El único zen de por aquí

Capítulo dos: La declaración de Andrea

Lori continuó espiando a Carl, aún cuando se suponía que su cara debía apuntar hacia otro lado, e ignoró todas las advertencias de Daryl diciéndole que iba a lesionarse el cuello si no hacía las posturas como se debía. No lo perdió de vista mientras eliminaba la sonrisa que había esbozado y arrugaba la nariz y entrecerraba los ojos intentando distinguir lo que sea que la persona que había fuera del edificio le estuviera diciendo o gesticulando.

Era Shane Walsh, el compañero de trabajo y mejor amigo de su esposo, Rick.

Lori y Rick se conocieron en el colegio. Ella iba a un instituto de señoritas y él, que asistía a uno exclusivo de varones, era parte de la manada de adolescentes hormonales que esperaba a las chicas del Saint Germain salir de sus clases de la tarde, todos los días a la misma hora. Rick pertenecía a ese grupo por defecto, puesto que su mejor amigo, Shane, era algo así como el líder de la parvada.

—Respiramos hondo...

Cuando Rick comenzó a frecuentar a Lori, uno a uno, todos los jóvenes entusiastas consiguieron sus novias allí también, excepto Shane, quien, muy generosamente, se ocupó de consolar a las niñas que se habían quedado sin futuro marido.

—Exhalamos... Concentremos la fuerza en los abdominales, vamos, mujeres, vamos...

—Pss...

Andrea, que estaba adoptando como una profesional la pose del perrito, dirigió con disimulo su oreja derecha hacia su mejor amiga.

—¿Qué pasa? —susurró cuando Daryl estaba en la otra punta del salón, corrigiéndole los pies a una señora con caderas masivas.

—Creo que Rick está aquí —confesó Lori sin poder evitar que una sonrisa se le escape. Le brillaban los ojos, ilusionada.

—¿Rick? ¿Estás segura? —se esforzó Andrea. Le dolía un poco la cintura. —Es demasiado temprano, Lori...

Lori abandonó su postura y se sentó como india en la colchoneta, dirigió una mano a la boca y comenzó a deshacer su perfecta manicura.

Andrea, al verla, abandonó toda zenitud posible y se acercó a su amiga, le sacó las uñas de los dientes y se la llevó de allí. Daryl las miraba con atención a través de los espejos.

Cuando la puerta se cerró, Lori intentó volver a entrar para recoger a Carl, pero Andrea la pidió calma un instante.

—Calla... ¿Rick aquí? ¿Estás segura?

Sólo habían visto una vez a Rick fuera del trabajo en, precisamente, horas de trabajo. Ese día una llamada telefónica anunció la presencia de una bomba en el destacamento de policía científica, lugar donde Rick estaba haciendo una pasantía, y habían evacuado a todos los oficiales. Resultó ser una broma de uno de los detenidos en la cárcel provisoria del departamento local, pero ese día todos los estudiantes y trabajadores disfrutaron su primer día libre en años.

Ese día, también, Lori pudo por fin decirle a Rick que estaba embarazada de Carl, por lo que inmediatamente, Lori pensó en que podría ser el día ideal para hablar con su esposo, si es que algo similar había sucedido y él estaba apoyado en la puerta de su auto, uniformado, esperando a que saliera del gimnasio. Andrea podría llevarse a Carl a los videojuegos y ellos podrían sentarse en un bar cualquiera a hablar de sus asuntos...

—Será mejor que vaya a ver...

—No, no, espera aquí —la detuvo Andrea y se dirigió a la puerta. Lori la tomó del hombro.

—Espera tú... no puedes entrar a la clase una vez que saliste —le recordó preocupada. Andrea sonrió.

—Eso era con Felicia... —dijo restándole importancia. —Iré a por Carl, y saldremos temprano.

Le guiñó un ojo y entró. Lori permaneció sola con sus pensamientos unos segundos más.

