Antes que nada, quiero aclarar que la serie Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa "casualidad". Aclarado este punto quiero señalar que esta es una historia "paranormal" y desde ya aviso, no es apto para todo público, espero les guste esto es un Kagome/Sesshoumaru y a aquellos que no les guste esta pareja les aconsejo que simplemente escoja otro fic n_n

Atentamente:

La Autora

(Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)


"Eleven los cantos llenos de algarabía porque este día se acaban las penas, las lágrimas solo brotan de alegría.

¡Adiós para siempre a todas las penas! El tiempo en sus alas eleva nuestra dicha.

¡Adiós al pasado! Atrás quedará. Abraza al futuro colmado de dicha, tu mano en la mía por siempre estará. Promesa de vida para nosotros perfila el futuro al fin redimidos estaremos al final.

¡Adiós a este mundo que dejo con agridulce alegría! Mis ultimas lagrimas por el dejaré a favor de una nueva tierra, perfilada en la gran puerta, la luz que me anuncia el feliz inicio de una nueva vida.

Recuerdos dejo en esta tierra hasta que el ineludible final llegue en su día, para entonces estaré lejos, para entonces todas las bendiciones se habrán ido por completo conmigo.

Revindicada por mi amado, ansió aferrarme a la dulce promesa de vida que ellos, los dioses que me crearon me dieron en su último juicio, donde todos fuimos finalmente redimidos.

Benditos sean aquellos cuya fe no ha decaído con las duras pruebas de la vida, sino que más fuerte en su fervor se han vuelto. Voy al encuentro final como estaba escrito...

¡Maktub!... ¡Estaba escrito… que así sea, que así sea, que así sea!

Te amo compañero mío.

Los amo a todos, aunque nunca comprendan el alcance de mi antigua pena.

Kagome Higurashi Señora de las Tierras del Oeste y de la casa de la Luna.

Antiguo Templo del Atardecer

Tokio Año 2090

Y copia al

Templo de la Sagrada Señora

Ciudadela del Oeste Año 520

Primer periodo del Santuario


Cap. 47: Redención. El regreso de la señora.

Decir que ella estaba nerviosa era decir simplemente poco, estaba muriéndose de nervios, sus manos temblaban ligeramente envueltas en la más grande de Sesshomaru mientras este la guiaba a través de la puerta (mientras su corazón golpeaba contra su pecho a un ritmo inhumanamente rápido), con la otra mano tibia y firme en la parte baja de su espalda, acariciándola lentamente tratando en vano de calmar sus nervios y sus muchos temores, porque ella sabía que tenía razones válidas para temer, la ira de su hijo y sus amigos, sus reproches al abandonarlos a su suerte y no buscarlos cuando ella supo de su regreso a aquel mundo que una vez los había ayudado activamente a abandonar a favor de otro que prometía su seguridad y felicidad.

— Deja ya de preocuparte. Nadie te juzgará aquí — Dijo Sesshomaru en un murmullo bajo que resonó contra todos los nervios de su cuerpo, percibiendo el temor de su compañera a través de su vínculo y el irritante olor a temor y nervios que contaminaban su aroma natural. A él le dolía física y espiritualmente verla angustiarse por las dudas que la carcomían y atormentaban, ella tenía tantos temores y traumas dentro de sí y él se encargaría de que lo superara todos; la sola idea de rechazo por parte de alguno de los que aguardaban impacientes su presencia era simplemente risible, ellos se habían contenido de ir tras ella cuando Kirara había aparecido buscándolo porque sabían que ellos tenían que arreglar algunas cosas antes de poder presentarse ante ella, de lo contrario abrían ido con él en las locas ansias de verla y confirmar que ella realmente estaba allí viva. Pero la terca mujer estaba centrada profundamente en un antiguo temor que había estado arraigado en ella por siglos, desde que los enviara a través del portal sin ella; Él solo podía permanecer junto a ella hasta que se sintiera segura y la protegería incluso de sí misma, pues eso era después de todo, su derecho y privilegio como su legítimo e innegable compañero.

— Dices eso para calmarme. Estoy segura que Shippo tendrá un par de cosas que decirme y no sé si pueda soportarlo Sesshomaru, sé que está en su derecho pero aun así, la sola idea de sentir su reproche me hiere, me preocupa y Rin y los demás… Oh Sesshomaru — Se lamentó ella, deteniéndose de golpe obligándolo a detenerse a su vez.

Sesshomaru y su bestia observaron a la mujer hecha un manojo de nervios a través de los falsos ojos miel y ambos suspiraron sin poder evitar observar cuan típico de ella creer que alguien más allá de él, tenía derecho de reprocharle sus acciones sin saber lo que estas le habían hecho sufrir, porque incluso él que lo había hecho se había hundido de lleno en sus memorias y se había avergonzado de su reproche al vivir en sus recuerdos, el largo y amargo sufrimiento que ella había padecido.

No, ninguno de ellos, nadie le reprocharía nada en absoluto. Él ya había aclarado ese punto con ellos, mientras Kagome había estado distraída con su familia antes de venir a aquella residencia, desde donde por años habían mantenido una estrecha vigilancia de la joven que había sido.

— Danos un poco de crédito, Kagome — Pidió él, deslizando su mano por su espalda en una lenta caricia pensada para calmar permitiéndose hundir sus dedos en la larga cabellera platinada que caía como cascada hasta más debajo de sus rodillas, pues se había negado a permitirle entretejer sus trenzas aquel día. Él deseaba deleitarse con cada aspecto de ella y acariciar su cabello, era apenas el más inocente de los placeres que podía tomar frente al mundo civilizado.

— Estoy comportándome como una tonta cobarde, lo siento. Vamos amor mío, llévame al fin del mundo una vez más, allá te seguiré si así los dioses me lo permiten — Dijo ella finalmente, su voz cargada de poder tejiendo un solemne juramento que los envolvió a ambos de inmediato dándole un manto de valides espiritual a sus palabras, que Sesshomaru guardo en su corazón de inmediato, porque el también iría allí a donde ella estuviera.

