Still

"Pedí por un romance de cuento de hadas.

En mi defensa, en realidad nunca leí un cuento de hadas."

Está oscuro. Huelo a Beth, a mí, a ti.

Estamos adentro de un ataúd, como corresponde. Donde todos quieren estar. Donde muchos deberían estar. Y los muertos nos rodean, también, como corresponde. Estamos acostumbrados.

Estoy con ella mientras tú estás lejos, ¿ves cómo corresponde? Está claro, que todo está a la inversa. El vivo, en su sepelio, y el muerto, rasguñando la puerta para entrar a darle su último adiós.

Te pregunto. ¿Desde cuándo todo es tan correcto?

Aún así, me siento egoísta por ocupar tanto espacio. Pero tú, ¿qué harías en mi situación? Hace segundos me acostumbré al olor de nuestras transpiraciones juntas, ya sólo puedo pensar en dióxido de carbono que tragamos y desmayarse se ve tentador. No voy a poder dormirme. La respiración agitada de Beth me distrae y su cercanía me pone nervioso, porque ambas situaciones contaminadas de la oscuridad me hacen situar en mesetas que no recorro hace mucho. Le rozo la espalda con mi brazo, siento cómo suda, nuestra piel se pega. Necesito distraerme y cierro los ojos. Hay una luz allí.

Es una llamarada que pasa del azul al violeta y se aclara hacia el blanco amarillento. Se forma tu imagen dos o tres segundos después. Estás sosteniendo una linterna, el cabello recogido, miras hacia abajo. Yo aparezco, no sé qué decirte. No apunto con la ballesta, a tu lado siento que no hay nadie a quién disparar. Si el mundo desaparece bajo nuestros pies cuando damos un paso...

¿Qué eran los caminantes?

Era en ese momento un viejo sueño, muy lejano. Incierto. Un cuento de fantasmas. Y montañas rusas. Un parque de diversiones cerrado, con ratas que se suben a las atracciones y las rompen. Nadie las arregla... porque los empleados de mantenimiento se murieron y están refregando sus cuerpos contra este auto que me sirve de refugio hoy y que comparto con la hija del hombre que al verme una vez me miró como si fuera un asesino y luego me adoptó como un hijo.

Y no es mi padre.

Merle lo mató. ¿Nunca te lo dije? Un día tomó tanto y yo tomé tanto que nos acostamos debajo de un puente. Merle sacó su pistola y me apuntó una rodilla, me dijo que una vez vio cómo le disparaban a un sujeto y lo dejaban discapacitado, me dijo que si se concentraba y yo me quedaba quieto, él podría hacer eso conmigo. Yo lo miré y le moví el dedo para que apretara el gatillo y la bala saliera. O eso creí que había hecho. Luego nos reímos. Yo me levanté y no cojeaba, ni sangre veía en el piso alrededor, agarré una piedra de esas que escriben en el suelo y pinté la silueta de Merle en el asfalto. Como en las escenas de crímenes. Le dije y él también se levantó. Sonrió, me sacó la piedra y escribió papá en el centro de la figura. Vació el cargador en el suelo. No me dijo que me apartara… pudimos haber muerto. Pero ninguna bala nos tocó. Siempre nos esquivaron.

Por eso no me mataste ese día. Si te hubiera contado de aquella noche hubieras entendido por qué no me morí. Pobre. Te sentías tan culpable. Debo confesar que nunca reparé demasiado en lo que habías hecho. Nunca le di vueltas al asunto. Y te lo dije. Es importante tomar ciertas actitudes si se quiere sobrevivir. Es importante ajustarse a la nueva forma de vida que debemos llevar. Hacer eso, para ti, era el comienzo de un aprendizaje que un idiota detuvo. Unos idiotas. Todos, nosotros.

Beth suspira y ya no se mueve. Creo que se durmió. Quisiera despertarla para que me diga cómo ha hecho. Ruedo. Me pongo de lado. Estamos espalda contra espalda. Sigue sin moverse, respira calmada, ya se durmió. La falta de oxígeno habrá hecho lo suyo.

Abro los ojos.

Te fuiste.

(...)

El bosque está vacío. Los rastros que sigo están secos, no encuentro nada que esté más vivo que yo.

¿Es un buen momento para planear este día? Beth está esperando que le lleve algo que podamos comer. ¿Debería buscar a los otros o me concentro en ella? Creo que yo a solas podría satisfacer todas sus necesidades. No es mucha carga actualmente para mí, el problema es si una situación problemática se nos presenta… yo debería sacrificarme por ella.

¿Por qué?

Porque ella es joven, tiene mucha arena en el reloj… es una niña, es mujer. Mujeres y niños van primero y Beth es los dos.

Beth, hoy, es ella y es yo. Huimos del infierno, juntos. Pero ella no eres tú. Siempre me pregunto. ¿Cuántas veces te miré a los ojos y me sostuviste la mirada, cuando nadie más lo hacía? Ella me busca, quiere que la mire. Si supiera lo que pienso cuando la miro se avergonzaría. Yo lo hago…

Es bella.

