo del cambio?

—¿Maldición-castigo? Y bueno, ¿no todas las maldiciones son castigos? —preguntó Harry, quien en serio estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no dejarse dominar por el pánico. Ya llevaba diez minutos o más en ese cuerpo de mujer y la experiencia estaba resultando espeluznante, por decir lo menos.

—Castigos, sí —respondió Malfoy quien todavía miraba el letrero—. Pero, ¿merecidos? Yo creo que a eso se refiere, a que el castigo recibido aquí es algo merecido —dijo con una sonrisa en la cara tan grande que no habría habido necesidad de que saliera el sol aquella mañana para iluminar el firmamento.

—No tienes que estar tan feliz por esto, Malfoy —masculló Harry con su nueva voz femenina.

—¿Y por qué no? Eres un patán, me seguiste a donde no debías por las razones equivocadas y ahora estás pagándolo. En lo que a mí respecta, todo está perfecto y me siento bastante en paz con el Universo —dijo Malfoy y sonrió más descarado. A Harry le picaban los dedos por agarrar su varita y callarlo—. Creo que te he ayudado bastante sirviéndote de traductor. Así que, con tu permiso, me retiro. Tengo clases que atender. Feliz día, Potter. Cuidado si decides ponerte zapatos de tacón alto; si con zapatillas resbalas, no quiero ni imaginar qué sería de ti con esos.

Riéndose entre dientes, Malfoy se alejó de ahí dejando a Harry a solas con Calliope. Por alguna extraña razón, Harry experimentó un curioso y abochornante sentimiento de abandono.

Quiso abrazarse para reconfortarse un poco, pero aquellos senos endiablados volvieron a cruzarse en su camino y, por tercera vez, gritó y bajó los brazos. Calliope lo miró un tanto indignada.

—De veras, Harry, no es para tanto. Te acostumbras al peso y al bulto. Supongo. Sólo que… digo, si vas a estar mucho tiempo así, tal vez te convenga comprarte un sostén. Te prestaría uno, pero no creo que te quede. Eres más grande que yo —dijo mirándolo fijo a las tetas. Soltó una risita—. ¡Qué conversación tan bizarra! En fin. ¿Quieres que vayamos de compras?

Harry gruñó y la fulminó con la mirada.