— Nadie podría llamarte cobarde y ser fiel a la realidad, menos vivir ante tal afrenta a tu honor. Al fin del mundo no iras Kagome solo a nuestro mundo — Respondió él, sellando así su propia promesa. El poder estallo y los anudo asegurándose alrededor de ambos. Entonces con los ojos llenos de lágrimas de emoción, Kagome respiró profundamente y como en antaño colocó sus delicadas manos en el antebrazo izquierdo de Sesshomaru, sintiendo bajo sus dedos las bandas de duros músculos mientras la mano derecha de él permanecía en la parte baja de su espalda y le permitía guiarla a aquel ineludible encuentro, que en el fondo ella misma ansiaba y necesitaba con igual fuerza que lo temía.

Apenas llegaron al rellano de la puerta, cuando esta se abrió ante ellos sin darle tiempo a tocar el pomo, obviamente ellos habían estado observando su avance desde las ventanas u otros medios. Kagome tragó con fuerza y atravesó el umbral de la puerta que se cerró a su espalada de inmediato y sin demora, se vio arrancada del abrazo de Sesshomaru, mientras el hombre de cabellos plateados y ojos verde botella la abrazaba con fuerza, llorando incoherencias sobre su hombro con el cachorro que una vez había sido cuidado, amado y protegido por ella tantos siglos atrás tras despertar de alguna pesadilla, a su vez Kagome lo envolvió en su abrazo, abarcando su forma con todas sus fuerzas y llorando contra su pecho también permitiendo el amor que había guardado dentro de sí tantos siglos liberarse y bañar con él a todos en la propiedad y tal vez la cuadra entera.

— Justo cuando toda esperanza de volver a verte había muerto para nosotros, vuelves una vez más… no vuelvas a dejarnos… madre — Dijo Shippo, su voz ronca por la emoción que lo embargaba cuando finalmente pudo calmarse lo suficiente para encontrar su voz.

— Con cuidado cachorro. Ella es más delicada ahora — Advirtió Sesshomaru, obligándolo a suavizar su abrazo automáticamente, a pesar de que sabía que bajo la ropa su compañera se amorataba rápidamente por el efusivo abrazo.

— No importa — Dijo Kagome abrazándolo a ella con fuerza, negándose a permitirle a los moretones en su cuerpo impedirle disfrutar del abrazo de su amado hijo, ese que había extrañado también por siglos.

— Si importa madre. No quiero que sufras ningún daño, menos ahora que te hemos recuperado milagrosamente — Dijo él separándose de ella y tomando su rostro en sus grandes manos con reverente delicadeza. El amor en su corazón por aquella mujer estallo con fuerza suficiente como para hacerlo sentir mareado, no importaba para el los cambios físicos en ella, aquella mujer lo había amado protegido, cuidado, alabado y nutrido con la propia luz de su alma, esta mujer era su madre y ahora estaba nuevamente con ellos y eso era lo único que importaba. Sonrió entonces alargando la mano hacia su compañera, que esperaba unos pasos detrás de él.

— Mi hermosa, hermosa niña — Saludó Kagome, abrazando a Rin que incapaz de decir nada la abrazaba a su vez, sin dejar de derramar lágrimas de silenciosa dicha. — Mira lo hermosa que estas, como has crecido y la hermosa dama en la que te has convertido mi niña. — Dijo Kagome sosteniéndola contra ella con sumo cuidado.

— Madre — Fue la única palabra que pudo pronunciar antes de empezar a reírse sin dejar de llorar, soltándose de ella y aferrando sus manos mirándola sin poder creerse que realmente estaba allí entre ellos.

— Bienvenida una vez más, hermana — Saludo Kaede incapaz de esperar más. Entonces Kagome le dedico una brillante sonrisa que la hizo brillar de los pies a la cabeza con tal alegría, que ninguno pudo evitar sonreír a su vez con ella. Sesshomaru la tomó de la mano e hizo un ademán a los presentes para que se sentaran. Entonces si demora le cedió a Kagome la oportunidad de contarles lo que habían sucedido tras el cierre del portal y la separación de ambos mundos.


Todos escucharon atentamente la historia de lo que ella había vivido en aquel mundo y habían derramado lagrimas por ella ante su dolor y sufrimiento. Habían maldecido a aquellos monjes fieramente, a pesar de que ella les había hablado de la dura maldición de los dioses sobre ellos. Les había contado de cómo se había obligado a existir y había trabajado activamente por conseguir una razón para seguir adelante. Les hablo de su larga y dolorosa recuperación, de cómo había tomado su ultimo y significativo gran cambio, muestra final de la desaparición de su humanidad cuando poco después notó que no envejecía. Les hablo de la historia de su existencia hasta aquel día sin reservas y ellos no pudieron más que sentirse humillados, ante el sacrificio lleno de pena que ella había hecho.

También habían comprendido de inmediato con sus palabras que ella no estaba en ningún momento pidiéndoles perdón por sus acciones o comprensión alguna de sus partes. Solo se había limitado a exponerle sin pena ni gloria, lo que de ella había sido en aquel mundo sin más compañía que la de sus fieles guardianes, a los que al final también había renunciado cabalmente para beneficio de los jóvenes cachorros y sus futuras parejas.

El completo desinterés de sus acciones no les paso por alto a ninguno de los presentes y se sintieron más que honrados de contar con el amor de aquella mujer una vez mortal, ahora incluso más inmortal que ellos.

Kagome había reído y llorado en partes iguales cuando descubrió en su "perezoso y gordo" gato de la familia, a la fiel Nekomata Kirara, cuando había saltado sobre su regazo en una muestra de extraña agilidad y con un deje casual, Sesshomaru le había retirado la protección en la forma de su collar y la Neko se había materializado allí, sobre ella, mirándola fijamente con sus inhumanos ojos antes de empezar a maullar y restregar su rostro contra el estómago de Kagome en una muestra de afecto tan desesperada que el evento más raro en una Nekomata ocurrió frente a ellos, cuando una lagrima carmesí broto de los ojos de Kirara y al aterrizar en la mano de Kagome, un diminuto diamante se manifestó como un traslucido lunar en la piel de Kagome y en el diamante de Kirara la estrella pentagrama de Kagome se manifestara en ella mientras su pelaje se aclaraba un par de tonos más y una tercera cola se manifestara.

El evento había sido tan raro e inesperado que todos se habían lanzado a la discusión de lo que había sucedido entre Kirara y Kagome sin llegar a una conclusión clara de lo ocurrido. Lo único que podían suponer era que un vínculo se había formado entre ellas, aunque ninguno comprendía cómo y que significaba.

