No puedo creer que ya llegamos al final de esta historia. Disculpen la tardanza, saben que las temporadas de fiestas son complicadas para algunos que escribimos y fue mi caso.

Mil gracias a ustedes por leer y seguir esto de principio a fin. Sin ustedes escribir no tendría sabor.

GRACIAS.

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Tantas vueltas habían dado de un lado a otro que de seguir así terminaría haciendo tremendo agujero en el suelo. Chistaba la lengua y se movía los cabellos con fiereza del estrés que le abordaba mientras a la cercanía Reo miraba el reloj y suspiraba. Era predecible que eso pasaría más aun sin ser amigos del de lentes buscaban darle consuelo, después de todo él era importante para Teppei.

—Ese idiota de Teppei ¿Dónde rayos está? —gritaba Hyuuga a punto de salir disparado por la puerta a darle una buena tunda a su amigo siendo detenido por la fuerza de Nebuya.

—Algo importante debió atravesarse, no debe de tardar —dijo de la forma más tranquila que pudo un Himuro quien traía su traje elegante a medio portar. Los otros chicos se miraron entre si y suspiraron, conociendo al otro seguramente estaba haciendo de las suyas.

Y es que ya habían pasado un año desde aquel evento desastroso, las heridas parecían más sanadas ahora y todo era cierta armonía. Himuro había logrado estabilizarse y conseguir un empleo en ese lugar, ahora vivía en aquella pieza junto a Reo con quien pasaba días felices. Kotaro y Nebuya habían, después de tanto tiempo, formalizado su relación. Ahora los estantes llenos del pasado de Nebuya se habían saturado con fotografías y cosas del presente que tenía con Kotaro. La cama era más grande y había más comida en la nevera. Kotaro no pudo retomar sus estudios más estaba en proceso de retornar la carrera, tantos viajes y demás le imposibilitaron readaptarse a sus clases.

OldCodex seguía viajando por el mundo aunque habían pasado, a fin de año, una época en Japón. Aquel frio invierno fue suficiente para que cosas mágicas pasaran, mágicas e increíbles para Sakurai cuyos sentimientos habían sido correspondidos por aquel curioso profesor. Alex y Masako seguían teniendo su vida tranquila haciéndose cargo de su negocio y su pequeña niña, planeaban tener alguna más pronto.

Ese año fue de retos y alegrías para todos pero sobre todo para Hyuuga quien motivado por Teppei abrió su corazón a Riko. "Estará bien intentarlo" había dicho ella sin imaginar que caería totalmente al estilo y atenciones que el de lentes tenía hacia ella. Y es que es cierto que tanto él como Teppei eran muy diferentes a la hora de amar más ambos tenían una cosa en común: siempre se esforzaban por hacerle sentir bien.

Quien dio el paso para decir "Quiero casarme" fue ella. Ese día de otoño en que ambos miraban la televisión uno a lado de otro casi provoca que Hyuuga tuviese un mininfarto y se ahogase con su propia bebida. Ella rio divertida ante el nerviosismo del otro porque entendía que el deseo del chico era el mismo. Que importa si no hubiese pasado mucho tiempo, era hora de dejar de ser correctos y aceptar que el amor no se cuenta por días ni es mejor el que dura años si no el que se siente con tal magnitud y fuerza que solo la eternidad puede contenerlo.

Y el día había llegado, todo estaba en orden excepto el padrino quien estaba desaparecido o más bien rememorando viejos oficios. Aquella vieja pieza al fondo de la posada, cruzando el jardín verde y hermoso con su fuente en el centro, detrás de aquella puerta cerrada estaba un azabache cómodamente sobre el sillón mientras una camisa caía a sus piernas, viendo como el erótico cuerpo del castaño se aproximaba hacia él como una bestia cazando a su presa. Hanamiya arqueo los labios con una sonrisa visualizando el pecho bien formado de Teppei quien se acercaba hacia él inclinándose para besarle la frente.

