Capítulo 1

Harry había estado nervioso el último par de días y sus amigos no habían logrado averiguar por qué. Lo que le preocupaba era Sirius. El día anterior no lo había visto en absoluto y temía que lo odiara, a pesar de que hacía dos días le hubiera dicho lo contrario.

Hacía dos días que Sirius y Remus lo habían encerrado en el salón a solas con ellos y lo habían persuadido para que les contara todo sobre sus dos primeros años en Hogwarts y el trato que los Dursley le habían dado, ya que había llegado a Grimmauld Place con varios moretones que su camisa tapaba en su mayoría.

Su padrino y Remus le habían confesado su preocupación por él y le habían prometido que nada de lo que les dijera haría que dejaran de quererle y, finalmente, el adolescente había cedido y les había contado todo detalladamente.

Ambos magos habían estado furiosos con los Dursley y con Dumbledore por haberlo dejado con ellos y lo habían consolado. Al final del día, los tres estaban emocionalmente agotados, pero también se habían vuelto aún más cercanos. Harry había sentido que tenía una familia propia.

Pero al día siguiente, su padrino no había aparecido para nada y, cuando llamó a la puerta de su habitación nadie contestó. Remus había estado fuera de la casa y no pudo preguntarle qué le ocurría a Sirius porque cuando el licántropo llegó él ya estaba dormido.

Nadie en la casa había vuelto a ver a Sirius hasta esa mañana y cuando había mirado hacia Harry, había parecido bastante ansioso, nervioso y preocupado. Harry había empezado a creer que realmente Sirius iba a abandonarlo por lo que les había contado.

En ese momento estaba en la cocina de Grimmauld Place, observando a Ron y Hermione jugar al ajedrez y tratando en vano de escuchar la conversación que estaban teniendo. Pero su atención se vio atraída por otra voz que lo llamó desde la puerta.

―Harry, ¿podemos hablar, por favor?

Harry miró a su padrino con esperanza y algo de temor antes de asentir. Se puso en pie al mismo tiempo que Ron y Hermione, pero los dos últimos recibieron una extraña mirada de Remus.

―A solas.―dijo el hombre lobo con una voz que nunca había usado contra ellos.

Harry enarcó una ceja y les hizo un gesto a sus amigos de que se quedaran allí, a lo que Ron se encogió de hombros antes de continuar la partida de ajedrez. Siguió a los dos adultos fuera de la cocina y por las escaleras hasta la que debía de ser la habitación de Sirius.

El cuarto era igual que el resto de la casa, pero había una bandera de Gryffindor, fotos de motos y de chicas muggle en biquini que hicieron a Harry admirar el descaro de su padrino. El muchacho trató de ocultar una sonrisa y Remus le guiñó un ojo. Unos momentos después, su atención se vio atraída por una foto colocada en la pared junto a la cama.

En la foto podía verse a cuatro jóvenes de su edad riendo en los terrenos de Hogwarts. Un chico bajito y regordete miraba con admiración a dos de sus compañeros, que reían sosteniéndose el uno al otro por los hombros. Uno de ellos se pasaba la mano por el pelo negro revuelto y el otro se apartaba un mechón de su largo y ondulado pelo negro mientras sonreía encantadoramente y guiñaba uno de sus ojos grises. El último de los adolescentes miraba a la cámara con una sonrisa amable y un brillo pícaro en los ojos que dejaba claro que él también pertenecía al grupo. Era alto, con los ojos color ámbar y el pelo castaño claro.

―Esa nos la sacamos a finales de nuestro quinto año, poco después de los TIMOS.

Harry miró a Remus y asintió en señal de que lo había oído. Cuando miró a su padrino, vio que hacía extraños movimientos con su varita y murmuraba por lo bajo. Decidió no interrumpir y preguntar cando acabara, pero una vez más Remus se adelantó.

―Son salas y hechizos de privacidad.

―Y algunos otros para impedir que nos molesten hasta que hayamos acabado.―añadió Sirius.

Remus tomó asiento en una silla junto a la cama con dosel y Sirius se dejó caer sobre ella invitándolo a hacer lo mismo.

― ¿Sobre qué queríais hablar?

