Ch3: Jack Frost.

ADAPTACIÓN.

Nada presente aquí es de mi propiedad. La historia es de Abbi Glines y Frozen es propiedad de Disney.


Estaba de pie frustrada por perder el control de la situación con Jack. Había ido a la biblioteca preparada para cumplir con nuestra tutoría asignada e incluso había hecho notas en el libro de mano del Sr. Yorkley les dio a todos los tutores. Me encontraba en el problema de crear un programa para usar con Jack, haciendo notas de los días y horas de nuestras sesiones. Escribí instrucciones para él, sobre qué llevar y cómo tomar notas en clases. Todo parecía tan cortante y seco. Aún así, nada salió como planeaba.

No había tomado en consideración que estudiar con Jack en el último periodo sería imposible dado que todos los jugadores de fútbol americano debían reportarse en el campo en el último período. Tampoco tomé en consideración que los fines de semana no se podían, porque él tenía ir a practicar Snowboard. Tampoco había pensado en sus prácticas por la tarde de fútbol y en el trabajo en la tienda de surf de su tío.

El timbre sonó antes de que pudiera enojarme más porque nada iba en la forma que lo había planeado. No pude quitarme la irritación mientras abría la puerta.

Jack sonrió compungido. —Realmente lo siento sobre esto. Me siento mal porque tengas que trabajar de acuerdo a mi agenda. Sé que a las siete es tarde, y bueno, lo siento.

La indignación que me había arreglado para sentir mientras pensaba en tener que trabajar alrededor de Jack, se evaporó. Parecía sincero y un poco nervioso. Esta no era la forma en que esperaba que actuara. ¿Dónde estaba su arrogancia? ¿Siempre era tan amable? Seguramente no. Él era el tipo que había salido con la perversa bruja de la costa sureña por dos años. Di un paso atrás para dejarlo entrar.

—Está bien. Pasa y siéntate en la mesa, nos traeré algo para beber. ¿Te gusta la cerveza sin alcohol?—Pregunté, mientras oía como Anna se golpeaba la cabeza con la pared de su habitación arriba de la cocina. Ella siempre que dormía terminaba por golpearse pero nunca despertarse. Estaba agradecida que estuviera profundamente dormida.

—Eso es genial. Gracias.

Me tomé mi tiempo, sacando las sodas del refrigerador y abriéndolas antes de caminar de regreso a la mesa de la cocina. Está sería la primera vez que había hablado realmente con Jack más allá de breves conversaciones de ayer y hoy.

—Traje el programa de clase y todo lo que se espera en este curso. Tengo una semana antes de que el primer discurso sea dicho y necesita ser sobre algo en lo que me sienta entusiasmado.—Dijo.

Muy bien. Era una tutora. Podía hacer esto. Él era sólo otro estudiante que necesitaba mi ayuda.—Así que, necesitamos decidir qué es lo qué te apasiona. —Se rio entre dientes y levanté la vista. —¿Qué? —Pregunté cuando vi su expresión divertida.

—¿Qué me apasiona?

Rodé mis ojos y sostuve el programa de estudios. —Ya sabes, algo con lo que te sientas fuerte. Como tu propósito o base.

Asintió con una risa divertida en su lugar. —Apasiona, me gusta eso. Pensemos en algo que me apasiona.

Esto no debería tomarle mucho para darse cuenta. Algún tema relacionado con el fútbol o snowboard o problemas con el deporte tenía que estar dando vueltas en su cabeza. Estiré la mano para abrir el portátil. —¿Tienes alguna idea?—Pregunté.

Aparentaba estar muy compenetrado en su pensamiento. Me sorprendió un poco. ¿Cuán compenetrado puede volverse uno si se trata de fútbol y snowboard?

—La importancia de la adopción.—Dijo.

