Una de las cosas que me ha enseñado la vida es que todos necesitamos un bitchslap a veces. Y en varias ocasiones un autobitchslap es la mejor solución.

Estudiando Diseño aprendí muchas cosas, entre ellas; a dormir 4 horas diarias, que se puede vivir 6 meses con fideos instantaneos, mezclar redbull con coca cola no es una sabia idea y que esas cosas que nos hacen hacer para "soltar la mano" de verdad sirven. De los 300 bocetos que tenía que hacer a la semana, al principio ponía mucho empeño en los primeros y me atrasaba o no terminaba, después apresuré el paso y quedaban desastrosos, pero luego de un rato ya estaba acostumbrada y podía usar menos líneas en crear un buen ambiente.

Tomando estas dos cosas juntas decidí, al final, sí tomar este reto que había planeado hace años (después del fracaso de los Besos) para autobitchslapearme y sacarme este Bloqueo Emocional de escribir (se me olvidó como hacerlo)... Así que esperemos que al final quede algo digno.

Las reglas son: basado en el reto de 30 días, la idea es escribir algo con una de las palabras de la lista y terminar en 30 días. Como ya había agarrado eso con los 30 Besos decidí que lo haría más interesante en tiempo real; vale decir, publico el fic un día Lunes 1 de Septiembre en el fic es el mismo Lunes 1 de Septiembre, martes 2, miércoles 3 y así. Tomando en cuenta que en Japon es verano, vuelta de vacaciones. Entonces el fic serán 30 días en total y la idea es hacer el progreso creíble.

Mi meta actual (a largo plazo) es escribir cada día lo que pueda, publicar apenas esté listo un cap y llegar a tener al menos 10 este mes. Meta corta es, claramente, lograr publicar cada día. De no lograrse esto, me conformo con la primera y que se me quite el Bloqueo Emocional para poder volver a escribir como lo hacía antes.


Suspirar es el acto de aspirar aire prolongadamente y espirarlo emitiendo un sonido que denota pena, ansia o deseo.

Además de ser una válvula de escape a la frustración, existen diversas creencias románticas en cuanto al acto en cuestión; como que es un beso que no se ha dado o es aire que sobra por alguien que falta. Ese tipo de cosas cursi.

Éste no era el caso de la joven que llevaba haciéndolo todo el día, qué más quisiera ella que suspirar por amor, pero no.

Ella suspiraba porque era lunes. Un horrendo lunes.


Día 1.- Encanto

(Lunes)


El día había comenzado de lo peor.

Volver de las vacaciones de verano nunca ha sido algo fácil, pero las cosas pueden empeorar notoriamente si —sumándole al hecho de que despertarse se convierte en una odisea y levantarse en una tortura— tu reloj despertador decidió que era buen momento de quedarse sin baterías; tuviste que correr a mitad de camino a la escuela por perder el primer autobús; al llegar a clases descubres que tu profesora titular fue sustituida por encontrarse en su pre-natal y que el nuevo tutor —de matemáticas— tiene una especial fijación contigo haciendo que resuelvas los ejercicios más complicados y además posee una increíble puntería con certeras tizas a quienes se quedan dormidos (tú).

Suspiro.

Sí, el día no había iniciado placentero, pero no se quedaba ahí.

Imagina que a mediodía te das cuenta que no has llevado tu almuerzo y que no tienes a quien recurrir porque tus ricas amigas siguen disfrutando de vacaciones en algún lugar del mundo, tomándose una semana extra en la que tú estarás sola. No queda más que sumergirse a la masacre que significa intentar obtener algo del puesto de la cafetería, para que cuando por fin logres conseguir un pan resulte ser extra-picante, lo único que quedaba.

Encima está que las decisiones que tomas también resultan en algo negativo; optando por tomar el tren para llegar antes a casa y que ese fatídico día llegue a su fin desquitándote con la consola… Resulta en que un inconveniente los deja parados por media hora y pierdes la billetera al bajarte apresuradamente en la siguiente estación para terminar el camino a pie.

