El final de Free frustró mi odio hacia Haru y me alegro ahora de que se fuera con Makoto pero no dejaré de lado este fic suponiendo de él un AU donde ambos siguieron peleados. Así que con esta aclaración espero que sigan disfrutando y gracias por el inmenso apoyo. Perdón por la demora pero tuve algunos inconvenientes durante dos semanas pero estoy de vuelta y traeré una actualización cada miércoles para llenar el vacío de Free. Disfruten.


Necesitaba de un trabajo de medio tiempo que además de dejarle un poco de dinero le diese satisfacción. Ese día en el periódico bajo la puerta notó algo increíblemente bueno, una buena oportunidad para trabajar con flexibilidad de horario y el lugar no quedaba lejano. Si las cosas se ponían tensas solo dejaría de trabajar para concentrarse en estudiar.

Pero Makoto no fue el único que notó tal anuncio. Por otro lado Kagami buscaba algo en que enfocar su mente mientras regresaban a clases y también mientras estudiaban para no pensar tanto en él. Y si además de todo ganaba dinero aquello sentaba de maravilla. Lo marcó con un plumón y tan pronto se arregló se excusó con Himuro y fue al lugar indicado.

La central de bomberos. El criadero más grande héroes en la ciudad de Tokio. Era tan inmenso e imponente que lo dejó boquiabierto. Entró al lugar y lo hicieron pasar a una oficina donde llenó su solicitud de ingreso, tuvo buen visto por quien le atendió alegando que ese año tenían buena calidad en sus reclutas, se veía a simple vista. Makoto agradeció el cumplido y pasó a la siguiente habitación donde habría de probarse el traje para iniciar una especie de examen de ingreso.

Le indicaron donde estaban las prendas en medio de esa habitación con lockers y demás así que siguiendo instrucciones abrió uno dejando sus pertenencias. Se fue quitando las ropas, había alguien más ahí y no dudó en saludar pero cuando el otro giró grande fue su sorpresa. El mismo pelirrojo de la casa de a lado, esos ojos rojizos como el fuego, esa piel morena clara y sin la camisa mostrando sus leves músculos, grande era Tokio pero pequeño el destino. Makoto iba a saludarle al fin pero la puerta fue abierta y un hombre robusto les miró.

—¿Están listos? Los necesito en la plataforma en 3—les reprendió y los dos asintieron cambiándose al traje de bombero a prisa para salir corriendo torpemente. Se pusieron de pie sintiéndose como en la milicia mientras el campo de pruebas estaba frente a ellos, una serie de obstáculos diversos que deberían atravesar a velocidad eso incluía escalar, tirar una puerta de madera y demás. Parecía más un programa de retos que un examen.

A la orden del hombre se pusieron en marcha pasando uno a uno los obstáculos, algunos de los aspirantes se quedaban a medias pero Makoto y Kagami siguieron hasta el final. Ahí, en la amplia pared sin forma de sostenerse ambos se miraron, eran los únicos dos que quedaban y entonces sin decir una palabra Makoto le sirvió de soporte para que Kagami subiera por la pared llegando al objetivo de la prueba. Todos aplaudieron, había sido un buen tiempo de forma tal que Makoto recordó la natación en Iwatobi, el trabajo en equipo.

El hombre les felicitó por el buen trabajo y después de algunos test psicológicos y demás formalidades terminaron los exámenes. Aún faltaba un par de semanas para entrar a la universidad y pensar que ya estaban en pruebas. Salieron de la central de bomberos agotados tanto físicas como mentalmente y con un hambre fatal. Todos los demás chicos se fueron por su lado y ellos dos se quedaron ahí en ese lugar.

—Makoto Tachibana —dijo rápidamente el castaño sorprendiendo a Kagami.

—¿Eh?...

—No había podido presentarme antes, lo siento —dijo extendiendo la mano al otro. Kagami sonrió y estrechó su mano también.

—Soy Kagami Taiga, el vecino de a lado y con suerte compañero de trabajo —Makoto tuvo esa sensación de que encontraría en aquel chico de sonrisa curiosa y cejas graciosas a alguien especial y único, tanto en común no debía ser coincidencia.—Hey ¿Te parece ir a comer? Yo invito.

—Oh bueno, no quiero molestar y…

—De eso nada, vamos —le dio un par de palmadas en la espalda y Makoto avergonzado le siguió hasta MagiBurguer el lugar favorito de Kagami que, aunque estaba lleno de recuerdos, no dejaba de agradarle el sabor de aquellas hamburguesas.