—Sin tocar…—susurró Hanamiya empujando al más alto hacia atrás para que se incorporara y siguiera en lo suyo. Teppei suspiró mientras el azabache sentado con elegancia seguía analizando la actuación del otro. Bendijo muy internamente su antiguo empleo, Teppei bien le había prometido tras conocerse que algún día se desnudaría para él y en ese momento se lo tomó a broma pero ahora, habiendo pasado más de un año, esos juegos y locuras eran reales.

Aquella pieza era de ambos, el destino hizo que esa habitación uniera sus caminos, sus vidas y sincronizara sus sentimientos. Hubo días en los que Hanamiya le echaba porque así era su personalidad pero Teppei solo reía, le abrazaba y decía que le amaba demasiado como para aceptarlo, se aferraba a él y eso es lo que Hanamiya ansiaba de alguien, encontrar alguna persona que entendiera que detrás de esa cortina de desprecio y odio hacia todo había alguien humano que sentía y amaba. Nunca decía cosas lindas, tampoco gustaba de ser detallista y durante ese tiempo jamás había aceptado directamente tener una relación con el otro a pesar de vivir juntos, compartir la cama, tener sexo y hasta bañarse juntos, así era él, así Teppei le amaba con intensidad.

El cierre del pantalón se escuchó y este se deslizó por las piernas de Teppei hasta caer al suelo mostrando la prenda interior que tenía. En ella se veía una erección creciente en la cual Hanamiya fijó sus orbes dorados. Le hizo un mohín para que se acercase, Teppei dio un par de pasos hasta estar cerca y sintió el tacto de los dedos del azabache encima de la tela que ocultaba su protuberancia haciéndole estremecer.

—Creí que sería sin tocar —emitió Teppei. Hanamiya alzó una ceja riendo con malicia.

—Ya ha pasado más de un año y no entiendes que hago lo que quiero…—comentó con tranquilidad mientras depositaba un pequeño beso en aquel lugar. Estando de pie Teppei y el azabache sentado daba la posición exacta para aquello, solo faltaba que aquella prenda descendiera para poder hacerse cargo y atender al castaño.

Aquel bóxer se unió con las demás ropas regadas mientras Hanamiya con ambas manos tomaba el falo del otro moviéndole, besando la punta, introduciéndolo en sus labios. Teppei enredó sus dedos en el cabello del otro, gimió haciendo la cabeza hacia atrás mientras el ojidorado lamía aquella extensión y succionaba muy levemente produciéndole más placer siendo imposible contener sonidos vulgares.

Mirar a Hanamiya haciendo aquello era inusual, hoy se veía más cooperativo y directo, tal vez el presenciar aquella escena de Teppei había encendido cosas en él que no creía que existieran. Teppei se quejó cuando sintió los dientes del otro rozar su erección y se inclinó hacia a frente mientras Hanamiya se separaba riendo.

—Eso dolió… —susurró mientras levantaba a Hanamiya de su lugar jalándolo con delicadeza del brazo.

—Sin dolor no hay placer…—susurró contra sus labios haciéndolo girar para sentarlo sobre el sillón. Teppei observó como Hanamiya se desprendía de la camisa mostrando e pecho, su desnudez es algo que ya bien conocía más recordó la primera vez que pudo verle como Dios le trajo al mundo. El azabache no tenía un gran cuerpo musculoso ni tal vez el más atractivo pero esos lunares que pintaban caprichosamente algunos puntos de su pecho y parte baja se habían ganado unos buenos besos.

Cada vez que estaba con Hanamiya en esa clase de situaciones ambos parecían tan diferentes. No había tanto del hogareño y risueño Teppei o del constantemente disgustado Hanamiya, solamente había una pareja de jóvenes que disfrutaban de hacerlo de diferentes maneras, en diferentes posiciones y en diferentes lugares de la casa.