Luego de todo eso, lo único en lo que piensa una mente tan abatida es en dar un paseo por el parque esperando encontrar consuelo en el trinar de las aves revoloteando por los árboles, sólo para verse tan patéticamente sola y triste como cierta chica cobriza, en semejante estado deplorable, caminando en medio de parejas felices…

—Genial, ahora hasta mi narrador imaginario se burla de mí —bufó la joven, deteniéndose en seco.

Echó otra rápida mirada escaneando a su alrededor; el calor de verano que no cesa en Septiembre, el inicio del segundo semestre, vistosos colores, cielo despejado y una cálida brisa, daban un perfecto ambiente para que grupos de amigos y parejitas se pasearan por el lugar, exhibiendo su amor al mundo, con sobrenombres melosos, risitas tontas y helados compartidos, mientras personas solas como ella… Personas solas y en un día fatal como ella —corrigió al ver su atuendo—, anduvieran a suspiros y estornudos, con la ropa todavía mojada, rogando por llegar rápido a su ducha.

—¿Pero es que cuántas son las posibilidades de que recién entrando al parque la correa de un perro hiperactivo se me enrede en la piernas haciéndome caer en la pileta...?

Suspiró y retomó su camino.

Ya no se sentía tan abatida, ahora estaba llanamente molesta. Siempre es mejor cargarla con alguien más y ahora no tenía a nadie más que a las parejillas que rondaban.

Eso le recordaba lo que había sido el tópico de sus vacaciones: el amor, a propósito de los amores de verano.

Llega una edad en que el tema de "parejas y relaciones" se va haciendo cada vez más presente hasta un punto donde ya no puedes evadirlo más, por mucho que antes no te interesara. Ese tiempo le había llegado a sus, ahora, diecisiete años, casi terminando el instituto. Diecisiete años soltera y contando.

Las relaciones nunca fueron tema, había encontrado atractivos a chicos y chicas antes, pero nunca nada demasiado fuerte como para considerar en tener algo con alguien. Sin embargo, las cosas cambian, las personas cambian, las relaciones cambian,… El contexto cambia: De pasar de ser una chica que no necesitaba de alguien a su lado para sentirse acompañada, teniendo siempre a sus mejores amigas con ella… a ser el mal tercio en la recientemente evolucionada relación afectuosa de dichas amigas.

Y sí, resulta algo ridículo sentirse, de la noche a la mañana, sola por no tener pareja, pero ese no es el caso —al menos no del todo—. Resulta que estar en constante cercanía con ese brillo en los ojos, la comunicación de miradas y las sonrisas cómplices… Hace que uno se empiece a preguntar qué se siente.

Es normal ¿no?

Hace que uno empiece a preguntarse… a desear, enamorarse.

Aunque sea sólo por saber, por entender, por experimentar. Por satisfacer ese impertinente bichito de curiosidad.

Otra mirada alrededor, nuevo suspiro.

Pero tampoco se puede ser tan optimista pensando que por sólo desearlo va a ocurrir. Claro que no. Al menos así lo probaban los hechos.

Tres veces en una de estas citas de grupo esperando conocer a alguien: sin resultado.

Decidir expandir horizontes y unirse a otro club para encontrar a alguien con gustos similares que te llame la atención: sin resultado.

Incluso llegar al grado de aceptar salir con prospectos que hasta tu hermana —señorita que tiene un pésimo sentido en elegir novios, con una increíble habilidad de atraer patanes— te presenta… hace que uno termine replanteándose ciertas cosas —e ignorando por semanas a tu hermana—.

Replantearse, por ejemplo, que eso de que somos frutas y hay una media naranja esperando por ahí a todos es una vil patraña y hay personas que nacieron para estar solas, como una.

—…Eso suena enfermizamente triste —suspiró la joven ante su corriente de pensamientos.

Ciertamente, su mente tampoco se la estaba haciendo fácil en sobrellevar el día, pero después de tanta desventura no se le puede pedir mucho más. Al fin y al cabo era una simple adolescente y ver las cosas negras, con tantas hormonas fluyendo, resulta muy sencillo.

Después de todo, a los diecisiete tienes la opción de arrojar la carta "drama adolescente" a cualquier día de mal humor y dejarlo así.