Mientras tanto, la clase continuaba y Daryl estaba de pie junto a una mujer de sólidos músculos que le hacían resaltar al profesor sus rasgos de enclenque. Como Andrea supuso, no reparó en su presencia de nuevo en el salón ni en cómo se acercaba a Carl y se tapaba la boca con la mano al mirar por la ventana y ver a Shane fumando al lado de un auto que no había visto nunca. Finalmente lo había comprado.

Carl miraba embobado el nuevo vehículo y agradeció a Andrea por haber vuelvo a buscarlo. Antes de irse, enrolló y acomodó en un costado las colchonetas que habían usado Lori y ella y tras sonreír disimuladamente a la asistente de Daryl, salió de allí con Carl tomado de la mano.

—Es Shane —le informó a Lori mirándola a los ojos. —Se ha comprado el Hyundai.

La cara de Lori se ensombreció un poco, a lo que Andrea reaccionó y, soltando a Carl, la estrechó entre sus brazos.

—Me había hecho ilusión —pronunció Lori.

—Lo sé. Lo siento… Pero podemos preguntarle a Shane qué tan ocupado está… y pasamos a verlo. Aún es temprano. ¿Qué piensas? —sugirió soltándola.

Carl permaneció de pie junto a ambas sin decir palabra, pero sin dejar de observar a su mamá.

—Está bien… —aceptó. —Y felicitaciones por el auto… estuvieron mucho tiempo decidiéndose por uno.

Andrea rió recordando las horas que pasó viajando de una agencia a otra, buscando el mejor precio y modelo para su querido "amigo".

Tres años de "cercana amistad " implicaban, en la cabeza de Andrea, un regalo de contundente inversión. El hecho de haber ganado y cobrado al instante dos importantes juicios contribuyó a la inflación de su ego, que decidió equiparar su éxito profesional con su éxito personal… o, al menos, generarlo, con este regalo de aniversario.

Y es que Andrea nunca había llamado a Shane de forma cariñosa, a nadie se lo había presentado como su novio, y lo mismo había hecho él con ella, pero tres años de soporte mutuo y encuentros amorosos en todo lugar que se presente, denotaban que entre ellos sucedía algo más.


—Es precioso —comentó Lori mientras esperaban que unos autos pasasen y para así poder cruzar la calle. —No corras, Carl. Quieto —le advirtió a su hijo.

Al escucharlos, Shane se volteó, arrojó el cigarrillo al suelo y lo pisó, clavando la vista en Andrea.

—Acabo de retirarlo —anunció sonriente, abriendo los brazos. Abrazó rápidamente a Lori cuando ella se acercó a saludarlo. No llevaba uniforme. —Tú… —dijo acercándose a Andrea.

—Yo… —suspiró ella a media sonrisa y le tapó la boca con un beso. —No tienes que agradecer más.

Shane no obedeció y mientras pronunciaba "gracias" repetidamente, tomó a Carl de la cintura como si fuera una pluma y se lo colocó sobre los hombros.

—¿Salen en este horario normalmente? —preguntó confundido. —Porque creí que tenía como media hora más por delante aquí…

—Carl te vio por la ventana y decidimos salir antes —explicó Lori mirando hacia un lado y hacia otro, como buscando a alguien. Andrea notó su impaciencia y por qué hacía aquello. Entonces, se volvió hacia Shane.

—¿No trabajabas hoy? —le preguntó casualmente.

—Sí, pero Rick me ha cubierto —respondió abriendo la puerta trasera del coche y ayudando a Carl a colocarse dentro.

Lori miró a Andrea en seguida y Andrea la miró también. Rick no tenía que trabajar ese día. Rick tenía el día libre.

No le había dicho nada a Lori, ni siquiera lo había aprovechado para pasar tiempo con Carl.