Comencé a escribir su respuesta mientras sus palabras lentamente se hundieron. ¿Adopción? ¿Quería escribir sobre la adopción? —Muy Bien.— repliqué preguntándome si iba a explicar detalles por qué quería discutir esto. Estuve completamente de acuerdo con él, pero, ¿Cómo podía el Sr. Popularidad estar apasionado sobre algo tan importante como la adopción?

Estudiaba el bolígrafo en su mano y lo deslizaba hacia atrás y adelante entre sus pálidos dedos. Podía decir que decidía como explicarme porque quería hablar sobre la adopción. Así que me las arreglé para mantener mi boca cerrada y esperar. Finalmente me miró.

—Fui adoptado después de vivir en hogares de acogida por cinco años. Ya no tenía la esperanza de pertenecer a una familia para el momento en que cumplí nueve años. La mayoría de la gente quiere bebés. Se me dio la oportunidad con la que la mayoría de los huérfanos de nueve años solo sueñan.

Si él simplemente me hubiera hablado en un fluido chino, no hubiera estado más sorprendida. ¿Adoptado? ¿Jack Frost? ¿En serio? —Oh, wau, no tenía idea. Yo, uh, puedo ver por qué este sería un tema importante para ti. —Cuando había dicho que no conocía a Jack Frost, no me había dado cuenta de cuán precisas eran mis palabras. El pequeño niño en un hogar de acogidas sin padres, y una dificultad de aprendizaje, no parecían encajar con el tipo que caminaba por los pasillos de Movie High como el rey actual.

Las cosas acerca de Jack que me desagradaban ahora me parecían logros impresionantes. ¿Es posible que lo haya etiquetado incorrectamente? Los atletas superficiales no superaban la adversidad ni lograban las cosas que Jack había logrado. Lo había catalogado, sin siquiera conocerlo. El hecho de que las chicas se volvían tontas por él y que cada chico quería ser él, no lo hacían idiota. La única idiota en la habitación resultó ser la elitista y prejuiciosa mujer. Yo.

—Escuchaste la parte donde soy adoptado ¿Verdad?—Su voz rompió mis pensamientos y lo miré confundida. Una sonrisa tiró de sus labios. —Te ves muy perturbada. Pensé que quizás te perdiste el final feliz.

—Lo siento. Es sólo, bueno, no esperaba eso. Me sorprendiste un poco.

Se inclinó hacia atrás en su silla. —Me parece que tienes un montón de ideas en lo que a mí respecta. Seguro pensaste mucho en alguien que no te gusta demasiado.

Mi rostro se calentó y sabía que me sonrojaba. —¿Quién sabe, Elsa? Quizás te guste antes de que termine esto.


Nos tomó tres noches consecutivas de tutoría tener el discurso listo. También me tomó solo tres noches darme cuenta que realmente me gustaba el mariscal estrella de Movie High. Jack Frost no era nada parecido a como siempre lo había asumido. Aún me sentía culpable por el estereotipo en que lo había ubicado. Sin embargo, aunque estábamos pasando dos horas, juntos al atardecer, nada cambió en la escuela. A pesar de que Jack sonreía y asentía cuando nos cruzábamos en el pasillo, no llevábamos la fácil amistad que parecíamos tener durante las tutorías, a la vida diaria en el colegio.

—Así queeee, así está la cosa, Kristoff y yo estuvimos hablando un poco y me pidió ir al Baile de Bienvenida. Eso significa que tendrás que buscar una cita y venir también. Sé que planeamos ir al cine está noche, pero buenoooo….

Anna sacudió sus pestañas hacía mí a través de la mesa.

—Estoy encantada que Kristoff y tú hayan vuelto. Odiaba que estuvieran enojados.—Olaf asintió a mi lado y Angie sonrió mientras sacudía su cabello negro y seguía tratando de hacer un avión de papel.

—Yo también. Apestaba, ¿No? —Intervino Kristoff mientras tomaba asiento a un lado de Anna. Ella se inclinó sobre él, mientras Olaf trataba de ayudar a Angie con su avión de papel. De repente, me sentí un poco dejada de lado.

