Curiosidades de los personajes de este fic : Himuro mide 1.83. De Kisumi no hay una estatura oficial pero podemos notar que en varias ocasiones, estando a lado de Makoto, es tan solo un poco más alto. Makoto mide 1.83 también. (wow, en serio? No figuraba que Himuro era tan alto). Igual me gusta puntualizar que Kisumi a pesar de su estatura puede ser bastante dominable (todos ante Himuro lo son)... Kagami mide 1.90 ...es el más alto de este grupo de cuatro. Ironías. Disfruten el fanfic.


Himuro se encontraba sentado en el pórtico de la casa de Kisumi mirando y respirando la tranquilidad de aquel pueblo tan lejano de la enorme ciudad a la que estaba acostumbrado. Hasta ese momento cayó en cuenta que la procedencia de él y la de Kisumi era más diferente de lo que pensaba. Himuro, siempre tan acostumbrado a las calles bandalicas y peligrosas como las de Estados Unidos y Tokio mientras que el pelirrosado pertenecía a un lugar tan en calma como Iwatobi. Sonrió un poco triste, realmente eran diferentes.

Y es que Himuro siempre vivió al día. Es cierto que salió con muchas personas, anduvo de romance en romance como aquel que tuvo con Nijimura cuando se conocieron en USA o ese pequeño desplante con Murasakibara en su época en Yosen. Entonces ¿Por qué esta vez era diferente? Apenas y se había dado tiempo de conocer a Kisumi y sentía que esta vez, realmente esta vez, no quería permitirle alejarse de su lado.

Himuro suspiró, se talló los cabellos y pensó que era ya algo grandecito para un romance de adolescente. Debía dejar sus ideas, pensar en frío y resignarse que, aunque el pasado de ellos sea coincidente y el presente de ambos esté atado, el futuro es algo que no planeaba asegurar ni fantasear. Era dura la realidad.

—Si sigues frunciendo el ceño así te pondrás viejo pronto —dijo Kagami apareciendo y pasándole una lata de soda mientras se sentaba a su lado.

—A veces creo que realmente estoy envejeciendo…—Kagami ríe, su hermano no es de hacer chistes pero esta vez lo ha logrado. —digo…el tener ideas como estabilizar algo y ver más allá de lo que tengo ahora es…envejecer ¿no?

—No, no lo es…—dijo el pelirrojo alzando los hombros —yo lo hago todo el tiempo.

—Es por que eres un soñador, Taiga —aquel comentario era tan verdadero que avergonzó al de ojos carmesí y lo obligó a mirar a otro punto.

—Calla…—Kagami era un romántico, se veía a si mismo en diferentes situaciones, en diferentes contextos junto a la persona que pensaba era apropiada para él más también le costaba entender cosas, comprender los sentimientos de otros, no tenia tacto por lo cual sus atributos eran contradictorios, un problema para él al menos. Himuro no se complicaba, sabía lo que quería y a lo que iba más justo en ese momento en que sentía la incertidumbre con respecto a su relación es que logró entender un poco a Kagami.

—Taiga… yo necesito decirte algo…—el pelirrojo alzó una ceja y notó el porte serio, aún más, de Himuro. Sonrió un poco y le revolvió los cabellos sorprendiéndolo, tomándolo con la guardia baja.

—Si es por lo tuyo con Kisumi hasta un ciego lo notaría —Himuro se sorprendió aún más pero acto seguido bajó la mirada aliviado, sonriendo.

—Es solo que eres tan despistado que no pensé que te darías cuenta — río por lo bajo y le miró ladino — no me digas que fue Makoto quien te lo dijo.

—Bien… TAL VEZ él lo notó antes y me comentó pero no significa que yo no hubiera podido notarlo…—dijo irritado, algo infantil y nuevamente el nombre del castaño resonó en su cabeza.

—¿Qué ha de ti? Yo no soy tan despistado…—cuando Kagami entendió la indirecta e iba a negarlo totalmente se dio cuenta que estaba cansado de eso, de pensar tanto, de mentirse aún más.—Aun queda la opción de amarrarlo y secuestrarlo. Entre tres si podemos.

—Será la última opción —contestó a broma y le dio un par de palmadas en la espalda —pero quédate tranquilo… yo decidí hablar con él…

—No digas ninguna imprudencia Tigger. Eres impulsivo y por lo que conozco de él parece algo cohibido con criaturas salvajes como tú —le puntualizó — procura…

—Ya se lo que tengo que hacer…—le interrumpió mientras se ponía de pie y se sacudía las ropas mirando hacia delante — yo solo le pediré que sea feliz..de la forma que más le convenga…sea en Tokio o aquí en Iwatobi con tal de que no deje de sonreír….

Himuro bajó un poco a vista ¿Él sería capaz de decirle algo así a Kisumi? Si la felicidad del pelirrosado era en Iwatobi ¿Qué sería de su felicidad?. Un pequeño nudo en el pecho le apretó presionándole partes de si mismo que desconocía, supuso que decir adiós era la parte más dolorosa de un "te amo".

