Antes que nada, quiero aclarar que la serie Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa "casualidad". Aclarado este punto quiero señalar que esta es una historia "paranormal" y desde ya aviso, no es apto para todo publico, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru y a aquellos que no les guste esta pareja les aconsejo que simplemente escoja otro fic n_n¡.

Atentamente:

La Autora

Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)

"De marcas de la vida tengo para cubrir el ecuador; trazadas en mi piel como medallas de guerras, de esas de las que gané y de las que perdí, en su propio idioma cuentan la historia de mi vida y mi muerte"

H.K.

Autor desconocido (hallado en una excavación datada de la era - ) Izumo - Japón

Cap 2: El mandato de los dioses.

Después de descargar el auto junto a Sota, Kagome se fue a hacer sus compras; mientras manejaba recordaba la conducta de Inuyasha, sabía que tenía que hablar con el y dejarle bien claro que no iba, bajo ningún concepto a aceptar algo así nunca mas, el había sido mas insultante de lo normal, su mamá estaba nerviosa casi asustada ella pudo verlo tan claro como el cristal, y no le había gustado ver ese brillo de temor en sus ojos, "nadie" asustaba así a su madre, si su padre viviera, Inuyasha sería ahora una pila de cenizas en medio de su patio; el había tenido algo de poder espiritual y sabía que no habría dudado en usarlo sobre Inuyasha por hablarle así a su "niña", y con mas rapidez por asustar a su "Nao" como solía llamarla; se arranco de sus distracciones y volvió a su cometido, antes de bajarse del auto verifico por tercera vez que tuviera en su bolso, su monedero, celular, llaves de la casa y del auto, pues no sería la primera vez que entrara a hacer la compra, para descubrir con desmayo que se había dejado algo importante en el auto, o peor en la casa; una vez que comprobó que tenía todo lo que necesitaba, bajó del auto cerrando con la alarma tras ella, una vez dentro del local empujando su carrito de compra se dedico a pasar por los pasillos echando en el carrito lo que necesitaba, tres años después no necesitaba hacer una lista escrita, ya la tenía archivada en su cabeza, se permitió unos caprichos para Sango, Shippo, Rin si la veía y ella y se compro varias cajas de pokky de chocolate; aun recordaba la expresión de Rin cuando la había introducido al feliz mundo del chocolate, un año después de iniciar la búsqueda Kagome y el grupo de Sesshomau se habían encontrado en medio de una pelea contra una de las creaciones de Naraku, Inuyasha siempre compitiendo con el hermano se había jactado escandalosamente de que el vencería al enemigo, y luego derrotaría a Sesshomaru, el lord ni se había vuelto a mirarlo, y había acabado con el enemigo con un solo movimiento de muñeca, ni una gota de sangre había caído sobre el youkai mayor, Inuyasha había empezado a rugir como un oso hambriento y había desenvainado a Tessaiga con toda la intención de matar a su hermano, lamentablemente Rin estaba en la línea de fuego y entonces Kagome había disparado una flecha a Tessaiga reduciéndola a su tamaño normal, Inuyasha había volcado su ira en ella, y después colmar su paciencia y de varias sentadas Kagome se había acercado a la temblorosa Rin pidiendo disculpas y le había dado su ultima caja de pokky, sus ojos marrones se habían puesto como platos, brillando acuosamente con un aire soñador, cuando el dulce chocolate se había derretido en su boca, desde entonces el Lord siempre procuraba de vez en cuando, alguna interacción entre Kagome y su joven protegida. Arrancándose del recuerdo, Kagome terminó sus compras y con ayuda del supermercado cargo todo hasta el auto; miró a su alrededor, sería la ultima vez que vería su época hasta que con el favor de Kami venciera a Naraku, así que se permitió un capricho mas, condujo con calma admirando el paisaje que la rodeaba, «Su mundo puede que no fuera perfecto, pero era "suyo" y que diablos, ¿Cual mundo era completamente perfecto?» retó mentalmente levantando la barbilla en desafió silencioso, subió hasta el mirador de Tokio, con la preciosa carga que había adquirido para darse su capricho, estaciono el auto y vio a través del vidrio, las luces de la ciudad ya estaban encendidas, la noche en pleno desarrollo, abajo Tokio se vería como una ciudad de fantasía, solo luces de colores por doquier, cerró la puerta del auto con un golpe seco, y se sentó en el capó con la bolsa de papel en sus manos, con un par de tirones la bolsa dejo ver un envase cerrado que destapo de inmediato y empezó a comer con los ojos cerrados de deleite, se había vuelto adicta a las fresas con crema, y si iba a estar lejos por un buen rato, entonces era el día de un especial para hoy: "fresas con crema, chispas de chocolate negro, chispas de chocolate blanco y dulce de leche", una bomba dulce que dejaría a otra persona con el organismo mas débil, enferma, con un coma diabético o con un ataque de hiperactividad, inducido por azúcar; miró ausentemente a su alrededor, había parejas y familias, incluso turistas tomando foto de la "Tokio iluminada" se dejó imbuir de la inocente alegría ajena que la rodeaba, de la despreocupación de aquellos que no tendrían que viajar en el tiempo y enfrentar a un Hannyo con delirios de grandeza, a Inuyasha enojado y forzándolos a ir mas rápido y cada vez mas lejos en venganza por alguna estupida cosa que el considerara ofensiva para su ego. « ¡En fin nada podía hacer!» se dijo cerrando la bolsa y dejándola junto a ella sobre el capó, mientras se sacudía las inexistentes migas, su mano toco el pergamino que tenía aun en su bolsillo doblado dentro del otro, lo sacó de inmediato y los separó guardando de nuevo el que ya había leído en su bolsillo y leyó:

Esta nota es solo para tu ojos, lee esto muy bien; cuando te digo que no te confíes, me refiero a que una vez que cruces el pozo y lo selles con el mas fuerte de los ellos que tengas, desconfía de inmediato, la señal llegara a ti, después de ella, desconfía de inmediato, el mal te asecha, hay de aquellos que no desean verte partir en paz, hay gente que solo existe para hacer daño, ¿entiendes? "existe"… pero hay mas que lo que esta a simple vista, no todo es lo que parece ser, lamentablemente tienes que pasar por eso para entender, esta prueba no será una prueba física, será una espiritual una que te hará pasar a través de tus peores miedos y pesadillas; las pruebas que vivirás será una guiada reforzar tu alma, y no hay forma de cambiar esto Kagome, créeme lo se, antes que nada debes de saber que he cambiado y tu cambiaras para convertirte en mi, solo puedo decirte que lo siento hice lo mejor que pude, las decisiones que tome fueron las que en su momento juzgué las correctas, espero que algún día nos perdonemos los errores que formaron lo que yo soy ahora, lo que tu serás en el futuro que para el momento de mi nota será mi pasado. Lucha, mientras tengas vida entonces hay esperanza, no permitas que nadie te arrebate; la esperanza, es un aliciente poderoso, cree en ti te das muy poco crédito a ti misma, cree en lo que tu corazón te dice, no dudes de el, cuídate mucho y no dudes en atacar a quien sea para sobrevivir, he aprendido esto y es el mejor consejo que puedo darte: a veces tenemos que hacer de tripas corazón, o corazón de tripas lo que mejor convenga… La luna azul es tu noche de poder espiritual mas alto no lo olvides, que las estrellas te guíen en las horas de oscuridad y las bendiciones de los kami te ayuden.

Atte Kagome

Dejó su mirada vagar por encima del papel tratando de de entender todas las palabras, las de esta nota en sus manos y la que estaba su bolsillo, el miedo que aquellas palabras traían a su alma le estrujaban el corazón, «¿Había cambiado tanto así, en que se había convertido?» suspiró agotada, recorrió la nota que ya había leído la dobló y guardó junto a la otra, echó la bolsa a la basura, y dedicó una ultima mirada a Tokio ahora con el corazón pesado con sus propias palabras llegadas del pasado antes de subir al auto y partir; nunca vio a los tres hombres seguirla con sigilo, después de todo no los había notado jamás, si hubiese sabido que buscar se habría dado cuenta de que siempre había alguien vigilándola, pero aquella Kagome estaba tan confiada de su época de la "aparente" seguridad que la rodeaba, que jamás habría buscado allí, lo que se suponía hacia mucho tiempo ya, no estaba.

Al llegar a casa se regocijo en la rutina familiar, su madre en la cocina, el abuelo leyendo un libro, Sota son sus eternos video juegos, Buyo tirado junto a calefactor. Sota la ayudó a subir sus compras y después de meter todo lo que necesitaba en la mochila "reforzada" que le había dado su madre y había pertenecido a su padre, se aseguro de que el Hanko de Sesshomaru estuviera dentro de su bolso y junto a él, guardo el cuchillo en su vaina enjoyada, tomó un baño y bajó a terminar la cena con su madre; después de cenar estuvieron un rato en silencio que se tornó incomodo, no había mucho que decir, todos estaban nerviosos, era imposible no estarlo sabían que podían pasar meses, incluso años antes de que Kagome regresara si alguna vez regresaba. Después de cerrar la puerta a su espalda se negó a seguirle dando vueltas a las ideas y se acostó. A la mañana siguiente después de desayunar, todos estaban listos para salir, el abuelo se quedaría en el templo aquel día mientras Kagome su madre y Sota iban a hacer las diferentes diligencias; primero llevaron las piezas de Kagome a la galería de Mineko, que las recibió casi botado de la alegría, no por nada Kagome se había escapado una semana entera de Inuyasha para cumplir con ese compromiso y su graduación, luego fueron al banco, a las cajas de seguridad donde se guardó el cofre completo, envuelto en tela una vez mas pues el sello permanecía sobre el, después de muchos papeleos donde se integraron las firmas de acceso de Sota y Kagome, terminaron buscando al abuelo y almorzando fuera, cuando finalmente regresaron ya era bien entrada la tarde; Kagome no se arrepintió de la salida con su familia, después de todo se suponía que ese día deberían de venir de regreso del balneario, pero una vez mas la perla había cambiado todo, así que aquella salida familiar a la zona comercial estaba mas que justificada, se dijo a si misma después de tomar un baño, se vistió un par de pantalones de Jean negros con sus botas negras de montaña, y una camisa de algodón manga tres cuartos verde claro un suéter marrón corte en V sobre la camisa y un par de perlas cultivadas y un relicario con la foto de su familia, se miró un momento decidiendo que estaba todo lo bien que podía estar, tomó su bolso verde militar y negro, su carcaj con flechas y su arco, estaba lista.