En aquella casa esa noche solo durmieron los cachorros más pequeños, pues los más grandes habían hecho fila, ansiosos por conocer a la sagrada dama que había sacrificado todo y a quienes ellos debían su misma existencia. Pues sin la seguridad del mundo que les había entregado, ellos jamás habrían podido nacer, como había sido el caso de los hijos de los Señores de la casa del Norte quienes la habían saludado sin protocolo alguno y lágrimas de genuina alegría en los ojos.

— Un placer conocerla finalmente, mi lady — Dijo la joven mujer frente a ella, dedicándole una reverencia formal, que Kagome interrumpió cuando la tomó en brazos y la envolvió con su amor como una tibia manta de seguridad.

— Hubo una época que la sola idea de que alguien me llamara abuela con mi aspecto y entonces edad, era por demás alarmante e incluso risible. Mas hoy después de haber vivido tanto, es para mí una alegría saber que tengo nietos, más cuando mi nieta es la hermosa dama que tengo frente a mí, Kaoru-chan, gracias por tráeles alegría y sanar sus heridas cuando yo les deje sumidos en la pena — Dijo Kagome con la voz entrecortada de emoción. Aquella joven mujer que sostenía entre sus brazos era tan diminuta como su amada madre y tuvo que contenerse para evitar hacerle daño. Tras ellas Shippo y Rin sonrieron a su hija con clara indulgencia y Sesshomaru las observó con aprobación brillando en sus ojos dorados, pues para entonces todos habían dejado de lado sus respetivas protecciones y los jóvenes cachorros e incluso los adultos podían ver con reverente perplejidad a su compañera tal cual era, y entre ellos ella siempre sería la más hermosa y etérea estrella y era toda suya.

— ¡Abuela! — Dijo entonces la joven comprendiendo finalmente lo que sus padres y todos aquellos que habían conocido a esta mujer le habían tratado de explicar antes y decían que sin importar que, no existían palabras que le hicieran justicia a lo que ella era, y ella lo entendió muy bien cuando el cálido amor de la mujer la envolvió como una tibia manta de seguridad que jamás ni aun con sus amados padres había sentido. La sensación de amor casi palpable la envolvía como un capullo y el dulce olor de la mujer unido al de su abuelo, solo reforzaba esa seguridad que ella le daba sin reservas y traían paz a su alma y lágrimas de verdadero alivio a sus ojos.

Y así la Señora del Oeste había regresado finalmente a aquellos que ella había llamado suyos, a aquellos a los que había amado lo suficiente para atravesar un infierno y que a su vez la amaban lo suficiente para no permitirse olvidarla o permitir que alguien olvidara su historia, su bondad, su entrega su amor y sobre todo el sacrificio que hizo de sí misma y de su amor por su señor con tal de salvarlos y protegerlos a todos.


Tokio 2015

Acompañados por las cuatro familias cardinales, los últimos guardianes de leyenda y su propia familia, Kagome tomó los votos en una ceremonia íntima oficiada orgullosamente por su abuelo, Hitoshi Higurashi ultimo guardián de leyenda y custodio, y se convirtió oficialmente ante los ojos de los hombres y el panteón Nipón en la esposa de Sesshomaru Taisho.

En Terra los habitantes estaban sumidos en la alegre celebración del milagro que auspiciaba el milagroso regreso de la sagrada señora, su unión con el Inu Kami una vez más celebrada y venerada, lanzando a los habitantes en masa a los templos a elevar oraciones, ofrecer incienso y ofrendas en gratitud por aquel inesperado milagro.

Aquel mismo día los últimos guardianes de leyenda entregaron a sus dueños originales las pruebas irrefutables de su existencia, manteniendo solo las historias orales para ser conservadas para el futuro sin prueba alguna que supusiera peligro alguno para ellos o sus señores, quienes los habían elegido siglos atrás y a quienes habían cumplido a cabalidad.

Ambos tomaron su residencia en la propiedad que Sesshomaru había adquirido cerca del Templo del atardecer pues este contenía suficientes protecciones para mantenerla a salvo, además Kagome deseaba estar lo más cerca posible de su familia mientras aun fuera la custodia de los portales, Kirara permanecía entre las dos casas pero ya había anunciado su intención de permanecer junto a Kagome y Sesshomaru lo había aceptado, entre el Daiyoukai y la antigua Nekomata había una tentativa amistad y un profundo respeto que solo se había reforzado con el inesperado regreso de Kagome a sus vidas.


Tokio 2018

El paso del tiempo había traído consigo tanta alegría como tristeza. Durante aquellos tres años, Kagome había estado dedicada por completo a su compañero y a su familia. Delegando el peso de sus mucho negocios en sus guardianes, que fielmente una vez más habían regresado a ella, embargados de alegría al saberla finalmente junto a su legítimo compañero. Sesshomaru los había reconocido y reclamado como parte de su manada y los había recompensado por su fidelidad, cuidado y protección de su amada compañera, aunque estos aceptaron su recompensa prácticamente a la fuerza pues ellos no lo habían hecho con ningún interés de por medio más que por el honor de servirla y el amor que ella les había inspirado, porque ellos sabían que ella los amaba de la misma manera que ellos la amaban a ella y eso había sido más que suficiente para convencer aún más a Sesshomaru de su decisión respecto a ellos.

Conforme el tiempo pasaba, este se cobraba caro en el mayor de los Higurashi hasta que el día fatídico y naturalmente esperado llegó y Kagome se vio obligada a verlo partir a otra vida lejos de ella. Había llorado su partida junto a su madre y su hermano, apoyada firmemente en su compañero y sus hijos. Incluso en Terra se había celebrado un réquiem en honor al anciano guardián, quien en vida había sido de suma importancia en la vida de Kagome.


Tokio 2045

Y así había pasado el tiempo, y después de la partida de Hitoshi Higurashi, Kagome vivió para ver partir a cada uno de los custodios de las seis familias que habían servido con honor a las diferentes casas Youkai y a sí misma. Había llorado a cada uno de ellos y elevado plegarias por sus honorables almas.

