Capítulo 15:

Un joven que lucía un aspecto sencillo, el cabello negro, un par de ojos de color marron, de descendencia asiática. Lucía una camisa blanca, bien planchado, encima un chaleco color crema, unos pantalones marrones, y unas zapatillas de color verde marino. Caminaba casualmente hacia la zona de embarque del Aeropuerto Internacional de San Fransokyo.

El lugar estaba lleno de gente. Demasiado bulliciosos para su gusto, si alguien se lo preguntaba. Se detuvo unos momentos para que una guardia hiciera el chequeo de sus documentos y su boleto de avión. Luego de que todo estuviera conforme, él procedió a la revisión de su equipaje de mano. Cuando todo estuvo hecho se dirigió hacia la puerta para embarcar su avión. Dándole su boleto a la aeromoza, esta lo reviso y con una sonrisa afable lo dejo pasar.

– Que tenga un buen viaje. – Él asintió y dio un ligero gracias antes de seguir su camino.

Busco cuidadosamente su asiente hasta que lo localizo, luego de poner su maleta en la gaveta se sentó esperado a que el vuelo despegara. Sintió la presencia de una persona, quien se sentaba a su costado.

– Por un momento pensé que no iba a llegar. – dijo la persona a su costado con un ligero resoplido. Parecía que no se le dijo eso a nadie en particular, solo a sí misma, sin embargo, él asintió con la cabeza. Vio que saco una revista de algún lado de su cartera.

– No puedo esperar a llegar a la Ciudad de Berk.- Dijo emocionada. – Sé que lograre obtener una gran historia.

– ¿Es periodista? – Pregunto él algo entrañado por la personalidad burbujeante de la mujer a su costado. Ella asintió con entusiasmo.

– ¿Y tú? – Pregunto curiosa la mujer, mirando con interés al muchacho de su lado. No tiene más de 15 años, pensó. Al darse cuenta del ligero movimiento del chico dijo. – ¿Qué haces en un vuelo hacia otro país? Pareces demasiado joven, sin ofender.

– Es por estudio más que nada. – Respondió algo incómodo. La mujer asintió con comprensión.

– Soy Emely Howell. – Se presentó, extendiendo la mano hacia el muchacho. Este acepto el gesto.

– Tadashi Hamada, un gusto. – Dijo con una suave sonrisa.

20 minutos después el avión ya estaba en los aires. Luego de una pequeña conversación con la señorita Howell, esta se paró para ir a los servicios higiénicos. Poco después volvió a su asiento. Mientras los pensamientos de Tadashi se perdían en la inmensidad del cielo. Emely Howell movía su cartera sobre su regazo.

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En un rincón de su mente una aguada voz le decía: Corre, corre y no mires atrás. Sin embargo, su mente trataba de asimilar lo que acababa de pasar. Sus pies estaban pegados al piso, negándose a correr. Solo salió de su estupefacción cuando escucho el movimiento brusco del viento. Como si unas grandes alas lo movieran. Fue en ese momento cuando sintió una sacudida eléctrica que recorriendo su cuerpo. Sus piernas decidieron moverse y correr. Esquivando ramas y piedras. Cuando de repente, dando un salto para pasar sobre una gran roca, sintió dos pares de garras, cada uno sujetándola de los brazos y alejándola de piso sólido. Grito, pataleo para que lo que sea que fuese lo que la sujetaba la soltara, pero cuando la distancia fue aumentando, trato de sujetarse de su captor. Aunque es algo difícil cuando parece que es una fuerza invisible la que te rapta. Pero se hacia la idea de quién o qué era.

La criatura descendió hacia un árbol, soltándola. Mientras ella trataba de treparse en una rama, lo suficientemente solidad para no caerse. Sus brazos y manos temblaban al ver la distancia que había entre la rama de dicho árbol y el piso. Escucho los grujidos de las ramas, y suavemente el tronco del árbol se inclinó hacia adelante.

Su estómago se revolvían y sus brazos y manos trataban de aferrarse a las ramas del árbol. Los crujidos de las hojas no le daban seguridad.

