Sí, lo sé, hace literalmente años que no actualizaba esta historia y lo siento mucho, pero he estado muy liada. Supongo que más vale tarde que nunca, ¿no? Como veis, no la he abandonado. No tengo intención de abandonar ninguna de mis historias cueste el tiempo que cueste acabarlas.

Este capítulo es más corto que los habituales pero quería subir algo para dejaros saber que no he abandonado la historias después de tanto tiempo. Muchas gracias a todos por vuestros reviews y por seguir esta historia.

Prometo que responderé a vuestros reviews en el próximo capítulo, porque no puedo hacerlo ahora mismo. Últimamente cada vez que me he conectado apenas he tenido tiempo para subir un nuevo capítulo de alguna historia, pero os prometo que en el siguiente capítulo responderé (y espero tardar menos).

Oh, por cierto, sí, Pícara es Rogue. Perdona la confusión. Si hay alguien más que lo necesite podría subir una lista con los nombres en el siguiente capítulo o podéis encontrar la información en la wikia.

Espero que os guste el nuevo capítulo y muchas gracias por todos vuestros ánimos para continuarla.

Capítulo 6

Harry bajó la mirada y soltó una risita. Ver un pollito de fénix bostezando era algo realmente cómico, y muy dulce.

Acarició suavemente la cabeza de Firhaund y se puso de pie.

—Creo que nosotros deberíamos irnos ya.

Al instante, Coldwing voló hasta su hombro desde su lugar junto a Kitty.

—Sí, creo que todos deberíamos. —estuvo de acuerdo el profesor. —Mañana comienzan las clases.

Los estudiantes gimieron y Logan gruñó, lo que hizo que Harry alzara una ceja.

—¿Estás seguro de que no quieres tomar alguna clase, Harry? Podrías probar alguna primero.

—Le agradezco la oferta y le prometo que la tendré en cuenta, profesor, pero por ahora preferiría no tener que estudiar.

El profesor asintió con una pequeña sonrisa de satisfacción y se despidió de todos, que fueron saliendo poco a poco.

Coldwing pió como despedida y volvió a desaparecer con un estallido de esquirlas de hielo.

Atrajo un poco más al pequeño Firhaund y siguió a los otros en silencio. Los estudiantes aún hablaban de los fénix y trataban de adivinar qué clase de seres serían Fred y George con entusiasmo cuando se separaron.

Habían cenado todos juntos en el despacho del profesor para poder disfrutar de la presencia de los pájaros un poco más y, desde que había dicho el nombre de sus otros dos familiares, no habían parado de nombrar criaturas.

Por supuesto, ninguno de ellos se había acercado siquiera a la realidad.

Los profesores siguieron subiendo hasta el tercer piso. Tormenta se despidió la primera y subió al ático para regar sus plantas.

Scott y Jean fueron los siguientes en despedirse y Harry advirtió que Lobezno era el único que quedaba.

Imaginando que Logan tenía la intención de volver a retenerlo, se apresuró a imitarlos y entró deprisa a su habitación sin esperar respuesta, cerrándole la puerta en la cara a un malhumorado mutante.

Una vez dentro, suspiró de alivio y se dejó caer sobre la cama. Un sonido de protesta le hizo levantarse de un salto y encender la luz.

—Finkey, lo siento. —murmuró alargando la mano en la que no estaba Firhaund.

La pequeña bola de pelo siseó airadamente, pero no rechazó la caricia.

Echando otra mirada alrededor, notó que el puffskein no era el único que había encontrado el camino hasta su habitación.

Wildmoon estaba tumbado a los pies de la cama con Silena, Selina y Serena; la serpiente de tres cabezas, enroscada a su lado.

En el cabecero de la cama también estaban posados Aqua, Snitch y Coldwing.

—Esperad un segundo. —indicó dejando a Firhaund junto al puffskein.

Se acercó a su baúl y lo abrió, sacando de él todo lo necesario para sus familiares. Solo tuvo que devolver su tamaño a los objetos encogidos y colocarlos.

Puso primero las perchas de Firhaund y Coldwing y colocó al pollito en la suya. Coldwing voló hasta él y levantó un ala, lo que el polluelo aprovechó para acurrucarse en su contra.

Después colocó la percha de Snitch y la de su lechuza, que no debería tardar en llegar, junto a la ventana. También puso una percha que tenía un nido en forma de lágrima en la cima al que Aqua se apresuró a entrar.