Había visto a su hermano convertirse en un hombre y a su madre volver a sus libros, cumpliendo la antigua promesa de contar su historia al mundo. Sus obras escritas con maestría se convertirían en una serie de novelas de mucho renombre y a través de ellas, eventualmente Sota su hermano terminaría conociendo a su propia compañera, cuando irónicamente tratando de conseguir un autógrafo de su madre, este la atropellara con su gran cuerpo en la puerta de la librería. Entonces Kagome y Naomi habían reído y llorado cuando la expresión de aquellos dos imitara a la perfección a las de la misma Naomi y su amado Towa.

Cuando finalmente Sota había tomado a la joven y soñadora Ai como esposa, Kagome les había recordado en su breve discurso como se habían conocido y ellos habían reído de buena gana entonces.

Los años pasaron y Kagome vio a su madre marchitarse con alarmante rapidez y cuando Ai había descubierto su incapacidad para tener hijos, había sostenido la mano de la joven a quien le habían develado su historia, y había llorado con ella y la había animado abiertamente a adoptar; tres niños habían criado entonces, dos varones y una niña. Todos llenos de amor y seguridad que crecieron con rapidez para convertirse en hombres y una mujere de buen corazón, para entonces Kagome se mantenía alejada de ellos, solo manteniendo un contacto esporádico son sus sobrinos, pues no deseaba legarles la pesada carga de su delicado y peligroso secreto.

Así fue como poco después del cumpleaños número 45 de Sota, Naomi Higurashi se despidió de aquel mundo y fue en busca de su amado Towa. Con tranquilidad como había llevado su vida y con el nombre de su único amor en los labios y rodeada de sus hijos, nietos y su extensa familia humana y Youkai, se alejó a su encuentro.

Entonces la tormenta del dolor de Kagome no fue fácil de consolar, pero Sesshomaru estaba allí como su roca y su consuelo y ninguno de ellos se amilano y al final como todo, ella terminó por aceptarlo con el tiempo. Como había aceptado tantas cosas más en el pasado.


Tokio 2060

El contacto entre la familia Higurashi y Kagome se mantuvo firme solo entre Sota y su esposa Ai. Quien fue la primera con sus escasos 50 años en partir, al perder la batalla contra el cáncer finalmente, con la ayuda de Kagome ella había partido sin sufrir y Sota se había quedado rodeado de sus hijos para ser consolado y desde las sombras Kagome y su extensa familia cuidaban de él y de sus hijos.

Como su abuelo antes que él, Sota llevó el templo del atardecer con orgullo y a los cincuenta y cinco años cedió el mando a sus hijos, recordándoles el hermoso legado que les estaba entregando. Entonces un día se despedido de ellos y partió sin volver, pues deseaba estar junto a su hermana a la hora de partir.

Así que cuando cinco años después sintió como el mundo se oscurecía alrededor de él, aferró con lo que quedaba de fuerza la aun tersa mano de su amada hermana y vio su amado rostro iluminado por su hermosa luz interior, aun joven y cubierto de lágrimas y dolor por su partida y le sonrió con cariño, sintiendo su cara llena de arrugas marcarse aún más con aquella acción.

— ¿Nunca te dije… lo orgulloso que estoy de que seas mi hermana, verdad? — Murmuro Sota con los labios marchitos por la edad y sintiendo un tibio calor recorrer su envejecido cuerpo. Su cuñado acababa de darle el trago más dulce que había probado en su vida y el dolor que había sentido se había evaporado como por arte de magia.

— Yo estoy muy orgullosa de ti y lo que hiciste con tu vida, hermanito — Contesto Kagome, forzando las palabras por su garganta casi cerrada por el nudo de dolor que estaba allí instalado.

— ¿Hermanito?... Creo que estamos al revés, hermanita — Dijo Sota sin poder evitar reírse. — Si pudiera pedir un deseo… sería volver a verlos, volver a estar con todos ustedes. Te amo hermana — Dijo Sota, mirándola una vez más con sus ojos miel oscurecidos por la edad, antes de exhalar un profundo suspiro y partir de aquel mundo con una tenue sonrisa en sus labios, agarrado de la mano de su querida hermana mayor.

Entre amargos sollozos que estremecían y desgarraban el alma de aquellos que la habían acompañado en su vigilia, Kagome bendijo a su hermano como había hecho con su padre, su abuelo, Ai y su madre antes que él. Entonces se permitió derrumbarse en brazos de su amado compañero y llorar y gritar incapaz de contener tanto dolor dentro de ella sin romperse en mil pedazos. Su hijo se encargaría de informarle a sus sobrinos y preparar el funeral de su amado hermano, pues ella no podía hacer más que llorar su parida en la angustia de perder al último miembro de su amada familia.

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En el Devas, Destino se levantó de su posición postrada en el suelo ante los dioses sin nombre, sintiéndose extraña, vacía ante el silencio sepulcral que ahora estaba firmemente instalado en el ojo de su mente ahora libre de imágenes, como el espejo donde habían vigilado la vida de los mortales desde el inicio mismo de aquel panteón y ahora yacía en silencio sin ninguna imagen en su pulida superficie.

Y estos a su vez le devolvían la mirada desde sus formas hechas de luz con fija y penetrante atención, su alma dentro de ella tembló sobrecogida ante el terrible poder de aquellos seres antes de que estos se volvieran hacia Tsukuyomi. Entonces el conocido dios de la luna abrió sus labios y un sonido ininteligible que ninguno de ellos entendió broto de sus labios y cual sinfonía musical el vació se llenó de aquella música, cuando aquellos dioses sin nombre a su vez respondieron y ante las miradas perplejas del panteón nipón que no comprendían muy bien lo que estaba ocurriendo.

Tsukuyomi debatió con ellos, entonando en su voz de máximo poder una larga melodía cargada de amor coraje lucha y perseverancia, lagrimas, dolor y mucha fe, y estos se inclinaron hacia el escuchando con la atención con la que un padre escucha las experiencias de sus hijos y conforme el avanzaba en su canción llena de pena, algunos extendieron hacia ellos, un aura de inequívoco consuelo que trajo lagrimas a los ojos, no a más de uno, sino a todos ellos. Incluso Sosa no Wo, el más vivaz y pícaro de ellos cedió ante aquella muestra de afecto y por segunda vez en su vida, pues la primera vez había sido a causa de la campeona de los dioses cuando había sido herida por los humanos, lloró como un niño embargado principalmente por la felicidad, y por largo tiempo duró aquel duelo de música entre los dioses sin nombre que los habían creado y Tsukuyomi quien se había alzado, como el vocero de todos ellos con un conocimiento que ellos desconocían que él poseía.

