Ch1: Ignorar.

ElsaxHans

Adaptación. [La historia y trama no es de mi pertenencia, es propiedad de Abbi Glines, su libro "Existence" es todo de su autoría. Los personajes de Frozen tampoco me pertenecen, son propiedad de Disney. Yo los uso sin fines de lucro.]

Sinopsis: ¿Qué sucede cuando eres acechada por la muerte? Te enamoras de él, por supuesto.

Elsa Arendelle no se burla de la muerte, al contrario, se enamora de él.

De diecisiete años de edad, Elsa Arendelle ha visto almas toda su vida. Una vez se dio cuenta que los extraños que veía caminar a través de las paredes no eran visibles para cualquier persona, comenzó a ignorarlos. Si no les permitía saber que podía verlos, la dejaban en paz. Hasta que salió de su coche el primer día de escuela y vio a un chico increíblemente sexy descansando sobre una mesa de picnic, mirándola con una sonrisa divertida en su rostro. El problema es que ella sabe que está muerto.


No lo mires y él se irá. Cantaba en mi cabeza, mientras caminaba hacia mi casillero. Me tomó una gran cantidad de fuerza de voluntad no mirar sobre mi hombro.

No solo lo alertaría, podía ver que era inútil, también sería estúpido. Los pasillos ya se encontraban llenos de estudiantes. Aunque, si él me hubiese seguido dentro de la escuela, de todos modos lo habría visto con bastante facilidad a través de la multitud de personas. Permaneció apartado, justo como ellos lo hacían, sin moverse y observando.

—¡Agh! ¿Has visto a Jack? Quiero decir, honestamente, ¿Puede ser más caliente? Oh sí, sí que puede.—Anna Arendelle, mi hermana menor, chilló con fuerza mientras me agarraba del brazo. Hemos estado juntas en los colegios siempre, aunque ella fuera a grados menores que yo, por supuesto.

—No, no lo he visto. El entrenamiento de fútbol debe de haber coincidido con él.—Le contesté con una sonrisa forzada. No me podría importar menos cuan caliente podía lucir Jack Frost. Anna entornó los ojos y abrió el casillero junto al mío.

—En serio, Elsa, tendré a una hermana solterona con muchos gatos. No entiendo cómo puedes ser tan inmune a una persona tan intensamente sexy.

Logré una sonrisa genuina y deslicé mi bolso por encima de mi hombro.

—¿Sexy? Por favor dime que no dijiste sexy.

Anna se encogió de hombros.—No soy un pozo sin fin de palabras descriptivas, como tú.

Me atreví a echar un vistazo por encima de mi hombro. Los pasillos se encontraban llenos de gente normal, gente que vive. Hablaban, reían, y leían sus horarios. Todo era muy real. Dejé escapar un suspiro de alivio. Este era el primer día de mi último año. Quería disfrutarlo.

—Entonces ¿Qué clase tienes primero?—Pregunté, relajándome por primera vez desde que había visto al chico muerto afuera, apoyándose tranquilamente sobre una mesa para el almuerzo, mirándome directamente.

—Tengo Álgebra II. ¡Agh! Disfruté tanto Geometría el año pasado. Odié álgebra en primer año y ya puedo sentir las vibras negativas saliendo de mi libro. —El estilo dramático que Anna tenía para la vida en general nunca dejaba de hacerme reír.

—Yo tengo Literatura Inglesa.

—Bien, todos saben que te encanta eso. Oh, mira, mira, mira ahí está él.—Anna chilló en voz baja, mientras asentía con la cabeza hacia donde Jack hablaba con otros jugadores de fútbol.

—Odio no poder andar por ahí y disfrutar de Su Alteza contigo, pero ésta es mi parada.

Anna se volvió hacia mí, entorno sus grandes ojos aguamarina, y me dio un saludo antes de hacer su camino hacia Jack.


Los salones vacíos eran lugares que usualmente evitaba a toda costa.