—¿Quieres que nos vayamos? —sugirió Andrea, más que preguntar. Lori no respondió, pero su cara de consternación fue suficiente para que su amiga entendiera que necesitaba salir de allí. La acompañó hasta una de las bancas que había a unos metros y que era utilizada para que las personas que esperaban los buses estuvieran cómodas si éste tardaba y se acercó hasta la ventana del conductor.

—Quedamos con una compañera de trabajo para almorzar —mintió. —¿Puedes llevar a Carl a algún sitio para que se divierta un rato? —Carl festejó desde el asiento trasero y se colocó el cinturón de seguridad con entusiasmo. —Te veré en la noche.

Le dio un corto beso en la mejilla y se dispuso a irse cuando Shane la tomó por el abrigo.

—Espera.

—¿Qué sucede? —preguntó sonriendo. También quería irse de allí.

—Esta noche organicé… lo que me pediste. Es esta noche. ¿Está bien? Necesitan que alguien cuide a Carl.

Amy había partido esa misma mañana hacia Florida. Carol siempre tenía excusas nuevas de las cuales surtirse y ninguna compañera de trabajo realmente la quería lo suficiente como para hacerle un favor a una amiga suya.

—Ya veré qué hacer… —dijo más para sí misma que para Shane.

—Bien —concluyó él. —Hasta la noche.

—A las siete de la tarde en el hotel —confirmó Andrea y se alejó del auto agitando la mano, saludó a Carl, que intentaba saltar al asiento delantero, convenciendo a Shane con cara de niñito indefenso. Mientras se aproximaba a Lori, Andrea vio cómo el chico cumplía con su objetivo. Shane salió del auto y le abrió la puerta él mismo para que se sentara en el asiento del acompañante. Era curioso que Shane obviara cualquier regla, incluso las de tránsito que con tanto énfasis se encargaba de explicar a los niños de las escuelas locales cuando debían castigarlo los trabajadores de asuntos internos, si se trataba del hijo de su mejor amigo.

Había entre ellos lo que podría llamarse una relación especial. Andrea, a veces, hasta sentía que eran compañeros de colegio de la misma edad. Pero aquello le incumbía sólo a ella. Tal vez un poco a él, pero sólo cuando discutían.

—Lori… Shane ha hablado con Rick y lo que había hablado contigo el otro día… pues, ya está arreglado —le dijo parando un taxi. —Esta noche.

—¿Esta noche? —preguntó Lori preocupada. No estaba preparada para nada. Sí, ella había sido la de la idea, ella había convencido a Andrea de hacerlo, y no es que Andrea no quisiera y se lo haya hecho difícil, Andrea estaba casi completamente convencida de que Shane no accedería. Había conseguido hacer eso, convencer a Andrea de que Shane era convencible, y, con un poco de ayuda de su hijo, Shane accedió a convencer a Rick y… —De acuerdo. Estoy lista.

—Buenas tardes. Al Four Seasons, por favor. Muchas gracias —se dirigió al taxista y luego se volvió hacia Lori. —Creo que serán unos veinte dólares desde aquí… —conjeturaba revolviendo la cartera.

Lori no pudo evitar sonreír.

—¿Dolió mucho el regalito de Shane?

—Demasiado… pero lo tomo como un regalo para mí, también —confesó Andrea sacando un billete de veinte y uno de diez y acomodándolos entre sus finos dedos.

—Esposo trofeo, podría decirse —comenzó a bromear.

—Exacto.

El taxista deseaba no escuchar la conversación, por lo que subió el volumen de la radio y se concentró en dejar a las mujeres en su destino lo más pronto posible.


Llegaron al hotel y a Andrea se le retorcían las tripas por los nervios.

—Está bien… Llamaré a Pat para que traiga todas nuestras cosas —le dijo a Lori sacando el teléfono móvil del bolsillo. —No tardará.

Se registraron. Pidieron dos habitaciones y confirmaron la reserva en el restaurante para esa noche. La recepcionista las miraba de forma despectiva, lo que inquietó a Andrea y casi provoca que ésta se le echara encima cuando insinuó que no debían tener vergüenza de su condición y debían pedir una habitación para las dos.