— ¡Veo que ya esta lista Lady-Kagome! — Saludó la matriarca de los Fujimiya, Kagome miró a ambas familias esperando en el salón por ella, y sonrió levemente ante la imponente imagen que formaban los dos antiguos clanes. « ¿Que pensarían sus vecinos si supieran los grandes secretos que guardaban?» Posiblemente los encerrarían a todos en el psiquiátrico más cercano y lanzarían la llave en el fondo del monte Fuji. « Si eso harían, la gente de la actualidad era demasiado escéptica para su propio bien, ella había sido así hasta lo quince años » pensó.

— ¡Si, ya estoy de salida, gracias por venir a despedirse! — Contesto Kagome finalmente, su madre la miró con los ojos aguados, y ella sintió un golpe de pena atravesar su corazón, ella estaba haciéndoles daño sin poder evitarlo, no era como si pudiera dejar el asunto de la perla de lado y vivir en paz. — ¡Mama solo será por un tiempo, imagínate que estoy en la universidad y tengo un semestre largo, pero que en algún momento mis profesores se hartaran de mi, y me dejaran regresar, con un poco de suerte graduada para quedarme siempre con ustedes! — Dijo envolviendo en un abrazo a su diminuta madre, Naomi era de complexión pequeña y delicada medía apenas 1.55 en comparación con el 1.70 de Kagome que era de huesos delicados y finos como ella, pero con la complexión física de su padre, que había llegado a medir 1.90

— ¡Sabes que no es tan fácil! — Admitió su madre abrazándola con fuerza; a pesar de su diminuto cuerpo su madre podía ejercer una fuerza increíble, Kagome sonrió aspirando el suave olor a lavanda e inciensos que siempre acompañaba a su madre.

— ¡Lo se, pero somos fuertes, somos después de todo las "princesas guerreras" de Towa Higurashi! — Dijo Kagome recordando el mote que su padre les había puesto después de que ambas lograran con éxito entre gritos y varios destrozos matar una "enorme" cucaracha voladora que las había "atacado". Su madre la soltó sonriendo entre lágrimas ante el recuerdo. — ¡Sota, estas a cargo ahora hermanito, asegúrate que mamá no se angustie y que el abuelo no este lanzándole sutras a los visitantes, mamá cuando regrese, quiero leer esos libros, y aun quiero esa miniatura, abuelito pórtate bien, nada de estar inventando cosas, quien pregunte por mi, simplemente díganles que estoy fuera del país y nada mas!... — Dijo Kagome en tono de orden, ellos necesitaban de ella esta aptitud mandona, eso los sacaría de su letargo y les daría algo que hacer para no hundirse en la preocupación de su ausencia.

— ¡Cuídate! — Dijo su abuelo apretándole la mano a su nieta, Sota era su nieto y físicamente se parecía a su padre, pero Kagome tenía en ella parte de ese espíritu, esa aura de liderazgo, la energía de Towa estaba allí en su querida muchacha, bien equilibrada con la pasividad de Naomi, estaba orgulloso de ella y sabía que su hijo también lo estaba donde quiera que estuviera, su muchacha era toda una guerrera, no era ninguna cobarde, ellos sabían que todo podía ir mal, ellos sabían muy bien la cantidad de cosas que podían fallar aun así allí estaba firme como el guerrero que su hijo había sido siempre, firme en la vida y la muerte.

