!Hola! Aquí traigo a ustedes el estreno de !Coróname! Un fanfic de los apenas-aceptados Reyes sin corona. Ya sabrán más de ellos en la siguiente temporada a menos de que leyeran el manga. Este es un fic yaoi si no te gusta el género (8) vete y pega la vuelta(8) (?). Espero que les guste esta introducción a los personajes ¿Que tan largo será? Ni yo lo sé, tengo muchas ideas para este fic y pueden crecer o disminuirse. Bueno sin más ni menos disfrutenlo!


—Por favor…—sollozaba en forma de ovillo dentro de la habitación oscura mirando hacia la puerta con una mueca de terror en su rostro- ….por favor….

Gemía, sollozaba y casi le raspaba la garganta de tanto pedir ayuda, de tanto exclamar su salvación. Estaba aterrado, quería avanzar pero su cuerpo no le respondía. Sus extremidades temblaban tanto que ni siquiera se percataba de que así era. Los ojos dolosos, ardientes de tanto llorar. Le costaba respirar, emitir más palabras pero tenía que hacerlo.

Frustración, alguien allá afuera debía escucharle ¿Por qué nadie le ayudaba? ¿Acaso estaba solo?

—Por favor…ayuda…—volvió a emitir cuando al fin pudo mover su cuerpo y la puerta se abrió lentamente, y sintió una paz momentánea que se desfiguró igual que la expresión en su rostro al ver como la puerta se cerraba, al ver como aquellas botas hacían chirriar la madera y se aproximaban a él — …. Por favor, no…

Y el andar se detuvo hasta estar a escaso un metro de él, ni siquiera podía alzar la vista del pánico que sentía solamente podía ver la puerta y su mente gritaba y su corazón danzaba con fuerza. Alzó la vista lentamente viendo aquella imponente figura pero se arrepintió y una vez más vio a la puerta.

"…por favor, no cierres la puerta"


Sus pasos resonaban como ecos al igual que el sonido de las llantas de sus maletas que arrastraba por detrás de él. Detrás del arco de la puerta que daba a un hermoso jardín aparecía un joven de aspecto común, cejas pobladas, cabellos negros y sonrisa segura que hasta cierto punto parecía temible. Miró a todos lados analítico, pensativo. El jardín estaba lleno de plantas, una fuente pequeña en el centro y algunas cosas regadas. Las habitaciones se distribuían alrededor del mismo y todas con un diseño similar aunque le diferenciaban las cortinas. Quien viera el lugar pensaría que es un pequeño hotel pero en realidad se trataba de una sencilla posada. Apenas y había cuatro departamentos y algo que parecía una gran cocina al fondo de todo. El sol iluminaba apenas el lugar pues las pantas y un par de árboles se extendían cubriendo los rayos creando un ambiente fresco, parecía ser un lugar muy relájate.

Rebuscó con la mirada esperando encontrar a alguien, y por alguien se refería al dueño del lugar. Estando en la universidad encontró unos afiches que indicaban que ese lugar lo rentaban para estudiantes así que llamó y antes de cinco minutos había cerrado el trato con el dueño del lugar. Se pasó caminando por el pasillo que daba a una de las habitaciones y conforme acercaba sus pasos un ruido empezaba a hacerse presente. Sonaba como un golpeteo, se detuvo frente a la puerta y esta decía "Eikichi Nebuya". Estaba por tocar cuando escuchó claramente la voz de alguien.

—Ah… No….—aquello, ese ruido. No podía ser cierto — Aah…—un quejido más fuerte que el anterior y el pelinegro se quedó estático, quieto con la mano alzada a punto de tocar la puerta, no podía ser lo que estaba pensando — No…no ….—y eso fue suficiente, abrió la puerta de golpe y vio aquella escena. Un moreno, corpulento y con cara criminal tenía sometido entre sus brazos a un joven rubio cuyos ojos llorosos miraron con sorpresa a Hanamiya. Estaban en pleno acto, el rubio pegado contra la pared con una pierna alzada al aire mientras el otro detrás de él seguía en su interior. — oh….

—Yo… —Hanamiya no pudo decir más, es obvio que no estaba pasando lo que creía que estaba pasando por que esa no hubiese sido la reacción del ultrajado, ese "oh" fue su respuesta así que cerró la puerta tan rápido como la abrió totalmente shockeado. Casi un par de segundos después el rubio salió con una bata cubriéndole el cuerpo despeinándose los cabellos y saludando con una animada sonrisa.