―Hum, verás, Harry… Sé que todo lo que vamos a contarte hoy es difícil de creer, pero tú eres la persona con más derecho a saberlo y no voy a ocultarte nada por mucho que Dumbledore no quiera que lo sepas. Yo soy tu tutor y yo decidiré qué necesitas o no saber.―declaró Sirius.

― ¿Y qué es lo que Dumbledore cree que no necesito saber?―preguntó frunciendo el ceño.

―Muchas cosas.―susurró Sirius con amargura.

Harry miró a su padrino preocupado por su tono de voz, pero no dijo nada.

―Verás, Harry, todos te hemos hablado un poco de James y Lily.―comenzó el hombre lobo lentamente mirando de reojo a su amigo.―Sé que te han dicho lo buenas personas que eran, lo valientes que ambos fueron y lo mucho que se querían.

―Y no nos malinterpretes, eso era cierto, pero el amor de James y Lily era algo así como el cariño que hay entre hermanos.―dijo Sirius provocando que Harry lo mirara confundido.―Sí, James y Lily se querían mucho, pero no de la manera que todos creen.

―Pero, mi padre estaba enamorado de mi madre, todo el mundo lo dice.

―Deberías haber aprendido de los periódicos que no lo que todos dicen es siempre cierto.―lo regañó Remus suavemente.―Claro que James tuvo un breve enamoramiento de Lily, pero al final se le pasó.―Harry miró al hombre con asombro.―Aun así, eso es algo que yo no sabía, nadie lo sabía. Excepto Sirius.

―Pero si mis padres no se amaban, ¿por qué se casaron? ¿Y por qué… por qué… yo…?

―Oh, Harry, tú naciste de dos personas que se querían, te lo aseguro.―dijo Remus interpretando correctamente los tartamudeos del chico.―Nunca he conocido a nadie que se amara tanto y que estuvieran dispuestos a hacer tanto el uno por el otro.

―Pero vosotros acabáis de decir…

―Sé lo que hemos dicho, Harry, escucha… James y Lily no se querían de esa manera.―murmuró Sirius sujetando una de sus manos entre las suyas.―Pero sí había un merodeador que estaba enamorado de Lily. Tienes que entender que estábamos en guerra, Harry. Había pocas personas en las que podíamos confiar y muchas familias obsesionadas con la pureza de sangre. Por ejemplo, la mía.

―Sirius, no entiendo qué…

―Sólo escúchalo, Harry. No tardarás en entender. Por favor, espera a que te lo expliquemos todo.

―Mira, Harry, yo… yo amaba a tu madre.―Harry miró a Sirius con los ojos muy abiertos y sin poder creerlo.―Sí, la amaba, más que a nadie en el mundo. Lily y yo comenzamos a salir a principios de nuestro sexto año, después de que yo me escapara de esta casa y me fuera a vivir con James. Al principio, no creíamos que lo nuestro funcionaría, pero poco a poco nos íbamos enamorando más y más. Solo James conocía nuestra relación y se comprometió a no decir nada.

―Te estás preguntando por qué lo ocultaron, ¿verdad?―comentó Remus, a lo que el chico asintió.

―Eran tiempos difíciles, Harry, pero aún más para mí. Acababa de abandonar a mi familia, considerada una de las más oscuras de toda Gran Bretaña y que contaba con varios mortífagos y partidarios de Voldemort. Y eran puristas de sangre. Si descubrían que estaba saliendo con una nacida de muggles, tendrían más motivos para ir a por nosotros. Tu madre aceptó casarse conmigo, ―confesó con dolor evidente en su voz.―pero habíamos decidido que lo mejor era esperar a que acabara la guerra. James era la tapadera perfecta para que los dos nos viéramos tan a menudo, así que dejamos corriera el rumor de que ellos dos estaban saliendo y nunca lo desmentimos.

―Entonces, no estaban saliendo, pero ¿cómo acabaron…?

―Paciencia, Harry, ya llegamos.―lo riñó de nuevo Remus con cariño.

―Poco después de haber comenzado el rumor, ―continuó Sirius apretando un poco la mano de Harry.―tu madre y yo nos enteramos de que estaba embarazada. De mi hijo, Harry. De ti.

Harry miró a Sirius, aturdido como si lo hubieran golpeado y completamente pálido. Comenzó a abrir y cerrar la boca sin lograr que saliera ningún sonido.

―Sé que es difícil de creer, Harry. A mí también me costó creerlo, pero es cierto.―dijo el hombre lobo mirándolo con preocupación.