– ¡Bájame de aquí! – Grito a todo pulmón. Podía escuchar el respirar profundo de, lo que ella suponía, era el dragón o, bueno, Helio. De repente escucho un sonido metálico. Un rayo de luz violeta la cegó por un momento. Sus brazos se apretaban con más fuerza. Parpadeo varias veces, tratando de mejorar su visión borrosa. Cuando puedo mirar con nitidez, pudo ver lo que causaba que el árbol se inclinara. El mismo dragón negro con ojos verdes, parecían los ojos de un gato. Y en sima de dicho dragón, sobre su silla de montar se encontraba Hiccup. Con una mirada incierta. Parecía que tenía una batalla interna. Hasta que suspiro y le extendió su mano hacia ella. Ella frunció el ceño. No sabía que fue el hecho de que la secuestrara y la llevara a tres metros del suelo o que estuviera con un dragón, montándolo como si fuera un caballo, y que dicho dragón era Eric hace apenas 5 minutos. Con desconfianza trepo las ramas, y subió al lomo del dragón.

– Ahora bájame de aquí. – exigió. Lo escucho suspirar.

– Tendría que matarte. – Ella no sabía si se estaba dirigiendo a ella o a sí mismo. Con un sutil movimiento comenzó a dirigir su mano derecha hacia su bota. – No trates de amenazarme con tu navaja, no sé tú pero yo tengo entendido que no podemos sobrevivir a una caída a esta altura. – Dijo con un tono ligeramente petulante. Su mano se detuvo abruptamente.

– Eres un traidor, hacerte aliado de esto, yo debería llevarte ante la justicia. – dijo sin pensar. Él se río sin humor. Y ella pudo sentir las vibraciones de su risa.

– En la posición en la que te encuentras no creo que tengas muchas opciones. – Le susurro algo al dragón y este extendió sus alas, y antes de que se diera cuenta se encontraba volando a una gran velocidad. Sus manos apenas lograron sostenerse del torso del chico. Y el pobre chico casi se queda sordo por los gritos de la chica. Mientras tanto Chimuelo disfrutaba de la dulce venganza, nadie lo trataba de forma tan despectiva y se salía con la suya sin un castigo.

La chica seguí gritando y aferrándose del chico. Tenía esa sensación de vacío en el estómago. El viento arremetiendo contra su rosto. Sus parpados fuertemente cerrados.

– ¡Chimuelo basta! – Escucho al chico regañar al dragón. – ¡esto no nos ayudara!

Giros, vueltas, las caídas en picada. Decidió hacer lo mejor que se le ocurrió, tragándose su orgullo, dijo las dos palabras que detuvieron su agonía.

– Lo siento.

De repente la velocidad disminuyo. El viento era suave. Y era sensación de vértigo desapareció. Ella suavizo el agarre que tenía en el muchacho, y este sonrió ligeramente al paisaje. Astrid abrió lentamente sus parpados, con un ligero temor. Pero al ver el cielo al atardecer sintió que todo cambio. Era muy distinto a verlo por la ventana de un avión.

– Esto es…hermoso. – Dijo con un ligero suspiro. – Es… asombroso…él es asombroso. – Chimuelo sonrió ante esto.

Miro la ciudad, los vidrios de los diferentes edificios y rascacielos reflejaban una luz tan llamativa. Todo en si era hermoso.

Volvieron a la cala. El sol ya se había ocultado y el cielo comenzaba tomo un tono azulino.

– Tengo muchas preguntas. – Dijo cuándo sus pies tocaron el piso. Una luz apareció roja y cálida. Donde hace unos momentos estaba "Chimuelo" ahora se encontraba Helio. – Comenzando con eso.

Hiccup exhalo, para luego mirarla directamente a los ojos.

– Lo sé…pero…es demasiado complicado.

– Lo que me sorprende es que sigas viva. – Dijo Eric-Chimuelo. El muchacho no entendía el comportamiento de su amigo. Él, el mismo chico que no confiaba en casi nadie, frío y calculador. Sin embargo, aquí estaban con una chica que era fiel a la tradición de su pueblo, quien también vendría a ser la hija de un militar de alto mando en Berk, entrenada para matar dragones.

– Es hora de volver. – dijo sin más.

– Por eso desapareciste.

Hiccup no respondió solo siguió caminando hacia la salida de la cala, pero antes paro en seco. Volteo para mirar a la chica, su postura había cambiado a una más amenazadora.