— ¡Hitomi-sama gracias a usted ya a su familia por el apoyo, abuelito, mamá, Sota gracias! — Dijo Kagome entonces se volvió hacia la puerta y partió hacia la caseta del pozo; habían acordado que ella iría sola, no se torturarían mas con una despedía mas larga, no era justo, para ellos, ni para ella. Miró de pasada al Goshinboku, y elevo una oración al espíritu del árbol milenario pidiendo sabiduría y guía, la noche ya estaba cayendo y la tarde se había teñido de rojo, guardó los ricos colores en su mente, su ojo artístico trataría de reproducir ese tono exacto después en alguna obra estaba segura; sin esperar a mas, entro a la caseta y sin perder el paso con un impulso saltó dentro del pozo, mientras caía en la ola de magia que la envolvía como un capullo, se pregunto vagamente si de verdad regresaría a casa, después de todo, estaba en una misión donde fácilmente podía encontrar la muerte. Finalmente tocó el fondo del pozo seco, y empezó a subir, ya no esperaba por Inuyasha, él había dejado de ayudarla tiempo atrás; una vez salió del pozo, colocó sus manos en el borde y canturreo entre dientes un dulce murmullo que había aprendido con desfuerzo, casi arrullando al pozo con afecto, hasta que toda magia en el ceso por completo, con eso nada ni nadie levantaría el sello mas que ella, este era un hechizo antiguo y no era un hechizo con magia común, vio las runas que había trazado en su mente y que habian aparecido en la superficie del pozo y asintió satisfecha, el sello era fuerte y no se rompería. Volvió la vista hacia el Goshinboku como siempre, y emprendió la marcha hacia la cabaña de Kaede, la energía espiritual y la magia zumbaban por el aire de Sengoku con fuerza, antes no lo había notado, pero desde que se había empezado a entrenar la notaba en cada rincón, y se preguntaba como pudo haber ignorado aquello antes.

— ¡Oh muchacha ya llegaste! — Saludo la anciana Kaede apenas entró a la aldea, mirándola con atención de los pies a la cabeza.

— ¡Si ya estoy aquí, ya termine todo en casa! — Dijo Kagome deteniéndose frente a Kaede, observó que la anciana parecía más ajada y vieja, como si el peso sobre sus hombros hubiera aumentado. — ¿Esta todo bien, donde están los demás? — Pregunto notando la ausencia de risa de los niños que siempre jugaban con Shippo, incluso el sonido de la típica cachetada de Sango a Miroku, e incluso le extrañaba que Inuyasha no viniera maldiciéndola todo el camino.

— ¡Och muchacha, Inuyasha llego ayer echo una furia y los apuró a partir, dijo que irían hacia el Este, esta insoportable! — Dijo Kaede con pesar en su marchita voz, su ojo se oscureció con pena por un momento y luego la miro preocupada. — ¡No vayas a irte sola muchacha!

— ¡Ese, hijo de su… madre, cuando los alcance voy a sentar al muy cretino, hasta que atraviese la tierra, anciana Kaede, tengo que alcanzarlos no se preocupe por mi! — Dijo Kagome sintiendo como la furia la invadía antes de reprimirla y convertirla en una pequeña bola de energía compacta pero mortífera, que liberaría sobre el hannyo cabeza dura que se hacia llamar su amigo.

— ¡Al menos espera que sea de día! — Insistió alarmada, queriendo retener allí a la joven mujer, Kagome la miró un instante recordando las palabras de la nota, algo le decía, la apremiaba a salir de allí lo antes posible o todo sería mucho peor.

— ¡Kaede, hay cosas en este mundo, que no pueden cambiarse y si se intentan, las consecuencias podrían ser peores! — Dijo Kagome con calma, sintiendo las palabras correctas, Kaede estaba intentando retenerla allí con ella, parecía querer guardarla de algo, pero Kagome ya sabía que "algo" estaba por ocurrir, no permitiría que gente inocente fuera llevada por en medio, solo para protegerla, esta era su misión, su prueba después de todo.

— ¿Lo sabes entonces? — Dijo Kaede espantada, ella había nacido con varios dones que su hermana no había heredado, y uno de ellos era la capacidad de "ver" nunca había admitido esto, pues se le había advertido de muy niña, que jamás lo dijera a nadie, menos a su hermana, después de todo, Kikyo había odiado su destino y codiciado el de Kaede siempre; ella había visto muchas cosas y había visto mucho de esta mujer frente a ella y temía por ella.

— ¡No se exactamente lo que va a pasar!, ¿quien lo sabe en realidad?, ¡Pero se que así debe ser Kaede, esta escrito así! — Explico besando la marchita mejilla y caminando con calma hacía el Este, la anciana miko se quedo allí fría por las palabras y las acciones de Kagome, el corazón estrujado en un doloroso nudo.

— ¡Oh kami, protégela! … ¡Inuyasha! — Murmuro Kaede sin importar el puñal de dolor que la atravesó con saña, antes de avanzar con rapidez hacia su choza.