―Pero yo… me parezco a… todos dicen… y he visto fotos…

―Cierto, te pareces a James, demasiado, ¿no te parece?―lo interrumpió Remus suavemente.

―Verás, Harry, como ya he dicho antes eran tiempos difíciles y mi familia habría ido a por nosotros. Decidimos que, hasta que la guerra terminara, dejaríamos que todos pensaran que eras hijo de James. Cuando todo acabara, ellos se divorciarían, Lily y yo nos casaríamos y podríamos quitarte el glamour. Pero nunca tuvimos la oportunidad…―dijo Sirius mirando al infinito con los ojos llenos de lágrimas.

―Entonces, mi padre no… quiero decir, James no era… ¿no era mi padre?

―No exactamente, Harry. En un principio, James no era tu padre biológico. Lily y yo lo nombramos tu padrino. A pesar de eso, él te quería como si fueras suyo y pasaba mucho tiempo contigo. Por eso, cuando tú tenías solo unos meses, nos pidió permiso para realizar una ceremonia de adopción de sangre. Esto permite que una persona se convierta en el tercer padre o madre de un niño tanto en sangre, como magia.

―Lo que Sirius quiere decir, es que al final James también fue tu padre. Los tres lo eran.―concluyó Remus.

―Entonces tengo tres padres y uno de ellos está vivo…―susurró mirando a Sirius.― ¿Por qué… por qué no me lo dijiste?

―Cuando nos encontramos en la Casa de los Gritos acababas de descubrir que yo era inocente y no intentaba matarte. No me pareció el mejor momento para contarte esto. Y después…

―Después no quisiste contármelo, ¿verdad?―afirmó Harry apartando a mirada.

―No, no, Harry, claro que quería contártelo.―comenzó el animago con aspecto casi desesperado.

―Harry, Dumbledore amenazó a Sirius con entregarlo a los dementores si te lo decía.―intervino Remus.

―No, Dumbledore no habría…―negó Harry perdiendo poco a poco la voz. Espera, ¿Dumbledore lo sabía?

―Sí, él lo sabía. Desde la noche en que Lily y James murieron.

― ¿Cómo es eso posible si nadie más que vosotros tres lo sabíais?

―Dumbledore leyó el testamento de James y Lily. En el testamento se explicaba todo, incluso que yo no era el guardián secreto. Dumbledore selló el testamento e ignoró la última voluntad de tus padres, convirtiéndose ilegalmente en tu guardián mágico, por lo que supuestamente tiene derecho a tomar decisiones sobre ti.

― ¿Por qué haría eso?

―Para controlarte, Harry.―dijo Remus. Harry abrió la boca, pero Remus volvió a adelantársele.―Sé que quieres creer que Dumbledore es la persona que conoces. Yo también quería creerlo, pero lo cierto es que hay demasiadas pruebas de que no es la persona que todos creíamos.

― ¿Cómo sabéis eso?

―Ayer fui a Gringotts.―Harry miró a Sirius con preocupación.―Todo fue bien, ningún mago me vio y los duendes no van a delatarme porque creen que hay demasiadas cosas que apuntan a mi inocencia.―lo tranquilizó.―El caso es que, después de que antes de ayer nos hablaras de tus dos primeros años, me pareció que algo no estaba bien. Y como nos contaste sobre cómo te trataban tus "familiares", quería saber por qué no se respetó la voluntad de tus padres. En Gringotts me enteré de que Dumbledore la había sellado y no había permitido que nadie la leyera.

―Todo lo que Sirius descubrió en Gringotts, lo que tú nos contaste sobre tus dos primeros años en Hogwarts y sobre tu vida con los Dursley, ―el desprecio en la voz de Remus al pronunciar el apellido casi lo dejó boquiabierto.―la amenaza del beso del dementor y algunas piezas más que hemos ido juntando, son pruebas claras de que Dumbledore no es quien quiere que todos creamos que es.

― ¿Qué quieres decir? ¿Y por qué Dumbledore selló el testamento?

―Hay una pequeña parte que no podemos contarte…

― ¿Por qué no?

―Porque Dumbledore nos hizo jurar que no te lo diríamos.―murmuró Sirius.