Volvió al baúl y sacó una pequeña manta que puso sobre la mesita. Finkey empezó a dar saltos y se le acercó botando, con lo que Harry lo cogió y lo dejó sobre la manta.

Un agudo chillido le hizo alzar la cabeza justo a tiempo de ver un pequeño ser alado abalanzarse y esconderse entre los pliegues de la manta.

—Hola, Sisí. —saludó a la pequeña hada.

—¡Harry!—chilló con su aguda voz asomando la cabeza.

Harry sonrió, reconociendo la palabra como una de las pocas que el ser conocía. Acarició su cabellera con un dedo y se tumbó de nuevo en la cama.

—Wildmoon. —llamó al perro.

El animal se alzó alegremente y se tumbó junto a él. Harry sabía que lo habría hecho de todas formas, puesto que siempre lo hacía sin permiso.

Oyó el susurró provocado por la runespoor al deslizarse hasta enroscarse en el cabecero. La serpiente tricéfala lo ignoró, estando aún molesta por haber estado lejos de él casi dos días.

Esas tres cabecitas ya habían demostrado poder ser de lo más rencorosas. Y sobreprotectoras.

—Buenas noches. —siseó sabiendo que todos lo entenderían.

Dirigió su mirada al interruptor de la luz y usó su magia para apagarlo, alegrándose de tener suficiente precisión en el uso de su magia para que esta no friera el circuito.

XXX

Logan gruñó entrando a la cocina. Odiaba madrugar y odiaba las mañanas.

«Aunque no estarían tan mal si todas empezaran viendo lo mismo que ahora.» pensó.

El chico estaba sentado de espaldas a la puerta, por lo que solo podía ver una revuelta mata de pelo negro.

Llevaba una camiseta de manga corta que dejaba a la vista unos brazos bien definidos, aunque no demasiado musculosos, y una larga cicatriz vertical en su antebrazo.

Al fijarse mejor, notó que tenía varias cicatrices más, pero no eran tan visibles como aquella otra.

Debió de hacer algún ruido, porque el joven se tensó ligeramente, aunque siguió sin reconocer su presencia. ¿Hasta cuándo duraría eso?

Logan frunció el ceño con molestia y rodeó la isla de la cocina antes de sacar un taburete y sentarse frente a él.

—Tú no tienes clases, así que ¿cuál es tu excusa? ¿Eres madrugador?

El chico bebió un sorbo de lo que parecía y olía a té y lo miró.

—Algo así. No estoy acostumbrado a levantarme tarde.

Logan se encontró mirando directamente a esos ojos verdes como joyas y de nuevo tuvo la sensación de estar mirando a los ojos de alguien mayor.

El joven apartó la mirada y Logan se fijó por primera vez en una cicatriz en forma de rayo en la frente del adolescente.

El pelo debía de haberla estado tapando los últimos días, porque no la había notado.

—¿Cómo te hiciste esa cicatriz?—preguntó señalando con la mirada.

La mano del adolescente se alzó inmediatamente y cubrió la marca. El chico sonrió, pero sus ojos se ensombrecieron ligeramente.

—Oh, eso, no es nada.

—¿La de tu brazo tampoco?

El chico miró el interior de su brazo y resopló.

—La del brazo… No, esta cicatriz es… de una pelea. No tiene importancia, fue hace mucho tiempo.

Logan alzó la ceja, una expresión que no se dio cuenta de que ambos compartían, pensando otra vez que el joven debía de tener una extraña definición del tiempo, pero lo dejó pasar.

—Eres de Inglaterra, ¿verdad?

—Sí, y antes de que lo preguntes, de Londres.

El mutante torció un poco los labios, divertido.

—¿Te has metido en mi cabeza?—preguntó con humor.

—No, no me gusta que la gente intente entrar en mi mente, así que respeto la de los demás. Simplemente haces preguntas muy predecibles.

Logan decidió ignorar la pulla y siguió mirando fijamente al adolescente, que se revolvió con inquietud.

—¿Tengo algo en la cara?—preguntó algo nervioso.

—Unos ojos preciosos. —soltó Logan sin pensar.

El chico se sonrojó inmediatamente y apartó la mirada.

—Entonces, —murmuró aclarándose la garganta para cambiar de tema y decidiendo ignorar el comentario sobre sus ojos. — ¿qué clase enseñas?

—Defensa. Es prácticamente educación física. —gruñó recordando el motivo de que hubiera tenido que madrugar.