El pantalón cayó con todo y los boxers arrugándose en el suelo y saliendo con la ayuda de sus pies descalzos. Estando desnudo se subió encima de las piernas del castaño poniendo las manos en sus hombros, mirándole solo un poco a los ojos mientras Teppei le sonreía enamorado, perdido en él. Hanamiya chistó suave y borró esa sonrisa de sus labios con un beso, con una mordida mientras movía su cuerpo provocativamente hacia Teppei, suspirando contra sus labios, encajando sus dedos en la espalda morena del otro.

—¿Sabes? Ya se hará tarde para la boda de tu amigo —entonces Teppei reacciona, apenas nota la hora y su corazón entra en la decisión de seguir y morir en manos de Hyuuga o dejar a Hanamiya con las ganas y morir de todas formas.

—Había olvidado la hora…—el azabache le impidió seguir hablando besándole de forma pasional, sintiendo como Teppei decidía por seguir con él pues le había rodeado por la cintura posesivamente, le había levantado un poco para acomodar su erección entre las piernas del chico y rosado su entrada un par de veces.

Pasaron muchas cosas y momentos para poder dar ese paso de ser uno. Hanamiya a pesar de ser tan duro tenía heridas mortales con respecto a lo mismo y en su paciencia y amor Teppei logró ganarse la confianza de aquel chico, mostrarle que no le lastimaría y que lo disfrutaría a tal grado que ahora era el azabache quien tomaba la iniciativa para hacerlo, ahora era él quien pedía sentirle dentro con acciones tan simples como seducirle con besos en el cuello pues en su orgullo Hanamiya jamás aceptaría que le derretía sentir a Teppei, justo como se sentía en ese instante en que sus paredes internas abrían paso al castaño.

—Ngh…—se quejó suavemente sentándose en la erección mientras el otro pegaba su frente a la del azabache. Ambos con los parpados cerrados, con el calor en la piel, sus mejillas ardientes y sus latidos acelerados. Solo en ese momento en que podía sentir el corazón de Hanamiya palpitar con fuerza, en ese instante en que gemía su nombre por lo bajo podía saber que el otro también estaba enamorado, también tenía ese nerviosismo de amar más de lo que podía contener o explicar y eso era maravilloso.

Se empezó a mover contra él lentamente hasta que el otro le detuvo, se sujetó de sus hombros y empezó a subir y bajar contra Teppei. Los cabellos oscuros caían cubriéndole un poco el rostro y se movían lentamente con las respiraciones que salían sonoras de sus labios. Entrecerró los ojos y alzó la vista cruzándose con los café del otro y aferró sus dedos entre las hebras del mismo color. Teppei le besaba el cuello mientras el otro subía y bajaba las caderas rápidamente, sintiéndolo más, sintiendo las piernas temblar.

Un respingo salió de sus labios, una queja no contenida e ignorando el teléfono que sonaba incesante siguió hasta sentir el líquido blanquecino del otro en su interior, hasta que culminó en el pecho de Teppei tembloroso y con la respiración entrecortada. Teppei le peinó los cabellos hacia atras y le miró fijamente con una sonrisa enternecedora en los labios, Hanamiya no respondió a esta mientras se preguntaba cómo es que había caído tan bajo, como se había rendido ante el otro. El teléfono volvió a sonar insistente regresándolo a la realidad.

—La boda, es tarde….—Hanamiya chistó pero no había de otra, no quería tener que lidiar con el cadáver del otro.

Apenas una ducha express y los trajes incómodamente elegantes les vistieron emprendieron camino. Antes de salir del pequeño cuarto Hanamiya miró una pieza de ajedrez tirada en el suelo. La tomó entre sus dedos y la guardó en un bolsillo. Subieron al auto de Teppei y emprendieron marcha con un 'elegante' retraso. Llegaron al lugar donde se llevaría a cabo la boda, la iglesia era hermosamente amplia y con detalles en perla y oro. La gente estaba entrando al recinto usando sus mejores galas: amigos y familiares de la pareja por igual ansiosos de ese gran día. Teppei entró a prisa y detrás de él un desinteresado Hanamiya le seguía hasta que sus pasos dieron hasta la sección donde el novio ansioso y colérico esperaba.

