Este es el capitulo final de la historia. La verdad no pensé que fuera a tener tantos capitulos por que todo empezó como una broma pero resultó entretenido y no quise abandonar el proyecto. Espero que lo hayan disfrutado y les agradezco sus comentarios, todos esos reviews y buenas vibras. Nos estaremos leyendo el próximo año con nuevas historias. MIL GRACIAS POR LEER.

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El día de retornar a Tokio había arribado. La familia de Kisumi estaba junto a los tres jóvenes viajeros arreglándoles las ropas como si fueran pequeños. Hayato, en un enternecedor puchero, se aferraba de las ropas de su hermano, esta vez no podría volver con ellos.

—Hayato…promete que te portarás bien…—el pequeño seguía cabizbajo arrugando las ropas de su hermano mayor.

—Hermano…no te vayas….—lloriqueó suavemente —mamá y papá están juntos…quédate tú también…

Y es que apenas pidieron a Kisumi que permaneciera con ellos le anunciaron que las cosas entre ambos habían mejorado desde que habían permanecido solos en casa. Extrañaban a Hayato y externaron su deseo a Kisumi de que ambos se quedasen más el pelirrosa tras pensarlo minuciosamente decidió que lo mejor para Hayato es que permaneciera en Iwatobi. Es cierto que lo iba a extrañar, igual los chicos, pero tampoco quería ser una 'carga' para todos dándoles responsabilidades que no les concernían. Claro está, que después de contarle a Hayato que no volvería a Tokio, este se sintió entristecido.

—No llores, Hayato…te prometo que volveremos para Navidad y cuando hayas terminado la primaria podrás ir a quedarte conmigo…—le limpió una lagrimilla que corría por la mejilla, el pequeño se abalanzó a abrazar a su hermano mayor y confió en su palabra mientras Himuro y Kagami observaban la escena.

—Tigger…—emitió Himuro a su lado en un susurro. Una pregunta silenciosa que fue contestada con un suspiro, no había seña de Makoto y es posible que su decisión fuese permanecer ahí.

Subieron al tren y alzaron la mano despidiendo a la familia que les hospedó mientras poco a poco emprendía marcha dejando atrás todo lo que es Iwatobi, dejando atrás a Makoto. Era lo mejor, el chico había construido ahí su felicidad. Y es que en la vida todo para bien o para mal ocurre. Supuso de su encuentro con Makoto era una llamada de atención para dejar de enclaustrase en un pasado lastimero y mirar más allá del presente aunque él no estuviera ahí…aunque Makoto estuviera kilómetros lejos de él.

La puerta del apartamento se abrió y el ruido de las llaves, las bolsas cayendo el suelo y un Kagami lanzándose al sillón exhausto por el largo viaje se hicieron presentes. Abrazó una de las almohadas del mismo mientras apretaba los ojos intentando disipar el cansancio, el dolor. Himuro suspiró levemente mientras tallaba sus negros cabellos y se aproximó a su hermano con preocupación.

—Voy a pasar un rato con Kisumi ¿Estarás bien? —Kagami sonrió para que no se preocupase.

—Dale un respiro, hombre….estaré bien, tampoco me voy a morir —dice acomodándose de nueva cuenta en el sillón mientras Himuro asentía.

—Si necesitas algo llámame… —y tras decir eso solo se escuchó la puerta de la casa cerrarse. Repentinamente sintió que todo estaba tan vacío y silencioso, que vendrían más días así de solitarios en donde todos habían encontrado un lugar en el mundo al cual pertenecer, una persona especial excepto él y posiblemente un indeciso Kuroko con quien debía aclarar las cosas.

Sacó su móvil del bolsillo, no había mensaje alguno y, aunque quisiera arreglar todo de frente pocas ganas hay de verlo. Era fantástico como en el pasado Kagami Taiga se arrastraba y movía cielo, mar y tierra para poder estar aunque sea un segundo con el peliplatino más ahora no parecía un acto relevante, ahora estaba decidido a dejarle pasar.

"Te debo una respuesta con respecto a la última vez….¿Está bien que lo diga de esta manera? Parece indigno…"

Envió aquel mensaje recostándose de nuevo en el sillón con el brazo cubriéndole los orbes. El teléfono tardó apenas unos segundos en vibrar a señal de respuesta y lo sujetó entrecerrando los ojos para intentar leer el mensaje.

"No creo que pueda exigir dignidad después de todo, Kagami-kun…fui yo quien se ha tardado en elegirte a ti así que estoy preparado para lo que sea de la forma que sea"

Elegirlo a él… ¿Cuántas veces había esperado escuchar o leer aquellas palabras? Tantos años de historia debatiéndose y luchando contra los fantasmas del pasado de Kuroko, intentando derrotarlos y ganarse su corazón. Ahora él era el vencedor pero ahora no estaba muy seguro de querer serlo, de querer aceptar los sentimientos del peliceleste. Suspiró texteando de nueva cuenta una respuesta concisa y certera, no era hora de flagelar o tener lastima, ni piedad. La claridad era algo que Kuroko merecía, él no actuaría jamás como lo hizo el peliceleste, jamás lo dejaría a la espera de elegir algo o alguien porque sabe lo horrible que era no estar seguro si tu posición era "el elegido" o "el otro".

