Wooola. Aquí traigo el penúltimo capitulo de esta historia inesperadamente larga -para mi- . La verdad no pensé en escribir tanto y me alegra la aceptación que tiene. No lloren por que esto termine...vienen nuevos proyectos de Free! Así que arriba esos ánimos y disfruten.

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Ese día Makoto había estado charlando con Haruka durante toda la tarde, justo como los días en que estaba en Iwatobi, como si nada pasara. El azabache había cocinado para él y Makoto hablaba de cosas mientras el otro le escuchaba atento, omitía temas como Tokio para no incomodarlo, siempre pensando en él, siempre…

Salió de la solitaria casa de Haruka en la tarde noche y caminó por las escaleras de madera. Se encontraba cabizbajo, taciturno, se sentía como si nunca hubiera huido de Iwatobi, como si todo su esfuerzo por dejar ir ese pasado hubiera sido en vano. Ahora había retornado mendigando un poco de la atención que Haruka le había negado en el pasado y sorpresivamente ahora parecía el azabache el más necesitado de él.

¿Eso estaba bien? ¿No era lo que siempre había querido? Lo era más no lo disfrutaba.

Tomó un respiro mirando el cielo nocturno extenderse encima de su cabeza y como este se perdía ante el horizonte del mar bajando la pendiente. Iwatobi era hermoso, estar con sus amigos era hermoso y podía admitir que todo superaba por mucho a las atestadas y complejas calles de Tokio, a sus avistamientos con edificios, ruidos y gente pero ¿Por qué añoraba esos días frente al balcón de ese apartamento? Casi como una memoria recordó el balcón de a lado donde los cabellos del pelirrojo ondeaban con el suave viento nocturno, con sus sonrisas efusivas y su forma tan masculina de hablar.

Eso extrañaba de Tokio, extrañaba algo que no había planeado y sin embargo ahora yacía anclado en un rincón importante de su cabeza. Ahora esa persona estaba ahí, en Iwatobi, ahí como un espejismo apenas escalones abajo mirándole fijamente con esos orbes rojizos como el fuego y ese porte serio que mostraba pocas veces, solo cuando era determinado, solo cuando estaba muy concentrado.

Makoto abrió los ojos sorprendido y volvió a entrecerrarlos mientras bajaba los escalones y sentía como paso a paso su corazón latía un poco más fuerte ¿Qué era Kagami Taiga para él? ¿Por qué la vida lo llevó a conocerlo? Sentía en aquel chico una señal, una salida, una alternativa, una escapatoria ante la ola que le arrastraba a repetir el ciclo con Haruka, a volver a esos días y enterrarse en ellos, a ser el incondicional de alguien como el ojiazul, a darlo todo y no recibir nada.

Siempre, siempre…

¿Tomaría ese camino?. Pausó sus pasos apenas tres escalones arriba mientras, ya más cercanos, sus orbes verdes y rojos se fijaron el uno en el otro. Kagami metió sus manos dentro de sus propios bolsillos con cierto desinterés, o al menos fingiendo estar desinteresado, y emitió un leve suspiro para romper la tensión, para que el otro se dignara a hablar.

—¿Paseo nocturno? —preguntó Makoto con una leve sonrisa, una que mostraba cierto aire de tristeza. Kagami miró ladino a otro punto y le hizo una seña para que le siguiera sin volver la vista al más bajo. Descendieron las escaleras que faltaban y llegaron hasta la costa sin decir más. Los tennis se quedaron tirados en una parte de la playa mientras la arena se les pegaba en los pies.

Kagami se dejó caer de sentón sobre la arena y miró el mar oscuro de la noche, Makoto recordó temer a esa bestia actuatica por la gente que año a año, día a día se traga más eso no era importante, sus miedos se habían disipado un poco ante el nervio de la situación, de saber que era hora de decidir entre su pasado y su ahora. Se sentó a lado del pelirrojo escuchando las finas olas, enterrando sus pies en la arena, ordenando sus ideas.