Siguió caminando, arrastrando los pies, por los pasillos menos transitados del lugar, con la esperanza de que los corazones imaginarios dejaran de atormentarla y que algo, cualquier cosa, apareciera mágicamente para componerle su día.

Miau.

—¿Eh?

Bueno, eso no estaba dentro de las opciones, cualquiera espera que de la nada tropieces con alguien que resulte ser tu príncipe azul, ya que estabas pensando en eso no hace mucho…

Miau. Miau.

Pero un gatito atrapado en un árbol también puede resultar una manera de distracción.

Miau. Miau. Miauuu.

…Y una forma de terminar el día con una buena acción, si eso hace que tan adorable criatura deje de llorar lastimeramente.

—Tranquilo, pequeño, ya voy por ti —aseguró con amabilidad. Nadie puede seguir enfadado después de ver a una criatura adorable a los ojos.

Sin embargo, por mucho entusiasmo que haya en la tarea, algunas cosas son más fácil decirlas que hacerlas, algo así como… todo en la vida, más o menos. Y si el contexto donde se desarrolla la situación tampoco es favorable, cuesta aún más.

Una vez que tocó la corteza con sus manos y miró hacia arriba, se dio cuenta de que la perspectiva de las situaciones cambia según desde el punto en que se mire, literalmente, y se preguntó cómo un animalito tan pequeño que con suerte está desarrollando sus garras pudo trepar tan alto —otra pequeña fracción se preocupaba de cómo ella treparía hasta ahí, pero era mínima—.

Analizó sus posibilidades: ropa mojada dificultando la movilidad, zapatos resbaladizos, poca fuerza en los brazos, ninguna rama al alcance…

—Por favor, estoy intentando hacer algo bueno —alegó al cielo, a nadie en particular—. ¿No puede aparecer un poco de ayuda milagrosamente… —miró hacia unos metros más allá—…aunque sea poco ortodoxa? —se encogió de hombros y se acercó a su solución.

No quiso pensar en lo divertida que debe haberse visto arrastrando un contenedor de basura hasta la base del árbol, teniendo que luchar con la poco cooperativa yerba, o en si un encargado la regañaría si la veía. El día ya era malo, no podía empeorar mucho más, lo siguiente que podría ocurrirle es que la tapa del basurero estuviera mala y una vez que se encaramara terminara metida en la basura.

…Cosa que no pasó, para su alivio.

Enfocó su concentración y sus esfuerzos en la rama que tenía más próxima y luego de unos cuantos saltitos fue capaz de encaramarse para empezar a subir, ya se preocuparía luego de cómo bajar. Una cosa a la vez.

—Hey, pequeño —saludó al llegar a una altura decente de la rama donde estaba el gatito.

—Miau… —comenzó a alejarse, temeroso.

—No, no, no temas, no quiero… —suspiró cuando el felino se puso lejos de su alcance—. Genial.

El cuadrúpedo no estaba siendo de ayuda, aunque irónicamente era ella quien quería ayudarlo a él, pero ya estaba ahí, no podía simplemente bajar —en un arranque de frustración— después de haber llegado tan cerca. Sólo era una rama más, unos cuantos metros más,… el perder la estabilidad de encontrarse de pie en una sección inferior, abrazada al árbol.

Con gran esfuerzo quedó a horcajadas en la rama y algo más temblorosa de lo que hubiera deseado se estiró para alcanzar al gatito.

—¡Te tengo! —exclamó triunfal, atrayéndolo hacia su pecho.

—Miau —maulló algo molesto el pequeño al sentir la ropa húmeda de la chica.

—Lo siento, sé que no te gusta el agua —se disculpó apenada—, ya nos bajaré de aquí… —miró al suelo—, de alguna manera…

Se acomodó el gatito en su suéter y haciendo acopio de valor se puso de pie para descender, pero no contó con que los zapatos escolares absorbían más agua de la que creyó; con un sonido viscoso su pie se resbaló y antes de tratar agarrarse siquiera ya se encontraba cayendo.

