Ch2: Deportistas y una alma.

ElsaxHans

Adaptación [Existence-Abbi Glines] Nada de lo que aquí se presenta es de mi propiedad-Más que el personaje "Angie" Todo lo demás es a su respectivo autor.


—Hola, Elsa, el Sr. Yorkley dijo que tenía que venir para hablar contigo. —El sonido de la voz de Jack pareció sacarme de la conmoción momentánea. Si el señor Yorkley lo envió, es que él necesitaba algún tipo de ayuda académica. Sin embargo, no me sentía segura de querer ayudar, ni intención de hacerle esto más fácil. Me las arreglé para expresar un "¿Para qué?" y esperé en silencio. Jack se aclaró la garganta y se frotó las manos sobre las rodillas de sus pantalones vaqueros, como si estuviera realmente nervioso.

—Eh, eh, bueno, —Empezó a decir— quiero decir, esto es, necesito algo de ayuda con la oratoria. No es lo mío y el Sr. Yorkley dijo que eras con quien debía hablar sobre cómo obtener un poco de ayuda. —Se quedó mirando al frente mientras hablaba. Ni siquiera me miró. Realmente no me agradaba este tipo. Finalmente volvió su mirada hacía mí. Seguro usaba esa expresión lastimosamente esperanzadora con las chicas, con el fin de conseguir lo que quería. Mi estómago me traicionó y se estremeció afectado por sus suplicantes ojos azules de bebé. Odiaba que pudiera hacer que mi cuerpo reaccionara por él, de otra forma que no fuera a vomitar, por supuesto.

Se llevó su mano hacía sus cabellos blancos mientras los revolvía con nerviosismo.

—Este es el primer día de clases ¿Cómo puedes ya necesitar ayuda?—Le pregunté con una voz que esperaba sonara molesta. No era una chiquilla tonta que podía conmoverse por unos cuantos movimientos de sus largas pestañas, incluso si mi cuerpo no parecía estar de acuerdo.

Sin duda, era mi imaginación ese ligero rubor en sus mejillas.

—Um, si, lo sé, bueno, el Sr. Yorkley y yo lo sabemos, pero voy a esforzarme.—dijo un poco a la defensiva. Jack había sido siempre un buen estudiante. Había estado en algunas clases con él.

—¿Por qué ambos piensan que tienes que esforzarte? Claramente, no tienes miedo de hablar delante de toda la clase.

Él negó con su cabeza y fijó la mirada al frente otra vez.

—No, no es así. —Esperé, pero no dijo nada más.

Era interesante, me había intrigado.

—En realidad, simplemente no entiendo por qué necesitas mi ayuda. Escribes ensayos para las tareas asignadas y luego los expones oralmente. Sencillo, sin ningún tipo de presunciones, ni rodeos o ecuaciones difíciles.

Volvió la mirada hacia mí con una sonrisa triste.

—No es tan fácil para mí.

Hizo una pausa y actuó como si quisiera decir algo más, luego sacudió la cabeza y se puso de pie

—. No importa, olvida que te pregunté.

Lo vi pasar por delante de la mesa de su club de admiradoras y dirigirse afuera por las puertas dobles. Por un momento, experimenté una punzada de culpabilidad, por ser tan dura con él. Había venido a pedir ayuda y yo básicamente acabé burlándome de él. Levanté mi bandeja, enojada conmigo misma por actuar como una idiota. "Idiota" era parte de su descripción, no mía.


Mi mochila aterrizó en la mesa de la cocina con un golpe sordo, anunciando mi regreso. Me dirigí a la nevera. El jugo de naranja en el que había trabajado ayer, tan arduamente, sonaba bien.

—¿Elsa, cariño, eres tú? —La voz de mi mamá se escuchó desde el pasillo. Estaba acurrucada en un rincón de su oficina con una gran taza de café, escribiendo en su computadora. No tenía que verla para saber esto.