"No sé cuánto tiempo esperé a que de alguna forma me aceptaras más ahora no puedo corresponder tus sentimientos… esta es una decisión que he tomado por mi cuenta"

Aún no tenía entendido por que esclareció lo último pero el sueño empezaba a vencerle igual que el cansancio. Un último mensaje le hizo reaccionar removiendo la cabeza para levantar nuevamente el móvil a la altura de los ojos. Sonrió ladino ante la respuesta de Kuroko, al fin sentía que esas cadenas que le ataban poco a poco se disolvían y daban paso a lo que nuevamente era una amistad que hacía años habían estancado.

"Si eso te hace feliz está bien. Espero poder seguir visitando Maji contigo y que el tiempo todo lo disipe… gracias Kagami-kun"

Y con ello el pelirrojo cayó en un sueño mientras su móvil caía al alfombrado. Habían sido unas semanas difícil entre el accidente, el viaje y que pronto tendría que retornar al trabajo y a la escuela. El cansancio físico y emocional era demasiado por lo cual agradecía que por primera vez pudiese dormir como nunca. Había aclarado las cosas con los protagonistas de su historia y sin uno ni otro podría seguir, buscar algo más allá.

Un ruido hueco le hizo abrir los ojos un poco, la luz era escasa y los ruidos de la ciudad se colaban a cuenta gotas por la ventana. Kagami se talló los orbes y vio su móvil en el suelo más cuando se disponía a levantarlo nuevamente el ruido hueco le hizo entrar en razón, la puerta estaba sonando. Posiblemente Himuro había olvidado las llaves pues al ver silencioso el departamento concluyó que aún no regresaba. Arrastrando los pies que ahora solo portaban calcetines fue hacia ella y tomó la chapa abriéndola lentamente.

Ahí estaba él. Sus maletas a los costados y ese cabello castaño peinado de forma casual. Sus orbes verdes y una estatura similar, la sonrisa de ángel que lucía temerosa ante él y el reflejo de la vergüenza y cierto arrepentimiento en sus expresiones. Kagami estaba confuso, pensaba que Makoto se había quedado en Iwatobi más sin embargo ahora estaba ahí de pie en el iluminado pasillo del complejo de habitaciones. El pelirrojo abrió la boca sorprendido y Makoto emitió una suave risilla.

—Quise entrar al apartamento pero creo que ellos…—dijo señalando a la puerta y guardando silencio, un silencio sepulcral — …lo siento, Taiga.

—He…¿Por qué te disculpas? —dijo el pelirrojo bajando un poco la vista.

—Yo realmente lo pensé bien y fue difícil hacerle entender a él que estaba agradecido pero que ya es pasado… yo quiero ver al futuro ahora —Kagami alzó la vista volviendo a esos orbes verdes y sintió sus mejillas arder considerablemente.

—Makoto yo…—fue interrumpido de nueva cuenta por el castaño quien en un arranque de valor expresó su deseo.

—Quiero que seas mi futuro…—Kagami contuvo la respiración por un momento y acto seguido tomó a Makoto de la camisa para estampar un beso en sus labios. Estaba avergonzado, ambos lo estaban pero ya hacía tiempo que realizar ese acto les carcomía internamente. Kagami hizo mohín para atraerlo dentro del apartamento pero antes Makoto tomó los maletines que yacían en el suelo y los lanzó tan pronto puso un pie en el departamento siguiendo los besos del pelirrojo mientras ambos parecían nerviosos, torpes, caminando entre tropiezos por el lugar aferrándose a las prendas del otro.

Tomaron aire un momento mientras sus miradas volvieron a cruzar en medio de la oscuridad del cuarto. Kagami no sabía a ciencia cierta cuando había dormido pero la noche parecía haber arribado y Makoto estaba ahí …quería saber que no estaba soñando, quería estar seguro. Sintió las manos del castaño aferrarse a su espalda baja robándole un respingo mientras un nuevo beso lo hacía caer en sus redes y dando un par de pasos desiguales le empujó un poco para que ambos cayeran en el sillón.

Kagami suspiraba encima de él, sus cabellos rojos caían un poco mientras Makoto observaba expectante con un temblor adorable en sus manos. Nuevamente besos intensos hicieron acto de presencia invitando a Makoto a acariciarle la extensión de la espalda, un poco más abajo también.

Se sentía algo embriagado, fuera de sí, pero no era de extrañarse tanto si la edad, los cuerpos y ese amor admitido les estaba gritando más y más. Algo ingenuos más no indiferentes a esa clase de actos siguieron conociéndose, jalando las ropas, haciéndolas caer en el suelo y sintiendo la calidez del otro rozar con la propia. Su pecho unido al del castaño, sus ojos cerrados sintiendo esos besos en sus mejillas y esas manos recorrerle la espalda, vistiendo ambos solamente el pantalón, escuchando solo sus suspiros y yendo lento. La noche es joven y el futuro se construía poco a poco.

—¿Estás bien con esto? —preguntó Makoto consideradamente, no daba pasos presurosos sin saber si el otro lo aceptaba.