—Iwatobi es genial… es mejor que Tokio o que Estados Unidos…la gente se conoce y el clima es…—Kagami hizo una pausa tomando una gran bocanada de aire —no es un lugar para gente como yo…—ríe divertido, Makoto le imita.

—Cuando te acostumbras a las grandes ciudades un pequeño pueblo como este es aburrido…pero en mi caso es al revés… yo —guardó silencio un momento, un silencio sepulcral y lastimero al verse sincero ante sus emociones.

—Si realmente eres feliz aquí no dejes escapar la felicidad, Makoto —el ojiverde abrió los ojos sorprendido. ¿Felicidad? ¿Su felicidad estaba en un lugar o a lado de alguien? La pregunta era cada vez más clara, la diferencia se remarcaba — Cuando dejé Estados Unidos fue porque mi felicidad era el basquetball y no importa donde esté …el me seguirá.

—Taiga…—dijo suavemente. Sus manos tocaron la fría arena y pensó, pensó por largo rato si acaso su felicidad lo seguiría a donde fuera. Haruka no lo haría y sin embargo Kagami…él estaba ahí ahora.

—L…lo que quiero decir es que la felicidad la construyes tú mismo no importa el lugar donde estés por lo que….—hace una pausa corta lo suficiente para crispar los nervios de Makoto —si has construido tu felicidad aquel entonces permanece aquí….

Makoto no responde a ello, ni siquiera está seguro si haya una respuesta a ese argumento, algún contra argumento o algo similar. Se limita a desenterrar sus pies en la arena y a percatarse de que las noches frente al mar resultan frías inclusive en verano, tan frías que le hacen temblar un poco. Cierra un poco los ojos, piensa en lo que le hace feliz y se descubre a él mismo en ese instante en donde sus amigos de Tokio y sus amigos de Iwatobi están bajo el mismo cielo. Si las distancias no existieran Makoto podría sentirse pleno y no habría cosas como decisiones y dolor… aunque luego recapacita y se da cuenta que es una gran mentira, que aun con Haruka y Kagami bajo una ciudad tendría que verse decidiendo sobre a quién dejar atrás y en quien enfocarse.

Todo se resumía en ellos dos, en los momentos en que cada uno se volvió su persona especial.

—¿Tu….construiste tu felicidad ya? ….—Kagami frunció el ceño y rio muy apacible.

—Si respondo eso sería como pasarte la respuesta del examen —Makoto rie de igual forma ante la comparativa pero tenía tanto de razón. Ambos andando por el mismo camino en diferentes lugares y ahora encontrándose en ese instante. A pesar de ello Kagami parecía haber encontrado una verdad que Makoto aún no descubría, parecía inesperadamente más confiado en su conocimiento con respecto al tema de decidir un futuro, una meta.

—Temo que cuando sepa la respuesta sea tarde…—emite cabizbajo, el tiempo anda y por nada se detiene, lo sabe bien y las cosas se tornan peor ante la última frase de Kagami.

—Mañana volveremos a Tokio…por eso quería hablar contigo hoy para decirte….—su mirada se fija en él de una forma tan penetrante que se graba en la mente de Makoto —que donde decidas estar, donde sea que esté tu felicidad nosotros lo comprenderemos…

—Taiga….—el pelirrojo habló en general, tal vez por timidez a admitir que esos sentimientos eran propios pero Makoto admiró su falta de egoísmo, su bondad al pensar en él.

—No es el fin… volveremos …Kisumi ha amenazado con traernos en vacaciones de invierno —Makoto vuelve a reir divertido, parece que con eso cae en cuenta que Kisumi ha arreglado las cosas en casa.

—Lo siento por hacerlos pasar por esto yo…debí decirles lo que pasaba aunque eso…—se avergüenza y baja la cabeza, Kagami lo entiende.