Lanzó una maldición mental al cielo, pensando que ese día era oficialmente el peor y que ahora para rematar terminaría con algún hueso roto. Cerró los ojos con fuerza y abrazó al gatito para protegerlo con su cuerpo.

Un grito. Un choque. Un sonido sordo. Un quejido. Y silencio.

Mantuvo los ojos cerrados unos segundos más, sintiendo la brisa, el olor del pasto, buscando alguna zona adolorida… Al no encontrar ninguna que reclamara atención médica se extrañó, poco a poco relajó la presión que ejercía en sus párpados y los fue abriendo.

Pudo ver el cielo, las hojas menearse con el viento… ella no sentía dolor, aparte de los músculos reclamándole por un ejercicio al que no estaban acostumbrados.

Cayó del árbol, eso estaba claro, pero no estaba lastimada.

Y se encontraba misteriosamente cómoda, ¿desde cuándo el suelo era tan cálido y suave?

Otro quejido hizo que se pusiera en alerta. Ella no se había quejado, era otra persona y la voz provenía de su espalda.

Casi como si de un golpe de corriente se tratase, se dio cuenta de lo que había sucedido; los brazos extendidos a sus costados y el cuerpo en el que se encontraba acostada así se lo confirmaba: había caído sobre alguien.

Intentó pararse tan rápido y torpemente que terminó cayendo nuevamente, esta vez de frente y sin el gato entre sus brazos —que se escabulló a la primera que pudo.

Un bufido la hizo reaccionar, le había quitado el aire, otra vez, a la persona que usó como almohada.

—¡Di-di-discúlpeme! ¡No fue mi intención! ¡Yo…!

—Está bien —sonó una voz gentil y suave, dejándola con el resto de su disculpa atragantada.

La joven abrió los ojos y se encontró con un color muy inusual devolviéndole la mirada y una sonrisa que era… algo que nunca había visto.

—¿Se encuentra bien, señorita?

Y ese tono de voz tan melodioso, junto con la expresión amable y los hipnotizantes ojos borgoña, la llevaron a una parte de su cerebro que desconocía, una especie de diccionario que empezó a trabajar solo, dándole las respuestas para entender lo que le estaba sucediendo.

Encantar 1. tr. Obrar por arte de magia; hechizar.

2. Cautivar la atención de alguien por medio de atractivos naturales.

3. Gustar mucho de algo o alguien.

Belleza 1. f. Armonía y perfección que inspira admiración y deleite.

2. Persona muy hermosa.

Encuentro destinado… Se han encontrado varios archivos relacionados, ¿desea redefinir criterios de búsqueda?

No, no era necesario, con lo primero ya tenía suficiente, había quedado encantada por la belleza de la joven que tenía enfrente y eso le impedía hablar o ser un ser humano pensante o medianamente operante.

—¿Señorita? —llamó la voz, para recordarle que debía volver en sus sentidos.

—Ah, yo… —se removió incómoda, dándose cuenta que seguía sobre la joven—. ¡Oh, perdona! Debo ser pesada…

Intentó ponerse de pie, pero por alguna razón sus músculos todavía no le respondían, su humanidad se sentía muy a gusto justo donde estaba.

—No, para nada —sonrió cálidamente—, es tan ligera como una pluma.

Antes de que la chica pudiera decir o (intentar) hacer algo más, la rubia se incorporó y sin estar muy segura de cómo pasó, lo siguiente que supo es que la joven estaba completamente de pie, con ella en brazos como si fuese una princesa y le sonreía con una sonrisa deslumbrante.

—¿Lo ve? —comentó para demostrar su punto.

La pobre chica sintió que su corazón se aceleraba a una velocidad alarmante y que su rostro le ardía, seguramente debía parecer un tomate. Ahí descubrió que encantarse es una cosa, pero estar idiotizada era algo completamente diferente, y eso es lo que le sucedía. ¡Es que no era su culpa! ¿Qué pasaba con toda esa presencia que imponía la rubia? Esa aura tan… atrayente. ¡Casi podía ver flores crecer en el fondo al más estilo manga shoujo!

Trató de hablar, sin éxito. Quiso moverse, sin mayores resultados. Tuvo toda la intención de siquiera apartar la mirada para no desgastar a la joven, pero no llegó siquiera a terminar de procesar la idea antes de desecharla.