―Pero hemos encontrado una manera de evitar el juramento para que estés informado.―confesó Remus.―Te lo explicaremos en otro momento. Por ahora, sabemos que todo empezó cuando tú eras un bebé. Dumbledore fue a hablar con James y Lily y les dijo que Voldemort iba a por ti y que debían esconderse…

―Espera, espera, ¿Voldemort iba a por mí? ¿Por qué?

―Eso es lo que no podemos decirte, Harry.―explicó Remus.

―El caso es que Dumbledore les recomendó utilizar el encantamiento "fidelius" y se ofreció a ser su guardián secreto. Fue demasiado insistente y Lily empezó a sospechar de sus intenciones respecto a ti. Rechazó completamente la idea de Dumbledore y, bueno, ya sabes cómo acabó todo.―murmuró Sirius con amargura.

―Cuando Dumbledore leyó el testamento, se aseguró de sellarlo para que nadie conociera la voluntad de James y Lily. Sirius era el único que conocía la existencia del documento y su contenido. Y. además, Sirius era legalmente tu tutor. Dumbledore necesitaba deshacerse de él para poder controlarte, por eso declaró que Sirius era el guardián secreto. Nadie sabía que era mentira y nadie había escapado nunca de Azkaban. Era el plan perfecto. Fue gracias a eso que pudo enviarte con los Dursley.

― ¿Dumbledore me envió allí?―preguntó Harry con voz inexpresiva.

―Sí, Dumbledore te envió allí.―confirmó Sirius.―Y él sabía cómo te trataban, Harry.

― ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué me dejó con ellos?

―No lo sabemos. Yo creía que realmente era por tu bien, pero cuando Sirius me habló del testamento nos dimos cuenta de que no era así.―Harry lo miró con curiosidad.―Lily dio instrucciones claras de que bajo ninguna circunstancia fueras enviado con su hermana.

― ¿Y con quién tendría que haber vivido?

―Si Lily y yo no podíamos criarte y James tampoco, tu custodia debía serle entregado a una de tus madrinas o a tu otro padrino.

― ¿Madrinas? ¿Y qué otro padrino? Pensaba que era James.

―Los niños mágicos pueden tener hasta dos madrinas y padrinos, pero lo normal es que solo tengan uno de cada. Al estar en guerra sabíamos que cualquiera podía morir y no quisimos arriesgarnos a que no tuvieras otro padrino o madrina que pudiera hacerse cargo de ti sin problemas legales. Tus madrinas eran Marlene McKinnon y Alice Longbottom.―Harry lo miró con sorpresa.―Por desgracia, Marlene y toda su familia fueron asesinados por Voldemort y Alice…

―Sé lo que le ocurrió.―suspiró con tristeza.―Alice es la madre de Neville, ¿no?

―Sí. Y James y Lily eran los padrinos de Neville.―añadió Remus.

―Voy a tener que hablar más con Nev.―murmuró el adolescente para sí mismo.― ¿Y mi otro padrino?

―No lo sabía, pero soy yo.―dijo Remus con una tímida sonrisa.―Si lo hubiera sabido, habría conseguido tu custodia a pesar de las leyes contra los hombres lobo.

Harry se frotó la frente con las manos y suspiró de nuevo.

―De cualquier manera, Dumbledore arruinó mi infancia y trata de controlarme, pero no podéis decirme por qué.

―Por ahora, aunque sospechamos que en parte se debe a que teme tu poder.

― ¿Mi poder? No me parece que tenga ningún poder inusual, ―comentó el chico con escepticismo.― excepto quizá por el pársel, pero eso no me hace más fuerte.

―Exactamente. A parte de eso no se ha manifestado en ti ningún poder inusual, ni siquiera la magia familiar y en ti debería ser al menos el doble de fuerte.―murmuró Sirius.

― ¿Magia familiar?

― ¿Qué sabes de las antiguas familias, Harry?

―Nada, la verdad. Solo que los Black son una de ellas.―respondió sin entender el motivo de la pregunta.

―Las antiguas familias son las treinta y dos primeras familias mágicas de Gran Bretaña, que se fundaron hace algo más de dos mil años y son conocidas como las Más Antiguas y Nobles Casas. Cada una tiene un asiento en el Wizengamot. Magia familiar es como se conoce a los talentos o dones especiales que suelen darse en una de estas familias. Siendo heredero de al menos dos de estas Casas, deberías haber dado muestras de magia familiar al cumplir ocho años.