—Hey, no te vayas. Perdón por lo que viste —rió hablando de una forma muy rápida— ¡Wo!, tú debes ser Hana-chan ¿no es así?

—¿Hana…chan? —en la frente de Hanamiya se saltó una vena por ser llamado de esa manera tan "adorable".

—Disculpa por esto, debería poner seguro en la puerta pero fue tan repentino, me han entrado los ánimos y…

—No quiero escuchar más —el pelinegro empezó a pensar que era mala idea vivir en ese lugar, una primer mala impresión de uno de los inquilinos haciendo "eso" con un hombre… y un hombre tan grande como ese, en serio ¿Cómo era posible? Ahora no podría dormir después de esa imagen mental.

—Soy Hayama Kotaro, también vivo aquí y…—fue interrumpido nuevamente.

—Hablaré con el supervisor de esto —amenazó directo y sorprendió al otro — ¿Dónde está?

—Hey…—el hombre corpulento salió del cuarto con una bata cubriéndole el cuerpo también y saludó con una mano- creo que me buscas a mí — y Hanamiya volvió a quedarse en blanco. ¿Aquel sujeto era Nebuya? ¿El dueño y ese jovencito?

—¿Pero qué demonios?. —se talló el rostro con frustración.

—Kotaro y yo lo lamentamos por lo de hace un rato. Nos ha dado gana y no pusimos el seguro…

—Ya, no quiero oír más —si no fuera porque realmente ese lugar le quedaba cerca de la universidad y la renta era módica hubiera tomado sus maletas y se hubiese largado. Mientras no volvieran a traumarlo de esa forma estaba bien.- solo quiero cerrar el trato y olvidar esto… -dijo sin verlos y tomando sus maletas.

—Acompáñeme… —le señaló el camino y Kotaro se quedó ahí recargado en uno de los pilares viendo como partían con una gran sonrisa en el rostro.

—He, ese chico parece divertido. ¡Debo decirle a nee-san! —corrió en sentido contrario riendo como un niño pequeño.

—Este es su departamento —abrió la puerta y mostró un cuarto amueblado. La cama pegada a una ventana, una sala pequeña con una mesita de centro, un librero a lado de la cama y un ropero — puedes usar la cocina, está a lado. El baño está por acá señaló una puerta donde había un baño con una tina — si las luces fallan yo tengo varios focos.

—Ya… —Hanamiya exploraba la habitación, era pequeña pero tenía lo necesario para su vida de universitario. Con su beca podría pagarlo fácilmente y si seguía ganando en los torneos de ajedrez podría comprar algunas cosas para decorar.

—Si tienes algún problema no dudes en ir conmigo…— Hanamiya se detuvo frio. Esperó que no fuese parte de la renta dejarse someter por ese tipo. Giró la cabeza lentamente asustado y el otro empezó a reír avergonzado — yo…lo siento puedo parecer intimidante pero no… no soy esa clase de sujeto. Kotaro y yo salimos desde hace un tiempo…

—Ah… bien por ustedes —respondió frio pero por dentro estaba más relajado de saber que no eran esa clase de sujetos. Mientras Nebuya pensaba que ese sujeto realmente era duro de tratar pero le tranquilizaba que no hubiese huido y reportado a la policía o algo similar, ya estaba algo cansado de ser hostigado por la notoria diferencia de edad entre él y su pareja.

—El centro de lavado está al lado de la entrada, es pequeño pero encontrarás lo necesario. Bueno, te dejo desempacar —estira la mano para tomar la del otro. Hanamiya se la da algo desconfiado —espero que nos llevemos bien, Hanamiya-san.

—Si…—respondió sin mucho ánimo.

Hanamiya Makoto no tenía la idea de hacer amistad con esas personas exhibicionistas sin pudor ni con ninguna otra persona. En su vida solo había tenido un amigo pero por circunstancias tuvo que dejarle atrás. Ahora su vida empezaba de nuevo desde ese punto y no quería cometer el error de abrir paso a alguien en su vida. La puerta de su nuevo hogar se cerró y ahí con las maletas en medio del cuarto suspiró. Abrió la puerta y la mantuvo así retrocediendo, odiaba ver las puertas cerradas, era como quedarse sin escape. Se sentó en la cama mirando hacia el patio, justo frente a su puerta estaba la fuente de la cual caía agua haciendo un ruido armonioso.