Esa tarde Kagami salió colocándose sus tenis rojos y algo de ropa casual, se despidió alzando una mano. La casa estaba algo silenciosa, apenas el sonido de la vajilla colocándose en el secador de trastes sonaba al fondo de la cocina mientras Himuro limpiaba la mesa. Entonces, de reojo, miró a Kisumi con una sonrisa cálida en los labios. Realmente era feliz en ese lugar, su hogar.

—Iré a descansar un poco —se excusó Himuro sacando de sus pensamientos al pelirrosa.

—Eh…bien —respondió sin mucha emoción viéndolo subir las escaleras mientras en cada peldaño hacia ruido. Kisumi se secó las manos con el mandil y lo dejó de lado mirando el reloj de la sala, peinó sus cabellos hacia atrás y subió a prisa las escaleras hasta llegar a la puerta de la habitación donde Himuro reposaba. Entró con una sonrisa traviesa, dando pasos quedos hasta pararse a lado de la cama dispuesto a sorprenderlo.

Kisumi detuvo su travesura pues pudo haber jurado que debajo de esa maraña de cabellos azabaches tan perfectos había un par de ojos cristalinos que lo sacaron de balance.

—Tatsuya….¿Estás bien? —el azabache se sobresaltó al escucharlo alertando también a Kisumi —Lo siento, no quería asustarte…oh.

Himuro se tranquilizó estando sentado en la cama y aunque intentó decir "Descuida, todo está bien" aquellas palabras no salieron de sus labios. Se cepilló el cabello con los dedos y miró a otro punto. Entonces Kisumi se extrañó, alzó una ceja y se inclinó hacia su pareja para ver más de cerca su rostro a pesar de que este se negaba a verle.

—Tatsu…—la mano del otro le tomó la muñeca y lo hizo caer contra el colchón e un movimiento rápido. Kisumi abrió los ojos sorprendido ante el cambio de actitud del azabache entreabriendo los labios para hablar, más no pudo hacerlo.

—No quiero que me dejes…. Nunca he sido egoísta… pero esta vez te lo pido, no me dejes —dijo entre susurros bajando más y más la mirada haciendo del corazón del pelirrosa todo un lío emocional. Acto seguido sonrió librándose del agarre del otro y poniendo sus manos en los hombros de Himuro con una sonrisa adorable.

—Eso es fácil de conceder, señor egoísta….—Himuro le miró incrédulo, Kisumi relajó la mirada y le cuestionó más serio —¿Sucedió algo? ¿Por qué repentinamente tu…

—Si tu eres feliz aquí…con tu familia y en Iwatobi yo puedo entenderlo, aceptarlo incluso pero…—se acercó a Kisumi estando prácticamente encima de él y clavó sus orbes a los purpuras del otro —No quiero estar sin ti… y no pensé sentirme así.

—Wo, wo…detén tu carroza un momento…yo soy feliz aquí, amo a mi familia y a Iwatobi pero debo superarme, estudiar, construirme un futuro y eso no lo lograré aquí —Himuro parpadeó suavemente y entonces fue que Kisumi cayó en cuenta —¿Nos escuchaste?

—Fue un accidente…—se sintió culpable y con justa razón pero Kisumi solo sonrió con los mofletes sonrojados y se talló la mejilla.

—¿Incluso la parte en la que dije que... les dije que quería estar con ustedes en Tokio? —Himuro ladeó la cabeza, Kisumi emitió una risa suave y lo rodeó por el cuello acercándolo a su cuerpo —quiero estar con ustedes, contigo…vivir un montón de cosas locas y que pase lo que tenga que pasar…pero no retrocederé al pasado… jamás.

Himuro suspiró, como suspiran los enamorados, como sintiendo que le volvía el alma al cuerpo y se aferró a Kisumi poniendo su cabeza en el hombro. Kisumi rió enternecido correspondiendo tan suave abrazo, ese abrazo tan cálido que pocas veces se daban, solo estando a solas, solo cuando nadie observaba. Himuro se separó y depositó un beso en los labios en medio de las sonrisas torpes del pelirrosa y tras separase este le miró pícaro, analizó sus expresiones, se perdió en sus orbes.

—Tenemos dos horas para nosotros…—dijo como una insinuación, una que nunca daba por que siempre estaba Kagami, siempre estaba Makoto o siempre estaba Hayato.. Esta vez no había más ruido que sus suspiros y sus latidos. Himuro sonrió leve y le besó las mejillas aceptando la invitación.

—¿Estarás bien con esto? —un beso en los labios fue toda su respuesta, uno que casi le roba el aliento. Tan pasional, tan seductor, tan único. Ambos estaban bien con ello, con la forma en que se daban las cosas, con lo bien que estarían cuando volvieran a sus vidas juntos, aun cuando estuvieran ahí Makoto, Kagami y Hayato mientras estuvieran unidos todo estaría bien.

Ese momento pertenecía a ambos.