La sorpresa de Makoto fue encontrarse ante una montaña de hamburguesas pedidas por el pelirrojo y como este las comía sin problemas mientras él solo había pedido un par. Era un curioso cambio de actitud pasar de ser el chico de mirada triste a uno muy animado y devorador de hamburguesas.

—¿Tienes mucho tiempo viviendo en Tokio?—preguntó Kagami captando la atención de Makoto.

—¿Eh? No, yo recién llegue de Iwatobi…planeo estudiar la universidad aquí —Kagami le escuchaba atento.

—Ya veo ¿Qué universidad cursarás? —preguntó terminando la octava hamburguesa mientras que el otro ya se había llenado desde hacía un rato.

—En la Universidad Principal de Tokio—Kagami tosió un par de veces y se golpeó e pecho preocupando al castaño —¿Kagami-kun?¿Está bien?

—Si…solo…—tose un par de veces y empieza a reír—es como si nos pisáramos los pasos, yo también cursaré ahí— el castaño se sorprendió, ¿Acaso la vida le estaba diciendo algo? —No me digas que juegas básquet?

—¿Eh? No, yo soy nadador —contestó.

—Hubiera sido mucha coincidencia —ambos asintieron. En ese momento iba a mencionar que Kisumi jugaba y recordó aquellas prácticas a las que el chico le invitaba. Aunque era bueno en el deporte no le apasionaba como sumergirse en el agua y nadar.

Ese día se fueron a casa caminando juntos mientras hablaban de sus años en preparatoria y como curiosamente ambos habían llegado a un torneo importante. Entonces Kagami dudó en su andar y Makoto le notó deteniéndose junto con él. Ahí en el parque estaba una pareja hablando frente a frente. Makoto pudo reconocer a uno de ellos por sus característicos cabellos celestes que apenas alcanzó a ver un día antes. El otro era más alto y moreno, casi del tamaño de Kagami.

Vio cómo se aproximaban amenazadoramente entre ellos para darse un beso y Kagami decidió girar la mirada, si era muy fuerte pero no tanto para soportar eso y empezó a partir su camino en dirección contraria a ellos. Makoto le siguió de cerca intentando detenerle.

—Kagami-kun, espera Kagami-kun —el pelirrojo se detuvo y se soltó de su agarre girando estrepitosamente.

—No me llames así…. No me llames de esa manera…—aquella era la forma en que él le llamaba y dolía escucharlo, era como un pinchazo en el pecho.— Por favor… ya no quiero seguir así….

Aquellas palabras, esa actitud, toda esa tristeza que retornaba a los ojos de Kagami le hicieron recordar un poco a él antes de irse de Iwatobi, ese deseo de huir y olvidar, de crecer y superar, de dejar de estar tras la sombra de alguien que ni siquiera te considera, que tiene sus propias ideas y vivir acoplándose a ellas, a su voluntad. Vio en Kagami esa debilidad, tal vez no los mismos problemas pero si una sensación de desamor que emanaba de él. Lo abrazó en plena calle sorprendiéndolo, haciéndolo avergonzarse porque todos los que pasaban le miraban.

—Hey…todos nos están viendo… —dijo con el rostro rojo como su cabello hundido en el pecho de Makoto, sintiendo su aroma dulzón, una sensación nueva pues nunca había abrazado a alguien más grande que él, más fuerte tal vez, más suave igual.

—Lo voy a seguir haciendo hasta que te tranquilices…—Makoto pensó en ese momento que algo así debió hacer con Haru cuando se puso iracundo pero este le había empujado con fuerza y, a diferencia de Kagami, sus palabras hacían dolido. Kagami en cambio solo se quedó estático y tenso ante un abrazo y un consuelo que tal vez necesitaba desde hace mucho tiempo y nadie se lo había dado —¿Mejor?

—Taiga….puedes llamarme Taiga si quieres —dijo mientras Makoto lo soltaba del abrazo con una sonrisa adorable en el rostro y el otro bajaba la vista aún más apenado. No podía creer que en su segundo día en Tokio había hecho un amigo tan increíble y sincero, que este por accidentes o tropiezos le había mostrado cosas que tal vez nadie más había visto.

Kagami era un ser maravilloso con fuertes sentimientos como si se tratasen de una estampida.

Tuvieron que tomar la ruta larga para no toparse con esa escena nuevamente pero llegaron a casa. Ahí cada quien en la puerta de su apartamento se miraron y una sonrisa de agradecimiento curvó los labios de Kagami. Cuando iban a despedirse el grito de alguien familiar se escuchó desde la casa del pelirrojo. Los dos jóvenes se miraron y a prisa entraron a la casa de Kagami que estaba en una penumbra sepulcral y solo el brillo del televisor iluminaba la pieza. Entonces prendió la luz y Kisumi volvió a gritar como mujer en centro comercial con rebajas.