Ahí, cerca de la fuente vio a una joven de cabellos negros y delicada piel clara ¿Será otra inquilina? No era su deseo presentarse pero decidió husmear un poco, tener la delicadeza de una chica entre tantos hombres parecía algo necesario. La vio leyendo un libro sentada en una de las bases de la fuente con los pies dentro del agua, el chapoteo le mojaba las piernas y parte del vestido, un vestido de mariposas que tenía una caída ligera, suave, casi hipnótica.

La chica alzó la vista y vio a Hanamiya parado en el umbral de su propia puerta. Cerró el libro y sonrió con dulzura encorvando sus labios que estaban levemente pintados con un labial rosa claro, portaba un maquillaje ligero. Alzó la mano para saludarle y antes de responder el saludo el rubio que anteriormente había visto saltó colgándosele en la espalda a la chica.

—¡Nee-san! ¡Nee-san! —la jovencita parpadeo sonriendo por la efusividad de Kotaro — oh, ¡ya conociste a Hana-chan! ¡Hana-chan! ¡Ven! —dijo gritón, haciendo mohines muy exagerados y divertidos mientras la joven se cubría los labios riendo. Hanamiya bien pudo darse la vuelta e ignorarlo pero era una falta de respeto para la joven a la que no conocía. Caminó abriéndose paso en el jardín y se detuvo cerca de ella, hasta ese momento pudo notar que era realmente alta.

—Soy el nuevo inquilino —los ojos oscuros de la joven le miraron y ladeo la cabeza.

—Soy Reo pero puedes llamarme nee-san — y el moreno de cejas amplias se quedó shockeado. Esa chica tenía una voz algo grave, no suave como la imaginaba ¿Qué significaba eso? ¿Acaso era…. —¿Oh? ¿Estás bien Hana-chan?

—Eres hombre… —le señaló impactado y Reo solo parpadeó nuevamente más sorprendido. Soltó una risita dulce y asintió.

—Lo soy, espero que eso no sea un problema — y no lo era. Hanamiya no estaba en contra de los gays, travestis, transexuales, heterosexuales, etc… no discriminaba, los odiaba a todos por igual.

—Hana-chan nos encontró a mí y a Nebu haciéndolo. Se ha puesto pálido y sin palabras — Kotaro empezó a reír sonoramente avergonzando a Hanamiya quien estaba a punto de retroceder y mandarlos al carajo encerrándose en su pieza para siempre.

—¿Qué les he dicho sobre hacerlo en el día? Escuchar sus gemidos me desconcentra —dijo Reo reprendiéndole — por suerte ahora no soy el único que vivirá esta pena. — en ese momento Hanamiya descubrió que aquel enorme lugar era habitado solo por ellos cuatro: la pareja homosexual, el travesti y él.

—¿No hay más gente aquí? —los dos chicos le miraron y negaron con la cabeza.

—Hace una semana vivía aquí alguien más pero ha tenido que partir — "con justa razón" pensó Hanamiya. El lugar era bonito pero sus habitantes muy extraños.

—Hana-chan ¿Por qué has venido a vivir aquí? — el otro les observó y pensó en no responder esa pregunta con mayor detalles. Había una gran cantidad de razones pero optó por la más fácil de explicar.

—La universidad me queda cerca —dijo sin interés.

—¿Vas en la Universidad de Rakuzan? Yo también estudio ahí, podemos ir juntos —el rubio empezó a saltar a su alrededor muy animado y pensó que mejor les daba la explicación larga antes de caminar con ese sujeto todos los días a la escuela. Esperó que sus turnos fuesen diferentes, consideró inclusive cambiar sus horarios con tal de no coincidir con él.

Detrás de la conveniencia geográfica que Hanamiya tenía para ir a la universidad había una gran historia. Si es cierto que hasta ayer vivía al otro lado de la ciudad había una montaña de recuerdos de aquel lugar que no quería seguir desenterrando, era mejor dejarlos atrás por su propia salud mental.

Volvió a su habitación a desempacar al fin, tomaría un descanso merecido y mañana se prepararía para ir a la universidad. Un mensaje llegó a su móvil y lo vio con la cara de fastidio, algo agotado por su contenido. Lanzó el móvil a la cama y este marcaba un mensaje sencillo.