—Así que defensa. —repitió el chico, sus ojos brillando con humor en alguna broma interior. —¿Y qué es lo que hacéis?

Logan lo miró con incredulidad. ¿Cómo no iba a saber lo que se hacía en esa clase?

—Dejé la escuela muggle a los once años, Logan. —le recordó el joven al notar su mirada.

— ¿Y no diste educación física antes de los once años?

— ¿Es que hacéis lo mismo que niños menores de once años? —respondió Harry alzando una ceja.

Lobezno resopló, pero le explicó lo que había pedido. El adolescente escuchó atentamente sin interrumpir, pareciendo especialmente interesado en la Sala de Peligro.

—Seguro que al profesor no le importará dejar que la uses. —comentó deseando ver cómo se desenvolvía en una pelea.

Harry soltó un bufido, pero no lo contradijo. Ambos sabían que el profesor estaba lo bastante interesado en él y su mundo como para dejarle cualquier cosa que pidiera.

—Supongo que tendré que pedírselo en algún momento. Ahora creo que será mejor que vaya a dar de comer a mis familiares. —anunció terminando el té y levantándose.

—Y yo tengo una clase que dar. —gruñó Logan.

XXX

Harry caminaba silenciosamente por los desiertos pasillos de la escuela. Había pasado la mañana en el establo, lamentando que las clases hubieran empezado.

Sus nuevos amigos saldrían a comer en un rato y luego tendrían una hora libre antes de la siguiente clase.

Iba tan distraído que no vio al hombre que venía de frente hasta que chocó contra él.

—Lo siento, no miraba por donde iba. —se disculpó dando un paso atrás para recuperar el equilibrio.

Harry levantó la mirada y se encontró mirando a un joven alto y, debía reconocer, bastante apuesto. Tenía el cabello castaño que le llegaba hasta los hombros, un cuerpo atlético y una fuerte presencia.

—No te preocupes. —respondió el hombre con un acento que le recordó dolorosamente a Fleur. —Remy tampoco miraba. ¿Estás bien?

Harry asintió y sonrió un poco.

— ¿Eres nuevo aquí? Remy no te había visto nunca…

—Eh, sí, llegué este fin de semana. Por cierto, soy Harry.

—Ah, tu eres del que todos hablan. —dijo el hombre divertido. —Remy LeBeau.

—Un placer, señor LeBeau…

—Remy. Solo Remy. —interrumpió el mutante. —Y el placer es mío, ma beau.

Harry se sonrojó un poco ante las palabras y la encantadora sonrisa de Remy, pero se obligó a controlarse y sonreír.

—Los amigos de Remy sonaban impresionados contigo. ¿Puede Remy preguntar cuál es tu habilidad?

—Oh, tengo muchas habilidades. —bromeó con aire seductor.

— ¿Vas a enseñarle alguna a Remy? —preguntó el hombre con el mismo aire seductor.

—Es posible. —respondió con más seriedad. — ¿Puedo preguntar yo cuál es la tuya?

Remy sonrió y sacó un mazo de cartas. Para sorpresa de Harry, empezó a hacer un truco sobre encontrar la carta escogida al principio que le hizo pensar en los "magos" muggles. Tras fallar dos veces, Harry colocó un simple hechizo de seguimiento en la siguiente carta que escogió.

Cuando volvieron a llegar a la parte en que debía encontrarla, fingió hacer un puchero.

—Oh, pero eso es trampa. La tienes en la chaqueta.

Por un momento, el mutante lo miró sorprendido y acabó mirándolo con curiosidad.

—Tienes buen ojo. La gente no ve los trucos de Remy.

Harry sonrió levemente y se encogió de hombros.

—De todas formas, sigo sin entender tu poder. —confesó Harry.

—Ven. —murmuró Remy tras mirar a su alrededor.

Harry lo siguió con curiosidad hasta que llegaron a una ventana y vio que Remy buscaba algo.

—Al profesor no le va a gustar. —suspiró.

Sin embargo, el hombre sonreía. No debía de estar demasiado preocupado por lo que el profesor Xabier fuera a decirle.

El mago lo miró confundido cuando el mutante cogió una carta y la lanzó por la ventana. Al seguirla con la mirada, vio que chocaba contra una papelera y explotaba.

Harry tuvo que contener un respingo ante el sonido, pero se giró hacia Remy con una enorme sonrisa que el cajún devolvió.

—Supongo que lo que el profesor no sepa… no le hará daño. —susurró Harry antes de mover la mano en dirección a la papelera y lanzar un simple "reparo".