– Si alguien se llega a enterar de esto yo mismo te cazare. – Su voz era gélida y mordaz. Astrid estaba sorprendida, nunca en su vida hubiera imaginado a Henry, a su querido amigo Hiccup de aquel modo tan fuera de su persona. Henry, no, Hiccup era el sinónimo de paz, humildad, demonios, incluso de timidez. Pero esta persona frente a ella era todo lo contrario.

– ¿Y porque no me matas de una vez? – Desafío. El semblante de muchacho cambio por uno más relajado. Arque una ceja con un aire de diversión.

– ¿No puedes ser una persona normal y dar gracias por una día más de vida? – Verde y azul se encontraron de forma desafiante, hasta que la ligera risa de Helio-Chimuelo los saco de su pequeña competencia de miradas.

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– A veces me pregunto qué pasa por tu mente. – Hiccup lo miro por un momento, luego volvió su vista a la pantalla holográfica. – Esa chica ya debería haber desaparecido, pero aún sigue caminando por ahí…Lo que quiero saber es… ¿Por qué? – El muchacho no respondió, parecía como si no lo hubiera escuchado, sin embargo sus manos no se movían más y sus ojos miraban la pantalla pero si uno se fijaba más se daría cuenta que estaba perdido en sus propios pensamientos, como si tratar de encontrar una respuesta razonable a la interrogante.

– ¿Por qué paraste? – Chimuelo lo miro por unos segundos para luego entender a que se refería.

– No me gusta que se refieran a mí con un esto o eso. – Hiccup asintió, y Chimuelo continúo. – Su disculpa, si bien sonaba desesperada, era sincera.

– Alimento tu ego, también.

– Que puedo decir soy asombroso. – Entonces se dio cuenta de que Hiccup estaba desviando el tema. – Sentí cuando estabas empuñando tu arma ¿Qué paso?

El muchacho suspiro.

– Cuando el pensamiento pasó por mi mente sentí como si algo me detuviera. – Dijo suavemente. – Una voz en mi cabeza gritaba sin cesar y por un momento no fui consiente de mis acciones.

– ¿Así que tu pepe grillo hizo acto de presencia? – se acercó a él para mirar el trabajo que su amigo estaba haciendo. Henry movió rápidamente sus dedos para cerrar el programa, pero Chimuelo miro la imagen de cierta chica rubia. Dio un silbido. – Nunca te cataloga como el tipo acosador.

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Hiccup daba gracias a su aguda memoria, porque de seguro se perdería en aquel inmenso lugar. Estoico junto a Bocon le habían hecho un recorrido del gran palacio. Resulta que la casa pintoresca de color pastel, había sido un regalo de Estoico para su esposa, Valka. Pero aquel inmenso lugar era el legítimo hogar de la familia Haddock.

Ahora se encontraba en su habitación, la cual era 3 veces el tamaño del apartamento que le había dado la organización. Tenía un mural de dibujos y planos, presuntamente hecho por la misma persona que hizo los dibujos de la otra habitación.

Saco de su bolsillo una caja negra un poco más grande que su mano, la abrió y 6 esferas comenzaron a levitar, cerrando la caja y volviéndola a poner en su bolsillo. Miro por un segundo a los drones.

– Operación 234drac. – Las esferas comenzaron a parpadear una luz roja. – Activación nivel 9. Código 53g1d43.

– Activación exitosa. – Dijo una vos robótica. Los drones comenzaron a moverse por ranuras y ductos de ventilación. En un minuto ya no estaban.

Escucho que alguien llamaba a la puerta ligeramente. Era una de las criadas quien le informaba que su padre lo quería en el gran salón. Con un suspiro exasperante mejoro su postura. Hora de fingir.

Una parte muy al fondo de sí mismo le decía que tenía que comenzar a responder varias interrogantes que no se atrevía a hacerse a sí mismo y que presentía que le traería factura más pronto que tarde.

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Hiccup caminaba por uno de los corredores que llevaban al gran salón. Se detuvo frente a una puerta de roble tallado con detalles de metales. Dos personas uniformadas, parecían estatuas. Con un suspiro hizo un movimiento de cabeza. Los guardias abrieron las puertas de par en par.