Mi mamá es escritora. Ella vive detrás de su equipo.

—Sí. — Respondí.

—Hola Anna.—Saludé a mi hermana quien se encontraba dándole de comer al gato. Tenía en sus manos una taza llena de helado de fresa con trocitos de chocolate encima. Ella siempre salía antes que yo del colegio.

—¡Hola Elsa!—Saludó alegre con su mano y con la cuchara de metal en su boca. Paso por mi lado mientras sacaba del bolsillo de su pantalón su celular y se disponía a abrir Facebook.

Antes de que pudiera servirme un vaso de jugo de naranja, el sonido de las zapatillas de mamá dejándose caer contra el piso de madera me sorprendió. Se trataba de un extraño acontecimiento. Rara vez se alejaba de su escritura cuando regresaba a casa de la escuela. Por lo general era cerca de la hora de cenar cuando nos honraba con su presencia.

—Bien, me alegro de que vinieras directo a casa. Necesito hablar contigo y luego tengo que arreglarme.—Hizo un gesto. Anna se sentó cómoda en el sillón, y pareció ignorarnos, sus dedos se deslizaban ágilmente sobre la pantalla táctil de su móvil—Voy a cenar con Roger, pero no te preocupes, les dejo dinero para pedir una pizza. —Tiró de una silla para sentarse y su cara amable se puso seria. No era una buena señal. Esta seriedad era del tipo grave, lo reconocía, pero raramente lo experimentaba.

—¿Qué? —Pregunté mientras colocaba mi vaso sobre la mesa. La espalda de mamá se tensó mientras se aclaraba la garganta. La mirada con ceño fruncido de "Estoy-Decepcionada-De-Ti" apareció mientras bajaba la comisura de sus labios. Rápidamente me devané los sesos, intentando pensar en algo que podría haber hecho para molestarla, pero nada vino a mi mente.

—Recibí una llamada del Sr. Yorkley, justo en medio del capítulo quince.

Oh-oh, ella sabía sobre Jack. Tuve suerte de que a Anna no le hubiera comentado nada, aún, también agradecía que estuviera demasiado ocupada dando likes a diversas imágenes mientras chateaba con Angie.

—¿El señor Yorkley? —Pregunté, fingiendo que no sabía de qué se trataba. Mamá asintió con la cabeza y echó la cabeza hacia un lado como si estuviera estudiándome para ver si creía que yo realmente no tenía idea de por qué mi profesor podría llamar. La cabeza inclinada siempre me ponía nerviosa. Me preparé.

Estaba a punto de dejarlo correr. Había sido una idiota, pero en mi defensa no era como si hubiera hecho algún daño. Me burlaba del rey gobernante, no de una persona con baja autoestima.

—Al parecer, hay un muchacho que tiene una discapacidad de aprendizaje y le dijeron que te buscara para tutoría. Te inscribiste para dar clases este año, por créditos extras. Mi pregunta es, Elsa, ¿Por qué no ayudar a un estudiante en tu escuela que lucha con algo tan serio como la dislexia? El muchacho, según me dijeron, tiene la oportunidad de dar una beca por sus habilidades atléticas, pero su discapacidad requiere recibir ayuda extra en ciertas clases. Se necesita a alguien que le ayude a poner sus discursos en un papel. Eso no parece mucho pedir. Dijiste que querías ser tutora este año. Explícame por qué elegiste decirle que no a este muchacho y, te lo digo ahora, más vale que sea bueno. —Se echó hacia atrás y cruzó los brazos sobre el pecho, en su postura de "Estoy-Esperando."

Anna levantó la cabeza por una milésima de segundo y me observó. Parecía no entender del todo.

—Saldré un rato, traeré muffins para la cena.—Dicho esto. Anna se levantó, agitando sus trenzas y salió por la puerta de la casa.