― ¿Y por qué no tengo magia familiar?

―Creemos que es posible que Dumbledore la bloqueara.―intervino Remus con delicadeza.― ¿Recuerdas si ocurrió algo inusual cuando tenías ocho años?

―Bueno, el día antes de mi cumpleaños, ―comenzó lentamente.―mi tía se hartó de mi pelo y decidió que necesitaba un corte. Me cortó tanto el pelo que parecía calvo. Me dormí pensando en la vergüenza que iba a pasar en el colegio, pero cuando me desperté, el pelo me había vuelto a crecer.

― ¿Estás seguro de que fue en tu octavo cumpleaños?―quiso asegurarse Remus.

―No podría olvidarlo, mi tío me dio una paliza que…

Harry se cortó, avergonzado, y bajó la mirada. Unos brazos lo envolvieron y le devolvió el abrazo a Sirius. Remus lo miraba con tristeza evidente y Harry se aclaró la garganta.

―Entonces, ¿eso fue magia familiar?―Remus asintió.―Decís que Dumbledore la bloqueó, pero se puede quitar el bloqueo, ¿verdad?

―Sí, creo que los duendes pueden hacerlo.―dijo Sirius con voz ronca.―Aún hay más, Harry. Y esto va a ser aún más desagradable.

Harry lo miró dudando de si realmente quería saber y acabó asintiendo con un suspiro.

―Para empezar, supongo que no sabes que Dumbledore pagaba a los Dursley para que te permitieran vivir con ellos.―afirmó más que preguntó Remus volviendo a sorprenderlo.―Así es, les pagaba. Una gran cantidad, de hecho. Pero lo peor es que ese dinero provenía de tus propias bóvedas.

―Sé que me estoy repitiendo, pero ¿me estás diciendo que Dumbledore les ha estado dando dinero de mis padres a mis tíos que los odian y llevan toda mi vida insultándolos y ensuciando su memoria?

―Sí.―suspiró Remus.―Y no son los únicos a los que pagó con tu dinero.

― ¿Quién más?

Harry lo miró con resignación, dispuesto a descubrir quién más lo había traicionado, y no se le pasó la mirada nerviosa y preocupada que los dos amigos intercambiaron.

―Harry esto va a ser difícil de creer y nosotros lo entendemos mejor que nadie, pero es la verdad. A pesar de todo, sabemos que vas a necesitar pruebas y vamos a dártelas, pero mientras tanto es importante que no les cuentes nada de esto hasta que mañana hayamos podido darte esas pruebas porque…

―Para, para. ¿De quién estáis hablando, Sirius? Tú eres la única persona en la que siempre he confiado por encima incluso de Dumbledore, ¿por qué no iba a creerte?

―Porque, Harry, Dumbledore paga a Ron y Hermione.

El muchacho lo miró, aturdido y pálido como un fantasma.

―No, no, eso es imposible. Ellos no me habrían traicionado así, tiene que ser un error…

―Harry, nunca te habría dicho esto si no estuviera completamente seguro de ello.―dijo Sirius poniendo las manos sobre sus hombros y mirándolo a los ojos, donde el chico pudo leer su sinceridad.

― ¿Para qué les paga?―preguntó cerrando los ojos en la derrota.

―Pensé que no nos creerías.―dijo Remus con el ceño levemente fruncido.

―Confío en vosotros, Remus. Mi confianza es algo que no doy a muchas personas, pero vosotros la tenéis. Si me decís que alguien me ha traicionado os creo, pero si resulta que esto es una broma será mejor que me lo digáis ahora o perderéis mi confianza por completo.

Sirius y Remus intercambiaron una mirada, entendiendo que lo decía en serio, y asombrándose ante la madurez con que el adolescente pensaba. Tampoco podían evitar entristecerse ante el hecho de que se hubiera visto obligado a madurar.

―Después de la traición de Pettigrew nunca bromearíamos sobre algo así.

Ante tal afirmación, Harry hundió la cabeza entre las manos y trató de controlar la respiración para no echarse a llorar. El brazo de Sirius le rodeó los hombros y sintió que el colchón se hundía a su lado cuando Remus se sentó junto a él y le acarició el brazo con suavidad.

― ¿Para qué les paga?―repitió con la voz amortiguada por sus manos.