—Y Elsa necesita una cita para el baile. No podemos ir sin ella.—Dijo Anna y Angie asintió mientras levantaba la cabeza con una sonrisa.

—Estoy seguro de que Elsa puede conseguir una cita si quiere una.—Olaf intervino y mordió su sándwich. Sabía que intentaba hacer lo posible para frenar las ideas de emparejarme que tenía Anna y lograr que Angie no se uniera al lado oscuro de mi hermana. Le di una sonrisa agradecida.

—Realmente no hay nadie con quiera ir. —Esto era una mentira y lo sabía. Me obligué a no mirar la mesa de Jack, porque hacerlo me delataría de inmediato. Olaf, sin embargo, miro hacía la mesa de Jack y luego a mí con una sonrisa burlona. Por suerte, Anna y Kristoff se perdieron su sutil insinuación y Angie seguía ensimismada tratando de formar un avión de papel que no fuera deforme. Para suerte, Olaf decidió no verbalizar sus pensamientos. Anna, enterándose de mi interés por Jack era lo que menos necesitaba.

—Pero no será divertido sin ti.—Anna hizo un puchero. Tomé otro trago de té. No quería discutir con ella sobre esto.—Vamos, Elsa. Han pasado seis meses desde que Hiccup se fue. Lo extrañamos también, pero él se mudó. Necesitas tener citas de nuevo.

Era la primera vez que la mención de mi antiguo novio no me ponía triste. Había comenzado a salir con él en mi noveno grado y él había sido un alumno de décimo primer grado. Después de la graduación este pasado Mayo se fue a la Universidad y sus padres se mudaron a otro estado. Ambos acordamos que una relación a distancia sería muy difícil y rompimos. Al principio, había estado perdida. Había asumido que debía ser el corazón roto. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que extrañaba la comodidad de nuestra relación. En el fondo, habíamos sido sólo muy buenos amigos. Nos gustaban las mismas cosas y nos preocupábamos por lo mismo.

—No es por Hiccup. No he conocido a nadie que me interese.

La sonrisa de Olaf se hizo más grande mientras le daba otro mordisco a su sándwich. Si él no fuera cuidadoso le estrangularía esa sonrisa tonta de la cara. Antes, Olaf era alguien que se le salían los secretos aunque no lo quisiera. En teoría, era un no-cuidadoso. Ahora había cambiado.

Anna hizo una mueca de desagrado.—Es una lástima que pases cada noche con Jack Frost y que ni siquiera te guste. Simplemente no lo entiendo.

Kristoff levantó las cejas hacia ella y frunció el ceño.—¿Qué estás diciendo, Anna?

Ella frunció los labios y trató de parecer seria. —Oh, basta, Kristoff, sabes que te amo. —Él se agacho y le dio un beso en los labios mientras Angie soltaba una pequeña risa, y luego regresó a su comida. Anna regreso su atención hacia mí, con una sonrisa tonta en la cara y quise reír. —Sólo estoy diciendo que si pudieras ver más allá de tu desagrado hacia él, sería una gran oportunidad.

Pensé por un minuto acerca de seguir dejándola creer que realmente no me gustaba Jack. De alguna manera me parecía injusto con él. No se merecía mi disgusto y dejar que otros creyeran que no me gustaba era incorrecto.

—No me desagrada Jack. No es como yo pensaba. Me equivocaba acerca de él, sin embargo, no estoy "caliente" por él. —Miré mi bandeja con un poco de miedo de que Anna pudiera haber conseguido leer entre líneas [o los otros] , pero en cambio, parecía un ciervo escandalizado por los faros. Ella no se enfocaba en mí, su mirada se centraba en algo…o alguien detrás de mí.

—Bueno, me alegra saber que no estás caliente por mí, una preocupación menos en mi mente.