Había visto imágenes de El Gran Salón. Si bien el salón de eventos del centro de Industria Haddock era enorme y espacioso, con la estética moderna, bueno, quedaba chico a comparación del gran salón del Palacio de los Jefes. Era enorme tres candelabros araña de cristal, tapizado de colores rojos y marrones. Enormes ventanas que daban pasó a la luz del sol que bañaba el salón. Él bajo por una de las dos escaleras de madera. Habían muchas personas moviéndose de un lugar a otro. Decorando, limpiando, en general arreglando el lugar para un importante evento. El sr. Haddock estaba en el centro, por lo que Henry podía observar, estaba hablando animadamente con un hombre que estaba a espaldas de él.

– Henry. – Llamo Estoico cuando se dio cuenta de la presencia del muchacho, este solo asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia su dirección. – Te quiero presentar a un viejo socio, él es Mauro Jerte.

La sangre de Hiccup se helo cuando vio el rostro tan familiar.

– Es un gusto conocerlo Joven Henry. – Le extendió su mano en señal de saludo. Henry observo la mano extendida por un segundo, y monótonamente tomo su mano, su cuerpo estaba tenso. ¿Qué demonios?, su mente se repetía una y otra vez.

– Es un gusto señor Jerte. – Su voz se quebró.

Estoico interrumpió la tensión y comenzó a hablar sobre lo que se llevaría a cabo esa noche. Sin embargo, pudo notar la sonrisa ladeada de Jerte.

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– He tratado de comunicarme con Tormentula. – Dijo Chimuelo. Mirando la pantalla de la sala donde había un mapa de radio señales de las última media hora. – Trata de hablar con la agencia y nada, dicen que es de nivel 10. – Sin embargo no obtuvo ningún comentario del recién llegado. Hiccup miraba a la nada. Sentado en el sofá tratando de hallar la lógica a los últimos acontecimientos.

– Henry me estas escuchando. – Pidió el azabache, Hiccup salió de su estupor. – Lo vuelvo a decir, me gustaría saber que pasa en tu cabeza.

– Él diseña las armas. – Parecía que estaba tratando de encontrar la lógica a sus palabras. – Él es dueño de la división armamentista.

– ¿Quién?

– Muerte Roja. – Chimuelo lo miro, luego parpadeo, tratando de comprenderlo.

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Mientras Brutacio, Brutilda y Patan se molestaban entre si y Patapez leía un libro tratando de alejarse de los tres revoltosos. Astrid estaba prendida mirando la pantalla de su portátil, reproduciendo el video de seguridad del museo, específicamente del robo del libro de dragones. Como ya antes se había mencionado, Astrid era lista, más lista que la gente normal, una pensadora rápida, pero si se hablaba del campo tecnología de avanzada, en especial de la informática, bueno.

– Patapez. – Llamo. El nombrado levanto la mirada de su libro para encontrándose con los ojos de color cielo de la chica. – Hay alguna posibilidad de recupera el video.

Él miro, luego frunció el ceño.

– No soy un experto. – Admitió. – Sin embargo se de alguien que podría ayudarte. – Dijo, luego de evaluar el material obtenido de las cámaras de seguridad. – ¿Tu padre no se molestara sí pirateas su ordenador?

– ¿Quién dijo que se enteraría? – Dijo con una sonrisa de suficiencia. – Ahora… ¿Quién es esa persona?

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Henry estaba echado en la cama mirando el holograma del palacio, de cada lugar conducto, pasadizo y habitación. Luego dio un largo suspiro para levantarse y comenzar a caminar por la enorme habitación. Habían aparatos, no, mejor dicho inventos. Se dio cuenta que los diseños eran detallados. Sabia por deducción que todo eso había sido hecho por Henry Haddock, durante su niñez, lo cual era sorprendente para alguien de edad temprana. Aunque ahora podía pensar en unas ligeras modificaciones aquí y allá. Mirando la hora, se dio cuenta de que ya era hora de prepararse para la gala. Tiro sus ropas a la cama y tomo el traje extendido en la cama. Poniéndose cada prenda de ropa. Solo faltaba ponerse la corbata. Cuando la sostuvo escucho que tocaban la puerta, de repente la puerta fue abierta por una cierta joven que él, en realidad, no estaba con ganas de ver.