A penas llevaba unos minutos caminando hacia el Este, cuando Kagome se encontró dando una vuelta en sentido opuesto y caminando hacia el Oeste sin interrumpir el paso; algo la llamaba hacia allá, algo le decía, que debía ir hacia el Oeste no hacia el Este, había aprendido a confiar en esas corazonadas; caminó durante horas, pendiente de cada sonido alrededor de ella, destruyó a dos youkai de bajo nivel que querían la joya que guardaba, cuando acabó con ellos solo las cenizas habían quedado esparcidas por el viento atestiguando su anterior existencia. Era la una de la madrugada cuando se detuvo cerca de un rió, levantó una kekkai y tras comer se durmió a los pies de un árbol, envuelta en su saco de dormir, a la mañana siguiente el día amaneció cargado de humedad, Kagome se lavó, comió y siguió su camino, para el medio día, ya había atravesado pequeños poblados, tanto youkai como humanos, se había quitado unos cuantos youkai de encima y había conseguido que una caravana de comerciantes conocidos la llevara un buen tramo del camino, habían viajado sin parar por un día entero, al siguiente día Kagome se separó de ellos dando las gracias y siguió su camino; acababa de terminar su almuerzo, cuando una explosión de poder la llamó, intrigada se acerco al riachuelo que estaba junto al camino donde sentía el flujo de poder pulsando con insistencia, de repente una luz la envolvió cegándola por un momento.

— ¡Amaterasu te bendice y saluda hija mía! — Resonó la voz claramente femenina con ceremonia, Kagome soltó sus pertenencias y se echo al suelo en una profunda reverencia.

— ¡Megami-sama, gracias por su bendición a esta, su humilde servidora! — Contesto Kagome con humildad, su abuelo le había explicado desde niña, que los dioses eran criaturas distintas al hombre, aun cuando el aparente "parecido" físico pudiera engañar al ojo, ellos no eran de ningún modo como los humanos; despegados de la mayoría de las emociones, tras milenios de existencia, los dioses exigían un protocolo que debía ser cumplido a cabalidad, eran derrochadores con su "amor" cuando la ocasión lo ameritaba, pero eran también terribles en su ira cuando esta era provocada.

— ¡Levántate niña, déjame verte, a ti te he dado mas que a las demás, pues eres tu la elegida para una dura tarea, incluso mas importante de lo que crees! — Dijo la mujer con un ligero deje de calidez dejando gran parte de la luz de lado, Kagome levantó la mirada con temor reverente; el kimono bordado en oro y joyas era de una exquisitez única, su ojo artístico recorrió con rapidez las líneas generales y esperó poder guardar en su mente la imagen, con esperanza de poder reproducirla, los largos cabellos negros caían en cascada sobre los pliegues de ropa y joyas, su rostro no podía verse con claridad pues la luz en su frente era demasiado fuerte para distinguir nada mas allá de un par de labios llenos y una barbilla firme y delicada. — ¡Hermosa para una mortal, tienes el espíritu fuerte, espero que sea lo suficientemente fuerte para pasar esta prueba, espero de verdad que lo hagas, si no Izanami se encargará de torturar tu alma en el infierno por toda la eternidad! — Dijo la mujer con un matiz afilado y cruel en su voz.

— ¡Amaterasu, la idea es que la animes, no que la asustes, así no lograremos nuestro objetivo! — Dijo la ronca voz de un hombre haciéndose notar por primera vez, había estado observando en silencio a la humana frente a ellos, esta era definitivamente diferente, como la prueba que le tocaba superar.

— ¡Tshukuyomi-sama! — Dijo Kagome reconociendo al dios de la Luna e igualmente realizo una profunda reverencia, el Dios arqueo una ceja a Amaterasu y miró a la joven mujer aun postrada frente a el.

— ¡Levántate lady miko, no he venido a sembrar el miedo en ti! — Dijo con calma, la rica voz del dios tenía un efecto calmante; Kagome levanto la vista y observó con reverencia al dios frente a ella, sus cabellos platinados y el rico tejido en plata y diamantes en su kimono, la fría luz que el emanaba, era el contrario de la luz cálida de Amaterasu después de todo, el era el dios de la luna y ella la diosa del sol.

— ¡Arruinas toda la diversión Tshukuyomi! — Se quejo la diosa levemente exasperada. — ¡me lo retribuirás!

— ¡Cuando quieras querida! — Estuvo de acuerdo de inmediato. — ¡Así que esta es la ningen a la que quieres que de también mi bendición, supongo que crees que puede lograrlo! — Dijo Tshukuyomi rodeando a Kagome, la joven lo miró firme y sin acobardarse, le gusto de inmediato, si mostraba debilidad cualquier cosa podría pasar.

— ¡La chica ha visto, ella podrá con esto! — Confirmó la diosa encantada de haber conseguido a Tshukuyomi sin mucho esfuerzo.