Cerré mis ojos con fuerza, esperando sólo haber imaginado la voz de Jack. Su hombro rozó el mío mientras se sentaba a mi lado y lentamente abrí mis ojos para ver a un muy divertido Olaf mirándome, a un Kristoff con una sonrisa y Angie confundida [eso sin contar a Anna que parecía totalmente escandalizada]. Me aclaré la garganta y forcé una sonrisa que no sentía, antes de darme vuelta para mirar a Jack.

—Hola. —Dije simplemente y se echó a reír, empujando mi hombro con su brazo.

—Relájate, Elsa, está bien. Entiendo que odiabas mis entrañas y has tenido la revelación de los dioses de que no soy tan malo después de todo. Es genial. —Me resistí a las ganas de suspirar de alivio.

—Así que, ¿Qué te trae a las mesas de la clase baja? —Pregunto Kristoff sonriendo a su propio humor.

Jack lo miró y levantó una ceja con sorpresa. —Oh, ¿Te refieres a que esto es clase baja? No tenía ni idea. Tiene al artista más talentoso de la escuela y el más divertido. —Señaló a Olaf. —La que ganó el concurso de cocina.—señaló a Angie. —Al atleta estrella. —Señaló a Kristoff. —A su novia y hermana de Elsa, hija de una escritora. —señaló a Anna. —Y la chica con calificaciones perfectas y reina del Baile de Bienvenida el año pasado. —Dijo volviéndose a mí.

Rodé mis ojos. —Eso fue sólo por mi cita y lo sabes.

—No, no lo sé.

Sabía que me ruborizaba y lo odiaba. Mi mirada se encontró con la de Anna y me di cuenta de que absorbía cada palabra. Esto no era bueno. No iba a extrañar mis mejillas rosadas. —¿Qué es lo que necesitas?—Le pregunté tratando de no sonar grosera.

Sonrió como si pudiera leer mi mente. —Quería decirte que obtuve una A en mi discurso.

—Eso es maravilloso. Es un discurso muy bueno. Pusiste grandes cosas en él.

—Sí, pero no podría haberlo hecho sin tu ayuda.

Sonreí y miré hacía mi comida. El plato de plástico con ensalada que consistía en lechuga y té de limón helado.

No le había contado a nadie, incluida a Anna, acerca de la dislexia de Jack o su adopción. Esas no eran mis historias para contar. Para suerte mía, Anna no había entendido del todo la charla de mi mamá y yo.

—¿Vienes al juego de esta noche?—Preguntó y lo miré sorprendida por la pregunta.

—Um, no, probablemente no.

Frunció el ceño y luego asintió con la cabeza y se levantó.

—Bueno, gracias de nuevo y creo que te veo el lunes, entonces.

—Está bien, buena suerte está noche. —Le contesté. ¿Había herido sus sentimientos por el hecho de no ir al juego? Me giré de nuevo en mi asiento y Olaf negó con la cabeza.

—¿Qué?—Pregunté.

—El pobre tipo no está acostumbrado a ser derribado.—Dijo y tomo un trago de leche.

—¿Derribado?—Le pregunté confundida. Colocó la caja de leche con chocolate de nuevo en su bandeja y me miró con una expresión seria, rara vez vista en el rostro de Olaf.

—Quería que fueras a su juego y dijiste que no.

Fruncí el ceño tratando de recordar si me pidió que fuera. Estoy segura de que él me pregunto si planeaba ir. Ni una sola vez me pidió que fuera. —No, no lo hizo.

Kristoff se echó a reír mientras Olaf negaba con la cabeza, divertido. —salir con Hiccup te arruinó. La mayoría de las veces la gente no sale con alguien exactamente igual a ellos. Pero tú te entendías con Hiccup, porque, como tú, era directo y serio. No todos los chicos, no, la mayoría de los chicos, no son así.—Escuché la voz de Angie y me gire a verla. Asintió con la cabeza hacia donde Jack hablaba con Lola.

—Te estaba invitando, confía en nosotros.—Olaf dijo mientras se alejaba con Angie y se despedía con un gesto de la mano. —Hey, Kristoff, Sven te está hablando.—Dijo antes de marcharse, Kristoff se giró y susurró un "Oh"

—Nos vemos.—Él también se alejó.