Remy vio la papelera recomponerse por sí misma y abrió mucho los ojos antes de devolverle la sonrisa.

—Esa habilidad será útil por aquí. Todo el mundo rompe cosas.

Por su mirada, el mutante había oído los rumores sobre su habilidad para manipular la gravedad, la cual no tenía ninguna clase de relación con lo que acababa de demostrarle, y se preguntaba qué era exactamente lo que podía hacer.

Harry sonrió, decidiendo que el apuesto cajún era alguien a quien le gustaría llegar a conocer mejor. La verdad era que le recordaba un poco a Tonks.

— ¿A dónde ibas antes de chocar con Remy?

—Oh, a la enfermería. —respondió Harry recordando su intención al regresar a la mansión. —Jean obligó a Scott a quedarse allí para comprobar que todo iba bien.

—Sí, he oído que fuiste capaz de ayudar a Cíclope con su poder.

—No hice mucho. —murmuró Harry humildemente.

—Remy está seguro de que Scott y los demás no estarían de acuerdo. —Remy sonrió con diversión ante el sonrojo del joven. — ¿Recuerdas cómo llegar a la enfermería?

—Aún no he estado allí. —respondió el mago agradecido por el cambio de tema.

—Entonces permite que Remy te muestre el camino.

XXX

—Scott, ¿cómo te encuentras?

El normalmente estoico hombre le dedicó una pequeña sonrisa.

—Me encuentro bien, Harry. Jean ha revisado mis ojos y dice que la membrana parece resistir.

—Me alegro de oírlo, Scott. —respondió Harry con una sonrisa sincera. — ¿Te importa si les echo un vistazo con mis poderes? Solo por precaución.

—No, claro que no. Adelante. ¿He de quitarme las gafas o…?

—No, no, no es necesario.

Harry se acercó y colocó sus manos en las sienes del mutante. Cerrando los ojos para concentrarse mejor, comprobó que Jean tenía razón. La membrana era fuerte.

Cuando abrió los ojos, vio que la mirada de Scott alternaba entre él y Remy.

—Veo que ya has conocido a Remy.

—Sí, nos… tropezamos de camino aquí. —respondió Harry encogiéndose de hombros y viendo a Remy sonreír con diversión.

Scott los miró extrañado ante la sorprendente camaradería que parecían compartir, pero optó por no decir nada.

— ¿Dónde está tu chère, mon ami? —preguntó Remy. —Remy pensó que no te dejaría solo.

—Jean está… —el hombre se detuvo, indeciso, y pareció buscar la palabra adecuada. — ocupada.

En ese instante, Scott no supo que le asustó más. Jean entrando por la puerta con una mirada alocada o Remy y Harry alzando las cejas a la vez en respuesta a su elección de palabras. Francamente, ambos hechos auguraban problemas en un futuro próximo.

— ¡No hay nada! He usado escáneres, tacs, y he hecho todas las pruebas que he podido pensar y todas dicen lo mismo: ¡no hay nada!

— ¿De qué estás hablando, Jean? —preguntó Harry.

Jean se giró hacia el joven con ojos acusadores y Scott tuvo que contener una mueca de simpatía.

— ¿De qué estoy hablando? ¿De qué crees que estoy hablando? Hablo de lo que fuera que hiciste anoche para ayudar a Scott. He hechos todas las pruebas imaginables y todas dicen que no hay nada más que la membrana natural de sus ojos conteniendo sus rayos, ¡pero eso es imposible! Se habrían desintegrado de nuevo. Y, sin embargo, mis pruebas no muestran lo que quiera que sea que tú hiciste. Es…

—Jean. —la interrumpió Harry. —Olvídalo.

—Pero…

—No, Jean. Escúchame. Si tratas de explicar mi mundo mediante vuestras leyes científicas te volverás loca. Mi gente no se encuentra sujeta a vuestras leyes. Nuestras habilidades van más allá de lo que dicta vuestra lógica y, si intentas restringirlas, limitarlas, te volverás loca.

—Pero eso no es posible, Harry. Eso no es ciencia, es magia. Y la magia no existe.

— ¿Estás segura?—no pudo evitar preguntar Harry.

— ¡Por supuesto!

—Entonces, Jean, no tardarás en descubrir que el mundo es mucho más grande de lo que tú pensabas.

Con esas últimas palabras, Harry se despidió y salió de la enfermería.

XXX

— ¡Harry, espera!