—Kiyoshi Teppei…—emitió Hyuuga totalmente molesto mientras el castaño temblaba —¿Crees que esta es hora de llegar?

—Lo siento tuve…un…inconveniente —detrás de él Hanamiya hacia mohines indicándole de que había tratado su 'inconveniente'. No importaba, de todas formas seria al castaño a quien reprenderían y no a él. Hyuuga casi lo cuelga mientras Hanamiya reía victorioso al ver que su maldad había surgido efecto. Mientras sus amigos se divertían ante los regaños de Hyuuga, Hanamiya alzó la vista al altar algo perdido por varios segundos.

—Hana-chan… ¿Te sentarás con nosotros? —el chico salió de sus pensamientos y metió las manos a los bolsillos.

—Bien…—dijo desinteresado mientras caminaba y retornaba la mirada a Kiyoshi Teppi quien ya regañado se había pasado a lado de su amigo, era turno de él ser el padrino, tal vez así debió ser desde el inicio. Hanamiya suspiró por lo bajo, un suspiro que no pasó desapercibido por Reo quien sonrió.

—Ya llegara tu turno, Hana-chan —guiñó el más alto haciendo que Hanamiya alzara una ceja negando con la mano como si espantara una mosca.

—El matrimonio y el trabajo no se hicieron para mi…—tomó lugar a lado de los demás jóvenes mientras la música de la iglesia sonaba y todos los presentes se colocaban en sus lugares. Hyuuga contuvo el aire un momento mientras en el marco de la puerta se vislumbraba la silueta de una hermosa novia con vestido blanco y frondoso, ella era preciosa. A su lado su padre, un hombre por demás estricto pero que respetaba la descabellada decisión de su hija.

Riko caminó ante la vista de la gente, hasta que se detuvo a lado de Hyuuga y sonrió divertida ante la expresión del chico.

—Anda, quita esa cara…—dijo dándole un puñetazo leve en el hombro —vas a casarte conmigo, no vas a morir.

—Yo diría que es algo similar —dijo Teppei a su lado ganándose una mueca por parte de la chica.

—Eso explica por qué escapaste pero Hyuuga no se salva de esta —dijo la castaña riendo, Teppei lo hizo de igual manera mientras el de lentes se tallaba a sien sin saber qué hacer con ese par.

—Espero que sean muy felices Riko, Hyuuga. Ambos son mis amigos y se merecen esto y más…—los jóvenes asintieron mientras Riko retornaba la vista a su padre quien les daba la bendición para dar paso a una emotiva ceremonia.

Ni que decir que Reo estuvo la mitad de la boda llorando mientras Himuro le daba unas pequeñas palmadas en la espalda. Kotaro estaba inesperadamente tranquilo, tanto así que Nebuya quería tomarle fotos pues nunca se estaba tan en calma como ese día. Hanamiya seguía medio atento a la boda aunque su vista se perdía por momentos en lo bien que se veía el castaño, en lo bien que le sentaban los trajes elegantes.

Llegó la hora de aceptar su vida uno a lado del otro, la hora de poner las alianzas y de un hermoso beso que se llevó todas las palmas de los invitados. Todos al grito de "Felicidades" mientras la pareja se abría paso para salir de la iglesia y una lluvia de arroz llegaba a ellos. Risas, llanto, emoción fueron parte del momento. Todos se preparaban para partir al festejo cuando Hanamiya empezó a descender por las escaleras de la iglesia. Teppei dejó de lado la charla con sus amigos y vecinos para ver al azabache ahí de pie, sentir esa sensación de nerviosismo como la de un enamorado primerizo y empezar a subir los peldaños hacia él.