Miré de regreso hacía Jack una vez se hubieran apartado los tres.

Lola giraba su largo cabello pelirrojo alrededor de su dedo mientras le sonreía. Hacía apenas una semana, hubiera pensado que él se merecía a alguien tan superficial y hermosa.

Ahora, lo conocía mejor. Volteó y me sorprendió mirándolo. Sus ojos parecían decir algo que no entendía, pero antes de que pudiera averiguarlo ellos cambiaron y adquirieron una expresión educada.

Volvió su atención a Lola. Confundida y un poco molesta, agarré mi bandeja y comencé a pararme. Comencé a decirle a Anna que la vería más tarde en casa, puesto que ella tenía que ir a su club de cántico. Luego me di cuenta de que me miraba con la boca ligeramente abierta.

—¿Qué?—Le pregunté, un poco a la defensiva, porque sabía, por la expresión en su cara, que lo había descubierto.

—Te…gusta…él.—Dijo lentamente, como con asombro.

Rodé los ojos y me reí. —No del todo. —Agarré mi bandeja y me dirigí a la basura, lejos de los ojos conocedores de Anna.


—Las chicas de tu edad, normalmente, ¿No salen y hacen cosas el fin de semana? —Esta vez no fui capaz de detener el grito de sobre salto que estalló de mi boca. Por suerte, mi mamá no se encontraba y Anna había salido, como para que ambas me oyesen. Me di la vuelta para encontrar al alma parlante sentada en mi casa, mirándome.

—Podrías POR FAVOR dejar de aparecer de la nada y asustarme. ¡Jodidamente! Y ¿Qué estás haciendo en mi habitación? ¡Vete!—Le arrojé una camiseta con diseños de copos de nieve que había estado a punto de colgar en el armario como una buena medida. Esto comenzaba a ponerse rancio. Tenía que dejar de seguirme.

Una de sus castañas cejas se levantó. —Normalmente no eres tan irritable.

Gruñendo en voz alta, me acerque a mi ventana, la abrí y luego me volví hacia él. —Vuela lejos por favor. Mantente fuera de mi habitación. ¡Podría haber estado desnuda!

Una risa profunda causó un calor extraño a través de mi cuerpo. Parecía tener mareos, pero apenas. —¿Quieres que vuele lejos? Eso es lindo.

No quería ser linda, pero parecía que ya no podía seguir estando enojada tampoco. Algún extraño letargo se había apoderado de mí. ¿Su risa había causado ese calor relajante en mi cuerpo?

—No, no exactamente, pero tengo la capacidad de controlar la ansiedad o el pánico. Mi risa no tuvo nada que ver con eso.—Dijo, respondiendo para sorpresa mi pregunta.

¿Acababa de leer mis pensamientos o había dicho eso en voz alta?

Parecía encontrarme divertida, si, la risa en su cara era alguna indicación. Otra razón por la que debería estar furiosa con él.

Estúpido tipo muerto parlante.

—Si vale de algo, siento haberte asustado. No era mi intención, pero, ¿Si hubiera aparecido en frente de ti, de pie, en tu armario, hubiera sido eso menos terrorífico?

Pensé en él apareciendo en frente de mí y una pequeña risa se escapó de mis labios. Tenía razón. Probablemente me hubiera desmayado. Pero él podría haber tratado de golpear la puerta o algo así, para que no fuera tan terrorífico. Espera, ¿Podrían golpear puertas los fantasmas, o sus puños simplemente la traspasarían?

—Veo tu punto. —Respondí y comencé a cerrar la ventana, pero luego decidí no hacerlo. Me sentía más segura si estaba abierta. —¿Por qué estás aquí?—Pregunté.

—¿Por qué estás aquí?—respondió él. ¿El tipo quería evadirme hablando en clave?

—Vivo aquí.