Teniendo en cuenta el hecho de que la campana no sonaría hasta cinco minutos más, esta sala, sin duda, permanecería vacía por los próximos cuatro minutos. Si me hubiera quedado en el pasillo, habría sido arrastrada por Anna a donde Jack se rodeaba de sus escasos elegidos.

Sabía, sin dudar, que no le interesaba hablar con Anna. Hemos ido con Jack a la escuela desde que teníamos once. Desde su traslado de algún lugar al norte de la ciudad costera de Breeze, Florida, nunca nos había reconocido, a ninguna. No es como si me importara. No era mi tipo. Caminé hacia la mesa más cercana a la ventana y puse mi bolso en el piso.

Un movimiento, por el rabillo de mi ojo, hizo que los vellos de mis brazos se erizaran. Sabía que no debía quedarme en esta habitación vacía. Pero ya me encontraba aquí ahora y salir corriendo lo haría peor. Me volví para hacer frente a la misma alma que vi afuera, sentado en una silla en la parte posterior del salón de clases con sus pies apoyados sobre el escritorio frente a él y los brazos cruzados casualmente sobre el pecho. ¿Cómo sabía que podía verlo?

No le di un ningún indicio. Normalmente, los fantasmas necesitaban una pequeña pista para darse cuenta que no era tan ciega como el resto del mundo. Algo era diferente en éste. Bajé la mirada y empecé a voltearme. Tal vez debería ir con Anna y el equipo de Jockey que se encontraba en el pasillo. Si actuaba como si no lo viera y caminaba de regreso al pasillo, entonces él sacudiría su cabello pelirrojo y podría pensar que había cometido un error y flotaría o caminaría a través de una pared o algo así.

—Realmente no quieres someterte a tan inútil compañía, ¿Verdad?—Una fría y suave voz rompió el silencio.

Agarré la silla de plástico duro a mi lado tan fuerte que mis nudillos se pusieron muy blancos. Luche contra un sorpresivo y pequeño llanto-casi un grito- en la parte de atrás de mi garganta.

¿Debería ignorarlo? ¿Debería responderle? Dejarle saber que su presentimiento era cierto podría no terminar bien. Pero ignorar todo esto iba a ser imposible. Él podía hablar. Las almas nunca antes me hablaron. Desde el momento en que me di cuenta que los extraños con frecuencia me miraban o aparecían en mi casa vagando por los pasillos, no eran visibles para nadie más que para mí, había comenzado a hacer caso omiso de ellos. Ver gente muerta no era una cosa nueva en mi vida, pero escucharlos hablarme era, definitivamente, un nuevo giro.

—Te creía con más agallas. ¿Vas a decepcionarme también?—Su tono se suavizó. Había un acento familiar en su voz ahora.

—Puedes hablar. —Dije, mirándolo directamente. Necesitaba que supiera que no me sentía asustada. Había lidiado con almas errantes antes, porque eso me ha gustado pensar que son, toda mi vida. Almas errantes.

Ellos no me asustaban, pero prefería ignorarlos, de ese modo se marcharían. Si alguna vez pensaran que podía verlos, me perseguirían. Él continuó observándome con una expresión divertida en su rostro. Pude notar el brillo de burla en sus ojos verdes. Pude notar que su sonrisa torcida dejaba ver un solo hoyuelo. El hoyuelo no parecía encajar con su actitud fría y arrogante. Por mucho que su presencia me molestaba, no podía dejar de admitir que ésta alma solo podía ser etiquetada como ridículamente hermosa.

—Sí, hablo. ¿Esperabas que fuera mudo?

Apoyé la cadera contra la mesa.

—Sí, de hecho, eres el primero que ha hablado conmigo.

Frunció el ceño. —¿El primero?

Parecía genuinamente sorprendido de no ser la primera persona muerta que podía ver y escuchar. Él era, sin duda, el alma más singular que he visto nunca. Hacer caso omiso de un alma que podía hablar iba a ser duro. Sin embargo, tenía que superar su capacidad y deshacerme de él. Hablar con amigos invisibles-o imaginarios- podría dificultar mi vida social.

Acabaría pareciendo una chica loca que hablaba sola.