―No lo sabemos seguro, Harry. Sospechamos que les paga para…―el licántropo se detuvo, sabiendo lo duro que eso era para el chico.

―Dilo.―pidió.―Dilo, Remus.

―…para ser tus amigos y espiarte para él. Así puede controlar lo que sabes y lo que haces.

La respiración de Harry se volvió más irregular, pero logró contener las ganas de echarse a llorar.

―Creo que ya ha habido suficientes revelaciones por hoy.―dijo Sirius.―Necesitas comer algo y descansar.

―Lo que necesito es saber lo que pasa a mí alrededor, Sirius.

―Harry, no hay mucho más que podamos contarte. Sirius tiene razón, tienes que comer y descansar. Solo recuerda no hablar con nadie de esto y... tendrás que fingir que no sabes nada.

Harry suspiró, pero entendió que era necesario y no quería que ellos tuvieran problemas.

―Mañana, después del desayuno, iremos a Gringotts sin que nadie lo sepa y, cuando volvamos, comenzaré a enseñarte todo lo que necesitas saber sobre tu posición social y la historia familiar.

Harry asintió y se puso de pie, pero se quedó quieto y miró a Sirius.

― ¿De verdad querías decírmelo?

A Sirius no le hizo falta preguntar a qué se refería y maldijo de nuevo a los Dursley por las inseguridades que le habían creado. Él también se puso de pie y lo miró a los ojos, sintiendo su corazón romperse al ver la mirada perdida y esperanzada de su hijo.

―Cachorro, el hecho de que tu estuvieras con vida fue el único motivo por el que no me dejé morir en Azkaban. Estuve a punto de hacerlo muchas veces, pero recordar que estabas vivo y que, quizá algún día, podría volver a verte y abrazarte… eso es lo que me mantuvo con vida. Y cuando escapé, persiguiendo a Pettigrew, no pude evitar desviarme para verte una vez más. En Hogwarts, estando encerrado y a la espera de recibir el beso del dementor, a pesar de que no había podido contarte quién era de verdad y sabiendo que Pettigrew seguía libre; yo estaba feliz. Tenía miedo, sí, pero estaba contento porque tú sabías que era inocente. El año pasado estaba en continuo peligro de ser atrapado y estaba contento porque podía hablar contigo. Odio esta casa y estar encerrado en ella, pero merece la pena porque estoy con mi hijo. ¿Cómo puedes preguntarme si quería decírtelo, Harry? Es lo que más deseaba, Cachorro. Más que nada.

Cuando acabó estrechó a su hijo en un fuerte abrazo y enterró la cara en su pelo negro.

―Me alegro mucho de teneros a los dos.―murmuró Harry.

―Ahora tienes un padrino responsable.―bromeó Remus.

―Tengo mucho más.―lo contradijo el chico abrazándolo a él también.―Tengo una familia.

―Oh, sí. Espera a que Andrómeda y Tonks sepan que eres mi hijo.―bromeó Sirius con voz aún ronca.

―Aún mejor, ―comentó Remus con voz maliciosa.―espera que lo sepa tu querido primo Draco.

Harry lo miró con los ojos muy abiertos en una cómica expresión horrorizada.

― ¿P-primo? ¿Malfoy? ¿Draco Malfoy es mi primo?

―Sí, tu némesis es tu primo.―confirmó Remus.―Narcissa es, de hecho, prima de Sirius y hermana de Andrómeda y Bellatrix.

―Pero no te preocupes. A partir de ahora siempre puedes amenazarle con expulsarle de la familia Black y anular el matrimonio entre sus padres, además de llamar las numerosas deudas que la familia Malfoy debe a nuestra Casa.

Harry lo miró enarcando las cejas ante la idea, pero se divirtió imaginando poder bajarle los humos así a Malfoy.

― ¿Los Malfoy son una de las Más Nobles y Antiguas Casas?

―Eso es lo mejor. No lo son.―dijo Sirius.―Creo que tenían la esperanza de que mi título pasara a su hijo con mi muerte. Así que no solo puedes amenazarlo con lo que te he dicho antes, sino que también tienes una posición social muy superior a la suya. En cuanto te enseñemos todo lo que necesitas saber, no necesitarás ni abrir la boca para humillarlo.

―Pero, ahora, vamos a cenar y descansar. Hemos tenido suficientes emociones por hoy.

