Aclaración previa: decidí cambiar el orden de los tres primeros drabbles, el contenido sigue siendo el mismo. Serán Byakuya/Rukia y podrán tener cualquier tipo de advertencias. Disfruten y gracias por todo, esta colección de relatos es mi fanfic de la pareja más leído, me emociona cada día más que estén allí siguiéndolo :)


Prompt: 016. Noche

Rating: T.

Extensión: 485 palabras.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo.


La consciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.

William Shakespeare


Las voces

El hecho de tener que mirarla a los ojos es desgarrador.

Mírala, le susurra la voz interior.

Háblale, le exige la voz interior.

No puede, no quiere. El solo tener que mirarla de reojo, o soslayarla ínfimamente, le remueve las entrañas. Rukia es como una borrasca. Byakuya procura mantener distancia para no tener que ir contra esa naturaleza arrolladora.

—Nii-sama.

Las voces también son peligrosas.

—¿Qué?

Y las palabras hechas de la voz son convertidas en horribles sonidos para no querer escucharla más. Imagina que es amorfa o afónica, y la sensación es menos intrínseca.

Háblale, otra vez, pero él se rehúsa y se aleja. Byakuya no la quiere querer. La borrasca está al acecho todo el tiempo.

Pero a veces, sin querer queriendo, mira a Rukia a los ojos. El color es diáfano, el brillo es diáfano, el significado de la mirada es mucho más de lo que él puede soportar.

¿Y el resentimiento?

No existe. Rukia sigue esperando, año tras año, a qué él se digne a mirarla.

¿Cariño?

Más. Es más de lo que la palabra cariño puede albergar. Y no lo quiere aceptar. Byakuya sabe que Rukia despierta en él todo lo que no tiene que sentir. Pero Rukia es una borrasca, se levanta con la fuerza necesaria para derribarlo, destruirlo y no dejar nada de él, y él la tiene que evitar.

Retrocede, es la siempre tomada determinación para vadear esa zozobra. Porque ni siquiera en las noches de invierno, los ojos de Rukia lo dejan en paz. Son como el puñal que desangra la carne, y son como el calor del sol al mediodía.

Hay un reloj colgado en la pared de un pasillo, que a cierta hora de la noche comienza a tañer insoportablemente. El réquiem, dice la voz interior. Parece la hora de la muerte, la hora de las sombras y de las memorias. Hasta que Byakuya ve la delgada forma de Rukia dibujándose en un corredor, que en seguida hace ruido de presencia y tiene olor de mujer.

—Buenas noches, nii-sama.

Y tiene ojos, que lo miran con reverencia y con muchos otros sentimientos que él desconoce y quiere desconocer.

¿O no?

Encuentra sus ojos, ¿no es hermosa?, se estremece y quiere ser otro. La línea invisible entre el deseo y la abnegación se quiebra a esa hora de la noche, cuando el réquiem se vuelve herejía.

—Buenas noches.

Imagina lo que no tiene que imaginar, es hombre y es infiel, la desvirga con crueldad hasta que dejan de tañer las campanas del reloj y él sabe que ha sentido miedo, sabe que todo su cuerpo ha flaqueado ante el puñal y el calor de los ojos, y sabe que ha deseado lo peor.

La deseaste.

La borrasca es desgarradora. Byakuya se mantiene en silencio, hasta que cierra la puerta de su habitación y los jadeos engullen la garganta que se abstiene de nombrar a Rukia.


Gracias por leer n.n