—Elsa Arendelle, este debe ser mi día de suerte. —Al escuchar mi nombre, giré para ver a Olaf Muller entrando en el salón.

Forcé una sonrisa como si no hubiera estado hablando en una habitación vacía.

—Creo que lo es.—Incliné mi cabeza de regreso para encontrarme con sus ojos.

—Continúas creciendo, ¿Cierto?

—Parece que no puedo detenerlo. —Me guiñó el ojo y luego colgó una de sus largas piernas sobre la silla en frente de la mía para sentarse.

—¿Dónde has estado este verano? No te he visto mucho.

Tuve la oportunidad de echar un vistazo hacia atrás, hacia el alma, para encontrar una silla vacía. Una mezcla de alivio y decepción se apoderó de mí. Querer hacerle más preguntas no era exactamente una buena idea, pero no podía evitarlo. Le preguntaría lo que a otras almas antes, como: "¿Por qué me estás siguiendo?" o "¿por qué puedo verte?" y siempre permanecían mudas. Muchas veces desaparecían cuando comenzaba a hacerles preguntas.

Volviendo mi atención de regreso a Olaf, forcé una sonrisa antes de responder.

—Estuve en Carolina del Norte todo el verano, en el campo de caballos de mi Tía.

Olaf se reclinó en su silla y sacudió la cabeza. —Simplemente no entiendo por qué la gente querría irse todo el verano, cuando vivimos en una de las playas más bellas del mundo.

Para mí, no había sido una elección en realidad, pero no quería explicarle el motivo a Olaf, a Anna, a Kristoff o a cualquier otra persona. Más estudiantes comenzaron a ingresar a la habitación, seguidos de nuestro profesor de Literatura Inglesa, el Sr. Brown.

—Olaf. ¿Cómo estás? Kristoff y yo te hemos buscado.—Sven Gregory saludaba mientras se dirigía a nosotros, sin la presencia de Kristoff detrás. Kristoff era un chico que me caía bien, éramos amigos, aunque había una disputa entre él y Anna. Con Sven en cambio, no hablaba demasiado.

El de cabellos marrones dejó caer su bolso sobre la mesa al otro lado de Olaf. Por ahora, la atención de Olaf no se dirigía a mí, gracias a la interrupción de Sven.

Cuando me volví hacia el frente, mis ojos se volvieron a encontrar con el alma. Apoyado contra la pared directamente en diagonal a mi pupitre, estaba de pie, mirándome. Me fulminó con la mirada y pareció encontrar mi evidente aversión, entretenida. Su hoyuelo apareció y odié le hecho de encontrarlo apuesto. No era un ser humano, bueno, ya no lo era. Me tomo un gran esfuerzo apartar la mirada lejos de él y enfocar mi visón en el tablero donde el Sr. Brown había escrito nuestra tarea. Siempre había ignorado esas fastidiosas almas antes y habían desaparecido. Tenía que superar el hecho de que esta podía hablar conmigo. Si no lo ignoraba, estaría atrapada, con él acechándome.


—Lo odio, me refiero a odiar de una forma importante. —Se quejaba Anna mientras dejaba caer la bandeja del almuerzo junto a Olaf, haciendo un gran estruendo. —Si tengo que sentarme en álgebra y química durante toda la mañana, uno pensaría que por lo menos podría haber una pequeña recompensa para la vista en una de mis clases. ¡Pero nooooo! Tengo a Gloria con sus incesantes estornudos y a Julien con sus problemas de gases.

Me atraganté con mi sándwich y agarré la botella de agua que Olaf me ofrecía, para tomar un sorbo rápido con el fin de tragar la comida. Una vez que sentí que no iba a ahogarme hasta la muerte, levanté la vista hacía la cara preocupada de Anna.

—¿Tienes que decir cosas como esas cuando tengo la boca llena de comida? —Pregunté.

Ella se encogió de hombros, con la risa de Olaf como música de fondo.—Lo siento, sólo decía, eso es todo. No era mi intención de que te olvides de masticar la comida.