¿Jack sufría de dislexia? ¿Era esto una broma? Había estado yendo a la escuela con él, la mayor parte de mi vida. Chicas, incluida Anna, sabían todo sobre él. Demonios, Anna, una vez me había dicho exactamente dónde se encontraba su marca de nacimiento. No me importaba. ¿Cómo podría Jack Frost tener dislexia y ninguno saberlo?

Me acordé de Jack pidiéndome ayuda en la cafetería hoy y la forma en que me había comportado. La revelación de que Jack trataba con algo como la dislexia y se las arreglaba para tener tan buenas notas me molestó. No sabía el por qué, exactamente, pero lo hacía. Me gustaba pensar en él como un deportista. Alguien que consiguió su popularidad de la noche a la mañana. Ahora todo lo que podía pensar era en el aspecto que tenía, cuando había venido a pedirme ayuda. Un nudo se formó en la boca de mi estómago.

Miré a mi mamá y negué con la cabeza lentamente.

—No tenía idea que él tenía un problema de aprendizaje. Siempre es tan arrogante y seguro de sí mismo. Me sorprendió que se acercara en busca de ayuda y de inmediato me pregunté por qué él, de todas las personas, necesitaría ayuda.

Mamá se inclinó hacia delante en la mesa y su ceño fruncido se alivió un poco.

—Bien, puedes mejorarlo. He criado una chica más compasiva que eso.

Asentí y alcancé mi mochila.

—Lo sé, lo siento. Voy a arreglarlo.

Parecía aplacada.

—No me gusta recibir llamadas de la escuela acerca de ti. Sobre todo cuando estoy escribiendo una intensa escena de asesinato.

Sonreí y puse el vaso en el lavavajillas antes de voltearme hacia ella. Casi tiro el adorno que estaba en la mesa cuando escuché a Anna gritar.

—¡Los Muffins saben deliciosos!

—Anna, cariño, has regresado muy rápido.

—La tienda está al lado, mamá.

—Buen punto.—Dije sonriendo.

—Um, ya que han arreglado sus problemas…porque no hablamos durante unos instantes minúsculos, mamá—Sonrió de forma pícara.—Así que, ¿La segunda cita con este Roger?

Se ruborizó.

—Sí y parece que somos capaces de hablar durante horas. Adoro su forma de pensar y ha viajado por todo el mundo. Mi mente siempre está girando cuando habla de lugares y cosas que nunca he visto. —Se encogió de hombros—. Me conocen, siempre estoy pensando en la historia detrás de todo.

Levanté las cejas y me acerqué a ella.

—Y él es sexy. —Dijo Anna. Se río, lo cual no era un sonido normal para mi mamá.

—Oh, ahora no es por eso que me gusta. Es su forma de pensar y la conversación.

Me reí en voz alta.

—Claro que lo es, mamá, sigue diciéndote esa mentira.—Esta vez hablé.

—Está bien, es bastante atractivo.

—Mamá, él es sexy y lo sabes. Es cierto, es mayor, pero aun así es sexy.—Anna apoyó su mejilla sobre su mano.

—No es viejo. Tiene mi edad.

—Exactamente.

Miré su intento de parecer lastimada antes de que cediera y se echara a reír.

—Bien, soy vieja. Su dinero estará en la encimera cuando estén listas para pedir una pizza.—Por último salió por la puerta,

Quedarme en casa sola no era algo que disfrutara.

Cuando estoy sola las almas que veo vagando sin rumbo me molestan. Especialmente desde que realmente había hablado con una hoy. Resultaba más fácil recordarme a mí misma que eran inofensivas cuando eran mudas. Ahora, me sentía un poco asustada.

—No irás a salir ¿Verdad?—La pregunté a Anna. Negó sonriente.

Subimos al dormitorio y cerré la puerta para charlar con mi hermana.