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Hara :

Hey ¿Cómo te va en tu nueva casa? Cuando puedas me pasas la dirección para visitarte, Papá y Mamá ya están haciendo drama. Te extrañan. Cuídate.

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Se tiró contra el colchón dejando su ropa regada y mirando al techo. "Papá y Mamá" no es una forma en la que él pudiese llamarlos a pesar de que insistían en que así fuese. Cerró los ojos cayendo en sueño mientras abordaba a su mente aquellos días de su infancia cuando el olor a hot cakes, café y el sonido de la televisión le daban los buenos días al igual que la sonrisa de esa familia, las charlas amenas, el calor de hogar.

Quien hubiera visto lo hermoso y afectivo que era ese hogar se cuestionaría porque Hanamiya los ha dejado atrás.

Pero Hanamiya tenía sus motivos, sentía que no pertenecía a ningún lugar. Es como si su existencia en ese mundo hubiese sido creada solamente para enloquecer a quien estuviese cerca.

Por eso estaba constantemente irritado, enojado, iracundo.

Por eso los odiaba a todos para que nadie pudiese amarlo, para que nadie se obsesionase con él.

Abrió los parpados lentamente y miró frente a él un rostro que no conocía. Una sonrisa curva, facciones masculinas y perfectas, ojos café oscuro y unas cejas bien definidas. El moreno de su piel, el aroma que desprendía a lavanda y sus cabellos castaños cortados perfectamente. No parecía nada especial pero verlo desde ese ángulo, con su cara por encima de la suya observándole analíticamente le hizo saltar el pecho.

Dicen que el amor puede nacer de un susto. Eso dicen.

Pero Hanamiya no creía en esas cosas, solo estaba asustado por ver a ese tipo de sonrisa perfecta muy cerca. El otro parpadeó y se separó de él aun sonriendo pero mostrando ligera sorpresa en su cara. Hanamiya se sentó en su cama despertando totalmente.

—¿Quién eres y que haces en mi habitación? —dijo molesto aunque era su culpa por dejar la puerta abierta.

—Lo siento, no sabía si estabas despierto y vi la puerta abierta. Vine a recoger algo que olvidé —se excusó ¿Algo que olvidó? Vio como el chico con confianza abrió el closet y sacó una cobija color azul marino — no quería despertarte, solo veía si estabas despierto.

—…¿Eres el antiguo inquilino? —alzó una ceja y el otro rio asintiendo.

—Ya te han hablado de mí…

—No —respondió frio mientras intentaba calmar los latidos de su corazón. Ya había pasado el susto ¿Por qué no se iban?

—Bueno, solo venía por esto. Lamento el susto que te di —dijo caminando hacia la salida- tal vez nos volvamos a ver. — estuvo por responder "no me importa" pero se quedó en silencio mientras este alzaba la mano para despedirse y salía por la puerta.

—….— ¿Quién rayos esa ese sujeto y quien se creía para hacer que su corazón latiese así? Ah, ahora estaba muy frustrado por ese encuentro. Ahora tenía ganas de patear todo y enojarse consigo mismo por quedarse mudo ante él.

—Olvidé decirlo —dijo asomándose desde el marco de la puerta— soy Kiyoshi Teppei, nos vemos —volvió a correr por el pasillo y Hanamiya se quedó estático "Kiyoshi". Apretó las manos y se tiró nuevamente a su cama. "Kiyoshi".

—Que molesto….—volvió a buscar el sueño pero esa vez batalló para que viniese a él. Y así el día siguiente arribó, estiró los brazos y se talló los ojos agotado por dormir en mala posición, por no dormir adecuadamente. La puerta estaba entrecerrada y caminó para abrirla, odiaba ver las puertas cerradas. Escuchó un grito, uno muy femenino ¿Quién se ponía a gritar a esas horas del día? Caminó a paso presuroso de donde se escuchó el grito mientras Kotaro y Nebuya salían de sus cuartos tambien.

—¿Qué sucede? —preguntó Nebuya.

—Viene del cuarto de nee-san y…oh —mira un sobre en sus pies y después a Nebuya — santo cielo…-lo tomó. En la puerta de Nebuya había uno igual —no puede ser…— Kotaro corrió a paso presuroso mientras el moreno tomaba el sobre. Todo aquello había confundido a Hanamiya quien se decía a sí mismo "no, no te involucres, son sus cosas de locos" pero estaba curioso.