Harry se detuvo en mitad del pasillo y esperó a que Remy lo alcanzara.

—Cualquiera diría que pretendías huir de Remy, chère.

—Lo siento, Remy. —se sonrojó Harry. — No era mi intención dejarte atrás de esa forma. Fue muy amable de tu parte mostrarme el camino a la enfermería y ha sido una forma muy grosera de agradecértelo.

—No tienes que darle las gracias a Remy, chère. Fue un placer para Remy poder ser de ayuda. Remy solo estaba preocupado.

— ¿Preocupado por qué? —preguntó Harry con curiosidad.

El apuesto mutante frunció el ceño y torció los labios, como si estuviera decidiendo cuál sería la mejor forma de explicar sus pensamientos, y Harry esperó con paciencia.

—Remy vivió mucho tiempo en Nueva Orleans. —comenzó para confusión del joven. —Y vio muchas cosas allí. Cosas que muchos no creen.

Harry seguía sin entender a dónde quería ir a parar y debió de notarse en su cara porque Remy resopló, alzando los ojos hacia el techo.

—Voodoo. —Harry lo miró con sorpresa. —Lo que dijiste en la enfermería… Remy sí cree en la magia, chère. Remy ha visto demasiado como para no creer. Y a Remy no le gustaría que te pasara algo por jugar con cosas que nadie debería tocar. La magia negra es peligrosa, ma chérie.

Harry apenas pudo evitar sonreír enormemente al mutante. Por un momento había llegado a pensar que estaba preocupado porque pensaba que Harry podía suponer un peligro para la escuela, lo cual era cierto. El mago podía serlo, si quisiera. Pero en realidad, Remy, a quien apenas acababa de conocer, estaba preocupado con él.

—Te prometo que puedes estar tranquilo, Remy. No es lo que estás pensando. No se trata de voodoo.

El apuesto cajún asintió algo aliviado, pero luego frunció el ceño y bajo la mirada al suelo.

—Lo que Remy intenta decir es que si alguna vez necesitas alguien con quien poder hablar y que te crea… Remy está aquí para escuchar.

Harry sonrió con dulzura, algo que no había hecho desde hacía muchos años. Desde que Teddy era solo un niño. Y de eso hacía ya mucho tiempo.

Había algo extraño en Remy, algo tan reconfortante, que Harry se había sentido cómodo con él desde el primer instante. Y, al parecer, el cajún se había sentido igual.

El apuesto mutante colocó una mano en su mejilla y acarició su pómulo con un dedo.

—Gracias, Remy. Te prometo que si alguna vez necesito hablar, te buscaré.

El hombre asintió levemente y estaba a punto de separarse del joven mago cuando oyeron el sonido de alguien aclarándose la garganta.

Remy simplemente dejó caer su brazo, pero Harry se sobresaltó y dio un apresurado paso hacia atrás, con lo que Remy tuvo que inclinarse hacia delante para sujetarlo y así evitar que cayera al suelo.

— ¡Logan! Me has sorprendido, ¿qué haces aquí? ¿No tenías que dar una clase? —preguntó Harry cuando hubo recuperado el equilibrio y dado las gracias a su nuevo amigo.

—Las clases terminaron hace un par de minutos. —respondió Lobezno. —Así que ya has vuelto, Gambito. ¿Vas a quedarte por mucho tiempo?

— ¿Gambito? —repitió el mago, sorprendido.

—Es el nombre mutante de Remy. —explicó Remy guiñándole un ojo. —Y quizás. Remy solo venía por unos días, pero creo que tiene motivos para extender su estancia.

Harry no pudo evitar reír un poco cuando Remy lo miró con una sonrisa pícara y moviendo las cejas arriba y abajo.

— ¿Es que siempre tienes que intentar ligarte a la cosa que se mueve más cercana? —preguntó Logan alzando una ceja y sacando un puro de su chaqueta.

Harry frunció el ceño, si en respuesta a ser llamado cosa o la vulgar pregunta del X-Man nadie lo sabía.

—Remy nunca lo intento contigo, ¿verdad? —fue la única respuesta del cajún.

Logan los miró inescrutablemente unos instantes antes de simplemente darse la vuelta para marcharse. Ningún comentario sarcástico, ningún ofrecimiento de pelea… Nada de lo que Remy había aprendido a esperar de su viejo amigo. Si es que a lo que tenían podía llamársele amistad.

Harry parpadeó, sorprendido por la abrupta partida de Lobezno, y notó que Remy miraba entre ambos con una expresión pensativa.