Se encogió de hombros. —Sí, pero eres joven. Tienes amigos. Es el fin de semana. Sé que están afuera, pasándola bien. Incluso tu hermana debe estar divirtiéndose. Así que…¿Por qué estás aquí?

Genial, ahora el alma parlante quiere ser entrometida. —No estoy de humor para salir.

—¿Debido al jugador de fútbol con cabello blanco?

¿Qué sabía él sobre Jack? Me acerqué y me senté en la silla de felpa que mantenía en un rincón de mi habitación para la lectura. Al parecer, iba a tener que hablar con el chico para lograr que se fuera. —En realidad no, mayormente es porque no quiero ir a los lugares concurridos que visitan Olaf y Angie y no quiero ser la tercera rueda de Kristoff y Anna.

—Pero ella sigue llamándote e invitándote para salir con ellos. A mí me parece que te quieren alrededor.

¿Cómo sabía que Anna me había llamado después de salir por la puerta? Me senté con la espalda recta y metí los pies debajo de mí, tratando de lograr un poco de rabia por su entrometimiento, pero no pude.

—¿Has estado observándome? —Le pregunté, estudiando su expresión en busca de cualquier señal de mentira.

Él me dedicó una sonrisa maliciosa, puso las manos en su nuca y se inclinó hacia atrás. —Durante semanas, Elsa, durante semanas.

¿Semanas? Abrí mi boca y luego la cerré sin saber que decir. ¿Me había visto desnuda? ¿Realmente quiero saber si lo hizo?, ¿Cómo se había escondido de mí? ¿Permanecía en mi habitación mientras dormía? Sacudí la cabeza, tratando de aclarar las preguntas que corrían en mi mente,

—Te veré más tarde. Tu madre está en casa. —Levanté bruscamente la mirada de mis manos, qué había estado retorciendo en mi regazo con nerviosismo, pero mi cama estaba vacía.

—¡ELSA! ¡Ven ayudarme con las compras!— Mamá llamo desde la parte inferior de las escaleras. Suspiré y me puse de pie, mirando hacia atrás, una vez más, a mi cama vacía, antes de correr escaleras abajo para ayudarla a descargar el coche.


El sueño no vino fácil el resto del fin de semana. Incluso me había dormido con la puerta abierta y la luz en el armario encendida. Era ridículo que él me hiciera temerle a la oscuridad. Los círculos oscuros debajo de mis ojos habían sido imposibles de cubrir por completo está mañana. Con mi bolsa de libros cargada a mi hombro, me dirigí por el pasillo lleno. Pasé a Jack y él asintió con la cabeza educadamente. Las otras veces que lo había visto hoy, ni siquiera se había fijado en mí. Por qué su falta de atención me hizo querer volver a casa y meterme en la cama, no lo sé. Pero, tal vez sólo quería meterme en la cama porque el sexy-tipo-muerto-acosador me quitaba el sueño y me sentía exhausta.

—No lo mires la próxima vez. Vas a volverlo loco. —El acento familiar me asustó. Era casi como si lo esperase. A pesar de que había estado frustrantemente ausente desde que me dijo el sábado por la tarde, que había estado observándome durante semanas. Por supuesto, no había manera de que pudiera responderle en este momento y él lo sabía. Me volví y me dirigí hacia mi casillero. —Está tratando de hacerse el duro. Demuestra lo infantil que es, solo te está molestando.

—No estoy molesta. —Le dije entre dientes cuando abrí mi casillero.

—Sí, sí lo estás. Hay una pequeña arruga entre tus cejas que aparece y mordisqueas tu labio inferior cuando algo te molesta.

Sabía que no tenía necesidad de mirarlo, pero no pude evitarlo. Volví mi cabeza y lo divisé a través de mi pelo rubio platinado, esta mañana solo me había hecho media coleta. Estaba apoyado contra el casillero junto al mío, con los brazos cruzados sobre el pecho, mirándome. Nadie me había prestado atención antes para ser realmente capaz de describir a la perfección mi expresión facial cuando me sentía molesta. Ni siquiera Anna. Era extrañamente entrañable.

