Prologa

Todo en este mundo tiene un propósito de existencia, incluso hasta la más pequeña hormiga, pero la cuestión es descubrir cuál es.

Mi propósito, por ejemplo, ya había estado escrito, incluso mucho antes de que existiera, sellado en el momento que di mi primer grito.

Sin el conocimiento de nadie.

Cuando yo tenía 10 años recién cumplidos, era como cualquier niño, o al menos era lo que muchos, incluyéndome, pensaba.

Pero un fatídico día, todo cambio.

yo estaba saliendo de mi casa, mi padre, Estoico Haddock un hombre importante en la sociedad, con dos maletas en cada mano, me acuerdo muy bien que cuando me paraba al lado de mi padre era graciosa la imagen, él era un hombre alto y robusto solo con su presencia desprendía autoridad y respeto, rebosante de carisma, mi madre, Valka Haddok, estaba parada a mi lado, los más llamativo de ella eran sus ojos verdes llenos de bondad y cariño, de facciones finas, aunque no se dejen engañar, tiene su carácter, era decidida, pero al mismo tiempo comprensiva.

Había días en el que me preguntaba: ¿Cómo había podido olvidarlos?.

Enfrente de la gran casa un auto estacionado en la acera, el chofer abrió el capote y metió las maletas.

-Creíste que te ibas a ir sin despedirte.- dijo una voz detrás mío que me hizo dar un brinco hacia delante, era nada más ni nada menos que mi mejor amiga, Astrid Hofferson, con su cabello trenzado hacia un lado, sus ojos azules con ese brillo tan singular y llamativo y su sonrisa de suficiencia por haberme asustado.

Una pequeña carcajada escapo de los labios de mi madre que se dirigió hacia donde estaba mi papá.

-cuídate ¿está bien?-dijo mi amiga con una voz un poco tímida muy raro en ella, pero luego me dio un puñetazo en el hombro derecho y añadió. -porque si no te juro que yo misma te torturare. –

Su amenaza me hizo sonreír porque sabía lo que significaba:

Me preocupas…

Conocía su carácter y me encantaba, antes de que me diera cuenta me abrazo, un poco aturdido le devolví el abrazo.

-hijo es hora de irnos.-

Astrid y yo nos separamos, le sonreí y ella me devolvió el gesto aunque mi rostro expresaba felicidad en el fondo muy en el fondo se albergaba un mal presentimiento.

-no-nos vemos pronto.- dije con un poco de dificultad.

Poco a poco camine hasta llegar al taxi, fui el último en subi,r cerré la puerta, el auto comenzó a moverse, rápidamente baje la luna y asome mi cabeza por ella para ver a mi amiga, en ese momento no pensaba que sería la última mirada que le daría en un largo tiempo, saque mi mano y la movía en señal de adiós, cuando ya no la veía, cerré la ventana mi sonrisa se desvaneció de mi rostro y fue remplaza por una expresión triste.

-no te preocupes cariño en una semana volveremos a Berk.- dijo mi madre, la mire a los ojos y fingí una sonrisa la cual la convenció.

Dirigí mi mirada hacia la ventana viendo pasar las casa, paso el tiempo hasta llegar al aeropuerto de la ciudad, no me había fijado de que ya habíamos llegado ya que mi mente está concentrada en el cielo, lo veía con un cierto temor, la calidez de la mano de mi madre posada en mi hombro me saco de mis pensamientos.

-ya llegamos hijo.- escuche decir a mi padre desde afuera del auto dándole el pago correspondiente al chofer diciendo un gracias

Baje del auto y comencé a caminar hasta entrar al aeropuerto, habían cientos de personas con maletas en mano, mis padres se acercaron a mí y me hicieron una señal para que los siguiera, esta no había sido la primera vez que yo viajaba en un avión, creo que es por esa razón que mis ellos estaban un poco preocupados por mi manera de actuar ya que mis ojos reflejaban un cierto temor, con un suspiro di la última mirada a la ciudad de Berk por los vidrios que remplazaban a las paredes de ladrillo y me acercar a mis padres.

Antes de salir de la casa mi padre había hecho una broma de que quizás volvamos, mi madre se dio cuenta de mi tristeza y lo regaño sobre su broma de mal gusto, mi padre no sabía que entre sus palabras había una cierta verdad "quizás no volvamos", pero la verdad era que quizás yo no vuelva…..

Nosotros no íbamos en un avión normal era el jet familiar, como había dicho antes mi padre y mi madre eran personas muy importantes en la sociedad ya que eran dueños de una de las empresas más importantes de Europa y quizás del mundo y este puesto daba muchos beneficio, pero con cada cosa buena siempre vienen cosas malas.

Cuando el avión despego, yo me había entretenido un buen rato con mi PSP vista, cuando la aeromoza paso dando una pequeña merienda vi su peculiar sonrisa, cuando salió antes de cerrar la puerta pode notar como mi padre la miro a los ojos con una expresión de escepticismo, ya que la sonrisa de aquella mujer reflejaba maldad, cuando cerró la puerta todo iba normal hasta que la turbulencia comenzó, mi madre se sentó a mi lado dejando un asiento vacío a mi lado

-pónganse los cinturones.- dijo mi padre mientras miraba a mi madre con preocupación

Ese tipo de turbulencia no era normal y lo sabía, comencé a temblar ligeramente mi madre me abrazo y mi padre se levantó y fue a la cabina de mando, paso un tiempo mi madre me estaba tratando de tranquilizar, cuando mi padre volvió sus ojos expresaban preocupación y temor se acercó a nosotros y se sentó poniéndose su cinturón, con un brazo nos rodeó a mí y a mi mama, mis ojos comenzaron a inundarse de lágrimas, yo sabía muy bien lo que estaba pasando. Cuando lo sentí el avión había comenzado a descender y las máscaras de oxígeno bajaron cada uno de nosotros tomo uno y nos lo colocamos.

-te queremos Henry, nunca lo olvides.- dijo mi madre en una voz temblorosa mientras besaba mi frente con suavidad.

Yo los vi con expresión triste y dije dos palabras que dejaron sorprendidos a mis padres, rápidamente me quite la máscara de oxígeno y me zafe de los baros de mis padres era muy difícil caminar y mucho más correr, cuando salí por la puerta, los pude escuchar gritar.

Sin mirar atrás comencé a correr lejos lo cual era extremadamente difícil, antes de que me diera cuenta los sonidos metálicos hicieron estruendo en donde estaba, mire fijamente la pared mientras poco a poco unas garras sobresalieron, mi respiración se agito y me aleje poco a poco, comencé a oír los pasos de mi padre acercándose, cuando las garras se sujetaron a la pared de metal comenzaron a jalar hacia afuera, cuando mi padre abrió la puerta que nos separaba, las garras habían jalado la pared de metal haciendo que el aire me jalara hacia afuera tuve poco tiempo para agarrarme de una barra de metal sosteniéndome, mi padre tuvo poco tiempo de reaccionar, aquella criatura dueña de esas garras asomo su cabeza por la entrada que había hecho, era un dragón un dragón vivo y muy real, cuando ya no podía sostenerme más me solté y me golpe con algo muy fuerte, todo comenzó a verse borroso, ya no podía sentir mi cuerpo lo último que escuche fue un grito, el grito de mi padre llamándome después todo se volvió negro.

Todo había acabado….