– Tu padre quería saber si ya estabas listo. – Le informo. Henry noto el vestido azulino, moldeando su cintura y la tela que fluía hasta unos centímetros arriba de sus rodillas. Se veía bien, pero su rostro aún se mostraba inexpresivo. – Cree que aún no te acostumbras al estar alrededor de las personas del palacio.

– Que amable de tu parte. – dijo con un tono que no pudo identificar. Él comenzó a ponerse la corbata alrededor del cuello de la camisa blanca. Astrid se sentó en la cama del muchacho.

– Estuve investigando. – Comenzó. Henry arqueo una ceja mirando el reflejo de la chica por el espejo de cuerpo entero. – Ser hija de mi padre tiene sus ventajas. Tengo acceso a mucha información clasificada.

– Sin su consentimiento, puedo adivinar. – La chica rodo sus ojos al comentario del chico.

– El punto es. – Continúo aun con las expresiones burlescas del muchacho. – Has estado en muchos lugares en estos últimos años ¿Verdad? Y no trates de mentir sé muy bien que no eres quien dices ser.

– ¿A quién te refieres a Helio o a tu querido Henry? – Con aburrimiento evidente en sus ojos termino de arreglarse la corbata. Astrid apretó los puños. El tema de la identidad del chico era delicado. Por un lado ella estaba segura que era su viejo amigo, solo que no entendía su comportamiento. Habian crecido aparte por unos 5 largos años, eso era verdad, pero el chico que estaba enfrente de ella tenía el mismo rostro de su amigo, pero su personalidad era tan opuesta tan gélida y monótona. Era como si fuera el cuerpo de Henry pero el alma de alguien desconocido en su lugar.

– Conecte todo. – Dijo finalmente cuando pudo controlar su ira. – Lo que han robado por los últimos años son pistas, de alguna manera poco visible se entrelazan para encontrar la gema ¿O me equivoco?

– Ahora… ¿Quieres que te llame Sherlock Holmes? – Volteo a verla con una sonrisa burlesca pegada en su rostro.

– No trates de evitar el tema.

– Eres tú la que está leyendo entre líneas. – Dijo acercándose más a l chica que se había parado en medio de su intercambio. – Lo que haga aquí no es de tu negocio.

– Si lo es. – Dijo molesta acercándose también. – La seguridad de Berk es de mi preocupación. Y desde que tú y tu amigo llegaron aquí ha habido más problemas, robos y accidente. – Hizo comillas con sus dedos a la última palabra.

– ¿por qué no mejor vas con tu padre y le cuentas de tu teoría de conspiración? – Dijo ya molesto por la insistencia de la chica. – Apuesto a que le encantara saber cómo acusas al futuro heredero de Berk de traición.

– ¿Ahora si eres Henry Haddock? – Sus narices se rosaron ligeramente, ninguno apartaba los ojos del otro. Henry estuvo a punto de decir otro comentario pero la puerta de la habitación se abrió bruscamente

– Y Aquí estamos. – Grito Brutacio, quien fue el que abrió la puerta para su gemela, Patan, Patapez y Eric. Quienes miraron entre consternados, impactados y divertidos a los dos jóvenes en medio de la habitación. Ambos se separaron tan rápido como fuera humanamente posible al darse cuenta de la escena mal interpretada por los recién llegados.

– Con que no es tu novia ¿Verdad? – Dijo Chimuelo con una sonrisa de suficiencia.

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– ¿Dónde se pudo haberse medito esta jovencita? – Dijo una mujer quien vestía con un elegante vestido verde y su cabello marrón trenzado delicada mente. Dicha mujer miraba de tanto en tanto alrededor del gran salón, lleno de invitados. El hombre al lado de ella solo novio la cabeza ligeramente.

– Eleonor, cariño. – Trato de tranquilizar a su esposa. – Estoy muy seguro que Merida aparecerá pronto. De seguro ha estado husmeando a los alrededores. Ya la conoces.

– Es por eso mismo que estoy preocupada. – Dijo. – Dios sabe que está haciendo esa muchacha.