—Te estás perdiendo la exhibición pública de afecto en el pasillo, entre tu hermana y tu amigo. Es posible que te necesiten para que lances un cubo de agua helada sobre ellos. —Me mordí el labio para no reírme. No tenía necesidad de darme la vuelta para darme cuenta de que hablaba. Anna y Kristoff podían ser un poco asquerosos.

—Así está mejor. Me gusta cuando estás sonriendo. Si el niño futbolista sigue haciéndote fruncir el ceño, voy a tomar el asunto en mis propias manos. —Abrí la boca para protestar, pero él…

…Ya se había ido.


Le eché un vistazo al reloj. Jack estaría aquí en cualquier momento. Mi madre se había ido hace media hora, a otra cita con Roger, y Anna se había ido a dormir con Tooth, era increíble como Anna pasaba tan pocas horas en casa y andaba de callejera en otras.

Había pasado el tiempo a solas, caminando por la casa buscando el alma de la cual parecía que no podía deshacerme. No estaba segura de dónde poder encontrarlo. En realidad no parecía ser el tipo de chico que se sentaba y no hacía nada.

Si él estuviera aquí, ¿No estaría tratando de decirme qué hacer o haciéndome preguntas que no eran de su incumbencia? Pero lo busqué de todos modos. Quería hablar sobre el comentario que hizo más temprano. El timbre interrumpió mi búsqueda y me dirigí a la sala para abrir la puerta.

—Hola. —Di un paso atrás y deje pasar a Jack. Lo había ignorado el resto del día. No estoy segura de qué tan bueno fue eso, pero decidí que Jack pensara que no me importaba si me hablaba o no.

—Hola. —Respondió y entró. Lo llevé a la mesa de la cocina y esperé a que dejara sus libros en ella.

—Sexo seguro. —Anunció.

Me quede inmóvil y lo miré fijamente, insegura de si lo había escuchado correctamente. Su rostro serio se rompió en una sonrisa y luego se echó a reír.

—Desearía que pudieras ver tu cara. —Dijo a través de sus ataques de risa.

—¿Dijiste sexo seguro, entonces? —Pregunté, tratando de determinar qué era tan gracioso. Él era quien hablaba de sexo.

Él asintió con la cabeza y levantó su papel. —El tema para el discurso de esta semana.

Me reí débilmente. —Está bien, bueno, esa si fue una manera de anunciarlo. —Le contesté mientras iba a la nevera para conseguir las bebidas.

—Espero que estés bien educada en este tema… porque yo no tengo ni idea.

—¿Qué?—Chillé.

Se río de nuevo y me quedé allí, esperando a que se controlara. —Lo siento. —Dijo. —Es que eres tan linda cuando te sorprendes.

Me puse tensa al oír la palabra "linda" y deseé no haberlo hecho. Con la esperanza de que no notara mi reacción, tomé una respiración profunda y recé en silencio para que mis ojos no me traicionaran cuando me di la vuelta. No era como si quisiera que Jack me viera diferente pero no quería exactamente que él pensara que era linda. Tal vez atractiva o bonita incluso, pero no linda. Aunque, él refiriéndose a mí como linda, ayudó a recordarme donde estábamos. Cualquier idea delirante que pude haber tenido de nosotros siendo algo más que amigos se disipó.

—Creo que tener la experiencia real no es necesario. Se supone que es básicamente acerca de tus creencias sobre el tema o la importancia del mismo. —No me atreví a mirarlo a los ojos.

Alargó el brazo y levantó mi barbilla, así no tendría otra opción. —Estás avergonzada. —Aparte los ojos y me sonrió. —Eso es lindo.

¡Ugh! Volvimos a mí siendo linda. Lo miré de regreso. —Por favor deja de decir que soy linda. Es una especie de insulto.

Él frunció el ceño mientras dejaba caer la mano de mi barbilla.—¿Cómo es eso un insulto?