—A ver si he entendido bien. — Anna se sentó en el sofá con un pedazo de pizza en la mano y una lata de refresco entre sus piernas, mirándome—. ¿Jack "me-pones-tan-caliente-que-deseo-restregarme" Frost te pidió que lo ayudaras con su discurso y te negaste? ¿Estás tan loca como creo que lo estás? Quiero decir, en serio Elsa, pensé que la locura que tan a menudo veo en ti, era sólo para mostrar de forma superficial, y muy en el fondo tenías algo de sentido común. Creí que hablaban de otro muchacho mamá y tú.

Arrojé un pedazo de pizza en el plato delante de mí, de la frustración.

—Voy a arreglarlo en la mañana. No es como si hubiera asaltado un banco. Deja de hacer un gran problema de esto. Sé que me equivoqué. Realmente necesitaba ayuda y se inscribió para clases de apoyo. Si quiero el crédito extra, tengo que ayudar a todo aquel que me envíe el Sr. Yorkley.

Anna entornó los ojos.

—¡Oh, Dios no lo quiera y envíe al hombre más caliente del Estado contigo! Quiero decir, por el amor de Dios, ¿Qué te pasa?

Era imposible no encontrar divertido su drama.

Anna nunca dejaba de hacerte sonreír a las pequeñas cosas, convirtiéndolo todo en un gran escenario dramático.

—Me equivoqué al no ofrecerle mi ayuda. Supongo que mis prejuicios hacia los deportistas se interpusieron.

Pero, no le voy a ayudar porque tú piensas que es caliente. Sólo estoy ayudándolo porque realmente lo necesita y me inscribí para eso.

Anna rodó los ojos y se quedó inmóvil, sosteniendo la pizza en el aire entre el plato y la boca.

—Espera...¿Podría quedarme aquí, en tu dormitorio, ayudándolo y todo eso? Porque, si es así, quiero estar aquí también. Me puede notar y darse cuenta de que está perdidamente enamorado de mí, y luego podemos salir durante toda la escuela secundaria y después de la graduación nos podríamos casar y yo seré la madre de sus hijos.— La soda escapó de mi boca y cubrió mi plato todavía con pizza.

—¿Qué? —Sonrió encogiéndose de hombros antes de tomar un bocado de su pizza libre de refresco.—Para empezar, es necesario terminar la universidad antes de siquiera pensar en casarse y tener hijos. Tampoco es como si te diera permiso. Y NO, no va a venir por aquí. Incluso si fuera a hacerlo, no te permitiría venir después de ese comentario descabellado.

La última cosa que quiero hacer es arreglar algo entre mi hermana y un chico con el que está fantaseando sobre casarse y tener hijos, recién salidos de la escuela secundaria. Anna era mi hermana menor, tendría que cuidarla de cualquier loco que se cruzara por ahí.

Suspiró con la derrota y me hizo un puchero, enojada, era buena con eso.

—No eres divertida, Elsa, no tienes gracia en absoluto.

Di otro bocado a la pizza de la caja de cartón que había colocado en la mesa de café.

—¿En serio? Entonces ¿Por qué sigues aquí?— Pregunté.

—¡Porque te quiero!

—¡También te quiero!

Anna se puso de pie. —No me gusta dejar la intimidad caliente de esta conversación, pero tengo que hacer pis.— Saltó, levantándose del sofá y se dirigió por el pasillo hacia el baño. Siempre aguantaba hasta el último minuto. Solía pensar que cambiaría a medida que fuera creciendo, pero no lo había hecho. Cuando decidía que necesitaba ir al baño siempre era una carrera precipitada.

—Interesante hermana la que tienes. Es realmente entretenida.

La pizza que llevaba a mi boca cayó de las manos a mi regazo. Reprimí un grito en mi garganta. Me sorprendió, pero reconocí la profunda voz con acento sureño. El alma parlante se sentó en una de mis sillas. Simplemente genial. El chico muerto, realmente sexy y aún escalofriante -porque-puedo-hablar debió haberme seguido a casa.