Sucedió entonces que conforme se lazaba un crescendo de emotiva música que trajo a sus ojos lágrimas y a sus corazones humildad, los dioses sin nombre formaron un semi-circulo ante ellos y en medio de ellos apareció la traslucida imagen de la campeona, de quién sospechaban los dioses sin nombre hablaban ahora, y vieron en sus rostros iluminados el genuino afecto que le dedicaban a aquella mujer, mientras observaban como todos ellos los acontecimientos que habían transcurrido en la vida de la mujer durante aquel largo y extenso duelo. Vieron todo, desde su llegada accidentada al pasado y su evolución hasta su reunión con su familia mortal, luego la vieron unir su vida a su legítimo compañero con la bendición de aquel panteón entregada por el anciano monje, que era el abuelo de sangre de aquella quien había enderezado los errores de sus acciones. Luego la vieron dejar de lado todo y vigilar una vez más a su familia y pronto la vieron llorar amargamente su dolor ante la partida del anciano monje y así con los años el crecimiento de su hermano, el dolor de su esposa y el apoyo incondicional que les había dado llevándolos a dar su amor a tres niños que no eran de su simiente.

La habían visto despedir a su madre y su dolor había sido tan abrumador que los había puesto literalmente de rodillas. La vieron firme junto a su hermano en el duelo de su esposa y finalmente sosteniendo la mano marchita de su hermano menor mientras este cruzaba la otra vida. En todas y cada una de sus amargas despedidas que incluso había abarcado a sus tres alocadas amigas de antaño. Había habido algo que no cambiaba en ella, su dolor y sufrimiento no menguaba y era algo vivo y tan real que incluso ellos lo habían sentido y finalmente ellos habían comprendido el dolor de la pérdida real de aquello a lo que se ama. Siempre de la mano de aquella mujer única.

Tan afligidos por el dolor de aquella mujer estaba él una vez orgulloso panteón nipón, que no habían visto la mirada conocedora de los dioses sin nombre llena de alegre comprensión y misericordia. Entonces uno a uno elevaron sus manos hacia ellos, y el Devas se encendió de incandescente luz brillante y límpida y ellos sintieron la sensación más hermosa que jamás habían sentido en sus largas y caóticas existencias "libertad". Finalmente la tan esperada redención había llegado comprendieron de inmediato mientras eran purificados y sus almas volaban libres.


Tokio 2090

Y así Sesshomaru había permanecido setenta y cinco años en el mundo humano junto a su amada compañera. Él había permanecido fielmente junto a ella en las buenas y en las malas sosteniéndola en los momentos más negros de su vida, auspiciados siempre por la muerte de aquellos a los que ella había llamado sus seres amados.

Durante aquellos años, ambos habían llegado al acuerdo de esperar la llegada de sus cachorros cuando la redención llegara y ella estuviera finalmente libre de sus deberes como guardiana y los dioses sin nombre retiraran los espectros de los seis planos de aquel mundo y ella pudiera llevar consigo el espectro del portal hacia Terra y las almas que aun existieran en aquel mundo, destinadas a ser compañeros de vida de muchos Youkai, a la espera de la más sagrada unión para ellos.

— Algo te incomoda, Sesshomaru. Dime que es — Dijo Kagome, interrumpiendo la línea de sus pensamientos aquella tarde. Ambos sabían que estaba en su mente, pero por alguna razón ella parecía necesitar escucharlo de ella.

— ¿Crees que la redención llegue alguna vez? — Pregunto Sesshomaru finalmente, exteriorizando en voz alta su duda.

— A pesar de todo, sigo siendo una mujer de fe Sesshomaru. Se en mi corazón que la redención llegará. Algo nos están enseñando los dioses que me crearon y cuando ellos consideren que hemos aprendido la lección, entonces la redención llegará. Solo ten fe amor mío. Entonces no podrás librarte de mí pues te seguiré allí a donde vayas — Prometió ella abrazándolo con fuerza, hundiéndose en el calor de su cuerpo y tomando en ella el fresco olor de salvaje poder que siempre lo había acompañado.

— Entonces esperare y una vez llegue ese indulto, nada podrá apartarte de mí, miko — Concedió él, apretándola contra él cuidando siempre de no causarle daño alguno. Había tardado lo suyo pero finalmente se las había ingeniado para controlar su gran fuerza para tocarla, como si de frágil porcelana se tratara, sin dañarla.

— Te amo — Susurro ella, entregándose a la somnolencia que la había estado embargando los últimos días mientras sus guardianes la habían ayudado a acabar con la mayor parte de sus negocios.

Viendo que Megumi ya se había unido a su compañero y esperaba su primer cachorro y Sasori y Kaname estaban cortejando a sus jóvenes compañeras mientras esperaban pacientemente hasta el momento de reclamarlas; Sus padres querían estar más cerca de ellos y ella estaba cansada de jugar en el monopolio humano, así que había entregado las fundaciones a varios grupos que en su momento juzgó dignos de confianza y había disuelto sus negocios, convirtiendo sus activos en metales preciosos y joyas que en el futuro pondría usar en Terra. Donde esperaba algún día vivir junto a su compañero.

— También te amo — Respondió él a su vez, sosteniendo a su compañera contra él meciéndose en la hamaca donde ambos reposaban, dispuesto a hundirse como ella en el letargo. Mas antes de entregarse por completo, sintió como todos los nervios de su cuerpo estallaban y en completa tensión, saltaba fuera de la comodidad de la tela donde se habían estado meciendo, despertando a Kagome mientras la cubría con su propio cuerpo. La imagen que se desplegó frente a ellos quitaba el aliento.

El panteón nipón en pleno se alzaba ante ellos. Mirándolos con genuina algarabía, rodeando a entes hechos de la más pura luz, que él solo había visto en su amada compañera.

— Déjame ir al frente, Sesshomaru. El momento de nuestra redención ha llegado al fin ¿Ves? — Dijo Kagome saliendo detrás de él, y antes de que él pudiera impedírselo avanzar hacia los seres de luz, con la confianza y seguridad de una hija a sus padres, dedicándoles una profunda reverencia antes de dedicarles una brillante sonrisa, que la ilumino de los pies a la cabeza, dándole una apariencia más parecida a aquellos seres de luz que a cualquier deidad del panteón Nipon.