Me encogí de hombros, sin querer hablar de ello y deseando haber mantenido la boca cerrada. —Simplemente lo es. Nadie quiere ser lindo. Los cachorros son lindos. —Alcancé su cuaderno, mantuve los ojos en el papel y leí sobre el tema o al menos intenté actuar como si estuviera leyendo sobre él.

—Bueno, definitivamente no te ves como un cachorro. —dijo con una sonrisa.

—Bueno, eso es algo por lo menos. —Necesitábamos cambiar el tema y yo tenía que aprender a controlar mi lengua—. Muy bien, entonces, ¿Cuáles son las tres principales razones por las que crees que el sexo seguro es importante? —Tal vez ahora podríamos dejar el tema de mí, siendo linda. Él no respondió y lo miré a los ojos. Me miraba con una expresión seria.

—¿No estás seguro?

Él no respondió.

—Um, bien, ¿Qué pasa con el embarazo adolescente? Ese es un buen punto. Nadie necesita convertirse en padre mientras todavía es un niño.

Una vez más, él no respondió, así que lo escribí.

—Tus sentimientos están heridos. —dijo en voz baja. Me quedé inmóvil, pero mantuve los ojos en el papel—. No fue mi intención decir algo para herir tus sentimientos. —Continuó.

Quería negarlo pero me di cuenta de que aceptar sus disculpas y seguir adelante sería la mejor manera de manejar esto. —Está bien. Vamos a trabajar en tu ensayo.

Se quedó mirando el papel. —El embarazo adolescente es sin duda una de las razones. —Estuvo de acuerdo.

—Está bien ¿Qué hay de las ETS?—Sugerí escribiéndolo mientras hablaba.

—Esa es otra buena.

Empecé a escribirlo, pero se estiró y me quitó el cuaderno.

Sobresaltada, sacudí la cabeza para ver lo que hacía. Él me dio una sonrisa de disculpa. —Lo siento, pero no podía pensar en otra manera de llamar tu atención.

Insegura de cómo responder, me senté en silencio y esperé a que terminara.

—No eres sólo linda. Sí, haces caras lindas y haces cosas lindas pero no eres sólo linda. —Escucharlo explicarse me hizo sentir estúpida por decir algo al respecto.

—Está bien. —Logré balbucear. Deslizó el cuaderno de regreso a mí.—Ahora, vamos a ver... ¿Qué hay sobre el hecho de que el uso de un condón quita el placer, deberíamos hablar de eso?

Me atraganté con mi refresco y empecé a toser incontrolablemente mientras Jack me daba palmadas en la espalda. Una vez estuve bajo control, levanté la vista y lo atrapé reteniendo una sonrisa.

—Una vez más, haces un montón de cosas lindas, pero no eres sólo linda.


¡Hola! Bueno, las cosas se van poniendo...difíciles para Elsa, pero más adelante habrá más acción y probablemente recibiré muchos tomatazos por lo que va a pasara, a menos que hayan leído el libro y sepan lo que pasa a continuación.

Quiero agradecer a todos aquellos que me han dejado un lindo review y a continuación, los respondo ewé

F: Me alegra de que te vaya gustando :)

Edymar Guillen: Hola! Aquí está el capítulo, me alegra que te este gustando. Respondiendo a tu pregunta, Sí, va a ser Toda la Saga, pero en fics diferentes, es decir, por separado :)

Adrilabelle: ¡Juju! ¡Gracias [aunque, eso es más bien a Abbi Glines xD] Yo tampoco veo muy sexy a Jack Frost, es algo lindo, pero así como "Wowo, es mega contra archi super genialmente sexy" no. No lo veo sexy ewé ¡Y claro que es Helsa! Será divertida en partes y con drama en otras ewe Agradezco que lo leas ¡significa mucho para mí que les guste está adaptación!

AngieSanchez: Juju, aquí está el capítulo :3

Ahora sin más.

Bye Bye ;9