Las caricias de Himuro se colaron cautelosas por debajo de la camisa de Kisumi quien respingó por el cambio de temperatura, se aferró a sus ropas, buscó desesperado adelantarse y quitarle la camisa para acariciar su pecho. Pronto el azabache le imitó y así explorándose, conociéndose, admirando cada parte de ese desnudo pecho y los besos sonoros hicieron acto de presencia. La lengua de Himuro se paseaba por las partes sensibles de Kisumi haciéndole apretar los labios, morderse el infierior y arquearse provocativamente contra él. Miradas fugaces y ardientes, susurros casi inaudibles y suspiros que aumentaron cuando Himuro rozó con los dedos la ebilla, cuando esta cedió cuando el botón y el zipper fueron descolocados y la mezclilla fue arrancada de las largas y pálidas piernas de Kisumi.

Sus manos ascendieron por las extensas extremidades repartiendo besos húmedos en estas hasta la orilla del bóxer, encima de este, pasando por el ombligo y retornando al pecho. Sus labios se encontraron nuevamente en una danza hipnótica mientras las manos de Kisumi le acariciaban la espalda tan suave y firme, se perdía entre sus cabellos, en sus brazos, en esa cintura. Himuro se separó, sonrió ladino y lamió dos de sus dedos indicándole que hacer. Acto seguido los puso en los labios de Kisumi y este los aceptó lamiéndolos de igual forma, degustándose eróticamente, mordiendo por momentos mientras emitía una risa suave.

Esos dedos delinearon un poco el pecho de Kisumi hasta que se colaron a través del elástico de la prenda interior y apoyándose con la otra mano la arrebataron solo un poco para darse espacio, para palpar esa zona mientras observaba su expresión impaciente, el puchero entre infantil y necesitado del pelirrosa. Un dedo buscó abrirse camino, después de una espera en la que rozaba sus paredes internas este llegó profundo. Himuro le besó las piernas mientras sacaba y volvía a meter su extremidad hasta que otra le acompañó acostumbrandole, haciéndole gemir con los mofletes rojos.

Tras una serie de masajeos en aquella cavidad extrajo los dedos, le arrancó el bóxer y se pso entre sus piernas acariciando las mismas, viéndole muy excitado, viéndose muy excitado. Himuro se mordió el labio inferior mientras desabrochaban su propio pantalón y lo bajaba junto con el bóxer , lo suficiente para dejar a la vista de esos ojos purpuras. Entonces el calor invadió las mejillas de Kisumi, una sonrisa divertida y sensual salió de los labios de Himuro mientras le levantaba las piernas un poco para estar más cómodo, para buscar una manera de hacerlo sentir. Le rozó un par de veces hasta que decidió entrar lento, paciente, sintiendo el calor de Kisumi recibirle la erección. Este temblaba, se aferraba a las cobijas soportando la intromisión y tomaba aire hasta sentirlo totalmente adentro, hasta que acostumbrado asintió para que continuase.

En un principio eran suaves envestidas en las que Himuro le acariciaba hasta donde las manos alcanzaban pero poco a poco estas subían de tono al igual que sus gemidos, al igual que el rechinido de la cama, al igual que el golpeteo de sus pieles al chocar. Kisumi se arqueó sintiendo el placer invadirle hasta las puntas de los pies, se puso de lado aferrándose a la almohada de la cama mientras Himuro quedaba por demás impresionado con la belleza que era Kisumi. A pesar de ser más alto que él no era para nada como el estereotipo típico de activo de grande altura si no que ese chico, gimiendo contra las telas con los ojos apretados y las orejas rojas era novedosamente sumiso.

Lo hizo girar, lo acomodó suavemente contra la cama y así Kisumi pegó el rostro totalmente a la almohada y apretó las telas cuando nuevamente sintió a Himuro entrar en él, volver a estar unidos mientras despacio gemía su nombre. Le acarició la extensión de la espalda mientras arremetía contra él hasta que su cuerpo tembló, hasta que apretó un poco los labios sin soportarlo.

—Tatsu….—Kisumi tembló, emitió un gemido más sonoro manchando las cobijas del blanco de su esencia. Himuro sintió aquella contracción, el temblor en el otro y dejó escapar el liquido en su interior, en parte de su espalda viendo algo sorprendido lo ocurrido. Lo había hecho con él, no era tan raro de digerir, tampoco es que lo estuviesen planeando o algo similar es solo como todo lo que hubo entre ellos, tan natural, tan espontaneo y tan perfecto. Kisumi cayó agotado contra la cama no importando las manchas en su espalda mientras miraba a Himuro acomodarse el bóxer y el pantalón, recostándose a lado de su cuerpo desnudo.

Le acarició, los cabellos, le besó la frente, le hizo sentirse amado. ¿Cómo podía pensar Himuro que dejaría ir a alguien así? Kisumi estaba enamorado de ese chico y de todo lo que representaba.

Con un beso en la frente supo que no era el único que pensaba de esa manera.