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– Deja me ver si entiendo. – Dijo Chimuelo. Mientras comía un pedazo de pierna de pollo. – Ellos forman parte del entrenamiento porque sus familias son…

– Son las más antiguas de Berk, descendencia de los más grandes defensores que la nación ha visto o al menos eso me explico Bocón. – Dijo Henry

– Eso explica muchas cosas. – Henry arqueo una ceja. Y el muchacho explico. – Entiendo que Astrid forme parte del entrenamiento. Patapez, bueno su intelecto compensa la falta física. Sin embargo, me preguntaba que hacina los gemelos y Patan…me sorprende que estén relacionados.

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Dos horas después de que el partido comenzara. Y luego de una incómoda presentación y un, algo emotivo, discurso de Estoico. Henry decidió que estaba aburrido. Sus mejillas le dolían de tanto sonreír a diferentes personas que su "padre" le presentaba. Cuando pudo escapar busco a su amigo con la mirada y lo encontró en la mesa de bufete. Miro a cierta joven que vestía de azul hablando de algo con Patapez. No había indicio de la ubicación de los gemelos y Patan. No sabía si decir si era una buena o mala señal.

Con un paso ligero salió del gran salón sin que nadie se dé cuenta. Caminando sin rumbo por los oscuros pasillos. Hasta que se paró frente a una puerta. Era el estudio de Estoico. Abrió la puerta. Sus ojos ya se habían adaptado a la poca luz, sin embargo las grandes ventanas dejaban que la luz de la una alumbrara ligeramente la habitación. Suavemente cerró la puerta. Pero se percató de la presencia de un desconocido.

– ¿Qué hace aquí? –le pregunto. Volteo para ver a una mujer sentada en el sillón reclinable. Podía ver que vestía un ceñido vestido negro. Entre sus dedos de la mano izquierda había un cigarrillo encendido.

– Normalmente se pregunta el nombre.

– Disculpe, pero los invitados deben estar en el gran salón, hasta donde tengo entendido. – Trato de ser lo más cortes posible pero algo de esa mujer no le daba buena espina.

– Bueno. – Dijo suavemente mientras cruzaba las piernas con delicados movimientos. – Tengo entendido que es imperativa la presencia del invitado de honor en una gala como esta. – Henry puso sus manos en los bolsillos de su pantalón de vestir.

– Voy a tenerle que pedir que se retire. – La mujer lo miro por unos segundos, hasta que sonrió.

– Disculpe las molestias. – Dijo parándose y dejando su cigarrillo en el cenicero. – Soy Emely Howell, soy periodista. Mucho gusto, joven Henry.

– ¿Qué desea?

– Bueno, para ser sincera estoy aquí en busca de una historia. Pero enserio estos tipos de eventos son un poco aburridos. – Dijo haciendo una mueca. – Así que decidí tomar un poco de aire.

– Hay dos salidas hacia los jardines en el gran salón. –Dijo secamente Henry. Una ligera risa broto de los labios de la señorita Howell.

– El heredero de Berk es directo. Me gusta. – Dijo dando pasos más cerca del muchacho. – Me gustaría hacerle una entrevista, si no es mucha molestia.

– Tendrá que hablar con mi padre de eso como los demás periodistas.

– Sin embargo estamos aquí. – Dijo en voz baja. Henry arque una ceja con diversión.

– Tengo que decir que la estrategia de seducción funciona más en personas mayores, señorita Howell. – Ella dio unos pasos hacia atrás en dirección a la puerta, lucía una mueca en los labios, ofendida por el comentario del muchacho. Este permanecía tranquilo e inexpresivo.

– ¿Cree usted que lo estoy tratando de seducir?

– No, no lo creo. – Dijo cruzándose de brazos. – Es un hecho. Una estrategia muy sosa si me permite decirlo. – Ella frunció el ceño con fastidio. – Además, si desea matarme, yo que usted lo hubiera hecho, o al menos intentado, en el momento que cruce esa puerta. – Sus ojos delataron su sorpresa.

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– Chicos, Estoico se enfadara si se entere de lo que hicieron en la habitación de Henry. – Dijo Astrid regañando al trio terrible. Estos solo sonrieron de forma siniestra.

– ¿Qué creen que pasaría si Henry se lastima? – Pregunto Patapez.

– Quien sabe a lo mejor el golpe le ayude a recordar quien es. – Dijo Brutilda.