— ¿Qué?

—Nada, nada, chére. Solo que Remy no está acostumbrado a que Lobezno se comporte de forma tan… civilizada.

Harry rio.

—Sí, imagino que esa no es una palabra que la gente asocie a menudo con Logan. ¿Os conocéis desde hace mucho?

—Unos años. Él necesitaba ayuda y Remy era el único que podía dársela. No fue un comienzo especialmente amistoso. —respondió Gambito con sinceridad.

Harry asintió con comprensión y decidió cambiar de tema. Sin dudarlo, le propuso al mutante que hablara con el profesor, igual que había hecho con Bobby y los demás. Sin embargo, Remy simplemente sacudió la cabeza.

— ¿Ocurre algo?

—Remy no quiere que el profesor le cuente nada.

— ¿Por qué no?

—Remy quiere que seas tú quien se lo cuentes, cuando quieras.

—Podría tardar meses.

—Remy puede esperar. —dijo encogiéndose de hombros.

— ¿No sientes curiosidad?

—Remy siente mucha curiosidad, pero ha vivido hasta ahora sin saberlo. Remy puede seguir viviendo sin saberlo hasta que tú decidas contárselo.

Harry lo miró con una sonrisa asombrada. Remy ni siquiera parecía darse cuenta de lo mucho que sus palabras significaban para el mago.

— ¡Harry! ¡Aquí estás!

Ambos hombres se giraron para ver a Kitty caminando hacia ellos con paso apresurado.

—Hola, Kitty.

—Hola, Harry. La profesora Munroe te está buscando.

—Por supuesto. Estaré allí en un minuto.

Kitty asintió e iba a darse la vuelta para marcharse cuando pareció notar por primera vez la presencia del otro mutante.

—Oh, hola, Remy. No sabía que ya habías vuelto. Supongo que eso explica el mal humor de Logan. —murmuró la chica encogiéndose de hombros como si fuera lo más normal del mundo.

—Hola a ti también, Kitty. —respondió Remy con una sonrisa encantadora. —Quizá podrías decirle a ma chérie dónde encontrar a Tormenta antes de irte. Así Harry no tendrá que buscarla.

La chica se sonrojó un poco ante su despiste.

—Claro, está en el patio trasero. Creo que quiere presentarte a alguien.

—Gracias. —respondió Harry con curiosidad sobre quién podría ser ese alguien.

—No hay de qué. ¿Te veré en la comida?

—Por supuesto. Te veré en…

—Veinte minutos. —terminó ella cuando el mago no supo ni siquiera qué hora era.

—Exacto.

Kitty se despidió y Remy decidió acompañar a Harry hasta la puerta. Finalmente, cuando estaba a punto de salir, Harry se giró hacia el mutante.

—Remy, ¿tienes algo que hacer esta tarde?

—No, ma chére. ¿Qué tienes en mente?

— ¿Podríamos vernos cerca de los establos después de comer?

—Remy estará allí.

XXX

Harry llegó al patio y se sorprendió al ver a un hombre junto a Ororo. Se trataba sin duda de un mutante. Su apariencia no admitía otra explicación.

El hombre tenía la piel azul, llena de extrañas pero bellas marcas, y vestía de un color muy oscuro. Incluso desde cierta distancia, el extraño color de sus ojos era marcadamente visible: amarillo. Su pelo, también azul, era ligeramente más oscuro que su piel y una cola acabada en forma de punta de flecha se movía a su espalda.

Harry se acercó con curiosidad. Cuando Tormenta lo vio, la mujer sonrió y lo invitó a unirse a ellos.

—Harry, me alegro de que Kitty pudiera encontrarte tan rápido. Hay alguien a quien quiero presentarte. —la mutante hizo un gesto hacia su acompañante: —Te presento a Kurt Wagner, también conocido como Nightcrawler. Kurt, éste es Harry Potter.

—Es un placer. —dijo Harry extendiendo una mano con una sonrisa.

El otro hombre, Kurt, pareció sorprendido antes de extender su propia mano, con solo tres dedos, con algo de duda. Harry la estrechó sin perder la sonrisa un solo instante y Kurt pareció relajarse un poco.

—El placer es mío, señor Potter.

Cuando habló, lo hizo con un extraño acento. Bávaro, quizás. Desde cerca, Harry también pudo notar que sus caninos eran algo más afilados que los de un humano normal, sus orejas acababan en punta.

—Por favor, llámame Harry.

—Kurt.