(…)

Un día como éste trataste de besarme. Me fui de allí, naturalmente. Hasta donde mis conocimientos llegaban era yo quién debía tomar esa iniciativa. Pero nunca pude y debiste hacerlo tú. Tomaste mi mano, acariciaste mi muñeca. Te acercaste, respiraste en mi cuello, sentí tu nariz y tus labios que se humedecían. Cuando recobré la conciencia tenía los ojos cerrados y te sentí acercarte hacia arriba, hacia mi cara y entonces lo lograste. Estuve a tus pies por un minuto y cuando te separaste estaba aún más abajo, casi dependía de ti. Te besé los pies. Por un minuto más, y cuando escuchamos la voz de Glenn gritarme le dijiste que estaba contigo y yo ya había olvidado todas las palabras en inglés que conocía. Si recordaba cómo estar de pie era un milagro. Te preguntó si podías ayudarlo con algo, no podía encontrar una herramienta en la casa rodante de Dale y le gritaste en respuesta que ibas en un minuto. Que te esperara.

Me tocaste el hombro antes de irte y quise darte otro beso en alguna parte pero caminaste muy rápido. Te fuiste de mi lado antes de que me diera cuenta.

Siempre fue así.

¿Ya te dije que espero encontrarte alguna vez?

No sé dónde. Pero qué conveniente sería una vida después de la muerte. No la que vemos todos los días, la otra, la espiritual sobre las nubes que algunos venden como cierta… yo la deseo desesperadamente.

Sería la respuesta a todo lo que sufro por no poder acceder a ti, ni aún muerto. Siempre pensé que luego de la muerte venía la nada. Merle sí creía en el cielo, aunque nunca se lo dijo a nadie en voz alta. Yo lo vi por las noches leer la biblia e ir los domingos a misa. Especialmente si el viernes y el sábado había quebrado algún mandamiento… o dos… o tres…

Por fin. Esta serpiente servirá. Puta ardilla que se me escapó.

(…)

Cuando lloraste por Dale me dijiste que no habías llorado desde la noche en el CDC, pero yo sé que eso era mentira. Lo que hace que cuando me dijiste que nunca me mentirías... bueno, me mentías. Supongo que es justo.

Pero esta chica se miente tanto a sí misma que me sacará la corona. ¿Sabes cuál es su última ocurrencia? Ya quisiera yo que fuera tarta asada de ardilla… quiere desobedecer un muerto. Y se va nuevamente.

No, no voy a seguirla, Andrea. No. No me mires así. Está bien.

Iré.

(…)

No me escucha. ¿Por qué no escucha que la estoy siguiendo? Está bien. Yo ya no sé quién me ha enviado a hacer estas estupideces. ¿Por qué tengo que obedecerte?

Estás muerta, Andrea.

¿Qué? ¿No lo entiendes? Sí. Estás muerta. Muerta. Muy lejos de mí. De aquí. Muerta.

Siempre lo quisiste. ¿Verdad? Ya lo tienes.

Qué niña.

Qué mujer.

Madre mía. Maldita sea.

Es peor que tú.

Muerta.

(…)

Bien, la he traído y le he dicho que me deje pensar un momento. ¿Tengo algo mejor qué hacer? Se ha ido caminando como ilusa, detrás de su ilusión ilusa y se ha topado con unos, quiso distraerlos y se chocó conmigo. ¿Qué clase de sentido es ese? No es el buen sentido del que tanto me hablaste. No.

¿Y qué tenía que hacer yo?

Los demás están muertos, hasta donde conocemos. Y Beth no aparenta tener la más mínima intención de demostrar lo contrario. Con su retorno a la burbuja me lo ha hecho saber ya. Está bien. Está bien. No estás tú para sacarla esta vez y necesita la extracción, ¿no?

¿Quién soy yo, por otro lado, para negarle un capricho a esta niña mujer?

Si yo fuera ella nunca habría salido de mi cuarto. Esa granja era el paraíso. Apenas recuerdo por qué debimos irnos de allí. Creo que mi mente bloqueó un recuerdo espantoso, pero no me decido, si el recuerdo es Sophia o eres tú buscando a Carol por otro camino.

Yo iba a ir a buscarte.

Debería habértelo dicho ese día en la prisión.

Lo que sucede es que no sabía en aquel momento que ese iba a ser nuestro último momento a solas.

¿Quién soy yo, por otro lado, para negarle un capricho a esta niña mujer?

Bien. Está decidido. La acompañaré. Después de todo, fuiste tú quien me enseñó que nunca se debe decir no. Porque, confieso… Si hubiera podido, hubiera hecho contigo todo lo que quise, también. Pero me dije no, no, cuando siempre quise decirte que sí, sí.

(…)

Hubo suficiente dinero aquí para arrendar mi casa por años. ¿Pero qué carajos? ¿Y ésta cosa?