—Me dieron un gran susto —dijo el pelirrosa bajo una manta temblando, a su lado Himuro le daba palmaditas en la cabeza avergonzado por la actitud del otro.

—¿Kisumi? ¿Qué haces aquí? —el chico miró a su amigo y a tropiezos fue hacia él cayendo enrollado en la cobija.

—Makoto, sálvame… o quiero morir —dijo el alto.

—Veíamos películas de terror, parece algo asustadizo ¿Quieren verlas también? —Kagami sonrió gustoso de ver pero Makoto recordó que él era un poco o bastante más miedoso que su amigo así que negó rotundamente.

—No, yo tengo que ir a dormir…diviértanse ustedes—se excusó retrocediendo mientras Kisumi se quedaba en el piso aun enrollado en la cobija sintiendo la traición de su amigo. Larga fue su tortura hasta que terminó la película y al fin arrastrándose se fue a su apartamento prometiéndose dormir con las luces prendidas.

Himuro y Kagami recogían todas las botanas mientras reían tras recordar los gritos de Kisumi, hasta entonces Kagami no sabía que Makoto compartía apartamento con alguien y tal vez fue un simple detalle que el otro accidentalmente omitió. Entonces se hizo una pregunta mental que no tardó en exteriorizar.

—¿Crees que ellos estén en una relación? —Himuro detuvo su labor y se extrañó de que su hermano preguntase algo así tan abiertamente puesto que él no era la clase de personas que iniciara una conversación sobre amor así como así.

—No se lo pregunté pero es posible —contestó Himuro con naturalidad mientras se preparaban para dormir.

Al día siguiente Kuroko llegó a casa de Kagami. Cada que esto pasaba Himuro sentía esa tensión generada y a veces por molestar al otro no cedía y se quedaba en el lugar pero particularmente en ese momento no tenía ganas del enfrentamiento psicológico que tenía con el peliceleste así que disculpándose salió al balcón y miró a Kisumi ahí colgando el teléfono algo pensativo.

—¿Todo bien? —preguntó Himuro, el otro asintió.

—Mis papás está teniendo dificultades…—Himuro lo entendió —¿Qué hay de ti?

—Bueno mí no-cuñado me odia y cuando llega tenemos que mantener una sana distancia…—Kisumi rió por ello.

—¿Quieres brincar y venir del lado cool donde no está tu no-cuñado?—Himuro miró al precipicio y dudó.

—Es cierto que me desagrada al borde de querer morir pero no así…llegaré por la puerta mejor —Kisumi hizo un mohín de aprobación y a los pocos minutos el pelinegro se encontraba en la puerta.

—Bienvenido a la cueva —le invitó a pasar, aun había unas cajas por ahí regadas pero al menos los muebles ya estaban acomodados. —disculpa el caos, toma asiento ¿Quieres algo de beber?

—No te preocupes, estaré bien con una soda—Kisumi asintió y sacó un par pasándole una a Himuro —ayer me contabas que juegas básquet, sería divertido hacer un uno a uno.

—Sería buena idea…puedo invitar a Makoto y tú a tu hermano así sería un dos a dos —siguieron así charlando entonces Kisumi descubrió que ellos no eran hermanos de sangre si no de nombre, que ambos se criaron en Estados Unidos y que hasta hace poco vivía en otra prefectura pero por la universidad tuvo que mudar. Coincidentemente había sido reclutado por la misma universidad donde cursaría Makoto pero en el equipo de Basquet y justo ahí estaban Himuro y Kagami. Ahora los tres serían compañeros de equipo.

Recordó que en su tiempo intentó reclutar a Makoto para el equipo pero el chico se la pasaba girando alrededor de Haruka de una forma insana mientras el otro pasaba de él. Tras su reencuentro intentó ser amistoso pero el acuafilico le rechazó y con ello se ganó también una brecha e intento fallido para acercarse a Makoto.

Y es que parecía que ese chico estaba solamente monopolizándolo como si le estuviera sosteniendo los pies. Makoto tenía talento, de hecho pudo haber sido un gran jugador de básquet pero seguía nadando por él e incluso estuvo por dejar su meta de ir a Tokio por él pero necesitaba un impulso y no supo como pero lo obtuvo. Ahora esperaba que sus heridas sanaran y que fuera nuevamente el Makoto risueño dejando atrás la melancolía de un triste pasado que lo estaba lastimando.