—Estoy bien…—dijo cerrando los ojos para recibir otro beso en los labios, sintiendo como Makoto le giraba poco a poco para cambiar la posición y quedar encima de él. Sintió como le besaba el cuello, los hombros, el pecho, el alma. Suspiros suaves contra la nada mientras las manos indecisas del castaño buscaban desprender el pantalón robándole una risa a Kagami —¿Nunca has hecho esto antes?...

—Si… pero supongo que es diferente yo —sonrió feliz inclinando para besarle más abajo del pecho, Kagami entendió esa sensación que tenía Makoto de entregar aquello a alguien que sentía lo mismo, a alguien que le amaba igual.

Las prendas siguieron cayendo y las caricias subiendo de tono, volviendo al descontrol inicial mientras los ruidos de sus gemidos y suspiros rompían el silencio de la habitación, mientras sus manos presurosas buscaban tocarle más, escuchar más de él. Kagami arqueaba la espalda mientras la mano de Makoto le tocaba aquellas partes sensibles, se mordía el labio y volvía a gemir sin consideración apretándole los hombros, encajando los dedos en la piel y enrojeciéndola suavemente.

Y sus orbes volvieron a cruzarse, Kagami asintió en seña de confirmación mientras lentamente uno de los dedos de Makoto se abría paso. Era doloroso, vergonzoso, inusual pero mágico. Sollozó un poco apenándole aún más y se contuvo al instante siguiente deseoso de que Makoto dejara de verle con esa expresión de preocupación pero a su vez quería que le viera más pues aquello parecía cobrar efecto en el cuerpo del castaño. Kagami respingó cuando aquel dedo tocó puntos sensibles, cuando empezó a moverse y otro más le acompañó, cuando sentía placer y no más dolor. Entonces, ya preparado para aquello, Makoto se colocó entre sus piernas y besándole la mejilla empezó a ser uno con él, a entrar poco a poco. Kagami se perdió una vez más aferrándose al otro, enredando sus dedos en el cabello castaño y rodeándole con las piernas.

El sillón era pequeño para los dos cuerpos pero se las ingeniaban para no caer y más aún cuando el vaivén empezó, cuando Kagami demandante se empezó a mover contra él suspirando con calidez en su hombro, viendo lo rojo de las orejas de Makoto quien seguía luciendo nervioso, enternecedoramente nervioso. Suspiró feliz, sonrió ladino y complacido de entregarse a aquel chico, de saber que Makoto era a quien había elegido.

Gimió su nombre recordándole que estaba ahí, que era él, que eran ambos los que estaban amándose. Aquel lugar donde ellos se conocieron, aquellas conversaciones y momentos, la lucha por crecer y superar lo que creían insuperables culminaba ahí. Kagami empezó a temblar apretando los labios y emitiendo un gemido sonoro el cual Makoto disfrutó terminando en él, sintiendo como Kagami se estremecía, como apretaba los ojos para abrirlos levemente observando a Makoto por encima, sabiendo que era real, que le amaban y amaba genuinamente. Cerró los ojos cayendo en un sueño mientras un dulce beso en la frente era su "Buenas noches".

Unos tenues rayos eran más molestos de lo pensado sobre todo si se plasmaban en su rostro. Kagami apretó los ojos y los abrió lentamente digiriendo la realidad. Ya no estaba en Iwatobi, estaba dormido en el sillón de su apartamento y aquello hacia estragos a su espalda. Sintió una cobija cubrirle de la cintura para abajo y verse a sí mismo sin ropa le recordó y confirmó lo de anoche, no había sido un sueño. Se sentó de golpe pero el dolor en su cadera lo hizo caer de nuevo para después percatarse del ruido a una distancia corta de él. Ahí el olor a café y pan tostado se hizo presente terminando de despertarlo y la imagen del hombre perfecto, de su hombre perfecto, se dibujó en medio de la cocina.

—Buenos días… estoy preparando pan tostado yo…no se mucho de cocinar pero no creo que esto me quede tan mal —rio suavemente, Kagami se sintió afortunado— Himuro y Kisumi vendrán más tarde …

El pelirrojo se talló la frente y suspiró levemente. Makoto sonrió a él y caminó hacia donde estaba Kagami haciendo que alzara la vista. No fueron necesarias más palabras, la vida pintaría un hermoso camino para ambos. Un corto beso de buenos días y una risilla de enamorado fue suficiente.

Y así minutos más tarde los cuatro jóvenes estaban reunidos en la mesa. Parecía no haber pasado tanto tiempo desde que la vida cruzó sus caminos y sus curiosos y entrelazados destinos. Ahora, esa mañana que sabía a café y pan tostado era el comienzo de una aventura nueva, de nuevos romances y oportunidades. Aun cuando fuera poco peculiar parecía necesario hacerlo. Kagami alzó su taza de café y los chicos le imitaron chocándolas entre sí mientras emitía un claro.

—Gracias al pasado por darnos un futuro…—y tras agradecer y brindar con el amargo de la bebida mañanera aceptaron la segunda oportunidad que la vida les daba para perdonar el ayer y amar el mañana.

FIN