Club de golf… ¿Aquí venías tú, verdad? Con tus clientes.

Aves rapaces, seguramente.

¿Te traían? ¿O tú los traías?

Beth, vete, eso es.

¿Qué hay aquí? Jesús.

No me preguntes por qué los guardo. No me juzgues con la mirada, toma. ¿Quieres algunos?

No puedo contener la risa.

Esto nos vendría de perlas para nuestro apartamento en Nueva York. El banco del Central Park nos queda chico, a que sí.

Estoy guardándome todo esto, pero si te confieso mi verdad, el banco del Central Park no hubiera sido una mala opción si estábamos juntos.

(…)

No.

Yo nunca voy a vivir contigo en Nueva York. Yo nunca voy a volver a verte y decirte que el mundo, mi mundo murió y que eso eras tú. Yo nunca más voy a pensar en ti y recordarte porque no me conviene. Yo nunca voy a volver a pensar en que soy el culpable de otra muerte.

Beth me recrimina que no hago cosas que debía hacer. Yo le hago caso. Hago lo que me pide. No sé qué más quiere de mí. Me fuerzo a ser simpático con ella. Le concedo como puedo lo que me pide.

Ahora me dice que no la seguí. Tras la mirada de hastío que me puso cuando lo hice.

No la entiendo.

No me entiende.

¡No te entiendo!

No quiero seguirla más.

Pero lo hago.

Y me siento mal.

Hasta tengo ganas de mirar mientras se cambia la ropa. ¿Por qué quiero hacer eso?

Lo sé. Se supone que soy un hombre.

Ya no aguanto a ninguno de los dos. Y tú, flotando por allí, dentro de mí, bien podrías darnos una mano. Sobre todo ahora, que el puto reloj, el tiempo, nos sigue trayendo problemas por aquí.

Y la ballesta no me alcanza.

Y este palo, tampoco, para dejar salir todo lo que tengo dentro.

Rompo, rompo todo. El ruido de un cuerpo roto volver a romperse, en momento así, se siente demasiado bien.

Y no, ya no quiere pensar, mucho menos en ti.

(…)

Sí, Beth, es una estupidez.

Pero si tú quieres hacerlo…

Yo no soy quién para detenerte…

Si no lo hacen las voces en tu cabeza, no sé quién más podría hacerlo. Sé que yo, no. Pero puedo hacer otra cosa. Ayudarte.

Puedo ayudarla.

Voy a mostrarte un lugar, Andrea.

-Sígueme.

(…)

Andrea, yo solía vivir en un lugar como éste. No es tu casa espejada en Florida, pero es algo, ¿verdad?

No te imaginas lo que hay dentro. Solíamos tener uno así. Es realmente increíble. Pero no deja dinero, no, no si te la pasas consumiendo tu propia mercadería. No si te la pasas gastando lo poco que vendes en comprar asuntos de peor calidad.

Supongo que con esto Beth se quedará tranquila.

Yo puedo tranquilizarme aquí. Sé que estarás ocupada recorriendo el lugar y haciendo conjeturas sobre mí. Bien por ti. Siempre me preguntaste cosas que nunca te respondí. Éste es un buen lugar para que encuentres esas respuestas por ti misma, Sherlock.

Anda, ve. Vete. Vete de aquí, que no te necesito. Tengo a alguien más conmigo. Alguien que quiere hacerme salir de dentro las mismas cosas que quisiste tú, pero ni siquiera sabe por qué hace. Y no, no me recrimina mis silencios. Cómo me alejo. No le importa. No me conoce. No sabe interpretar mi silencio, mi huída. Y si lo hace, está equivocada. No me conoce. Yo no me conozco.

Sólo tú me conoces y no estás. No tengo por qué preocuparme más. Nadie se interesa por mí, ya.

(…)

¿La ves? ¿La ves? Yo tampoco estuve en la cárcel.

¿Y qué le sucede a ésta?

¿Que está muerta?

Yo la veo viva. Insoportablemente viva. Ojalá estuvieras muerta. Ojalá no tuviera que cargar contigo.

Que me mira y ni siquiera puede disparar una puta ballesta. Y no sabe nada de mí, no sabe nada de ella.

Sí, todo lo quieres murió, niña. Sólo quedo yo. ¿Cuál es tu problema? Hace unas horas te veías encantada de tenerme de aquí para allá como perrito faldero. ¿Ahora te agobias? ¿Sólo porque cumplo tus sueños? ¿No quieres disparar una ballesta? ¿No quieres ser la mujer que tu hermana nunca podrá?

Basta, Andrea.

Amy no es como ella.

Estás alucinando. No. Tú estás alucinando.

Sí, quemaré la casa, Beth. Sí, te haré caso.

Y a ti… Andrea…

Te dejaré aquí. No me acoses más. No te quiero más.

Por supuesto. "El último hombre en pie"…


Créditos de la frase inicial: Emily Horne + Joey Comeau de A Softer World