—¿Por qué estás aquí? —Demandé en voz baja, deseando que me dejara en paz de una vez y se fuera a vagar por la tierra a otro lugar. La intensidad de su firme mirada hizo que mi pulso saltara de los nervios, o tal vez una mejor descripción sería... miedo.

—No puedo decirte eso. Todavía no es el momento. Pero, puedo asegurarte que por lo pronto no me voy a ningún lado.

Después de un vistazo rápido para ver si Anna volvía, lo miré.

—¿Por qué? Si no hago caso de los-asuntos-de-las-almas, siempre se van.

Frunció el ceño, se inclinó hacia delante y me estudió con atención.

—¿Qué quieres decir con asuntos de las almas?

No me sentía muy segura en el suelo mirándolo hacia arriba, empujé la pizza fuera de mi regazo y me puse de pie para poder estar a la altura de sus ojos.

—No eres especial. He estado viendo fantasmas, almas, espíritus o cualquier cosa que sean, toda mi vida. Están por todas partes. En mi casa, en la calle, en las tiendas, en las casas de otros, puedo verlos. Simplemente los ignoro y se van.

Poco a poco, se puso de pie y dio un paso hacia mí. Su altura era intimidante, pero su cercanía me hubiera hecho retroceder, incluso si hubiera sido de menor estatura.

—¿Puedes ver almas?

—Puedo verte, ¿No?

Asintió lentamente.

—Sí, pero soy diferente. Se supone que debes verme. Es más fácil de esa manera. Pero a las otras... no se supone que las veas.

La puerta del baño se abrió con un clic. Giré mi cabeza para ver volver a Anna con una sonrisa en el rostro.

—¿Hablabas sola?

Me encogí de hombros y forcé una sonrisa.

—Mmm, sí.

Se río y volvió a sentarse en el sofá. Tomé aire estabilizándome y luego miré hacia atrás, al alma que había regresado a la misma silla de mimbre blanco de la cocina, y me miraba. La única manera de que pudiera terminar esta conversación y conseguir que se fuera sería... enviando a Anna con Angie, o a casa de Olaf en todo caso. Hablar con un alma que ella no podía ver, no iría muy bien. Mi capacidad de ver las almas no era algo que hubiera compartido con ella, aunque fuera mi hermana y no tenía intención de empezar a hacerlo.

El alma parecía estar esperando a que tomara una decisión.

La idea de estar a solas con él me asustaba. Puede que fuera sexy, pero era un muerto y me había seguido a casa. Escalofriante no era suficiente para empezar a describirlo. Hacer que Anna me dejara aquí, no era uno de mis planes para esta noche. Puse un poco de distancia entre el alma y yo caminando hacia el sofá para sentarme junto a Anna.

—¿Quieres ver The Vampire Diaries? Tengo los dos últimos episodios grabados. —Pregunté, con la esperanza de que él entendiera la indirecta y desapareciera.

—¡Oh! Sí, me lo perdí la semana pasada.

Agarré el mando a distancia, seleccionando los programas grabados en mi lista de DVD e hice clic. Tenía que dejar de pensar en el tipo muerto dentro de la habitación. Después de al menos diez minutos de escuchar a Anna suspirar por Damon y quejarse de Elena, contuve la respiración y casualmente eché un vistazo en su dirección. La silla donde había estado sentado ahora se encontraba vacía.

Dejé escapar un suspiro de alivio.


Durante toda la mañana había estado repitiendo exactamente lo que le iba a decir a Jack. No me sentía segura sobre decirle que sabía acerca de su dislexia, o que podía comenzar tan pronto como estuviera listo y omitir la explicación. También me preparé para que me dijera que ya no necesitaba mi ayuda. Si ya había conseguido otro tutor entonces todo este lío se habría acabado. No me vería obligada a ayudar a alguien que no me gustaba, pero sería un problema para mi crédito extra. De cualquier forma, perdería en esta situación.