— ¡Entonces sea! — Dijo el Dios acercándose a Kagome, ella se quedo petrificada incapaz de moverse aunque quisiera, sus músculos agarrotados se negaban a moverse. — ¡No temas miko serás una de dos que pertenecen a dos dioses, no la primera claro, pero si la ultima y la mas fuerte! — murmuro el Dios levantando la barbilla de Kagome hacia el, y cubriendo los labios rosáceos con sus pálidos e increíblemente tibios labios, Kagome sintió como si un rayo la hubiera alcanzado, la descarga de energía fue hasta un punto dolorosa y así como vino, rápido se fue. — ¡Eres mía ahora pequeña miko! — Dijo secamente, pero algo le decía que estaba encantado con ello. Kagome lo miraba indefensa y completamente perpleja por la acción inesperada.

— ¡Cierto, solo logre quitarte dos… bueno esta vez valdrá la pena, ya veras! — Dijo Amaterasu llevándose las manos hacia sus joyas sacándose un collar por encima de la cabeza y mostrándolo. — ¡Esta joya, nació contigo mi niña, tu nombre se representa en la forma de este collar, un pentagrama eso eres, el infinito e indetenible recorrido de las estrellas, el tejido en cada tramo en que una línea y otra se encuentran, representa cada cambio que dejas a tu paso, sin alterar tu propio destino, tu que no estas sujeta a ningún destino mas que el que decidas para ti! — Decía la diosa que más caminar, flotaba alrededor de ella, Tshukuyomi se había apartado de las mujeres y las observaba con atención.

— ¡Una rareza incluso entre nosotros, un regalo así en manos de una mortal! — Dijo el dios de la luna con suavidad, no se sentía malicia ni rencor, solo curiosidad y un poco de reprensión. Por otra parte la mente de Kagome era un caos, primero Amaterazu después Tshukuyomi, después el "beso", aun estaba paralizada y ahora Amaterazu de nuevo, su vida era un vaivén de emociones, bueno al menos no moriría de aburrimiento, solo de un ridículo exceso de emoción.

— ¡Este collar te protegerá de lo corrupto, no podrá profanar ninguna parte de ti, solo tu podrás levantarlo de su lugar, aun yo solo podré colocarlo sobre ti una vez, pero escucha, jamás te lo quites "esta" es tu mejor protección y te acompañara siempre! — Advirtió la diosa colocando por encima de su cabeza la joya, Kagome vio las bandas de metal plateado y dorado en forma de pentagrama, con diminutas piedras de colores brillantes incrustadas en la cadena, cuando la joya descanso sobre sus pechos Kagome sintió su alma cercenada, saltar en reconocimiento, era como si hubiese recordado que había una parte de ella en la joya y ahora estuviera de regreso y el reencuentro era uno esperado y feliz.

— ¡Espero que logres pasar tu prueba, todos lo esperamos, la joya a estado mucho tiempo fuera de nuestras manos! — Dijo el dios de la luna una vez Amaterasu se detuvo junto a él. Kagome descubrió entonces que ya podía moverse, instintivamente sus manos cubrieron la estrella en su pecho justo sobre el relicario donde guardaba la foto de su familia.

— ¿Por que no simplemente tomarla?, ¡Ustedes son poderosos, sería fácil para ustedes! — Dijo Kagome finalmente arrancando su vista de la joya, ambos dioses sonreían con indulgencia.

— ¡Si podríamos, pero las consecuencias serian nefastas niña, la joya y lo que hay tras ella es mas complicado, con suerte solo nos veras un par de veces mas y será cuando acabes con esto, para entonces ya se te habrá contado la historia de la joya, merecerás saber por que sufriste tanto! — Dijo Amaterasu colocando su mano sobre la de Tshukuyomi.

— ¡El camino será duro, hasta luego muchacha no dejes que mi bendición se desperdicie, si estoy en lo correcto otros regalos mas recibieras de mi parte! — Dijo Tshukuyomi enigmático sus ojos brillando calculadoramente.

— ¡Mantén tu collar fuera de la vista de los curiosos, es tuyo para admirarlo y tuya su protección! — Advirtió Amaterasu.

— ¡Supongo que ahora es cuando doy las gracias! — Dijo Kagome un leve matiz de sarcasmo, ambos dioses se miraron entre ellos y sonrieron.

— ¡No creo que debas dárnoslas, es bueno saber que hay espíritu combativo en ti Ka-go-me! — Dijo el dios antes de envolverse en luz y desaparecer junto a la diosa Amaterasu de su brazo. Kagome se dejó caer en el suelo cubierto de hierba, levantó una barrera sobre ella y repitió en su mente lo sucedido, miró con detalle la estrella en sus manos, cinco bandas de metal plateado con remolinos dorados perfectamente liso por un lado, mientras que por el otro había un calendario lunar extraño, pues iniciaba un ciclo con una luna roja como sangre con dos puntos rojos mas pequeños y terminaba con una luna enorme y azul, vio las diminutas cuentas brillantes, azules, amarillas, blancas, de todos colores a lo largo de la cadena, que sostenía la estrella pentagrama entonces las palabras de la su nota vinieron a ella con fuerza, la naturaleza contenía aun respiración esperando por ella.