– Si. – Concordó con su gemela. – Así, Hiccup recordara a Astrid y los dos podrán montar un yak hacia el atardecer. – Explico como si fuera lo más romántico que pudiera existir. Astrid los miro con fastidio. Y Patan choco las cabezas de los gemelos por sugerir aquello.

– Hey. – Exclamaron indignados ambos. Astrid escucho algo proveniente de una de las puertas. Como si estuvieran rompiendo cosas. Los 4 siguieron a la muchacha con curiosidad. Lentamente abrió la puerta. Cuando entraron, ninguno estaba preparado para lo que vio.

La mesa del centro estaba partida a la mitad. Una lámpara estaba caída en el suelo y el foco está hecho pedazos. Las cortinas estaban rasgadas. Y en el piso estaba Henry quien estaba sin el saco, el cual creían que era la tela negra en el piso hecha girones. Antes de que alguien pudiera decir o hacer algo. La mujer mayor agarro a Brutilda por una de sus trenzas y con un brazo rodeando su cuello y en el otro brazo libre, su mano, apuntándole en la cabeza con un arma.

– Un paso más y el piso se manchara de su sangre. – Los recién llegados se petrificaron. Mientras el muchacho castaño miraba, buscando una solución.

– Si la matas, te juro que no saldrás de esta habitación viva. – Le advirtió Henry con una voz gélida, que hizo temblar a los presentes. Movió el arma dirigiéndola al muchacho, pero antes de poder decir algo el sonido del vidrio haciéndose añicos se escuchó y una flecha hizo que la mujer soltara el arma. Después de unos segundos una flecha fue incrustada en la pared. Brutilda aprovecho la conmoción y mordió el brazo de su captora liberándose de su agarre. En un rápido movimiento Henry se acercó a ella y la boto al piso.

– Vayan y busquen a la guardia. – Patan y Brutacio corrieron a buscar ayuda. Mientras Patapez, Astrid y Brutilda aun permanecían en la habitacion. Dirigió su mirada hacia la mujer semiconsciente. – ¿Quién te mando? – Una risa morbosa fue su respuesta.

– Tan ingenuo. – Henry saco de su pantalón una pequeña navaja.

– Váyanse. – Dijo. Ninguno de los tres se movió. Esto lo irrito. – ¡Váyanse! – Grito.

– oh. – Exclamo la mujer en señal de comprensión. – No quieres que tus pequeños amigos sepan cómo eres en realidad. – Sin embargo una sonrisa perversa, pequeña, pero igual helo la sangre de la mujer.

– En realidad no me importa. – Admitió. Luego acerco el cuchillo hacia un cuello. Sin mirar a sus compañeros les dijo. – Váyanse. – Los tres se miraron y salieron sin chistar.

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– Henry me puedes decir qué demonios está pasando. – Pregunto Chimuelo exaltado luego de convertirse en humano. El castaño no le había dicho nada de lo que había sucedido ayer en la gala. Sabía algunas cosas por los 5 compañeros del castaño. Sin embargo en la mañana le había pedido que se transformara y ambos se fueron de camino a la isla. Ahora aquí estaban. – ¿Henry, me estas escuchando?

– Vuelvo en un rato. – Fue lo único que obtuvo de su amigo.

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Sus movimientos eran bruscos, pero decididos. Trato de contener sus emociones. Pero cuando llego a esa puerta doble de cristal su autocontrol se evaporo. Empujo las puertas para luego entrar en la habitacion.

– Tenemos que hablar. – Dijo con una voz llena de ira y rencor. Sus ojos se encontraron con un par de ojos color carmesí.

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Continuara….

Por Dios por fin termine con este capítulo. Wuaa el último capítulo del año.

Espero que le haya gustado. Es el más largo que hecho hasta ahora.

Bueno que puedo decir…jeje….alguien siente que tienes más dudas?

También les quería decir que faltan algo de cuatro o cinco capítulos para terminar con esta historia . Pero también quería decirles que el próximo año, bueno sé que este año no he actualizado taaaan seguido, pero el próximo año, bueno, será peor estor en la Pre y tengo que reconcentrarme en mis estudios más que nunca así que será muy difícil que actualice, les pido perdón de ante mano, pero eso no significa que no terminare la historia.

En fin, Feliz Año nuevo! nos leemos hasta el próximo año!