—Anna, tu siempre tan delicada.—Olaf bromeó.

Anna me alcanzó con una mano sobre la mesa y apretó mi brazo. —Ahí va Su perfección ahora. ¿Crees que va a salir otra vez con Lola este año? Me refiero a que realmente tuvo una mala ruptura el año pasado con todo lo del engaño y esas cosas. Seguramente lo superó.

Di otro bocado a mi sándwich, sin querer contestar a su pregunta. No me importaba con quien saliera Jack Frost, pero sí, estaba más que segura que volvería con Lola Shark. Parecían ser "La Pareja de Oro"

Todos sabían esto y lo esperaban. Los de su tipo siempre buscaban otros a la altura de su nombre.

—Vuelve a meter la lengua dentro de tu boca, Anna. Te ves como un perro que está muriendo de sed. —Kristoff Bjorman se sentó frente a nosotros tres. Me hubiera enfadado por hablarle así a mi hermana, pero ya sabía cómo se llevaban los dos y era mi amigo, así que no lo reprendí. Lanzó una risita por su propia broma mientras Anna le fruncía el ceño.

—No tengo mi lengua colgando, muchas gracias.

Kristoff sonrió, mientras Olaf reía a carcajada limpia, el rubio me miró y alzó los hombros.

—A mí me parecía que casi se salía de su boca.—Olaf expresó

—¡¿De qué parte estás, Olaf?!—Anna exclamó molesta mientras llevaba sus manos a las caderas.

—A mí sí me parecía. ¿Qué piensas Elsa, se babeaba o qué?

Llene mi boca con otro bocado. No pensaba estar en medio de esto. Kristoff se echó a reír cuando le señalé mi boca repleta. Olaf trato de contener sus carcajadas y Anna les miraba molesta, luego me miro y me dio un codazo en el costado.

—No te pongas de su lado. Ambos son malvados.

Con un largo sorbo de agua tragué mi comida, y luego miré fijamente a Anna.

—Ustedes pueden discutir todo lo que quieran pero yo no voy a meterme. Desde que decidieron llevar esto un paso más allá de la amistad el año pasado y todo se vino abajo a su alrededor, todo lo que quieren es darse golpes bajos el uno al otro. No es mi pelea. Déjenme en paz. —Rápidamente di otro bocado a mi sándwich, así no podía ser incitada a decir nada más.

—Cierto. Solo dense cuenta y punto final.—Olaf me siguió y rápidamente tomo un sorbo de su malteada helada de vainilla.

Cuando ambos se dieran cuenta de que se encontraban locos el uno al otro porque ninguno ha podido superar la ruptura, harían mi vida más fácil. Pero entonces, sería la única soltera, una vez más, puesto que Olaf andaba con Angie. Mi novio, Hiccup Potts, se mudó hace meses y no había hablado con él, incluso antes de ir a ver a mi tía este verano. Además, como no podíamos mantener una relación a distancia, decidimos romper.

—¡No se trata de eso! No pudo importarme menos que no pudiera mantener su lengua fuera de la garganta de Susan cuando no lo miraba.—Dijo Anna con enojo. El día en que separaron, me había enojado mucho con Kristoff, pero luego me enteré que fue solo un malentendido, y por supuesto, por primera vez, estaba en desacuerdo con Anna.

—No tenía mi lengua en la garganta de nadie, excepto en la tuya, Anna, pero no me crees y estoy cansado de defenderme.—Kristoff se levantó y tiró su bandeja de comida sin tocar antes de alejarse.

—Imbécil.—Murmuró, mirando como él se cambiaba de mesa.

Odiaba verlos así. Los cuatro habíamos sido amigos desde tercer grado. En aquel entonces, Kristoff había sido todo brazos y piernas. Ahora se alzaba por encima de todos con un cuerpo largo y musculoso. Anna no había sido inmune a sus repentinas cualidades el año pasado. Ahora, no lo soportaba. Y Olaf y yo-y a veces Angie- teníamos que lidiar con sus ocurrentes peleas.