"Desconfía de inmediato, la señal llegara a ti de inmediato, después de ella, desconfía, el mal te asecha"

Había dicho su nota, Kagome salto sobre sus pies alerta, extendiendo su energía fuera de ella tratando de sentir lo que la acechaba según su nota, guardó apresuradamente la joya bajo su suéter y su camisa, dejándola descansar directo contra su piel junto a su relicario, tomó sus cosas del suelo donde las había dejado caer y con el arco en una mano y una flecha a punto en la otra, avanzó en su viaje, para bien o para mal ella estaba casi allí en las tierras del Oeste, si su llamada hasta aquel lugar se debía a los dioses que la habían llevado hasta ellos, iba a aprovechar y devolvería el Hanko a Sesshomaru, su yo del "pasado" había dicho que necesitaría de él, y que era tiempo de devolverlo; recordó como cuatro meses atrás en una batalla contra las creaciones de Naraku, Kagome se había interpuesto entre un ataque a traición de Hakudochi a el lord youkai, mientras Kagura atacaba al Lord del Oeste distrayéndolo del verdadero ataque, Kagome había usado sus flechas y su arco como una espada y había dejado a Hakudochi cerca de la muerte, pues había imbuido en sus armas cada gramo de su poder, en ultimo momento Kagura igual de grave, había huido con Hakudochi en su pluma; Sesshomaru la había mirado en blanco, por un momento pensó que la mataría allí mismo, en aquel claro donde había ido a alejarse de los regaños y criticas de Inuyasha, sin embrago había envainado su espada con un movimiento fluido y elegante, luego había metido su mano bajo la armadura y había sacado un estuche lacado y finamente elaborado y lo había presentado ante ella con un gesto seco.

¡No tienes que darme nada!— Dijo Kagome, sacudiendo las manchas de tierra de su ropa, dedicándole una ligera sonrisa avergonzada al youkai frente a ella.

¡Tómalo miko, el honor obliga a este Sesshomaru, a darte una prenda y con ello la palabra de su ayuda! — Contestó Sesshomaru secamente.

¡No necesitabas mi ayuda, y ambos lo sabemos! — Dijo Kagome sin tomar el estuche.

¿Entonces por que arriesgaste tu vida por este Sesshomaru? — Pregunto gélidamente aun sostenido en estuche entre sus garras.

¿Qué se suponía que debía hacer, sentarme y ver como te herían cuando podía evitarlo? — Pregunto Kagome confundida, no esperaba un agradecimiento eso era seguro, pero tampoco esperaba que la cuestionaran.

¡Cualquier otro lo habría echo, nadie ayuda sin ningún motivo, eres amiga de ese hibrido, después de todo! — Dijo llanamente Sesshomaru.

¡Yo no soy "cualquiera" y mi amistad con Inuyasha nada tiene que ver con que decida ayudarte o no; yo soy mi propia persona, yo elijo y elegí ayudarte!, ¿Esta mal, debo de querer algo a cambio automáticamente? — Dijo Kagome molesta por sus implicaciones.

¡Todos quieren algo, todos buscan algo, los humanos mas que todos! — Espeto secamente, Kagome notó entonces que el estaba discutiendo con ella, algo que jamás habría creído posible, apenas habían cambiado un par de cortesías antes entre alguna que otra puya, mientras ella convivía con Rin, y tal vez pequeñas indirectas pero nada como esto, tal vez el estaba hartándose de estar discutiendo con una "simple humana", aunque en su mente no podía imaginarse a Sesshomaru perdiendo la compostura, el hombre parecía haber nacido con unos modales impecables, todos los que Inuyasha había perdido o jamás había conocido; los podría escribir con perfecta caligrafía (de eso estaba segura) el hombre erguido orgullosamente frente a ella.

¡Bien, no tengo la culpa que estés rodeado de gente interesada, no es mi caso, no quiero nada de ti, no quiero ese estuche, ni nada… cuando cubrí tu espalda necesitándolo tu o no, lo hice por mi propia voluntad, elección y decisión, no lo hice esperando que me cubrieras de gloria, ni nada por el estilo! — Gruñó Kagome dando un seco ademán y volviéndose parara regresar al campamento, no tardaría en aparecer Inuyasha y si la encontraba con su hermano sería una excusa perfecta para pelearse con el Lord, se dijo avanzando por donde había venido, solo que se consiguió anclada al sitio por una mano lleno de garras afiladas que sostuvo su brazo y la volvió de nuevo a su dueño, Sesshomaru la miraba con un borde de perplejidad, mientras su ojos cambiaban de rojo a dorado al ritmo de su corazón.

