—Como os iba diciendo tenemos la avaricia, la lujuria y la soberbia. Otro de los pecados es la ira—continuó explicando la señorita Potts— ¿Peter me estás escuchando?—preguntó levantando la voz.

Peter, que jugueteaba con sus dedos encima de la mesa, dió un respingo y miró a la catequista con extrañeza, como si hubiera aterrizado en la clase en ese momento.

— ¿De qué pecado estamos hablando ahora, Peter?

El niño se encogió de hombros.

—¡De la ira!—se enervó la profesora. Peter nunca le hacía caso, tenía el don de sacarla de sus casillas.

—Entonces no se enfande mucho, que es un pecado— respondió el querubín descaradamente.

Lucy se río disimuladamente tapandose la mano con la boca, y justo en ese momento le vino una escena a la memoria.

Lucy se encontraba sentada en el pasillo de la casa de su tía Hermione, con la espalda apoyada en la pared, concentrada en pasarese uno de los niveles más difíciles del Super Mario. Le había tomado prestada- sin permiso- la consola a su hermana y por eso se había colocado en ese lugar. Ese asentamiento era un lugar estratégico, se encontraba justo al doblar el pasillo, de manera que la gente que salía de la cocina no podía verla, pero ella sí podía oírlos, y si se inclinaba un poco hasta podía verlos, lo que le daba el tiempo justo para escabullirse a la habitación de Rose y dejar la consola de Molly en su mochila.

Dirígía a Mario a través de un río de lava cuando unas pisadas la sobresaltaron, a la velocidad de la luz apagó la consola y la tiro en la mochila de Molly-que reposaba sobre la cama de Rose- para luego esconderse debajo de esta. Contuvo la respiración. No tenía ganas de que su hermana descubriera que había vuelto a jugar con su "maquinita" sin permiso

Aunque lo que esperaba era ver a Molly y a Rose entrar en la habitación, lo que vió fueron los zapatos de Fred y James, así como unos sonidos misterios seguidos de grandes carcajadas. De pronto alguién más penetró en la habitación, por los gritos enseguida se dió cuenta quién se tartaba, era Rose.

¡¿Se puede saber que le habeis hecho a mis cosas?!

Tus cosas eran un completo muermo, así que hemos hecho que sean mucho más divertidas cubierndolas con moco de trol — se mofó James

Hubo un intenso silencio en la habitación y Lucy deseó salir de debajo de la cama para ver que estaba sucediendo, pero no se atrevió, por miedo a despertar aún más la ira de su prima.

¡Locomotor Mortis!— sentenció Rose, y Lucy comprendió al momento lo que iba a pasar. Desde su escondite pudo ver como James y Hugo salían de la sala dando saltitos y pudo corrobar que estaba en lo cierto. Rose había utilizado el hechizo de las piernas pegadas— Sal de ahí Lucy

Lucy no comprendía a acertar como su prima había averiguado que estaba allí, pero se apresuró a obedecer, quería seguir pudiendo separar sus dos piernas.

¿Tienes algo qué decir? — preguntó su prima con la cara todavía roja y los ojos chispeantes.

Lucy hizó acopio de toda su valentía y murmuró:

No se permite hacer magia fuera de Hogwarts

Eso es asunto mío, tu no te chives y quizás cuando tengas varita te enseñé a hacer este hechizo. ¿Entendido?

Lucy asuintió con la cabeza y se fue corriendo a la cocina a buscar a Hugo, prefería estar lo más lejos posible de su vengativa prima. Por ella que no se preocupara que no se iba a chivar, no quería ser el objeto de enfado de la malhumorada Rose.