―Está bien, pero ¿puedo haceros dos preguntas más?―Sirius asintió.―Primero, habéis dicho que la familia Potter tiene también un asiento en el Wizengamot. ¿Es posible que "alguien" lo haya estado usando o ha permanecido vacío todo este tiempo?

―Una vez más demuestras que tienes la inteligencia de tus padres.―bromeó Sirius haciendo que Harry lo mirara con los ojos entrecerrados y lo golpeara en el hombro antes de volverse serio.―La verdad es que no ha estado vacío. Como Dumbledore dice ser tu guardián mágico, ha estado usando el asiento Potter junto con su asiento familiar para aprobar varias leyes. El asiento Black, en cambio, no ha podido usarlo porque hay más miembros de la familia con vida y porque supondría admitir que eres un Black.

Harry apretó los puños con fuerza y pensó que si el viejo mago estuviera delante de él, le rompería la torcida nariz de un puñetazo. Como estaba hambriento, se limitó a recordar las nuevas preguntas que se le ocurrieron para hacerlas en otro momento y simplemente asintió.

― ¿Y la segunda pregunta?―presionó Remus.

― ¿Cuál es mi nombre completo?―pregunto haciendo un puchero.

―Esa es fácil.―rió Sirius.―Harrison James Black-Potter Evans.

―Suena un poco raro, pero… bien.

Harry sonrió con timidez a los dos adultos, que le devolvieron la sonrisa y Remus le dio un pequeño abrazo.

―Siento no haber estado ahí para ti antes.

―No es culpa tuya y no, no protestes, Remus.―murmuró haciéndolo suspirar.

―Harry, sobre Ron y Hermione…

―Si ellos han podido fingir ser mis amigos por quién sabe cuánto tiempo, yo puedo fingir que no sé nada por un tiempo.

Sirius lo miró a los ojos y el adolescente le sostuvo la mirada con firmeza.

―Te prometo que será por poco tiempo.―susurró revolviéndole el cabello.―Y ahora, a comer. Me muero de hambre.

―Tú siempre te mueres de hambre, Canuto.―rió Remus.

Los tres salieron del cuarto mientras Sirius protestaba por el comentario de su amigo y dejaron las salas de privacidad colocadas por si volvían a necesitarlas. Cuando bajaron, encontraron a los demás en la cocina, sentados a la mesa.

―Oh, Harry, querido. Estaba a punto de enviar a Ginny a buscarte. Vamos, vamos, siéntate.―dijo la señora Weasley-.

Por desgracia, tuvo que sentarse entre Ron y Hermione, aunque al menos tenía enfrente a los gemelos, que no paraban de bromear y contar chistes. Ron no tardó un instante en preguntar qué les había llevado tanto tiempo y Harry se limitó a evadir cuidadosamente sus preguntas hasta que Sirius intervino.

―Lo que pasa es que Harry está nervioso por todo el asunto de la vista y pensamos que se le pasaría si le hablábamos un poco de su madre.―mintió con soltura.

Harry se sintió aliviado, pero lo fulminó con la mirada fingiendo estar molesto con él por decirlo. Remus fingió estar también molesto por la aparente falta de tacto de su amigo.

―Oh, Harry, todo saldrá bien, ya lo verás, la ley está de tu lado y…―Hermione siguió hablando, pero Harry simplemente desconectó y fingió escucharla.

― ¿Y qué es lo que te han contado de tu madre, compañero?―preguntó Ron mientras se servía más puré de patatas en el plato.

― ¡Ron!―lo regañó la señora Weasley.―Puede que Harry no quiera contároslo.

―Harry siempre nos lo cuenta todo.―dijo Ron.―Somos sus mejores amigos.

―No se preocupe, señora Weasley. Sirius y Remus me han hablado de cuando mis padres empezaron a salir.―dijo Harry, admitiendo para sí mismo que, si bien no era toda la verdad, tampoco era una mentira.

Pensó en comentar algo sobre los TIMOS, sabiendo que eso entretendría a Hermione, pero sabía que Sirius y Remus tenían tantas ganas de hablar con los dos adolescentes como él, aunque no es que Ron fuera a hablar mucho del tema.

―La verdad es que algunas de las cosas que papá hizo fueron bastante graciosas.