Esto tampoco era algo que quisiera hacer con Anna a mi lado, batiendo sus pestañas y riendo cuando él hablara. El tiempo sería de suma importancia. Después de Química, esperé en el pasillo para que saliera de la única clase que compartíamos este semestre. Por suerte, caminaba solo.

—Mmm, Jack, ¿Podría hablar contigo un momento? —Le pregunté tan pronto como salió por la puerta. Me miró y el ceño aumentó de inmediato arrugando su frente. Parecía estar pensando seriamente en alejarse e ignorarme cuando, en su lugar, dio media vuelta y se encaminó hacia mí deteniéndose justo en frente.

Apoyado contra la pared, cruzó los brazos delante de su pecho y esperó. Tuve la sensación de que no iba a hacerme esto fácil.

—Respecto de ayer, lo siento, fui muy grosera con lo de ayudarte. Me anoté para dar clases por el crédito extra y no debería haberte tratado de la manera en que lo hice. —Me detuve y vacilé, esperando que dijera algo. Él no

se movió, o siquiera actuó como si fuera a responder. Tomé una respiración profunda y me recordé a mí misma que era mi culpa

—Sí todavía quieres que sea tu tutora, me encantaría ayudarte.

Concluí, no realmente feliz, pero sonaba como lo más correcto para decir. Su mirada silenciosa empezó a ponerme nerviosa. Parecía aburrido.

Puse en práctica todo mi autocontrol para no enojarme con él y alejarme. Recordé exactamente lo grosera que había sido ayer y logré seguir esperando pacientemente por su respuesta.

Se enderezó y miró por el pasillo por encima de mi hombro, como si en realidad no estuviera considerando lo que había dicho. Justo cuando pensé que no quería mi ayuda, concentró su expresión aburrida en mí y preguntó

—¿Te estás ofreciendo debido al Sr. Yorkley? ¿Te pidió que hicieras esto?

Pensé en las palabras de mi mamá ayer y me pregunté, Si ella no hubiera insistido en que hiciera lo correcto, ¿Estaría ofreciéndole ahora mi ayuda? Este popular, talentoso, y adorado chico me había confiado su secreto. No me gustaba. Diablos, no lo conocía, pero por alguna razón quería ayudarlo.

—Actué como lo hice, porque simplemente no me gustas. Me equivoqué y, sinceramente, ni siquiera te conozco lo suficientemente bien como para formarme una opinión de ti. Te estoy ofreciendo mi ayuda porque lo necesitas. Eso es por lo que me anoté y por eso estoy aquí.

Parecía estar pensando en lo que dije por un momento y luego una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Así que... no te gusto, ¿Eh?

Me puse un poco más derecha y acerqué los libros más a mi pecho en actitud defensiva. Sorprendentemente, era algo difícil ser la destinataria de una de sus encantadoras sonrisas. Sobre todo después de que acababa de admitir que no me gustaba.

¿Por qué tenía que ser tan frustrantemente lindo?

Di una pequeña sacudida de la cabeza y se río entre dientes.

—Bueno, puede que tengamos que trabajar en cambiar tu opinión. —Acomodó su mochila más arriba, sobre el hombro y esbozó una sonrisa más

—. Te veré más tarde.

Se marchó, dejándome un poco nerviosa. Luché contra la urgencia de dar la vuelta y verlo alejarse. Un lento sonido de aplausos, me sorprendió y di media vuelta para encontrarme con el alma apoyada en los casilleros con esa maldita sonrisa torcida.

—Impresionante. Una mujer con las agallas suficientes para admitir que puede estar equivocada, pedir disculpas y ofrecerse a corregir la situación.

Puse los ojos en blanco y suspiré, sabiendo que el pasillo no se encontraba completamente vacío, así que la respuesta no sería posible.

—Aléjate de mí.—siseé de todas formas, antes de volverme y caminar en dirección a la cafetería.