—¿Pasa algo? Te noté muy pensativo…—le dijo mientras Hanamiya alzaba los hombros.

—No puedo estar hablando en una boda, imbécil —dijo con la hostilidad de siempre ganándose una risa de respuesta, tan predecible.

—Ya veo…ya casi es hora de la fiesta ¿Vamos? —no espero respuesta cuando empezó a dar un paso hacia abajo y la voz de Hanamiya le detuvo.

—Quiero casarme contigo…

Teppei detuvo su andar sorprendido. Su corazón se detuvo relativamente y se preguntó a su mismo unas siete u ocho veces antes de girar si no había estado alucinando esa propuesta que sonaba más a una orden por parte del azabache. Giró lentamente para verlo y ahí estaba Hanamiya, tan imperturbable y único, tan serio y directo por lo cual sabía que no bromeaba porque cuando Hanamiya estaba jugando con él ponía una cara de lo más tierna diciendo algo muy cursi para después reír maléficamente y enseñarle la lengua diciendo "¿Te lo creíste, idiota?" más ahora era diferente, ahora el chico le veía con sus ojos dorados de una manera que rara vez hacía, estaba parado con las manos en los bolsillos en señal de que estas temblaban.

—¿Cuándo? —no fue la mejor frase que se le pudo ocurrir pero ¡Santo cielo! Teppei estaba demasiado nervioso para pensar con cordura. Hanamiya chistó irritado y prosiguió.

—No sé, maldición. Dentro de diez años, de cinco, dentro de un año o en un mes, si quieres mañana o ahora mismo, maldita sea… solo quiero hacerlo —contestó con ese tono de voz más normal. Teppei empezó a reír torpemente, más que de costumbre y se talló los cabellos incrédulo.

—¿Hoy mismo? Pero necesitamos tantas cosas, papeleo y yo…—empezó a subir las escaleras hacia él tallándose el rostro —aunque podríamos ir a otra ciudad y pagarle a un juez o algo así… Dios.

Pasaron varios segundos en los que ambos se mantuvieron en un agradable silencio y, estando un escalón abajo, Teppei terminó por descargar su emoción en un fuerte abrazo que tomó por sorpresa a Hanamiya. En un momento no supo que hacer, la gente podía verles pero a Teppei no le importaba, tampoco debía importarle a él, solo por esa vez. Lo rodeó con los brazos apretando un poco los labios, nunca pensó en cosas como familia, matrimonio y menos cuando estas significaron cosas malas para él. Su madre le mostró que casarse no traía la felicidad y que si eras feliz con alguien este podía morir por aquello mismo aunque Hanamiyae estuviera con la familia de Hara jamás los llamó familia y es por eso que aunque hubo oportunidades de encontrar el amor rechazó todas pero ahora se encontraba ahí, frente a una iglesia pidiéndole una vida entera al único hombre que le había comprendido, al único que le conocía sin necesidad de decir una sola palabra.

Se separó de aquel abrazo, exploró la mirada de Hanamiya y tragó saliva asintiendo.

—Si partimos ahora podremos llegar mañana al amanecer y quedarnos en un Onsen…—dijo mientras Hanamiya le apretaba la mejilla.

—Tranquilízate… que nos vas a matar en plena carretera… —dijo para después soltarse de su abrazo. —andando.

—Hanamiya…—el más bajo detuvo su andar y entonces Teppei alzó un poco la mano sacando una pieza de ajedrez. Era la misma pieza que había recogido antes de salir de casa y que estaba en su bolsa, seguro en medio del abrazo se la había arrebatado. Suspiró alzando la mano y este la colocó encima — también quiero que te cases conmigo…

Esa fue su respuesta, aquella pieza era el Rey del juego y ahora colocada entre medio de sus manos Teppei se aproximó robándole un beso en los labios, de esos besos que saben a triunfo y a gloria. Y a gloría sabrían el resto de sus días.

Coróname y hazme feliz por siempre.