—Escucha, Anna, pensábamos, que tal vez si los dos hablaran sobre lo que pasó sin que lo acuses, las cosas podrían funcionar.—Olaf dijo. Habíamos intentado esto antes, y ella siempre nos ignoraba.

Efectivamente, comenzó a sacudir su cabeza, haciendo que algunos cabellos pelirrojos se sacudieran de adelante y atrás.

—Sé lo que paso. No quiero hablarlo con él. Es un gran mentiroso, un traidor.—Dio un mordisco violento a su manzana Granny Smith y siguió mirando en dirección a Kristoff.—Míralo, actuando como si encajara más en esa mesa. Quiero decir, realmente, ¿Quién se cree que es?

Seguí su mirada. Kristoff estaba recostado en una silla, riéndose de algo que otro jugador de baloncesto decía y charlando a la vez con Sven.

Todos parecían encantados de tener a Kristoff en su presencia.

Normalmente se sentaba con nosotros, este año sería diferente.

Suspiré, deseando no tener que ser la que señalarle lo obvio a Anna.

—Él es el único en la escuela que tiene cazatalentos universitarios que viene a verlo jugar baloncesto. Eso es lo que es. Jack puede ser el pez gordo en el campo de fútbol…

—O Snowboard.

—O snowboard, pero no veo ningún cazatalentos universitarios, llamando a su puerta. Puedes estar enojada con Kristoff, pero él pertenece a esa mesa más que nadie.

—Además de que es Boxeador. También es aclamado allí.—Dijo Olaf.

Anna miró a Olaf y luego volvió su mirada hacía mí y al instante se trasformó en una mueca. —Bueno, él puede ir a la Universidad con una beca de boxeo o baloncesto y engañar a todas esas animadoras, entonces. Debo advertirles. —Su voz había adquirido un tono de derrota mientras se ponía de pie y se dirigía hacia los cubos de basura. La miré, deseando poder encontrar una manera de arreglar esto entre ellos.

Olaf lanzó un suspiro a mi lado. —Iré con ella.—Me palmeó la espalda antes de marcharse y seguir a mi hermana.

Alguien se sentó a mi lado en la silla que Olaf acababa de abandonar. Me volví en mi asiento, casi esperando ver al alma. Imagina mi sorpresa cuando noté que no era el ama no deseada, pero sí el deportista arrogante.


¡Hola! Sé que en estos momentos querrán matarme por subir un nuevo fic sin subir nada de los otros que he tenido abandonados por un tiempo. En primera, el último capítulo de "Baile de Invierno" Debería haberse subido ayer, pero se borró el archivo—o no lo encuentro—y la verdad, estoy desesperadísima, sino tendré que volver a reescribirlo—y eso a ver si me acuerdo como era—Pobre de mí.

Además, debo decirles que estive desaparecida debido a: Enfermedades, Bloqueo creativo y virus en la computadora.

Pero planeo volver, aun tengo bloqueo creativo con "Esfera de cristal" pero trataré de escribir un nuevo capítulo lo antes posible. En cuanto a "Baile de Invierno" Buscaré el maldito archivo y más tardar lo subo mañana. ¡Sino tendré que reescribirlo e igualmente subirlo mañana, o pasado en todo caso.

Odio las tormentas, de seguro fue por eso que mi archivo no se guardo ;w;

Ahora, hablemos de este fic. Esta es una ADAPTACIÓN del libro "EXISTENCE" de ABBI GLINES.

Es decir, no me pertenece ni nada. Pero creí que sería una perfecta historia que podía ser adaptada a los personajes de Frozen. Una amiga mía también está haciendo una adaptación, pero en el Fandom Inazuma Eleven y ya va más adelantada, para que se pasen a ver. Además es una forma de que lean el hermoso y sensual libro que escribió Abbi Glines.

ACLARACIONES:

Usaré personajes de DreamsWork y Disney, así que será crossover.

~Lola Shark está basada en el personaje "Lola" de la película "El Espanta Tiburones". Es un pez, pero imagínensela como humano ¿Ok? xD

Por el momento, me voy.

Bye Bye! ;9