A su vez estos se arremolinaron alrededor de ella, tocando sus cabellos con sus manos luminosas enlazando con cada toque, la luz del alma de su compañera. Entonces ella se volvió a él, y extendió la mano iluminada invitándolo a acercarse, y él no pudo más que seguirla allá, a donde ella lo llevara, pues hasta el mismísimo Narakas él estaba dispuesto de buena gana a transitar de nuevo, si eso significaba estar con ella, y así ellos también lo recibieron y le dedicaron su amor. Aquel que ella muchas veces había dicho que tenían aun cuando no lo merecían y él no pudo más que darle la razón como siempre.

Entonces uno a uno lo observaron con fija atención, como evaluando si era digno de ella y él los miro a los ojos. No era digno, lo sabía bien, aun así él no podía vivir sin ella. Aun así no renunciaría, la amaba más que a sí mismo, incluso ellos debían poder verlo.

Y lo vieron y en sus corazones inhumanos, ellos celebraron la unión de su más amada hija. Uno a uno extendieron las palmas de sus manos, y por un instante sostenido en el tiempo, el mundo entero se ilumino por completo. Entonces los espectros de los cinco reinos arraigados a aquel plano se disolvieron y con ellos el panteón nipón y los dioses, aquellos que no tenían nombre le dieron sus bendiciones a ambos antes de desaparecer también para siempre. Porque ella era justicia y el equilibrio y entre ambos ningún desvió sería posible, él era de ella y ella de él.

Aquella noche ataviada con las galas que su rango exigía y acompañada de su compañero. Kagome Higurashi atravesó finalmente el ultimo portal de aquel plano, frente a sus ojos, miles de cientos de Youkai fueron a presenciar su tan esperada llegada y darle la bienvenida a la sagrada señora y cuando ella había dejado ir su poder atrayendo a aquel mundo las almas restantes destinadas a ser compañeros y compañeras de la clase Youkai. Ella brillo de los pies a la platinada cabeza con la luz de su alma iluminándolos a todos, sin hacerles daño alguno, con las miles almas flotando sobre ellos mezcladas con su luz, abrazándolos benévolamente hasta sellar de una vez y para siempre aquel portal, abandonando su mundo a favor de Terra, trayendo consigo el ultimo rastro de magia y sus bendiciones con ella, a aquella tierra bendita que ella les había entregado tantos siglos atrás.

Ellos se habían sentido honrados y afortunados de presenciar aquel hermoso despliegue de poder que proviniendo de ella lo recibían como una clara muestra de su amor por ellos. Uno a uno sin importar casa cardinal o especie Youkai se postraron ante ella en una reverencia colectiva, en muestra de reconocimiento por lo que ella había hecho por ellos. Aun cuando sabían perfectamente que ella no estaba pidiendo tal reconocimiento, ellos se lo daban de buena gana.

Kagome solo sonrió y con un regio ademán pidió que se levantaran, pues ella seguía sin sentirse realmente cómoda con aquellas muestras de deferencia.

La ciudadela del Oeste seguía siendo tan hermosa como la recordaba y cuando la atravesó rodeada de los buenos deseos y la genuina alegría de sus habitantes no pudo más que sentirse feliz por lo que veía en ellos, la genuina alegría y tranquilidad.

Y al atravesar las puertas del Castillo las estridentes y alegres campanadas la recibieron en una muestra de profunda alegría de todos los que vivían y trabajaban en el edifico por su retorno. El corazón de Kagome se arrugo con genuina emoción al ver al envejecido Jaken apoyado pesadamente en un bastón lleno de nudos mientras su feo rostro arrugado por la edad y las preocupaciones estaba húmedo de lágrimas de felicidad, pero no propia y ella lo sabía, sino por la felicidad de Sesshomaru.

— Siempre has sido un fiel sirviente, Jaken-san. Has sufrido el dolor de Sesshomaru como propio y nunca lo abandonaste, por eso siempre tendrás mi eterna gratitud — Dijo Kagome soltándose de Sesshomaru y avanzando directo hacia Jaken y tomando en su manos las marchitas manos del Kappa que lloraba con más fuerza ante las palabras de la poderosa y aun así humilde mujer.

— Este Jaken está muy feliz por su regreso mi lady, muy feliz por Sesshomaru-sama — Dijo el Kappa finalmente.

— Un fiel sirviente… ¿Qué te parece un fiel amigo, Jaken? — Pregunto entonces Kagome depositando un ligero beso sobre la frente arrugada de Jaken que tenía los ojos como platos ante la acción mirando hacia su amo que permanecía impasible, antes de que todo él se iluminara y cuando la luz retrocedió, Jaken se había transformado en un joven Youkai un poco más alto que Kagome con el cabello verde agua a media espalda y ojos violeta, vestido de azul y blanco con peces bordados en sus ropas. Alrededor de ellos, los presentes miraban aquello impactados.

¿Mi lady? — Dijo Jaken en una voz suave y calmada muy diferente a la que había tenido.

— Eres un Youkai elemental desde este día mi querido Jaken, un espíritu de rio. Mi regalo de agradecimiento por estar desde siempre allí para él — Dijo ella dedicándole una sonrisa, mientras Sesshomaru recuperaba el agarre sobre ella y la arrastraba con el dejando tras ella a un atónito Jaken envuelto como los demás en la alegre risa cantarina de la señora y la ligera risa baja de su señor esa que nunca antes había oído y ahora era música para ellos.

Días después, Kagome recibía con genuino afecto a las damas que habían conformado su antigua corte, todas con lágrimas en los ojos con el feliz reencuentro. Lady Aika llevó consigo a su compañero y al primer cachorro que habían tenido en su ausencia y ella se había alegrado por ella de corazón.

Mas su más grande impresión, la había recibido la tercera noche cuando ante ella entre la delegación del clan de los Inu negro, tres hombres adultos, un joven y tres mujeres hicieron su aparición conmocionándola a tal punto que terminó cediendo al shock y ante las alarmadas miradas de todos había sucumbido alegremente al desmayo.