—¿No le pasó nada? —repitió, al no obtener respuesta.

Abrió la boca, sin emitir ningún sonido, cuando quiso intentarlo nuevamente un maullido se le adelantó.

—¡Kuroi! —exclamó la rubia.

Dejó a la chica con cuidado en el suelo, apoyada en sus pies que milagrosamente seguían teniendo fuerza para sostenerla y se agachó para tomar al gatito en brazos.

—Eres muy travieso —regañó con suavidad—, otra vez te me escapaste.

—Gato… —su voz salió casi como si no le perteneciera.

Repentinamente extrañaba el calor que irradiaba la rubia y no podía evitar sentir la presencia del felino inoportuna.

—Oh, gracias por ayudarlo —dijo amablemente—, aunque seguramente era puro teatro, este pequeñín es muy bueno trepando y puede bajar sin problemas.

—Ah…

Sí, definitivamente le estaba empezando a molestar el pequeño peludo que se restregaba alegremente contra el pecho de la joven.

Frunció el ceño.

Notó una pequeña diferencia entre la sonrisa que le había dedicado a ella con la que tenía ahora acariciando la coronilla del felino en sus brazos. Sus labios apenas estaban curvados pero su mirada era cálida, cuando le sonrió a ella su sonrisa era radiante pero en sus ojos no había ternura, sólo un matiz misterioso.

La rubia se dio cuenta que estaba siendo observada y la miró, sonriendo nuevamente. Nanoha pegó un respingo, y su corazón también. Nuevamente la calidez había abandonado casi por completo sus facciones, pero definitivamente era linda. Y sus ojos eran… sus ojos eran… Simplemente no podía dejar de contemplarlos.

La voz de la joven la trajo de vuelta de su ensueño.

—De todas formas, muchas gracias —tomó su mano y le dio un suave beso en el dorso—, es usted muy amable.

Pudo jurar que en ese momento se transformó en una tetera con vapor saliéndole de las orejas, pero seguramente eso solo pasó en su imaginación, así como todo este asunto; no podía ser más que un juego de su disparatada mente, no podía tener enfrente una persona tan despampanante como ella.

—N-no fue nada, ¡en serio! Y-y-yo… —se mordió el labio.

Cálmate, una palabra a la vez, es sólo una top model que tienes enfrente, piénsalo de esa forma y podrás hablar, le decía su conciencia, pero su lengua se negaba a cooperar.

—Oh, se me hace tarde —dijo mirando su reloj—. Ya debo irme.

—Ah, uhm, bueno…

—Ha sido un placer —hizo una pequeña reverencia—, que tenga un buen día.

Sonrió una última vez y se alejó sin que la cobriza pudiera lograr recuperar sus palabras. No supo su nombre, no dijo su nombre, no fue capaz de decir absolutamente nada, pero… ¿qué fue lo último que había dicho la rubia? Se preguntó, todavía con la vista fija donde se había perdido la dorada melena.

"Tenga un buen día", eso dijo…

Oh sí, era el mejor día de su vida, decidió con una sonrisa boba tomando con su mano la otra donde la rubia había posado sus labios y acercándola al pecho, donde el corazón le bailaba.

Nanoha Takamachi, diecisiete años, positivamente feliz.


"Encuentro destinado" todavía me parece super cursi lol pero este es un fic cursi con clichés después de todo. Este cap estaba escrito en mi agenda hace muuucho así que veamos a qué llegará el final. Ya tengo planeado más o menos qué va en cada cap, tendrá mucha (fanmade) Hayate y quiero aprovechar de experimentar para hacerlo divertido.

La prueba de estadística me dejó agotada mentalmente. Quiero hacerme ovillo y dormir 3 días. Aunque se siente bien abrir la cuenta de nuevo después de tanto tiempo fuera, no solo escribiendo sino que también leyendo por las últimas veces que me pasé solo había adaptaciones y no he recibido ningún aviso de actualización de fics que seguía así que asumo no soy la única que se perdió por ahí xD

A cualquiera que pase por aquí: "Holi" :3