—Y si yo fuera gay… ¿cuál es su problema? —comentaba a su amiga y se indignaba cada vez más en el pasillo.

—Ya, cálmate…

—Es que no sabes la cantidad de juicios que nos llegan por comentarios de ese tipo. En fin… —dijo masajeándose los hombros. Su teléfono sonó. —¿Pat?… Por supuesto… Voy para allá.

Pat, la joven que se encargaba de limpiar el apartamento de Andrea había llegado y la esperaba en la puerta del hotel con todas sus cosas. Dejó a Lori explorar las habitaciones y se dirigió hacia el salón principal para buscarla.

Eran dos pisos por escalera hasta el salón. En el camino, se encontró con la recepcionista hablando a susurros con el conserje. Una pequeña sonrisa de victoria se le dibujó al ver la reacción de la chica, que se puso completamente roja.

"Ya no me molestarás más" pensó. "¿Dónde estás, Pat?"

Tras varias vueltas alrededor de la mesa la encontró hablando animadamente con Rick.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó luego de saludarlos con un beso a cada uno.

—Han enviado un mensaje urgente pidiendo por mí, diciendo que había una emergencia en este hotel —rió Rick. —Pero parece que no ha sucedido nada… así que iba a irme hasta que la vi a Pat —comentó de manera casual.

—¿Es que Shane no te ha dicho? —Andrea no podía creerlo. El chistecito para traerlo a Rick al hotel ni siquiera iba a funcionar. Si ella no hubiera pasado por ahí… —La cena que habíamos planeado, hemos conseguido reservación para hoy.

Rick se tomó un momento para pensar y se quedó callado, puesto que lo habían agarrado desprevenido. Andrea aprovechó para tomar los bolsos y despedirse de Pat y darle el resto de la semana libre. La muchacha, contenta, la estrechó en un abrazo y le comprimió en el proceso todo el cuerpo. Su verdadero nombre era Patrutschka, había llegado a Estados Unidos, hacía dos años, con la esperanza de continuar su carrera de modelo, iniciada desde sus tempranos dos años allí lejos en Polonia. El único trabajo que consiguió fue el de cortadora de madera con los traficantes de pinos en el Times Square por la época navideña. Andrea la rescató en uno de sus tortuosos días de trabajo y la llevó a su casa, prometiéndole un techo si la ayudaba con el mantenimiento del hogar. A los pocos días, Pat se hizo cargo de todos los quehaceres que Andrea ni siquiera sabía realizar y sus notas en la universidad de peluqueras mejoraron una barbaridad.

—Llamaré para decir que me haré cargo de todo. De todas formas, en media hora terminaba mi turno de hoy —explicó Rick colocándole la mano en el hombro. —Espérame que hable y te ayudo con eso —prometió antes de dirigirse al teléfono público que había en el costado de la barra.

Andrea sonrió. Esa sería su noche. El por qué Rick le había mentido a Lori y demás idas y vueltas de la vida de su amiga quedarían por unas horas en segundo plano. Había planeado esa noche durante días. No iba a dejar que nada la arruinara. No.

Minutos más tarde, Rick se aproximó y tomó los dos bolsos. Se los cargó el hombro y se dispuso a seguirla.

—Ven. Lori ya está aquí.

Pudo notar cómo Rick tragaba saliva antes de decir "me alegro" y subía la escalera un poco más lento. Decidió ignorar eso y concentrarse en las palabras que le diría a Shane y cómo lo haría. Lo había meditado mucho, pero nunca en su vida había estado tan asustada.

De todas formas, suspiró y se alegró. Aún faltaban horas para su declaración. Y estando Rick aquí, podría matar dos pájaros de un tiro. Dejaría a Rick y a Lori tranquilos unas horas y ella podía aprovechar para disfrutar del spa y ordenar las cuarenta mil ideas que le revoloteaban por la cabeza.