Al recuperar la consciencia, se había desecho en lágrimas balbuceando incoherencias abrazada a sus padres, sus abuelos, a su hermano menor y a sus hermanos por elección. Su madre exhibía las formas que anunciaban la próxima llegada de un miembro más de la familia y su hermano sonreía en la plena juventud de sus quince años como Inu negro, dedicándole su amor y sosteniendo su mano con un brillo de genuina preocupación, Sango y Miroku la observaban con un brillo conocedor en los ojos miel oscura. Entonces ella había cedido y había llorado sobre ellos abrazándolos y balbuceando palabras de afecto incapaz de formar oraciones completas y ellos a su vez la habían sostenido comprendiendo su reacción perfectamente.

Toga e Irasue se unieron a ellos y completaron su círculo de amor y entonces ella decidió que su felicidad estaba completa. Cuando aferró en su abrazo a Sesshomaru y susurró el secreto que había estado guardando con celo, lo cual era difícil ya que Sesshomaru vivía en su mente, como ella en la de él.

Él enloqueció de alegría y toda Terra supo de la felicidad que embargaba a la casa del Oeste con la feliz y tan esperada llegada del primer cachorro del gran lord y su dama.


— Estas hermosa — Dijo Sesshomaru abrazando a Kagome, abarcando su vientre henchido con su semilla como había soñado desde hacía tantos siglos atrás y aún estaba en el inicio de sus pruebas ante los dioses y ahora finalmente podía deleitarse en la hermosa imagen que ella presentaba para él.

— Mas te vale que me veas hermosa y no como una ballena asesina haciendo equilibrio en sus aletas — Dijo Kagome lanzándole una mirada afilada que lo retaba a reírse de ella y a pagar por ello, el humor de su amada compañera era uno con el que se debía tener cuidado más en esos días.

— No solo te veo hermosa. Tu eres hermosa, aun no descarto la idea de encerrarte en nuestras habitaciones para mantener toda tu belleza para mí mismo — Dijo Sesshomaru, bajando su rostro para robarle un suave dulce lento y caliente beso de los labios entreabiertos de Kagome.

— Vamos compañero, este pequeño torbellino — Dijo Kagome jocosa señalando su henchido vientre. — Ya quiere comer… de nuevo — Finalizo dedicándole un sonrisa queda.

Sesshomaru la levantó en brazos pues conforme su embarazo se notaba más y más él había sido insoportable con la sobreprotección, y dado su historia ella no podía negárselo aunque a aquellas alturas solo sentía deseo de gritar o arrancarle un mechón de cabellos a alguien.

La pareja abandonó la habitación. Entonces una voluta de aire sopló sobre las hojas del libro que estaba frente al escritorio donde ella había estado sentada, y las páginas se movieron con la corriente de brisa, hasta que la última entrada quedó a la luz, entonces se leyó:

"Veo ahora a mi primer hijo crecer dentro de mi como el milagro que para mí es. La promesa de vida que me dieron los dioses que me crearon aquel día de nuestra final redención y aun con toda mi fe, me es casi increíble el cumplimiento de una promesa con la que una vez en medio de mi agonía soñé… desee… añore…

Mi amado compañero, justo a mi lado, la familia que había perdido ahora nuevamente al alcance de mis manos, mis hermanos y aquellos que nos sirvieron fielmente, incluso Irasue y Toga han regresado del Asura con sus formas originales pero sin el antiguo poder que una vez ostentaron. Mis hijos mayores quienes me dieron una lección de temprana maternidad y a los que jamás dejare de amar por lo que son para mí, y mis nietos herederos de un legado de amor, el mismo amor que les di a sus padres…

Veo la bondad y bonanza de este mundo que nos ha acogido en su seno y con cada ritual de renovación que realizo y con cada ofrenda a la madre tierra quien nos ha seguido a este mundo. Mi corazón dichoso canta de felicidad, ya no soy el fantasma que vagó, que existió observando al margen el paso de la vida con tristes ojos ocultos de la luz, tras tanto sufrimiento el fruto de la esperanza se dio finalmente y ahora ya no soy un fantasma. Ya no floto al margen. Yo soy. Yo vivo. Yo amo. Yo existo.

Viví, y existí sin perder mi fe, doy gracias a los que me crearon, espero cumplir con la expectativa de la última misión que han puesto en mí, después de todo, soy en efecto, la madre de todos. Justicia, la que en el otro mundo cegaron en su afán de controlarla con el destino y que esta vez, puede ver, hablar y tocar, puede juzgar, condenar y perdonar, puede amar y entender pero que a pesar de todo no puede odiar… pues el odio no tiene cabida en mi alma.

Cuando las jóvenes generaciones escuchen mi historia, sabrán lo que viví, lo que luché, lo que dejé ir, a lo que renuncié y las razones tras cada decisión y cada lagrima derramada. Mi historia no es una escrita en páginas rosas, donde todo fue como en un dulce sueño perfecto. Mi historia es una de entrega, de sacrificio, de perseverancia, de lucha, de coraje, de creencias, de ideales, de fe, de magia, de dolor… mucho dolor, de tantas cosas que no alcanzaría mi extensa vida para abarcar todos los matices que están íntimamente arraigadas la historia de mi vida.

Quien me conozca personalmente y haya llorado conmigo sosteniendo mi mano, me vera junto a mi amado compañero y sabrá lo que luchamos, sufrimos y sacrificamos para estar juntos y sabrá que nuestro camino fue uno difícil y lleno de dolor y sangre un camino de honor y amor.

Soy y seré el ejemplo de la perseverancia, amor y fe, pues ni en mis horas más oscuras mi corazón dudó de la misericordia de los dioses y aun cuando creí haberlo perdido todo, no cesé mi lucha y continúe.

Para describirme para mi eterno horror, me han dado muchos títulos, señora del Oeste, señora de la casa de la luna, Shikon no miko, Sagrada mujer, Sagrada dama y muchos otros más… unos me llaman diosa, aunque a mi parecer lejos estoy de serlo, y no creo poder aceptar ese título en particular, otros me llaman justicia como fui nombrada el día de nuestra redención y no puedo negar lo que al final soy.

Sin embargo yo, prefiero que me llamen: Madre, amiga, concejera, hija, hermana, nieta, señora, esposa incluso dama, aunque por encima de todo, quisiera que me vieran y sonrieran de corazón y simplemente me llamen…

Kagome.