—¡Santo cielo!Kotaro! —Reo estaba en el umbral de su departamento cuando abrazó al rubio— ese maldito de Kiyo-chan, vino sin decir nada —dijo muy feliz ¿Kiyoshi? Recordó haberle visto ayer pero creyó que había sido un sueño o algo así. ¿De qué iba todo esto? —no puedo creer que al fin pasará.

—He, ya era hora —dijo Nebuya agitando su sobre. Todos tenían uno y Hanamiya solo les miraba desde una distancia prudente.

—Oh Hana-chan ….—Reo caminó hacia él y lo abrazó- ojala conocieras a Kiyo-chan, es un amor de hombre.

—Ah… —dijo sin animos de decir "ya tuve el 'gusto' de conocerle".

—Era el antiguo inquilino, no puedo creer que viniera sin decir más —se tranquilizó un poco, estaba muy emocionado —mira Hana-chan ¿No es fabuloso? —le mostró el sobre, los ojos de Hanamiya se abrieron de golpe al ver el grabado en este. Era claro, muy claro.

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"Los invitamos a nuestra boda"

"Aida Riko & Kiyoshi Teppei"

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Algo en su pecho le dijo a Hanamiya que estaba perdido, que se apresuró en un camino sin salida de forma inconsciente. Que aquellos latidos no habían sido del susto, que ahora esa pesadez en su interior era la respuesta.

Apenas pudo conocer a alguien en el mundo cuya expresión, reacción, rostro le parecía "interesante", apenas y se dio cuenta que ni siquiera valía la pena pensar tanto en ello.

Y entre toda la celebración Hanamiya pensaba que no sería tan grave, que por suerte el otro estaba en sus propios planes pero el azabache peca de inocente porque cuando el amor te sorprende nada puede detenerlo, ni siquiera las palabras de Dios.


Teppei entró a su antigua habitación cuando la noche empezaba a caer. Quería sorprenderlos dejando los sobres en los marcos de las puertas para que los viesen al despertar. Además aprovecharía para recoger su cobija y por suerte la puerta estaba abierta. Entró y vio a alguien recostado en la cama.

—Buenas…—susurró pero no recibió respuesta ¿Estaría dormido? Caminó lento para no despertar a ese sujeto y se detuvo a lado de la cama viéndole dormir. Los pómulos, los labios carnosos, el cabello alborotado, sus cejas, su nariz perfecta ¿De dónde sacaron a este chico? Se inclinó para verlo más de cerca y le costaría admitir que quedó algo hipnotizado por su expresión serena, tranquila y llena de paz. El otro reaccionó y abrió lentamente los ojos ¡Que hermosos ojos! Eran como color miel y hacían un contraste perfecto con él.

¡Oh Kiyoshi! Estás en problemas. Apenas cruzaron un par de palabras y sintió esa tensión, el otro parecía un sujeto peligroso pero se estaba conteniendo y antes de una batalla salió de su habitación despidiéndose. Era hora de aterrizar en su vida y olvidarse de ese rostro.

—¡Mi nombre! …—corrió de vuelta ¿Por qué estaba corriendo? Ah, era estúpido estar haciendo eso —Olvidé decirlo, soy Kiyoshi Teppei. ¡Nos vemos!

Y ahora si partió de ahí. Hubiera querido preguntarle su nombre pero hacerlo sería tocar terreno peligroso. Puso su mano en su pecho calmando sus latidos ¿Qué significaba esto? No, eso estaba muy mal. Estaba mal sentir eso ahora, en ese instante.

Riko le sonrió desde el auto y él entro sentándose en el asiento del conductor.

—¿Todo salió bien? — Kiyoshi asintió y se puso en marcha.

—Salió excelente…—dijo con una sonrisa en los labios con el corazón partido entre el arrepentimiento de haber pensado en aquel hombre como algo fenomenal y la felicidad de haber visto esos ojos a los que le bastó un segundo para robarle el aliento.

No existen las cosas como el amor a primera vista pero siempre hay una persona a la que estás predestinado y cuando le conoces la vida conspira para que veas que es la indicada. No importa cuanto lo niegues no puedes detener el paso del amor que es más destructivo que un huracán.