Capítulo 1: "La vida en un palacio de hielo"

Despierto. Lo primero que pienso es que todo fue un sueño: la coronación, la revelación de mis poderes, la huida, el palacio, todo. Abro los ojos y me doy cuenta de la realidad: todo está hecho de hielo.

Las finas cortinas celestes de mi cama, las paredes hechas de hielo ahora algo amarillas por la luz del amanecer, la mesita de noche en la cual estaba el peine de hielo que hice la noche pasada para desenredar mi cabello al irme a dormir, todo. De repente sonrío al sentir nuevamente esa libertad que sentí ayer al huir de esa vida de prisionera que tenía sin poder mostrar mis poderes, sin salir de mi cuarto, solo estar viviendo día a día sin hablar con nadie aunque haya sido por el bien de todos. Me gusta la soledad pero no del modo que la viví los últimos 13 años. Pero al mismo tiempo las preocupaciones comienzan a llegar, ¿qué sucederá con Anna? Ella no sabe manejar un reino, es demasiado joven, se casará con Hans. Hans no le agradó mucho ya que se quería casar con su hermanita siendo ella tan joven, pero bueno esa era la decisión de Anna, por un momento fue suya pero no, ya no más cargos, ahora era libre de todo ese estrés.

Luego de estar ese rato pensativa me desperezo y me pongo el vestido de reina de las nieves y me peino con la clásica trenza francesa hacia la izquierda, al terminar mi estómago rugió exigiéndome comida. Era cierto no había pensado en eso que comería, pues claro uno al huir de una coronación luego de que todo el mundo piensa de que eres un monstruo como se le pasaría por la cabeza que rayos iba a comer.

Justo en ese instante se le ocurrió si podía crear tantas cosas con la nieve y el hielo, por qué no podría crear su propia comida, que importaba si su comida estaba fría, siempre le gustó así, al fin el frío es parte también de ella. Después de pensar en que quería desayunar: un chocolate frío, un sánduche, y unas galletas de trigo, las hizo primero de nieve, y luego de eso el mismo brillo que hizo hace tantos años justo antes del accidente, justo antes de que su felicidad se fuera de pique al vacio. La nieve en forma de comida se transformó en comida de verdad. Sonreí al ver de lo que yo era capaz de hacer con mi magia, aunque muchos me llamaran bruja, hechicera, monstruo, abominación no me importaba ya el pasado quedó atrás.

Comí tranquila, y en silencio tal como me habían enseñado mis difuntos padres, los cuales a pesar de todo me amaron pero sin saber el daño que me hacían a mí y Anna al apartarnos. Sentí por un momento rencor con ellos al recordar mi triste y oscuro pasado, pero había decidido perdonarlos por eso. Suspiro. ¿Ahora que voy a hacer en todo el día? Me pregunto. De repente surge una idea: que más iba a hacer que su hobby preferido durante 13 largos años: leer. Pero y ahora que iba a leer, al huir no había llevado nada consigo. Intento crear un libro de la misma forma que cree la comida pero la ilusión se acabó pronto porque el libro estaba en blanco. Desilusionada lo tiro hacia la cama. Y ahora que haría cuando estuvo encerrada al menos podía leer pero y ahora que iba a hacer… cuando todas mis ideas de diversión estaban perdidas llega una que podría ser mi salvación del aburrimiento total. ¿Y si en vez de leer escribía algo para leer?

Justo cuando se preguntaba con que iba a escribir unas plumas caen por la ventana que había dejado abierta para que entre la luz y un poco de aire invernal. Camino lentamente para ver que había hecho que esas plumas cayeran por la ventana y veo a un par de pajaritos tan blancos como la nieve, pero al fijarme bien uno estaba herido, y su compañero intentaba reanimarlo. De repente veo una sombra y alzo la vista al cielo un águila estaba al acecho de los pajaritos. Al percatarme del peligro, rápidamente cojo a los pajaritos con una mano y el águila que se percataba de todo se dirigió velozmente hacia mí. Sin pensarlo dos veces lanzo un rayo congelante hacia el águila y cierro los ojos sin querer ver lo que pasaría si el rayo no le daba.

Un golpe sordo me indica mi buena puntería. Abro los ojos lentamente y veo al animal congelado en el suelo con un paquetito atado a la pata, cuidadosamente abro el paquete el cual contenía varias plumas y tinteros cargados, al parecer esa águila era de las que enviaban productos ligeros y cosas así.

Emocionada por su nueva adquisición comienzo a escribir mi propia historia, de vez en cuando echaba un vistazo a los pajaritos, los cuales ya se estaban recuperando con los cuidados de la reina, y así el tiempo pasó volando y sólo un rugido de parte de su estómago le hizo percatarse de la hora que era. Alzo la mirada de mi primera obra literaria y contemplo el oscuro cielo iluminado únicamente por la pálida luz de la luna. Miro también a los pajaritos que están acurrucados en un nido cerca de la ventana cerrada para evitar intrusos aéreos. Me preparo mi cena (Rakfisk, trucha fermentada, acompañada por un poco de kaffebrød, pan de café nombrado por su acompañamiento, y no por su ingrediente, y un poco de café).

Al terminar me creo una pijama hecha con la misma tela que mi vestido de reina de las nieves, después me desato la trenza francesa, y cepillo mi larga cabellera rubia platina. Hecho un último vistazo a los pajaritos que duermen tranquilos. Cierro los ojos lentamente, intentando conciliar el sueño pero de repente comienzo a pensar en Anna y en todo lo que dejé atrás, pero calmo mi conciencia diciéndome a mí misma: fue por su propio bien, simplemente los salvé de mí. Y tras esto me duermo en un sueño más tranquilo.