Con esta última entrada cierro el ciclo completo de esta historia, y completo la bitácora de la historia que inició el día que una joven incrédula y muy estrecha de miras fue arrastrada quinientos años al pasado a través de un pozo mágico, que descubrió una joya mágica dentro de su cuerpo y a un hanyou sellado en un árbol sagrado, que había sido parte fundamental en su vida, que había unido a un grupo variopinto y los había convertido en su familia, que había ganado un hijo, y en su momento había conocido al amor de su vida sin saberlo, que había crecido y madurado que había atravesado las pruebas más rígidas de los dioses y había vencido al mal para luego aceptar aquel gran amor en su vida, y luego alejarlo de si en un intento por salvarlo y que finalmente había existido para ver las épocas pasar frente a su ojos, para recuperar aquel amor una vez más, para ver a sus más amados seres queridos partir del mundo dejándola a ella atrás hasta la redención final que le había permitido el lujo de la felicidad y reunirse con ellos una vez más en este nuevo mundo que nos a acogido.

Yo, soy Kagome Higurashi sin títulos, más que el de ser la señora de Sesshomaru Taisho. Esta es mi historia y legado"

Terra año 2091

Castillo del Oeste.

Kagome Higurashi de Taisho.

Fin


N.A: Agradecería mucho que se tomaran el tiempo en dejar un review con su opinión, pensando en el tiempo que me he tomado en tejer esta historia que comparto con ustedes teniendo en cuenta que este es el final de esta aventura, desde ya gracias y sientanse libres de dejarme su opinion sin importar que este fic tenga 2 o 10 años terminado, si estoy viva tengan por seguro que lo leere y si hacen alguna pregunta me asegurare de responderla.

N.A.2: Antes que nada, quiero tomarme este momento para agradecer profundamente

A mi esposo, por su infinita paciencia e inspiración eres el Sesshomaru de mi vida.

A mis hijos por enloquecerme a diario y hacer de mi vida una aventura a cada paso, dios saben la creatividad que ellos tienen para todo.

A mi querida beta "BRUJITA LUNA" por su inestimable colaboración para la edición de este fic dos largos y accidentados años niña, fue un honor trabajar contigo y espero poder compartir la experiencia una vez más.

A mi musa, esa imperiosa esclavista con alma de tirana, quien en su momento me empujo a tejer esta historia, hecha para ustedes con mucho amor.

Y por último y no menos importantes a aquellas personas que han seguido esta historia desde sus inicios, pues sin su apoyo no habría sido posible animarme lo suficiente a transcribir TODO este fic:

¡GRACIAS!

PaoPao IL - ELIZABETH QT – Guest (a todos aquellos que no dejaron sus nombres) – Lili - LadyPentakill - Faby Sama - luna chan16 - Patriwis - ALEX TAISHO - .758 –- Javita0san - Yuu TANUKI - BrujitaLuna (mi beta) - MeKa6489 - tsukishiro taisho - CynthiaIsabella - Yesenia-yese91 - Dark Side of Everyone - PichonSalvaje – Maria - Taisho No Kagome - Hime-chan Natsumi - Adry Thaisho - Ana Paula – sai - Xyori Nadeshiko - Hikari kiryuu – Llyl – sameht – Ahouvit – tessa - Blacklady Hyuuga – Lilith - mican- Andre-Chan - Raquel Taisho - city-chan T - Aleatrice - Saipu-San – dany - .9235 - luna roja - – Amurillo – Jaz - Himeco-chan - leidy otaku - Violeta Garza – bitterchocolate - Connor Redfield – mili - Marikosamadait - Akane ackerman – anonymus – mistontli – pataisho - Nfirefly - shironeko black - cyria.l.m – Sherezade – Saskya – sara - - Onna Bugeisha T – anglica - - kiritosam - miestrellailumina - Maohagany – kala – Bittersweet – Majo – Cathy - misaosagara – maricela – dhk - alei91 - Andeeii - Miyuki Kuran Taisho Kirryu - Bermone – Jazmin - rossmysess - miko kaoru-sama - LuzAventurera4 - ateneabesta - paovampire – kana – iris – ohhhhh - .73 - xXKrisstal06Xx - clarity-chan - B .c.m.t s - yumi-sora - FenixFATA23 – Roxii C - Vale-san – Jeny - Minka Almos - PamConstantine - Naomipy - Shikon no tama Miko - Anika-san – yone – mari - talsuazojaz - talsuazojaz – nekocarmesi – AnMurillo – MEI – MARY – camila - tomoe uchiha - AngieCassio - chovitap - Andeeii – Danno - Ryan Taisho – DCPM – karol - fan N1 - sallycullenvongola - Sasunaka doki - Yuuki Kuchiki – Serenaserenity – Rossesshadow - Angelik387 - Cristina pacheco - zafiro-moon - Nena Taisho – Liiarz - amane2306 – Daysi – Noelia - Rashel Shiru – VAMPIREPRINCESSM - Mariaguer26 – Daysiree - Maosje - Yone Jellal – odalis - shi ryuuky - Marlene Vasquez - mariacosta Bochan Tata - DivergenteGrifindoriana02 – Nell – Rocio – Maria Costa – Marlene Velasquez - usagihell34 - MARUVTA - SoPhyfg - Aoi Dandelion - Happy Girl - luciamagdalenagonzalez95 - LadyMadalla-Selene – Desy - springtopain - Yunuen-paisbrada - claufitn - milicastro292 – Jen - irii1997love – sesshomexsiempre – Alejandra – Majo – Mecha - Roev86 - springtopain - PRINCESA CHAN – krievil – Florencia - Nirvanacolk - chippe – cat - Yuu-Yuuki- Elisa - Silvemy89 – Carolina - Flor98 – SaraS - littelCurly21 – Lizbeth – rio – lei - estrellataisho - Mizo Lucy - Nurarihyon Kou Taisho - Roev86 - KennethGrey - KatherinaGuzman - Shinigami1592 - suri-moda - Celina - Bochan Tata – Zet - marisolpotter - harunalin8767 - yarix12 - ticka lili - MaiiraHuiir - casi llu mon – Ali - Sophia Valiere - Adictasalamoda - Mariana989 – Nathy - freya Sukiomi -

Atte.

Yo.

Gracias.

Owari.