¡Un consejo Miko, "nunca" le des la espalda a este Sesshomaru en medio de una discusión! — Gruño Sesshomaru una vez sus ojos conservaron su matiz dorado.

¡Lo siento no fue mi intención ofenderte, pero tu me ofendiste primero, dando a entender que era una interesada, y solo quiero volver con mis amigos!, ¿te importaría soltarme ahora?, ¡no voy a ir a ningún lado ok? — Dijo Kagome sonrojada, ella no estaba acostumbrada a estar tan cerca de ningún hombre, menos de Sesshomaru. Sesshomaru la miro fijamente por un momento antes de soltarla con lentitud.

¡No hay ofensa, nunca dije que "tu" eras una interesada!, ¡Tómalo, si no lo haces será una deshonra para este Sesshomaru, me ayudaste, a si no lo necesitara y el honor exige compensación! — Dijo Sesshomaru con obvia paciencia. — ¡Espero que lo regreses, cuando uses tu favor! — Añadió metiendo el estuche con rapidez entre sus manos y aleándose de ella, Kagome lo vio alejarse confundida, mirando del estuche entre sus manos al hombre que se alejaba del claro.

¡Espera!, ¿Que se supone que es esto y que voy a hacer con el? — Dijo Kagome viendo al youkai mayor detenerse.

¡Es mi Hanko personal; ¿Qué hacer?, lo guardaras y protegerás, hasta que tengas una petición para mi, entonces lo devolverás a este Sesshomaru y nuestra deuda quedara saldada miko! — Contestó perdiéndose entre el follaje del bosque, dejando a Kagome Higurashi perpleja, mirando el estuche en sus manos con reverencia, ella tenía en su poder el "sello" personal de Sesshomaru el Lord de las tierras del Oeste «¡Diablos!» pensó entonces perpleja.

Recordó como lo guardó apresuradamente entre sus pechos, sellando la energía en la que el objeto estaba imbuida, y purificando el área alrededor de ella, justo cuando Inuyasha había irrumpido en el claro rugiendo por su demora, Kagome se había vuelto a mirar hacia el lugar donde Sesshomaru había desaparecido y se había encogido de hombros y seguido a Inuyasha que no había parado de gritar y maldecir desde que irrumpiera en el claro, hasta que su paciencia se extinguió y le dio una dura sentada dejándolo inconciente un rato para alivio de todo el grupo. Ahora que lo pensaba, se había quedado con el Hanko demasiado tiempo, como lord youkai el debía de tener muchos documentos que firmar y ella tenía su Hanko, con seguridad estaría maldiciéndola por no habérselo devuelto aun, ahora ¿que favor le pediría?, la nota dijo que ella necesitaría de él, pero aun no sabía para que diablos necesitaría ella de Sesshomaru; ella no quería ser como el resto de las personas que realmente se acercaban a él con la intención premeditada de obtener un favor, si le pedía algo sería igual que todos los demás a sus ojos, mascullo una maldición entre dientes y empezó a caminar con mas energía, molesta por las cosas que estaban pasando, "aparentemente" ella no estaba atada a ningún destino, pero tampoco podía controlar del todo su vida, de una forma u otra, los dioses y los destinos de otros, influenciaban su vida, para muestra, la joya maldita trastocaba su día a día, «¿No podía tener un solo día de su vida como una persona normal?», se pregunto mirando hacia el cielo grisáceo, y como en respuesta a su pregunta el rugido ensordecedor de un relámpago estallo y la lluvia empezó a caer a mares sobre ella.

« ¡Maldita sea, tomare eso como un no! » — Pensó sin saber si reírse o llorar de la frustración, antes de echar a correr con el agua metiéndose en sus ojos miel, emborronándole la vista y pegándole la ropa al cuerpo y el cabello a la cara.

Japón estaba en "calma" entre sus conflictos aislados, el Shogun tachado de cruel y ruin, hacía su voluntad sin ver por su pueblo, que lo sufría y temía; los youkai, cada cual pendiente de sus clanes, de sus feudos, de sus leyes, vigiladas de cerca por los Inukami a quienes respetaban y veneraban a cabalidad, pues solo ellos podían interferir ante los dioses por todos ellos, todos… mortales e "inmortales" por igual ignorantes de lo que el futuro les guardaba, sin saber que entre ellos, bajo una tormenta monumental la miko que corría maldiciendo entre dientes buscando un refugio, sabía muy bien lo que les esperaba y que ella tenia en su poder la capacidad de cambiar la historia que la rodeaba.

Owari…

N.A: Agradecería mucho que se tomaran el tiempo en dejar un review con su opinión, pensando en el tiempo que me he tomado en tejer esta historia que comparto con ustedes.

Atte.

Gracias