―Sí, aunque las reacciones de Lily eran aún mejores.―añadió Remus.

―Cierto, ¿recuerdas cuando Lily le dijo a James que antes saldría con el calamar gigante que con él o cuando…?

Harry se sintió aliviado y agradecido cuando todos dirigieron su atención a Sirius y pasaron el resto de la cena escuchando sobre los líos en los que se habían metido los merodeadores y qué hacía Lily cuando los pillaba.

Cuando terminó de cenar soltó un falso bostezo y dio una pequeña patada a los gemelos antes de levantarse de la mesa diciendo estar algo cansado y salir al pasillo. No tardó en oír a los gemelos dar las buenas noches y salir de la cocina. Los tres se encontraron en el pasillo y se fueron al salón en silencio.

―Bueno, pequeño Harry…

― ¿…a qué viene tanto misterio?

―Tengo que pediros un favor, chicos.

―Lo que quieras.―dijeron a la vez.

―Como sabéis, James, Sirius y Remus eran los merodeadores.―los gemelos asintieron.―El caso es que creo que debería, bueno, seguir su legado.―los dos pelirrojos abrieron mucho los ojos, sorprendidos.―Necesito que me ayudéis a gastar una broma, pero nadie debe saber que he sido yo.

―No te preocupes, no nos importa…

―…que piensen que fuimos nosotros.―dijo George.

― ¿Qué necesitas?―preguntó Fred.― ¿Y a quién quieres gastarle la broma?

―A Ron.

―A nuestro querido hermano…―Fred sonrió con malicia.―Me gusta cómo piensas.

―Al menos a ti no te hemos perdido, has sentido la llamada.―murmuró George limpiándose una lágrima imaginaria.― ¿Qué tienes en mente?

―Había pensado, ―continuó sonriéndoles.―que a Ron le sentaría bien llevar el pelo y las cejas de verde y plateado y que le durase un par de semanas.

―Uff… los colores de Slytherin. Ron debe de haber hecho algo realmente malo para ganarse eso.―comentó Fred.

―Solo quiero ser digno de los merodeadores.―trató de mentir el chico.

―Claro.―acordó Fred con sarcasmo.―Bueno, nosotros nos encargamos de todo. Mañana nuestro hermanito se despertará con una buena sorpresa.

―Queremos que sepas que no nos hemos tragado el cuento de lo que habéis estado haciendo arriba.―añadió George.―Pero no te preocupes, no diremos nada a nadie.

―Chicos, sé que esto va a sonar raro, pero ¿a quién sois leales?

―Si nos estás preguntando acerca de nuestra lealtad a Dumbledore…

―…debes saber que no somos leales a él.―dijeron haciendo que los mirara confundido.

―Sabemos que en la primera guerra él se dedicó a tratar de impedir los ataques de Voldemort…

―…pero nunca devolvió el fuego.

―Nosotros no traicionaríamos a Dumbledore porque lucha contra Voldemort.―explicó Fred.

―Pero sin duda no se ha ganado nuestra lealtad como lo has hecho tú.

― ¿Yo?

―Sí, tú. Salvaste a nuestra hermanita, el colegio…

―…y el mundo, incluso. Y lo hiciste tú, no Dumbledore.

Harry se sintió demasiado aturdido para protestar por todo lo que ellos veían como logros suyos. Los observó salir, pero una última idea le hizo detener a los gemelos.

― ¿Sería posible que cada vez que alguien intente devolverle su color de pelo normal a Ron este se llene de arañas?

―Tienes una mente perversa, Harry.―comentó George asombrado.― ¿Cómo no lo notamos antes?

―Siempre supe que tenías potencial.―dijo Fred guiñándole un ojo.―Recuerda que siempre tendrás un lugar en nuestras bromas.

―Quién sabe, quizá acabe participando en alguna. En fin, mañana será un día muy divertido.―murmuró mirándolos con diversión.―Será mejor que descansemos.

El más joven lo observó marchar limpiándose falsas lágrimas y susurrando lo orgullosos que estaban de que alguien más se tomara en serio la noble tarea de los bromistas.

Harry subió a la habitación deprisa, pero sin hacer ruido. Tardó bastante en dormirse, sin poder dejar de pensar en todo lo que le habían dicho Sirius y Remus, pero cuando Ron entró y lo llamó, se hizo el dormido.