—Es personal y nos metimos demasiado…

—Tienes derecho a 'meterte' en ello después de todo… —Kagami abre los ojos sorprendido, Makoto miró a otro punto pero puede notar el rojo de sus orejas ¿Acaso es lo que pensaba? ¿De alguna manera Makoto se enfrentaba a los mismos sentimientos confusos? Kagami aclaró su garganta y decidió hablar.

—Mi felicidad…—susurró mirando en otra dirección, cada quien viendo al lado contrario —la encontré hace mucho cuando jugaba básquet, cuando estuve en Seirin, cuando me vi enamorado… —Makoto baja la mirada, sabía que eso era verdad pero dolía escucharlo —pero… no solo se es feliz una vez en la vida y siempre se encuentran muchos caminos a la felicidad…

Aquella era la respuesta que Makoto rebuscaba, o algo así. Se había enfrascado en pensar que solamente estando tras de Haru estaría bien, que eso era lo único que podía hacer, que estaba destinado para que su vida se basara en eso ¡Pero no era así! La felicidad se puede reconstruir, volver a hacer un camino para llegar a ella, conocer el amor nuevamente y tener nuevas metas. Cuando lo que pensabas que era perfecto como estar en Iwatobi, comer caballa y ver las estrellas con tus amigos es genial más la ambición te gana, quieres aún más que eso, es entonces cuando una nueva brecha muestra que más allá de donde tus ojos ven también hay felicidad…

De Makoto dependía emprender el camino o seguir en su estado de confort mientras su actual sonrisa se disipaba ante la rutinaria vida de Iwatobi. Solo había una pregunta que responder, una más.

—Bueno, es hora de volver … —Kagami estira los brazos dispuesto a levantarse —ya he dejado mucho tiempo solos a Himuro y Kisumi…por cierto tus sospechas eran ciertas —Makoto no se sorprende, más bien parece perdido en sus propios pensamientos mientras se levantan y se sacuden la arena de las ropas.

—Ya veo…—solo dice no muy emocionado haciendo que Kagami alzara una ceja.

—¿Todo bien? —Makoto le mira fijo, ahora es él quien luce más determinado y toma aire como si estuviera a punto de nadar, tomando valor de su pecho.

—Yo solo necesito saber algo… —una leve pausa, un instante de tiempo que se pierde entre las olas, un susurro que se pierde entre el paisaje. Inaudible a unos metros pero bastante sonoro para Kagami quien abre los ojos y siente el ardor en sus mejillas al igual que el que posee Makoto. Repentinamente el frio de la costa se diluye con la calidez del instante y se siente como los atardeceres de verano.

Un pequeño paso, la iniciativa es de Makoto quien aproxima su mano a la mejilla del pelirrojo, le toca solo con las yemas por miedo a ensuciarle pero el tacto es suficiente para hacerle temblar. Entrecierra los ojos cuando le tiene suficientemente cerca y su última imagen, lo último que sus ojos ven es ese cabello verde olivo, no castaño como pensaba, sino una tonalidad compleja y que brilla bajo la luz de la altiva luna.

Suave, húmedo y emocionante. Un beso que le roba el aliento, que le hace recordar al primer beso que había dado pero que es aún más hermoso que ese pues el momento es único, la persona es maravillosa y sentir curiosamente indefenso ante alguien, algo más 'pasivo' por llamarlo es refrescante. Ahí bajo la luna donde el mar choca en la orilla ocurre la magia de un beso, un beso que le da respuestas a Makoto.

—Gracias….—susurró separándose de él — Gracias por todo….

Al instante siguiente Kagami se encontraba solo frente al mar algo desconcertado, confuso ante la lluvia de pensamientos que taladraban su mente de una forma cruel. Lo que había sido el más dulce de los besos ahora sabía algo amargo ¿Por qué irse? ¿Por qué dejarlo con la duda en los labios? Ahora el frio volvía a su cuerpo, ahora solo quedaba hacer las maletas y volver dejando atrás Iwatobi.